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Antón Castro

ASOMARSE AL EXTERIOR

LA FOTÓGRAFA

 

Eres como una aparición.

O un ángel rubio. O una mirada limpia

Que se asoma a la ventana

Con su cámara y la curiosidad de la luz.

Si quieres, puedes mirarme:

Estoy en el andén, solo, perdido,

Como si esperase a que me hicieras

Un retrato.

 

(De Dietario de olvidos. Manuel Martín Mormeneo. No he podido saber de quién es la foto.)

TERESA RAMÓN EN LA LONJA

La Lonja ha albergado los proyectos de un sinfín de creadores aragoneses: desde Goya y Pradilla hasta Jorge Gay, Pepe Cerdá o Cano, pasando por Serrano, Gargallo, Marín Bagüés o Lagunas, entre otros muchos. No sería tan fácil encontrar tantas mujeres que hayan ocupado con sus creaciones ese espacio. Ahora se expone una exposición muy trabajada de Teresa Ramón, una artista oscense que practica una pintura vinculada con la imaginación primitiva africana, con la obra de creadores sudamericanos como Guayasamín, Matta o Lam, una pintura expresionista de poderosos colores, más bien sombríos, y de formas aguzadas, pobladas de triángulos y de leves enigmas. La muestra se llama ‘Desiertos y cardenales’, y es un diálogo con los Monegros y sus soledades, un diálogo con la materia y con la forma, un diálogo entre la abstracción, rotunda, y la figuración, entre el páramo y la agitación neoyorquina. Una exposición no puede contarse; la de Teresa Ramón (Lupiñén, Huesca, 1945) no tiene un argumento: tiene emoción, sedimento de la memoria, trallazos del color, heridas, fortaleza de artista que se atreve a realizar piezas de hasta tres metros. Quizá la mejor pieza de la muestra sea ‘Rojas cárceles’. Teresa Ramón pinta rostros y autorretratos, paisajes, regiones tenebrosas del alma; vuelve a bosquejar esas ciudades ideales que viajan en su imaginación, como veíamos en el mural de ‘La ciudad dorada’. ‘Desiertos y cicatrices’ es la entrega de alguien que ha trabajado mucho, que se ha encerrado muchas horas en el taller con sus demonios y que asume el riesgo de llenar la Lonja con lo mejor de sí misma. Teresa se enfrenta a la exposición más ambiciosa de su carrera. Su vida no se acaba en la Lonja, pero aquí, en estos cuarenta cuadros, parpadea y fluye una mirada de mujer que dialoga con la sensibilidad, con la sombra y con las bestias.

*La foto superior es de Heraldo y la de abajo es de Yahoo. Detrás vemos uno de los cuadros más espectaculares, con 'Rojas cárceles', de la muestra, trapado en la pared sin bastidor.

PILAR Y GONZALO: ANIMAMUSICAE AVANZA

PILAR Y GONZALO: ANIMAMUSICAE AVANZA

 

Hace unos días me encontré a Pilar Irala -que forma el proyecto artístico y musical Animamusicae con su compañero Gonzalo Arruego- en la Universidad San Jorge, donde es una de las jefas de estudio; otra es María Angulo. Gonzalo y Pilar sufrieron hace algún tiempo un terrible accidente de automóvil: fueron arrollados y se desplomaron por un barranco. Pilar ya está recuperada y sigue trabajando y haciendo fotos. Ahí dejo algunas:

Gonzalo y Pilar Arruego en una exposición suya.

'MARKÊTA LAZAROVÂ': NUEVO LIBRO DE CONTRASEÑA Y PELÍCULA EN LA FILMOTECA, EL MIÉRCOLES

  

Me escribe Alfonso Castán, codirector de Contraseña:

 

Estimado Antón:

Te adjunto información sobre Markéta Lazarová, nuestro quinto título, que como te dije presentaremos el próximo miércoles día 1 en la Filmoteca de Zaragoza. A continuación se proyectará la película homónima.

Alfonso Castán. Codirector de Contraseña

 

Markéta Lazarová, de Vladislav Vančura

Traducción y prólogo de Monika Zgustova

Ilustración de la cubierta de Elisa Arguilé

 

 

El autor

Vladislav Vančura ura nació en 1891 en una pequeña localidad cerca de Opava, ciudad que entonces era la capital de una de las provincias del Imperio Austrohúngaro y que hoy pertenece a la República Checa. Aunque empezó los estudios de derecho, terminó licenciándose en medicina. Al concluir la carrera fundó con su esposa, Ludmila, una clínica en un elegante suburbio de Praga. En 1929 abandonó la medicina para dedicarse plenamente a la literatura. Miembro destacado de la vanguardia checa y amigo íntimo de los más reconocidos autores checos de la primera mitad del siglo XX, como Karel Čapek y Jaroslav Seifert, a su pluma se deben algunas de las mejores novelas de la literatura checa de entreguerras: El panadero Jan Marhoul, El verano caprichoso, Markéta Lazarová y El fin de los viejos tiempos. Participó activamente en la resistencia checa contra los nazis, y en junio de 1942 fue ejecutado por las SS.  

 

NOTA DE MONIKA ZGUSTOVA

 

 

«Un día Vanˇcura se enteró de que su familia provenía de una pequeña

nobleza rural cuyos miembros se dedicaban, en la Edad Media, a asaltar

a los viajeros en los caminos. Y decidió escribir una novela imaginándose

la vida de sus lejanos antecesores. Castillos fortifi cados y caballeros

armados implacables, batallas y secuestros, bandidos que raptan a señoritas

destinadas al monasterio, océanos de sangre y esclavas del amor:

estos son los ingredientes de su novela, y lo son de muchas otras novelas

históricas ambientadas en el mismo período. Pero la intención de Vanˇcura

no era la de escribir una novela histórica adocenada. Vanˇcura toma prestado

ese género nada nuevo [...] y le da la vuelta, lo sacude, lo trastoca,

lo revoluciona y lo ridiculiza, pero también le profesa su más profunda

admiración por atreverse a tratar, expresar y conservar unas pasiones

muy puras. Y el resultado del experimento literario de Vanˇcura es una

gran novela, en adelante siempre venerada por los lectores —Markéta

se ha traducido a una decena de lenguas europeas— y que cuenta con

muchos admiradores, entre ellos el ganador del Oscar Jiˇrí Menzel y el

laureado con el Nobel de Literatura Jaroslav Seifert; pero sobre todo

Milan Kundera [...]. La construcción y el estilo de las novelas del propio

Kundera se deben en gran parte a su admiración por Vanˇcura.»

Monika Zgustova

 

 

GLORIA GARCÍA, EN LA SALA BARBASÁN

GLORIA GARCÍA, EN LA SALA BARBASÁN

El pasado jueves, en la sala Barbasán, Gloria García inauguraba una exposición fotográfica. Este es el texto del díptico que redacta Carlos Cánovas. La foto pertenece a la serie 'Formas sin tiempo'.

 

EL ARTE DE GLORIA GARCÍA

 

Por Carlos CÁNOVAS

Hace muchos años que Giorgio de Chirico dejó escrito que “la sombra de un hombre que camina al sol encierra más misterio que todas las religiones del planeta”. La sombra que nos persigue es acaso un castigo impuesto por alguna divinidad para que nuestro caminar en pos de la luz sea más arduo y penoso.

 

A Gloria le gustaba jugar con las sombras cuando era una niña. Al descubrir que podían escaparse de su dueño, le pareció que la existencia de las sombras no era tan oscura, ni tan siniestra, ni tan misteriosa. Simplemente esa existencia estaba en otro plano, en el plano de la huella, con la que convive a menudo, en el plano de la emanación del cuerpo, impregnando espacios y lugares que, en su vagar, podían resultarle queridos.

 

Hay sombras y huellas que flotan en algún éter amable, perfiles que caminan por muros ancestrales, con su soledad a cuestas, desde la época de las cavernas, hay sombras-transparencia que se desdoblan en abandonadas medianeras, las hay que leen al amor de alguna lumbre hogareña a altas horas de la madrugada, las que rumian su penosa existencia bidimensional y las que ríen en un rincón inopinado de cualquier lugar-casa.

 

Reconocerlas es uno de esos placeres que, en nuestra estúpida existencia, hemos dejado atrás. Me pareció, desde el primer momento, que las figuras de Gloria tenían mucho de familiar, incluso de entrañable. Quizás me resultaron queridas también porque reconocí en ellas la propia naturaleza de la fotografía, un poder que, al fin y al cabo, permite el registro en un plano de lo efímero, la fijación de sombras y huellas que, de otro modo, siempre en búsqueda de una identidad capaz de materializarlas, estarían condenadas a errar eternamente con su ingravidez y su misterio.

MATSHUO BASHO, POR ROSA BURILLO

Ediciones Endymion y la librería Fuentetaja tienen el placer de invitarles a la presentación del libro LA MIRADA DEL PEREGRINO

HAIKUS de

Matshuo Bashó

Selección y versión de Rosa Burillo

El Acto tendrá lugar el jueves 2 de diciembre a las 19:30 horas,

en el Salón de Actos de la librería Fuentetaja

 

Con motivo de esta presentación y de este volumen, Rosa Burillo me envía el texto siguiente y una selección de haikus de Matshuo Basho.

 

 

 

Por María Rosa BURILLO

Matshuo Bashó (1644-1694), asceta, peregrino, viajero, observa los lugares recorridos y los recoge en sencillas estrofas de tres versos. La medida del haiku, cinco, siete, cinco, hasta un total de diecisiete sílabas es una constante en su poesía, pero su verdadero acierto consiste en la mirada. Bashó observa humilde, y con ojos de niño, el aquí y ahora que le rodea con el solo propósito de saber cómo es:

 

Vieja charca,

salta  - plop -  

una rana.

 

Es en la aparente evidencia donde reside oculta toda una gama de matices. Matices de los que el ser humano participa al igual que otros seres de la Naturaleza. Los haikus de Bashó captan el fenómeno de las floraciones, las primeras lluvias, el rigor del invierno y sentimos que la vida es el hombre y éste, su espejo. La discreción de Bashó está en su voz, en la pureza del recitativo, capaz de desviar la esencia de la vida del hombre hacia lo que realmente está pasando. Así observado el mundo es accesible, permite ser captado y reconocido. La mirada es el único argumento que sugiere respuestas.

 

 

La foto es de Araki.

HAIKUS

 

1

 

Luna de verano -

dando palmas,

anuncio el amanecer.

 

2

 

Murmullo de aguas silenciosas

pétalos amarillos

brotan de la montaña.

 

 

3

 

Araña, ¿estás llorando?

¿o es el viento de otoño

el que roza tus ojos?

 

 

4

 

Orquídea -

desprendes incienso

en las alas de la mariposa.

 

5

 

En los días fríos -

salmón reseco,

peregrino flaco.

 

6

 

¿Oirías el susurro

del gusano en su funda de seda?

Ven a mi choza.

 

7

 

El final del hombre -

un brote de bambú

o menos.

 

8

 

Pasa la primavera, lloran los pájaros

y los ojos de los peces

se llenan de lágrimas.

 

9

 

Imitadores de rimas -

verbo almibarado

valor, cero.

 

 

LAS FOTOS DE CHRISTER STRÖMHOLM

Ayer vi, con mi hijo Daniel, el final épico del partido de Nadal ante Andy Murray. Parecía que iba a ganar el escocés, que sacaba mejor, restaba mejor y parecía haberle tomado la medida al campeón español, que no encontraba el modo de cerrar los puntos. Finalmente, Nadal venció a Murray como él suele hacerlo en los grandes momentos: de manera épica. Su fuerza mental venció la fragilidad de Murray. Luego, vimos un rato al Real Zaragoza, que languidecía de nuevo ante el juego ordenado y preciosista del Villareal, muy superior, sin duda. El Real Zaragoza atraviesa por un momento crítico, no tanto por su ubicación en la cola, sino por la falta de ideas, de juego, por el bajo nivel de algunos de sus jugadores y por la baja forma, ya irreversible, de otros como Jorge López o Braulio, y los constantes regalos en forma de malos modos de Contini. El Real Zaragoza tiene a un chaval maravilloso en sus filas, en el banquillo: Kevin Lacruz. No va  a ser la salvación de nada, tiene apenas 18 años, pero al menos que le ayuden a ser grande, a mostrarse como es. He estado viendo jugadas suyas con la selección española y es fantástico: necesita protección, confianza, minutos para ir madurando. Es distinto. Ahora mismo no hay nadie tan prometedor como él, ni Ander Herrera, que ya tiene los dos pies y no sé si la cabeza fuera del club.

 

Luego nos fuimos a ver la exposición de Ángel Pascual Rodrigo en la galería A del Arte, con Montse y Mariano. La exposición de Ángel está bien: lírica, de un soñador, de un paisajista que defiende la belleza en el arte y a veces se atreve a cruzar la noche, a mirar entre los espectros; también es un artista de atmósferas y de faros entrevistos en medio de la tormenta o en día serenos. Y allí vi la última entrega de la revista Exit, tan cuidada siempre. Mariano me la prestó porque tiene un monográfico sobre fotografías de niños, algunas excepcionales, entre ellas Lewis Hine, Sally Mann, la fotógrafo que ha retratado desnudos a sus propios hijos, o el gran maestro sueco Christer Sröhmholm, nacido en 1918 y fallecido en 2002. Ha sido uno de los más grandes fotógrafos suecos del siglo XX, residió muchos años en París, donde realizó numerosas fotos en blanco y negro, y luego viajó por India, Japón, Estados Unidos o diversos lugares de África. Traigo aquí una selección de sus fotos, casi nunca nada complacientes.

Esta foto es de 1959 y está tomada en Barcelona.

ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE: UN DIÁLOGO

Hace unos días, Eloy Fernández Clemente (Andorra, Teruel, 1942) fue designado Hijo Predilecto de Andorra y fue objeto, en ese contexto, de varios homenajes. Se publicaron tres libros: ‘EFC. La historia y el tiempo’, que coordinó Pedro Rújula, ‘De la Ilustración a la Batalla de Teruel’, con textos del propio polígrafo, coordinado por Josefina Lerma, y un cuaderno comarcal. Hace unos días publiqué esta entrevista en Heraldo de Aragón. El pasado jueves se presentaron los dos primeros libros en Zaragoza, y luego se presentarán en Teruel. La entrevista se publicó unos días antes del homenaje.

"NUESTROS POLÍTICOS NO VAN A SEGUIR

LA LECCIÓN DE LABORDETA"

 

 

 

 

¿Cómo acoges este homenaje en tu pueblo natal, cómo recibes esta mirada hacia tu trayectoria?

Con mucha gratitud, emocionado. Que te quieran en tu pueblo es lo más grande. Y se han volcado, con mil deferencias y detalles. Hay un Ayuntamiento muy progresista y un grupo cultural extraordinario.

-Así de golpe, ¿qué recuerdos más vivos te vienen a la cabeza de Andorra?

Mi bisabuela Manuela murió cuando yo tenía cuatro años y me compraron un trajecito de mil rayas, luto de niño. La vista desde San Macario, las minas. Por parte de mi abuelo emparentamos con el célebre corredor “El Rey” y con la mujer de José Iranzo, el Pastor; y por mi abuela Concha Sauras, con el catedrático Juan Martín Sauras y su hermano Fermín, gran entendido en jota; el dominico Emilio Sauras, o los periodistas Juan Ramón Masoliver, Carlos Sauras, Ramón Mur y el estupendo poeta Manolo Estevan. Y me quedan allí unos tíos carnales muy queridos, Manolo Franco y Josefina Clemente, padres de nueve estupendos primos.

-¿Le debes algo especial, intenso, inolvidable a tu infancia rural?

Sí, los largos veranos en Alloza, a ocho kilómetros, donde mi abuela era maestra y mi padre lo había sido doce años en la República, la Guerra y primera posguerra. Era una isla de libertad, de juegos, paseos, amigos. Anchel Conte y Joaquín Carbonell, por ejemplo. Y mi hermana.

-Hablemos del influjo de tus padres, cultos, curiosos, maestros. ¿Qué caminos te marcan, conscientemente o inconscientemente?

Estudiar sobre todo, bondad y educación, responsabilidad. Eran muy cariñosos y dulces. Mi padre me hubiera querido ingeniero, arquitecto, médico, pero comprendió que fuera feliz con las Letras, la Historia, el periodismo.

-¿Cómo nació en ti la atracción por el periodismo?

Siempre anduve fundando periódicos que escribía a mano, coleccionando fotos, ordenando datos, leyendo cuanto diario o revista caía en mis manos. Creo en el poder transformador de los medios. Trabajé con dieciocho años en la revista “El Pilar” y en Radio Popular de Zaragoza, y cuando fui a Madrid, en 1963, a terminar Letras, me matriculé en la Escuela de Periodismo de la Iglesia, mejor y más abierta que la oficial.

-¿Y esa inclinación permanente al conocimiento, al mestizaje de saberes?

Hoy por desgracia está mucho más limitada que en los años de formación y juventud. He tenido siempre tanto que escribir y hacer, que quedaba poco tiempo para leer. Aun así he leído mucho, he viajado bastante, me sigo preguntando por el sentido de todas las cosas, asombrado por el progreso de la Ciencia, mucho más que de la solidaridad. Es más fácil entender el mundo que mejorarlo.

-¿En qué medida ha sido la palabra curiosidad, una curiosidad infinita, la clave de tu vida?

Era la necesidad de estar bien informado, de saber por dónde van los tiros, qué opinar de muchas cosas. La ausencia o escasez de grandes maestros me obligó siempre al autodidacticismo.  Soy un gran mitómano… sin apenas mitos que admirar y seguir sus pasos.

-Se podría preguntar así, a bocajarro, ¿quién te descubre Aragón? ¿Hay una voz, un maestro, un libro, un detonante, es una cadena de cosas, pasajes y personajes?

Mi padre fue un guía estupendo. Hice toda la primaria en la Escuela Costa de Zaragoza, con buenos maestros y un director excepcional: Pedro Arnal Cavero, que nos inició en muchas cosas: el propio Costa, los riegos, la lengua aragonesa, la Naturaleza, el amor a los animales, la corrección. Luego en Escolapios, la Normal, Letras, tuve buenos profesores (el P. Muruzábal, Sanjuán, Frutos), que me abrieron a otros ámbitos.

-Empecemos por algunos de tus temas iniciales: Costa, Nipho… ¿Qué han significado en tu vida y en tu carrera?

Costa, de quien vamos a celebrar el centenario de su muerte, es asombroso por su enorme capacidad y esfuerzo titánico: sobresaliente en muchas ciencias sociales, de haberse dedicado a una sola hubiera sido un genio universal. Nipho crea a mediados del XVIII el primer diario de España; maestro, pues, en mis afanes periodísticos, en que ha habido otros.

Tú, como Labordeta, eres un ciudadano tamizado por Teruel. Se ha escrito mucho, se ha contado y recontado, pero si tuvieras que hacer como un haiku valorativo y esencial a la vez dirías: qué significó para ti Teruel, qué te dio, cómo te transformó…

Me dio realismo, cercanía al Aragón real, duro y difícil, años de mucho trabajo docente pero también de encuentro con gentes como él, maestro y amigo extraordinario, y otros más, y discípulos estupendos. Allí sembrabas, y brotaban plantas espléndidas, era “muy buena tierra”.

Ya que estamos en Teruel y en el embrión de Andalán, vayamos con Labordeta. Tú eras y has sido como el hermano entrañable que le nació en otra familia. ¿Cómo lo veías tú, qué retrato desde la cercanía se te impone, cuál era su secreto?

Mi padre y mi tío Eloy, muerto en el frente de Teruel, habían sido internos del Colegio Santo Tomás, de don Miguel Labordeta, padre; la madre era de Azuara, como ellos, y don Miguel había ido mucho a casa de mi abuelo Luis, veterinario, para “festejar” con la futura doña Sara. Un primo de ella casó con una hermana de mi padre. Y Juana era varios cursos más en Letras y la conocía. Labordeta tenía un secreto: se mostraba absolutamente como era; decía siempre lo que pensaba, aunque le creara problemas. Era cultísimo, tenía muy buen juicio crítico sobre literatura, historia, política, te daba siempre suaves consejos y te prestaba libros. Y nunca se creyó importante, a pesar de que lo era, y mucho.

¿Qué supuso ‘Andalán’: como aventura ideológica, como aventura periodística, como aventura cultural?

Una maravillosa escuela de periodismo práctico, de ciudadanía política, de aragonesismo y cultura. Y un vivero de grandes amigos. Esa generación está hoy culminando sus vidas profesionales, muy logradas.

Has estado a punto de meterte en política de partido. ¿Has lamentado alguna vez  no haberlo hecho de lleno?

Jamás. Sólo milité en el PSA, año y medio. He sido rechazado (aunque las ofertas salieron de ellos, no de mí) por el PSOE y el PCE, y visto cómo funcionan por dentro prefiero votar discretamente y ver con pena qué democracia más imperfecta tenemos aún.

Has sido muchas cosas, y lo eres: profesor, catedrático, historiador, investigador constante, amigo, referente, editor de la Gran Enciclopedia de Aragón o de la Biblioteca Aragonesa de Cultura. ¿Dónde está tu mejor autorretrato, en qué empeño o en la suma de todos?

Creo que en la suma. Trabajar a tope para conocernos mejor, amar más nuestras cosas y luchar por ellas, pero sin fanatismos ni separatismos. Al revés: el mundo es muy hermoso, todo.

Por ejemplo: ¿Cómo miras desde la leve lontananza de los días el proyecto de la GEA?

Creo que para su época fue un modelo, que imitaron en Cantabria, Extremadura, Canarias. Reuní un equipo director excelente y unos 600 colaboradores, y tuvo un nivel muy alto. Luego, ha sido una barbaridad la edición reducida, suprimiendo la autoría de las voces, un verdadero atropello, y así se ha consagrado en la versión actual on-line.

¿Y la BArC?

Fue un intento, quizá fuera de tiempo, de aportar nuevas perspectivas, actualizaciones, grandes reportajes y síntesis. No fue perfecta, pero hubo bastantes títulos de interés.

Has publicado un sinfín de libros. En compañía de otros y en solitario. ¿Cuáles son tus favoritos?

Todos son hijos. Pero especiales: La Ilustración aragonesa, Aragón contemporáneo, Estudios sobre J. Costa, los dedicados a Portugal y Grecia, Gente de orden, Aragoneses en América, y la última Historia de Aragón que editó La Esfera hace dos años.

Durante muchos años has estado reflexionando y pensando Aragón. ¿Hacia dónde va Aragón? ¿Estamos en un tiempo de grandes esperanzas o de inmensas atonías, de lasitud, de utopías abotargadas?

Ni una cosa ni otra. Hemos cambiado y mejorado mucho, falta esa perspectiva que da la Historia, que por indicios es muy buena. Pero de “quejicas” hemos casi pasado a demasiado frívolamente “autosatisfechos”, salvo con la crisis. Necesitamos más presión en lo cultural, educativo, investigador, hay mucha materia prima.

Del aragonés se dice que es individualista, saturnal, descreído, que solo es capaz de unirse en el no. ¿Cómo analizas el eco de la muerte de Labordeta, el inmenso cariño desplegado? ¿Se pueden leer esos gestos en alguna clave?

Impresionante. La gente reaccionó como en los grandes momentos, sin ninguna instrucción, espontáneamente. Sabían que era alguien cercano y grande, el aragonés más conocido y querido, aquí y fuera. Me temo que los políticos no han tomado nota, no van a seguir esa lección.

Un historiador como tú, ¿cómo analiza la designación de Marcelino Iglesias como secretario de organización del PSOE? ¿Y la designación, mediante la política de hechos consumados y sin debate, de Eva Almunia?

Hace mucho que no escribo de política pura y dura. Creo que se valora en Iglesias lo poco conflictivo con su partido y el Gobierno, su imagen de pacificador, sereno, correcto, y haber anunciado su abandono en Aragón sabiendo que repetía casi seguro. Hubiera preferido que Eva Almunia, que estimo buena candidata de su partido, lo fuera tras un proceso más diáfano y democrático, que los partidos rehúyen cautelosos (véase Madrid).

Estás a punto de publicar el primer tomo de tus memorias. ¿Con qué Eloy Fernández nos vamos a encontrar, qué vamos a descubrir?

Un joven ávido de saber, de hacer bien las cosas, de cambiar el mundo a su pequeñísima escala. Y profundamente cristiano, que evoluciona hacia un duro y frustrado agnosticismo, ante una Iglesia Católica decepcionante. Y, a través de mis andares, lo que un muchacho, un joven, veía, leía, oía, descubría, en la tremenda España franquista, entre 1942 y 1972, que es lo que abarca el primer tomo, que saldrá en Navidades.

¿Qué ha significado el cine en tu vida? ¿Cómo lo has disfrutado?

Muchísimo. Primero entraba del todo, luego lo analizaba todo, hoy disfruto sin tanta lupa. Me ha gustado todo lo interesante, de Buñuel a Bergman, de Hitchcock a Woody Allen.

Siempre has sido un gran lector. Qué autores te han hecho disfrutar especialmente, los cuatro o cinco claves, y por qué…

Americanos (Mújica Laínez, Carpentier, Borges, García Márquez), portugueses (Pessoa, Torga, Saramago, Lobo Antunes), Anglosajones (L. Durrell, G. Steiner, MacEwan), españoles (Marías, Vila Matas, Millás), aragoneses (Pisón, Conget y varios más). Y en general las memorias, viajes y todo lo policíaco.

Tus historiadores modélicos. O tus modelos de historiador, el espejo en que te veías…

En el mundo, de Marx a Hobsbawm, docenas. Españoles: Tuñón de Lara, Juan José Carreras, Josep Fontana.

Dos o tres libros de historia que deberíamos leer todos alguna vez.

El Mediterráneo de Braudel, como un modelo; los tomos sobre las revoluciones burguesas y la industrialización de Hobsbawm y una excelente Historia de España que estamos publicando, perdón porque pertenezco a su Consejo, en Marcial Pons/Historia.

¿Cómo son, de veras, los aragoneses?

Formales y divertidos, somardas y audaces, cultos y sencillos.

Qué lugar ocupa Aragón en España y cuál debería ocupar.

Un lugar discreto, ya sin tópicos. Se nos ignora y se nos relega porque somos pocos y mansos.

El hecho sucedido entre nosotros que más te conmueve.

La guerra civil.

¿Quién es tu personaje histórico, aragonés, más amado?

Joaquín Costa. Y ahora, ay, se nos ha ido a la gran Historia Labordeta.

¿Qué ha significado Marisa Santiago en tu vida?

Todo. Es lo más importante que me ha pasado. Su compañía hace que no enferme de soledad, que era mi tendencia antes. A su lado no me he aburrido jamás.