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Antón Castro

CREACIÓN CONTEMPORÁNEA EN EL JARDÍN DE LAS ARTES

CREACIÓN CONTEMPORÁNEA EN EL JARDÍN DE LAS ARTES

[Hace un par de semanas que no voy a la Expo, concretamente desde el jueves 7 de agosto. Tampoco he ido a los conciertos. Siento un poco de nostalgia y también algo de pereza: volveré algunas de estas noches a oír música, a contemplar la nocturna Zaragoza, a asomarme a las terrazas con un helado entre las  manos. Prensa de la Expo envía esta información sobre tres intervenciones artísticas, y la añado aquí, sin tocar ni una coma, a las crónicas de la Expo. Tengo muchas ganas de volver: querría ver los grandes murales de Pepe Cerdá en el hotel Hiberus, no me enteré de la inauguración el pasado 30 de julio, y sin embargo sí vi su ejecución en los bajos del Hotel Palafox: Pepe, acompañado de su asistenta Arantxa, realizó un trabajo naturalista muy medido, de exuberante colorido. Al lado está una de las piezas que más me gustan de la Expo: la escultura de Jaume Plensa, “El alma del Ebro”. Muchas de estas intervenciones y proyectos fueron concebidos por Antonio Latorre, del cual la Expo prescindió ante el estupor general y el suyo propio. Latorre se había dejado la piel y los sueños en esta travesía de 93 días.]

 

EL JARDÍN DE LAS ARTES, UN OASIS PARA

LOS VISITANTES EN EL RECINTO DE EXPO 2008

 

 

En el triángulo formado por el Pabellón Puente, la plaza temática Inspiraciones Acuáticas y la fachada sur del Hotel Hiberus se encuentra el Jardín de las Artes, una zona ajardinada bañada por el río Ebro, ajena al bullicio del recinto, que permite al visitante relajarse, disfrutar, almorzar -ya que también está habilitada como merendero- y contemplar obras de arte. Aquí se han ubicado tres intervenciones artísticas: “La Carreta del Agua”, el “Botijo” y “M7-23”.

 

El director de Operaciones y Contenidos de Expo Zaragoza 2008, Jerónimo Blasco, apuntaba en su presentación esta mañana que este espacio “enlaza naturaleza y arte, una constante en el recinto de la Exposición, en el Parque del Agua y en la recuperación de las riberas del Ebro”. También incidía en que “ofrece un respiro a los visitantes” y es “un auténtico oasis en el recinto”. El Jardín de las Artes dispone de 14 mesas, 8 bancos y 12 sombrillas, además de una amplia zona de césped. En total, ocupa aproximadamente 2 hectáreas.

 

Esta zona ajardinada incorpora tres intervenciones artísticas. La primera, “La Carreta del Agua”, una escultura de bronce de aproximadamente 12 metros de largo, realizada por Joep Van Lieshout, cuyo estudio se ubica en Rotterdam. Representa el esfuerzo humano por conseguir, aprovechar y controlar el agua, recurso único e imprescindible para la vida. La escultura será inundada periódicamente y luchará contra la corriente. Es un homenaje al trabajo colectivo y a la cooperación, fundamento de culturas y civilizaciones. Esta pieza cambiará de ubicación una vez concluida la Exposición Internacional, para trasladarse bajo el puente de la Almozara, en su margen derecha.

 

El Jardín de las Artes también acoge dos piezas cedidas: “Botijo”, realizada por Karla Frechilla especialmente para Expo 2008. En palabras de la artista, esta obra es ecológica, económica, además de ser un elemento tradicional español por excelencia para mantener fresca el agua. De cuatro metros de altura, no deja indiferente a nadie. Karla Frechilla (Madrid 1974) ha expuesto desde 1990 sin parar en Nueva York, Holanda, Italia y España. Su trabajo se ve muy influido por grandes artistas a quienes conoció personalmente, como Oteiza, Pablo Serrano, Canogar, Genovés, Pepe Noja, Pepe Lucas, Nassio Bayarri, Cristóbal Gabarrón o Antonio López.

 

La última pieza es “M7-23”, obra de uno de los escultores más conocidos de Irlanda, Michael Warren, inspirado por el trabajo de la diseñadora y arquitecta irlandesa Eileen Grey y fabricada en España. Se compone de elementos cúbicos, todos ellos diferentes entre sí. Incisiones puntiagudas y cortes de forma rectilínea crean una escultura que parece estar en movimiento, a la vez que las luces y las sombras evocan una sensación de calma y grandeza. Michael Warren ha hecho esculturas a escala grande en Japón, Taiwán, Corea, Arabia Saudí, Marruecos, España, Portugal, Andorra, Francia, Inglaterra, Las Antillas, Estados Unidos, Ecuador y por supuesto en su país, natal, Irlanda.

 

Durante las dos semanas finales de Expo se exhibirán obras de Ermengol. Este artista trabaja con embarcaciones deportivas que transforma en obras de arte llenas de humor e ironía, denominadas “kayart”. 

*Esta es una pieza anterior de Joep Van Lieshout, que se llama Carro o carreta de comida.

 

DOISNEAU, EN LA GRAN FIESTA DE LA FOTO DE TERUEL

DOISNEAU, EN LA GRAN FIESTA DE LA FOTO DE TERUEL

Leo Teo Báguena, fotógrafo y organizador de Teruel Punto Foto, me recuerda que aún se puede ver una veintena de exposiciones de este ciclo pionero en Teruel. Dice Leo: “Esta edición se la dedicamos a Francia, y hay autores españoles y franceses. Es sobre todo fotografía de autor, aunque también hay algo de reportaje y de foto histórica turolense.”


Esta es una de las fotos más famosas de la historia: “El beso” de Robert Doisneau.

DE WALLACE STEGNER A NORA PIERCE

DE WALLACE STEGNER A NORA PIERCE

Buscaba fotos del historiador, novelista y narrador en breve Wallace Stegner (1909-1993), al que Libros del Asteroide, ese proyecto estupendo de Luis Miguel Solano, un gallego con nostalgia de Vigo en Barcelona, le publica en breve su novela En lugar seguro, la historia de dos parejas, un viaje hacia atrás, hacia los recuerdos y los pequeños secretos del amor. Solano suele incluir siempre un prólogo de escritores que admira o afines a su mundo: en esta ocasión es el asturiano Ricardo Menéndez Salmón, autor de novelas breves como La ofensa o Derrumbe, y de algunas cuentos inolvidables.

 

Andaba buscando a Stegner y me encontré con una joven escritora, Nora Pierce, que publicaba en 2007 su primera novela: La insuficiencia de los mapas, una poética narración de sentimientos y emociones que ha aparecido en Simon and Schuster. Nora Pierce es experta en la obra de Wallace Stegner. Casada y madre de un hijo, sale así de clásica en una foto de Ibarionex Perelló. Creo que es de origen indio.

LA ALHAMBRA, VISTA POR ENRIQUE VILLAGRASA

LA ALHAMBRA, VISTA POR ENRIQUE VILLAGRASA

POEMA EN LA ALHAMBRA

 

“-Ninguno más; pues, señor, soy hijo de la Alambra.”

                                                                                W. Irving

 

En el silencio de la mañana

Granada, primaveral y soleada.

La huerta.

Anoche con los ecos de la historia,

estamos aquí para presentar

Las noches azules del alma:

la amistad no deja lugar a dudas.

                                            

Cinco gotas de agua

contienen cinco gotas de luz.

Soy hijo de los ecos de tus voces.

 

¿En qué poesía hemos caído, en qué versos,

en qué poemas en prosa nos perdemos?

¿Ya no podrá la lírica otras tardes

de ribera a ribera atravesar el Mediterráneo?

 

Sé que se va la luz monte arriba,

pero casi a oscuras y en silencio se escribe.

Hastiada ya el alma de tanta espera

ve que no hay rosas en el aire, sí espinas.

Y los cerezos olvidan dar flores en mi pueblo:

rápido envejece el verano

a la orilla del Jiloca.

 

¿Y qué habrá que escribir para que entiendan

los versificadores que no es eso, que no?

¿Cuándo la lírica moverá el mundo,

y los sonetos las fiestas celebrarán?

 

La poesía se muere

y caen al trujal los versos desangrados.

Y en lugar de poemas encontramos

ripios escritos en su raspa.

Tanto dolor para tan pocas lágrimas

en el Sur: fecundo en tradición poética.

 

En el Patio de los Leones, pero quizá

no lloren ya los poetas lágrimas negras.

 

Cinco gotas de agua

contienen cinco gotas de luz.

Soy hijo de los ecos de tus versos.

 

Enrique Villagrasa

*(Jiloca: río que pasa por Burbáguena (Teruel), pueblo del autor rico en cerezas y viñedos). La revista literaria EntreRíos dedica un monográfico al monumento como fuente de inspiración artística, y entre los poemas seleccionados figura éste del poeta turolense afincado en Tarragona. La foto la he tomado de la web de www.granadarustica.com.

 

RENÉ HOUSEMAN: EL GOL DE UN BORRACHO. 1974

RENÉ HOUSEMAN: EL GOL DE UN BORRACHO. 1974

[Me acuerdo perfectamente de la selección argentina del Mundial de Munich: jugaban Carnevali, Wolf, Bargas, Perfumo, Pancho Sa, Roberto Telch, Cacho Heredia, Ratón Ayala, Brindisi, Yazalde (creo), Mario Alberto Kempes y, entre otros, un jovencísimo extremo con alma de mago del dribling, otro artista del gambeteo: René Houseman, el Loco Houseman. Argentina se fue pronto a casa, y cuatro años después ganaría el Mundial. Un Mundial un tanto apañado bajo la larga e indigesta y homicida sombra de Videla y sus generales. Hace un mes, Mario Ornat, el gran cronista del fútbol, de los viajes y de la música, gran cinéfilo, ponía en su blog esta cita del propio Houseman donde narraba el gol de un borracho. Houseman pertenecía a la estirpe de Garrincha, George Best, Johnstone o de Leo Messi, entre otros.]

 

 

"Una tarde me presenté en el estadio para jugar el partido directo desde un cumpleaños de la noche anterior, con por supuesto un estado de ebriedad total. Cuentan que me hicieron duchar como una decena de veces... y tomar varios de litros de café. Jugábamos de local contra River. Entre lo que más o menos recuerdo y lo que me contaron... Cero a cero el partido, cuarenta y un minutos del segundo tiempo: parece que fui a buscar una pelota, proveniente de un pase de Russo…avanzando en diagonal de derecha a izquierda eludí a uno (a Héctor Osvaldo López), la tiré larga entre los dos defensores centrales (uno era Perfumo y el otro Ártico) y cuando desde el arco me salió Fillol en el mano a mano, amagué, lo eludí y la crucé suavemente con la pierna derecha. Modestamente, un golazo. Luego dicen que quedé tirado en el piso riéndome. Tras eso me hice el lesionado, pedí el cambio y me fui directo a dormir a mi casa. Comentan que la gente (ignorando inclusive mi situación de ese momento) me despidió con su tradicional: “Y chupe, chupe, chupe… / No deje de chupar… / El Loco es lo más grande / del fútbol nacional'… ¡Hice un gol borracho!".



René 'el Loco' Houseman, extremo derecha de Huracán y de Argentina, recuerda un partido de 1974.

BLECUA, EL COLECCIONISTA DE CREPÚSCULOS

BLECUA, EL COLECCIONISTA DE CREPÚSCULOS

Hablé ayer por la mañana con Rosendo Tello, que veranea en Gurrea de Gállego. Nos veremos hoy: comeremos juntos con Maribel y Carmen. Rosendo es un poeta de la imaginación, un poeta tocado por el misterio de la luna y la claridad arrolladora del sol. Rosendo Tello es un poeta musical: la música ha marcado su infancia, su juventud y su madurez. Toca el piano. No es que siga una pieza: la recrea, la inventa, la distorsiona. Improvisa. Paladea los sonidos: una vez le regalaron un órgano. De niño, templaba y afinaba las guitarras, las bandurrias y los laúdes del grupo de jota de su padre.

 

Rosendo Tello siempre le tuvo un cariño especial a José Manuel Blecua, aquel sabio de letras y de ritmos que pasaba bellos veranos en Jaca. Blecua era un coleccionista de crepúsculos: en Jaca, salía de paseo en cuanto llegaba el crepúsculo y anotada, o decía de viva voz, los tonos del arrebol, las variaciones del fuego rosado que se expandía en las nubes. Rosendo Tello me dijo que José Manuel Blecua siempre les hacía fotos a los crepúsculos y que tenía cientos y cientos, algunos miles tal vez. Era una de las muchas pasiones de un hombre que hablaba como nadie de los enigmas de la métrica y de los pasadizos, más o menos metafísicos, más o menos amorosos, que habitan los versos de San Juan de la Cruz.

 

Como no podía ser menos, al otro lado del teléfono, Rosendo Tello imitó la voz de Blecua, que también fue un sordo extraordinario. Como Buñuel. Como Francisco de Goya y Lucientes.

*La foto es de Hywel Jones, un auténtico maestro de las luces y las sombras, muy interesado por los toros, capaz de realizar magníficas fotos de pura belleza, de desnudos y de retratos. Cuenta con un asistente español, Joan Torrelles, de Lérida. José Manuel Blecua amaba la belleza femenina...

SARAMAGO CULMINA "EL VIAJE DEL ELEFANTE"

SARAMAGO CULMINA "EL VIAJE DEL ELEFANTE"

[No soy amigo de José Saramago, aunque lo conocí en Zaragoza cuando El Periódico de Aragón iniciaba su andadura. Conversé largo y tendido con él en el Gran Hotel, le hice una entrevista extensa que apareció en El Bosque y un artículo de fondo. En aquella ocasión, con Luis Alegre y Ramón Acín, le hicimos de anfitriones y paseamos por distintos lugares; acababa de publicar El Evangelio según Jesucristo, con la polvareda que había levantado, y paseamos por el entorno de La Seo y el Pilar. Pilar y él se hospedaron en el Gran Hotel; de noche, vino José Antonio Labordeta, al que Pilar, una dinámica y alegre periodista entonces, admiraba mucho. Saramago se retiró pronto, cansado. A la mañana siguiente tenía charlas y conferencias. Recuerdo que entonces preparaba una ópera sobre el personaje de Blimunda: estuvimos en el Museo Camón Aznar, todo le interesaba y se llevó un montón de libros sobre pintores y escultores del siglo XVII. Recuerdo que luego traduje varios textos de O ano de 1993 para la revista Turia, algún tiempo antes que Ángel Pampano hiciera su espléndida versión. Veo que el Nobel portugués acaba de concluir su última novela, y aquí traigo esta crónica que la agencia EFE ha distribuido por un montón de periódicos de todo el mundo.]

 

Crónica de Lola Cintado. EFE. El texto se ha actualizado hoy martes.

José Saramago acaba de terminar su nuevo libro. Se llama "El viaje del elefante" y cuenta una historia real, el viaje épico de un elefante asiático llamado Salomón, que en el siglo XVI viajó de Lisboa a Viena.

"Por muito incongruente que possa parecer..." (Por muy incongruente que pueda parecer...) son las primeras palabras de "El viaje del elefante", una idea que arrastra Saramago desde hace más de diez años, cuando viajó a Austria y por casualidad, entró en un restaurante de Salzburgo llamado "El elefante".

El Premio Nobel de Literatura ha respondido las preguntas de Efe a través del correo electrónico desde su casa de Lanzarote, donde ha terminado su libro, muy recuperado ya de una enfermedad respiratoria que hizo temer por su vida. Más de una vez pensó que no llegaría a terminar esta obra, de alrededor de 240 páginas que llegará en otoño a los lectores de habla española, portuguesa y catalana.

"Este cuento, prefiero llamarlo así mejor que novela, es lo que siempre pensé que debería ser. La enfermedad no ha cambiado nada", escribe Saramago, quien subraya que no quiere dramatizar "la situación del autor frustrado por algo más fuerte que su propia voluntad. Yo escribí mis tres últimos libros en la más deplorable situación de salud, nada propicia para sentimientos de alegría. Prefiero decir: si tienes que escribir, escribirás", agrega, tan severo como siempre. El proceso de escritura se vio irremediablemente interrumpido por su dolencia, y oyéndole relatar sus sensaciones cuando estaba al borde de la muerte muchos recordaron al violonchelista que protagoniza su novela "Intermitencias de la muerte", aunque él cree que la realidad no imitó a la ficción que el mismo había creado.

"’Las intermitencias de la muerte’ es una novela llena de humor e ironía, no recuerdo haber asumido la amenaza que acecha a mi violonchelista. Es cierto que ya estaba enfermo, pero logré levantar una valla entre el yo que escribía y el yo que sufría", recuerda Saramago.

Y es que el escritor portugués no sólo levanta muros entre su literatura y su vida, sino que es capaz de aislarse de todo lo que le rodea, hasta el punto de escribir en su ordenador portátil mientras en el sofá del salón varias personas mantienen una conversación.

El lo cuenta así: "Recuerdo que parte de la novela ’Todos los nombres’ la escribí con obras en casa. Mientras los albañiles hacían su ruidoso trabajo y contaban chistes unos a los otros, yo, en la habitación al lado, separados sólo por un plástico que hacía de puerta, seguía construyendo las peripecias de mi personaje don José. Nunca los mandé callar. Ellos estaban en lo suyo, yo estaba en lo mío".

Según escribe su traductora y esposa, Pilar del Río, en la web de la Fundación José Saramago, "El viaje del elefante" es un libro coral donde entran y salen personajes que figuran en los manuales de historia junto a personajes anónimos, "gente con la que los miembros de la caravana se van cruzando y con la que comparten perplejidades, esfuerzos o la armoniosa alegría de un techo".

Agrega la traductora, que también es presidenta de la Fundación Saramago, que "la compasión solidaria atraviesa la obra, la distingue y la significa". Y la ironía, el sarcasmo y el humor que el escritor emplea "para salvarse a sí mismo y para que el lector pueda penetrar el laberinto de humanidades en conflicto sin tener que abjurar de su condición indagadora de humano y de lector".

Si contiene alguna parábola es algo que han de decir los lectores, aunque sí desvela el autor que en este nuevo libro no hay personajes femeninos de la fuerza y el carácter de la Blimunda de "Memorial del convento" o la mujer del médico de "Ensayo sobre la ceguera".

El punto final a "El viaje del elefante" se lo puso este fin de semana y ahora está "en la resaca", tiempo que aprovecha para leer "Diario de un mal año" de Coetzee, otro Nobel. E inmediatamente antes, mientras escribía lo suyo, leyó "Cuando ya no importe", de Juan Carlos Onetti.

En el blog del escritor (http://blog2.josesaramago.org) se puede leer desde hoy un fragmento de su nueva obra.

 

 

NOTA DE PILAR DEL RÍO

 

Su esposa y traductora, Pilar del Río, sevillana, escribe este texto en portugués en el blog del Premio Nobel de Azinhaga, el autor de libros inolvidables como Memorial del convento o El año de la muerte de Ricardo Reis.

 

 

 

José Saramago terminou um novo livro. Chama-se A viagem do elefante.



Queridas amigas, queridos amigos,


Escrevê-lo não foi um passeio ao campo: Saramago lançou-se a esta tarefa quando estava incubando uma doença que tardou meses a deixar-se identificar e que acabou por manifestar-se com uma virulência tal que nos fez temer pela sua vida. Ele próprio, no hospital, chegou a duvidar que pudesse terminar o livro. Não obstante, sete meses depois, Saramago, restabelecido e com novas energias, pôs o ponto final numa narração que a ele não lhe parece romance, mas conto, o qual descreve a viagem, ao mesmo tempo épica, prosaica e jovial, de um elefante asiático chamado Salomão, que, no século XVI, por alguns caprichos reais e absurdos desígnios teve de percorrer mais de metade da Europa.


A viagem do elefante é um livro coral onde as personagens entram, saem e se renovam de acordo com as peculiares exigências narrativas que o autor se impôs e lhes impôs. O elefante e o seu cornaca têm nome, como outras personagens que figuram nos manuais de história, embora apareçam também pessoas anónimas, gente com quem os membros da caravana se vão cruzando e com quem partilham perplexidades, esforços, ou a harmoniosa alegria de um tecto depois de tantas noites dormidas à intempérie.
Apesar de não se tratar de um livro volumoso, andará pelas 240 páginas, poderemos reconhecer nelas a imaginação de Saramago, a compaixão solidária, esse sentimento que, sendo expressado literariamente, é sobretudo humano. Ele atravessa toda a obra, distingue-a e significa-a. Encontraremos igualmente o humor que o escritor emprega para salvar-se a si mesmo e para que o leitor possa penetrar no labirinto de humanidades em conflito sem ter de abjurar da sua condição indagadora de humano e leitor. Como sempre, encontrar-nos-emos com a ironia, o sarcasmo, a beleza em estado puro, a responsabilidade de escrever, a felicidade de ter escrito.
Saramago oferece-nos um novo livro. Que não é um livro histórico, embora trate de algo que está na história, ou, para ser mais rigoroso, na pequena história, embora intervenham personagens que tiveram vida real e que agora voltam a ter nova ocasião ao pôr-se a conviver com outras procedentes da imaginação do escritor e, todos juntos, habitar as mesmas páginas, ainda que nem sempre as mesmas peripécias. Quando lerdes o livro sabereis a que me refiro. A viagem do elefante está pontuado de acordo com as regras de Saramago, os diálogos intercalam-se na narração, um todo que o leitor tem de organizar de acordo com a sua própria respiração. O leitor, esse ser fundamental que Saramago considera e respeita e a quem continuamente interpela, seja adiantando-lhe consequências de certos actos ou recordando-lhe outros, implicando-o no texto, porque escrever, como ler, não são acções inocentes, são tentativas para forçar a inteligência a ir um pouco mais longe, mais além de Viena, de Valladolid ou de Lisboa, mais além do que éramos ao acordar de manhã e encontrar-nos com mais um dia pela frente.
Queridas amigas, queridos amigos, com estas linhas apenas pretendi dar a notícia de que vamos ter um novo livro de Saramago para incorporar na nossa vida de leitores. Não vos decepcionará, pelo contrário, ireis lê-lo, estou certa, com a mesma emoção com que foi escrito e sobrevooa cada linha, cada palavra. Não é um livro mais, é o livro que estávamos esperando e que chegou a bom porto, o leitor. Salomão, o elefante, não teve tanta sorte, mas disso não falarei, aguardemos o Outono, e então sim: aí, em vários idiomas simultaneamente, poderemos comentar páginas, aventuras, desenlaces. Os materiais da ficção, que são também os da vida.
A todos, um abraço e felicidades.

 

Pilar del Río

AMÉLIE NOTHOMB: ASÍ ESCRIBE, CASI A CUCHILLO

AMÉLIE NOTHOMB: ASÍ ESCRIBE, CASI A CUCHILLO

 

Josep Massot firma casi todos los lunes en La Vanguardia una sección que me gusta mucho y que, imagino, no tardará en recoger en un libro: “Vidas contadas”, que suele llevar fotos de José María Alguersuari. Ayer dedicaba su perfil a una inquietante escritora, Amelie Nothomb, nieta de Paul Nothomb (la oveja negra de una familia de derechas: combatió en España y era escritor). Massot resume así algunas facetas:

 

“La angustia le convirtió en escritora compulsiva: se levanta a las cuatro de la mañana y escribe con un Bic azul –dice no tener ni móvil, ni ordenador ni televisor- hasta las ocho, alimentada, como Balzac hacía con el café, con medio litro de té negro. Escribe –confiesa- casi una media de cuatro libros al año, pero publica sólo uno: Le Fait du Prince [el libro que sale el 21 de agosto] es el decimoséptimo publicado y el 63º escrito. (…) Escribe “para escapar de la angustia”, porque inventar otros mundos, nombrar las cosas, es la única manera de exorcizar el peligro. Escribe tan fácil como se lee, sin arquitecturas literarias y apenas dos personajes. Simple: tesis-antítesis, con diálogos a lo Diderot, absurdos y mordaces, fascinada por la monstruosidad, con sexo sólo indirecto. Cuentos, metafísica de lo cotidiano, escritos a cuchillo”.