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Antón Castro

PEPE MELERO CUMPLIÓ AYER 52 AÑOS

PEPE MELERO CUMPLIÓ AYER 52 AÑOS

Me llama Pepe Melero, escritor y bibliófilo, esta mañana y me dice que he sido el único de sus amigos que no lo llamó ayer para felicitarlo por sus 52 años. Tenía razón. Ayer comí con Gonzalo de Diego y hablamos de muchas cosas, de su amistad con Henri Cartier-Bresson y Martine Franck, recordamos al Real Zaragoza y la exposición del 75 aniversario, pues ni por ésas caí. Por la noche, entrené con media docena de juveniles de Garrapinillos, y mientras ellos se duchaban quedó al campo iluminado y a solas, cerca del cementerio, parecía un gran estadio, un campo sobrenatural bajo la noche tamizada de luces, de estrellas y de un aire misterioso. También pensé en Pepe: me dije, con un libro en la mano y una pequeña monografía del teatro breve en Aragón, que él diría qué tío más friqui en el fútbol. Pepe vivió, cuando alcanzó los 50, uno de los aniversarios más bellos que conozco: en el estudio de Ana Bendicho, recibió una maravillosa e inolvidable sorpresa, preparada por su gran amiga Genoveva Crespo, por su mujer Yolanda y por Ana y su tertulia de mujeres.

 

Pepe Melero es el directivo / consejero más querido por los aficionados. Siempre acude allá donde lo llaman, siempre enciende con su pasión el graderío, la autoestima, cualquier velada en cualquier pueblo de Aragón: es un zaragocista indesmayable y a carta cabal, el zaragocista inagotable. Quizá no sea el zaragocista perfecto y sufridor: en las grandes ocasiones, por lo regular, se suele meter en el cine con el vano de deseo de olvidarse de que se está jugando otra perla de sus sueños. Su corazón en asuntos de fútbol yde títulos es un poco frágil. Pese a todo, conozco a pocos como él.

 

Ayer había una reunión de peñistas en Tauste, y Pepe acudió. Como era un día tan especial, le pidió a su mujer Yolanda Polo que lo acompañase. Y Pepe fue recibido con un emotivo ‘Cumpleaños feliz’ y con aplausos de felicidad, como si el Real Zaragoza ya estuviese en Primera. Alberto Belsué y Xavi Aguado y Arnaldo Félix, entre otros, habían ejercido de padrinos del aniversario y de informantes. Pepe, que siempre tiene esos destellos (hace unos días deslumbró en el CPS con su sabiduría, su ingenio y su conocimiento de las vidas ocultas en una charla sobre bibliofilia, que narró Víctor Juan Borroy, probablemente su amigo más cómplice e incondicional), sacó un  libro sobre Tauste del siglo XIX y leyó que lo comparaban con París o Londres, que era tan importante como esas ciudades. La gente estuvo a punto de hacerle la ola y de sacarlo a hombros, como a José Tomás o a Raúl Aranda en sus mejores días.

 

El consejero de peñas del Real Zaragoza había vuelto a triunfar. Y esta misma mañana, José Domingo Dueñas lo llamó para felicitarlo por su estupendo artículo de ‘Viajes a Rusia III’, que publica en ‘Artes & Letras’ de HERALDO. Xordica publicará pronto un libro con la materia de su sección ‘Fábulas con libro’. Eso sí, a Pepe la foto de Manuel Álvarez Bravo le pareció un poco atrevida. Bella pero un poco atrevida. En el fondo, quizá lamente no tenerla en su magnífica colección de obras de arte.

 

Querido Pepe Melero: por si te asomases por aquí, felicidades con un día de retraso.

[En esta foto que pertenece a los archivos de Mariano Gistaín y José Antonio Labordeta, Pepe Melero está con otro de sus mejores amigos y de sus ídolos desde la adolescencia: Labordeta.]

LABORDETA, NART, 'TURIA': HOY EN BORRADORES

El programa Borradores emite esta noche, hacia las 0.30, un reportaje sobre el libro ‘José Antonio Labodeta: creación, compromiso, memoria’, publicado por Rolde y la SGAE. Ofrece un amplio álbum de fotos, imágenes del homenaje que recibió hace algunos días en el Teatro Principal, las obras de arte que le han dedicado artistas como Lasala, Cano, Cerdá, Fortún, Abraín, Gaya o Ibarrola, entre otros. También se ofrecen declaraciones y valoraciones sobre el escritor, político y cantautor de Javier Aguirre, coordinador del volumen, José Luis Borau, Eugenio Monesma y Félix Romeo.

Borradores emite otra pieza con el escritor y viajero Javier Nart, donde explica su último proyecto: el documental sobre ‘Mina: sueños de libertad’, que estrenaba el pasado martes Aragón Televisión y que narra la peripecia del guerrillero navarro que combatió en Los Sitios de Zaragoza y que fue ejecutado luchando por la libertad de México en 1817.

Además, Borradores conversa en Teruel con la joven poeta y traductora Raquel Lanseros, que habla de los temas de su poesía y de la pasión por las lenguas del mundo. El editor Juan Cerezo, de Tusquets, recomienda algunos libros, entre ellos ‘Todos los cuentos’ de Cristina Fernández Cubas.

 

Acuden al plató Raúl Carlos Maícas, codirector de la revista turolense ‘Turia’, que celebra sus primeros 25 años con un dossier sobre Luis Buñuel. Maícas habla por extenso de la fundación de la revista, del apoyo que le dio desde sus inicios Pablo Serrano, de los monográficos y de su compromiso permanente con Teruel.

 

El joven Manuel Castelló, autor de ‘Náufragos sin mar’ (Nostrum) habla de su primera novela, distinguida con el premio ‘Voces de Chamamé’. Castelló narra la historia de tres jóvenes, que pertenecen al barrio Oliver, que están presos en la antigua cárcel de Torrero en los años 80. Desde la prisión, el joven Víctor recompone su existencia, su vida familiar, el círculo de amistades perniciosas, la belleza de la peligrosa Cheli, etc.

 

El grupo de funk y música electrónica Loner interpreta dos canciones de su última propuesta. La banda está formada por Juan Ignacio Montechia (bajo), Diego Gaudini (batería), Pablo Ballesteros (percusión) y Javier Pérez (solista y voz).

Borradores sortea dos ejemplares del libro de José Antonio Labordeta, cedidos gentilmente por Rolde, y hace públicos los nombres de los ganadores del volumen Zaragoza. La ciudad sumergida (Onagro) de Eduardo Laborda.

[Foto de campo de Raquel Lanseros. La he tomado de este dominio: www.vegamediapress.es]

TÚA BLESA: MAÑANA GRAN CONCIERTO

TÚA BLESA: MAÑANA GRAN CONCIERTO

El mejor plan para la noche del viernes, 19 de diciembre:

 

Actuación del punktedrático

Túa Blesa

que se transformará junto al grupo GASCOIGNE

en

DOCTOR TÚA Y LOS GRADUADOS

¡Contra todo!

 

A las 22,30 h. en el Centro Cívico Delicias

Actuarán también DON NADIE, DANIEL RABANAQUE Y ZOMBRA con "Vendería mi billete interestelar"

DJ BARBARELLA

 

Entrada destinada íntegramente

al Proyecto "ZARAGOZA REBELDE", 10 €

CHEMA LERA DESCRIBE Y PINTA LAS SIRENAS DE ARAGÓN

CHEMA LERA DESCRIBE Y PINTA LAS SIRENAS DE ARAGÓN

LAS SIRENAS DE ARAGÓN

 

Más allá de la tierra firme, donde los ríos se convierten en mares sin orillas, habitan sus profundas moradas las sirenas.

A veces los marinos llegan a verlas encaramadas en rocas y atolones, salpicadas de espuma por las olas. Y quienes las ven, quedan prendados de sus rostros hermosos de mujer y largas cabelleras, donde se enredan estrellas y caracolas.

No ocultan sus bellos pechos, cimbrean sobre sus cinturas femeninas, mientras el agua humedece sus encantos.

La otra mitad de sus cuerpos refulge cubierta de brillantes escamas: en lugar de pubis y piernas, las sirenas lucen con orgullo su flexible cola de pez… o sus dos colas.

Hace muchísimo tiempo, en la era de los dioses griegos, el anciano del Mar, Nereo, hijo de Pontos, y Doris, hija del Océano, tuvieron cincuenta hijas que poblaron el mar Mediterráneo cabalgando sobre delfines y caballitos de mar.

Las llamaban Nereidas en honor a su padre, y sus preciosos cantos alegraban la soledad de los seres marinos. Sirenas fueron también las tres mil Oceánides, muchas de las cuales abandonaron las profundidades para proteger fuentes, ríos, lagunas y, por qué no, ibones pirenaicos.

Cuentan que las Nereidas ayudaban siempre a los marineros perdidos, no como sus parientes las malvadas sirenas con forma de mujer-pájaro. Agradecidas las familias de pescadores, en lo alto de los acantilados, en las orillas arenosas, en oquedades de arrecifes, construían altares para las sirenas.

Les ofrendaban junto con sus plegarias, leche, aceite y miel, sagrados néctares que se repiten en cultos a los seres mágicos en todo lugar y tiempo.

He visto sirenas peces encaramadas a los capiteles de templos románicos aragoneses, muy lejos de los mares actuales, como reliquias de eras inmemoriales en las que sólo los Pirineos sobresalían de las aguas primitivas. Las sirenas de las iglesias cristianas son representaciones de mujeres malvadas: con sus dulces cantos, con sus tentadoras artes, atraen sin remedio al navegante, que se hunde en el mar del deseo y el placer. Mas son tan bellas… oportunidades del maestro cantero para jugar con la imaginación, para tallar dulces rostros de ojos grandes, simpáticas caritas de niñas,

dibujos animados de sueños húmedos, de profundas aguas…

En la iglesia de Santa María de Uncastillo aletea curvada su cola una sirena. Emparejada a su predecesora en el tiempo, la sirena ave, luce una melena que se mece con las corrientes marinas, muy parecida a la melena de la sirena ave. En su regazo, una flor. ¿Su presente para aquel que va a sucumbir, para el alma que va a arrebatar? Porque no nos dejemos engañar por su aparente cándida belleza. La sirena pez es terrible.

Canta con melodiosa voz, acompañada –dicen antiguos escritos– por el arpa o por la trompeta, o por otros instrumentos que, la verdad, nunca hemos llegado a ver representados en sus manos. El marinero que es el alma, queda presa del encantamiento, y duerme, abandonando la nave, su cuerpo. Sólo algunos voluntariosos, para vencer el hechizo, se tapan sus oídos con cera como hicieron los compañeros de Ulises. Personajes de piedra con las manos en las orejas pueblan los capiteles aragoneses, no es necesario esculpir la sirena de quien proceden los cantos, sólo imaginarlos, sólo imaginarla.

A veces, la sirena sujeta un pez con cada una de sus manos, como la que aparece en un capitel del claustro de San Pedro el Viejo de Huesca, quizá simbolizando la codicia o tal vez remarcando la lujuria mediante los símbolos fálicos. Está siendo atacada por el centauro, como ya vimos en su momento.

Una variante de esta imagen la hallamos oculta en un elevado capitel de la iglesia de San Pedro del Castillo de Loarre, pero no distinguimos arqueros cerca. Sujeta también dos peces, uno por la cabeza, otro por la cola, y aún aparece un tercero bajo ella. La composición me recuerda, un poco forzadamente, un triskele, una loa al número tres, pero, ¿la Santísima Trinidad en torno a una imagen de la tentación y del pecado? Puesto a imaginar, hasta el peinado en trenzas podría significar algo más que un derroche de

elegancia, belleza y maestría en la talla de la piedra.

Existen sirenas con dos colas, como existen palabras de doble significado y dobleces en algunas intenciones. ¿Querrían los prelados católicos medievales ejemplificar así su torticera visión de la mujer como personificación del engaño?

Dicen los expertos que la asociación de la mujer y del pez tiene que ver con el sexo. Las imágenes de la sirena sujetando con sus manos los extremos de sus dos colas podría venir a corroborar ese significado. Realmente, al exponer de esa manera el lugar de su cuerpo en el que una mujer dispondría de su sexo, el cantero medieval consigue dotar a su obra de toda la carga erótica que desea, sin caer por el contrario en una muestra explícita, más o menos pornográfica.

En un capitel del interior de la iglesia templaria de Chalamera, la dualidad de la cola de pez se muestra a las claras, dos colas para una sirena, recordándonos aunque no queramos, a aquellos dos jinetes templarios sobre un solo caballo.

Pero la habilidad –o la ingenuidad– del cantero, en este caso, a pesar de que la mayoría de las escenas de esta iglesia se resuelven con una absoluta simpleza de formas, ha conseguido que las curvas de las colas se asemejen a las rodillas de las piernas.

Sirenas que simbolizan el no va más de la tentación sexual, algunas de ellas talladas casi de manera esquemática. Debía de ser una imagen tan conocida que no era necesaria la representación figurativa. Fijémonos, si no, en la sirena de San Miguel de Liso, en Fuencalderas. Más que colas de pez, parecen rollizas piernas terminadas en flores, sólo piernas y un rostro, una cara que asoma entre ellas, dispuesta a cantar, a encantar, a atraer mostrando sus encantos ocultos.

De las viejas historias de sirenas tomaron las leyendas aragonesas no tanto la forma de pez, sino sus largos cabellos, peinados una vez y otra con peines de oro. Peines que posiblemente no fueran tales al principio, sino más bien plectros para tañer la lira que portarían las cantoras sirenas.

Pero era más poético el peine, las púas que una y otra vez acarician aquello que otorga la belleza: el cabello suelto de las doncellas. Sí, sólo la melena suelta era adorno de la moza medieval sin compromiso, e incluso signo de mujer alegre.

Si había que representar una mujer digna, bien casada, una dueña, entonces había que hacerlo con toca. Por eso las sirenas y en general, todas las mujeres de agua, las mulleres d’augua, ensueños de amores imposibles, lucen en las historias y los cuentos, sus largos cabellos húmedos que peinan al sol.

Largos, larguísimos son los cabellos de la sirena de Jabaloyas. En su mano diestra, un espejo circular, y en su siniestra, el peine, lo que nos indica que era zurda, cosa que no es baladí: los instrumentos musicales prohibidos durante algunos siglos se tocaban con esa mano "impura", la misma que utilizaban las bruxas para sus prácticas oscuras.

Las moras y las fadas aragonesas, como sirenas, peinan sus cabellos al lado de ríos y barrancos, ibones y fuentes. A veces utilizan aceite de enebro como las fadas de la Boca del Infierno, a veces tienen peines de oro, como la Mora del Forato de Aquilué o de púas de cristal, como el de la Filadera de Riglos. Algunas, la Mora de Rasal por ejemplo, se hacen cuidar el pelo por peinadoras como la Biella de Casa Petrico.

Como las antiguas sirenas, en fin, las fadas d’os Ibons de Puerto o la del Ibón de Estanés seducen y atraen al caminante soñador que termina habitando para siempre en el misterio del fondo ignoto de los lagos del Pirineo.

*Este texto está ilustrado con varios dibujos de Sirenas, y es uno de los 22 que integran el Bestiario ilustrado de Aragón de Chema Lera, escritor, ilustrador y presentador del ‘Aragón Misterioso’ de Aragón Televisión. El volumen aparecerá en breve, editado por Prames. No puedo colgar aquí las sirenas, pero cuelgo otra ilustración de Chema Lera.

INESPERADO ADIÓS A FRANCISCO CASAVELLA

INESPERADO ADIÓS A FRANCISCO CASAVELLA

Ni era amigo ni creo que haya sido un buen lector de Francisco Casavella. Creo que no coincidimos apenas. No forma parte, no sé por qué, de los muchísimos autores que haya entrevistado; sin embargo sí pertenecía a los que respetaba. Sabía de él menos que lo justo, había leído algunas de sus novelas, me interesaba su mundo, su pasión por el horizonte del barrio y de esos seres más bien marginales, un tanto friquis, en la línea de algunas criaturas de Marsé y de Antoni Soler, y me atraía su desdén por la sociedad literaria y su afición al cine, al cómic, a la música y a la literatura de Inglaterra y Estados Unidos. Esta mañana, en el bar Juliqui, cuando me enteré de su muerte me quedé un tanto estupefacto. Me dio una infinita pena: leí los artículos de Javier Calvo, ‘El último salvaje’, los de Matías Néspolo y Silvia Taulés, en ‘El Mundo’, y el de Ignacio Vidal Folch en ‘El País’. Me impresionó una frase de Javier Calvo: “Siempre fue pobre. Odiaba hablar en público”. Me impresionó saber que de cuando en cuando se retiraba, en otoño o en invierno, a esas urbanizaciones de playa a escribir, a esas urbanizaciones que tienen algo de casas fantasmales mientras braman las aguas. Javier Calvo dice: “Adiós, Francis: nunca me he portado tan mal en compañía de nadie como en la tuya, y ya nunca lo volveré a hacer con nadie más”.

 

Copio aquí el artículo de Ignacio Vidal-Folch, en El País, otro escritor a quien no conozco, pero que sigo con mucho gusto.

 

FRANCISCO CASAVELLA, GANADOR

DEL PREMIO NADAL

 

[Un infarto se llevó ayer, a los 45 años, al autor de ‘Lo que sé de los vampiros’]

Francisco Casavella era un espíritu independiente y un hombre libre. Era también un escritor de raza, lleno de talento y ambición, autor de novelas logradas, de larga extensión, la última de las cuales, Lo que sé de los vampiros, magníficamente ambientada en España, Roma, Alemania, Dinamarca y otros países europeos durante el siglo XVIII y con la que daba un sorprendente cambio de registro temático, fue distinguida con el último Premio Nadal. Tenía además un exquisito gusto literario, como saben los lectores de EL PAÍS que durante los últimos años han podido disfrutar de los comentarios y análisis, especialmente sobre literatura anglosajona, que él redactaba con enorme placer, placer que luego el lector compartía. Ayer, Casavella -cuyo verdadero nombre era Francisco García Hortelano- falleció a los 45 años a causa de un infarto en Barcelona.

Su compromiso con la escritura le llevaba a retirarse y permanecer recluido durante largas temporadas en uno de esos pueblos de veraneo, llenos de bloques de apartamentos, que durante el resto del año -precisamente cuando allí se instalaba Casavella con su ordenador y su manuscrito- se vacían y se convierten en pueblos fantasmales.

Pero, periódicamente, pasaba algunos días en Barcelona. Entonces sus amigos disfrutaban de su agudo sentido del humor, de su espíritu crítico agudo pero sin acidez, de su enorme y cabal humanidad, de una forma de ser alérgica a todas las bajezas de la vida social, que le producían una especie de aversión natural, y de su conversación, en la que sin alardes ni pretensiones brillaba con un ingenio rapidísimo, impostadamente canalla, y sólo cuando le preguntabas desplegaba sus conocimientos sobre literatura, música popular y cine, que eran mucho más vastos y profundos de lo que pudieran creer los que no le preguntaban. Pero esos lapsos barceloneses se espaciaban cada día más y Casavella se dejaba ver cada vez menos.

Su irrupción en la literatura fue deslumbrante, con una novela, El triunfo, de 1990, ambientada en el Paralelo barcelonés y las calles contiguas que por un lado suben la ladera de Montjuich y por otro llevan al barrio chino, ahora llamado El Raval. En sus páginas recreaba la vida del barrio, la música rumbera de los gitanos barceloneses, las ambiciones de promoción y de una vida mejor de los jóvenes y marginales protagonistas, el más conmovedor de los cuales, parecido a un personaje de Calvino pero empujado por una fatal misión hamletiana, vivía en los tejados de esas callejas tortuosas.

El ritmo veloz y magistralmente sostenido del relato, el fino tejido lingüístico y el suspense policial de la trama llamaron la atención de varios productores cinematográficos, pero la película no se llegó a filmar hasta muy recientemente. A partir de entonces Casavella colaboró durante varios años con varios cineastas españoles, surtiéndoles de guiones, el más conocido de los cuales fue el de Antártida, una road movie que empieza en Barcelona, cruza España y termina en Galicia, la región de la que procedía la familia y el padre de Casavella, maestro de escuela también recientemente fallecido.

Sin embargo, le apartaron del cine las exigencias de redacción de El día del Watusi, fresco colosal de la historia reciente de España compuesta por Los juegos feroces, Viento y joyas y El idioma imposible, narrada sobre la peripecia de la vida de Fernando Atienza, un advenedizo en el mundo de los negocios y la política. Dotada de una compleja y brillante estructura formal, de mil peripecias y de algunos pasajes de una comicidad inolvidable, El día del Watusi vino a confirmar su talento y ha sido traducida a las lenguas europeas más importantes. Entre El triunfo y El día del Watusi, Casavella publicó otras dos novelas: Quédate -ambientada en el mundo de la música pop y con vetas humorísticas y experimentales- y Un enano español se suicida en Las Vegas, otra historia del barrio chino, en el que dos hermanos, el uno más inclinado que el otro a la mala vida y a la deslealtad, cruzan sus destinos. Recientemente se ha publicado también El secreto de las fiestas, reescritura de una deliciosa novela que le fue encargada para un público infantil.

Es una gran lástima que se haya muerto tan pronto un escritor tan bueno y ejemplar, y un hombre tan digno. Yo le echaré mucho de menos.

*Esta estupenda foto es de Carmen Secanella y pertenece al diario El País.

 

'VOLVER A CASA', PREMIO MIGUEL LABORDETA DE POESÍA

'VOLVER A CASA', PREMIO MIGUEL LABORDETA DE POESÍA

El Departamento de Educación, Cultura y Deporte ha dado a conocer el fallo de la convocatoria de tres premios: el Miguel Labordeta, el Guillem Niocolau y el Arnal Cavero.

 

El primero de ellos, de periodicidad anual, ha tenido un gran éxito de convocatoria, siendo más de 100 los proyectos que han querido alzarse con él. Este premio reconoce la obra literaria en castellano en género de poesía y tiene una dotación económica de 6.000 euros. Los miembros del jurado han dado a conocer la obra ganadora: se trata de Volver a casa del autor Francisco García Marquina.

 

En el segundo de los casos, el premio Guillem Nicolau, con una dotación de 3.000 euros, ha recaído en  la obra D’un sol Esclop, del autor Juli Micolau i Burges. Este premio  reconoce creaciones literarias en cualquier género (narrativa, poesía, teatro, ensayo, traducción, etc.) escrita en cualquiera de las variantes del catalán hablado en Aragón, tanto de autor aragonés como relacionado con la Comunidad.

 

El tercero de los premios fallados es el Arnal Cavero, dotado también con 3.000 euros. Estos galardones, convocados por la dirección general de Cultura del Gobierno de Aragón, premian obras de creación literaria en géneros como la narrativa, el ensayo o el teatro, entre otros, escritas en cualquiera de las variantes del aragonés. En este caso el premio ha sido para la obra En l’altro canto d’a güega, del autor Rubén Ramos Antón. [Rubén Ramos trabaja en el gabinete de prensa del Real Zaragoza.]

 

*Nota del Gabinete de Comunicación del Gobierno de Aragón. La interpretación al retrato es de José Luis Cano.

 

SONIA LLERA: POEMAS DEL LATIR DE LA TIERRA

Hace algunos años, cuando vivía en Zaragoza y ya empezaba a deambular por el mundo en busca de aventura y de experiencias solidarias con su cámara al hombro, el fotógrafo Rogelio Allepuz le hizo un puñado de fotografías a Sonia Llera para la contraportada de El Periódico de Aragon. Siempre he sido coleccionista de los retratos de Rogelio. Me dijo: “Seguro que te gusta este retrato y aún más el modelo. Tiene un aire indefinible de artista”. Hace algunos meses, Sonia Llera, poeta también, viajera pertinaz, estuvo en Borradores. Traía sus documentales y algunos de sus poemas. Ayer me mandó su nuevo libro: Voces en el espejo (Cerai y Marnilú Ediciones), una colección de fotopoemas que es “la crónica sentimental de un viaje cristalizado en la serie documental Los Latidos de la Tierra que, cámara en mano, recorrió el planeta retratando a los campesinos pobres del mundo”. Añade más adelante, Sonia: “Eran ráfagas de eternidad que secuestraban el tiempo con una voz misteriosa. El de los versos que sólo pueden reflejarse en el espejo. Algunos han dormido soledades infinitas en anaqueles de olvido, esperando que el verbo se hiciera cuerpo. Otros surgieron con el de la luz en la mirada. Sea como fuera, cuerpo y palabra están en este espejo”. Se pueden conocer más detalles del proyecto y de Sonia Llera en www.loslatidosdelatierra.org.

 

Copio algunos poemas:

 

GALIMATÍAS

 

Tiene mil ojos la noche

Mil astros ciegos

Que no pueden mirarte

Y que tú miras.

Mil búhos de Hera

Que anidan

La honda mirada

Del tiempo consumido.

 

En ese túnel de la desaparición

Entre tú y el fulgor,

Persiste la estrella con su luz;

Extinta y ya olvidada,

Que no puede mirarte

Y que tú miras.

 

CONFESIÓN

 

Dice mi madre que nací en gris.

Marzo de invierno

A las cinco menos cuarto en el albero.

Lento hora,

Desapacible río,

Viento y presagio.

¡Qué frágil es el yacer de la amapola!

 

Dice mi madre que nací tarde.

Que no llegué a mi muerte.

Que perdí el reloj de la primavera

En el columpio roto de la escuela.

Había una estatua entre violetas,

Un tirabuzón de niña muerta,

Una fotografía del tiempo

Y una sombra inacababa.

¡Qué frágil es el yacer de la amapola!

*Sonia Llera en Madrid con Ángel Guinda. La foto pertenece a los archivos de la Asociación Conde de Aranda que dirige el infatigable Felicianos LLanas.

CONCHA TABUENCA: FELIZ MEMORIA DE LA CIENCIA

CONCHA TABUENCA: FELIZ MEMORIA DE LA CIENCIA

Hace unos días, en una de las sesiones del Club 33 que coordina Ángel Melero, conocí a Concha Tabuenca, una zaragozana nacida en 1935, que se licenció en Químicas. En realidad iba a hacer Físicas, pero vio que había más mujeres en Químicas, y cambió de especialidad. Hacia 1955 entró a trabajar en el Centro Experimental de Aula Dei, y permaneció allí alrededor de 40 años. Concha Tabuenca no se acuerda muy bien del pasado, pero sí rescata una anécdota entrañable: en la Cartuja de Aula Dei había un fraile que fue reclamado para realizar el servicio militar, y le destinaron a un hospital. Al final, los padres de Concha Tabuenca lo recogieron en su casa porque le resultaba muy incómodo retornar cada día a la Cartuja de Aula Dei; de vez en cuando la madre la pedía que le cuidase a los hijos mientras preparaba la cena. Conchita pasó muchas horas en brazos de aquel hombre afable. Años después, cuando ella ingresó en la Estación Experimental, el monje entró sin apenas resuello y dijo: “¿Dónde está la Conchita?”. Concha Tabuenca no tardaría en sacarse el carné de conducir y en adquirir un ‘dos caballos’. Algún tiempo más tarde publicó un libro de referencia: ‘La influencia del clima en los árboles frutales’, que ha sido el manual de muchos estudiantes e investigadores. En la revista del centro siguió publicando artículos. Viajó por aquí y por allá, habló de los cultivos de las manzanas, de la incompatibilidad entre el patrón y el injerto, y en 1994 se jubiló. Ahora, con dulzura y la ansiedad justa de quien desea aprender más cada día, evoca aquellos días de investigación y de luminosas mañanas en los jardines de Peñaflor.

*Este artículo corresponde a mi serie 'Cuentos de domingo'. La foto es de Harry Callahan y está fechada en 1945. Por supuesto que no es Concha Tabuenca. No entran bien las fotos.