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01/03/2008
 Algo se mueve en la literatura en Aragón. Por tierra, mar y aire. Vivimos una auténtica Edad de Oro, y no es ésta una opinión interesada o subjetiva. Nunca hubo tantos escritores, tan diferentes entre sí y con tanto eco en nuestro territorio, en España y, con mayor o menor alcance, en el mundo. Anteayer se veía una excelente confirmación con Agustín Sánchez Vidal y con Luis del Val, vencedores del Premio Primavera de novela. Los autores oscenses están contribuyendo notablemente a este gran momento. En poco más de dos o tres meses coinciden un manojo de libros –disparejos, autónomos, con el aroma delicioso de paisajes idílicos y dramáticos…- que no deben pasar inadvertidos al lector. Y lo mejor: hay más. Algunos más de auténtico mérito.
Empezaremos por uno, aún fresco de intención y de tinta: “España” (DVD) de Manuel Vilas, un mosaico híbrido y muy libre, a menudo tan antojadizo como la desbordada imaginación del autor de Barbastro. Por sus páginas desfilan desde Fidel Castro o Juan Carlos I hasta Jesucristo, Patty Smith, Kafka, Lou Reed, su propio editor Sergio Gaspar o una ninfómana. Quizá el fragmento más humano y tierno sea el dedicado al poeta e impresor Luciano Gracia Bailo. Ramón Acín publica “Muerde el silencio” (Algaida), una novela donde narra la vida de los montañeses, la existencia llena de sobresaltos de tres mujeres (abuela, madre e hija) y aborda también el conflicto entre la ciudad y el campo. Oímos el cántico de los ríos, el temblor de aire en las plantas, la resonancia de las montañas, percibimos los amores imposibles, tempestuosos, mudos como un peñasco inabordable.
“Pirineos, tristes montes” (Xordica) de Severino Pallaruelo es la reedición de un puñado de cuentos, de atmósfera real y a la par legendaria. El conjunto se lee como una topografía de hábitos y de temas del Pirineo. Hay historias de tiones, de emigrantes a Barcelona, de embarazos que se ocultan, de grotescas rivalidades, de escolares, de la Guerra Civil. La Guerra Civil, tan inolvidable, es el tema de un deslumbrante estudio, conmovedor e intenso, de José María Azpíroz: “La voz del olvido” (Diputación de Huesca, 2007). Conversó con más de 200 personas, indagó en los archivos, recuperó procesos, halló fotografías, contó con ayuda de familias, y así ha logrado armar un trabajo definitivo lleno de detalles, de violencia, de injusticias, de puro terror, de fusilados que fueron ejecutados hasta dos veces o acarreados hacia las tapias del cementerio con nocturnidad, silencio sepulcral y alevosía, como el escultor y pedagogo Ramón Acín.
No podemos olvidar otros libros: “Leyendario. Criaturas de agua” (Tropo) de Óscar Sipán, un escritor que elabora fantásticas y delirantes ficciones, matizadas por un hilillo de ironía, de desmesura y erudición. “El perfume de las higueras” (Prames, 2007. Premio Ínsula del Ebro) es una nueva aportación de Damián Torrijos, una historia que transcurre en Zaidín y que aborda la llegada de nuevos emigrantes a esa zona y también se hace eco de una vida tan arrolladora como salvaje a orillas del Cinca.
Carlos Castán recuperaba “Museo de la soledad” hace unas semanas en Tropo, y ahora publica “Sólo de lo perdido” (Destino, 2008), 18 piezas que retratan a criaturas erráticas, sin norte, pero que avanzan, con dolor y espanto, en la expedición de la vida. Castán evoca películas como “Verano del 42” sobre la revelación del amor y el sexo, mira hacia Cuba y hacia unos años de sueños y de pasión cuando se muere Antonio Gades, cuenta amores desolados y extravíos de taberna, como “La buena suerte”, un microrrelato magistral. El resultado es un libro equilibrado de matices y repleto de cicatrices y de jirones.
Entre otros, ya comentados por extenso semanas atrás, tampoco aquí podemos olvidar a Javier Tomeo y su novela “Los amantes de silicona” (Anagrama, 2008), y “Trescientos días de sol” (Xordica, 2007), los cuentos de Ismael Grasa que han recibido el Premio Ojo Crítico de RNE.
*Este artículo apareció ayer en la edición de Huesca de Heraldo de Aragón, en cuyas páginas me acogen amablemente, casi todos los viernes, Mariano Gállego y María José Villanueva y su equipo. La foto es de Ramón Acín y su esposa Conchita Monrás, fusilados en su ciudad de Huesca en 1936.  [Un amigo galego, magnífico escritor y xornalista, cóntame que acaba de inaugurar un blog. Polo de agora prefire ir deixando pistas ós seus lectores: ¿quén será, meu homiño? Lévome unha grande sorpresa cando só atopo receitas. Entre os seus enlaces figura o do mestre Álvaro Cunquerio, autor dun soberbio libro de cociña, entre outros: La cocina cristiana de Occidente, do que hay edición en Tusquets. É curioso: durante moitos anos, Cunqueiro foi o meu mestre, e lía a súas receitas e artigos e invención sobre o percebe ou a lamprea con auténtica devoción. Nun dos lugares básicas da miña nenez en Arteixo e arredores, en Armentón, viviu durante anos o inolvidable Picadillo. Estiven unha vez no seu pazo e regaláronme o seu libro: Mi historia política. ]
CARIL DE GAMBAS: RECEITA
Durante anos, o caril que se preparaba na casa familiar seguiu sempre a mesma receita, con pequenas variantes –polo e tenreira, basicamente– ás que se lles irían engadindo novidades como as fabas, uvas pasas ou coco relado, por exemplo. En realidade, a súa preparación admite numerosos ingredientes como base e unha combinación de especias na que inflúe tanto a xeografìa como o gusto persoal. Por comodidade, en casa empregamos caril en po, que reforzamos co que haxa a man; no caso do caril de gambas co que celebramos o aniversario, coriandro –semente e folla–, cardamomo, pementa negra, xenxibre, chile e comiños.
As especias son, precisamente, o primeiro que preparo: tostamos as sementes de coriandro, cardamomo, comiño e pementa para despois machucalas nun morteiro. Logo fritimos cebola picada ata que acade a transparencia, momento no que se engaden as cabezas das gambas, que tamén se machucan coa maza do morteiro. Déixase cociñar uns cinco minutos e despois engadimos raíz de xenxibre picada e as especias en po, con algo de chile, picado ou moído. Dáselle un par de remexidos. Finalmente, incorporamos un chisco de salsa de tomate e leite de coco para que coza dez ou quince minutos. Sazonamos e colamos por un chino. No prebe cocíñanse as gambas e sérvese con arroz branco –neste caso aromatizado con lemon grass– e folla de coriandro picada. A primeira vez que preparei esta receita deixei as cabezas das gambas ata o final, pero antonte retireinas antes de incorporar o tomate e o coco, para que o sabor do marisco no o dominase todo.
Unha receita aproximada probeina hai un par de anos no Porto, nun restaurante no Largo do Adro (creo), acompañada de rodelas de laranxa, nata –estilo creme fraiche– e piña. Antonte pola mañá, mentres facía a compra, pensaba no moito que me atraen os rituais, xa dende a infancia. As vantaxes da gastronomía son que permiten actualizar facilmente a tradición e convertela en algo diferente ano tras ano: haberá que ir pensando noutro caril para o 2009.
*Retrato de Álvaro Cunqueiro Mora, o señor de Mondoñedo e de Miranda.
02/03/2008
 [Mariano Ibeas añade una justa nota al artículo sobre libros que han aparecido en las últimas semanas de autores oscenses. Y me recuerda la última novela de “Luis Bazán Aguerri, también relativamente reciente; ‘Hijos de la Niebla, heredaréis la nada’ es un fresco impresionante de una saga familiar de tres generaciones en el Aragón del último siglo, que debería señalarse”. El libro de Luiz Bazán tiene más de un año, está fechado en 2006, pero su esfuerzo, su ambición, la larga década de trabajo, la paciencia, las conversaciones con paisanos en un intento rastro de memoria y su vocación indiscutible de narrador caudaloso merecen este recuerdo, que le agradezco al poeta y profesor Mariano Ibeas, que tiene un estupendo blog en desdeldesvan.blogia.com. Estoy seguro de que habrá otros olvidos, la recuperación de Xordica de las memorias de Satué, por poner otro ejemplo…]
Aunque es bastante anterior al lapso elegido, “Hijos de la niebla…” (Unaluna, 2006) es un empeño ambicioso y honesto. Luis Bazán Aguerri, autor de bellos y cuidados libros como “Llovía sobre el puente de las nogueras”, ha escrito una historia del Altoaragón, en el fondo, con dos personajes principales, Julián y Roberto, y numerosas ramificaciones que convierten el texto en una auténtica novela coral. El propósito es claro: se trata de una historia de ficción que atraviesa los grandes conflictos y esperanzas del siglo XX: desde los primeros años de la década hasta la Guerra Civil en su primera parte; todo el periodo de la contienda, en la central, y desde el primero de abril de 1939 hasta los años 80, en la última. Y en esa travesía está casi todo: el asesinato de Soldevilla, el universo elegante de los cafés y los cines de Zaragoza, la vida rural, la crueldad, los duros años del silencio, la vida atribulada de los maestros, algunas historias de amor y venganza. Luis Bazán intenta crear rotundos personajes, narraciones, episodios, intentar desmenuzar un lenguaje muy peculiar y bello, repleto de aragonesismos que han sido muy bien integrados por el castellano en la vida cotidiana.
LA NOTA EDITORIAL DE UNALUNA DICE:
Sólo unos pocos son capaces de hacer la historia; el resto de la humanidad la padece.
Los "hijos de la niebla" se debaten a lo largo del siglo XX aragonés entre el sentimiento y el deber, el amor y el odio, la desolación y la esperanza, la amistad y el rencor. Por eso, poco a poco, como forja de herrero, toman forma a golpes secos, contundentes y seguros. Y, como piezas del puzzle de sus propias vidas, se entrelazan hasta construir la maraña de hierros retorcidos que darán cuerpo a la reja que protegerá (o adornará) sus existencias.
Muchos de los hechos narrados son reales, recogidos a lo largo y ancho del Pirineo aragonés, hablando con las gentes de rincones apartados, donde la historia desea permanecer viva a pesar del progreso.
El autor ha dado volumen físico y psíquico a los personajes que ha ido desarrollando, añadiéndoles la fantasía que la realidad no terminaba de modelar.  Desde hace días, tengo en mis archivos este retrato que Robert Penn le hizo a la gran fotógrafa norteamericana, de origen ruso, Eve Arnold (Filadelfia, 1913). Ella ha captado como nadie la mirada, el cuerpo y el alma de Marilyn, y ha realizado algunas de las mejores y más evocadoras fotos del mundo del cine. Me encanta esta foto de mujer en acción, en su trabajo (aquí, en 1963, capta instantes del rodaje de "Beckett"), concentrada e intensa, que constituye mi primer homenaje semana a la Mujer en la semana de la Mujer Trabajadora.  Una de las fotógrafas más fascinantes de la actualidad es Julia Fullerton- Batten, una alemana nacida en Bremen en 1970 que reside entre Estados e Inglaterra. Realiza una obra que tiene mucho de ilusión fantástica, de clima surrealista impregnado de sorpresa, fascinación, asombro, estupefacción o pánico. Suele trabajar con miniaturas, a las que incorpora un personaje, o varios, a tamaño real. Así obtiene una obra personalísima, que resulta turbadora y onírica, de una gran hermosura plástica. Y a menudo ofrece una atmósfera desolada. El año pasado expuso una selección de su obra en Photoespaña. Podríamos decir que su obra está próxima a la de la holandesa Ellen Kooi, y que el calificativo de “belleza inhóspita”, que alguien dio a su producción, también se ajustaría para la de Julia Fullerton-Batten.  Hace días que no escribo de los partidos de mis hijos. Sé que aquellas crónicas tenían algunos seguidores inesperados como Javier Arellano, técnico musical del Auditorio y hombre de teatro durante muchos años.
Ayer sábado, en el campo de Utebo, se jugaba un partido importante: el Utebo y El Gancho pugnaban por el primer puesto. El Gancho, en su casa, con valentía, agresividad y ganas de vencer, había dado una lección a los nuestros: los vapulearon por 6-2. La semana pasada nuestro equipo perdió por 4-1 con otro candidato al título: el Stadium Venecia. Rafael Blasco tenía y tiene un conjunto estupendo, pero él mismo ha ido perdiendo la confianza en el bloque, y su equipo ha pasado de ser el más goleador del campeonato a ser un equipo un tanto ramplón que no encuentra su sitio. El míster tampoco halla su sitio, creo yo: se muestra bastante atrabiliario en sus decisiones. Desconfiado Posee uno de los mejores defensas de la Liga, Jorge de Sola, un zurdo entregado y rápido que se siente más cómodo de central, y al que siempre sacrifica como lateral; una media envidiable con Claudio, un medio centro excepcional, quizá un poco chupón, pero con autoridad, capacidad de brega, carisma y llegada: ha marcado 18 goles desde todas las posiciones, y con Héctor y Ángel, que tienen calidad, desparpajo y concentración; y una excelente delantera con Javi, Poley y Jorge Rodríguez.
El entrenador del Utebo temía que volviese a pasar lo que pasó en la ida y realizó un cambio estratégico: colocó a Claudio de central, para que marcase al delantero centro rival, y puso un centro del campo sin demasiado juego. Fue la estrategia del miedo y la prudencia; el Utebo jugó un poco menos de lo justo, el Gancho falló un penalti, y finalmente, cuando concluía la primera parte, marcó el Utebo. En la segunda hubo ocasiones por ambos lados, pero el Utebo acabó reclamando la hora. El desbarajuste en todo el equipo, especialmente en la media, era tal que llegamos a pensar que se escapaba al menos un par de puntos.
Ahora, el Utebo sigue arriba, y el resultado le dio la razón al entrenador, pero el conjunto ha perdido la confianza en sí mismo, ya no saca el balón jugado, ya no combina y se ve desasistido de método. Para mí fue como si de repente a Zidane, antaño, le dijesen que no marcasen goles, que no dirigiese al equipo, sino que tenía que inmovilizar a Maradona. Eso hizo, y muy bien, Claudio. Bien dirigido (ya jugó en el Benfica), sería un jugador para el Real Zaragoza. Eso sí, si el Real Zaragoza y sus categorías inferiores tuviesen ojeadores con un poco de olfato y con un poco de paciencia ante el talento…
Jorge cumplió: jugó un partido correcto mientras estuvo en el campo, alrededor de 50 minutos, pero volvió a sufrir uno de esos tirones que lo dejan inmovilizado y al que no le encuentra remedio ni el fisioterapeuta. Está pasando malos momentos… El Gancho jugó un gran partido, y se hizo acreedor al empate o a la victoria.
Por la tarde, el Garrapinillos juvenil se enfrentaba al Vadorrey, que luce la camiseta de la selección aragonesa. El choque empezó a las seis. El cielo fue adquiriendo unos colores impresionantes: primero se despidió el último sol de la tarde, luego se barnizó con los fuegos de oro y rosa de la anochecida, finalmente adquirió los tonos inefables de una noche constelada y mágica, una noche incipiente de sueño cerca del cementerio, donde acabaría durmiendo un balón amarillo y negro. Un balón entre difuntos. Y ahí, en ese ámbito, se jugó el partido. Añado un matiz más: había un viento casi huracanado que convertía el balón en un pedrusco saltarín e imparable. Se jugó de poder a poder. Al principio, el Garrapinillos fabricó muchas ocasiones: Luisito Salas, que volvió a hacer un gran partido, remató varios saques envenenados de Mario, los extremos se alargaron por los costados, la defensa contuvo, Pirri entró como Pedro por su casa, pero falló en el uno contra uno. Rodrigo acabó marcando el primer tanto.
En la segunda parte, con el viento a favor, empató el Vadorrey, en una falta de entendimiento entre el arquero Gayoso y el lateral Alex. Pero el Garrapinillos, con Diego trabajando y avanzando a pleno pulmón, con Mario Calvera lanzando estupendamente, con Luisito, con la incorporación de Serna, Mario Martín y Raúl le dio la vuelta al marcador. La jugada más bella la realizó Diego Rodríguez: arrancó con un balón desde el centro del campo, recorrió los 50 metros de rigor a puro esprint y a contrapié, sorteando contrarios, y asistió a Luis, solo ante el portero y el peligro. Luis, con la izquierda, la tiró fuera. Fue un momento mágico en esa noche intensa y trabada, en la que destacó, debo decirlo, un árbitro excepcional, que corregía a los jugadores, que les ayudaba, que sacó las tarjetas justas, que fue ejemplar para unos y para los otros. Hasta los chavales lo felicitaron.
Diego jugó maravillosamente bien, sobre todo en la segunda parte, pero fue una gran tarde de todo el conjunto. A nadie se le puede reprochar nada. [Luego, otra buena noticia: el Deportivo vencía al Sevilla y huía de los puestos de descenso. Para que el fin de semana sea perfecto en el fútbol solo falta una cosa: la victoria del Real Zaragoza hoy en Valencia, en su partido contra el Levante. La foto es de Herbert List.]  El “Diccionario de cantantes líricos españoles” de Joaquín Martín de Sagarmínaga, publicado por Acento editorial en 1997, contempla una importante nómina de aragoneses: Mariano Ayneto, Antonio Aramburo, Elvira de Hidalgo, Andrés Marín, Miguel Fleta, Pilarín Andrés, Bernabé Martí o Pilar Lorengar, entre otros. Entre ellos también figura por derecho propio Juan Francisco García Martín, el tenor ligero nacido en Sarrión (Teruel) en 1896 y fallecido en Buenos Aires en 1969 tras una carrera dilatada en la ópera, en la zarzuela, en la jota e incluso en el cine, en colaboración con Edgar Neville, nada menos. El Ayuntamiento de Sarrión, con la colaboración de la Caja Rural y el Gobierno de Aragón, ha publicado un cedé que recupera una buena parte de las canciones, fragmentos de ópera o jotas de su paisano más ilustre: “El tenor Juan García. Temas de una vida”: 23 piezas, la mayoría de ellas grabadas en discos de piedra.
El cedé contiene un libreto elaborado por el profesor y escritor Juan Villalba y la profesora Rosa Rubio. Villalba ha rastreado en periódicos y revistas una biografía esquinada, llena de datos falsos. El propio Juan García mintió en alguna ocasión a propósito de su nacimiento, dijo que había nacido en 1900, lo cual lleva a errar al Martín de Sagarmínaga en su entrada. Nació en julio de 1896, y fue hijo de Pío y Saturnina. Él era ciego, tocaba espléndidamente el órgano y dirigía la rondalla de Sarrión. “Es mi padre. El pobre viejo es ciego de nacimiento, a quien de chico y de mozo guié por el mundo. (...) Esa desgracia terrible, su desgracia, es la causa de mi gloria. Aprendí a cantar acompañado de la guitarra por él, que me escuchaba embelesado, y que sin duda me suponía como no soy. Su única ventura. En sus sueños me veía conforme deseaba”, contó García. Al parecer, su madre también había alimentado su pasión por la música y su buen gusto en el cante; en particular, lo acercó a la jota.
La infancia de Juan García transcurrió en Sarrión, Abejuela y Valbona, donde ejercía de cura su tío Elías García. Este fue de los primeros en percatarse de sus facultades canoras y lo mandó internó a Salesianos en Barcelona, donde aprendió las materias habituales de la enseñanza, y además solfeo, guitarra y piano. Más tarde, trabajó como tipógrafo y como empleado de Fomento, y hacía sus primeros pinitos en los coros de zarzuela que actuaban en el Tívoli. Su fama, en círculos reducidos y especialmente en Sarrión y alrededores, crecía a pasos agigantados. Era un magnífico cantante de jota: “El mañico”, allá por donde iba. Vino a Teruel con el afán de ganar una beca de la Diputación turolense, se la denegaron, pero contó con dos mecenas que lo enviaron a estudiar a Milán: Francisco Piquer y su propio tío Elías. Hubo de ganarse el derecho a una oportunidad –tenía como profesor a Arnaldo Galliera- con el sudor de su frente: se empleó de vendedor de tejidos y de pintor de brocha gorda. Cuenta Juan Villalba que un día, mientras encalaba una pared, la soprano Toti del Monte lo oyó cantar. Comentó acerca de su voz: “Algo corta en los agudos, pero hermosa”, anota Juan Villalba, consciente de que esta anécdota bien podría ser un apéndice del mito. El estudioso define así el timbre de García: “Su voz, superligera y algo relamida, suena limpia y atractiva”.
A partir de ese descubrimiento, Juan García fue llamado para actuar por teatros de provincias en “El barbero de Sevilla” e hizo, algunos meses más tarde, en 1924, su debut en el Teatro Comunale de San Remo en el papel del Duque de Mantua de “Rigoletto”. Ahí empezaba la espiral del éxito, que duró algo más de cinco años. Hasta principios de 1930. Villalba rescata un divertido y atinado texto de Felipe Sassone: “Juan García pasaba una mala racha e iba con un muestrario de corbatas, calcetines y chalecos de punto a buscar unas liras como viajante comisionista para pagar su pensión en la casa de un cura”, recuerda. En la primavera de 1925, Juan García debutó en el Tívoli de Barcelona como protagonista de “Manon Lescaut” de Massenet. Aquel concierto, con la soprano francesa Genoveva Vix, tuvo dos invitados de lujo: Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia. Un crítico subrayó: “Trátase de un tenor que por las notabilísimas facultades que demostró, está llamado a ocupar un puesto preeminente en su arte. Su voz es de timbre agradabilísimo, muy flexible y educada para lograr una exquisita matización”.
Luego, García se marchó de gira por Egipto con la compañía de Pietro Mascagni. En diciembre de 1927 se presentó en el Teatro de la Zarzuela con “El barbero de Sevilla”, junto a la célebre y hermosa mezzosoprano Conchita Supervía. Se dice que Juan García dedicó un pequeño homenaje a la cantante que murió en Londres en 1936 tras haber grabado más de 200 discos: “Es España mi nación; // Aragón, la patria mía; // Cantar aquí, mi ilusión; // Mi musa, la Supervía”. Ambos cantantes fueron recibidos en el Palacio Real y recibieron varios obsequios de oro y de brillantes.
La carrera de Juan García tuvo otros detalles emotivos: actuó en el Teatro Marín en Teruel en mayo de 1929 en dos conciertos benéficos, en el Teatro Principal de Zaragoza, en Sevilla, el Pueblo Español de Barcelona (posiblemente ante 16.000 personas, nada menos). Finalmente, abandonó la ópera y orientó su camino hacia la zarzuela, la jota, la composición poética de canciones (escribió “Morucha”, un éxito al que le puso música su colaborador, el pianista Juan Quintero), formó su propia orquesta y en marzo de 1936 emigró a Buenos Aires, donde se casó con la francesa Lucía Ruhliez. Ya nunca más regresaría a España, pero tenía claro que en Sarrión esperaban que volviese para quedarse.
*Quizá no tenga demasiado que ver, pero el profesor, curioso universal, esteta de la mujer y director de la colección Menoscuarto de Palencia, Fernando Valls, acaba de colocar un extenso post dedicado a Raquel Meller, la mujer que alcanzó la fama como intérprete de cuplé en piezas como "La violetera" o "El relicario". Fernando en su blog nalocos.blogspot.com coloca un montón de fotografías y pinturas, a cual más sugerente, de aquella Francisca Marqués que saludó la llegada del fascismo descorchando una botella de champán, junto a César González-Ruano.  [UN POEMA DE PACO URIZ]
¿Por qué existe Liechtenstein?
Si el dinero no tiene patria si no conoce fronteras si el Mercado si los proletarios no tienen patria —¿para quién tantas nuevas patrias? si las aves migratorias no conocen fronteras si el internacionalismo no tiene ya ni proletarios si la globalización sólo limita con un cosmos infinito si el viento ¿benefician las fronteras al viento?
*El buen amigo y traductor y poeta Francisco J. Uriz, casado con la traductora Marina Torres, gallega, encuentra entre sus papeles este poema, que ya tiene casi veinte años, y me lo envía. Le contesto y me añade una de sus apostillas de fútbol, es un gran aficionado y posee un poemario completo dedicado a este juego: creo que se titula “El rectángulo de hierba”. Este volumen tiene algunas páginas preciosas sobre el Real Zaragoza, en los tiempos de Torrero y luego en los de La Romareda, cuando José Luis Violeta Lajusticia se había erigido en el gran capitán.
Las bromas de Paco Uriz
La verticalidad bien entendida empieza por un tal Agüero.
¿Cómo es El Kung Agüero? La errata es intencionada — kung en sueco significa rey.
Otra errata bonita: Dios aprieta pero no ahora. (Pienso en el Zaragoza).
*La foto no es de fútbol ni es de Wittgenstein. Es de Sabine Weiss y está realizada en Munich hacia 1953.
03/03/2008
 FRAGMENTO DE “SABER PERDER”
(Historia de Sylvia, la novia del futbolista argentino Ariel e hija de Leandro)
Las últimas semanas, en cambio, habían tenido algo de retiro. Se tumbaba en la cama con los auriculares y la vista fija en las estrellas adhesivas fosforescentes que había colocado años atrás, cuando el techo de su habitación aspiraba a no tener límites. Había leído por primera vez en su vida por el gusto de seguir una historia, de involucrarse en lo ajeno. Había vencido esa ansiedad que en otros intentos por leer siempre la arrastraba hacia sus propias preocupaciones. Terminó la novela que Santiago le había regalado en seis días de lectura prolongada, a veces hasta que un ojo se le enramaba y la hacía sentir un roce de arenilla al parpadear. Luego buscó en las estanterías del despacho de casa, leyó primeras líneas de otras novelas y en un error fatal le preguntó a su padre ¿qué me puedo leer? Veinte minutos anduvo Lorenzo a tumbos entre los libros, de propuesta en propuesta, con entusiasmo confuso, hasta que le tendió un grueso novelón escrito por una mujer, yo no lo he leído, pero a tu madre le encantó. Pilar siempre llevaba un libro en el bolso para leer camino del trabajo. Cuando Sylvia habló por teléfono con su madre le dijo que se había terminado la novela que Santiago le había regalado.
Ese fin de semana, cuando vino a visitarla, Pilar le trajo otro libro, de parte de Santiago. Te lo ha dedicado, a él le daba vergüenza pero yo insistí. Sylvia lo abrió por la primera página. «A veces un libro es la mejor compañía.» Tiene una letra rara, pero bonita, le dijo a su madre. El primer día de la vuelta a clase la rodearon los compañeros. Alguna hasta le dio dos besos. Le firmaron la escayola, unos, como Nico Verón, con obscenidades: «¿Qué tal se folla con escayola?»; otras, como Sara Sánchez, con cursilería: «De una amiga que te ha echado de menos»; y alguno con surrealismo sobrevenido, como Colorines, que escribió: «arriva España». Esa primera mañana la escayola terminó como un mural de grafitis, lleno de firmas de quinceañeros. Dani también se acercó a la clase y hablaron un rato en presencia de Mai, hasta que él se atrevió a proponer si quieres voy una tarde a hacerte compañía. Cuando quieras, respondió Sylvia. Dani se fue y Mai soltó su diagnóstico. Éste está colgado de ti. Dos días después, Dani la visitó en casa. Sylvia tardó en abrir, su padre se acababa de marchar. Dani se sentó en el suelo, con la espalda apoyada contra el mueble. Sylvia se tumbó en la cama, reclinada. Hablaron de las clases, de algún concierto cercano, de alguna película reciente. De la paliza que dos skins le habían dado al Erizo Sousa el viernes pasado. Dani trajo dos cervezas de la nevera y Sylvia le preguntó ¿te gusta el fútbol? Dani se sorprendió por la pregunta. Sólo las finales, dijo luego. Cuando alguien pierde y lloran por el suelo y ya no parecen todos tan chulos y tan seguros de sí mismos. Sylvia había visto anunciado en televisión que esa tarde el equipo de Ariel jugaba en Turquía. Se quedaron en silencio y Dani dijo de pronto me he comido mucho el coco con lo del día de tu cumpleaños. Perdona, fui una imbécil. No, yo me sentí ridículo, dijo él. ¿Por qué? No sé. *Esta tarde, a las 20 horas, en la librería Los Portadores de Sueños (calle Blancas) se presenta la nueva y ambiciosa novela de David Trueba: Saber perder (Aangrama, 2008. 528 páginas). Intervendrán, además del autor, algunos de sus mejores amigos: Luis Alegre, Pep Guardiola y Daniel Gascón.  La gran periodista de Heraldo Paula Figols ha sido mamá de dos niñas: Vega y Luna. Aquí están, felices, minúsculas, casi idénticas y dormidas tan ricamente. Enhorabuena para Paula y para Chema González.
04/03/2008
 Fernando Sanmartín, a quien hace semanas que no veo (no tiene móvil, y siempre da pudor molestar a alguien que trabaja tanto en los salones y el jardín encantado de La Aljafería), poeta, ciclista con una greguería bajo el brazo y narrador parsimonioso de viajes a París o al Sahara, es el director de la colección La Gruta de la Palabras, de Prensas Universitarias. Su último descubrimiento es la poetisa Sylvia Solé (Madrid, 1978), que realizó estudios de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza y ahora estudia Filología Inglesa en Zaragoza. Debuta en la lírica con el libro, en prosa y en verso (más prosa que verso), Diacronía del miedo, un volumen que dedica a su padre y que habla de amor y de la identificación con otra piel, de viajes, del deslumbramiento que puede producir una profesora como Isabel H., del paso por los hospitales, de otros lugares que recuerdan un encuentro, una charla o a uno de esos amantes que tantas veces vuelven a la cabeza para ponernos la piel de gallina. Copio aquí uno de sus poemas:
SOLÉ Ya te he perdonado. Ya he dejado de odiarte. He dejado, a ratos, de extrañarte. Pero no puedo olvidar un olor. Porque del recuerdo de tu olor me vienen los 18 años que me quisiste, y el conocimiento de que estás en mi corazón, en la forma de mis piernas y en el dedo gordo de mis pies. Se que estás, para mí, más que para nadie. Como siempre estuviste.
*La foto es de la fotógrafa holandesa Ellen Kooi. LUCIFER
Tengo que escribir de ti, R., aunque nunca me leas, de tus manos en la piel de mi vientre, de la primera vez que me hiciste perseguir tu boca y te besé en “El Sol”, tan asustada, de la fingida dulzura con la que me taladrabas, del incomprensible fuego que me llevaba, con prisa y necesidad, una y otra vez a mendigarte esa mínima ocupación, del olor a hombre que me dejabas en el cuello.
Pero tengo que escribir de ti, R., porque me miró el verdor irrepetible de tus ojos innombrables, egoístas, ególatras, infernales.
Y porque si escribo de ti seguiré con la piel quemada.
*Otro poema de Sylvia Solé, de su libro Diacronía del miedo (Prensas Universitarias: La Gruta de las Palabras. Zaragoza, 2008. 56 páginas).
05/03/2008
 Fermín Aguayo (Sotillo de la Ribera, Burgos, 1926-París, 1977) era callado, tímido, delgado, parecía envuelto en un continuo misterio y en el humo huidizo del cigarrillo. Llegó a Zaragoza a finales de la Guerra Civil, su padre y sus hermanos habían sido ejecutados en Burgos, y participó en una de las aventuras más apasionantes del arte contemporáneo: fue uno de los impulsores del origen del arte abstracto en España con el grupo Pórtico, que al principio fue un colectivo de doce artistas y finalmente, a partir de 1948, quedó reducido a tres: Santiago Lagunas, arquitecto, activista intelectual y magnífico pintor, y sus jóvenes y talentosos arquitectos: Eloy Laguardia y él. Este grupo realizó, entre 1947 y 1951, una pintura un tanto tenebrista, rica en signos y símbolos, en geometría y en riesgo, que había bebido en las fuentes de las vanguardias y, en particular, en artistas como Joan Miró y Picasso.
Uno de los grandes momentos de este colectivo, contemporáneo del grupo catalán Dau al Set, fue la remodelación del cine Dorado: en 104 días del verano de 1949 pintaron aquel espacio, con claros ecos de Dalí, de los surrealistas y acaso de Poliakov. El crítico José Ayllón retrató así a Aguayo, recordando aquellos días: “Su periodo zaragozano, en particular su obra abstracta de estos últimos años, se circunscribe más a una realidad presentida, palpitante y trémula a un tiempo. Su gama acordada de color, sus libres construcciones formales, consiguen un dramatismo pocas veces igualado. Son testimonio de un pasado que nunca debe volver”. Aguayo confesaría que “la primera reproducción que vi de un cuadro cubista me pareció más natural, más lógica que un cuadro clásico”, y su inclinación hacia la abstracción surgió “como una especie de pequeño desafío”.
En 1952, Fermín Aguayo se trasladó a París y muy pronto fue contratado por la galería Jeanne Bucher de París. Cambió paulatinamente su estética: abrazó una figuración con ecos de la pintura de Nicolas de Stäel, y evolucionó hacia un universo intimista, marcado por un cromatismo luminoso, por la hondura y la plasticidad, y una elegante sutileza, que reemplazó el dramatismo de la producción anterior por la suavidad y la melancolía, por las presencias entrevistas. Pintó rostros, figuras (entre ellas, la de su propia compañera Marguerite) y pájaros, bañistas y paseantes y autorretratos del artista en su estudio, y convirtió a Velázquez en su artista de referencia, con homenajes explícitos. Falleció en 1977. Casi treinta años después, el Museo Reina Sofía le haría una ambiciosa antológica.
*La obra "El pintor", fechada en 1968.  Me encontré con esta sugerente foto de Dorothea Lange, una de las grandes reporteras norteamericanas de los años 50.
06/03/2008
 "SOLO DE LO PERDIDO": CASTÁN Y LAS CICATRICES DEL TIEMPO
Llevaba Carlos Castán algunos años sin publicar un ambicioso libro de ficciones. Entre otras pequeñas joyas, publicó un “Cuaderno de Tournefeuille” (Ayuntamiento de Huesca, 2007), en un volumen escrito a dos manos con Hélène Duffau, autora de la otra mitad, “Zarza ou huit tours à Huesca”, y algunos cuentos sueltos, construidos con esa maestría que él posee, con esa sentimentalidad herida, con ese barniz de melancolía y de tormento íntimo. Carlos Castán, autor de “Frío de vivir” y “Museo de la soledad” (reeditado estos días por Tropo), es un estupendo cuentista: crea atmósferas, evoca el pasado, parte en pos de los amores perdidos, narra conflictos de pasión y pérdida, reconstruye los pasos y las huellas de la memoria con un lenguaje poético, repleto de belleza, de intensidad y de sorpresa.
Esta tarde, a las 19.30, en la FNAC, en compañía de Pilar Lucas, responsable de comunicación del sello Destino, e Ismael Grasa, presentará su nuevo libro: “Sólo de lo perdido” (Destino), una colección de 18 relatos cuyo tema central serían las cicatrices del alma de un sinfín de personajes errabundos, fuera de sitio, que van y vienen por la soledad y los sueños, por el agrio y a la vez gozoso tránsito de los amores perdidos. Y también de un adolescente (que da la sensación de parecerse mucho al autor) de los 70 que descubre el mundo, la política, el sexo.
Carlos Castán, ahijado en la técnica del relato de Cortázar, habla de la pasión, del miedo, de las sombras del ayer, de la imposibilidad de prolongar los afectos, de la permanente idea del otro, que es sombra turbadora y enemigo que acosa. En casi todas las narraciones hay un misterio, un asombro, una perplejidad, el trallazo de un escalofrío: pensemos en “La visitas”, en el maravilloso relato “El aire que me espía”, que propone una mitomanía en torno a Ellen Barkin y otras mujeres reales con un trasfondo dramático; hay un homenaje a Cervantes y a su pastora Marcela. Uno de los textos más inquietantes, cotidiano y a la vez mágico, casi de pesadilla, es “El pozo”, esa peripecia de amor imposible en una noche en el castillo de Loarre. Por distintas razones, me ha encantado “La noche y el verano”, una historia que hace pensar en la película “Verano del 42”, con muchas sorpresas, casi irónicas y grotescas, y una admirable tensión narrativa y léxica. Y, entre otros, el último cuento, “Hasta siempre” recrea, a propósito de la muerte de Gades en Cuba, un tiempo de sueños, de militancia, de esperanzas, de febriles amores, con una banda sonora de fondo que, en el fondo, quizá sea la de todo el libro: algunas canciones de Silvio Rodríguez.
“Sólo de lo perdido” (Destino: Áncora y Delfín), que debe su título al verso de García Calvo, habla de pérdidas, de imágenes que parecían idas y que vuelven una y otra vez como el oleaje de la conciencia, habla de espectros, de dolores, de muertes y de variados paisajes, en Madrid, en Barcelona, en Huesca, en el pantanoso territorio de los delirios y las quimeras.
Sólo de lo perdido. Carlos Castán. Destino: Colección Áncora y Delfín. Barcelona, 2008. 192 páginas. [Presentación, esta tarde, a las 19.30, en la FNAC. Con Pilar Lucas e Ismael Grasa.]  Hoy, Borradores llega un poco después de la medianoche: a la una de la mañana. Tiene como invitado a Ariel Prat, el cantante argentino afincado en Aragón, que interpreta dos temas de su nuevo disco: “Negro y murguero”. Acompañado del guitarrista e intérprete Hernán Filipini, Prat toca dos temas: “Sr. Pamela”, un tango donde narra la historia de un travesti, y “El zurdito”, una canción en homenaje al futbolista Lionel Messi. Acuden al plató de Borradores, el fotógrafo y periodista Kike Calvo, que habla de su padre Enrique Calvo, periodista y Consejero de Cultura a finales de los años 80, y de los álbumes familiares que conservaba, y de su propia obra, del libro “Hábitats”, de sus retratos a gentes del cine (Denzel Washington, Georges Clooney, Jennifer López, Julia Roberts…), y de sus proyectos. Y los ilustradores María Felices y Daniel Viñuales explican la historia del relato “El hada de las estrellas. Cuento para Víctor escrito por mamá”, una obra póstuma de Charo García Velilla que desarrolló en secreto mientras pugnaba con un cáncer de pecho. Se emite un pequeño montaje con las ilustraciones de María Felices.
Además, Borradores ofrece varios reportajes más. El historiador José María Azpíroz habla de su libro “La voz del olvido. La Guerra Civil en Huesca y en La Hoya”, editado por la Diputación de Huesca y lleno de fotografías y documentos. Luis Auserón expone la muestra “De quién es la ciudad” en el Centro de Historia y explica su interés por el arte desde hace muchos años. Auserón sostiene: "La libertad noe suna manía de radicales pesados que siempre quieren llevar la contraria, es una necesidad objetiva para que el cuerpo de todos funcione mejor". José Ángel Mañas acaba de publicar “El secreto del Oráculo” (Destino, 2007) y explica qué le atrajo de Alejandro Magno, protagonista principal de esta obra. Y el escritor portugués Possidónio Cachapa habla de su trayectoria, de las ciudades en qué ha vivido, de los autores que le interesan, con motivo de la publicación de su volumen de relatos: “Agárrate a mi pecho en llamas”, que ha publicado Xordica.
*Charo García Velilla y su hijo Víctor. La foto me la manda Daniel Viñuales; aparece en el libro. Borradores. Aragón Televisión [Canal Satélite Digital, 97]. A la 1de la madrugada. Redacción: Ana Catalá Roca. Producción: Mamen Delpón y César Quílez. Ayudante de realización: Yolanda Liesa. Realización: Teresa Lázaro Chicharro. Presentación y dirección: Antón Castro.  Mañana viernes, a las 20 horas, el escritor oscense Javier Tomeo presenta su última novela, “Los amantes de silicona” (Anagrama, 2008), en la Casa del Libro de la calle San Miguel, número 4. Javier estará acompañado de uno de sus grandes admiradores, Javier Gurruchaga, que hará una presentación-espectáculo, y también por Hermelo Delgado, responsable de la Casa del Libro. Leí la novela hace unos días. Reproduzco aquí el texto que publiqué en Heraldo de Huesca.
LA REBELIÓN DE LOS AMANTES DE SILICONA
Acabo de adquirir un delicioso libro: “Escribir” (Pre-Textos) de Henry David Thoreau, que es una selección de su diario de 16 tomos sobre la escritura y la creación literaria. El volumen, de apenas un centenar de páginas, no tiene desperdicio. De repente, en una de sus páginas, encuentro esta frase: “Un libro habría de ser una veta de oro, igual que la frase es una diamante encontrado en la arena o una perla sacada del mar”. De inmediato le aplico el párrafo al último libro del oscense de Quicena Javier Tomeo, cuya inventiva no cesa. Tomeo tiene algo de paseante cansino por su ciudad, de pasajero inadvertido en el parque o en el Coso Alto, y de invitado perpetuo al Festival de Cine. Cuando llega la primavera, retorna con un mohín de fastidio o quizá de fatalidad, pero con también con la felicidad del niño gigante que vuelve a casa por vacaciones. Tomeo va por aquí y por allá, ensimismado y tierno, delirante y gruñón. Entre ceja y ceja lleva sus sueños, sus ideas, sus imágenes, y en un bolsillo de la chaqueta algún libro raro que él lee. Uno de sus libros herramienta sobre historia, cocina, animales o criminales.
La nueva novela de Javier Tomeo se titula “Los amantes de silicona” (Anagrama, 2008) y es, como casi todos sus libros, un tratado de pensamiento, un análisis de la vida cotidiana y de las relaciones de pareja desde el prisma más verdadero: el del absurdo. Javier Tomeo es pura intuición. Tiene un extraño olfato para captar los problemas básicos de la existencia: la incomunicación, el silencio, la incapacidad de ser feliz, la soledad más pugnaz, la hipocresía... Aquí, con ingenio y con su proverbial sentido del humor, con su inclinación al disparate sin énfasis, cuenta la historia de un apacible matrimonio que ha perdido el deseo y también el amor (cuando menos el deseo del otro, el intenso amor por el otro; poseen, por cierto, una tienda de lencería) y deciden hacerse con dos muñecos hinchables, ampliamente sofisticados, capaces de hablar y de cantar ópera, entre otras virtudes, para así satisfacer su lánguida vida sexual por separado. De esa manera, Basilio compra la muñeca Marilyn, que pesa diez kilos; Lucrecia adquiere el muñeco Big John, que tiene una erección permanente y puede alcanzar, cuidadosamente estimulado, una dureza excepcional y suplementaria en su pene. La historia evoluciona de una manera inesperada. Marilyn y Big John cobran vida y se rebelan, y su rebelión consiste en que se enamoran y consuman su atracción.
A partir de ahí, Tomeo pone ante los ojos del lector el hilo de otra madeja: los personajes dialogan sobre la pasión, el hábito sexual de los animales, la fidelidad, la traición, el tamaño de los genitales o sobre un poeta turco que fornicó con una leoparda. Incluso para la muñeca Marilyn, el tamaño también importa. Lo más curioso es que todo este mundo, delirante, próximo a Kafka de nuevo, a Beckett, a Boris Vian, a Luis García Berlanga (y a su película “Tamaño natural”), a Luis Buñuel y Georges Bataille, pero también a los mundos de anticipación de E. T. A. Hoffmann, todo ese universo en realidad forma parte de una novela erótica que escribe un amigo del narrador, Ramón M.; el narrador, que se parece un poco a Javier Tomeo -se dedica “a la distribución y venta de frutos tropicales, especialmente chirimoyas y mangos”-, interfiere, corrige, apunta y sugiere a su amigo el novelista. Así Javier Tomeo crea un artefacto estupendo de metaficción, divertido y preñado de intenciones, en el que están sus obsesiones y objetos: las relaciones viciadas, el podrido amor, la televisión, la pornografía, la irreparable crisis conyugal, la ópera, los bestiarios, la ciencia y la zoología, el surrealismo. En Tomeo siempre hay intuiciones fulgurantes. Con alguna ironía debe leerse ésta: “El nivel cultural de este país mejora cada vez más por obra y gracia de los consultorios sexológicos de la televisión”.
Curiosamente, esta novela tan desternillante como corrosiva llega al mercado cuando quitan el “Aquí no hay tomate”. ¿Habrán leído en Telecinco “Los amantes de silicona”?
Los amantes de silicona. Javier Tomeo. Anagrama: Narrativas Hispánicas. Barcelona, 2008. 144 páginas.
*La foto me la cedió esta tarde una de mis libreras favoritas, Julia Millán. Apareció en un libro de viejo. El original ahora obra en poder del poeta y lector de novela negra Gerardo Alquézar.  Esta tarde fui al Auditorio para entrevistar a María Eugenia Boix, la soprano lírico ligera de Monzón, donde nació en 1982, que estudia canto en Salamanca, y ya ha actuado mucho. Ha grabado con Ensemble XXI, bajo la dirección de José Antonio Chic, al menos dos álbumes: “El bosque encantado” y “Retratos del mar”. Boix también acaba de grabar un disco con poemas de Ricardo Molina (1917-1968), fundador del grupo Cántico, y ahora participa en una gira con la Orquesta de Cadaqués, dirigida por Sir Neville Marinner, y canta un dúo con la cantante donostiarra. María Eugenia Boix empezó cantando jota y en el coro de Monzón. Alí fue descubierta por Paloma Manau, y luego tuvo otras profesoras como Beatriz Gimeno. Hace algo menos de un poco ganaba, aex aequo, la beca Montserrat Caballé-Bernabé Martí. Entre sus cantantes favoritas, señaló a la gran Edita Gruberova, de la que me habló por vez primera, hace algunos años, Marta Almajano. María Eugenia Boix es una muchacha morena y alta y bella, que posee una espléndida y matizada voz. La oímos –Yolanda Liesa, María, operadora de cámara y dos compañeros más de informativos- mientras se preparaba para salir. Está como en una nube, radiante y feliz. *María Eugenia Boix, en una actuación de Ensemble XXI.  Durante muchos años, cuando soñaba escribir un poemario (creo que hice tres en gallego y los he perdido para siempre), siempre leía el libro ganador del Premio Adonais. Aunque han sido muchos, el que más me gusta de todos, el que más me marcó fue “De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall” de Blanca Andreu. Me acuerdo por el Mercado Central, a principios de los años 80, recitando, a viva voz o mentalmente, fragmentos de aquel libro que me pareció distinto. Siempre que me encuentro con un Premio Adonais, lo compro. Siempre me gusta descubrir a un joven poeta preñado de imágenes, empapado de un decir nuevo. He aquí un fragmento de aquel libro.
Así morirán mis manos oliendo a espliego falso y morirá mi cuello hecho de musgo, así morirá mi colonia de piano y de tinta. Así la luz rayada, la forma de mi forma, mis calcetines de hilo, así mi pelo que antes fue barba bárbara de babilonios decapitados por Semíramis. Por último mis senos gramaticalmente elípticos o las anchas caderas que tanto me hicieron llorar. Por último mis labios que demasiado feroces se volvieron, el griego hígado, el corazón medieval, la mente sin cabalgadura.
Así morirá mi cuerpo de arco cuya clave es ninguna, es la música haciendo de tiempo, verde música sacra con el verde del oro.
Hoy he pasado por Antífona y encontré en su magnífica sección de poesía el volumen “Un poemario” de Teresa Soto (Oviedo, 1982), que posee una voz sugerente y en formación. No se por qué razón elijo esta composición “La fatalidad”.
LA FATALIDAD Durante dos semanas fui de un lado a otro arrastrando una fatalidad pesada como una piedra de catedral. Uno de vuelve muy pequeño junto a las catedrales, especialmente sí lleva al hombro una fatalidad de piedras muy pesada.
De no ser esta fatalidad algo accidental, podría decir que fue una herencia de algún tío y dejarla en algún lugar noble y seco de la casa. Pero no era una fatalidad heredada sino algo que encontré en una mañana no demasiado feliz en la que mi pie izquierdo se precipitó por la calle contra algo duro y frío.
Así son las fatalidades: frías, duras, constantes. Cargué con ella de casa al parque y del parque al autobús durante dos semanas, sin descansar un solo día. Hasta que se fue andando por su propio pie. Me cansé de ella o ella de mí. Con la ligereza de un gamo, rodó por las aceras hasta que la perdí de vista en una esquina, dos calles más abajo.
07/03/2008
 Leía hace unos días el poemario The End (Aqua) de Jesús Soria, que ganó el IV Premio de Poesía de la Delegación de Gobierno, y ayer otro libro finalista: Manual de oficios de Nacho Tajahuerce, en el que usa el monólogo dramático y cómico con soltura e ingenio. El libro está dividido en cuatro partes, una más extensa, y tres más breves. Todas las composiciones son muy narrativas. En la sección Tiempo perdido encuentro este poema, que me parece ideal ahora que comienzan los Mundiales de Atletismo. Claramente, parece hablar del campeón olímpico Fermín Cacho, con una acertada sorpresa final.
CORREDOR DE 1500 METROS Mi entrenador cuando era niño siempre me repetía que no mirara atrás, que no girara la cara en busca de mis rivales mientras vaya en cabeza, que de esa forma perdería velocidad y confianza. Veinte años preparándome para que por fin llegue el momento clave de mi carrera y comprenda por fin sus palabras.
Quedan cien metros, recta final, me voy a proclamar campeón olímpico de los 1500 metros cuando, de repente, comienzo a escuchar voces que me dicen que me pare, que no merece la pena continuar.
Hago caso. Me paro, miro hacia atrás y por primera vez en veinte años soy consciente del paso del tiempo.  SALTADOR DE PÉRTIGA*
Nadie me pregunta qué es lo que pasa por mi cabeza desde que sujeto la pértiga con las manos escuchando los ánimos del público hasta que la apoyo en el cemento y tomo impulso para volar por los aires y acercarme a Dios.
Nadie se lo pregunta, tan solo esperan que supere el listón.
*De Manual de oficios (Aqua, 2008) de Nacho Tajahuerce (Zaragoza, 1980). II Accésit del Premio de Poesía Delegación de Gobierno de Aragón. La foto, por si alguien no lo supiera, es de la gran campeona Yelena Isinbayeva. Récord del mundo de salto de pértiga femenina.
09/03/2008
 1. Me he levantado a las seis de la mañana. Jorge jugaba en Vadorrey: los líderes del Utebo de cadete se enfrentaban a ese equipo que lleva los colores de la selección aragonesa y que viaja por el fondo de la tabla. Los visitantes tomaron la delantera: gran gol de ese chico estupendo que es Iván. Mi hijo Jorge siempre me dice: “Iván tiene mucha calidad”. Creo que fue Chavi quien lanzó un centro desde la derecha e Iván remató bellamente de volea. El Vadorrey empató de inmediato; hubo unos minutos posteriores de tanteo y tedio, aunque pronto apretó el acelerador Claudio, retornado a su puesto natural de medio centro. El medio marcó tres goles, uno de una falta extraordinaria. Quedó en la caseta poco después del descanso; hoy, a las once de la mañana, con los juveniles, se enfrenta al Garrapinillos de Utebo. El entrenador corrigió algunas posiciones: devolvió a Jorge de Sola a su posición natural de central indesmayable; pudo contar con Joni (que viene de Jonás, y es un zurdo nato que juega atrás) y ensayó con Ángel, el capitán, de extremo izquierdo. No es el puesto de Ángel, un jugador espléndido que ha perdido el sitio, la confianza y una espléndida forma que lo había llevado a la selección de Aragón. Ángel es un mediapunta, un enganche puro, un jugador que necesita estar arropado en la media y tener libertad de movimientos en la zona de tres cuartos. Jorge salió a los cinco minutos de la segunda parte, y marcó dos goles. Desbordó, jugó bien y le cogió la espaldas a los defensas como se le exige a un extremo. Al final, feliz, dijo: “He podido marcar dos goles, uno para cada abuelo. Para Leoncio y Benito”. Volvió a notar sus tirones, pero su rendimiento fue óptimo. Marcó, centró, lanzó los córners con buena aptitud, sirvió un par de goles hechos a Óscar…
2. Ayer estuve preparando un reportaje sobre Luis Galve. El lunes se cumple el centenario de su nacimiento, y el pianista suizo, uno de los más amados por Galve de entre los jóvenes, ofrecerá un concierto en la sala Mozart del Auditorio. Salen, si no hay novedades, dos páginas que intentan acercar su figura a quien no lo conozca demasiado. Comí con Aloma y con Barreiros en el restaurante Bílbilis, que tiene dos camareros que parecen hermanos y son de Nicaragua, como Rubén Darío. A mediatarde, Aloma y Barreiros aparecieron con dos bellas sorpresas: el disco “Back to black” de Amy Winehouse (me gusta mucho la segunda canción “You know i’m no good”; ya sabemos, nena, que no eres buena) y una grabadora digital para que me modernice. No es mi cumpleaños, pero ha sido una bonita sorpresa. Tendré que llamar a Javier Torres, que vive un momento maravilloso, de grandes esperanzas, great expectations, para que me ayude a entender el grabador. 3. Hacia las ocho, cuando estaba a punto de venir para casa, me llamó Juanjo Blasco Panamá. Por fin, hoy he descubierto que su segundo apellido es Adé, como mi amigo José María Adé, morador de Ginebra y revoltoso corazón de Huesca. Acaba de leer la última entrega de Robert Crumb para “Artes & Letras”, y ha vivido un sábado de zozobra. Avanzada la mañana se enteró de que en Lérida tocaba uno de sus grupos favoritos: The Fairport Convention (de vez en cuando Juanjo me regala discos de sus grupos de los 70 y 80 favoritos), y a la vez estaba un poco temeroso del partido de La Romareda. Ahora se cumplen sus primeros 30 años de socio del club. Al final, fue al estadio. Le anticipé que iba a ser una noche emocionante y bella, y que iba a ganar el Real Zaragoza. Por cierto, creo que esta semana llegarán los primeros ejemplares de "Cuentos a patadas", 21 textos sobre el Real Zaraogza, ilustrados por otros tantos dibujantes, ilustradores, diseñadores y pintores.
4. Así fue. Ganó el Real Zaragoza en un partido épico que estuvo a punto de desequilibrar (o mejor aún, de equilibrar) el Kun Agüero. O Diego Forlán. Pepe Melero salía una y otra vez en la tele, y, en la última toma, parecía que iba a besar la bruñida calva del presidente Eduardo Bandrés, feliz tras varias semanas de infarto y sospechamos que de infarto. Hace un par de meses que no lo veo; desde el único partido que dirigió Ander Garitano.
El Zaragoza de Manolo Villanova es otro: más ordenado, más compacto y con un líder que es Francellino Matuzalem, que hace recordar por su técnica, por su rostro y por su pase eléctrico e inteligente a Nayim. El Real Zaragoza, si hacemos caso de lo que vimos ayer, ya tiene un cerebro: alguien que quiere el balón, que lo pasa con criterio, que lanza al hueco, alguien que entiende que el fútbol es un tuya-mía continua (ahora a eso se le llama asociarse) que, de golpe, busca el pase profundo y letal, el envío envenenado por sorpresa. Matuzalem se mostró como algo más que una esperanza, igual que ese central intenso y bregador, con criterio a la hora de jugar el balón que es Javier Paredes. Ha sido el otro gran héroe de la noche, y no debemos infravalorar la aportación de Sergio García y de Diegol Milito, de nuevo, ni la seguridad de César Sánchez. Manolo Villanova se juega su dignidad y el respeto a la entidad con este equipo. Quiere mejorarlo, hacerlo más compacto. Hoy le falló Luccin (le falló relativamente, en momentos específicos), y se le ve profesional, riguroso, entregado, alerta a todo cuanto ocurre. El Real Zaragoza ha dejado una señal de cambio: hay motivos para la ilusión… ¡Viva Manolo Villanova!
*Jorge Rodríguez Gascón, el exterior zurdo, con la camiseta azul del Utebo. Al fondo, Héctor, que ha hecho un buen partido, sobre todo en la segunda parte. La foto es de Aloma Simpé.  La gran saltadora de pértiga venía a Valenciaa realizar algo inmenso (un récord del mundo tal vez) e hizo poco. Tres saltos nulos y dos correctos, pobres para sus registros. Y así ganó, con 4.75, lo que para ella no es casi volar. Dio la vuelta de honor al velódromo Luis Puig de Valencia y fue lo más aplaudido de la tarde, un poco menos que Higuero y Casado, en realidad. Es una bellísima campeona con un extraordinario glamour. *La foto es de Julián Martín. |