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Antón Castro

DE 'CULPABLE PARA UN DELITO'

UNA ZARAGOZA CON METRO Y PUERTO DE MAR

 

Historia de la película ‘Culpable para un delito’ de José Antonio Duce

 

Por Pedro Zapater. Heraldo.es

 

ProyectAragón ofrece este domingo la oportunidad de volver a los bajos fondos de la capital aragonesa, recorrer la zona portuaria, o coger el metro, tal y como planteaba el filme ‘Culpable para un delito’, dirigido por José Antonio Duce en 1966 y estrenado en el cine Coliseo de Zaragoza el 10 de abril de 1967. La película se proyecta este domingo a las 19.30 en la Sala Cai Luzán (Independencia, 10) dentro de las sesiones del ciclo ’Zaragoza, territorio de cine’, y contará con un coloquio en el que intervendrán los historiadores de cine Luis Antonio Alarcón y Francisco Javier Lázaro.


’Culpable para un delito’ fue uno de los mayores éxitos de la productora zaragozana Moncayo Films, primer intento serio de crear una industria cinematográfica en Aragón. En aquella aventura estuvieron, junto a José Antonio Duce: Emilio Alfaro, Julián Muro, José Luis Pomarón y Víctor Monreal. También se unieron a Moncayo Films, Jesús Casamián, Pedro Fernández Boado, José Otal, Epi Muro, Manuel Serrano y José Antonio Aznar. El crítico Manuel Rotellar no llegó a pertenecer a la productora aunque estuvo muy vinculado a ella como amigo y asesor.

Los orígenes de la productora zaragozana se fraguaron en los despachos de Radio Zaragoza gracias a Julián Muro Emilio Alfaro, que lograron reunir a Duce, Pomarón Monreal para concentrar su talento y cimentar una industria cinematográfica en Aragón que se mantendría durante una década, y en la que se produjeron 10 filmes (seis cortometrajes y cuatro largos).

Fernando Sancho no fue el culpable

El rodaje de ’Culpable para un delito’ fue todo un acontecimiento en la capital aragonesa. Comenzó en enero de 1966 y contó con un equipo técnico íntegramente aragonés. En el reparto también figuraban nombres de la escena cultural aragonesa como Pedro Avellaned, Manuel Labordeta, Ignacio Moreno o Pilar Delgado, entre otros. En los días previos al rodaje se publicaron anuncios en HERALDO en los que se solicitaban extras para participar en una película que un principio iba a protagonizar el actor zaragozano Fernando Sancho. Sancho no pudo compaginar las fechas debido a otros compromisos cinematográficos y, finalmente, Hans Meyer ocupó su lugar.


Uno de los reclamos de la cinta era, sin duda, Hans Meyer, un actor sudafricano de origen alemán muy conocido en la época por los anuncios de Terry, en los que aparecía bebiendo coñac y diciendo: “Terry me va”, junto a una bella modelo, Christa Päffgen, más conocida como Nico, la musa de The Velvet Underground. 

Para Hans Meyer, o ’Míster Coñac’, como se le conocía popularmente, el papel de Martín Baumer en ’Culpable para un delito’ supuso el despegue de su carrera como actor tras realizar pequeños papeles en películas francesas como ’El presidente’, de Henri Verneuil, o ’Pierrot, le fou’, de Jean-Luc Godard. Con más de 100 apariciones en cine y televisión, su carrera cinematográfica continúa hasta hoy.

 

Zaragoza, una jungla de asfalto

Junto a Meyer figuraban en el reparto tres bellas actrices: Yelena Samarina Perla Cristal, como ’femmes fatales’; y Dina Loy, en el papel de Mónica. El filme centra su argumento en las bases del cine negro norteamericano y el film noir francés, mediante la trama del falso culpable, empleada por Hitchock en filmes como ‘Con la muerte en los talones’ o ’39 escalones’, en la que un hombre acusado de asesinato deberá probar su inocencia. La película mantiene la tensión de principio a fin, pese a que las críticas de la época acusaban un ritmo decreciente en la segunda mitad del filme. Sin embargo la cinta se vendió para su exhibición comercial en EE. UU. y tuvo un notable éxito de crítica en el país norteamericano.

Con una serie de planos picados y una estética cercana al documental en algunos momentos, la película logra crear el ambiente de un thriller policiaco cuya acción transcurre en una inhóspita metrópoli. En una ficticia ciudad marítima y portuaria, con su barrio chino y conectada por metro, en la que se pueden adivinar varias localizaciones zaragozanas como la Confederación Hidrográfica del Ebro (como comisaría de Policía), la plaza del Pilar, el Ayuntamiento de Zaragoza, el puente de Hierro, la antigua Facultad de Letras en la plaza de la Magdalena, la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, el Centro Cívico Delicias, la avenida de Navarra, el paseo de la Independencia, la iglesia de San Antonio de Padua, el paseo Cuellar y el parque de Pignatelli, el paso subterráneo de la avenida de Madrid (donde se ubica el metro), la fábrica de Chocolates Orús, la desaparecida estación de Campo Sepulcro, el Museo Provincial, el hotel El Cisne de la carretera de Madrid, la sala Oasis, la plaza Ecce Homo, una cafetería situada en elPasaje Palafox o el Club Náutico, son algunas de ellas.

En los días previos al estreno del filme se convocó un concurso anunciado en medios de comunicación en el que se ofrecían 10.000 pesetas al espectador que más localizaciones lograse descubrir al ver la película. Hubo varios máximos acertantes y se procedió a un sorteo para designar al ganador en un acto en el teatro Argensola donde, según contaba HERALDO el 12 de noviembre de 1967, “Como sorpresa final, la productora Moncayo Films reserva la presencia de Zori, Santos y Codeso con las primerísimas vedettes Anne Marie Roser y Milagros Ponty para que sean ellos los que hagan entrega del premio”.

 

Un estreno accidentado

El cine Coliseo fue la sala elegida para el estreno de ’Culpable para un delito’ aquel 10 de abril de 1967, una ’premiere’ que contaría con la presencia de su protagonista Hans Meyer. Sin embargo, una fatalidad impidió su presencia en Zaragoza para ese día: al salir en coche de París, donde se encontraba por trabajo, sufrió un grave accidente de tráfico a 30 kilómetros de la capital gala. Su vehículo derrapó en el hielo y dio cuatro vueltas de campana. Meyer sufrió varias heridas y tuvo que ser operado. Su estado era grave y por momentos se llegó a temer lo peor. Como consecuencia de los golpes se fracturó el hueso malar y todos los huesos de la nariz.

El médico le prohibió que emprendiera viaje pero doce días después Meyer se dirigía a Zaragoza. En las oficinas de Moncayo Films se recibió un telegrama: “No estoy muerto. Stop. Llegaré mañana. Stop. Estropeado, pero llegaré. Stop. Abrazos, Hans”. En una entrevista publicada el día 21 de noviembre de 1967 confesaba: “El día del accidente iba vestido como en la película. Quise presentarme en Zaragoza vestido de Martín Baumer pero...”

’Culpable para un delito’ fue uno de los filmes más exitosos de la productora. Sin embargo, los días de Moncayo Films estaban contados debido a tres factores determinantes: la muerte repentina de Víctor Monreal en un accidente de tráfico en Tarragona (tenía 28 años) afectó mucho al grupo y cada miembro emprendió caminos diferentes. Por otra parte, la ley de Fraga de 1967 que suprimía las subvenciones estatales al cine impedía contar con garantías de futuro. Algunos de sus miembros dependían de otros trabajos para subsistir y decidieron volver a ellos para salir adelante. Lo más significativo de todo es que Moncayo Films nunca contó con el respaldo de instituciones aragonesas, ni de exhibidoras, prensa o radio. No tuvieron ayuda de nadie y ese fracaso moral acabó por ahogar las aspiraciones de la productora aragonesa más importante de la historia del cine en Aragón.

 

*Este texto aparece hoy en Heraldo.es. Y es de Pedro Zapater.

UN CUENTO DE VICTORIA TRIGO

UN CUENTO DE VICTORIA TRIGO

Primer Premio.- CONCURSO DE RELATOS "FERIA DEL LIBRO ARAGONÉS” 

Por VICTORIA TRIGO BELLO



[Siempre hay un tren

que une carril y traviesa,

una locomotora que grita,

una estación que espera.]



Eran amables mis veranos en la casilla, veranos de moras y meriendas de pan con aceite. Era amable la infancia estival a pie de vía, con los trenes como péndulos marcando el paso de un tiempo que se me antojaba interminable. Era amable el transcurrir de la vida cuando todo estaba por llegar. Era amable corresponder al saludo de algún viajero que nos mostraba la sonrisa y la mano por la ventanilla. Era amable recoger briquetas de carbón para alimentar la cocina como si fuese una locomotora que no quiso crecer.

Yo era el ayudante de mi abuelo y juntos bajábamos y levantábamos las barreras del paso a nivel. Venía un carro. Venía la cabañera con su lluvia de esquilas. Venía alguna moto. Venían unos braceros. Cuando nos tocaba expedición –una tarea que se inventó mi abuelo para que me sintiera un aventurero-, recorríamos los túneles sin linterna, rozando la pared con un palo. Una vez, por un cambio de horarios que nadie comunicó, nos sorprendió un tren. Primero percibimos un sonido indefinido, algo parecido a un lamento prolongado que salía de lo más hondo de la montaña. Pero aquel trueno casi telúrico enseguida se concretó en el foco rugiente que horadaba la oscuridad y abría paso a un ejército de hierro. Entonces, el brazo de mi abuelo casi aplastándome contra el muro fue la trinchera que me protegió de aquel gigante que tenía las mandíbulas de acero.

Aquello fue un susto leve de carbonilla, porque todo estaba bien en verano, incluso empacharse de higos y mojarse pies y alpargatas en el agua rebosante del lavadero de mis barcos de periódico. El verano sabía a concierto de grillos, a luciérnaga en el seto, a renacuajo en la charca. En cambio, los inviernos eran la ventana cerrada, la escarcha en los árboles y en el camino. Los inviernos eran los meses de la resignación, la penumbra de añadir tocino a las judías, de tejer y zurcir en la cadiera. Los inviernos eran la ausencia profunda de quien no regresa, la dentellada de los sabañones, los carriles sepultados en nieve. Los trenes lo sabían. Lo sabían en aquel tránsito cansino y triste de dos máquinas arrastrando una condena, mordiendo metro a metro desde Jaca el áspero desnivel hasta Canfranc.

Pero en la casilla únicamente fui niño de vacaciones escolares. Los inviernos ferroviarios sólo salpicaban mi casa en Zaragoza templados en alguna carta. A excepción de las travesías por los túneles, mis vivencias junto a la vía fueron de sol, tragos del botijo, cepos para ratones y rodillas con rasguños. A comienzos de julio, subía en el Canfranero con unos parientes que iban a Villanúa. Mi abuelo me esperaba en el apeadero de Castiello y desde allí, como prólogo a una estancia memorable, me llevaba en bicicleta a aquella Arcadia donde mi abuela me abrazaba con su amor de delantal y jabón casero y se sorprendía al ver que había pegado otro estirón. Ese día aquello se llenaba de hombres de barba mal afeitada y mujeres con mejillas enjutas que venían a darme más besos de los que yo devolvía. Con algunos me unían lazos de sangre. Otros eran amigos y conocidos de mis abuelos y, por supuesto, también estaban relacionados con la línea férrea, porque el tren era un cordel que vinculaba a todos de una manera o de otra.

Nunca me aburrió ser testigo de aquel trasiego de toneladas pasando ante la casilla. El correo de subida. Un mercancías de bajada. El ligero de la tarde. Desde mi cama escuchaba al tempranero que pitaba con gemido de alma en pena. Entonces escondía la cabeza bajo la manta como si temiera que aquel dragón me descubriera, como alguna pesadilla me contaba que había pasado con el tío Celso. A ese tío Celso del retrato que besaba mi abuela cada noche al acostarme, se lo llevó un tren al amanecer.

De la historia del tío Celso se hablaba poco y en voz baja. En aquella década de los cincuenta yo miraba con pupilas de niño preguntón a ese joven fotografiado con americana y corbata en un estudio de Jaca y que había escrito con buena letra en una esquina: Con afecto para mis padres y hermano. Celso. Septiembre de 1940. Veinticinco años recién cumplidos, suspiraba mi abuela. Un mes más tarde, llegó un aviso para que se presentara en el cuartel de Jaca a rellenar unos documentos. Y no fue. Su mejor amigo acudió y sin mediar palabra lo metieron en una camioneta y lo fusilaron en Rapitán.

Con el tiempo, enlazando suspiros, supe que el tío Celso era muy listo y trabajador. Iba a casarse con una chica de Cenarbe, aunque en casa de ella no aceptaran el noviazgo. La guerra había terminado, pero la paz tardaba en llegar. El padre de la novia fue malmetiendo como una cangrena. Estaba muy bien relacionado y pronto encontró una voluntad a la que comprar. En el lote de la recompensa iba la mano de su hija.

Siempre me dijeron que yo era igual que mi tío. La misma frente, la misma imaginación, la misma tozudez. Él hubiera sido mi padrino. Yo nací una semana después de aquello. Aquello era lo que se contaba sin palabras. Aquello era un tren nocturno que subía conducido por un maquinista chivato que, como último favor a mi tío –quizás para apaciguar su remordimiento de delator-, aceptó la petición del maltrecho Comité Ferroviario del que ambos formaron parte, de reducir la velocidad al pasar por la casilla. Aquello era un joven con un macuto viejo subiéndose al último vagón. Aquello era un echarse al monte, un salvar la vida y perderla para siempre. Lo demás fue una alcoba vacía, el abuelo quemando papeles, mi abuela rezando. Lo demás fue la Guardia Civil registrando cajones. Lo demás fue un telegrama en casa de mis padres. Lo demás fue el silencio.

Luego llegarían los rumores. Que si lo habían visto por Francia, que si un pasaje a Argentina con otro nombre. Un pastor trajo noticias también difusas. Que si unos disparos por puerto, que si una batida de cazadores –cazadores o lo que fueran…-, que si un cuerpo que podría ser el de mi tío. Lo único cierto, según siguieron pasando trenes y calendarios, es que el tío Celso pasó a un estado que no era ni de vivo ni de muerto. El tío Celso se había convertido en una silla interrogante, un acordeón mudo en una estantería. El tío Celso era un furgón gris que se disolvía en la niebla.

Pero yo, que a mis doce años fui consciente de la amargura de aquella historia más callada que contada, anímicamente iba en búsqueda de mi tío recitando para mis adentros estos versos suyos que encontré en una cuartilla que mi abuela leía sin saber leer y que guardaba entre paños y membrillos:

Siempre hay un tren

al final del túnel,

siempre

un ojo de luz

que vigila,

una voz negra

que alienta

Seguramente eso era el comienzo de un poema que quedó incompleto, truncado como la vida de su autor. Desde entonces, recorrer los túneles con mi abuelo cobró un sentido metafísico, de una trascendencia mucho mayor que un devaneo infantil con el miedo. Recorrer aquella negrura tan opaca, sin otra guía que un palo rozando la pared, era encontrar al tío Celso aguardándonos a la salida con una gorra de ferroviario y un banderín enrollado. Porque mi tío no se hubiera limitado a ser mozo o guardabarreras. Él habría llegado a Jefe de Estación, quizás jefe de todos los jefes de estación.

El abuelo le pidió mil veces que dejara de asistir a reuniones, sobre todo cuando finalizó la contienda. Mira Celso, que estos no se conforman con haber ganado. Mira Celso, que estos quieren que los perdedores no levantemos cabeza. Mira Celso, que podrías marcharte a Zaragoza, quedarte en casa de tu hermano hasta que les nazca el crío, buscarte un trabajo, otra novia y vivir allí con tranquilidad. Pero aquel muchacho nunca renunció a sus convicciones. Mi abuela, cada vez que mi tío llegaba de madrugada andando por la vía, encendía el candil envuelta en un chal y únicamente le preguntaba si iba a cenar. De sobras sabía ella de dónde venía y con quiénes había estado. La voz de su hijo sonaba muy negra cuando le contestaba que se volviera a la cama, que él mismo se serviría un poco de leche y que ya querrían otros compañeros poder dormirse con algo caliente en el estómago. 

Pocos meses después ocurrió aquello. Aquello que siguió ocurriendo todos los días. Aquello que se mitigaba con la esperanza febril de mis abuelos de que si un tren de subida se llevó a mi tío Celso, otro de bajada lo devolvería. Pero la realidad cada vez copaba más el espacio de la fantasía. Cuando en 1970 la línea del Canfranc dejó de ser internacional, se esfumó ese sueño de un hombre apeándose del tren en una escena de final con abrazos y lágrimas de felicidad. Estanguet era una palabra fea, un lodazal en el que naufragó el ferrocarril. A partir de aquel suceso, mi abuela comenzó a encorvarse hasta casi formar un ángulo recto, convirtiéndose en paja tarde a tarde junto a la vía, mirando con sus últimas luces ese cauce de hierro por el que cada vez pasaban menos trenes. Se durmió a pocos metros de esos mismos carriles por los que se alejó el tío Celso, el de la fotografía que temblaba en sus manos gélidas de venas y huesos. Dos años después, en 1976 viviendo ya en Arañones y con la viudedad tirando de sus bronquios para reunirlo con su esposa, falleció mi abuelo mientras daba un paseo por la estación. Lo encontraron junto al queso de un cambio de agujas que yacía próximo a unos vagones retirados del tráfico.

Quizás algún día un niño recorra de nuevo los túneles rozando la pared como un palo. Quizás algún día un convoy atraviese el Somport desde Francia y en él venga mi tío Celso para atender el paso a nivel y retejar la casilla. Ya no podré acudir a recogerle, pero me gustaría que un nieto le enseñara aquel poema que él comenzó y que yo continué para que se perpetúe con otros versos generacionales que, en voz bien alta, renueven la historia del tren que se fue y tiene que volver.

Siempre hay un tren

que olvidó

marcharse,

un eco de hierro,

un farol de sangre

que sólo sabe

regresar

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FOREGA: 'LOS BORBONES EN PELOTA'

FOREGA: 'LOS BORBONES EN PELOTA'

 

[La editorial Olifante, de Trinidad Ruiz-Marcellán y Marcelo Reyes, acaba de publicar una nueva edición de ’Los Borbones en pelota’, esa sátira gráfica de los males de la corte de Isabel II, que realizaron los hermanos Bécquer: Gustavo y Valeriano. Este nuevo proyecto, el tercero tras el de El Museo Universal y de la Diputación de Zaragoza y la Institución Fernando el Católico, sería el tercero y una de sus novedades es la inclusión de 93 textos de otros tantos autores. Manuel Forega ha sido el coordinador de una obra que lleva una introducción de Jesús Rubio Jiménez y apéndices de Luigi Maráez y Agustín Porras, grandes becquerianos. El libro se presenta mañana viernes en la Librería General.]

Una ilustración de ’Los Borbones en pelota’, atribuido a SEM, que serían los hermanos Bécquer: Gustavo Adolfo y Valeriano.

 

MANUEL FOREGA EXPLICA, PARA ESTE BLOG, SU EDICIÓN
DE ’LOS BORBONES EN PELOTA’ (OLIFANTE IBÉRICA)


¿Cómo defines un proyecto, el inicial, como ’Los Borbones en pelota’? ¿Qué te ha atraído de él, tiene una correspondencia con la actual situación española, pongamos por caso?

- El impulso original hay que encontrarlo en el empeño de Trinidad por conmemorar el 150 aniversario de la primera estancia de los Bécquer en Veruela. A partir de ahí comienza todo, pero (y lo deduces muy bien) se añade a esa circunstancia la que citas: la similitud de la situación de la sociedad y de la política en la Corte decimonónica de Isabel II con muchos de los aspectos sociopolíticos actuales. La ocasión la pintaban calva, de modo que esta edición es, en cierto modo, una actualización crítica de aquella etapa monárquica.

-¿Por qué pensaste que era oportuno reeditarlo con una opción contemporánea?

-Esa actualización -si debía ser crítica- tendría que contar con críticos. Las ilustraciones muestran una censura palmaria de aquel período pre y postrevolucionario, pero una visión contemporánea tenía que contar con ojos y sensibilidades contemporáneos.

¿Qué buscabas exactamente?

-El propósito era poner en solfa no sólo (en su conjunto) un documento testifical importantísimo para conocer nuestra historia, sino que éste se divulgase. Hay que considerar que la primera edición de este conjunto de láminas no aparece hasta 1991 (de las manos de Robert Pageard, Lee Fontanella y Mª Dolores Cabra); sin embargo, su difusión fue escasa y quizá (se trata de una deducción apresurada, aunque preventiva) adquirida casi en su integridad por no se sabe quién o quiénes. Una edición magnífica de Isabel Burdiel alentada por un ánimo estrictamente histórico y acogida por la Diputación Provincial de Zaragoza a través de su Institución Fernando el Católico, está casi secuestrada, sin apenas distribución**. Era hora, pues, de que hubiera una edición con propósito divulgativo y circulación universal y, además, distinta, diferente a todas, que tuviera, precisamente, un enfoque literario. Ésta es su singularidad, la que la hace única hasta ahora y -lo creo sinceramente- la enriquece. Tengan en cuenta los prejuiciosos que esa colección de ilustraciones es un documento público signado, custodiado, pues, por la Biblioteca Nacional, institución dependiente del Estado y que este Estado se define como una Monarquía parlamentaria.

¿Cuál fue el criterio de selección de autores, 93?

-El criterio selectivo partió del deseo de escoger a una mayoría de autores aragoneses. Creo que, pese a la impertinente y hortera bipolaridad que sufren las artes, la política, la sociedad, los deportes... sometidos a la tensión Madrid-Barcelona, como si el resto de territorios y sus ciudadanos no existiera o fuera de rango menor; pese a esa bipolaridad cutre, digo, estoy convencido de que la literatura aragonesa es hoy por hoy una de las más vitales, activas, seductoras y renovadoras del panorama nacional. Sin embargo, para no caer en otro pecado habitual (la endogamia), la edición tenía necesariamente que contar con escritores de los demás territorios e incluso no nacionales. La respuesta, en general, fue muy generosa y a este desprendimiento de los escritores se debe la conclusión exitosa de la edición. Es verdad que hubo algunas declinaciones no precisamente latinas y hubo que reparar situaciones indeseadas, pero todo el trabajo pudo terminarse sin más sobresaltos.

 

Desde el punto de vista textual, ¿Como explicarías el resultado final, qué características tiene?

El resultado literario final puede verificarse desde varios ángulos: a) el trazo analítico, que concede a la edición una dimensión exegética completamente actualizada. El estudio previo de Jesús Rubio Jiménez respecto al estado de la cuestión autoral; el epílogo ilustrado y hermoso de Agustín Porras matizando este extremo; y el postfacio subjetivo de Luigi Maráez, fundado en un propósito eminentemente poético y defensor del legado becqueriano, arropan con intención perspectivista la edición; b) la rúbrica literaria, que, sin ningún género de dudas, alcanza un altísimo nivel e índole coral, polifónica. Esta heterogeneidad es la que le dispensa no solamente un carácter innovador respecto al resto de ediciones, sino que semejante diversidad la hace más atractiva, más amena; y c) la coetaneidad que muestran los textos cuando adoptan ese rasgo fiscal, crítico, censor. Las deslealtades públicas y el saqueo de la caja común por parte de los políticos "pregloriosos" tienen muchas similitudes con los actuales.

 

Los dibujos, en buena parte, son procaces. ¿Se ha logrado un grado de procacidad semejante en los textos o ha habido un poco de autocensura?

Los autores tenía plena libertad y autonomía para confeccionar sus textos según sus propios gustos e inclinaciones y han respondido exactamente así: desinhibidos y libres. No necesariamente había que responder con procacidad a la impudencia de muchas de las ilustraciones, ni el lenguaje escogido debía contestarse con feísmos o bukowskianismos. Yo creo que ha habido un justo equilibrio, aunque elegantes procacidades las hay, no cabe duda. No; no creo que haya habido autocensura. Ésta, en todo caso (y si de verdad la hubo), se manifestó antes, en los pasos previos a la selección final de los autores.

 

Un libro así, ¿para qué tipo de público está pensado o para qué tipo de público ha quedado?

El libro está pensado para toda clase de público. Las ilustraciones son altamente reveladoras, naturalmente, pero sus síntomas semánticos, lo que exactamente quieren decir, ha de descubrirse también en los textos literarios que las acompañan. En este sentido, el especialista encontrará en ellos rasgos contextuales relativos a la historia del XIX; otros que el lector podrá degustar en sí mismo, como placer estético; otros decididamente descriptivos donde una parte de la historia pasada se vuelca del lado de la sensibilidad actual y adquieren cierta gravedad; y, en fin, otros que invitarán a la sonrisa, a la risa, a la carcajada...

 

¿Qué no sabemos, o qué no hemos valorado bien de los Bécquer en Aragón?

De los Bécquer se han valorado en Aragón algunas cosas muy importantes, aunque se ha hecho gracias al esfuerzo personal de unos cuantos cebezudos (algunos no aragoneses, como Luigi Maráez y Agustín Porras y Jesús Rubio) empeñados en mantener viva la memoria de su paso por Aragón, fundamentalmente en la comarca del Moncayo (Trinidad Ruiz Marcellán, Javier Bona, algún apoyo institucional siempre, empero, transitorio...). Estos reconocimientos se han convertido ya en algo tópico, habitual, y esta rutina referencial es una buena noticia. Pero de los Bécquer, como de muchos otros personajes ilustres de nuestra literatura, apenas se recupera y refuerza la memoria; se trata de un mal extendido por todo el país. España carece de memoria histórica o la defrauda y esta actitud atañe a todos los ámbitos. Lo que quizá mucha gente no sepa es que el paso de los Bécquer por las tierras aragonesas del Moncayo fue trascendental para la literatura española, para su modernización. Ya nadie discute que es precisamente Gustavo Adolfo el iniciador de la modernidad poética en España y en esto mucho tuvo que ver su estancia en Aragón. No olvidemos que su célebre "Carta tercera", todo un tratado estético, fue escrita en Veruela, así como muchas de las leyendas acentuadas con las tildes de la exploración literaria y muchas de las crónicas periodísticas que remitía a la prensa madrileña inspiradas en nuestra tierra. Valeriano, por su parte, dejó muestras exhaustivas de la etnografía y de las costumbres aragonesa del siglo XIX. Estas cosas las conocen los "avisados", pero no se difunden con suficiencia o quedan en mera anécdota. "La pequeña Toledo", por ejemplo, es el sobrenombre con que se conoce a Tarazona; pues, bien, los Bécquer fueron quienes así la rebautizaron.

¿La imagen de Bécquer como poeta romántico y ñoño aún se sostiene o no?

 Los verdaderos lectores de Bécquer jamás lo encontrarán ñoño. Romántico, sí, por supuesto: un tardorromántico, pero es que la ñoñería romántica es producto de la importación del U.S.A. concept, del U.S.A. language, que ha convertido en auténticas payasadas algunos de los clichés románticos. Deberíamos preguntar a Darío, a Juan Ramón, a Machado, a Gil de Biedma... lo ñoño que era Bécquer. ¿Por qué no se asocia a los mentores del Romanticismo Goethe y Schiller con esa imagen ñoña? Por ignorancia; y menos mal, porque, si no, también los veríamos a ambos sentados a una mesa sobre la que descansan dos velitas y una rosa blanca arrojada al albur de su caída sobre un mantel púrpura para hacernos exclamar: "¡qué románticos!". El Romanticismo histórico, el de verdad, no tiene nada de ñoño; es plenamente actual y muchos de sus postulados todavía está en marcha, tanto que hoy no se entendería el anarquismo sin el Romanticismo, ni habría existido el 15-M sin él, ni tampoco la socialización de los derechos comunes, ni el afán y desarrollo científicos, ni...

Cuando salió la edición de El Museo Universal, a la que aludías antes, el entonces Rey Juan Carlos la compró o se la regalaron. La miró con mucha simpatía. ¿Habéis pensando enviársela al Rey Felipe?

No lo habíamos pensado, pero lo comentaremos. ¿Pourquoi pas?

 

*Retrato de Manuel Forega de Lara Albuixech.

** La Institución Fernando el Católico, tras la aparición de esta entrevista, comunica que ha vendido la mayor parte de los 1500 ejemplares que imprimió de su edición de Los borbones en pelota y que el libro estará disponible para descarga de uso privado, libre y gratuita, a partir del día 16 de diciembre en la dirección http://ifc.dpz.es/publicaciones/ver/id/3248]

 

LAS FOTO DE TONY RAY-JONES

LAS FOTO DE TONY RAY-JONES

Tony Ray-Jones nació  en 1941 en Wells, Somerset, y falleció, a consecuencia de una leucemia, en 1972 en Londres. Fue un reportero de calle que captó la realidad con melancolía, con misericordia, con humor y con amor. Martin Par lo consideró uno de sus maestros fundamentales. Dijo: “Su capacidad para construir imágenes complejas en las que todo el mundo estaba perfectamente colocado en escenas que uno solo podía encontrar en Inglaterra me llamó la atención y despertó en mí una cierta envidia”.   

Hombre minucioso, que usaba constantemente cuadernos y diarios, anotó en una hoja este decálogo que publica Yorokobu (www.yorokobu.es):

– Se más agresivo
– Involúcrate más (habla con la gente)
– Quédate con los sujetos (sé paciente)
– Toma fotos más sencillas
– Mira si todo lo que se encuentra en el fondo (de la foto) está relacionado con la materia
– Utiliza composiciones variadas
– Se más consciente de la composición
– No hagas fotos aburridas
– Acércate más (utiliza la misma lente)
– No hagas demasiadas fotos
– No todas a vista de calle
– No a media distancia

 

FLA DE MONZÓN: PREGÓN DE PISÓN

FLA DE MONZÓN: PREGÓN DE PISÓN

PREGÓN DE LA XX FERIA DEL LIBRO ARAGONÉS DE MONZÓN

 

Por Ignacio MARTÍNEZ DE PISÓN 

 

Amigos montisonenses, amigos editores:

  Las ferias del libro nacieron en la España de la Segunda República como un medio para acercar la cultura a los ciudadanos. El mismo espíritu que informaba la Feria de Madrid inspiró también otras voluntariosas iniciativas con las que se intentó llevar el cine, el teatro, el arte y la literatura a todos los rincones de España: me estoy refiriendo a las Misiones Pedagógicas, a la compañía de teatro La Barraca o a esas redes de bibliotecas itinerantes que recorrían la geografía peninsular a bordo de atestados camiones-biblioteca.

  Ya que estamos en una feria del libro aragonés (o, mejor dicho, en la Feria del Libro Aragonés) conviene recordar que uno de los testimonios más tempranos sobre aquellas primeras ferias nos lo ofreció un escritor aragonés, Benjamín Jarnés. En un libro de 1935 titulado precisamente Feria del libro describía Jarnés el interés que los lectores de todas las edades mostraban por los libros expuestos y la atención con que asistían a los coloquios literarios. Y añadía: “Nunca en España se vio el libro tan mimado, tan exaltado. ¿Qué más puede pedirse?”

  Por desgracia, la Guerra Civil vino a interrumpir de forma abrupta muchos de esos sueños de dignificación de la sociedad a través de la cultura. Desaparecieron las Misiones Pedagógicas, desapareció la compañía La Barraca, desaparecieron los destartalados camiones-biblioteca. Pero, incluso en una dictadura, los libros son un enemigo difícil de batir. En 1944, cinco años después del fin de la contienda, los libreros madrileños volvieron a salir al paseo de Recoletos (entonces llamado de Calvo Sotelo), y poco a poco a lo largo de la década siguiente otras capitales irían montando sus propias ferias del libro.

  Libreros y editores empezaban lentamente a organizarse para devolver a la cultura (y, por tanto, a la libertad de pensamiento y de expresión) el papel que le habría correspondido en una España democrática. En un libro de hace diez años, el profesor Jordi Gracia bautizó ese fenómeno como “resistencia silenciosa” al franquismo, una resistencia protagonizada por unas cuantas figuras del sector liberal de aquella España tan antiliberal. Entre esas figuras, el propio Jordi Gracia destacaba la de Gregorio Marañón.

  Hace poco, un librero amigo de Barcelona me regaló un pequeño volumen titulado El libro y el librero, que recoge el discurso pronunciado por Marañón durante el homenaje que los libreros madrileños le tributaron en diciembre de 1952. En él confiesa Marañón que, de no haber sido médico, le habría gustado ser “librero, librero de libros raros, oficio que tiene todas las delicadezas de una elevada artesanía y todas las complicaciones de una finísima ciencia”. No escatima Marañón ninguna alabanza al libro, del que dice que es “el amigo ejemplar que todo lo da y que nada pide, el maestro generoso que no regatea su saber ni se cansa de repetir lo que sabe, el consuelo de las horas tristes”... Pero, entre todas esas alabanzas, las más jugosas son las que expresa en su condición de médico. Asegura el doctor Marañón que de los libros emana un misterioso influjo “que constituye una de las más eficaces salvaguardias para la salud”. ¡Atención, libreros: estáis de enhorabuena! Según unas estadísticas de no se sabe muy bien qué compañías de seguros, el gremio de los libreros estaría a la cabeza de las listas de la longevidad, y eso se debería, según Marañón, a cierto “polvo sagrado que el tiempo deposita sobre los volúmenes” y que daría lugar, “por reacciones ignoradas, a una como penicilina, de sutilísima acción, que defiende al librero” de las asechanzas de la vida sedentaria “y le permite una milagrosa pervivencia”. No lo digo yo: lo dice Marañón. Si entre los libreros presentes hay alguno que ha sentido la tentación de cerrar el negocio por culpa de la crisis, más le vale que se lo piense dos veces: su salud se lo agradecerá.

  Al lado de ferias como la de Madrid, la de Monzón es todavía una feria joven. Sus dos décadas de existencia coinciden con un período de gran vitalidad de la industria editorial aragonesa, quizás el período de mayor esplendor desde que, en tiempos ya lejanos, convivieron en Zaragoza y Huesca algunos de los mejores impresores en lengua española. También a los editores presentes les animo a no cejar en el empeño y a seguir trabajando por la literatura aragonesa en cualquiera de sus lenguas. Tienen muchos motivos para hacerlo y, de creer a Marañón, uno de ellos, no menor, puede ser esa “penicilina de sutilísima acción” que nos asegura longevidad a quienes vivimos rodeados de libros y que nos permitirá seguir celebrando juntos muchos de los próximos cumpleaños de esta Feria del Libro Aragonés.

 

 Ignacio Martínez de Pisón

 

*Esta foto tan sugerente de Pisón, retratado como un galán, como Alan Ladd tal vez, es de Santi Cogolludo de ’El Mundo’.

CANDIDATOS AL PREMIO CÁLAMO 2014

Librería Cálamo presenta la XIV edición de los Premios Cálamo.

 

Los Premios Cálamo son organizados por Librerías Cálamo S.L. y cuentan con la colaboración de las siguientes entidades públicas y privadas: Ayuntamiento de Zaragoza, Universidad de Zaragoza, Teatro Principal de Zaragoza,  Institut Français de Saragosse, Teatro de la Estación, Teatro Arbolé, Spectrum Sotos, Care Bodegas y Viñedos, Vinatería El Rincón del Arpa, Balneario Sicilia y  Sansueña Industrias Gráficas.

 

El “Premio Cálamo al libro del año” es elegido por “democracia directa”: Cálamo propone 16 títulos editados durante el año en curso y finales del anterior,  y los clientes y amigos de nuestras librerías votan a sus preferidos. Somos conscientes de que toda elección es injusta de raíz ¡cuántos buenos libros no habremos leído o habrán pasado en silencio por nuestras estanterías! No queremos pontificar ni marcar gustos,  sólo pretendemos que el premio sea una incitación a la lectura, al debate y, por qué no, a la sana irreverencia literaria.

 

Los premios “Cálamo Otra Mirada”  y “Cálamo Extraordinario” son escogidos directamente por el equipo de Cálamo.

 

La votación se desarrollará durante el mes de diciembre de 2014 y las dos primeras semanas de enero de 2015 en las urnas dispuestas a tal efecto en las Librerías Cálamo. 

 

El resultado será hecho público el lunes 19 de enero de  2015.

 

Los premios se entregarán el viernes 27 de febrero de 2015 durante una cena que se convocará oportunamente.

 

Candidatos a los  XIV Premios Cálamo año 2014

14. Jean Echenoz. Editorial Anagrama

Autopsia. Miguel Serrano Larraz. Editorial Candaya 

El balcón en invierno. Luis Landero. Tusquets Editores

El comité de la noche. Belén Gopegui. Literatura Random House

Horror vacui. Paula Lapido. Editorial Salto de Página

La buena reputación. Ignacio Martínez de Pisón. Editorial Seix Barral

La niña gorda. Mercedes Abad. Editorial Páginas de Espuma

La trabajadora. Elvira Navarro.  Literatura Random House 

Lo que a nadie le importa. Sergio del Molino.  Literatura Random House

Los extraños. Vicente Valero. Editorial Periférica

Mansa chatarra. Francisco Ferrer Lerín.  Jekyll & Jill Editores

Monasterio. Eduardo Halfon. Libros del Asteroide

Nos vemos allá arriba. Pierre Lemaitre. Publicaciones y Ediciones Salamandra

Sez Ner. Detrás de la estación. Última ronda . Arno Camenish. Xordica Editorial

Pietra viva. Leonor de Recondo. Editorial Minúscula

Tela de sevoya. Myriam Moscona.  Acantilado

 

*Nota de Paco Goyanes. En la foto, Leonor de Recondo.

 

La tomo de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-e74d6c8ba7a98e7aed7799fb279b8703.jpg

EVA Y FÉLIX, PORTADORES DE SUEÑOS

[Ayer, en Heraldo Domingo, el suplemento que coordina Picos Laguna, Luis Alegre publicaba este artículo dedicado a Eva y Félix, Los Portadores de Sueños, que cumplen una década.]

LOS PORTADORES DE SUEÑOS CELEBRA SU DÉCIMO ANIVERSARIO. LA LIBRERÍA DE LA CALLE BLANCAS FORMA PARTE DEL MEJOR PAISAJE DE LA CULTURA ZARAGOZANA.

Eva y Félix

 

Por Luis ALEGRE. Heraldo Domingo.

 

Maribel Verdú es una lectora inagotable desde que era niña. En los primeros años que la conocí hablaba de Scott Fitzgerald o Truman Capote. Le hacía ilusión que le regalara libros dedicados de Ignacio Martínez de Pisón, Mariano Gistaín, Javier Tomeo, Antón Castro, David Trueba, Bernardo Atxaga, Enrique Vila-Matas o Antonio Muñoz Molina. Y, luego, aún le hacía más ilusión conocer a los escritores que leía. Maribel siempre va acompañada de un par de libros. Cuando un libro le vuelve loca enseguida nos enteramos todos los amigos. Maribel no es de las que esconde sus mejores emociones. Uno de esos libros fue “Pétalos de luna”, la primera novela en solitario de María Pilar Clau. Para ella fue un placer presentarla en La casa del libro de Madrid, el año pasado, junto a Jorge Sanz. El público que asistió no estaba acostumbrado a escuchar a Maribel detallando el encanto de una novela.

 

A Maribel, cómo no, le privan las librerías exquisitas. Cuando hace teatro en Zaragoza se aloja en el Gran Hotel. Un día, en el paseo del hotel al Teatro Principal, a la altura de la calle Blancas, le dije: “Te voy a enseñar una librería de la que no vas a querer salir”. Fue la primera vez que entró en “Los portadores de sueños”. Conoció a Eva Cosculluela y Félix González y, de inmediato, les nombró sus libreros de cabecera. La librería le caía de paso y allí se metía cada dos por tres. Maribel charlaba y se reía con ellos, intercambiaba sugerencias y se llevaba un montón de libros. Luego, aunque ya estuviera en Madrid, cada vez que leía un libro recomendado por Eva o Félix, les llamaba para comentarlo, para hacer un libro-fórum telefónico. Maribel es un ejemplo buenísimo de los “amigoclientes” que suelen provocar Eva y Félix.

 

Les conocí en Casa Emilio. Los trajo a una cena Félix Romeo, incomparable introductor en mi vida de cosas y de gente que se han quedado. El que no se ha quedado es él, maldita sea, ni Labordeta, ni Tomeo, tres seres a los que a menudo recuerdo a la vez, en el mismo plano secuencia, y cuya ausencia sigo, seguimos, sin digerir.

 

Hace once años Eva Cosculluela, ingeniera informática, y Félix González, estadístico, trabajaban en una consultora informática, de la que Félix era socio. Era un trabajo sin muchas zozobras. Pero algo bullía dentro de ellos. A Eva, de vez en cuando, le cruzaba la cabeza la idea de abrir una librería. Ella aprendió a querer a las librerías cuando era una niña y los sábados por la mañana su madre la llevaba a la librería Alfil de la calle García Sánchez. En un viaje a Guatemala había conocido una que le tocó, la Sophos, en la plaza Fontabella. Sophos era un sitio de citas y de encuentros, un templo sociocultural en el que, además, se podía tomar uno de los mejores cafés de Latinoamérica. Eva se dijo que si algún día abría una librería ya tenía el modelo.

 

El día llegó. Eva y Félix dejaron la empresa consultora y se lanzaron al mar de los libros. Pronto hubo que enterrar la idea del café dentro de la librería: demasiadas pegas burocráticas y económicas. Esa pequeña frustración la compensaron, quizá de forma inconsciente, al encontrar un local en Blancas 4, enfrente de El Ángel Azul, el café más literario, o eso me parecía a mí, de la Zaragoza de los 80 y 90. Eva y Félix abrieron la librería en 2004. Para bautizarla eligieron el título de un poema anticenizo de la escritora nicaragüense Gioconda Belli, un canto al poder de los soñadores para desafiar los infiernos del mundo. No había café pero Eva y Félix tardaron muy poco en hacer de su librería el lugar que imaginaron.

 

Tampoco ha habido que esperar mucho para que el mundo literario español la haya encumbrado: en 2012 recibió el Premio Librería Cultural, que distingue a las librerías más interesantes de España. La de Eva y Félix es una de esas librerías de autor que tanto gustan a los autores y editores. Cálamo, de Paco Goyanes, y Antígona, de Julia Millán y Pepito Fernández, en la zona de la Universidad de Zaragoza, llevan décadas en la primera línea de las librerías de autor de España y Los portadores de sueños, en el cogollo del centro de la ciudad, ha prolongado la tradición por todo lo alto. Vila-Matas entró y dijo: “Esta librería es el abismo”. Eva y Félix se han empeñado en que en Blancas 4, una o dos veces por semana, pase algo especial. Durante estos diez años se han presentado cientos de libros y se han encontrado miles de personas cuya aspiración es abandonarse a algunas de las mejores cosas de la vida: la cultura, la inteligencia, la belleza, la tolerancia, la amistad, el roce, el cara a cara. La luz y la fiesta de los libros.

 

Eva y Félix no solo arropan presentaciones en su local. También lo han hecho en el Teatro Principal, en el Paraninfo de la Universidad, en el Teatro Romano, en la Facultad de Económicas, en Casa Pascualillo, en Capitanía o donde haga falta. He tenido muchas ocasiones de presentar libros a su lado. Que ahora recuerde, dos a Juan Cruz, Marcos Ordóñez, Mara Torres y José Luis Melero y uno a Raquel Martos, Raúl Lahoz, María Gómez y Patiño, Ramón Fontseré, Pisón, Nativel Preciado, Borau, Iñaki Gabilondo, Felipe González, Jonás Trueba, José Luis Cuerda, Miguel Mena, Santi Giménez, Lu Martín y David Trueba, aquel 3 de marzo de 2008 que tan a menudo evocamos: ese día, además de Daniel Gascón, intervino en la presentación Pep Guardiola, poco antes de convertirse en uno de los hombres más célebres del planeta.

 

Eva y Félix forman una pareja muy potente. Son idénticos y totalmente diferentes. Félix nació en Soria pero enseguida le pilló el punto a la somardería. Eva es una alegría de chica, empática como ella sola. En estos diez años les ha dado tiempo a educar el paladar lector, por ejemplo, de mis sobrinos Pablo y María, que se fían de ellos casi desde que empezaron a leer. Por si fuera poco, ahora Eva y Félix cuentan en la librería con una cómplice estupenda, Iguázel Elhombre, escritora, activista cultural y compañera de Sergio del Molino en “Preferiría no hacerlo”, el programa de libros que acaba de arrancar en Aragón Radio.

 

No he estado en la Sophos de Guatemala. Pero si alrededor de esa librería han creado un micromundo en el que da tanto gusto vivir como en el de Los portadores de sueños, ellos también están de enhorabuena.

 

La foto la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-c0925ea250044ed7a7fd9118431b4342.jpg

 

PROYECTaRAGÓN VIII EDICIÓN, 2014

PROYECTaRAGÓN VIII EDICIÓN, 2014

ProyectAragón VIII Edición 2014

Arranca mañana la VIII edición de ‘ProyectAragón’ en la Sala CAI Luzán.

 

La Sala CAI Luzán (Paseo de la Independencia, 10) acogerá este martes 9 de diciembre, a las 19.30 h. la inauguración oficial de la VIII Muestra Audiovisual Aragonesa ‘ProyectAragón’.

El objetivo de la muestra, que comenzó la semana pasada con tres sesiones previas y que se desarrollará hasta el próximo jueves 18 de diciembre, es dar a conocer el extraordinario talento que existe en la Comunidad Autónoma en el campo de la producción de cine y vídeo en sus más diversos formatos: documental, experimentación, ficción, animación, vídeo clips o la vídeo danza.

La inauguración estará dedicada a “Novedades y estrenos”. En esta primera sesión se proyectarán cortometrajes de ficción premiados en diferentes certámenes, como ‘Os meninos do río’, de Javier Macipe; ‘Te escucho’, de Jorge Blas, ‘Espera un segundo’, de Germán Roda; ‘El Ebro que nos lleva’, de Pedro Zapater y Mónica Tragacete; y ‘Mientras somos’, de Jacobo Atienza. Tras la proyección, podremos disfrutar de la Fiesta "Zaragoza, territorio de música", a cargo del DJ Leo Camaleón, en el bar Bacharach, a partir de las 22 h.

Durante las jornadas del miércoles, sábado y domingo, ‘ProyectAragón’ rendirá homenaje a Zaragoza, como territorio de cine, como paisaje filmado, como localización de rodaje, a través del pase de los siguientes largometrajes rodados en la provincia y en la propia ciudad: ‘Jamón, Jamón’, de Bigas Luna; ‘Una de zombies’, de Miguel Ángel Lamata; y ‘Culpable para un delito’, de José Antonio Duce. En la primera de estas sesiones participarán representantes de Film Commission Monegros, recientemente creada para dinamizar los rodajes en el territorio, mientras que las otras proyecciones contarán con la presencia de los directores Lamata y Duce.

El jueves se exhibirán los mejores trabajos del festival invitado este año, Spanisches FilmFest Berlin, donde ProyectAragón llevó en noviembre su programa de itinerancia con una selección de obras cortas de sus siete anteriores ediciones. El festival alemán, por su parte, trae los mejores cortometrajes españoles de ficción realizados en 2013 y 2014 por directores tan reseñables como Óscar Bernacer (‘Bikini’), Álvaro Martín (‘Estocolmo’) o Manuel Arija (‘No kissing’), entre otros.

El viernes se proyectarán los estrenos de los documentales ‘Mi hermano Simón’ (‘Ma Hueada Simón’), de Sergio Miranda, sobre el rodaje de ‘Simón del desierto’, de Luis Buñuel; y de ‘Teruel, territorio de frontera’, de José Miguel Iranzo.

La muestra continuará y finalizará la próxima semana en el Centro de Historias, que junto con la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza y Cines Palafox, son otros de los escenarios de esta VIII edición. El Centro de Historias acogerá el martes 16, miércoles 17 y jueves 18 las sesiones de ‘Educaproyecta’, reservadas a la formación y el cine; las películas del género ‘Road movie’, con el pase del largometraje de Mercedes Gaspas, Huidas, y el documental ‘Trovadores’, de Iván Castell, que clausurará la muestra de este año.

La programación detallada de ‘ProyectAragón 2014’ puede consultarse en www.fundacioncai.es y www.proyectaragon.es.

Una amplia selección del material gráfico y audiovisual de la muestra está disponible en el siguiente enlace:

https://www.dropbox.com/sh/2nqofvb1lbk83kg/AABPNl6gZVKvcbt9u3vQCF2oa?dl=0

Se adjunta PROGRAMA ProyectAragón 2014.


ProyectAragón VIII Edición 2014

Un año más regresa a Zaragoza ProyectAragón, para exhibir una selección de los mejores trabajos realizados por diferentes directores de la comunidad aragonesa, ubicados en diferentes puntos de la geografía española y mundial.

ProyectAragon llega a su VIII Edición adaptándose a los difíciles tiempos que corren, sin perder por ello su señas de identidad: creatividad, energía, originalidad, ilusión y trabajo, mucho trabajo, para seguir la pista a todas esas joyas que han permanecido semi veladas y dormidas en estantes, ordenadores, archivos y cine clubs de cientos de autores, productoras y colectivos.

De ese rastro siguen saliendo auténticos tesoros cinematográficos en el campo del documental, la experimentación, la ficción, la animación, los vídeo clips, la vídeo danza… que dan lugar a programas de actualidad y estrenos, obras de incipientes realizadores, monográficos de autores consagrados, clásicos revisitados, conferencias y encuentros.

Desde sus inicios la muestra ha estado auspiciada por la Fundación Caja Inmaculada (anteriormente CAI y Caja3) con la colaboración del Ayuntamiento de Zaragoza (Centro de Historias). Y arropada por amigos de largo recorrido, entre los que están presentes este año Aragón TV, Zaragoza Urbana, la Universidad de San Jorge, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, el Festival de Cortometrajes y Spots Cine y Salud, el Festival 22 x don Luis, la Escuela de cine Un perro andaluz o la Comarca de Los Monegros.

La vocación de colaboración con otros festivales de ámbito internacional ha venido marcada por programas itinerantes de intercambio. Este año ProyectAragón ha viajado a comienzos de noviembre hasta el Spanisches Filmfest Berlin, Alemania, para mostrar en la sección Ventana Abierta, inaugurada por nuestro festival, una selección de obras que han desfilado por la muestra desde el año 2007 hasta hoy. Y este festival berlinés de vocación española viene como invitado a Zaragoza para mostrarnos su palmarés con los mejores cortometrajes realizados en 2013 y 2014 por directores españoles.

ProyectAragón quiere rendir en esta edición un tributo muy especial a Zaragoza, como territorio de cine, como paisaje filmado, como localización de rodaje, a través de una serie de proyecciones y charlas en torno a largometrajes, documentales y cortometrajes rodados en la provincia y en la propia ciudad, así como con conferencias y charlas alrededor de las localizaciones de rodaje. Desde films emblemáticos como Culpable para un delito, hasta los últimos estrenos de la cartelera, como Justi&Cía. Pasando por películas míticas de la historia del cine español como Jamón, jamón y de la cinematografía internacional, como Salomón y la reina de Saba.

Vicky Calavia

Directora de PROYECTARAGON

PROYECTARAGON Muestra Audiovisual Aragonesa


e-mail proyectaragon@gmail.com

 *La foto es de Os meninos do rio de Javier Macipe.