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Antón Castro

JOSÉ OVEJERO: UN DIÁLOGO

JOSÉ OVEJERO: UN DIÁLOGO

ENTREVISTA CON JOSÉ OVEJERO

 

“La realidad es el apuntador que me sopla

algo y yo me pongo a trabajar y a imaginar”

 

José Ovejero regresa al cuento con ‘Mundo extraño’ en Páginas de Espuma

 

 

José Ovejero (Madrid, 1958) es un escritor de todos los géneros y en los últimos años, con su compañera Edurne Portela, también ha sentido la atracción del cine documental. Publica el libro de relatos ‘Mundo extraño’ (Páginas de Espuma, 2018) y va de aquí para allá para presentarlo. “¿Qué cómo se escriben los cuentos? Yo no escribo cuentos, salvo alguno que me piden, sino libros de cuentos. Proyectos unitarios que tienen una atmósfera, un tono, estados de ánimo. Y cada uno de los textos del libro, claro, exige su propia atención o concentración”.

Dice que también ha cambiado su concepción del cuento: no le importa que haya muchos personajes, muchas acciones. “‘Mundo extraño’ nace de la confusión, de la desorientación existencial, del dolor. Uno a veces no sabe cómo relacionarse con el mundo ni con los demás, y eso les ocurre a mis personajes. Uno, en el fondo, siempre es un perfecto extranjero en el mundo. Estamos como detrás una máscara, todos somos personajes, seres que creamos como un ‘avatar’”.

En los cuentos de este libro, los personajes se descubren a sí mismos, acceden a lugares recónditos de los que sabían poco. Revelan su envés, en materia de afectos, de sexo o de inesperadas metamorfosis. Se confiesan abruptamente. A José Ovejero no le preocupa que sus criaturas tengan o no empatía con el lector. “A veces se dan cosas curiosas: alguien te revela un secreto personal que habrías preferido no saber. También sucede, claro, en ‘Mundo extraño’”. Agrega que le interesan cada vez más esos cuentos, poco ortodoxos, que ofrecen extravíos, que se dilatan en historias pequeñas, como sucede con el cuento ‘Bienvenido Bob’ de Juan Carlos Onetti. “Ese cuento es uno de mis favoritos. Y Onetti, el de la novela corta ‘El astillero’ o ese cuento tan perturbador que es ‘El inferno tan temido’, el relato donde le envían a un marido las fotos de la relación de su mujer con otros, me gusta mucho. A mí me interesa el universo onettiano por dos razones: por su ámbito desesperanzado, por decirlo así, y su sentido del juego con la estructura y el lenguaje, algo que es muy estimulante en la literatura”. José Ovejero también juega y usa el microrrelato o el cuento de cuentos a la manera del ‘Decamerón’ como sucede en la última pieza ‘Todo da vueltas’.

“Necesitaba sentirme más libre. Hay dos líneas muy claras del cuento contemporáneo: el de Carver, cotidiano e impregnado de realismo sucio, y el cuento latinoamericano, en la línea de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar y algunos otros. Ahora prefiero buscar mi propia estética, me doy una libertad que antes no tenía”. Quizá por ello, cada vez le interesan más los autores jóvenes. “Sin duda. Ya se están haciendo cuentos más libres, menos ortodoxos con ciertas exigencias del cuento clásico. Pienso en autores como Liliana Colanzi o Antonio Ortuño. A medida que me hago mayor me interesan más los jóvenes y menos los clásicos. Quiero leer cosas que me ayuden a mejorar, a arriesgarme, que me alejen de la zona de confort de la relectura de los grandes maestros. Aprendo mucho de los jóvenes porque son audaces y buscan nuevas voces, otros lenguajes y puntos de vista”, señala.

José Ovejero se siente un escritor de su tiempo, comprometido con lo que sucede, atento a las paradojas de la historia y de la vida. “Mi literatura no nace de los sueños, sino de la realidad en un sentido amplio. La realidad es el apuntador que me sopla algo y yo me pongo a trabajar y a imaginar”. Esa es, cuando menos, una de las tareas del auténtico escritor. Imaginar. Y José Ovejero, premio Primavera de novela con ‘Las vidas ajenas’ y Premio Alfaguara con ‘La invención del amor’, lo hace como pocos.

 

*La foto es de Heraldo.es

 

DIÁLOGO CON MARIO DE LOS SANTOS

DIÁLOGO CON MARIO DE LOS SANTOS

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/03/01/mario-los-santos-pasado-poco-como-mafia-acaba-siendo-carcelero-vida-1227708-1361024.html

[Aquí puede verse un pequeño vídeo donde Mario de los Santos revela más claves de su novela, entre ellas la pasión por Alejandra Pizarnik.]

 

Hace unos días, en el IAACC Pablo Serrano, Mario de los Santos (Zaragoza, 1977), exeditor de Tropo y novelista, presentaba su nueva novela: 'Noche que te vas, dame la mano' (Candaya), donde cuenta cuatro historias turbadoras con un foto de religión, culpa y sexo.

 

¿Qué es ‘Noche que te vas, dame la mano'?

Como todo lo que escribo, un intento de entenderme en el mundo. A veces, estos escritos toman forma de novela y pueden ser disfrutables por más gente.

 

-¿Has querido hacer una novela experimental, una novela juego con un fondo duro?

De alguna manera, tal vez por venir académicamente del mundo de la ciencia, siempre me he sentido un intruso en la escritura. Cuando publiqué mi primera novela en 2004, me propuse darme unos diez años para aprender, hacer lo que denominé la “primaria” en escritura, y me compré libros de escritura, descubrí autores, probé a copiar en ejercicios de estilo, y este libro representa de alguna manera el proyecto de fin de primaria, lo aprendido estos años, de ahí la forma coral, donde cada parte tiene sus propios retos técnicos. Ahora queda la secundaria y la universidad. Para los setenta, si sigo vivo, espero escribir algo que pueda llamarse literatura.

 

-Me llama la atención la atmósfera; sexual, turbadora, de acosos. ¿Ha sido eso muy importante para ti?

Son facetas y vivencias que me han impresionado, efectivamente. Comencé a escribir el libro en el 2008, el tiempo parece demostrar que no soy el único. El sexo, nuestra relación con él, y cómo lo traspasamos con nuestros equilibrios de poder, están detrás de muchos de los temas de debate más actuales.

 

Podemos huir del pasado?

-¿El pasado es un poco como la mafia. Si le debes algo, te encontrará, y si no deseas que te lo cobre, tendrás que vivir como Roberto Saviano, oculto de ti mismo, protegido por muchos guardias y, al final, ese pasado será el carcelero de tu vida. Huir, no sé. Tal vez, enterrarlo, esconderlo, aceptarlo…

 

¿Qué te ha llevado a escribirla, qué débito tiene con algunos hechos reales?

 Todos los personajes tienen un reflejo en la realidad. Noticias, conocidos... Algunos se han llevado al extremo buscando la intensidad, otros, por el contrario, se han tenido que rebajar. Desde esa perspectiva, existe una gran dosis de realidad camuflada entre la ficción.

 

¿Quiénes son los protagonistas, cómo has urdido esa especie de dobles pareja?

Los protagonistas son cuatro personas que ya no se sirven a sí mismos. Han agotado sus estrategias vitales de supervivencia y deben plantearse otras. En ese desbrozar, se encuentran unas con otras, aunque a veces no lleguen a conocerse.

 

-Explícanos un poco más… Cómo son, qué anhelan, hay relaciones viciadas, extremas…

Los personajes sufren asimetrías emocionales en sus relaciones que no saben equilibrar. Todos tienen la sensación de haber dado más que la otra parte, comienzan colocados en un posición victimista que observo demasiado frecuente en el momento actual. Bien hablemos de política, de relaciones personas, en las redes sociales, pareciera que nos encante ser víctimas de algo. La historia de los cuatro personajes, en el fondo, es el camino para escapar de ese victimismo.

 

Donde sucede, cómo has elegido los escenarios…

En realidad, no existe un escenario físico concreto. Podría ser Zaragoza, pero no me apetecía circunscribirme a una geografía conocida. Es, digamos, una Zaragoza que triangula entre el mapa, las necesidades de la acción y mi comodidad de no salir a la calle.

 

Es una novela que mezcla muchas cosas: la novela negra, la novela psicológica, la intriga... la novela de atmósferas desapacibles.

Son cuatro historias, cinco en realidad, y quería distinguirlas. En cada una, la psicología del personaje marca hacia dónde se inclina. En todo caso, como elemento de continuidad, quería que todos los personajes avanzaran en un mundo donde donde ellos mismos no son capaces de darse las gracias, o pedirse las cosas por favor, un mundo en el que falta la educación y el cariño para con uno mismo.

 

Recuérdanos la época histórica y también la época social, que es tan importante...

De nuevo, podría situarse en la Zaragoza anterior a la Expo, pero esta exposición es universal. El lienzo social se toma del momento actual, o del que vivimos en la última década y media. La escasa separación entre instituciones y empresas ha generado un fango de corruptelas que nos tienen permanentemente enfadados, tanto con los hechos, como, tal vez, y eso me interesaba en los personajes, con nosotros mismos por haberlo permitido.

 

-¿Cómo has integrado la cultura, tantas referencias y ecos?

Cuando definí los personajes, sus centros obsesivos, me apetecía que uno de ellos tuviera una relación muy íntima con la lectura. No quería caer en el tópico de la lectura como “salvación”, pero sí como espacio de refugio y de relación con los demás. También, me apetecía que tuviese cercanía con autores y autoras actuales a los que tengo cariño, o me encantan, y de este modo rendirles un pequeño homenaje.

 

-¿Por qué Los Suaves?

Por magia. Haberla, hayla. Estaba pensando escenas para los personajes y del ordenador salió la canción “Si yo fuera Dios” de los Suaves. La letra, de repente, entró en la historia, en el imaginario emocional, oscuro, terminal, que estaba preparando para la novela, y encajó como una llave en una cerradura. Ese día me puse la canción en bucle, con cascos, unas seis o siete horas, mientras trabajaba en la novela. Casi puede decirse que la canción me regaló los paisajes interiores desesperados en los que se mueven los personajes, por lo que decidí homenajear a la canción y, por supuesto, a Los Suaves, introduciéndolos en la novela como una correa de transmisión de la historia.

 

-¿Hay ahí, en sus letras, un guiño sentimental, casi una broma?

Creo que hay una deuda inconsciente. Los Suaves conforman gran parte de la banda sonora de mi adolescencia. Algunas canciones se quedaron allí y otras han permanecido en mis listas de reproducción y representan el mejor ejemplo de cómo la música puede moldear a una persona golpeando en caliente, durante esas épocas en las que te construyes como persona, como personaje y como historia. Las letras de los Suaves poseían todo lo que mi yo adolescente quería escuchar: dolor, incomprensión, rocanrol, mujeres malas pero tiernas y derrota.

 

-Es esta tu novela más compleja y ambiciosasqué hay en ella del ex editor Mario de los Santos?

Dentro de ese proceso de aprendizaje, la edición me enseñó muchísimo. Los malos ejemplos, los buenos, qué busca un editor en un libro, cómo les gusta que nos acerquemos los autores… Por ejemplo, yo dejé de acudir a presentaciones en Madrid porque la celebración posterior se convertía en un pasamanos de gente ofreciéndote una obra.

Cada vez que editábamos un libro, cuando hablabas con la gente en las ferias, con los distribuidores, con los libreros, siempre había detalles, estilo, trucos, que guardabas para tu faceta de escritor. De hecho, Paco, de Candaya, en la última presentación, contó cómo esa experiencia de editor ayudó a que leyeran el manuscrito anónimo que les envié. Lo acompañaba una carta breve, mostrando respeto, conocimiento del catálogo, humildad. Vamos, lo que esperábamos recibir en Tropo cuando abríamos los sobres de los manuscritos.

 

-¿Has tenido otras novelas en la cabeza, escritores?

He tenido intenciones estilísticas, argumentales y estructurales que provienen de muchas lecturas, pero no puedo tener un autor o una obra concreta en la cabeza mientras escribo, o diseño mis obras, porque tiendo a imitarla. En una novela, un trabajo que se arrastra durante al menos uno o dos años, no puedes depender de tu estado de ánimo o de tus lecturas. Prefiero tener épocas de muchas lecturas, disfrutarlas, analizarlas, digerirlas y reposarlas, para después volcar esa mezcla en mis trabajos.

 

¿Qué buscas con la escritura?

Cantaba Aute que vivir es más que un derecho, es el mandato de reflexionar. Ahora parece que sea el mandato de opinar. En realidad, creo buscar lo mismo que el ser humano buscó al inventar la primera historia: entender. A él mismo y al mundo que le rodea. Crear ayuda a reflexionar, abre nuevos caminos, plantea las cosas de otro modo, nuevas soluciones, otros modelos. Desde esa perspectiva, la escritura, la química, las ciencias, la filosofía me resultan herramientas de entendimiento similares. Parte de ese proceso se plasma en una historia y ahí está la conexión con la literatura.

 

FERNANDO JIMÉNEZ OCAÑA: UN DIÁLOGO CON NAPOLEÓN DE FONDO

“‘Napoleón. El emperador que adoraba a España pero no a los españoles’ empecé a escribirla en 2007, pensando en el bicentenario de Los Sitios de Zaragoza, pero me resultaba muy dificultoso, de modo que abandoné la novela cuando llevaba 18 páginas y me dediqué a otros proyectos. Diez años más tarde, me sentí capaz de retomar y acabar esta narración. El libro cuenta cómo Napoleón se adueñó de España, las circunstancias de la Familia Real, los intrigantes palaciegos que sustentaron los hechos, y los movimientos populares y de defensa en distintos lugares de España que finalmente desembocaron en el 2 de Mayo de Madrid y en los dos Sitios de Zaragoza”, dice el editor y narrador Fernando Jiménez Ocaña (Baena, Córdoba, 1952), que lleva más de treinta años afincado en Zaragoza, al frente de sellos como Zócalo y ahora Onagro, que dirige con su mujer Victoria Picó.

¿Diría que es una novela coral o con protagonista específico?

Es una novela coral, donde van apareciendo y actuando muchos personajes ya conocidos de la historia, y algunos menos conocidos, con el telón de fondo del pueblo.

¿Qué ha descubierto? ¿Qué equívocos se mantienen sobre el período?

Ya se sabe que algunos historiadores apodaron a Fernando VII ‘el rey felón’, pero yo no sabía que lo era hasta el punto de intentar envenenar a sus padres para arrebatarles el trono. También su relación epistolar con Napoleón revela lo repugnantemente rastrero que fue, y lo que resultó para la Historia de España.

Díganos en qué casos concretos.

Entre otros equívocos he descubierto que la mentira y los bulos, como arma de propaganda, ya funcionaban estupendamente. Por ejemplo, José Bonaparte, a quien el pueblo llamaba Pepe Botella era abstemio. Se decía que los franceses traían la barbarie y el ateísmo, cuando en realidad hubieran aportado el espíritu de la revolución francesa, y de hecho lo primero que hicieron fue abolir la Inquisición; se entiende que hubiera “afrancesados” que defendían este espíritu de cierta apertura.

¿Redime entonces usted a Napoleón?

No. Desde luego que Napoleón era un dictador que ocupó el país valiéndose de engaños, y visto desde nuestro lado, efectuó una ocupación extranjera que fue rechazada por el pueblo, instigado y azuzado por la aristocracia y el clero, que no estaban dispuestos a perder sus privilegios.

¿Cómo fue la Guerra de la Independencia en Madrid, qué le debe su visión a Goya?

Aunque Francisco de Goya no aparece como personaje, sí le puedo decir que Madrid se alzó contra Murat, el general francés de la zona, y al principio el ejército español era reticente al alzamiento. Fueron los madrileños, no se sabe bien por quiénes estaban azuzados, los que se enfrentaron con lo que tenían a mano para usarlo como armas contra las tropas francesas. Si bien Daoiz y Velarde, los dos capitanes que murieron en los primeros combates, pasaron a la Historia como héroes, no fueron los primeros en luchar, sino que se unieron al alzamiento empujados por la masacre que vieron desarrollarse en las calles. Los libros de historiadores de la época, escritos entre 1830-1860, que toman sus fuentes de supervivientes y recortes yu notas de las batallas escritos por los participantes, así lo cuentan. Por tanto, y creo que esto responde a su pregunta, los famosos cuadros y grabados de Goya pueden considerarse reflejo fiel de lo que, efectivamente, son ‘Los desastres de la guerra’.

¿Qué le llamó la atención de la Guerra de los Sitios, en Zaragoza?

Hay mucho ya sabido por los que vivimos en esta ciudad, y más después de la conmemoración del Bicentenario en el año 2008. Sin embargo, a mí me gustaría resaltar la participación de las mujeres en los dos Sitios. Mucho se sabe de Agustina de Aragón, claro, pero a mí me ha impresionado la actuación de la labradora Casta Álvarez, en su actitud de verdadera guerrera, que con su pica (una bayoneta unida a un palo de escoba) se enfrentaba en combate cuerpo a cuerpo contra el enemigo. También es conmovedora la historia de María Agustín, que se quedó inválida del brazo izquierdo a consecuencia de un balazo luchando en Puerta del Carmen (una de las ocho puertas de entrada a Zaragoza).

O sea que la defensa de Zaragoza fue descarnada y cuerpo a cuerpo...

Mucho se ha escrito de la defensa de Zaragoza en la ‘superficie’ de la ciudad, defendiendo casa a casa y habitación por habitación, pero también había una guerra subterránea. En el subsuelo de la ciudad, tanto franceses como españoles, dirigidos por los ‘ingenieros’ de la época, desarrollaron una labor de zapa, es decir, abrían minas y túneles para llevar explosivos con que reventar las zonas ocupadas por el contrario. A veces, ambas fuerzas llegaron a encontrarse en los subterráneos que iban picando y se enfrentaban cuerpo a cuerpo bajo tierra.



Impresiona cómo cuenta la destrucción del Monasterio de Santa Engracia.

Parte de la gran destrucción de la ciudad, por ejemplo el convento de San Francisco cuyo espacio ocupa ahora la Diputación de Zaragoza en la Plaza de España, se debió a estos ‘reventones’. Junto con la destrucción del Monasterio de Santa Engracia (del que se perdió todo el monasterio y claustro gótico-plateresco quedando solo la fachada de la iglesia), así como otros muchos edificios, supusieron la pérdida de un patrimonio artístico irrepetible, pues no en vano a Zaragoza algunos textos de la época la consideraban como la ‘Florencia de España’.

¿Quiénes serían los grandes personajes de Aragón para usted?

Sobre los grandes personajes, está claro que Palafox, como capitán general, y Boggiero como su mentor, fueron las cabezas visibles. Todos sabemos que el Tío Jorge, con sus trescientos escopeteros, tuvo un papel importantísimo en la defensa, pero hay un personaje, Mariano Renovales, que para mí merece que se escriba un libro dedicado a su vida y sus aventuras (ya fuera de la guerra de Independencia). Para mí, un hombre de acción digno de figurar como protagonista de alguna novela de Pio Baroja.

¿Cómo se explica el título, qué no le gustaba a Napoleón de los españoles?

No le gustaba la ‘clericalla’ y el poder que tenía sobre la gente, sobre sus vidas, sus conciencias y sus bienes. No le gustaba nuestra forma de ser, especialmente la indisciplina, y particularmente, nos consideraba serviles y embusteros, en franca contradicción con nuestro fanatismo en la defensa de ideas que él consideraba equivocadas. Le fascinaba el país, su naturaleza y su paisaje, pero no su paisanaje.

¿Pensaba que España era una pura contradicción?

Sí. En cambio, a sus generales les sorprendió y admiraron la entrega, el valor y el coraje de los españoles, hasta el punto de que el general Lefevre dijo: “¡Qué lástima que tenga que morir tanto valiente!”. Desde luego, no se imaginaban ni esperaban la resistencia y las dificultades que encontraron.

¿Les gustaba a los españoles algo de él?

Sólo a los afrancesados. A los ilustrados de la época les gustaba el ideario de “libertad, igualdad y fraternidad”. Y la Constitución de 1812 reflejó este espíritu. Pero para el pueblo, como ya he dicho, Napoleón era un invasor que venía a echar a los reyes españoles para quedarse él mismo y su familia con todo “lo nuestro”, convirtiéndonos en provincia francesa, como en los tiempos del Imperio Romano.

¿Hubiera salido ganando España?

En realidad, lo que propugnaban Napoleón y los suyos era el despotismo ilustrado, pero claro que con un avance en la libertad de ideas respecto al absolutismo reinante en España. Yo me pregunto si quizá no nos habría ido mejor, como país, al convertirnos en “provincia” de su imperio…

¿Se lo pregunta? ¿Qué se responde?

No lo sé.

 

 

 

JAVIER RUIBAL DIALOGA CON DANIEL HEREDIA

JAVIER RUIBAL DIALOGA CON DANIEL HEREDIA

Daniel Heredia entrevista en su web a un gran cantante y compositor: Javier Ruibal, Premio Nacional de las Música Actuales.

https://www.zendalibros.com/javier-ruibal-trabajo-esmero-las-composiciones-pues-la-palabra-la-armonia-igual-importantes/

—Yo prefiero que me llamen músico, compositor y autor de mis letras. En el subconsciente colectivo creo vislumbrar que el público asocia a la etiqueta cantautor con canciones donde prima la poesía y la reivindicación, con una música meramente circunstancial que la acompañe. Yo trabajo con esmero las composiciones, pues la palabra y la armonía son para mí igual de importantes.

FRAGMENTO DE ALEX CHICO

FRAGMENTO DE ALEX CHICO

[Un fragmento del libro, 'Un final para Benjamin Walter' de Alex Chico, que se presenta esta tarde en Antígona. David Mayor hablará del libro y conversará con el lector, poeta, narrador y crítico literario.]

 

Subir hacia la colina, pasear por las aduanas y observar el paisaje se convirtió, pasados los días, en una especie de rutina, un camino que repetí varias veces mientras estaba en Portbou. En ocasiones, me quedaba un buen rato mirando el pueblo desde arriba. Las vistas son espléndidas. Aunque la temperatura descendiera a medida que avanzaba la tarde y tuviera que abrigarme por culpa de los golpes de viento, podía pasarme unas cuantas horas allí, observando la quietud tan apacible de la zona, sobre todo cuando anochecía. Otras veces miraba hacia el otro lado, hacia Cerbère. El Hotel Belvédère du Rayon Vert aparecía a lo lejos, como una presencia enigmática que me acechaba en la distancia. En medio quedaba una tierra de nadie, un lugar de paso en el que pocas veces me crucé con ninguna persona.

Un poco más arriba, siguiendo un camino que se desviaba de la carretera, había unos cuantos paneles con imágenes. Eran fotografías de refugiados españoles, republicanos, perseguidos y proscritos que continuaban la larga marcha del exilio. En realidad, aquellas imágenes no eran muy distintas a otras instantáneas que podemos ver hoy en día. Tanto da que huyan de un país llamado España que de otro país con un nombre distinto. De Siria, por citar un solo ejemplo. Es el mismo trayecto, el mismo recorrido. Todos mantienen una cadencia parecida, un ritmo silencioso y cansino, el que les lleva a dar un paso, luego otro, y después les sobreviene el mismo agotamiento y más tarde se hacen fuertes, porque han visto a lo lejos algo similar a una salida, y detrás de ella otra distinta y más lejana. Me recuerda a uno de los poemas de Elegía en Portbou, de Antonio Crespo Massieu, unos versos escritos entre paréntesis, como si fueran pronunciados a media voz: «(allá siempre hay una línea inasible / que es surco, pospuesto horizonte, promesa, / una inabarcable singladura)». 

ÁLEX CHICO EN ZARAGOZA, EL LUNES

ÁLEX CHICO EN ZARAGOZA, EL LUNES

 

El lunes, 19, a las 20.00, en la librería Antígona (Pedro Cerbuna, 25) el poeta y profesor David Mayor presenta el nuevo libro de Álex Chico: ’Un final para Benjamin Walter’, que publica el sello Candaya.

 

Durante los últimos días de septiembre de 1940, un grupo de emigrados abandona Francia por un paso clandestino de los Pirineos. Se proponen atravesar España y seguir su ruta hacia América, huyendo de la terrible amenaza que se cernía sobre Europa. Su primera parada es un pequeño pueblo fronterizo, Portbou, una bahía perdida entre collados y senderos y un lugar clave en la larga marcha del exilio. Sin embargo, no todos consiguen continuar su camino. Uno de ellos, un apátrida sin nacionalidad al que las autoridades españolas rebautizan como Benjamin Walter, aparece muerto unas horas más tarde. Setenta y cuatro años después, el narrador de esta historia decide viajar a Portbou con el propósito de averiguar qué pasó durante las últimas horas de Walter Benjamin. No obstante, su investigación inicial se va ramificando y comienza a abarcar otros espacios. El propósito de esclarecer una muerte deja paso a nuevas cuestiones que afectan a ese ensimismado pueblo fronterizo y a los sucesos que han ocurrido allí desde finales del siglo XIX hasta nuestros días.  

   

A medio camino entre el ensayo, la novela o la crónica de viajes, Un final para Benjamin Walter propone una lectura en dos direcciones, de Portbou a Walter Benjamin y viceversa, como si ambos, escritor y territorio, se hubieran construido para explicarse mutuamente.

Álex Chico (Plasencia, 1980) es licenciado en Filología Hispánica y DEA en Literatura Española. Ha publicado el cuaderno de notas Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas (La Isla de Siltolá, 2016), la novela de ensayo ficción Un hombre espera (Libros en su tinta, 2015) y los libros de poemas Habitación en W (La Isla de Siltolá, 2014), Un lugar para nadie(De la luna libros, 2013), Dimensión de la frontera (La Isla de Siltolá, 2011) y La tristeza del eco (Editora Regional de Extremadura, 2008), además de las plaquettes EscrituraNuevo alzado de la ruina y Las esquinas del mar. En 2016, la editorial chilena Andesgraund publicó Espacio en blanco, una antología que reúne parte de su obra poética desde 2008 hasta 2014.

 

Sus poemas han aparecido en varias publicaciones (TuriaEspiral, Cuaderno ático, Suroeste, Litoral, Estación Poesía, Librújula Paralelo Sur, entre otras), y en diferentes antologías (Punto de partida. Jóvenes poetas en España, UNAM; Matriz desposeída. Últimas voces de la poesía extremeña, El Brocense; Todo es Poesía en Granada, ed. Esdrújula; Antología de poesía joven: Doce nuevos poetas, revista AlgaPiedra de toque, Editora Regional de Extremadura). Ha ejercido la crítica literaria en diversos medios, como ÍnsulaCuadernos HispanoamericanosNayaguaEl Cuaderno, Excodra, Revista de Letras, Clarín o Ex Libris. Fue cofundador de la revista de humanidades Kafka. En la actualidad forma parte del consejo de redacción de Quimera. Revista de Literatura.  

   

De la literatura de Álex Chico la crítica ha dicho: 

 

   

Se sitúa dentro de lo que Bachelard llamaba la tradición del «realismo expandido», un realismo abierto no sólo a la memoria y a la experiencia de lo cotidiano, sino también a los impulsos del subconsciente”, Luis García JambrinaABC Cultural 

 

“Chico nunca renuncia al juego con la tradición literaria, a la referencialidad continua, a tender puentes y túneles con otras obras en juego casi interminable”, Martín López-VegaEl Cultural de El Mundo.

 "La literatura de Álex Chico es tan inclasificable como las novelas nebulosas de Vila-Matas” Luis Bagué QuílezArte y Letras diario Información.  

“La voz de Alex Chico nos resulta tan atrayente porque ofrece una mirada distinta sobre las cosas y una forma prosódica capaz de emocionarnos”, Carlos AlcortaLiteratura y arte 

VARGAS LLOSA POR PESTANA

VARGAS LLOSA POR PESTANA

Una foto del gallego Baldomero Pestana, cuya obra se expone en el Instituto Cervantes.Una de sus fotos más sugerentes. La del joven Mario Vargas Llosa. Nació en 1917 y murió en 2015.

ALOMA RODRÍGUEZ: DE RITA LEVI-MONTALCINI

ALOMA RODRÍGUEZ: DE RITA LEVI-MONTALCINI

Nuevo artículo de Aloma Rodríguez en 'Letras Libres'

http://www.letraslibres.com/espana-mexico/literatura/la-imperfeccion-en-la-vida-y-en-el-trabajo

 

La imperfección en la vida y en el trabajo

Rita Levi-Montalcini, que ganó el Premio Nobel de Medicina en 1986, publicó en 1987 unas memorias donde compagina el relato de la vida y el del trabajo con emoción y rigor.
15 febrero 2018

Un moño inolvidable. Una de las cosas por las que casi todo el mundo recuerda a Rita Levi-Montalcini es por esa imagen de sus últimos años: un moño de pelo blanco y ondulado, un poco ladeado, los ojos verde-gris y un cuerpo pequeñísimo. Había nacido en Turín en 1909 y murió en 2012. Vivió 103 años, y cuando llegó a los 100 ya dijo que no había ningún mérito en eso de hacerse centenaria. Era verdad. En su caso, sus méritos residían en otro sitio: en 1986 obtuvo el Premio Nobel de Medicina, junto a Stanley Cohen, por el descubrimiento del factor de crecimiento nervioso. Sus investigaciones habían empezado en la década de los treinta, en Turín. Desde entonces, la acompañaron en Bélgica, San Luis o Río de Janeiro.

Las pioneras. Hace poco se celebró el día de la mujer en la ciencia y Levi-Montalcini fue una de las protagonistas, uno de los nombres de referencia cuando se piensa en mujeres en la ciencia. También se habló de Ada Lovelace: hija de Lord Byron, se la reconoce como la primera programadora de la historia. Era matemática y escritora y trabajó en la máquina analítica, la primera calculadora mecánica de uso general diseñada por Charles Babbage, en las notas a la máquina de Babbage escribió el primer algoritmo para ser interpretado por una máquina. De Hedy Lamarr se decía que era la mujer más bella del mundo. Judía, como Levi, austriaca de nacimiento y nacionalizada estadounidense, llegó a Estados Unidos huyendo del nazismo y de su matrimonio con un magnate que comerciaba con los nazis y la tenía encerrada en casa y pasando por París y Londres. Fue una estrella del Hollywood dorado. Decía que para tener glamur lo único que había que hacer era “quedarte quieta y poner cara de tonta”. En su casa tenía una habitación para sus inventos, entre los que destaca la teoría del salto de frecuencia, precursora del sistema de comunicación inalámbrica de los teléfonos móviles, el GPS o el WiFi. Su descubrimiento es de 1942, pero no se usó hasta 1957. Hedy Lamarr y Ada Lovelace son solo algunas de las pioneras, con vidas extraordinarias y novelescas, también.

El cerebro del Homo sapiens. En 1987 Rita Levi-Montalcini publicó un extraordinario libro de memorias, Elogio de la imperfección (publicado en español por Tusquets en 2011). Es un libro breve y emocionante. El título está inspirado por un poema de Yeats: “El intelecto del hombre ha de escoger / entre la perfección de la vida y la del trabajo”. Así, Levi-Montalcini explica en el prólogo: “Sin seguir un plan preestablecido, pero guiada en cada caso por mis inclinaciones y por el azar, en mi vida he procurado […] conciliar dos aspiraciones inconciliables […] Es decir, que he realizado lo que podríamos llamar la “imperfection of the life and of the work”. Levi-Montalcini explica que parte de la gracia del cerebro humano es que es imperfecto: “el cerebro del primer vertebrado aparecido en nuestro planeta, hace entre trescientos y cuatrocientos millones de años, se vio sometido a la presión selectiva de la evolución, y dio origen a tantas variaciones (mutaciones) como cerebros vertebrados hubo y hay. El más reciente es el maravilloso pero imperfecto cerebro del Homo sapiens.

Una infancia italiana. El libro está dividido en partes y capítulos que separan de manera didáctica las etapas de su vida: la infancia y primera juventud, la guerra, el exilio, los avances de sus experimentos o el regreso a Italia. Lo que me gusta de este libro es la humildad con que está escrito. En parte, toda memoria tiene algo de examen de conciencia. En este caso está muy claro qué se reprocha Levi-Montalcini: no haberle dado más besos a su padre cuando este se los pedía. El primer capítulo, “Herencia y ambiente”, habla sobre todo de su familia. El libro está dedicado a su hermana gemela Paola, “en recuerdo de nuestro padre, a quien ella adoró en vida y yo he amado y venerado después de muerto”. El padre de Levi-Montalcini murió cuando ella tenía 23 años, poco después de que ella hubiese comenzado los estudios de Medicina. Paola Levi-Montalcini fue una importante pintora italiana. Hay mucho de homenaje y agradecimiento en sus memorias: las lecturas compartidas con la hermana mayor, Anna, la guía y sostén de su hermano Gino, la compañía cómplice de Paola, las diferencias con el padre y cómo la madre reconoce en ella a su madre, muerta demasiado pronto. Habla de los casi novios y de los amigos de la facultad. Luego llegan los años difíciles, Mussolini, el edicto contra los judíos y las peripecias: montar el laboratorio en su habitación, “a lo Robinson Crusoe”, la vida clandestina, la guerra y, después, la nueva vida al otro lado del Atlántico. La sombra de Ramón y Cajal planea por todo el libro. Elogio de la imperfección compagina el relato de la vida y el del trabajo, como en el poema de Yeats, con emoción y rigor. El resultado es impecable, pero no perfecto, como le habría gustado a Levi-Montalcini.

El mundo es pequeño y bonito. Puede que este libro me guste tanto porque me parece que dialoga con uno de los libros de una de mis escritoras favoritas: Léxico familiar, de Natalia Ginzburg. El padre de la escritora, Giuseppe Levi, era el profesor de Rita Levi-Montalcini, quien la inició en el camino de la investigación y a quien recuerda con cariño, ternura y agradecimiento en sus memorias. Las relaciones con los padres siempre son complicadas, y siempre queda la duda o el remordimiento de no haber demostrado el afecto hacia los padres. (El último disco de Christina RosenvingeUn hombre rubio, es espectacular y surge en parte de esa idea. También Ordesa, de Manuel Vilas, y Entre ellos, de Richard Ford, hablan de la imposibilidad de saber quiénes fueron nuestros padres.) Me gusta pensar que la premio Nobel quizá estuvo más cerca de tener la relación que habría querido con su padre con el de Natalia Ginzburg. Las imagino en una especie de hermandad basada en el afecto hacia el profesor y en el que a mí me despiertan.

Elogio de la imperfección

Rita Levi-Montalcini.

Traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona.

Barcelona, Tusquets, 2011, 296 pp.