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Antón Castro

Fotógrafos

VICENTE ALMAZÁN VE, SUEÑA Y VIAJA

VICENTE ALMAZÁN DIALOGA CON LEOPOLDO POMÈS

Quien asome de vez en cuando por este blog ya sabe quién es Vicente Almazán. Un auténtico acontecimiento en la cultura de Zaragoza, de Aragón y de España. Desde su humildad, su constancia, su visión poética, su deseo pertinaz de contar lo que pasa, lo que ve, lo que sueña, sin estridencia alguna. Es un testigo, un poeta de la imagen, un curioso explorador de la luz, un contador de historias. Y es también, el señor Pasaba por aquí. PASABA POR AQUÍ. Acaba de estar en Madrid, en PhotoEspaña, en otras exposiciones, acaba de hacer en su espléndido blog (el adjetivo aquí es muy rutinario, pero preciso) una serie sobre mariposas. Acaba de estar en Madrid y ha visto la obra de Leopoldo Pomès, un mago del oficio con categoría de maestro de la exactitud y la elegancia. Un imprescindible del arte de mirar. Escribe en Mis adarmes, “Leopoldo Pomés. Galería Fernández-Braso. He colgado un Álbum de fotografías en color de la visita a esta exposición:

http://my.opera.com/Miscromos/albums/slideshow/?album=12007992

http://www.phe.es/es/phe/exposiciones/3/festival_off/54/mas_alla_de_la_mirada

http://www.galeriafernandez-braso.com/”.

Con Vicente Almazán Arribas ocurre una cosa: si nos hubieran pedido, inventa un fotógrafo, imagínate alguien discreto, sigiloso, iluminado por la belleza, generoso con la ciudad y su arabescos, escrutador del misterio, no se nos habría ocurrido un personaje así. Un sonámbulo dulce. En esta instantánea, Vicente capta a Pomès, que retrató a sí a Nico. La cantante, intérprete, la mujer que falleció en Ibiza tras una caída en bicicleta, ella que tanto había andado a caballo.

ANDRÉS FERRER: NUEVA SERIE DE LUZ

ANDRÉS FERRER: NUEVA SERIE DE LUZ

Andrés Ferrer es un fotógrafo que busca la perfección y una belleza desapacible. Posee una técnica precisa que pone al servicio de sus reflexiones: el vacío, el paso del tiempo, la pátina de las cosas, una atmósfera de inquietud. Ha iniciado una nueva serie que se titula ‘El sitio de la luz amarga’. Dice que es casi una de las terapias que le ha propuesto su psiquiatra: así mantiene sanos, o al menos lo intenta, la mente y el cuerpo. Andrés ha colaborado ahora en la muestra ‘En el paisaje’ que Enrique Carbó expone en la galería A del Arte.

RAYMOND VOINQUEL: SUS FOTOS

Audrey Hepburn, 1956.

 

RAYMOND VOINQUEL.

Raymond Voinquel es otro de los grandes fotógrafos franceses: refinado, elegante, con un insaciable apetito de belleza. Nació en Fraizer (Los Vosgos) en 1912, y con quince años se trasladó a París con el deseo de ser actor. Pronto entaría en contacto con la fotografía, primero a través de Roger Forster y luego a través de grandes maestros como George Hoyningen-Huene. Pronto se reveló como un fotógrafo especial, que dominaba el espacio, el contraluz, la atmósfera. Se destacó por un conjunto de desnudos femeninos (de jovencísimo Jean Marais o Louis Jourdan, pongamos por caso); entablaría amistad con Max Ophuls, Luis Buñuel, Renoir o Melville, y trabajaría con muchos cineastas. Captó intérpretes y músicos, creadores y escritores, colaboró con ‘Bazaar’ y es un auténtico maestro de la sutileza, de la carnalidad, de la sofisticación. Murió en 1994

Gina Lollobrigida en 1960.

Edith Piaf.

 

EL LEGADO DE ANTONIO CALVO PEDRÓS PASA AL ARCHIVO MUNICIPAL

EL LEGADO DE ANTONIO CALVO PEDRÓS PASA AL ARCHIVO MUNICIPAL

El legado del fotógrafo Antonio Calvo Pedrós

se incorpora al Archivo Municipal de Zaragoza

Está integrado por más de 40 cajas de negativos y material fotográfico que su viuda, Rosa Lahilla, ha entregado esta mañana al vicealcalde, Fernando Gimeno

Con motivo del Día Internacional de los Archivos mañana se celebra una jornada de puertas abiertas en el Palacio de Montemuzo, con exposición de materiales históricos y visitas guiadas para la ciudadanía

El vicealcalde de Zaragoza, Fernando Gimeno, ha recibido simbólicamente esta mañana de manos de Rosa Lahilla, viuda de Antonio Calvo Pedrós, el archivo fotográfico de este reportero gráfico zaragozano, que cubrió la vida social, cultural, política y deportiva de la ciudad durante la segunda mitad del siglo XX.  

El acto ha contado con la presencia de Oscar Fle, presidente de la Federación Aragonesa de Fútbol (FAF), ya que Calvo Pedrós donó a esta entidad la parte de su obra relacionada con este deporte. Este material también se depositará en el Archivo Municipal para su conservación y mantenimiento durante los próximos 30 años, merced al convenio firmado al efecto entre el Ayuntamiento de Zaragoza y la FAF.

Una vida dedicada a la fotografía

Antonio Calvo Pedrós falleció el 10 de mayo de 2006 en Zaragoza a la edad de 72 años, tras mas de 50 dedicado a la fotografía. A los 14 años entró como aprendiz en Casa Chóliz, donde permaneció 10 años aprendiendo el oficio, hasta que pasó a trabajar en el estudio de Jalón Ángel. Posteriormente, montó su propio estudio en el Picarral. Como reportero gráfico, colaboró en la práctica totalidad de los periódicos y revistas de Aragón: Amanecer, Zaragoza Deportiva, El Noticiero, Heraldo de Aragón, Aragón Exprés, el Día, Diario del Alto Aragón, As, Marca, Don Balón, Aragón 2000… Su mayor dedicación fue al deporte, sobre todo al fútbol (fue el fotógrafo oficial del Real Zaragoza), pero también se interesó por los toros, la farándula, la política, la gastronomía, los sucesos. El archivo que conserva su viuda, y que ahora se cede al Ayuntamiento consta de aproximadamente 40 cajas de negativos fotográficos, con temática fundamentalmente deportiva, aunque también hay muchas imágenes de toros, sucesos, fiestas, etc.

 

En septiembre de 2003 el Palacio de Montemuzo acogió una exposición antológica con sus mejores fotos, y la Asociación de la Prensa en Aragón le dedicó otra exposición, titulada “El temblor de la realidad” en el año 2005, que se expuso en Zaragoza y Huesca. (Esta información es del gabinete de prensa del Ayuntamiento. La foto es de Félix Bernad).

 

Cuelgo aquí una entrevista que le hice a Antonio. Fui el coordinador de su muestra ’El tembor de la realidad’, un encargo de Fernando García Mongay. Este diálogo es de 2003.

-A ver, ¿de dónde le viene esa pasión por la fotografía?
-Desde muy joven. He sido un enamorado de la foto de siempre. Ha sido mi vida y mi obsesión, y ahora, jubilado ya, puedo cumplir un sueño: dedicarme a ordenar y recuperar mi archivo que tiene cientos de miles de negativos. Y sobre todo me gusta el reportaje: no me ha preocupado la foto artística, sino la viva, directa, aquella que sólo puedes hacer en un instante concreto, antes de preguntar, tal como vienen las cosas.

-Usted tenía un tío fotógrafo, ¿no?

-Sí, José Gómez. Era hermanastro de mi madre y tenía el Estudio El Portillo. Era un gran retocador, había trabajado con Jalón Ángel y con Guillermo Fatás Ojuel, pero él en realidad no condicionó mi vocación. A los catorce años entré en Casa Choliz y allí empezó todo.

-Háganos la panorámica: descríbanos el lugar y su ocupación.
-Entré allí nada más salir del Seminario. Yo iba para cura, pero mi hermano mayor era paralítico y mi madre, viuda, tenía que estar siempre pendiente de él. Me di cuenta de que se necesitaba mi aportación: después del colegio, al principio, y del trabajo, luego, me iba a dar vueltas por el Mercado Central para comprar lo mejor y lo más barato. Dejé el Seminario porque me di cuenta de que podía hacer más por los demás y por mí mismo y que podía ser mejor persona que dentro.


-La panorámica es emocionante, pero no es la que le habíamos pedido...
-Voy. Casa Choliz estaba en el Coso 23. Era también perfumería y almacén de fotografía. Por allí vi pasar a todos los fotógrafos de la ciudad: Aurelio Grasa, Gil Marraco, Manuel Coyne, Fatás Ojuel, y a muchos de ellos les llevaba no sólo el papel fotográfico sino los cubos de fijador de hasta 50 litros con un carro de mano. Y entonces atrapé una hepatitis...

 

-¿Y qué pasó?

-El doctor Luis Olivares, que tenía su consulta en la calle Contamina, me dijo que tomara unas hierbas y además –me dijo: “será lo que más te aliviará”- me sugirió que fuese a ver el paso de la corriente del río Ebro todo el tiempo que pudiese. Y eso hacía, inmóvil y con los ojos puestos en el agua. Años después, el doctor Simón Marco, a quien le debo la vida, me dijo que no era una broma: los manuales de los 50 decían que eso era lo ideal.

-Ahora ese remedio resulta tan poético como inverosímil. ¿Seguimos?
-Permanecí unos diez años en Chóliz y creo que tenía fama de buen empleado. Jalón Ángel me ofreció una importante cantidad de dinero para contratarme y al final acepté, a pesar de que estaba muy agradecido a don Luis Chóliz Alcrudo. Me apreciaba mucho y me sugirió que me sacase el pasaporte: me pagó un curso de fotografía en color en París y otro de foto electrónica de aficionado.

-¿Cómo era Jalón Ángel?

-Una gran persona. Meticuloso, perfeccionista, de ésos que si no le gusta un carrete lo arroja por entero a la basura. Ya sabe que era el fotógrafo oficial de Franco: cada año o así iba al Pardo para renovar la foto de Franco y yo le acompañé algunas veces. Cargaba los focos, las cámaras, las películas. Tenía mucha confianza con Jalón Ángel y era correcto conmigo. A pesar de su voz aflautada, parecía que te mandaba como un general.


-¿Cuál fue su primera cámara?

-Una Kodak Retinete 1 A de paso universal. La compré de segunda mano por 1500 pesetas. En el estudio de Jalón Ángel aprendí a hacer buenas fotos de estudio, pero tenía tanto tanto trabajo –fotografiaba, revelaba, atendía a la gente en el nuevo estudio de Jalmy-, que apenas me quedaba tiempo ni para comer. Así que decidí montar mi estudio en el Picarral.


-¿Cómo le fue?

-Muy bien. Teníamos el estudio en mi propio piso: hacía carnets y retratos sin parar. Y además tenía una colaboración con las compañías aseguradoras: hacía 5 ó 6 siniestros al día. Y muy pronto empecé a colaborar en la prensa: en la revista “Oriéntese”, que salía los sábados, hacía reportajes gráficos y literarios: “Desfile de clubs”. Iba al campo, tomaba fotos y luego en el club me contaban la historia. A partir de entonces empecé a colaborar, siempre por libre, en todas los diarios de la ciudad: “Amanecer, “Zaragoza Deportiva”, “El Noticiero”, “Aragón Exprés”...


-¿No fue en ese vespertino dónde publicó su reportaje del incendio del Corona?

-Sí, sí. Me ocurrió una cosa muy curiosa: me llevaron de inmediato de la revista “Stern” para comprarme los negativos del reportaje. Me ofrecían lo que quisiera en dólares. Al final, les di dos carretes y me pagaron 200.000 pesetas. Ha sido el trabajo que mejor me han pagado.

-¿Cuáles son sus reportajes favoritos?

-El del secuestro de Quini. Me levantaron de la cama y fui a ver el zulo. Lo fotografíe desde arriba porque como estaba gordito no cabía dentro. A Quini, demacrado, con barba y el cabello desordenado, lo cogía en comisaría en el Paseo María Agustín. Y también me acuerdo del secuestro de Iglesias Puga. Llegamos a Trasmoz a las cuatro de la mañana con Daniel Llagüerri, y vi en un vasito, olvidada, la dentadura postiza del padre de Julio Iglesias. Le hice una foto; Llagüerri la lavó un poco y se la llevó a Madrid. Publicamos aquel reportaje en “Interviú”.


-Y de sus 30 años como fotógrafo del Real Zaragoza, ¿qué recuerda?
-Todo. El señorío de “Los Magníficos”; los “zaraguayos” de Ocampos y Arrúa, uno era como un niño grande y el otro más calculador; la noche mágica de Pelé en La Romareda: era un prodigio de amabilidad y de paciencia. O la Recopa en París: ibas por cualquier sitio y te encontrabas con aragoneses. Antes de que el Zaragoza ganase la final, los aragoneses ya habían conquistado Francia.

- Le han llamado “El reportero cómplice”. ¿Qué le parece?

-Precioso. He intentado serlo. 

 

 

ENRIQUE CARBÓ, HOY EN A DEL ARTE

ENRIQUE CARBÓ, HOY EN A DEL ARTE

 

[Esta tarde, a las 20 horas, en la galería A del Arte se inaugura la muestra ‘En el paisaje’ de Enrique Carbó (Zaragoza, 1950), para la que he escrito esta aproximación al proyecto, a su estética y a su trayectoria.]

 

LA NATURALEZA ESCULPIDA DE ENRIQUE CARBÓ

 

Por Antón CASTRO

 

Enrique Carbó (Zaragoza, 1950) llegó a la fotografía por necesidad y por el estímulo de fotógrafos y expertos en fotografía como Andrés Ferrer, Rafael Gómez Buisán, Gonzalo Bullón, Julio Álvarez, Rogelio Allepuz y Ángel Fuentes. Pronto encontraría en el paisaje una forma de interpretación de la realidad: el paisaje estaba ahí, con su orografía y con su carga cultural, como un palimpsesto de imágenes y de sueños, y había sido analizado del derecho y del revés por maestros tan distintos, entre otros, como Ansel Adams o Edward Weston, que desarrollaron un auténtico sistema de zonas que portaba la llama de la modernidad. La naturaleza era un espacio de contemplación, de observación y de metamorfosis; ellos, más que ser documentalistas, interpretaban el paisaje. Creaban un código, un universo, una caligrafía cambiante con la mudanza de las estaciones. Adams hizo del paisaje una aventura de los sentidos y un espectáculo íntimo del objetivo. Weston convirtió el cuerpo en un paisaje y el paisaje en sustancia carnal. Los dos, a su modo, eran andariegos y exploradores.

Enrique Carbó también es un paseante de las montañas. Un andarín de su órbita con la cámara al hombro. Como Briet, como Soler i Santaló, como el citado Ansel Adams. Allá arriba, más cerca del cielo que del suelo, en el confín de un ibón, en la concavidad de un barranco, en un aprisco de pastor, en un col que fue refugio de contrabandistas y ventana abierta hacia las estrellas, en las colinas del ocaso, halla su territorio: su morada, su atalaya, el confín donde la mirada es libre y donde la selva, el bosque o la piedra altiva se transforman en otra cosa: en una escultura antigua, en un menhir, en una instalación, en un palacio improvisado o en el fortín de los gnomos, tan minúsculos como invisibles. “En la montaña tienes que hacer un esfuerzo, físico y de contemplación, y eso a veces te provoca una ascesis que te limpia la mente. Allá arriba la mente trabaja y los ojos miran, en realidad ven, conquistan esa mirada productiva y productora de imágenes. Para mí la hermosura no está en el paisaje, está en la propia foto”, dice Carbó.

Lleva Enrique Carbó más de media vida caminando monte arriba. Es el montañero fotógrafo y el fotógrafo de la montaña. Huye del preciosismo o de la majestuosidad evidente de las cordilleras. El suyo, por decirlo así, es un romanticismo contenido, de piedras labradas en su propia mente y en su propia lente. Enrique es un buscador de un ángulo concreto, de una luz especial, de un relieve; se define por la posición del fotógrafo. No se conforma con lo que todos vemos: con la grandeza que invade el ojo. Con la paleta exuberante de colores. No. No se conforma con el impacto de una textura. Con el arabesco desnudo del pedregal. Le definen otros matices: la memoria, el punto de vista, la imaginación, el sueño o la piedra encontrada de golpe al mirar de forma no usada. Con los ojos de poeta que se atreve a escrutar para ver. Y aprehender.

‘En el paisaje’ resume la obra y el universo de Enrique Carbó. Sus obsesiones. La búsqueda de la perfección en el positivo. Su defensa de la fotografía analógica y su pasión por el laboratorio. El compromiso radical con sus principios: él desarrolla un concepto, una apuesta, una estética que dialoga con la tradición y contra ella. La cámara interviene en la escena en esta travesía de años que él denomina, tan literariamente, ‘working in progress’, un trabajo en el tiempo. Un trabajo con el tiempo de la luz. La obra siempre en marcha. En la galería A del Arte presenta varias series complementarias. O entreveradas entre sí: son como los afluentes y los meandros de un río, las partes de un todo. La primera serie se titula ‘Fictional Primitive Sculpture’ y está realizada en el col de Causiat, en Candanchú, entre la frontera de España y Francia: Carbó descubrió una piedra de cinco metros que tenía un mensaje oculto. Y digo descubrió porque le ha intentado extraer todo: el corazón, el temblor, el relieve, la forma sorprendente, la vida oculta. Al fondo, se ven distintos cielos con diversa claridad y la galanía del horizonte anchuroso. Ahí también está un matiz esencial. Dice el fotógrafo que quizá haya realizado todas las tomas con una especial luz de la tarde. “Así las fotos son como una escultura primitiva, un menhir, una piedra encontrada, casi de ficción. Estas imágenes son esculturas producidas por el movimiento de la cámara, por la posición del fotógrafo”, insiste el artista. En cierto modo, esta es una consideración que puede extenderse a toda la muestra.

La segunda serie se titula ‘Memoria de la cantera’ y está vinculada a una anécdota entrañable: en Jaca, en el denominado Paseo de la Cantera, que alude al canto de la explanada del río Aragón, hay una serie de árboles que parecen esculturas, formas fósiles, arrugas de la madera difunta. En Jaca existe, o existía, un jardinero que cuando se moría un árbol le podaba las ramas y lo dejaba ahí como un fragmento de la memoria de lo que había sido el parque. Enrique se ha acercado a esos volúmenes cuando cae la noche, o quizá ya de medianoche, y como si fuera Josef Sudek los ha fotografiado con esa apariencia estática de estructuras, totems o moles varadas en el tiempo. Esos troncos son los residuos de otra existencia: los restos del naufragio.

La tercera serie se titula ‘Gardens’. Jardines. El artista no busca, encuentra. El artista anda, mira, indaga. Se deja ir al aire de su capricho con un anhelo: tropezarse con el tesoro. Merced a la mirada, a la capacidad de edificar una abstracción desde el objetivo, halla  espacios “que me recuerdan lugares especiales, con atmósfera, diseñados por un maravilloso arquitecto de jardines”. Le sucedió en un ibón de Piedrafita, en el valle de Tena, donde encontró una suerte de jardín de los gnomos. Pero también es capaz de ver un ‘Jardín de las Delicias’ de El Bosco, con un paraíso especial para sus ominosas figuras.

Enrique Carbó ha recuperado para esta muestra obras de distintas épocas. Proyectos e imágenes que habían viajado con él a lo largo de los años y que ahora muestra por vez primera: instantáneas de la Canal de Izas, de 1992; piezas como ‘10.00’ y ‘10.05’ capturadas en Borao; ‘Le bateau ivre’, ese ‘barco borracho’ que tomó en los barrancos d’os Batanes, en el valle de Tena, en agosto de 1989. Proyectos e imágenes que ahora cristalizan en un todo y en una idea: estas “construcciones de carácter conceptual” que nacen de caminatas y de momentos excepcionales de ánimo, de luz y huida. La quinta serie sería ‘Tres estudios románticos y una coda’. Enrique Carbó no es un buscador de la belleza más deslumbrante, pero aquí, en el valle de Canfranc, aisló unos árboles y compuso un paraje especial, que recuerda a los románticos alemanes, a Hölderlin, a Friedrich, tal vez, al mundo imaginario de Goethe. La ‘coda’, que propone un retorno al origen o a los inicios, corresponde al ibón de Besiberri. Hay más piezas, al menos dos dípticos: uno es una composición que evoca el mundo pastoril de alta montaña de Ricardo Compairé (“Pero qué miraban. / Ensimismados. / Yo lo vi”, dice la leyenda) y la transparencia evocadora del lago de Pondiellos. Y el otro se titula ‘Accidente’, y capta los despojos de la avioneta Robin que se desplomó en la Canal Roja (Canfranc) el dieciséis de julio de 2000 y que él fotografió tres años después.

Enrique Carbó ofrece en ‘En el paisaje’ una síntesis de su mundo y de más de treinta años de fotografía. Hay emoción, vida, sacrificio, empecinamiento; hay una hermosa lección de arte y cultura. La cámara hace hablar a la naturaleza y esta se revela con elegancia y precisión, con la exactitud de la geometría y del volumen. En el fondo, para Enrique Carbó monte arriba se halla el perfecto paraíso para el ojo y para esa cámara de gran formato que se planta en las cumbres como un árbol centenario.

 

ZARAGOZA EN LA MIRADA AJENA

 

ZARAGOZA EN LA MIRADA AJENA

INSTANTÁNEAS DEL ARCHIVO ROGER-VIOLLET DE PARÍS:

J. LÉVY ET CIE, 1889

 

[Del Dossier de prensa de las Cortes de Aragón. Envío de Manuel Lorenzo]

Durante los años 1888 y 1889, con motivo de la Exposición Universal de Barcelona y aprovechando la consolidación y expansión de la red ferroviaria, los fotógrafos de la firma francesa J. Lévy et Cie realizaron un exhaustivo recorrido por la península, que les llevaría a visitar y fotografiar las principales ciudades de España haciendo uso de la moderna técnica de la instantánea. La empresa familiar J. Lévy et Cie estaba integrada por Isaac Georges Lévy y sus dos hijos, Abraham Lucien y Gaspard Ernest y regentó gabinetes fotográficos ubicados sucesivamente en el boulevard de Sébastopol, 113 y en la rue Letellier, 44, de París.

Su ambiciosa iniciativa artística y comercial generó un ingente material fotográfico en diferentes formatos (estereoscópico, panorámico, formato álbum, etc.), que se constituye en uno de los más importantes repertorios iconográficos sobre la España del siglo XIX, junto a los obtenidos por fotógrafos predecesores como Charles Clifford o la firma Jean Laurent & Cía. Este monumental archivo, que ha permanecido inédito en su mayor parte desde hace más de un siglo, se custodia hoy en día en la agencia fotográfica Roger-Viollet de París.

Por fortuna, Zaragoza se constituyó en una de las etapas de este dilatado viaje peninsular. Precisamente nuestra ciudad, a principios de la década de 1880, ya había sido protagonista de algunas de las primeras experiencias documentadas en España al respecto de la nueva técnica del gelatino-bromuro de plata o de la instantánea, que fueron debidas al Dr. Ramón y Cajal en colaboración con el fotógrafo local Lucas Escolá, aunque desgraciadamente no se haya conservado ninguna de aquellas tomas pioneras.

La mayor fotosensibilidad de la nueva emulsión al gelatino-bromuro de plata, conocida también como fotografía instantánea, permitía reducir la exposición temporal a apenas unas fracciones de segundo, lo que posibilitaría por fin capturar escenas en movimiento. En definitiva, detener la vida en un instante. Así, frente a anteriores repertorios fotográficos urbanos en los que las técnicas precedentes (colodión húmedo, etc.) condicionaban con sus prolongadas exposiciones de varios segundos el aislamiento y soledad de los monumentos y rincones urbanos retratados, la inmediatez y frescura de la moderna técnica de la instantánea permitirá por fin que la ciudad y sus habitantes cobren vida en sus imágenes. En la presente muestra, organizada por las Cortes de Aragón, la mirada cómplice de aquellos fotógrafos y viajeros franceses nos devuelve una Zaragoza inédita, en la que la vida en la calle reclama también su protagonismo. A través de sus instantáneas, podremos evocar algunos monumentos e hitos urbanos ya desaparecidos, como la añorada Torre Nueva, el moderno y versátil Teatro de Pignatelli o la recoleta Puerta del Duque de la Victoria, entre otros, pero también podremos observar el palacio de la Aljafería tal y como era en aquel momento. Y junto a ellos, descubrir el retrato colectivo y espontáneo de aquellos zaragozanos de ayer, sus

expresiones, sus modas y sus oficios callejeros. El chirriante ajetreo de los tranvías de mulas acompañará nuestro recorrido visual por aquella monumental y elegante Zaragoza de finales del siglo XIX.

Culmina y complementa este evocador itinerario un grupo de tarjetas postales, codiciadas entre los coleccionistas por su rareza, que fueron editadas por la propia casa Lévy a partir de los negativos fotográficos originales de 1889 y comercializadas ya a principios del siglo XX, todas ellas procedentes de colecciones particulares zaragozanas

 

 

EXPOSICIÓN: Zaragoza en la mirada ajena – Instantáneas del archivo Roger-Viollet de París: J. Lévy et Cie, 1889

 

ORGANIZA: Cortes de Aragón

 

NÚMERO DE OBRAS: 30 fotografías

19 tarjetas postales (fototipias)

 

COMISARIO: José Antonio Hernández Latas,

Investigador de la Agencia Aragonesa

para la Investigación y el Desarrollo

(Araid)

 

FECHA: Del 31 de mayo al 30 de agosto de 2012

 

HORARIO DE VISITA: De 10 a 14 horas (mañanas)

De 16,30 a 20 horas (tardes)

Todos los días de la semana

 

*Por ahora no dispongo de fotos. Las colgaré esta noche.

 

 

 

 

ARA GÜLER Y SUS FOTOS

RETRATO BREVE DE ARA GÜLER

Ara Güler, nacido en Estambul en 1928, es quizá el fotógrafo más famoso de Turquía. Es conocido como ‘el ojo de Estambul’. Íntimo amigo de Cartier-Bresson hasta su muerte, se integró en la agencia Magnum, y su trabajo por lo regular se ha centrado en su ciudad. De origen armenio, ha estado en muchos lugares de Asia y de Europa, entre ellos en París. Ha retratado a Dalí, Picasso (del cual fue muy amigo), Orson Welles, Elia Kazan, Federico Fellini o John Irving, entre otros muchos. Y por supuesto a Orhan Pamuk. Ha trabajado en numerosas revistas y se siente, ante todo, un periodista gráfico, un hombre que mira y que cuenta lo que ve sin pretensiones artísticas. Hoy le dedican una contra en ‘El País’.

 

Un marino armenio de los años 50.

El mar y el mundo de los marinos de Estambul.

 

Pablo Picasso.

BECAS PARA JORGE FUEMBUENA

El aragonés Jorge Fuembuena recibe 3 Becas de movilidad artística en Groenlandia, Mallorca y  Letonia. Además, expone su obra esta semana en Granada y México y próximamente en Pekín. [Nota remitida por el artista]

 

 

 Jorge Fuembuena (Zaragoza, 1979) ha recibido una Beca de Arte del Museo Upernavik de Groenlandia que le dará la oportunidad de trabajar in situ durante este mes de junio, para realizar un trabajo sobre el paisaje ártico. Fuembuena trabajará con el apoyo del reconocido antropólogo Francesc Bailón y con el contacto del guía Ricardo, de la compañía  Greenland Adventure.

 

  La galería Addaya Art Contemporani (Alaró,Mallorca) ha seleccionado para el mes de julio al artista visual para un programa que tienen de Residencias mensuales para artistas. Addaya Centre d´Art Contemporani, se inauguró el 3 de abril de 2004, desde entonces centra su actividad en la promoción y difusión del arte contemporáneo, ofreciendo exposiciones tanto de artistas consolidados como de artistas emergentes.

Paralelamente a las exposiciones realizadas en su espacio, organiza otras en espacios privados y participa también en ferias de arte contemporáneo.

Alaró ha sido desde siempre un pueblo escogido por numerosos artistas como lugar de residencia y/o trabajo.

 

 Asimismo el Centro de Arte Noass de Riga (Letonia) ha concedido una beca a los artistas zaragozanos Jorge Fuembuena y Alvaro Díaz-Palacios para elaborar un proyecto artístico que se sitúa entre el cine y el video-arte y se completará con dibujos y fotografías de los artistas. Trabajarán  durante un mes con posibilidad de ampliar dicha estancia y posteriormente expondrán en el Centro de Arte Contemporáneo.

   Esta semana se inaugura en Granada  en la exposición “The Anatomy of Melancholia” , proyecto que ha sido seleccionado y programado en el Festival Internacional de Fotografía Emergente  Pa-Ta-Ta donde se dan cita importantes personalidades del mundo de la fotografía y  la Cantera de la Fotografía española. El Festival sirve como plataforma para el futuro talento, hace uso de el mobiliario urbano en la ciudad, para mostrar proyectos y planteamientos de fotógrafos emergentes. El Festival presenta en la sección  itinerarios fotográficos una forma de exhibición donde se difunde el patrimonio cultural de Granada. Placetas, aljibes, palacios, jardines… sirven de escenarios en PA-TA-TA Festival. En el caso de el artista aragonés tendrá como escenario la gran Plaza Isabel La Católica.

   Fuembuena  además expone en Mexico D.F. en la Sala Nacho López del Sistema Nacional de Fototecas de la ciudad de Pachuca dentro del programa de itinerancias,  tras su paso por la Bienal de Fotografía Fotoseptiembre en el CCMEX, tras ser el ganador del Premio Internacional OCEMX.

  Fuembuena prepara un proyecto expositivo que será producido integramente dentro del programa de Arte Internacional Austro Sino Arts Program de Viena, y que se presentará en Pekín  en 2012. Esto refrenda la proyección de este joven artista aragonés.

 BIO  ( ESPAÑOL)

      Jorge Fuembuena (Zaragoza, 1979) explora los límites del sujeto y el frágil límite que separa al individuo del otro  e investiga las relaciones entre el hombre y su entorno.

 Desarrolla  procesos creativos en programas de Residencias para artistas tales como el Centro de Arte Contemporáneo de Essaouira (Marruecos), el Museo Upernavik (Groenlandia),  el Centro Noass en Riga ( Letonia) o Addaya Art Contemporani ( Mallorca) y recibe becas como  la de la Fundación Santa María de Albarracín de Fotografía 2010  o la Air Polymer Fellowship de Tallín 2011 o la Beca Encontro de Artistas Novos ( Cidade da Cultura Da Galicia).

Entre otros ha sido premiado en el Certamen Generaciones Caja Madrid 2011, Premio 10 x 15 del Festival Internacional de Artes  Visuales EMERGENT 2010,  Premio Internacional OCEMX de Fotografía, el premio Foto-reportaje ARCO 2010, el premio Joven de Arte Santa Isabel de Portugal 2009 , el 1º premio de la Muestra de Arte Joven del Instituto Aragonés de la Juventud  2009 y ha sido finalista del Premio de Fotografía El Cultural 2010. Seleccionado en el programa Descubrimientos del Festival Photoespaña 2011  y nominado  para el 2011 Sovereign European Art Prize de Hong Kong y el Review del Fotomuseum Winthertur en Suiza.

 Su trabajo ha sido presentado en publicaciones como EFE24, OjodePez, Claves de Arte, 30y3 Spanish Photography, 10 X 15, PMS 485C y expuesto en Bienales como Fotoseptiembre (CCMEX. Mexico D.F.) o Fotonoviembre (Fundación Mapfre. Tenerife).

 

Su obra se encuentra  presente en colecciones privadas y públicas como el CDAN o la Fundación Buñuel.

 

*Esta retrato de Jorge Fuembuena fue realizado por Vicente Almazán.