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Antón Castro

JOSÉ ANTONIO CONDE: TRES POEMAS A MUJERES

JOSÉ ANTONIO CONDE: TRES POEMAS A MUJERES

3 / ESTAMPAS DE LA PLAYA

Olifante cumple en 1979 treinta años dedicados a la poesía. Trinidad Ruiz-Marcellán inició su colección con unas cartas entre Luis Cernuda y Eugénio de Andrade, y desde entonces ha publicado a autores de todas las latitudes con belleza, elegancia y sobriedad.

Uno de los últimos títulos es ‘El ángulo y la llaga’ de José Antonio Conde (Sierra de Luna, Zaragoza, 1961), que lleva una solapa de la joven poeta Almudena Vidorreta. Es un poemario cuyas composiciones tienen todas nombres de mujer, y están dedicadas a mujeres como Delmira Agustini, Salomé, Gerda Taro, Elvira de Hidalgo, Gloria Swanson, Delia del Carril (la mujer de Neruda que encontró una carta de amor y traición) o Casta Álvarez, además de muchas mujeres anónimas, o no tan anónimas, a las que el autor ama, respeta, admira o sencillamente rinde homenaje.

 

Copio aquí dos poemas:

 

GLORIA MAY…

 

Máscara y silencio, se rueda.

El primer plano en la mirada,

los dioses se inclinan en el espejo.

Dos tomas del cisne

para agrupar el icono

que va hundiendo sus labios

en el crepúsculo.

 

Por última vez,

máscara y silencio, se rueda.

Gesto virtuoso, sin color en los celos.

Al fondo…, se oye un beso.

 

GERDA

 

Algo para guarda en la caída, en la mancha insaciable del negativo, algoo que sucede en la geografía del odio y olfatea todas las esquinas del miedo.

 

Tal vez, las flores abatidas, la prisa de la pólvora en los incultos, sea hielo y esparto, heridas cerca del perdón y piedad en la metralla.

 

En el tiempo, la reflex sostiene el sacrificio.

 

DELMIRA

 

El último amor, el que guarda la simetría del roce en el abismo, calla entre los labios.

 

El último amor, el que me conduce por los bazares del cuerpo, se pierde justo donde brota la orquídea.

 

El último amor, aquel epíteto íntimo sobre el cuerpo, permanece al acecho como dos alas negros.

 

A la pasión le sobran puñales.

 

El ángulo y la llaga. José Antonio Conde. Solapa de Almudena Vidorreta. Olifante, Ediciones de Poesía. Tarazona, 2009. 60 páginas. En la foto marino, un retrato de Gloria Swanson hacia 1917.

OUKA LEELE: DOS POEMAS

OUKA LEELE: DOS POEMAS

Hace unos días, decía Barbara Allende Gil de Biedma (Madrid, 1957) que no se sentía identificada cuando la calificaban como fotógrafa. Es una excelente fotógrafa, sin duda, Premio Nacional de Fotografía. Hace algunos meses vi su exposición ‘Ouka Leele inédita’ y me pareció la mejor de las suyas, una de las más sorprendentes, una de las más fascinantes, tenía algo de retrospectiva, de cuaderno secreto, de álbum de fotos ocultas. Esta foto, de desnudo con trucha, pertenece a esa muestra.

No obstante, Bárbara Allende-Ouka Leele también es poeta. Ha publicado varios poemarios, fue galardonada en el certamen de ‘Cuentos de miedo’ que convoca Olifante, y estos días aparece ‘Este libro arde entre mis manos’ (Huerga & Fierro), un volumen que toca los temas esenciales de la vida con un aire leve, casi como una danza de luz y de sensaciones, poemas sobre la vida, el amor, la maternidad y el nacimiento, sobre las palabras y sus dones, sobre la naturaleza y sus sones, sobre cómo brota la poesía del interior y se desmelena en un dulce desorden.

 

Copio aquí dos poemas breves:

 

Mis pies flotaban

al andar entre una y otra

tenía que escoger una

y escogí ésta:

Amor,

claro,

¿cuál si no?

que dicha con dicha

crea la dicha

de quien la escucha.

 

*El texto va acompañado de un dibujo donde se ve que el pie pisa ‘palabras’, ‘palabra’ o ‘palabrita’.

 

 

 

Amor

me atrevo a decir

a los cuatro vientos

esperando que el eco

se encargue

de lo que resta,

y como nunca resta

pero sí siempre suma,

se multiplica su efecto

y lo hace perfecto.

 

ARAGONESES EN LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES

ARAGONESES EN LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES

Una violinista, un historiador y una química son, a propuesta del comité de selección, los beneficiarios de las tres becas del Gobierno de Aragón para la Residencia de Estudiantes de Madrid, unas ayudas que les permitirán desarrollar sus estudios y acabar sus tesis doctorales.

 

El pasado miércoles se reunió el comité de selección para entrevistar a los candidatos finalistas y analizar sus proyectos. El comité, presidido por el viceconsejero de Educación, Cultura y Deporte, Juan José Vázquez, estaba formado por el director general de Cultura, Ramón Miranda; la directora de la Residencia de Estudiantes, Alicia Gómez-Navarro; José Luis Borau, escritor, director, productor de cine y académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; José-Carlos Mainer, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Zaragoza, y Luis Oro, catedrático de Química inorgánica de la Universidad de Zaragoza.

 

A propuesta de este comité, la candidata seleccionada en el apartado de creadores y artistas es Alma Olite Gorraiz, que con esta ayuda podrá concluir sus estudios de violín en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid. (Alma Olite es una estupenda violinista que actuó no hace muchos meses en ‘Borradores’ y ofreció un espléndido concierto en el Audiorama de Zaragoza. Lleva ya algunos años en la Residencia, y le han acondicionado un espacio para ella, para sus ensayos. Tiene un inmenso talento.)

 

En el apartado de Ciencias Sociales y Humanidades, ha sido Ángel Alcalde Fernández el candidato elegido. Este joven realizará su tesis doctoral sobre ‘Los excombatientes franquistas. La experiencia de guerra del fascismo español y la delegación nacional de excombatientes (1936.1965)’.

 

Carmen Barba González-Albo es la candidata seleccionada en el apartado de Naturaleza y Tecnología y su objetivo es realizar su tesis doctoral sobre ‘Obtención de enantiómeros puros a escala preparativa  a partir de mezclas multicomponentes utilizando cromatografía en lecho móvil simulado con fluidos supercríticos’. [Carmen lleva algunos cursos en la Residencia, donde coincide, entre otros, con el poeta y ensayista Juan Marqués, que ultima su tesis doctoral].

 

Ésta es la cuarta edición de estas becas después del convenio de colaboración firmado, en 2006, entre el Gobierno de Aragón y la Residencia de Estudiantes de Madrid, fundación creada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y que realiza, entre sus variadas actividades culturales, estancias en la residencia de investigadores, artistas y otros profesionales, de los campos más diversos, procedentes de todo el mundo.

 

El Departamento de Educación, Cultura y Deporte se encarga de la dotación económica de las becas y la Residencia de Estudiantes presta los servicios de alojamiento y manutención.

*En la foto, Alma Olite, la violinista nacida en Pamplona y formada y educada en Zaragoza. El grueso del texto pertenece al gabinete de prensa del Gobierno de Aragón; he añadido algunos detalles. Conozco a Alma Olite y he conocido también a Carmen Barba. Los compañeros de Alma en la Residencia acudieron en su mayoría al concierto del Auditorio.

 

 

SANYA RICHARDS: REINA DEL GOLDEN LEAGUE DE ROMA

SANYA RICHARDS: REINA DEL GOLDEN LEAGUE DE ROMA

Ya ha vuelto el atletismo al verano. Iba a ir mañana a Arteixo-A Coruña a buscar a mi madre, pero al final, por un enfriamiento y otras cosas incómodas, he decidido dejarlo para la semana que viene. Tenía mucho trabajo para el fin de semana, pero así he podido aplazarlo suavemente: estoy preparando un artículo sobre Ricardo del Arco y la fotografía para el lunes.

 

Me he tomado un instante de relax y me asomé a la Golden League de Roma: he visto fallar en Yelena Isinbayeva en 4.95, he visto fallar a Irving Saladino (campeón del mundo y campeón olímpico) ante Dwight Phillips, un clásico, en una bonita prueba de salto de longitud (por ahora no hay recambio de Carl Lewis, Mike Powell e Iván Pedroso), y me he quedado con una preciosa carrera de 400 metros, donde Sanya Richards, probablemente una de las mejores corredoras de la categoría (lleva 36 carreras invicta en esas pruebas de la Golden League), venció a Allyson Felix, desconocida como en Pekín, y a la esperanzadora Libania Grenot, una espectacular italiana, por ahora más hermosa que buena atleta. Al menos, hoy, se desfondó. Los últimos cien metros de Sanya fueron realmente preciosos: parecían un huracán o la hermana mayor de Usain Bolt.

 

En 1500, Higuero y Casado estuvieron bien, entre el sexto y el décimo, y Mayte Martínez volvió por sus fueros: pareció que iba a ganar en 800, pero al final quedó tercera. Los comentaristas recordaron una y otra vez que no estaban las seis mejores del mundo: con todo, Mayte es una maravillosa competidora que se ha resucitado a sí misma, tras diversas lesiones. Posee un gran sentido competitivo, se coloca estupendamente, y en ejecuta unos últimos 50 metros estupendos. La carrera de 800 es, por lo regular, bellísima.

ENRIQUE CEBRIÁN ESCRIBE DE ARAGÓN Y EL MAR

ENRIQUE CEBRIÁN ESCRIBE DE ARAGÓN Y EL MAR

LLAMPUGA

 

 

A Íñigo Linares y Jordi Calvís

 

 

Por Enrique CEBRIÁN

Ahora que lo veo con sus velas abiertas sobre el Mediterráneo, frente a las costas de Sirualas, y recuerdo que hace poco su quilla cortaba las aguas frías del pantano de Búbal, no puedo evitar pensar en ese viaje, desde Aragón al mar, y en todas las historias y deseos, en todos los poetas, que imaginaron ese sueño antes de que el Llampuga lo hiciese, a su manera, realidad.

Siempre me ha parecido fascinante la relación de Aragón, especialmente de Zaragoza, con el mar. Es el relato del abandonado que nunca superó la huida de la amada. O quizás sea más, quizás sea el delirio tormentoso de quien llora la pérdida de lo que nunca tuvo. Puede que hace millones de años hubiera el mar en este páramo, puede que la última gota dejara, antes de secarse para siempre, un aroma perpetuo, una nostalgia eterna a cuyo dictado, como una maldición bíblica, hubiéramos de someternos todos aquellos a los que el azar nos trajera a nacer o a vivir en esta tierra.

Javier Delgado, en su espléndido poemario Zaragoza Marina (Colección “Poemas”, Zaragoza, 1982), adopta esa óptica del abandono: aquí es una femenina Zaragoza la que se queda sola después de la visita de su amante marino. Sus versos iniciales son adelanto de una catástrofe disfrazada de belleza: “No conoces el mar / (los libros dicen que sube la marea / dos veces cada día) / ni conoces la tarde enfebrecida / de gritos de gaviotas. / Confundirías el ruido de las olas: / no sabrías oír de cada una / un retazo distinto de tu historia. / No naciste para traducir / el canto de las caracolas”. Hace poco reaparecía este raro pero famoso libro en una magnífica edición verdaderamente recomendable, con ilustraciones de Jorge Gay y prólogo de Mainer (Prames, Zaragoza, 2005).

Ha de admitirse que no deja de resultar curioso que estos secarrales hayan parido a hombres como el científico Martín Cortés de Albacar, natural de Bujaraloz, autor en el siglo XVI de un Arte de navegar que fue libro de texto en toda Europa y que conoció numerosas ediciones; o como Pedro Porter y Casanate, marino nacido en Zaragoza en el siglo XVII y que fue explorador de California y gobernador de Chile; u Odón de Buen, a propósito del cual hemos de confesar que hace falta echarle imaginación para creerse que al hijo del sastre de Zuera le dé por convertirse, a finales del siglo XIX y principios del XX, en el padre de la oceanografía española. Un contemporáneo de Porter, el cronista real y cronista de la Corona de Aragón Diego José Dormer, afirmaba en sus Discursos histórico-políticos de 1684 (y no era el único en sostener ideas como ésta) que sería oportuno para Aragón el tener un puerto de mar: Vinaroz, Benicarló, Los Alfaques o hasta Pasajes eran algunas de las posibilidades que Dormer mencionaba. Lo cuenta José Luis Melero en Los libros de la Guerra (Rolde de Estudios Aragoneses, Zaragoza, 2006). Y en el mismo lugar se recuerda cómo en algunas obras literarias y en ciertas solicitudes de ayuntamientos en los años treinta se pedía una salida al mar para Aragón, o para Zaragoza concretamente, en pago generalmente –se decía– a la fidelidad de la ciudad al movimiento nacional. Sin necesidad de tener que ser fiel a cosas tan poco merecedoras de tal sentimiento, uno puede observar, paseándose en verano por ciertas localidades costeras, principalmente por Salou-Cambrils, que muy probablemente nos encontremos ya ante un sueño alcanzado.

Si esto último puede todavía no ser compartido por todos (algún escrupuloso purista quedará…), lo que no presenta dudas es que Aragón, en su historia, tuvo mar. Y lo tuvo hasta el punto de hacer afirmar a Roger de Lauria en el siglo XIII que, no ya un barco, sino ni siquiera un pez había en el Mediterráneo que osase moverse por sus aguas sin llevar en la cola las cuatro barras de Aragón. Confieso que desconozco la exactitud del dato, pero hace poco decía Joaquín Carbonell que hasta siete fueron las veces que Aragón tuvo mar. Lo creeremos así, pero, aunque se hubiera equivocado, habrá que perdonar siempre a quien escribió y compuso, allá en los setenta, Me gustaría darte el mar, una hermosísima canción de amor a la tierra y una hermosísima canción de amor sin mayores precisiones, de amor sin más.

Lo de haber tenido mar en el pasado es uno de los asuntos de una divertida entrada en el blog del periodista y escritor Sergio del Molino en la que, tras recordar que el embalse de Mequinenza recibe el excesivo nombre de Mar de Aragón o que al Ebro, a su paso por Zaragoza, le han crecido playas, podemos leer: “No, Aragón no se sacude esa nostalgia. A Aragón le gustaría tener todavía cuarteles de almogávares y un Museo Naval en el paseo de la Independencia”. Del Molino resume muy bien la situación cuando habla de Aragón y su “incurable e infantil nostalgia marinera, absolutamente injustificable, pero encantadora” (http://sergiodelmolino.blogia.com/2006/111001-nostalgia-de-mar.php). Al parisino gusto por las playas fluviales, ha de añadirse la transformación que, en general, han vivido las orillas del Ebro con motivo de la Exposición Internacional de Zaragoza 2008, la cual ha dado pie al número 6 de la revista Aragón en Portada (julio de 2009) a hablar incluso, ahí es nada, de “la costa zaragozana”.

Aparte del caso de Carbonell, hay presencia marina en la música de Héroes del Silencio, de Más Birras, de Ángel Petisme o de Amaral. Y, cómo no, en diversas canciones de José Antonio Labordeta, entre las cuales destaca su Zarajota Blues, tema que ha interpretado y grabado junto a Joaquín Sabina y en el que se recitan unos versos en los que, tras llamar a Zaragoza cosas como “madrastra” y “madre inútil”, le lanza esta pregunta: “Vieja tumba crecida a mis espaldas, / ¿a qué hora abandonas el mundo / para huir con nosotros hacia la hermosa mar / tan dulce y tan lejana?”. Labordeta es asimismo autor de un libro misceláneo, Tierra sin mar (Xordica, Zaragoza, 1995), en el que se dan cita los recuerdos personales y el análisis socio-político de la realidad aragonesa. Labordeta –que vio el mar por primera vez, aguas besadas por el Cabo de Salou, a los veintitrés años desde lo alto del Campamento de Milicias Universitarias de Castillejos– cuenta cómo hasta entonces su mar personal fue la Plaza de Lanuza y el Mercado Central, con su trasiego.

Si seguimos en el ámbito de la literatura, nos viene rápido a la mente el conjunto de poemas de He roto el mar, escrito por Manuel M. Forega (CSIC, Madrid, 1987; 2ª edición corregida y ampliada en Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 1993). Un libro robado a la vida y a los libros, con esa vastedad precisa (valga el oxímoron) que tiene el idioma de este autor.

Y no podemos olvidarnos de Antón Castro y de ese diccionario al revés que es el libro Zaragoza, de la Z a la A (DPZ, Zaragoza, 2003), en el que participa precisamente escribiendo la entrada “Mar” (esto ya de por sí chocante en un libro dedicado a Zaragoza y su provincia) y contando que llegó a la capital de Aragón en su busca; lo cual, viniendo de Galicia, no deja de tener mérito. Sin embargo, el libro en el que definitivamente lleva a cabo su declaración de amor marina es Golpes de mar (Destino, Barcelona, 2006), que toma precisamente su título de una canción de Petisme, y que es considerado por su autor el libro de su vida. En su más reciente Fotografías veladas (Xordica, Zaragoza, 2008) vuelven a aparecer, entre otras, dos de sus pasiones: Zaragoza y el mar.

Podríamos seguir. Probablemente se queden en el tintero que no uso otras muchas referencias. En cualquier caso, estas líneas en ningún momento han pretendido, pese a lo que pudiera parecer, convertirse en un catálogo exhaustivo de la relación de amor-desamor mantenida entre Aragón y Zaragoza y el mar. Creo además recordar ahora que Félix Romeo ya escribió algo parecido en su columna “Las Naturales” de Heraldo Domingo. O quizás lo soñé.

Como digo, esto no es un listado definitivo y exacto. Ni lo pretende tampoco. Se trata tan sólo de recuerdos venidos a mi mente mientras, sentado en la playa de Sirualas, veo a lo lejos navegar al Llampuga. Comienza el verano y es probable que algunos de ustedes, desafiando al secano, al asfalto y a la crisis, se acerquen un instante a la orilla del mar y que lo hagan guiados por la nostalgia de un sueño. Si tienen entonces la suerte de alzar la vista y ver este velero que es un sueño hecho realidad, envíen un saludo a sus tripulantes; ellos, desde el mar, abrirán una lata de cerveza a su salud, brindarán por ustedes y les desearán –como hago yo ahora– un muy feliz verano.

 

*El narrador y poeta Enrique Cebrián me manda este texto sobre Aragón y el mar y los sueños marinos. Me encaja perfectamente en la nueva serie que he abierto, ‘Estampas de verano’, y además le agradezco ese recordatorio de algunos libros míos vinculados con el mar. La fotografía es anónima y norteamericana.

 

 

 

ESTAMPAS DE VERANO / 1

ESTAMPAS DE VERANO / 1



 

 

Inicio aquí una serie de estampas veraniegas, de imágenes de playa y de mar: cuerpos, atmósferas, poemas, sueños. Esta tarde he estado un instante en Antígona y cayó en mis manos un libro, con su propia voz, de Gonzalo Rojas (1917), editado por la Residencia de Estudiantes. No estoy seguro de si estaba este poema, pero me ha gustado, se adapta bien a la serie de lecturas y sugerencias que voy a ir colocando día tras días.

 

RETRATO DE MUJER

Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
con la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.

Te juré no escribirte; por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice  el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que nunca me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.

Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.

No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz de arcángel y una boca de animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela en tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.

Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas como inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí mujer, te dejo tu figura.

*La foto, de 1929, es de George Hoyningen-Huene.

 

 

 

TERESA WILMS MONTS: EVOCACIÓN Y TEXTOS

TERESA WILMS MONTS: EVOCACIÓN Y TEXTOS

TERESA WILMS

 

 

BELZEBUTH

Mi alma, celeste columna de humo, se eleva hacia

la bóveda azul.

Levantados en imploración mis brazos, forman la puerta

de alabastro de un templo.

Mis ojos extáticos, fijos en el misterio, son dos lámparas

de zafiro en cuyo fondo arde el amor divino.

Una sombra pasa eclipsando mi oración, es una sombra

de oro empenachado de llamas alocadas.

Sombra hermosa que sonríe oblicua, acariciando los sedosos

bucles de larga cabellera luminosa.

Es una sombra que mira con un mirar de abismo,

en cuyo borde se abren flores rojas de pecado.

Se llama Belzebuth, me lo ha susurrado en la cavidad

de la oreja, produciéndome calor y frío.

Se han helado mis labios.

Mi corazón se ha vuelto rojo de rubí y un ardor de fragua

me quema el pecho.

Belzebuth. Ha pasado Belzebuth, desviando mi oración

azul hacia la negrura aterciopelada de su alma rebelde.

Los pilares de mis brazos se han vuelto humanos, pierden

su forma vertical, extendiéndose con temblores de pasión.

Las lámparas de mis ojos destellan fulgores verdes encendidos

de amor, culpables y queriendo ofrecerse a Dios; siguen

ansiosos la sombra de oro envuelta en el torbellino refulgente

de fuego eterno.

Belzebuth, arcángel del mal, por qué turbar el alma

que se torna a Dios, el alma que había olvidado las fantásticas

bellezas del pecado original.

Belzebuth, mi novio, mi perdición...

 

FRAGMENTOS DE SU DIARIO

 

Madrid (enero 1920)

¡Me muero! Al decirlo no experimento emoción alguna, por el contrario, me inclino curiosamente a contemplar el hecho como si se tratase de un desconocido.

Si tuviera la capacidad de estudiar el fenómeno, podría asegurar que es mi conciencia la que ha desaparecido debilitando mis sensaciones corporales, hasta hacerme creer que el cuerpo sólo vive por recuerdo.

No hay médico en el mundo que diagnostique mi mal; histeria, dicen unos, otros hiperestesia. Palabras, palabras, ellas abundan en la ciencia.

Al escribir estas páginas una fuerza sobrenatural me ordena que imprima en ellas un nombre. ¡No, no lo diré, me da miedo!
Cuando aparece este nombre en mi círculo nebuloso, se levantan mis manos con lentitud profética y fulguran bajo la noche con estremecimientos sagrados.

¿Me muero estando ya muerta, o será mi vida muerte eterna...?

Madrid


Extraño mal que me roe, sin herir el cuerpo va cavando subterráneos en el interior con garras imperceptibles y suaves.
¡Me muero!

París

Quiero reposar en la tierra solamente envuelta en una sábana o si es posible en un pedazo de tierra de la fosa común...
Dejo a mis hijas Elisa y Sylvia todas mis buenas intenciones, es lo único que poseo y mi único tesoro.

*Los textos de Teresa Wilms, así como la foto de la poeta, recostada, aparecieron en ‘Teresa Wilms Mont. Un canto de libertad’ y ‘Libro del camino’, obras completas que de esta autora que preparó para Grijalbo y Randon House Mondadori, 1993 a 2009, la estudiosa Ruth González-Vergara. Amablemente me escribe y recuerda este detalle. Gracias.  Estos textos aparecen en otro lugar del blog, sin esta referencia que pongo aquí con sumo gusto.

ANTONIO ALTARRIBA PUBLICA 'EL ARTE DE VOLAR'

ANTONIO ALTARRIBA PUBLICA 'EL ARTE DE VOLAR'

Kim ilustra una novela gráfica que recorre el convulso siglo XX, desde la dictadura de Primo de Rivera hasta la Transición, pasando por la Guerra Civil, el exilio, el nazismo y la amarga posguerra

 Antonio Altarriba (Zaragoza, 1952) es escritor, guionista de proyectos fotográficos con su compañera Pilar Albajar, autor de ‘La España del tebeo’ (2001), y un gran estudioso de Tintín y su mundo, como demostró en ‘Tintín y el loto rosa’ (Edicions del Ponent, 2007), que despertó más de alguna polémica por atreverse a iniciar al héroe de Hergé en el sexo. Ha colaborado en numerosas ocasiones con dibujantes, artistas e ilustradores, entre ellos Luis Royo. Hace unos días, en Edicions del Ponent aparecía la novela gráfica ‘El arte de volar’, ilustrada por Kim, donde Antonio Altarriba narra la historia de su padre, que decidió suicidarse a los 90 años. Antes de tomar esa decisión, que había aplazado en varias ocasiones, redactó “un fajo de cuartillas de sus memorias”; abatido por una depresión, llegó a pedirle a su hijo que lo ayudase a morir. Dice el escritor y guionista: “La depresión no es consecuencia de la enajenación sino de una lucidez trágica. Llega un momento en que la muerte es la única solución, el único alivio. Entendía que mi padre quisiera suicidarse y me pesa enormemente no haberle ayudado”.

Antonio Altarriba padre pertenecía a una generación que “vivió los vaivenes del agitado siglo XX”. Fue niño y adolescente con la dictadura de Primo de Rivera, joven con la II República, escapó en un principio de la Guerra Civil y acabó incorporándose al ejército republicano, conoció y padeció el exilio y la Segunda Guerra Mundial, su madurez coincidió con el franquismo y su vejez con la democracia. Antonio lo define “como un idealista, un entusiasta de espíritu optimista y alegre que cantaba muy bien las jotas”. Después de la Segunda Guerra Mundial logró regresar a Zaragoza, donde la vida tampoco le sonrió.

Con esta peripecia, las memorias y los recuerdos que su padre le contaba, Antonio Altarriba escribió el guión de su cómic, de la novela gráfica ‘El arte de volar’, que ya ha recibido numerosos elogios. El libro narra el acto fatal del anciano, que se encontraba en una residencia de Lardero, y luego se organiza como un largo ‘flash back’. Antonio Altarriba y Kim siguen su vida, y añaden alguna que otra fabulación: imaginan sus primeros amores, recrean incluso algún detalle sexual posterior en Francia, con la joven Madeleine, y en España con Concha, que tramaba una venganza contra su rico marido, y se permiten la licencia de hacerlo participar en la batalla de Teruel y en la de Belchite. “Mi padre –dice Antonio- no estuvo en ninguno de los dos sitios, he incluido ese detalle para dar una visión más completa de cómo se desarrolló la guerra. Sí se jugó la vida pasándose al bando republicano y sí estuvo en la batalla del Ebro”. El hombre que puso fin a su existencia solía recordar que los mejores días de su vida fueron los meses que pasó en las colectividades del Bajo Aragón y su estancia en la granja francesa de los Boyer, mientras los nazis arrasaban Europa. Antonio asume, en ese largo ‘flash back’, la voz de su padre que parece recordar su existencia mientras cae al vacío. Esa es una de las metáforas del conjunto, y de ahí nace el título.

Antonio Altarriba, catedrático de literatura francesa en la Universidad del País Vasco, elogia el trabajo del dibujante Kim. Define su obra como “expresiva, plástica y muy documentada. Para mí es una de los grandes dibujantes del cómic español y en ‘El arte de volar’ lo demuestra plenamente”. El libro tiene muchos momentos enternecedores: Antonio Altarriba padre nació en Peñaflor, quería hacerse conductor de coches y allí empezó a fraguarse su derrota: embrujado por un Hispano Suiza, vio como su mejor amigo lo ponía en marcha y se estrellaba. Quizá nunca pudiera olvidar aquella desgracia y allí empezaba una compleja relación de amor y odio con su villa natal. Todo ello está admirablemente narrado, sin complejos y con gran amenidad, en un libro que se lee como una novela, como una autobiografía y como una mirada hacia el convulso siglo XX.

*Portada del volumen que ha editado Edicions de Ponent, que dirige Paco Camarasa.