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UN DIÁLOGO CON MANUEL VILAS
https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/10/02/manuel-vilas-el-olvido-es-el-destino-final-de-nuestra-vanidad-1398038.html
'EL QUIJOTE WELLES' DE SÁNCHEZ VIDAL

narrativa Agustín Sánchez Vidal escribe, mediante el ardid de sucesivas entrevistas, la novela de la vida y obra del cineasta
En la sala de montaje con Orson Welles
Uno de los personajes más complejos e inagotables de la historia del cine y del teatro es Orson Welles (1915-1985). Su figura se ensancha en multitud de direcciones: fue actor, director teatral, guionista, un estupendo dibujante, montador y uno de los cineastas más fascinantes y ambiciosos de la historia, autor de una película que revolucionó el universo de la imagen como ‘Ciudadano Kane’. Esa obra, como un diamante único, se alza en medio de otras joyas, en absoluto menores.
A Agustín Sánchez Vidal le interesa el personaje desde hace muchos años, y siempre había querido convertirlo en materia de ficción. En sustancia novelesca. El resultado es ‘Quijote Welles’, un título que tiene varias lecturas: a Orson Welles siempre le interesaron mucho la novela y el personaje de Cervantes, y a la vez podría deducirse un poco que en toda su existencia, en su vida y especialmente en su obra, Orson Welles fue un auténtico Quijote. Y un Sancho también. Un rebelde con causas, un hombre inquieto e inteligente, con un gran carisma, azotado por multitud de sombras y matices de ansiedad.
Sánchez Vidal se ha propuesto armar una novela del personaje. Y lo hace en torno a varios ejes: el retrato de una complejidad absorbente, el paseo minucioso por su existencia (uno de los momentos más reveladores es cuando el propio cineasta cuenta sus años con Rita Hayworth y hace el retrato de una mujer vulnerable que viaja a Sevilla, que siente constantes celos, justificados, su desamparo esencial) y por su obra (viajes, etapas, rodajes), y la porfía por llevar al cine la novela de Cervantes. Welles sintió una insondable pasión española: adoraba los toros, tenía una relación de rivalidad y suspicacia con Ernst Hemingway, en el libro teoriza sobre la fiesta y habla de Ordóñez o de Belmonte con conocimiento de causa, se siente fascinado por Goya y las Pinturas Negras, por Velázquez y Calderón, le gustan los vinos y halla constantes caminos de ida y vuelta de lo llevan y traen desde el Siglo de Oro a nuestros días. Además, le enamora, como a Hearst, la bella ciudad de Ronda.
La novela como entrevista
Sánchez Vidal, premio de las Letras Aragonesas de 2016 y premio Espejo de España de 1988, organiza su novela de 668 páginas en 17 capítulos y en forma de entrevista. La periodista Barbara Galway decide redactar la biografía del autor que adoraba a William Shakespeare y para hacerlo se cita con Welles y con multitud de personajes que lo conocieron, que trabajaron y que discutieron con él. Y así, diálogo a diálogo, avanza un libro que también es una historia cultural de Hollywood y del propio cine, un exhaustivo retrato de un personaje irreductible, autodestructivo y obsesivo.
El rodaje de ‘El Quijote’ se prolongó durante 12 años, desde 1957 hasta 1969, y al final la montaría Jesús Franco, con voz en la novela. ‘Quijote Welles’, con su carrusel de incidencias y cambios de ánimo de Orson Welles, tiene un correlato evidente con los hechos conocidos, con las biografías y declaraciones del realizador, y en ese sentido tiene algo de palimpsesto, pero ante todo es un libro de ficción, un ‘collage’ tejido con revelaciones, apuntes, anécdotas, que se enriquece con diarios y con fragmentos del guión real y del imaginado por el novelista.
En algunas ocasiones, algunos personajes sugieren que el guion de la película se escribía sobre la marcha, y Sánchez Vidal, desde el inicio, no elude el vínculo cervantino con Zaragoza. Uno de los grandes momentos del libro es el diálogo, que no llegó a darse en la realidad, entre Salvador Dalí y Welles; el cineasta se enfrentó a una criatura brillante y escurridiza al que no era fácil seguir, pero que le divertía mucho.
El guionista y novelista Peter Viertel le dice a Barbara Galway: «Es imposible resumir la personalidad de Orson en unas pocas palabras. Lo primero que me viene a la cabeza es algo que decía mi padre. Aseguraba que en este mundo hay personas que se pasan la vida buscando la muerte, mientras que otros buscan desesperadamente la vida. Él es una sorprendente y explosiva mezcla de esas dos actitudes, por un lado, una creatividad desbordante y, por otro, una actitud profundamente autodestructiva. Hay algo que le atormenta, no acaba de acomodarse a las limitaciones de este mundo y eso le carcome por dentro, le produce un vacío interior, una especie de pozo que trata de llenar no solo con el alcohol, la comida o el sexo, sino sobre todo con trabajo».
El contador de historias
En la novela hay teoría, filosofía y claves de la creación y un copioso anecdotario; el propio Viertel revela su admiración por Ford: «Lo que más le impresionaba de John Ford era su capacidad para rehacer el pasado como un mito. A menudo, sus vaqueros vienen a ser una versión actualizada de los caballeros andantes».
Orson Welles rodó mucho en España, que se convirtió en un escenario esencial y sentimental para él. Una de las películas que grabó fue ‘Una historias inmortal’, basada en el cuento homónimo de Isak Dinesen. Al evocarla, le dice a Barbara Galway: «Yo me considero por encima de todo un contador de historias, como esos que frecuentan los zocos árabes. Esa es mi inclinación natural y mis películas suelen contener ese tipo de relaciones primordiales».
Sánchez Vidal le hace a Welles un inmenso homenaje con sus mismas armas, entre ellas el periodismo: ordena el puzle de los hechos y de los sueños en un libro que invita a entrar sin miedo y a quedarse en sus pasadizos con tantas criaturas inolvidables.
Antón Castro
literatura y cine
Quijote Welles
Agustín Sánchez Vidal.
Fórcola. Colección Ficciones. Madrid, 2020. 668 páginas.
*La foto de Agustín Sánchez Vidal es de José Miguel Marco.
LA ZARAGOZA VIVIDA DE ARAMBURU
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ELOGIO DE LAS BIBLIOTECAS
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"Hay pueblos que palpitan dentro de la biblioteca".
MIGUEL ANGEL MOTIS: UN DIÁLOGO

El historiador y profesor de la Universidad de San Jorge Miguel Ángel Motis Dolader, uno de los grandes expertos en judaísmo y director del proyecto Sefarad, publica ’Vivencias, emociones y perfiles femeninos. Judeoconversas, inquisición en Aragón en el siglo XV’ (Dikinson S. L.).
¿Cuál es el punto de partida del libro, qué te interesaba contar y analizar?
Aunque parezca paradójico en un comienzo pretendía escribir una novela histórica –aspiración que mantengo viva– inspirada en los cerca de quinientos procesos inquisitoriales que he consultado a lo largo de mis años de estudio. Si bien, consideré que si me doctoraba previamente en Antropología, esa disciplina, unida a la Historia, me daría una visión mucho más plural y poliédrica para analizar las personas que discurrían ante el tribunal del Santo Oficio. En suma, quería analizar a través de las manifestaciones de mujeres singulares, a través de sus propias palabras, su mundo interior, sus miedos y anhelos, no meros arquetipos. Dicho de otro modo, una historia de los sentimientos femeninos en un contexto muy determinado.
-Se constatan, desde las primeras páginas, lugares comunes, que se creía que “la mujer es inferior al hombre, pues procede de él y le está subordinada”. Sin embargo, el libro es casi una demostración de lo contrario ¿no?
Es absolutamente cierto, la monografía creo que rompe, en buena medida, con el tópico de una mujer dependiente que pasa de la tutela del padre a la de su marido. Son mujeres capaces de afrontar su propia vida, especialmente en el hogar, pero no solo, donde una parte sustancial de esa autonomía la obtienen gracias a las redes de sororidad, de la amistad femenina. Curiosamente las viudas, que son las protagonistas de mis historias, gracias a los fueros de Aragón, que les permite administrar los bienes de su marido, se convierten en auténticas mater familias, en las rectoras de la unidad familiar, no solo en lo que respecta al destino de sus hijos sino en la asunción de las riendas económicas que ahora lidera.
-Recuerdas que hasta la Cábala sostenía que “el mal habita en la mujer”. ¿Cómo se llega a una consideración así?
En realidad, en el primer relato bíblico (Génesis 1,1-2,4) al narrar la creación del ser humano, se utiliza la expresión «carne de mi carne y hueso de mis huesos», lo que implica idéntica naturaleza de mujer y hombre; una identidad de destino y de dignidad. De hecho, la Shejiná, expresión de la presencia de la Divinidad, es femenina. Es solo tras la influencia de la mitología helenística cuando la versión más tardía (Génesis 2:4-3:24) establece la prelación «primero Adán, luego Eva», asumida por la literatura rabínica y escolástica, consolidando la preeminencia del varón, siendo el pecado original el inicio de una valoración moral entre varón y hembra. A partir de entonces en la narrativa de la Europa Occidental late una evidente misoginia, fundada en el patriarcado de tradición grecorromana, que se afianza en las tres religiones del Libro, respaldada por la patrística, la mística alegórica de la Cábala, o la teología islámica.
-¿Por qué eran ellas las depositarias de las creencias?
El judaísmo impregna toda la vida de la persona, no deslinda creencias o prácticas religiosas de su existencia cotidiana. Es además, una religión que se vive en comunidad y especialmente en el hogar, que es verdadero santuario para las mujeres, no tanto en la sinagoga, a la que los varones sí tienen obligación de asistir. A la mujer se le encomiendan los mandatos que tienen que ver con lo doméstico y la familia. Incluso es ella quien enciende las velas del Sábado con las que se inicia al atardecer, en que aparecen las primeras estrellas, esa jornada santa. Es ella quien inicia a sus hijos en las primeras oraciones y cánticos, educa sus sentidos, en la observancia de los ayunos y en el sentido de las celebraciones… En las fiestas se exaltan los valores femeninos de la casa, la familia, el linaje, lo interior, lo íntimo, máxime cuando son las que elaboran los alimentos, que constituyen un material simbólico de lo sagrado. Lo cotidiano se transforma mediante el ritual; lo doméstico se transforma en público al colectivizar el festejo. Eres judío por ser hijo de una madre judía, no porque practiques el judaísmo, de ahí la importancia de la familia y la memoria. El judaísmo quizás más que una religión de Dios es una religión de la Palabra.
-¿Qué traumas conlleva la conversión y por qué siempre las conversas, especialmente, estaban bajo sospecha?
Aunque nunca es acertado generalizar, de ahí que una parte de la Tesis que espero publicar en breve, contempla las microhistorias de cada biografía, porque se pierden los matices, los varones son más pragmáticos, ya que con la conversión pueden alcanzar todos los derechos que contemplan los fueros y convertirse en súbditos aragoneses, no solo vasallos del rey, escalando una parte de ellos puestos significativos en la elite mercantil del Reino. La mujer, por el contrario, es más doméstica, no le encuentra sentido cambiar de un cosmos de valores en el que se siente acogida, y lo hace muchas veces por proteger a sus hijos, mantener unida la familia o no quedar desamparada tras el bautismo de su marido. La conversión para muchas de estas personas supone perder su identidad y prescindir de unas prácticas que le confieren seguridad; sentir que la familia, los amigos y los vecinos pasan a ser extraños. Los inquisidores suelen decir que cuando las mujeres se reúnen sin presencia masculina se dedican a “confabular”, lo cual es de por sí sospechoso.
-¿Por qué se daba ese fenómeno de la conversión al cristianismo, que solía acarrear, tal como escribes, “efluvios de llanto”?
La conversión supone una transmutación del universo de las creencias y de los valores, muchos de los cuales –la Trinidad, la virginidad de María, la crucifixión, la eucaristía, el sacramento de la confesión, los santos, etc.– eran incomprensibles e, incluso, chocaban frontalmente con sus convicciones más íntimas. Una vez que toman el bautismo, son dejadas a su suerte y no reciben catequesis, sin embargo, mantienen los vínculos parentales, amicales y profesionales con los judíos. Así, sienten una profunda melancolía pues es una especie de renuncia a su identidad. Se sienten transterradas; en una periferia mestiza, nómada. Muchas necesitan apaciguar su llanto con otras mujeres como ellas, necesitan su consuelo. De hecho, es habitual su retorno a unas costumbres, a su cultura, pues son las únicas que conocen y dan sentido a su presente.
-¿Por qué te has centrado, sobre todo, en 24 viudas?
Antes de comenzar la investigación necesitaba seleccionar el perfil de las personas específicas, para ello partí de una serie de premisas. En primer lugar, escogí la década 1484-1492, por ser el período fundacional, y porque todavía no se había promulgado el destierro de Sefarad, de modo que conversos y judíos seguía compartiendo espacios. Además, son conversas de segunda generación, es decir, sus padres eran judíos, de modo que el judaísmo lo conocían solo a través de los ecos de la infancia; de ahí su necesidad de recordar olores (el potaje o hamín) o sonidos (las salmodias) de la niñez. Tercero, quería centrarme un tipo de conversa triplemente marginada por ser mujer, descendiente de judíos y viuda.
¿Por qué se da ese ensañamiento de seres marcados, por lo general, por la indefensión? Cuentas que les expropias casi todo y se vende en almoneda pública…
Gran parte de las viudas son penitenciadas –las sentencias absolutorias son mínimas–tras abjurar de sus errores públicamente en el interior de las iglesias o en los Autos de Fe, aunque las sospechas de judaización fueran leves. Ello entrañaba, por lo común, el que gran parte de sus bienes –con los que debían alimentarse en sus estancias en la Torre del Trovador o en las cárceles episcopales–fueran confiscados, colocándolas en una situación de pura subsistencia. Ello les sitúa en el umbral de la pobreza, cuando no en el ostracismo social, obligándolas a la reagrupación familiar tras perder su casa y trasladarse al hogar de sus hijos, padres, yernos o suegros. La situación es más desesperada cuando ejecutan también los bienes del marido y del progenitor, al punto de que será la Inquisición quien tenga que proveerle de alimento y suscriba las dotes de sus hijas doncellas.
-Dentro del carácter micro biográfico del volumen, hablas de la importancia de la intimidad, de las cocinas, de relaciones más o menos secretas de puertas a dentro. ¿De qué eran sospechosas?
En la intimidad del hogar las mujeres recobran su voz al encontrarse con otras mujeres con las que se sinceran. Las sospechas nacen muchas veces en la mente de los inquisidores o en la celosa vigilancia que son sometidas por sus vecinas, para quienes lo que no está presente en el espacio público es sospechoso. Es en la intimidad femenina donde siguen reconociéndose a través de celebraciones como el sábado, la alimentación, la oración -las judías oran cantando- y las creencias compartidas. Las confidencias circulan con mucha fluidez en los ámbitos privados, pues ellas encuentran en la palabra escuchada la intimidad emocional que precisan. Esos son momentos claves para mi investigación porque hablan en primera persona del femenino singular sobre su constelación de creencias, frustraciones, aspiraciones…
-¿Cómo se materializaban las herejías? ¿Cuáles eran esas prácticas mágicas que movilizaban al Santo Oficio?
El Santo Oficio persigue no tanto la herejía como a los herejes, donde la heterodoxia se fija mediante estereotipos construidos sobre manifestaciones externas, equiparando costumbres y creencias. Es decir, interpretar el fuero interno a través de un vademécum de conductas. No obstante, a lo largo de estas páginas creo que demuestro que la anatomía de sus supuestas herejías predomina no un componente dogmático o doctrinal, sino cultural y creencial, pues practican y apelan a ritos y creencias transmitidas de generación en generación, como los usos culinarios, la observancia sabática, los ayunos o las normas de pureza. A ello se unen los lazos de socialización que les permite paliar la soledad, la melancolía, la añoranza o la tristeza. Muchas son prisioneras de su pasado o su vulnerabilidad radica en ese tiempo pretérito de su vida ya vivida, donde nada pueden hacer por reconducirlo, pues se les juzga en ocasiones por lo que fueron, no por lo que son o desearían o hubieran anhelado ser.
-¿Cómo actuaba el Santo Oficio, cómo era ese radar complejo del sistema de escuchas?
Desde que se proclama el Edicto de Gracia, que disponen de un tiempo, en torno a cuarenta días, para declarar cuando se instala el tribunal en la ciudad y auto inculparse. Sin embargo, la conversa cae en una trampa letal, pues no solo debía confesar las prácticas heréticas -en gran medida prácticas culturales que aprendieron de sus madres, hermanas y abuelas-, con la garantía de aplicarle una sentencia más leve, sino que tenía que identificar las personas que hubieren participado en dichos actos. Bastaba con la mera sospecha que propagaba el virus de la murmuración y de las denuncias anónimas. De ahí que los inquisidores preguntaran si sabían, presentían, habías visto o había oído decir, considerando pruebas inculpatorias la pura subjetividad de las conductas.
-¿Cuáles son las historias que te parecen especialmente conmovedoras, marcadas por una arbitrariedad violenta, sin piedad?
Se aprecia una relación dialéctica –un pugilato desigual– entre la procesada y el inquisidor, que se traduce en un juego de estrategias. El magistrado imparte justicia basándose no solo en la doctrina sino en sus propias convicciones, en su percepción valorativa. Saben que luchan por su vida, que deben seleccionar los episodios de su línea argumental, minimizando los efectos de un enfrentamiento –la resistencia pasiva es la primera vía–, sin que se descubra la estratagema. Se trata de sortear la presión para no denunciar a familiares y amigos, buscando la benevolencia y el perdón del magistrado, pero sin simular (fingir) o disimular (ocultar).
-¿Cómo se podían salvar las mujeres, en qué casos eludían la cárcel?
Es cierto que las penas son más leves en el caso de las mujeres -la condena a la hoguera es muy superior entre los varones- y que la cárcel muchas veces se limitaba a un confinamiento en casa o en la ciudad, y transcurrido cierto tiempo se podía condonar por determinadas misas y rezos. En la confesión se describe un discurso patriarcal, disfrazado de paternalismo, donde las conversas al dirigirse a los magistrados acatan –o fingen hacerlo– la jerarquía institucional, colocándose en un plano de inferioridad al invocar clemencia y su condición de pecadoras con el fin atenuar la condena. Superando la primera fase de confusión, tras su detención, reconstruyen su discurso, en muchas ocasiones ayudadas por otras mujeres que comparten celda y que le brindan su experiencia. En un mundo pleno de gestualidad, el inquisidor quiere percibir señales que delaten que el dolor es verdadero y no fingido, entendiendo que las lágrimas lavan la culpa y la redimen; que el magistrado escuche lo que desea que brote de sus labios.
-En el libro se ve, que el fenómeno de la sospecha y la persecución se daba en todo Aragón: en las tres provincias, en Calatayud, Daroca, Monzón…
Desde sus inicios el Santo Oficio no necesita un gran despliegue de medios. Se basa en el conocimiento de la naturaleza humana tan dada al rencor y la delación. En cada ciudad o villa importante de Aragón, en las primeras décadas -más tarde se racionalizará la planta de los tribunales en Zaragoza y una porción de las tierras turolenses pasarán a depender de Valencia-, se instala un tribunal de distrito permanente o itinerante que recopila información a través de unos recursos mínimos (inquisidores, párrocos y familiares) y especialmente de los vecinos, que dispensan una inagotable fuente de información, paliando la precariedad de los medios con que contaba. La Inquisición logró desarticular numerosos linajes de conversos en aquellas localidades en que habían accedido a la oligarquía ciudadana y a los cargos concejiles. Fue especialmente contundente en Teruel por su defensa de los fueros.
-¿Servía de algo, de verdad, la confesión?
Debemos diferenciar dos confesiones: la sacramental -en la que los conversos, como gran parte de la sociedad cristiana, no creen- o la judiciaria. En la primera el inquisidor puede comportarse en este período como un confesor y suele ser más magnánimo, pero esta instancia desaparece cuando se ha producido la acusación de un tercero o a llegado a oídos del tribunal. La confesión y la abjuración ante el tribunal, para que surta algún efecto, tiene que ser persuasiva, convencer al fiscal y al magistrado, utilizar determinados códigos -asumir el castigo, suplicar misericordia, llorar, ponerse de rodillas, reconocer la naturaleza pecadora de la mujer- de su sinceridad. Si eso se produce puede evitarse la cárcel y la confiscación de la totalidad de los bienes.
-¿De qué eran culpables, si pueden decirse así, estas mujeres desamparadas? Les recriminan, incluso, que defiendan a los padres y a sus hijos...
En la Inquisición prima el principio de la presunción de culpabilidad, donde la mera sospecha podía ser causa de incriminación y donde las acusaciones eran secretas. Esas mujeres debían defender su inocencia, ante unos inquisidores son expertos en fracturar solidaridades una mera delación supone que se desmorone la cohesión de todo un linaje o una familia. Llama poderosamente la atención que una delatora muy valiosa para el tribunal es el servicio doméstico, ante cuyos ojos nada se puede ocultar, sin olvidar a sus antiguos correligionarios que, por ende, no estaban bajo la jurisdicción inquisitorial. Son ellos, y no otros, los que podían identificar perfectamente las conductas calificables de herejía. Es probable que sin la Inquisición, con un poder fabuloso, ya que controlaba el fuero interno de las personas, los conversos se hubieran ido paulatinamente integrándose en el tejido social, como venía sucediendo desde comienzos del siglo XV.
-¿Cuál es la lección para nuestra vida contemporánea de un libro como este?
Los libros de historia siempre tienen plena actualidad porque contamos el pasado desde la hermenéutica del presente para nuestros contemporáneos. Por sintetizarlo en dos ideas: el ser humano comparte los mismos miedos que el siglo XV, como es la soledad o la fragilidad humana, en segundo lugar, si somos capaces de empatizar y comprender al Otro, al distinto, podemos ver en ellos una parte de nosotros mismos. Es lo que denomina el desembarco en el nosotros. Se aprecia que tanto judíos, cristianos y musulmanes comparten unos fundamentos éticos que derivan de la Ley de Moisés.
-¿Cómo ha sido tu investigación, qué revelaciones esperan en los archivos y en los documentos?
Si Borges manifestaba que imaginaba el Paraíso como una inmensa biblioteca, al modo en que la describe magistralmente la de Alejandría Inés Vallejo, yo añadiría una insondable estancia con los documentos que ha habitado la Historia, pues a través de sus escrituras se ahonda en sus memorias, en sus recuerdos y sus realidades. Cuando entras en un archivo, pierdes la noción del tiempo y eres capaz de trascender los siglos para encontrarte con tus personajes y dialogar con ellos. La Historia no solo requiere fuentes sino imaginación, necesita imagen y palabra, pero ante todo necesita el milagro de la escritura como huella de su existir.
-Sé que es una pregunta difícil, porque sería para escribir cientos y cientos de páginas… Si tuvieras que decirlo en un telegrama, ¿cómo era aquel siglo XV, donde todo el mundo recela y tantos y tantos delatan?
El siglo XV, donde la ciudad es un mundo abreviado, es una centuria paradójica. De un lado eclosiona de modernidad pues comienzan a labrarse espacios de individualidad enclavados en una red vecinal -las redes sociales de la época-, pero donde todo el mundo se conoce y donde es difícil mantener secretos. Esto es cierto en especial cuando emerge la imagen del Otro a través de los judeoconversos que se sitúan en un espacio liminar, en el margen.
*La foto de Miguel Ángel Motis, explicando el judaísmo en Tarazona, es de Javier Bona.
DIÁLOGO CON ITZIAR MIRANDA

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NUEVAS NOTICIAS DE CONCHA MAYORDOMO
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NUEVA NOVELA DE ÁNGELA LABORDETA: EVOCACIÓN DE KATHLEEN LÓPEZ KILCOYNE
Ángela Labordeta publica 'Equilibrista'.
https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/10/25/angela-labordeta-publica-equilibrista-la-memoria-vital-y-doliente-de-kathleen-lopez-1401911.html?fbclid=IwAR1blpfmEwjJPoSUPTTI3x3KAJ-wShaEooMedT3YHskkBknUWTEqo80T98A
SOBRE CRISTÓBAL BALENCIAGA
LOS HILOS SECRETOS QUE LLEVAN A BALENCIAGA
Antón CASTRO
La vida está llena de meandros ocultos, de hilos secretos que trazan historias que, a menudo, esperan una mano o una voz que las revele. O ellas mismas, de golpe, se rebelan: son historias con corazón, con sorpresa, con protagonistas inesperados, con paisajes, con un arsenal de documentos. Algo así le ha sucedido a Pedro Usabiaga, fotógrafo, enamorado del arte y la moda, y admirador y estudioso de ese creador de moda y de belleza que fue Cristóbal Balenciaga Eizaguirre (Guetaria, Guipúzcoa, 1895-Jávea, Alicante, 1972), la perfección hecha sutileza, armonía de líneas y de color, torbellino de telas, hilvanado con refinamiento y sensualidad.
En uno de los regates del azar, Pedro Usabiaga descubrió que su tío José Luis Usabiaga, pintor y decorador, diseñador gráfico y escaparatista, poseía en sus archivos numerosos documentos, folletos, fotos y recortes de prensa sobre el modisto, centrados especialmente en actos sociales en San Sebastián , así como algunas piezas de tela y botones de su taller Eisa en la ciudad. De él y de uno de sus más cercanos colaboradores y compañeros, como Ramón Esparza .Así , entre recuerdos y descubrimientos familiares se gestó el núcleo o el arranque de una espiral que sigue expandiéndose. Balenciaga falleció el 23 de marzo de 1972, y cinco meses después , el 26 de agosto se le organizó una cena y desfile homenaje en la ciudad donostiarra cuya invitación diseñó el propio Usabiaga . Esa pieza, sofisticada y etérea, y unas fotos inéditas del acto están presentes en esta muestra, El siglo de Balenciaga, que se fundamenta en algunos otros polos: la presentación pública de la colección privada de Pedro Usabiaga, comisario como recordarán de una muestra anterior en el Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos ‘Pablo Serrano’ (IAACC) sobre Balenciaga y el cine. Y el hecho de que, en este gozoso laberinto de coincidencias, su propia abuela, Cristina Azarlosa (madre, por cierto, de José Luis Usabiaga), trabajase de modista en Les Grands Magasins du Louvre, en San Sebastián, donde también se empleó un joven y ya talentoso Balenciaga en 1911, encargado al poco tiempo de adquirir modelos parisinos para la tienda. Se dice que Cristina adquirió allí la habilidad de coser botones de un modo muy peculiar , el mismo que el joven Cristóbal transmitiría posteriormente en sus talleres.
Hay algunas cosas más que decir y subrayar de este proyecto, que se ampara en algunos otros nombres propios: los dos grandes colaboradores y amigos del modisto, Ladislas “Wladzio” Jaworowski d’Attainville ( Paris 1899 , Madrid 1948 ) , cuya relación abarca el período de 1927 a 1948, y el ya citado Ramón Esparza Viela (Lesaca, Navarra, 1923-1997), su compañero desde 1949/50 hasta su muerte. Wladzio era un joven de sangre franco-polaca , hijo de una gran dama con linaje de los duques de Rivoli y príncipes d´Essling , y sería capital en su éxito y en su estabilidad emocional como tantas veces han contado los biógrafos y especialistas del modista de Guetaria. Con Wladzio, Balenciaga viajó a menudo por Biarritz y Bayona. En Biarritz, Balenciaga conoció a una de las grandes figuras de la Alta Costura : Gabrielle ‘Coco’ Chanel; allí visitaba su tienda y el Hôtel du Palais , otrora residencia de verano de la Emperatriz Eugenia donde le acompañaba Anne Debelle ,su Grande-Maîtresse y tatarabuela de Wladzio. En Bayona, les gustaba ir a los grandes almacenes Aux Dames de France y al Musée Bonnat, donde se deleitaban ante las obras de Jean-Auguste-Dominique Ingres y de Hippolyte Flandrin, especialmente. Quizá por todo ello, la muestra de El siglo de Balenciaga también viajará a Bayona, al Musée Didam, que participará en la producción con el Gobierno de Aragón y el IAACC ‘Pablo Serrano’.
Dentro de ese río de relatos ocultos, de casualidades que no lo son tanto, otro investigador de la moda y creador él mismo como Enrique Lafuente ha descubierto que Balenciaga tuvo bastantes conexiones con Aragón. Ramón Esparza, que era navarro, hizo algunos cursos de Derecho como alumno libre en la Universidad de Zaragoza, y él le presentó a una de las modelos de su vida: la zaragozana María Nieves ‘Meyes’ Hernández Ortiz (Zaragoza, 1924-París, 1962), que trabajó en la célebre Maison Balenciaga del 10 Avenue George V de Paris, como maniquí de cabina, entre 1950 y 1956. Meyes está muy presente en la muestra: hay fotos extraordinarias de ella con varios modelos, y una curiosa primicia: un retrato suyo ejecutado por el pintor Mariano Gaspar Gracián, datado en 1950, que pertenece a la colección personal de Marta Navarro, nieta del arquitecto Félix Navarro, creador del Mercado Central de Zaragoza.
Balenciaga fue siempre un hombre sensible y muy conectado con las artes plásticas. Goya era uno de sus dioses y una de sus influencias, si puede decirse eso de un pintor sobre un modisto. En la muestra podrá verse la obra Dama con Mantilla, del pintor de Fuendetodos, que pertenece al Gobierno de Aragón ya que fundamenta maravillosamente esta recurrente fuente de inspiración, en particular para los modelos con encaje. Un vestido con esos matices y esos velos lo hizo para Adela Quijano, la esposa del embajador zaragozano Ángel Sanz Briz, “el ángel de Budapest” reconocido como “ Justo entre las Naciones “ por salvar la vida a miles de judíos.
Amigo de los paralelismos y de los guiños, Pedro Usabiaga, que ya había participado en un homenaje al maestro en Niza en 1996, recuerda que justo 45 años antes, un 20 de febrero de 1974, se inauguró en Madrid la gran exposición “El mundo de Balenciaga”, de cuya muestra quedó un excepcional catálogo con portada de Miró y donde había piezas cedidas también por Adela Quijano Sra de Sanz Briz y por Pilar Mompeón y de Nó Sra de Yarza , como su vestido de novia en moiré de octubre de 1939 que estará presente en Zaragoza y en Bayona. Como detalle curioso, en esta muestra se exhibe un vestido negro de encaje de S.A.R la princesa María de la Esperanza de Borbón, hermana del monarca emérito Juan Carlos I. En la serie Lo que escondían sus ojos, lo lució la actriz Blanca Suárez en el papel de la marquesa de Llanzol , Sonsoles de Icaza, musa del modisto y enamorada secreta de Ramón Serrano Suñer, el poderoso ministro y cuñado de Franco que estuvo destinado como abogado del Estado en Zaragoza entre 1924 y 1936.
Por otra parte, las pesquisas de Enrique Lafuente confirman un hecho muy novedoso: Balenciaga y Esparza eran buenos amigos del industrial vasco Jesús Azcárate Larrañaga, quien adquirió en 1971 Textil Tarazona S.A tras la muerte en accidente de José Gutiérrez Tapia , uno de sus antiguos propietarios. Unieron sus empeños e intentaron crear una línea de ‘prêt à porter’ que no cuajó, entre otras cosas porque Balenciaga murió pronto, intentando a la vez otro proyecto de estampación en tejido de seda en la fábrica Subijana & cia de Villabona (Guipúzcoa) para producir pañuelos con la rúbrica del modisto. Al parecer, Balenciaga, que tenía severos dolores en los huesos , fue aconsejado por los médicos que buscase el clima seco del entorno del Moncayo , pasando jornadas de reposo en los baños de Fitero , visitando Cascante y viviendo algunas semanas en Tarazona aprovechando la supervisión junto a Esparza y Azcárate de esa última aventura empresarial en nuestra tierra aragonesa .
En la muestra El siglo de Balenciaga, claro está, hay muchas cosas: Iniciando con un depurado vestido largo en crêpe de Chine y escote en corazón , creado en 1933 en el recién abierto taller Eisa de la calle Caballero de Gracia 42 de Madrid, en plena Segunda República Española y que fue enviado a Londres seguramente a la esposa de un diplomático. Hay complementos, fotos, reconstrucción de su taller con un busto de costura original proveniente de la colección Iribarren, obras de arte; además de los cuadros y dibujos citados, estará el retrato de María Elena de Arizmendi, pintada por Enrique Albisu; el de la artista Annabel Schwob, de 1959, pintada por su marido Bernard Buffet y que Balenciaga tenía en el despacho de su domicilio parisino del 28 Avenue Marceau, el de Herminia Laborde, realizado por Nelly Ellen Harvey , varios grabados de Jan Mara o dos cuadros del pintor tolosarra Miguel Ángel Alvarez
No podían faltar las conexiones de Balenciaga con otros creadores. Colaboró con muchos modistos y por eso hay obras de Pedro Rodríguez, de Hubert de Givenchy, que lo sentía como un padre aunque no llegasen a trabajar juntos, de Emanuel Ungaro, de André Courrèges, de Elio Berhanyer, de Asunción Bastida, de Carmen Mir, del turolense Manuel Pertegaz y del zaragozano Pedro Esteban, que reconoció al creador vasco como uno de sus maestros al trabajar durante años en sus talleres de Barcelona y Paris.
Diana de Vreeland, directora de Vogue, definió así a Cristóbal Balenciaga: “Siempre me dicen que la moda nace en la calle, pero siempre la veo primero en Balenciaga”. El creador de Guetaria fue un visionario, un artista del volumen , un apasionado del equilibrio de Palladio o de la “ komata “ de las geishas , un modista único que destiló toda su vida la dosis precisa de elegancia, sugerencia y hermosura en cada uno de sus actos, en cada una de sus prendas.
UNA ENTREVISTA QUE ME HACE IÑIGO LINAJE PARA TURIA
http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/anton-castro-espana-se-ha-empobrecido-y-retrocede-en-ambitos-de-libertad-y-tolerancia?fbclid=IwAR1wx9QE2-mo-y2VdzZ_4LTOhU337TClpT60iJjRGKSM-cI2LgbAb6E7r-Y
IRENE VALLEJO: LECTURAS, AUTORES, CITAS
¿Cuál es el primer libro, o los primeros libros, que te cambiaron la vida?
Cuando mi padre empezó a contarme la Odisea, tal vez sin saberlo, me cambió la vida. Aquella noche en la que me hipnotizó con las aventuras de Ulises a la orilla de mi cama infantil, no podía imaginar que aquel barco griego decidiría el rumbo de mi imaginación.
-¿Y el que te reveló los poderes de la literatura?
Al leer Antígona intuí, quizás por primera vez, que la literatura no es solo la crónica de las aventuras de lejanos personajes, sino que habla de nosotros: la rebeldía, el amor a los muertos, los cuidados, las leyes.
-¿Quiénes son los autores de tu vida?
Serían infinitos, y no siempre los mismos: los libros de mi vida cambian constantemente. Pero si ahora mismo tengo que improvisar una lista, en ella estarían sin duda Safo, Heródoto, Montaigne, Conrad, Carson McCullers, Natalia Ginzburg.
-¿Qué libros te acompañan siempre, o casi siempre?
Trilce, de César Vallejo, que no es pariente mío, pero sus versos enamoraron a mis padres, así que le debo haber nacido.
-¿Qué buscas en la literatura, en la que escribes y en la que lees?
Inquietud, misterio, imágenes envolventes, ideas inesperadas y, sobre todo, un lenguaje poderoso que me descubra otros mundos posibles.
-¿El inicio que más te conmovió o te conmueve?
Un poema de Safo, que empieza: “Otra vez me sacude Eros, el que hace languidecer los cuerpos/ agridulce, indomable, animal oscuro”.
¿Y el final?
Siempre me ha impactado la famosa frase final de El gran Gatsby: “Y así avanzamos, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado”. Describe esa extraña máquina del tiempo que son los libros, capaces de trasladarnos al pasado y al futuro, a los paisajes de la memoria y los sueños.
-¿Tienes un personaje favorito de ficción? ¿O varios?
Me fascinan los personajes inadaptados, extranjeros, fronterizos, como la protagonista de las Memorias de una enana, de Walter de la Mare. O las sirenas, desde Homero hasta el mascarón de proa que aparece en El tambor de hojalata, de Günter Grass.
-¿Y uno real convertido en ficción?
Cleopatra en Shakespeare. Virgilio en Dante o en Broch. Ovidio en Una vida imaginaria, de David Malouf. En estos días, me está impresionando la visión de Agustín Sánchez Vidal sobre Orson Welles en su Quijote Welles.
-¿Por qué te has volcado con los clásicos?
Me interesan los mitos porque son relatos supervivientes, que han sido capaces de cautivarnos generación tras generación, durante miles de años. Los relatos más andariegos, la condensación de nuestras emociones, las historias infinitas.
-¿Quiénes son los poetas que más te emocionan?
Safo, Ovidio, Vallejo, Lorca, Szymborska, Tranströmer.
-¿Qué poemarios o novelas o ensayos rescatarías del olvido?
A medio camino entre el ensayo y la poesía: El collar de la paloma, del andalusí Ibn Hazm. Y la Anatomía de la melancolía, de Richard Burton, que él mismo presentaba así: “Concededme cierto margen de tiempo y pondré ante vuestros ojos un océano prodigioso, vasto e infinito de insensatez y locura increíbles; un mar lleno de rocas y acantilados, de bancos de arena y golfos, estrechos y mareas contrarias, cuajado de monstruos terribles, formas salvajes, olas rugientes, tempestades y sosegadoras sirenas”.
-¿Los tres últimos libros, más o menos recientes que te hayan conmovido?
Lluvia fina, de Luis Landero, una emocionante y honda reflexión sobre el poder de la palabra y las historias en la memoria familiar. Arenas movedizas, de Nella Larsen, una novela en torno al desarraigo y el deseo, editada con mimo por Contraseña. El silencio de las mujeres, de Pat Barker, una impactante reescritura de la Ilíada desde el punto de vista de los personajes femeninos.
-¿Coleccionas algún autor, eres fetichista?
No soy fetichista: presto, pierdo y regalo mis libros. Guardo con cariño los cuentos y tebeos infantiles, que solía colocar bajo la almohada para soñar con ellos.
-¿Cuál es el libro de tu biblioteca que tiene para ti una historia especial, singular o emotiva?
Un ejemplar de Las aventuras de Huckleberry Finn que encontré en la carretera, abierto, atropellado por varios coches, atravesado por las cicatrices de los neumáticos. Lo llevé a casa, lo reparé y todavía lo guardo.
-¿Has hecho más locuras por amor o por la literatura?
Mis mayores locuras no han sido por amor ni por literatura, sino por deseo de aprender, experimentar y descubrir. Intuyo que esa curiosidad insensata e infinita es lo que comparten el amor, el saber y los libros.
-¿Hay una cita o un fragmento de un libro que te defina o que te guste especialmente?
“¿Puedo decir que nos han traicionado? No./ ¿Qué todos fueron buenos? Tampoco. Pero/ allí está una buena voluntad, sin duda,/ y sobre todo, el ser así”, de César Vallejo. Me fascina su empeño por defender la bondad, contra todos los cinismos y los pesimismos –por otro lado, sobradamente justificados–. Esos versos encarnan para mí esta confianza ciega y conmovedora.
¿Dónde lees, en qué soporte, en qué momentos al día, cuánto tiempo?
Desde que soy madre, leo en cualquier sitio, cazando al vuelo los instantes, robando horas al sueño y luciendo al día siguiente ojeras como condecoraciones lectoras.
¿En qué consiste leer?
Leer es habitar otras pieles, explorar otras mentes, mirar con otros ojos.
¿Cómo llevas el éxito de ‘El infinito en un junco’? ¿Se han cumplido tus sueños o aquí la realidad ha superado a la ficción?
En este caso, la realidad ha dejado atrás mis sueños más locos. Soy consciente de que esta inimaginable acogida hubiera sido imposible sin la hospitalidad de tantas personas –lectores, escritores, libreros, críticos–, que han recibido y amado a este pequeño junco con inmensa generosidad. Me despierto atónita cada día, conmovida por la bondad de tantos queridos desconocidos. Hacia todas ellas, hacia cada uno, mi gratitud infinita.