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Antón Castro

LUCIANO GRACIA: HOMENAJE EN CUARTE

LUCIANO GRACIA: HOMENAJE EN CUARTE

HOMENAJE AL POETA Y EDITOR  LUCIANO GRACIA

[Nota de Antonio Asensio, promotor del acto] Cuarte de Huerva homenajea a Luciano Gracia Bailo con una exposición sobre su vida y su obra. Día de inauguración 24 de octubre a las 19,30 horas en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Cuarte de Huerva. Incluye fotografías, manuscritos, libros, objetos personales y documentos únicos.

Durante la  inauguración de la exposición se leerán unos poemas de Luciano Gracia Bailo por los poetas, María Otal, Luis Trébol, Inma Marqueta y Julio Izquierdo.

 El escritor y poeta Miguel Ángel Marín presentara su libro ‘Luciano y yo’, una obra donde nos ayuda a conocer al insigne poeta,  gran editor, y mejor persona que fue Luciano Gracia.   

La muestra del universo del poeta Luciano Gracia Bailo, autor de poemarios como ‘Creciendo en soledad’ o ‘Vértigo de la sangre’, podrá visitarse desde el día 24 al 26 de octubre en el Ayuntamiento de Cuarte de Huerva y, desde el día 2 hasta el día 13 de noviembre en la Casa de Cultura, y está organizada por la Concejalía de Cultura y Festejos en colaboración con el Espacio Cultural Luciano Gracia Bailo del Club +50 de Cuarte de Huerva. La exposición sobre el poeta cuartano realiza un recorrido por su biografía y obra.

Con esta muestra se presenta a Luciano Gracia Bailo no sólo como poeta sino como una persona que vive por y para la poesía, creando tertulias literarias, editando libros y revistas para divulgar la poesía y los poetas. Se trata de una exposición de carácter literario y didáctico en la que realiza un recorrido visual a través de la vida y obra del poeta. Está estructurada por orden cronológico, a través de paneles, fotografías y poemas.

 

Además, la exposición cuenta con unas vitrinas, en las que se exponen manuscritos, revistas, libros, documentos originales y objetos personales, que permiten ver el proceso creativo del poeta.

 

'CUENTOS COMPLETOS': JAVIER TOMEO

Recibo esta carta de Eva Cosculluela y Félix González, de Los Portadores de Sueños:

Queridos amigos,

La editorial Páginas de espuma y Los portadores de sueños tenemos el gran placer de invitaros a que nos acompañéis el lunes 22 de octubre a las 19.30h en el hall del Teatro Principal (Coso, 57) a la presentación de los CUENTOS COMPLETOS de JAVIER TOMEO, una recopilación de su narrativa breve que incluye también algunos textos inéditos. Javier Tomeo conversará con Daniel Gascón, encargado de la edición del libro, y Cristina Yáñez leerá algunos textos breves.

Nos gustaría mucho veros allí acompañando a Javier Tomeo en la presentación de este gran libro (en todos los sentidos) que llega de la mano de Páginas de Espuma, y que juntos le rindamos el homenaje que, sin duda, merece unos días después de cumplir ochenta años.

LOS CUENTOS COMPLETOS DE JAVIER TOMEO

«Javier Tomeo domina con maestría el relato: la distancia corta es muy adecuada para un escritor que opera a menudo con la sugerencia de una amenaza imprecisa e inminente. La obra que presentamos en esta edición –que reúne las piezas breves publicadas en los libros Bestiario, Historias mínimas, Problemas oculares, Zoopatías y zoofilias, El nuevo bestiario, Cuentos perversos, Los nuevos inquisidores y una colección de inéditos, que incluye obras nuevas y reescrituras de antiguos relatos– recoge algunos de sus mejores textos» (del prólogo de Daniel Gascón).



JAVIER TOMEO (Quicena, Huesca, 1932) es, sin lugar a dudas, uno de los escritores españoles más destacados del panorama literario actual. Distinguido por su estilo tremendamente singular y por una voz muy poderosa, Tomeo es comparado continuamente con Kafka y Buñuel. Ha publicado más de cuarenta y cinco libros, fundamentalmente novelas y relatos breves. Sus textos se han traducido a quince idiomas y sus obras han sido adaptadas al teatro con gran éxito, siendo una referencia en este género en países como Francia, Alemania, Suecia e Italia, en los que ha sido representado en los teatros más prestigiosos. El escritor aragonés es un autor de culto en muchos países de Europa y ha sido candidato al Premio Nobel de Literatura.

A sus ochenta años recién cumplidos, Javier Tomeo regresa a las mesas de novedades de la mano de Páginas de Espuma con Cuentos completos, una recopilación de más de mil páginas que ha preparado Daniel Gascón y que recoge su narrativa breve y algunas obras inéditas. En su prólogo, Gascón destaca que Javier Tomeo pertenece a una clase poco frecuente, la de los escritores “que inventan una manera de ver el mundo y consiguen contagiarla a los lectores”, y repasa las preocupaciones más constantes de la literatura de Tomeo: “la aceptación de las reglas del azar y del absurdo, la capacidad de sugerencia y la fascinación por lo monstruoso, la animalización de los humanos y la humanización de los vegetales y los animales, la fascinación por los detalles del mundo natural y la desconfianza hacia la tecnología, la fantasía desbocada y la intuición escalofriante, la vivencia traumática del amor y el sexo, la violencia repentina, la importancia del ello y esa mirada que a Tomeo le gusta llamar «psicopática»”.



Aquí podéis leer un cuento inédito, y aquí podéis encontrar las entrevistas que ha realizado la Agencia EFE, Europa Press y Carlos Zanón para El Cultural.

Os esperamos el lunes 22 de octubre a las 19.30h en el Teatro Principal (C/Coso, 57 • ZGZ).

 

Librería Los portadores de sueños
c/ Jerónimo Blancas, 4-6 50001 Zaragoza
976 225255 - libreria@losportadoresdesuenos.com
www.losportadoresdesuenos.com

ANTONIO BÁEZ: UN CUENTO

ANTONIO BÁEZ: UN CUENTO

Antonio Báez me envía este relato. Antonio Báez ha publicado un libro de relatos titulado ‘Mucha suerte’, una novelita corta, ‘La memoria del gintonic’, y ha participado últimamente en la antología de Fernando Valls, ‘Mar de pirañas’ (Menoscuarto), centrado en el microrrelato.

 

 

LECCIONES DE NOVELA

 

Por Antonio BÁEZ

  

La conocí en un curso del INEM sobre ofimática que creí que nunca me serviría para nada y suponía que tampoco a los otros.  Me pagaban por ir todas las tardes y para demostrar la asistencia a última hora pasaban un papel de firmas, que era en lo único que pensábamos la mayoría: en que llegara el momento de que el papel apareciera y a continuación buscar la manera de escaquearnos y salir de allí pitando. No obstante, había quien era aplicado y se entregaba al aprendizaje con una fe conmovedora, cuando no excesivamente ingenua. Mi vida en aquella ciudad dependía de ese dinero y de lo que sacaba dando clases particulares. Ella estaba en el grupo de los que pensaban que aquello les serviría para algo y al principio no era receptiva a los comentarios malévolos que empezó a gustarme hacerle. Nuestra relación se inició a partir de dos perspectivas absolutamente contrapuestas. El curso adquirió, entonces, para mí, una nueva dimensión que me lo hacía más llevadero. Ya no sólo tenía en mi horizonte el dichoso momento de la firma y la subsiguiente fuga. Esperaba ahora también el momento del café a media tarde para charlar con ella. Había días, sin embargo, que cruzábamos sólo un par de palabras. Me recriminó en una ocasión mis huidas.

-Si tú me firmases, le dije un día, no tendría que escapar de un modo tan vergonzoso.

-Tienes una cara muy dura, me dijo ella.

Y eso me gustó muchísimo. La distribución de papeles quedó absolutamente clara: yo me mantuve en mi postura cínica y ella se reafirmó en su interés por cualquier cosa nueva que pudiese aprender allí. Como ninguno de los dos se planteó ceder terreno, o al menos fingirlo, enseguida quedaron descartadas las oportunidades para el coqueteo físico o sentimental. En aquella época era una chica del montón, pero a mí las mujeres del montón, incluso las que se suelen colocar por debajo de él, me han interesado siempre, siempre y cuando no me aburriesen. Ella no me aburría, aunque se hallaba al límite. Había algo más allá de su fe y optimismo que en ese momento yo no sabía discernir. Para mí que eran ganas de pasarse al otro lado.  Quizás me gustaba y no estaba dispuesto a reconocerlo.

El curso por fin acabó y, aunque intercambiamos nuestras direcciones y forma de contacto, no volvimos a vernos. Emi, que así se llamaba, tenía teléfono, yo no. Me contó que vivía con su padre, jubilado por enfermedad, y según sus propias palabras, amargado desde que le habían cortado una pierna, y sus hermanos, a los que no se refería con gran aprecio. Nunca hablamos, que yo recuerde, sobre la política más convencional, pero insistía en exponer sus ideas feministas, por lo que creo que sus antipatías familiares quizás tenían que ver con el modelo de educación machista en el que se habían educado. Al parecer la madre había muerto no hacía mucho. Pues bien, no sólo la perdí de vista. La olvidé al tercer día de no verla.

Mi vida se hallaba entonces en una encrucijada de decisiones, había acabado una carrera inútil, absurda, cuya salida más inmediata era convertirme en profesor de instituto, si era capaz de aprobar unas oposiciones, pero también podía dedicarme a escribir, intentar vivir de eso. No conocía a nadie que viviese de escribir. Durante todos aquellos años de facultad nunca tuve contacto con otros estudiantes a los que les interesara la literatura, mis amigos no sentían demasiado aprecio por los círculos de aspirantes a poetas o novelistas, y yo, como así demostré, tampoco.

Empecé a escribir una novela, seguí dando clases particulares y descubrí que tenía cierta gracia para vivir en casas que no eran la mía, así que me ahorraba el alquiler. Recuperé la máquina de escribir que se había quedado en casa de mis padres, en la que ellos habían puesto todas sus aspiraciones, cuando nos la regalaron a mí y a mi hermano por Reyes hacía ya bastantes años. Mi hermano nunca halló en la máquina nada digno de su curiosidad y se marchó de este perro mundo sin apenas haberla mirado de reojo. Yo, muy impertinente, exigí el correspondiente manual de mecanografía, que mis padres no tardaron en comprar, con la esperanza de que aquella habilidad me convirtiese en el primer hombre de oficina de la familia, que hasta entonces había sobrevivido gracias a la fuerza del músculo. En fin, creo que con buen criterio, entendí que si quería ser escritor, ya entonces pensaba en esa posibilidad, debía tener en cuenta la mecanografía.

Era una Olivetti muy poco práctica y en ella mecanografié, con gran esfuerzo muscular, mi primera novela. Al cabo de siete años le puse la palabra fin al final.

Me enteré de que se convocaba un premio literario desde el ayuntamiento. Era el premio Ciudad y me parecía que mi historia, al ser urbana, negra y existencialista, podría cuadrarle. Presidiría el jurado, según las bases, la concejala de cultura, doña Emilia No Sé Qué Más. Resulté finalista y me convocaron para la entrega del premio a una cena en el mejor hotel. Eché mano de mi encanto para pedir prestada una corbata,

-toma, mi marido ya no la usa,

y para que me hiciesen el nudo,

-ay (pellizco incluido en las nalgas, las mías) mi escritor favorito,

aunque no hubiese leído ni una sola línea no ya mía sino de nadie.

Era la corbata más fea del salón Emperador, pero me parecía que aquel bigote faulkneriano que me había dejado para la ocasión suplía cualquier carencia protocolaria. Los finalistas compartíamos mesa con el ganador, que antes de que se abriese la plica ya estaba recibiendo parabienes y felicitaciones. Me fijé en su corbata. Fue toda una lección de literatura que apliqué más tarde. Y no tenía bigote, que fue otra.

En la mesa de al lado se sentaba el jurado del premio presidido por la concejala de cultura. Fue ella la que vino a saludarnos.

-Enhorabuena a todos, nos dijo, habéis escrito unas novelas estupendas, pero sólo uno podrá llevarse el premio.

Todos miraron al ganador con envidia y recelo, pero yo no podía apartar la mirada de la concejala. La reconocí inmediatamente, sin embargo, ella no parecía reparar en mí. Doña Emilia No Sé Qué Más, Concejala de Cultura del Ayuntamiento y Presidenta del Jurado de Novela Ciudad, era aquella Emi que yo había conocido años atrás haciendo un curso de ofimática por el INEM.

El ganador recibió el galardón con gran sorpresa, tuvo el santo temple de decir que no se lo esperaba. En las copas posteriores a la cena me acerqué a la señora, o señorita, concejala y le pregunté si no se acordaba de mí. Era evidente que no. Al principio hizo memoria frunciendo las cejas, pensé que quizás me buscaba en sus encuentros más recientes de cama. El caso es que mi cara le sonaba muchísimo,

-¿de algún libro ya publicado?, me preguntó.

-Soy inédito, le dije.

-¿No te acuerdas de un curso de ofimática hace ya unos cuantos años?, añadí.

Entonces le pregunté por su padre inválido y por sus hermanos. Ah, ah. Ah. Se le hizo una luz, claro,

-claro que sí, eres tú.

Me dijo que su vida había cambiado mucho desde que se había metido en política. Trabajaba veinticuatro horas, organizaba recitales, conciertos, encuentros, premios, y decía que el mundillo le gustaba, como si yo ya formase parte de ese mundillo.

Salimos del salón Emperador y en los jardines del hotel nos empolvamos la nariz.

-Me alegro de verte, me dijo antes de dejarse arrastrar por alguien del mundillo.

-Ven a verme cuando quieras al ayuntamiento, insistió.

Recibí aquel día impagables lecciones de novela que completaban el ciclo iniciado con la mecanografía.

-Tienes que cambiarle el título, es lo único que le falla, me dijo. Buscaremos algo que refleje bien el alma de lo que has escrito.

En la siguiente convocatoria gané el premio Ciudad. Al recibir el galardón, sinceramente, no me lo esperaba, entendí que ya no había para mí camino de vuelta, que aquella carrera no era circular.

*Las dos fotos son de Jean Loup Sieff.

 

 

 

 

 

 

XII SEMINARIO DE FOTOGRAFÍA

  

Albarracín vuelve a ser escenario predilecto de fotógrafos y periodistas

 

Se cumplen doce años consecutivos del Seminario de Fotografía y Periodismo que dirige  el fotógrafo y periodista Gervasio Sánchez, y que organiza la Fundación Santa María. En esta edición, 200 participantes se dan cita en Albarracín.

 

Por Gervasio SÁNCHEZ

Este sábado 20 de octubre empieza la XII edición del Seminario de Fotografía y Periodismo que organiza la Fundación Santa María de Albarracín en esta hermosa ciudad turolense. Con la ayuda de Sandra Balsells hemos preparado un programa intensivo de cuatro días (hasta el martes 23) con ponencias, mesas redondas, talleres y audiovisuales que nos mantendrán ocupados desde la mañana hasta la noche. Incluso el horario se prorrogará hasta las madrugadas, porque muchos participantes siguen hablando de fotografía y periodismo en las horas libres.

 

A pesar de la grave crisis económica que sufre la sociedad española en su totalidad y el mundo de la fotografía y el periodismo en particular, el número de inscritos ha sido muy elevado. Y un año más, la Fundación Santa María de Albarracín ha realizado un esfuerzo por mantener los precios de inscripción y, sobre todo, por buscar la financiación del seminario.

 

Como primera sesión empezamos con un plato fuerte: Rafael Sanz Lobato, el último Premio Nacional de Fotografía, un fotógrafo de gran influencia en nuestro país que ha sido maltratado y olvidado durante décadas. A sus ochenta años sigue siendo un referente para varias generaciones. Conversará con el diseñador Roberto Turégano sobre su vida como fotógrafo y su magnífica obra.

 

Ya en 2011 iniciamos tres nuevos talleres especiales, que cuentan este año con tres fotógrafos de prestigio y estilos muy diferentes: Javier Vallhonrat, José Manuel Navia y Juan Manuel Castro Prieto. Cada uno explicará, a sus 20 alumnos, su propia manera de interpretar el oficio de fotógrafo. Todos los asistentes tendrán también la oportunidad de escuchar sus conferencias y ver sus trabajos más recientes en las sesiones nocturnas de audiovisuales.

 

Contaremos con la participación de Samuel Aranda, uno de los mejores fotógrafos de su generación, reciente ganador del Premio World Press Photo, el concurso más prestigioso del mundo, por una imagen tomada en el conflicto de Yemen ; Ana Muller nos hablará de su pasión por la fotografía y nos recordará quien fue su padre, el gran Nicolás Muller, cuyo trabajo podremos ver cuando apenas faltan unos meses para que se cumpla el centenario de su nacimiento en 2013; Pedro Madueño, gran retratista y periodista, y María Espeus, cuyo trabajo sorprenderá a quien no lo conozca, completarán una lista de participantes repleta de brillantes fotógrafos de diferentes generaciones y estilos, seña de identidad de este Seminario desde que empezó en 2001. El cámara Roberto Fraile nos presentará la película “Los ojos de la guerra”, que muestra la forma de trabajar y las dificultades de cinco periodistas en cuatro países conflictivos (Afganistán, República Democrática del Congo, Irak y Bosnia-Herzegovina). Otra decena de conocidos periodistas participan igualmente en esta película aún no estrenada. Aprovecho para dar la gracias a su director y productor Roberto Lozano, por permitir que podamos hacer en Albarracín una preestreno.

 

Como cada edición, visionaremos los trabajos de los alumnos becados el año pasado: Andrés Cobacho, José Juan Luque Aranda, Miren Pastor, Marta Pérez Civera y Tatjana Schlör; y tendremos la oportunidad de ver también los nuevos trabajos de becados en ediciones anteriores: Carlos Léon, Bonifacio Barrio y Sergio Caro (uno de los protagonistas de “Los Ojos de la Guerra”), quienes ejercerán el mismo tiempo de “hermanos mayores” de los jóvenes y no tan jóvenes que se acerquen por primera vez a Albarracín.

 

Por desgracia no podrán acompañarnos este año Julia y Pepe, los magníficos libreros de Antígona, una de las mejores librerías de España, por motivos personales. La librería Railowsky ocupará ese espacio primordial donde podremos adquirir sus novedades y esos libros de autor que el paso del tiempo le dan la categoría de imprescindibles. Además el sábado por la tarde inauguraremos oficialmente la exposición "Railowsky .50x40x50BN" en el museo de Albarracín, en la que podemos contemplar imágenes de la magnífica colección de una de las pocas librerías especializadas que hay en España (en Valencia). Por ello, quiero dar las gracias a Juan Pedro Font de Mora, por su generosidad y colaboración en este proyecto.

 

Por último vamos a homenajear a tres fotógrafos que han fallecido a lo largo de este año: Albert Ramis, Jordi Velasco y Santi Bartolomé. Y mostraremos el trabajo que Maripaz Soler nos envió el año pasado. Fue una de las becadas de las primeras ediciones de Albarracín. Su enfermedad le impidió acompañarnos en 2011, y nos rogó que no lo proyectásemos. Este año tampoco estará. Nunca más estará con nosotros porque murió en primavera. Pero proyectaremos su trabajo para que siempre nos quede su recuerdo.

 

texto de:

Gervasio Sánchez, director del Seminario de Fotografía y Periodismo de Albarracín. Todas las fotos son de Rafael Sanz Lobato.

MARIBEL VERDÚ: LA NUERA SOÑADA

[El pasado domingo Luis Alegre publicaba este artículo sobre Maribel Verdú y la relación tan bonita que tiene con su madre Felicitas Saz.]

 

LA NUERA SOÑADA

 

 

MARIBEL VERDÚ ES UNA ANTOLOGÍA DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE LAS ÚLTIMAS DÉCADAS. LA ACTRIZ SIENTE A ZARAGOZA COMO SUYA.

 

Por Luis ALEGRE

Fue en mayo de 1989. Maribel Verdú representaba en el Palacio de Sástago “Shakespeare´s”, una función de Benito Ramón dirigida por Francisco Ortega. Era la primera vez que hacía teatro fuera de Madrid. Maribel tenía 18 años y ya llamaba muchísimo la atención. Un día, al mediodía, fuimos a la tertulia de Radio Zaragoza que Plácido Serrano tenía en Casa Emilio y coincidimos con Chilavert, el portero uruguayo del Real Zaragoza. Imposible olvidar la cara del guardameta mientras miraba a mi amiga. Por la noche, Maribel vino a cenar a mi casa con dos más. Hacía un par de meses que mis padres vivían conmigo en Zaragoza. Mi padre, por discreción –y mira que le gustaba Maribel- se fue a dormir antes de que llegaran los invitados. Mi madre nos recibió con la mesa puesta y una tortilla de patata espectacular. Mi madre, en lo de dar la lata, es de la escuela de mi padre: ni siquiera cuando está hospitalizada quiere que avisemos a la enfermera: “Para qué la vas a molestar”, dice, mientras sufre. Pero, esa noche, al atendernos, entraba y salía de la cocina y le llegaban ecos de nuestras charlas y risas. Mi madre no sabía muy bien quién era Maribel y a qué se dedicaba. Para ella era suficiente con saber que era amiga de su hijo. En un instante en que yo entré en la cocina me cogió en un aparte, cerró la puerta y, muy bajito, me dijo, totalmente en serio, con un inequívoco acento de Lechago: “Madre qué chica tan maja. Con ella te podías casar”. Hace de aquello más de 23 años.

 

Este Pilar de 2012 Maribel ha sido una de las grandes reinas de las fiestas. Hoy es la última oportunidad de verla en el Teatro Principal, donde ella y Antonio Molero hacen un alarde de talento cómico en “El tipo de al lado”. Maribel vive otro momento cumbre de su carrera. Se puede disfrutar de ella de otras dos maneras: en el cine como la increíble madrastra de “Blancanieves” y en las librerías, en la bonita biografía que le ha dedicado Nuria Vidal. Es algo asombroso. En España se venden pocos libros y mucho menos de cine y mucho menos consagrados a intérpretes. Sin embargo ella, a sus 42 años, ya tiene cuatro, algo que retrata su tremendo calado. Uno de ellos, hace casi 10 años, lo escribí yo mismo y le puse un título al que no se le puede reprochar ninguna ambigüedad: “La novia soñada”. Ahora creo que me equivoqué. El título perfecto era otro: “La nuera soñada”.

 

Maribel simboliza algunas de las mejores cosas del cine, el teatro y la propia sociedad española de las últimas décadas. Tal vez la clave definitiva de su impacto resida en su capacidad de redescubrirse y resistir tan alto durante tanto tiempo sin perder ni una pizca de su belleza y su alegría. Y luego está su aire, tan “español”. A los españoles nos gusta que alguien así, de algún modo, nos represente.

 

Maribel siente a Zaragoza como suya. Estas fiestas le he escuchado frases como “Aquí siempre me siento feliz” o “Zaragoza nunca defrauda”. Esos piropos a esta ciudad no los mejora ni aquel chico de La Almunia que, al ver a Maribel, le lanzó aquello de “Hala, maña, que como tú fueras mi madre, mi padre dormiría en la escalera”. Maribel tuvo un flechazo con Zaragoza la primera vez y el amor no hace más que crecer. Después de tantos años ya hay muchos lugares y personas que forman parte de la vida de Maribel: no ha dado abasto para invitar al teatro a todos los que quería. Ella también extraña mucho a Félix Romeo. El otro día me dio un dvd de “Amantes” dedicado a la Biblioteca Félix Romeo de Lechago.

 

En Zaragoza siempre le suceden cosas que contar. En “El tipo de al lado” el personaje de Maribel admite que no sabe hacer albóndigas. Pues bien, una noche una mujer se presentó en el teatro con unas albóndigas con las que se chuparon los dedos todos los de la compañía.

 

A Maribel le encantan las palabras. Le gusta mucho leer –entró en la librería Los portadores de sueños y se llevó un buen paquete de libros- y le gusta mucho charlar, de todo tipo de cosas. Un tema del que no le gusta hablar pero del que hablamos es lo llamativo que a casi todo el mundo le resulta que ella admita que no quiere ser madre. En las entrevistas le preguntan por ello hasta el hartazgo, algo que ya ha llegado a incomodar a Maribel. La insistencia tiene un ramalazo claramente machista: si Maribel fuera un hombre su supuesta falta de instinto paternal no sería un temazo de conversación.

 

Un día, hará unos 20 años, Maribel me soltó algo que me dejó loco: “Pero tú, ¿cómo te atreves a quererme tanto?”. Como fondo de pantalla del ordenador he puesto una foto en la que estoy entre mi madre y Maribel. La nuera soñada, la suegra platónica. A Maribel le hacen mucha gracia las ocurrencias y salidas de mi madre. La última de ellas no tiene desperdicio. Una mañana estaba con mi madre y recibí en el whatsapp una foto que en ese instante se había hecho mi hermana Carmen con su marido y sus hijos, de vacaciones en Asturias. Se la enseñé a mi madre. Ella miraba la foto pero allí había algo que se le escapaba: “¿Me quieres decir que se han hecho ahora mismo esta foto en Asturias y ya la vemos nosotros en este cacharro?”. “Sí, mamá”, le respondí. Entonces ella dijo algo para mi gusto genial: “No entiendo cómo puede haber gente que no cree en Dios”.

 

Maribel, cada vez que viene a Zaragoza, lo primero que me dice es que quiere ir a ver a mi madre. Esta vez, un par de días antes de ir a verla, Maribel le envió una orquídea. Maribel sabe muy bien cómo le gustan las flores a mi madre Felicitas, de 87 años. Mi madre también le ha pillado un cariño enorme a Pedro Larrañaga, el marido de Maribel. Pero no importa. A ella nadie le quita de la cabeza que esta chica tan maja es la nuera soñada.

JAVIER CERCAS: AMOR, DROGA Y QUINQUIS

JAVIER CERCAS: AMOR, DROGA Y QUINQUIS

[Esta tarde, miércoles 17, a las 19.30, en el Teatro Principal y en un acto organizado por Librería Cálamo, Javier Cercas presenta su última novela: ’Las leyes de la frontera’ (Mondadori), donde la narra la vida y la leyenda del joven quinqui el Zarco, cuyo verdadero nombre era Antonio Gamallo, su amiga Tere y su basca, entre ellos el delincuente accidental Ignacio Cañas, el Gafitas. Javier explica en esta entrevista sus intenciones y la clave de la novela. Una parte de ella de ella puede leerse hoy en las páginas de Cultura de ’Heraldo de Aragón’.

 

 

-¿Qué le debe ’Las leyes de la frontera’ a ’Anatomía de un instante’, a su redacción, a sus hallazgos y a la complejidad de la Transición?

Hay gente que quiere ver en esta novela “la cara b” de Anatomía instante. Me parece bien: en Anatomía contaba la Transición desde el punto de vista de la alta política; aunque este libro transcurre desde 1978 hasta prácticamente hoy mismo, en él cuento la Transición desde un punto de vista más personal, casi sentimental, también desde el punto de vista de los de abajo: qué era de ellos entonces y que fue de ellos durante los años posteriores, en esa época de bonanza que parecía inacabable y que ahora se ha acabado. Por lo demás, todo libro se monta sobre el anterior, aprovechando sus hallazgos, el territorio conquistado en él, por así decir; de modo que Las leyes es imposible sin Anatomía, pero también sin todos mis libros anteriores.

-En todo lo que te he leído, me da la sensación de que tú también has vivido peligrosamente, de que podrías haber sido quinqui. ¿En qué medida es así o es una licencia literaria?

Me encantaría contestarte que yo también fui un quinqui, que en mi adolescencia crucé la frontera y durante un verano cogí una recortada y me puse a pegar tiros y a atracar bancos. Pero no es verdad. Siempre fui un buen chico, más bien pedante y bastante prudente (por no decir timorato). Ahora, en mi época los quinquis -esos jóvenes salvajes de arrabal que se entregaron a la violencia y las drogas- estaban por todas partes, convivíamos con ellos, y por eso no era difícil hacer como el protagonista o uno de los protagonistas de la novela: cruzar la frontera y ser uno de ellos.

-El libro parte de dos hechos: la visita a la exposición de los Quinquis, en el CCCB, y un libro de Carles Monguilod, ¿no? ¿Qué te atrapó de la muestra y del volumen?

Del libro de mi amigo Monguilod, el retrato que un penalista de Gerona hacía de un Vaquilla –Juan José Moreno Cuenca: el gran mito de los quinquis de mi generación- acabado y otoñal, convertido hacia principios de siglo en un superviviente de los quinquis y hasta de sí mismo, porque su época de esplendor había pasado y el ya era solo un pobre hombre envejecido y enfermo de sida. La exposición fue el auténtico detonante del libro. En ella proponían un paseo por la subcultura que se generó en torno a los jóvenes quinquis de los años 70 y 80, una subcultura muy intensa pero muy efímera (en realidad, duró menos de una década), y de la que apenas quedó rastro. Al final de la exposición había una gran sala llena de grandes fotografías de quinquis, chavales de mi edad, todos muertos muy jóvenes y de forma brutal: muertos por la violencia, por la heroína -que fue la guerra de mi generación- o por su consecuencia, el SIDA. Aquellos retratos me conmovieron profundamente. Por un momento pensé que yo podía conocer a cualquiera de aquellos chavales. Por un momento pensé que yo hubiera podido ser cualquiera de aquellos chavales. Y me pregunté: ¿por qué ellos sí y yo no? ¿Por qué ellos murieron tan jóvenes y de mala manera y yo estoy vivo y tengo una familia y un trabajo y he llevado una vida normal o eso que suele llamarse una vida normal? Bueno, esa es la pregunta que está en el corazón del libro, que el libro no trata de contestar –porque las novelas tienen prohibido contestar preguntas-, pero sí formular de la manera más compleja posible.

 -¿No es muy paradójico ver que el país lucha por la libertad, con todo el idealismo posible, y a la vez existen como terribles relatos de miseria, de marginalidad, gente que se ha quedado dramáticamente descolgada?

Puede ser paradójico, pero es así. La Transición y estos treinta años de democracia han sido así: a ellos les debemos probablemente el período de mayor prosperidad, libertad y justicia social de nuestra historia, pero la historia no es perfecta –malo cuando lo es o cuando dicen que lo es-, y no todo el mundo se benefició de esas cosas.

¿Has querido hacer una topografía de la ciudad, Girona, de sus líneas de sombra, de los burdeles, tan importantes, de los bares oscuros?

La verdad es que no. Gerona es el escenario de la novela, su telón de fondo, pero lo cierto es que la novela podría ocurrir en cualquier parte, porque, con todas las diferencias que se quiera, ’las leyes de la frontera’ existen en todas partes. Pero es evidente que, al mismo tiempo y como tú dices, la novela está muy arraigada en la ciudad de mi infancia y mi adolescencia (y de ahora mismo): digamos que, como todos los libros que aspiran a la condición de literatura, éste aspira a ir de lo particular a lo universal.

¿Qué lugar ocupaba la droga?

Fundamental: ya te digo que fue la guerra de mi generación. Concretamente la heroína. Fue una epidemia espantosa, que se llevó a decenas de miles de chavales: increíblemente, todavía no sabemos cuántos. Más los mutilados de guerra, claro, que todavía andan por ahí. Ese es, de todos modos, un tema subterráneo en la novela, aunque todos o casi todos los chavales de la basca del Zarco mueren a causa de la heroína. La droga, además, permitió una mayor permeabilidad entre las clases sociales, entre las fronteras de todo tipo.

Me ha llamado mucho la atención la estructura de la novela: las dos entrevistas, tan minuciosas, con el protagonista, El Gafitas, con el policía y con el director de la cárcel. ¿Por qué esa arquitectura narrativa, ese viaje hacia la memoria?

Porque es la que encontré después de mucho pelear con el libro. Me gusta mucho esa definición que da Orhan Pamuk de lo que es escribir una novela: “Cavar un agujero con una aguja”. Eso es también para mí: un proceso de exploración, de averiguación. Hasta que das con la forma que surge del fondo con la misma naturalidad con que el calor surge del fuego. O mejor dicho: hasta que das con la única forma posible de la novela, la que te permite decir aquello que antes de empezar la novela ni siquiera sabías que querías decir y que solo has descubierto que querías decir mientras escribías la novela.

¿Tenías en la cabeza algún libro, algún modelo?

Mentiría si dijera que sí. De todos modos, me temo que llevo ya muchos años escribiendo westerns. En este libro incluso el título es casi de western, ¿no te parece?

Hablemos de los personajes: el Zarco. Parece inspirado en el Vaquilla y a la vez tiene algo de estereotipo de delincuente juvenil...

Claro, en un principio me inspiré en el Vaquilla; era inevitable: si quieres crear una leyenda de la delincuencia juvenil de la época, tienes que ir a él. Pero naturalmente es un personaje ficticio, con rasgos de otros delincuentes de la época y con un noventa y cinco por ciento de rasgos inventados (pero he querido dejar ese 5 por ciento del personaje real, como una huella dactilar del Vaquilla; para mi sorpresa, mucha más gente de lo que pensaba lo recuerda todavía). Todos los personajes novelescos son así: un poco Frankenstein. La fantasía pura no existe (y si existiese no tendría el menor interés); siempre parte de la realidad y está contaminada –felizmente contaminada- de ella.

 Me fascina Tere: es una mujer segura de sí misma, promiscua, misteriosa y a la vez carece de escrúpulos. ¿Existían chicas así?

No lo sé: si existió alguna, me hubiese encantado conocerla. Aunque me temo que hubiese sido peligrosísimo: Tere es ese tipo de chicas que, por lo menos a mí, me hubiese hecho cometer muchas más tonterías de las que ya he cometido. Con eso también quiero decir que es el personaje del libro al que más quiero. Para mí es el verdadero e inesperado protagonista del libro, el que encarna su nervio moral.

El personaje que más detesto posiblemente es el Batista. Encarna el matonismo, la violencia indiscriminada... ¿Es la violencia uno de los temas decisivos del libro?

Probablemente. Una de las leyes fudamentales de la frontera atañe a ella: ¿nunca es legítima la violencia? ¿O cuándo lo es? ¿Y quién puede ejercerla? ¿Y es la misma violencia la que se ejerce más allá de la frontera que la que se ejerce más acá? Por lo demás, la violencia me horroriza en la realidad, pero me fascina en la ficción.

La novela es dura, tiene una atmósfera de cine negro, de western como dices, de denuncia y a la  vez ay como un ambiente un poco romántico. ¿Ha sido deliberado?

No: salió así. Sobre todo lo del ambiente un poco romántico. Hay que joderse: ¿quién me iba a decir a mí que a los 50 años escribiría una historia de amor?

El libro vuelve a tocar dos temas: el periodismo y la metaficción. ¿Has querido insistir en esa idea tan presente en tus libros de que entre la realidad y la ficción existe una frágil membrana?

No: si eso está en el libro, es también porque ha salido así. Uno hace libros todo lo distintos que puede –porque las preguntas que se plantea son distintas-, pero al final uno es el que es, no puede escapar a sí mismo, y hay cosas que te salen aunque no las busques ni las esperes. Añado que toda ficción es metaficción, y que no hay novela –o al menos novela decente- que en el fondo no hable de la propia novela. En cuanto al periodismo, es verdad que aquí, como en Soldados de Salamina, hay un periodista que busca una verdad histórica (sobre Sánchez Mazas en el caso de Soldados; sobre el Zarco en Las leyes) y al final acaba encontrando una verdad distinta, de orden moral o universal, en definitiva una verdad literaria. Pero en Soldados trabajaba con materiales reales, históricos, mientras que aquí los materiales son ficticios, aunque naturalmente basados en la realidad. Creo que eso, entre otras muchas cosas, hace distintas las dos novelas.

¿Puede un novelista no ser ambiguo o la ambigüedad es consecuencia de la complejidad para entender las cosas?

La ambigüedad es una de las principales armas de conocimiento que posee la novela. Así que una novela sin ambigüedades, sin puntos ciegos u oscuros, casi nunca es una buena novela. Esos puntos ciegos son lo esencial de las novelas: su oscuridad es lo que ilumina, su silencio es lo que resulta elocuente, su no ver es la forma que tiene la novela de ver. Es quizá la paradoja esencial del género. Y su principal virtud.

¿Por qué tus libros son tan deudores de la realidad, de la historia?

La realidad es el carburante de la literatura, de la imaginación, de la ficción. En cuanto a la historia, al pasado, bueno, a partir de determinado momento de mi vida –más o menos los 40 años-, hice un descubrimiento literario –es decir, vital- que cambió mi vida literaria –y también la otra-: descubrí que el presente no se explica sin el pasado, que el pasado, como decía Faulkner, no pasa nunca, siempre está aquí, actuando sobre nosotros, que el pasado es el presente o por lo menos una dimensión fundamental del presente, y que el presente no se explica sin él. Esto, insisto, cambió mi forma de escribir: desde entonces mis libros no es que hablen del pasado –y menos aún son novelas históricas-, sino que hablan de la relación entre el pasado y el presente, de cómo el pasado determina el presente, de cómo no podemos explicarnos sin él.

En tus obras hay una reflexión constante sobre la escritura. ¿Ya sabes por qué escribes, ya sabes qué buscas?

No. Si lo supiera del todo, quizá dejaría de escribir. De momento creo que escribo, además de para ganarme la vida, para buscar la embriaguez que he experimentado escribiendo determinadas frases o páginas. Esto lo dijo muy bien Ciril Connolly: “La recompensa del arte no es ni la gloria, ni el éxito, sino la intoxicación”.

 

*La foto de Javier Cercas es de Daniel Mordzinski.

J. V. CASANOVA: UN CANDIDATO DE GARRAPINILLOS PARA LOS PEÑISTAS

[Me escribe Rafa Estaje, de la peña zaragocista de Garrapinillos, y me envía la propuesta de la candidatura de José Vicente Casanova, de aquí del barrio también, para optar la presidencia de la Federación de Peñas. Suerte para todos.]

 

 

Presidencia de la Federación Peñas del Real Zaragoza

Candidatura de J. Vicente Casanova

Queridos/as peñistas:

Mi nombre es J. Vicente Casanova Clemente, soy abonado, accionista minoritario y peñista del Real Zaragoza. Es un honor, y una gran responsabilidad para mí, dirigirme a vosotros en mi propio nombre y en el del amplio grupo de peñas que conforman esta candidatura.

Acompañamos a este escrito las ideas que dibujan las líneas maestras de nuestro proyecto. Desde este mismo instante te invitamos a sumarte a la misma realizando aquellas aportaciones que consideres necesarias para hacer crecer la FPRZ. Nuestro proyecto está abierto a incorporar nuevas iniciativas que enriquezcan la propuesta inicial. Te invitamos a participar en la gestión de un proyecto ambicioso e ilusionante. Queremos gestionar la Federación de una forma moderna y participativa.

Forman parte de nuestra candidatura las peñas: Zaragocista Argentina, Presentes por el Escudo, Cuencas Mineras, Alfajarín, Maños Sur Jerez, El Carmelo, Brea de Aragón, Andoni Cedrún (Barbastro), Bajo Cinca, Los Alifantes, Luceni, La Parra, Sabiñánigo,“20 de Copas” y Garrapinillos.

El principal valor de esta candidatura es su capital humano. Integrada por profesionales de primer nivel de diversas disciplinas con el firme compromiso de trabajar desinteresadamente por las peñas zaragocistas. Con un único afán, poner a nuestra Federación entre las punteras del país. No nos conformamos con menos.

Sólo me resta solicitarte tu apoyo en las elecciones que tendrán lugar el 10-11 Noviembre próximo. Estaremos encantadas/os de ampliar cualquier información en nuestra cuenta de correo electrónico fprzcasanova@gmail.com o vía Twitter en la cuenta @FPRZCasanova .

Confiamos en llevar a cabo la transformación que necesita la Federación con tu apoyo.

Recibe un cordial saludo,

J. Vicente Casanova Clemente (Abonado RZ nº 1819)

Nuestro programa para los próximos cuatro años es ambicioso y aglutina diversas iniciativas para dinamizar la Federación. Estos diez puntos intentan resumirlas:

1. Mejorar la actividad de la Grada de Peñas en la Romareda y el apoyo al equipo –

cuando juega como visitante- mediante la organización de varias salidas masivas en la temporada. Instaurar los viajes patrocinados.

2. Implementar una gestión participativa de la FPRZ mediante la creación de Comisiones de Trabajo continuadas -abiertas a peñas ajenas a la Junta- sobre temas importantes: eventos, legal, central compras, animación de grada, bazar peñista online,

Comunicación…

3. Creación de una estructura estable de delegaciones territoriales de la FPRZ para

mejorar la calidad de atención a las peñas ubicadas fuera de Zaragoza, desarrollando y potenciando los sectores geográficos.

4. Gestión contable absolutamente transparente. Contabilidad por eventos que permita conocer el resultado de cada acto que se realice. Creación Oficina Virtual donde acceder a la contabilidad, actas de asambleas, etc accesible por Internet. Todo esto también estará disponible en formato papel en la sede.

5. Crear un canal de comunicación sólido entre los/as peñistas del Real Zaragoza

mediante la elaboración de una Newsletter (hoja informativa) periódica y el fomento del uso de las redes sociales.

6. Creación del Carnet Peñista unificado como medio de consecución de beneficios a las personas asociadas en las peñas.

7. Fomento del hermanamiento con las aficiones de otros clubes.

8. Crear ambiente más acogedor hacia las peñas zaragocistas que vienen a ver al equipo desde fuera de Zaragoza (Punto de Encuentro, Tour por la Romareda, etc.).

9. Ganar el papel de voz autorizada de la afición zaragocista, en virtud a la masa social que representa la FPRZ.

10. Fabricar zaragocismo mediante acciones sobre la infancia y el fomento de la creación de peñas por distintas zonas de Aragón, España y el mundo. Buscamos crear más aficionados y aficionadas del Real Zaragoza y más peñistas.

…también deseamos devolver la democracia al futbol español. Para esto apoyaremos una iniciativa legislativa popular a nivel nacional que modifique la Ley del Deporte.

COMPOSICIÓN DE LA CANDIDATURA

J. Vicente Casanova Clemente Presidente Peña Garrapinillos

Paco Baraza Alonso Vicepresidente 1º Peña Argentina

Rubén García Senao Vicepresidente 2º Peña Presentes por Escudo

Ángel Feliciano Herrero Tesorero Peña Cuencas Mineras

Paula Chinchetru Masip Secretaria Peña Alfajarín

Luismi Sánchez Gutierrez Vocal

Julio Peña Malo Vocal Peña El Carmelo

Chema Aznar Vicente Vocal Peña Brea de Aragón

M. Ángel Almazor Llena Vocal Peña “Andoni Cedrún”

Eduardo Salvador Royo Vocal Peña Bajo Cinca

Julián Villavieja Sánchez Vocal Peña Los Alifantes

Montse Sierra Aladren Vocal Peña Luceni

Jesús Luis Casanova Vocal Peña La Parra

Paco Jarne Bara Vocal Peña Sabiñánigo

Sergio Cardiel Domínguez Vocal Peña “20 de Copas”

'DÍAS DE FIESTA': CRISTINA YÁÑEZ

'DÍAS DE FIESTA': CRISTINA YÁÑEZ

DÍAS DE FIESTA

 

 

Cristina Yáñez es actriz, directora de escena y pedagoga teatral. Dirige el Teatro de la Estación y ha sido nombrada Hija Predilecta de Zaragoza en 2012.

 

 

“Los zaragozanos somos un pueblo abierto a todos”

 

“Llevo la jota en el corazón: la canté y la bailé”

 

 

Antón CASTRO / Zaragoza

 

¿Qué significa el Pilar para usted?

Significa alegría, celebración, encuentro con amistades, paseos ciudadanos, música… Significa también el momento y el lugar en donde los zaragozanos celebramos lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser. Donde unimos tradición y mirada al futuro.
 
¿Qué es lo que más le gusta o le disgusta?

Lo que más me gusta es la calle, la fiesta del pueblo. Zaragoza se lanza a las calles para vivir la fiesta. Me disgusta que en esa fiesta, a veces, se traspasen los límites: se consuma demasiado alcohol, se hagan actos vandálicos… Las calles son un lugar de convivencia y la tolerancia y el respeto deberían estar muy presentes.


¿A qué recuerdos están asociado estos días?

En la niñez, mis recuerdos son los Gigantes y Cabezudos. He corrido delante de ellos, he cantado las coplillas, me he llevado alguna leve zurra. Y también recuerdo las ferias. Subirme a todas las atracciones, al tren de la bruja… Comer manzanas dulces, algodón de azúcar… Los recuerdos más cercanos son mis actuaciones durante las fiestas del Pilar. Durante años, he actuado,  primero, en el patio del Museo Provincial; después, en el Teatro Elíseos y, más adelante, en el Teatro de la Estación. Como hay que cuidarse la voz y la energía, las fiestas han sido más tranquilas desde entonces.

 

¿Existe alguna locura confesable que haya hecho?

Claro, como todos los jóvenes, he pasado sin dormir varios días, empalmando actividades, conciertos, fiestas, chocolate con churros y vuelta a empezar el día… He acabado afónica y feliz.

 

¿Cuáles son sus espectáculos favoritos?

No me pierdo una visita al recinto ferial, donde sigo montándome en todo y comiendo algodón de azúcar. Me gusta pasear por las calles y ver actuaciones teatrales y musicales en las plazas. Siempre hay compañeros trabajando. Me gusta visitar la Plaza de los Sitios y el pequeño teatro ambulante de Arbolé. Y no me pierdo una visita a la Plaza del Pilar para ver las jotas -de pequeña bailaba y cantaba jotas-, y también para ver a la Virgen del Pilar con su gran manto de flores. Conocí a mi actual pareja la noche del 11 al 12 de octubre de hace algunos años, en plenas fiestas del Pilar. Con esto ya lo digo todo… El 12 de octubre es para mí una fecha especial.
 
¿Cuál es su lugar predilecto?

Sin duda, la Plaza del Pilar y la Plaza de los Sitios.


Si tuviera que explicarle a un foráneo las claves de las fiestas, ¿qué les diría?

Que vivan la fiesta, que paseen por las calles, que descubran Zaragoza y a los zaragozanos. Que vivan sus tradiciones: la Ofrenda, el Rosario de Cristal. Que se dejen seducir por nuestra hospitalidad, por nuestra manera de ser. Los zaragozanos queremos que todos disfruten con nuestras fiestas, somos un pueblo abierto a todos.
 
¿Son estas fiestas tiempo de tapeo y de buena gastronomía? ¿Cuál es su menú predilecto?

Lo son. Y aunque no soy de mucho comer, me dejo seducir fácilmente por unas buenas migas y un buen vino de la tierra. Sin olvidar el ternasco. A todos los que visitan Zaragoza les ofrezco saborear un buen plato de ternasco.


¿Qué le dice la Ofrenda?

A mí me emociona. Y me parece un acto hermoso. Ver a tanta gente de todos los lugares, tantas horas, en procesión constante, bailando, cantando, riendo, con sus flores y sus ramos, es un momento mágico. Y nuestra Virgen del Pilar, rodeada de tanta gente y cubierta de flores… Es nuestro acto más multitudinario, por algo será.


¿Cómo se vive el Pilar desde el Teatro de la Estación?

Como a muchos artistas, nos toca trabajar. A veces, porque tenemos programación. Otras, porque estamos actuando. Y en otras ocasiones, como este año, porque estamos terminando de organizar la temporada que comenzará tras las fiestas y finalizando una reforma del Teatro de la Estación. Combinamos el trabajo con la fiesta y muchas veces no podemos disfrutar del todo. Pero siempre encontramos un hueco para celebrar.


¿Qué espectáculo recomendarías?

Echo en falta más espectáculos culturales. Pero no puedo dejar de recomendar ir al teatro, a cualquier teatro y disfrutar con una actividad escénica. Recomendaría también visitar la Revista de Luis Pardos, la última compañía de revistas que hay en España.


¿Qué pasa entre la jota y usted?

Yo llevo la jota en el corazón. Durante años bailé la jota y como tengo esta voz, también la canté. Siempre me pedían que cantara jotas. Hay algo especial en la jota que atrapa y emociona. El tiempo de la jota es el día a día. Una jota que mantenga el respeto por la tradición pero que también esté abierta a la fusión, al mestizaje, a la evolución. Tenemos grandes músicos y bailarines que están haciendo un gran trabajo en esa dirección.

 

¿Cuáles son sus mejores anécdotas?

Las he tenido trabajando. Con los compañeros, con el público. Cuando sales de la función y puedes al fin disfrutar de la fiesta. Y alguien te reconoce y te invita o charla contigo. También es muy graciosa mi actitud cuando viene alguien de fuera. Me gusta tanto esta ciudad y sus fiestas que les organizo todas las visitas, casi hasta la extenuación. Por una parte, les enseño nuestro patrimonio y me empeño en que lo conozcan todo… ja, ja, ja. ¡Acabamos todos agotados!


¿Quién ha sido el gran personaje de sus ‘Pilares’?

Hay dos personajes que he interpretado en las Fiestas del Pilar, que me han dejado huella. Por un lado, la Carmela de ‘¡Ay, Carmela!’ de Sanchis Sinisterra. Por otro, Creusa, de la obra ‘Medea’. Tuve la suerte de compartir muchas horas de trabajo con grandes y excelentes compañeros.

 

¿Cómo lleva ser Hija Predilecta de Zaragoza?

Es un reconocimiento maravilloso de mi ciudad. De sus ciudadanos y ciudadanas. Quiero agradecer de corazón este nombramiento. También es una responsabilidad. Espero estar a la altura.

 

*La foto de Cristina es de Víctor Lax.