Antón Castro |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2007.
Recibo este mensaje del poeta y crítico de arte Pedro Pablo Azpeitia, que trabaja ahora en el sello editorial Prames: Pedro Pablo y Estrella acaban de tener su primer hijo. Enhorabuena. *"La tempestad" de Giorgione. Queridos amigos: Que paséis buenos días. Nos veremos el martes. *Siempre me ha gustado esta actriz, Stephane Audran, musa de Claude Chabrol. Os la dejo aquí como regalo de fin de semana. ¿En qué estará pensando? En el verano de 2000, Fernando García Mongay iniciaba sus colaboraciones con el Ciberpaís y me hizo un reportaje. La foto, antes de que la riada de libros se adueñase del bajo, la realizó Pablo Otín, el espléndido fotógrafo oscense que ganó el premio Ortega Y Gasset por sus fotos de la catástrofe de Biescas. Ésta es la foto que acompaña hoy la generosa y afectuosa crítica a "Golpes de mar" que publica Javier Goñi en Babelia. Mil gracias, Javier, desde el bello pueblo francés de Fontanil, que hace una decidida apuesta por los libros, y desde el teclado de mi cuñado Paco Gascón, el gran ingeniero aragonés, que en realidad es el teclado de mis sobrinos Tristán y Elsa. Hace unos días, Diario de Teruel (Javier Millán le dedicaba dos páginas) y Aragón Televisión publicaban esta bella foto de Javier Navarrete, el gran músico turolense que fue candidato al Oscar por la banda sonora de "El laberinto del fauno". El compositor, que ya trabaja para un proyecto de Annaud, está en el estudio de un músico norteamericano. Foto tomada el sábado al mediodía en el bello pueblo de Fontanil, que pertenece a la ruta literaria de Stendhal. En la fila de mayores: Jorge Rodríguez Gascón, sus tíos Paco y France, su hermano Diego y su madre Carmen. Delante: sus primos Tristán y Elsa, y su hermana Sara. La otra batalla de Valdespartera El cinéfilo incansable Toni Alarcón me regala una copia de “Salomón y la reina de Saba”, una película que se rodó en Valdespartera y El Escorial en 1958. Narra la historia de amor entre el segundo hijo del rey David y la soberana de un país de leyenda. Tyrone Power fue el actor elegido para dar vida al soberano, aquel hombre que tenía 700 esposas, que era un adalid de los tratados de paz, un coleccionista de arte y un poeta enamorado. Gina Lollobrigida encarnó a la reina politeísta que adoraba el sol en una suerte de orgía telúrica y sensual. El antagonista, Adonijah, en otros lugares Adonías, el hermano mayor de Salomón, era George Sanders. Y el director fue King Vidor, que había hecho “Guerra y paz” y “Duelo al sol”. Gina llegó a con su hermana y convocó a las multitudes ante el Gran Hotel. Cuando se trasladó el rodaje a Madrid, durante un lance guerrero entre Sanders y Power, éste sufrió un infarto mortal. Lo sustituyó Yul Brynner, ganador del Oscar por “El rey y yo” en 1956. Ni su quehacer ni el de la actriz, ni el de los directores artísticos, pasará a la historia. La escena más famosa es aquella en la que, desde lo alto de una loma de Valdespartera, el ejército hebreo coloca sus bruñidos escudos hacia al sol para cegar al enemigo y enviarlo hacia un barranco. La película tiene algo de maldita: Power murió, Vidor no volvió a dirigir (vivió hasta entrados los 80 y recibió un Oscar honorífico unos pocos años antes) y Sanders se suicidó en la Costa Brava después. Mucha gente fue “extra”. Hay preciosas fotos de Miguel París y de otros que reflejan ese instante de ficción en que Zaragoza fue un campo de batalla entre hermanos hebreos y quizá un lecho de plumas para Salomón y la bella de Saba. Tam Tam Go, Ray Loriga, José María Aresté, Cine antes del cine, Agustín Díaz Yanes, esta noche en Borradores “Borradores” dedica el programa de hoy, casi por completo, al mundo del cine. Ofrece la actuación en directo del grupo Tam Tam Go, que presenta disco, y conversará con la historiadora del cine Amparo Martínez, que coordina con José Luis Corral el ciclo “Literatura, Cine e Historia”. Además, “Borradores” realizará entrevistas a Agustín Díaz Yanes, que recuerda sus años en Zaragoza y su trayectoria cinematográfica; a Ray Loriga, que estrena la película “Teresa”, de la cual ofrecemos algunos fragmentos, y a José María Aresté, que publica en Espasa el libro “Escritores de cine”; en el capítulo sobre Arthur Miller, se recuerda su relación con Marilyn Monroe y la película "Vidas rebeldes". Borradores también emitirá un extenso reportaje sobre la exposición “Cine antes del cine”, una selección de materiales de los coleccionistas Francisco y Stela Boisset, que se exhibe en la Casa de los Morlanes, y visitará la librería de Cine “La ventana indiscreta”. El programa se cerrará con un poema de José María Milagro de Artieda. Borradores. CARTV, 0.00. Productor ejecutivo: Gaizka Urresti. Productor: Jesús Arce. Redacción: Ana Catalá. Ayudante de realización: Yolanda Liesa. Realización: Teresa Lázaro. Xavi Buil, fotógrafo y diseñador, ha participado muy activamente en la muestra de "El cine antes del cine", basada en la colección de Francisco Boisset y Stella Ibáñez. Entramos en la página web y hallamos algunas de estas fotos del espléndido montaje. Otra foto de Xavi Buil. [Soy lector y admirador, desde hace algunos años, de Javier Quiñones, experto en la literatura de Max Aub, en la de Arana, de la de los escritores del exilio. Ahora acaba de publicar "Max Aub, novela" (Edhasa), un libro que es "un vívido retrato generacional de quienes protagonizaron la llamada Edad de Plata de las letras españolas". Hallo en www.divertinajes.com/colaboraciones este texto de Javier que explica su novela, y lo cuelgo aquí porque es estupendo.] Casi treinta años después… Max Aub, novela No fue, sin embargo, hasta un año después cuando empecé a conocer la faceta testimonial de la obra aubiana. En 1978 la editorial Alfaguara empezó a publicar las novelas de El laberinto mágico; la primera, Campo cerrado. Para el joven que yo era entonces, aquello fue el encuentro con una literatura y con una visión de nuestra historia reciente que nos había sido hurtada deliberadamente por el franquismo. A partir de ese momento, y hasta 1981 en que se publicó, también por Alfaguara, Campo de los almendros, última de las novelas de El laberinto, hice de Aub y de su obra centro de mis estudios literarios. Pero lo que aprendí entonces fue algo más decisivo: aprendí a escribir, conocí la auténtica dimensión creativa de la literatura, aprendí a poner en cuestión la imagen que me había sido transmitida de nuestra historia y descubrí una visión cosmológica y existencial del ser humano de la que carecían muchas de las novelas que por aquel tiempo había leído. Lo que descubrí en la obra de Aub fue muy importante para el joven que yo era entonces y ahora, treinta años después dejo aquí constancia de ello. los últimos días del mes de marzo de 1939, ganó el concurso internacional de cuentos que lleva el nombre del escritor y que otorga el Ayuntamiento de Segorbe y la Fundación Max Aub, entonces aún no constituida. Merced a ese premio conocí a Elena Aub, quien fue jurado del premio junto a Manuel Tuñón de Lara. No podía iniciarse de otro modo la publicación de mi obra literaria de creación: galardonada con un premio que llevaba el nombre de un escritor al que tan ligado me sentía ya. Entretanto, seguía leyendo la obra de Max Aub y escribiendo artículos sobre su obra y sobre la de otros escritores del exilio republicano de 1939, al mismo tiempo que participaba en congresos universitarios dedicados al exilio. El azar, que tanto ha tenido que ver en el desarrollo de mi carrera literaria, me deparó un encuentro casual en la calle, en junio de 2002. Me dirigía a una estafeta de Correos a enviar las pruebas corregidas de mi libro de cuentos El final del sueño al editor y amigo Sergio Gaspar (DVD Ediciones), cuando me encontré con Josep Mengual, de Edhasa. Le dije entonces que había reunido una serie de aforismos extraídos de la obra de Aub y que se los iba a enviar para ver si tenían cabida en la colección de aforismos de la editorial. Nació así Aforismos en el laberinto (Edhasa, 2003), que se publicó con una presentación de José Antonio Marina y del que fui responsable de la selección y del prólogo, así como de una biobibliografía que iba como apéndice de la edición. Fue mientras recopilaba datos para esta cronología biográfica de Aub cuando surgió la idea, que se me impuso con la fuerza con la que siempre se imponen los proyectos de verdad, de escribir una obra narrativa sobre la vida y la obra de Max Aub y que acabaría convirtiéndose en una suerte de crónica de una generación desgarrada por la Guerra Civil y el exilio, la generación del 27 y la de la República, la del propio Max Aub, cuyos avatares biográficos servían a la vez de hilo conductor y testimonio de una época irrepetible de nuestras letras: la Edad de Plata. Regresaba Jorge hoy al fútbol, tras su accidente en el pie. Y lo hizo en el Stadium Venecia. El Utebo se enfrentaba al equipo local. Hacía un viento enloquecido y se deshacía un sol intenso, casi primaveral. Como no jugó Jorge de inicio, asistí de lejos a la primera parte. Los locales se pusieron por delante, y la primera parte concluyó 2-1 en contra del Utebo. En la segunda parte, con la entrada del peruano Luis y los remates espléndidos de Remón, los azules le dieron la vuelta al choque y ganaron por 2-4. Jorge salió cuando faltaban quince o veinte minutos, y realizó un excelente partido: pasó bien, regateó en varias ocasiones, corrió por su banda y combinó con Luis. No se resintió del dedo del pie. Cuando estaba a punto de terminar el partido, me llamó Diego, que jugaba en Garrapinillos contra el Burgo de Ebro. En el partido de la primera vuelta, un jugador rival le rompió la pierna a Alex. Y aún cojea. Diego me dijo que había jugado casi todo el partido –lleva una semana con una tremenda gripe que le ha impedido ir a clase, excepto el viernes- y que había marcado un gol. Se le veía muy contento. Como siempre. PD. Veo el partido del Barcelona y del Real Madrid. El moribundo, se había dicho, era el Madrid. Y fue exactamente al revés. Los blancos sin hacer nada del otro mundo, pudieron haber ganado; Messi, en una de sus mejores noches, brilla y eclipsa a un apagado y estático Ronaldinho. El equipo de Rijkaard se ha vuelto un equipo previsible, o un tanto previsible, con escasa profundidad. Ha perdido la velocidad, el sentido del desmarque, la rapidez, la ambición. Una genialidad inesperada del argentino de 19 años ha paralizado otro estado de crisis. Si sólo en ti quedará el adarce azul del aliento que el mar ha recreado en tu memoria, como si siempre hubieras habitado sus orillas, y fuera él, el mar, un desván donde guarecer los sueños del tiempo, este libro tuyo, cantaría en sus mareas los dulces silencios que entregado el océano te regala. En esas palabras que dibujas, la sabara desnuda todas las emociones, y en su eco también se revisten los verdes bosques y los lejanos navíos, mujeres desbordadas por la historia y hombres desvanecidos en las olas, dejando a la vista la sangre que bombea un corazón indomable. En noviembre leí el libro de Antón Castro "Golpes de Mar" y desde entonces esperaba poder escribir sobre él, hasta ahora, hoy pensando en ambos me ha salido este poema que quiero que sirva como pequeño homenaje del libro y sobre todo del autor. *Nota. Adarce. (Del lat. adarce, y este del gr. ἀδάρκη). 1. m. Costra salina que las aguas del mar forman en los objetos que mojan. [Fernando Sarria dedica un poema a mi libro "Golpes de mar", que presento este jueves en Lausane y el viernes en Ginebra, durante dos horas. Hablaré con alumnos y profesores suizos, con raíces españolas, especialmente gallegas. Ginebra es una ciudad legendaria para mí, no sólo porque mi padre me escribía cartas desde la emigración y preguntaba: "¿Cómo está el rey de la casa?", sino porque me habló mucho de Ginebra José Ángel Valente (en su casa de Almería, mientra bebía infusiones), María Kodama (en una habitación del Gran Hotel) y Alfredo Castellón, que evocaba a María Zambrano. Le agradezco a Fernando Sarria, de nuevo, este texto. La foto es de José Suárez.] Gerda Taro, nacida Gerta Pohorylle, dejó su vida y su leyenda en la Guerra Civil, en Brunete. Su compañero Robert Capa no sólo la pidió en matrimonio, sino que sufrió en carne propia su inclinación a los amores contingentes, su independencia. Capa la retrató en muchas ocasiones, pero hay una instantánea, abrazada a un mojón de carretera y dormida, que resulta muy sugestiva: es la foto de alguien extenuado por el trabajo y a la vez confiado. Es la foto de una soñadora que se vislumbra, de súbito, frágil. De todo ello y de muchas más cosas habla la biografía “Gerda Tardo, fotógrafa de guerra” (Mondadori, 2007; 394páginas) del escritor y presentador Fernando Olmeda, que revela perfiles pocos conocidos de esta mujer que captó la vanguardia y la retaguardia, las milicianas, que estuvo mediatizada, en vida y tras la muerte, por una maldición: “No ser la sombra de sí misma, ser la sombra de otro”. Otra mujer a la sombra de los hombres, pero poderosa al fin, con personalidad, fue Alma Mahler. Acantilado publica “Recuerdos de Gustav Mahler” (Traducción de Isabel Fernández; 362 páginas), y es un libro donde se narra la década de amor y desamor que vivieron juntos: ella, más joven, fue conquistada y más o menos relegada, pero luego se rehizo y logró gobernar el corazón tumultuoso de este hombre sometido a constante incertidumbres. El libro refleja la percepción de Alma de su vida de pareja, se aproxima al modo en que creaba Mahler, aborda los celos, los instantes maravillosos, el idilio en pleno bosque, retrata aquel fecundo periodo de creación en Viena. La edición se ha enriquecido, además, con una selección de las cartas que Gustav dirigió a Alma, a la que le dice: “Todos los latidos de mi corazón son para ti”. La traductora Mercedes Corral, directora de la Casa del Traductor de Tarazona, conoció a Natalia Ginzburg, conversó con ella y acaso fue la autora de “Querido Miguel” y “Léxico familiar” quien le contagió el amor por Italia y por la traducción. Ahora, Lumen reedita su espléndida versión de “Léxico familiar”, una novela subjetiva inspirada en hechos reales, en la que Natalia Ginzburg (1916-1991) recrea y recuerda el ambiente familiar, el código lingüístico de su familia, la capacidad de evocación de las palabras más o menos privadas, las reyertas y las complicidades, y presenta un universo familiar, no necesariamente sublimado, aunque conviene decir que este universo no se queda en la infancia: es un daguerrotipo de una mujer con sus padres, con sus hermanos, con sus primeros amores y en el contexto de la vida política y literaria de la Italia del primer medio siglo XX. También Lumen publica un libro muy recomendable: los “Cuentos completos” de Katherine Anne Porter, 714 páginas que recogen los tres libros de relatos de una autora emparentada con William Faulkner y con Capote, que la consideró la gran artista del siglo XX junto a Flannery O´Connor. Son cuentos de amor y desamor, de locura y violencia, de frontera y de desgarro, de desubicación y de un erotismo potente. El diccionario define acuarela como “pintura sobre papel o cartón con colores diluidos en agua”. La acuarela es la escritura del agua sobre el papel. Aurora Charla ha convertido esa técnica en algo más que una disciplina artística. Es su reino compartido. Es el espacio de ensoñación y trabajo donde se zambulle, disfruta, se arriesga e investiga. Aurora Charlo ha creado su método, una estética, una forma de vivir la acuarela: posee una técnica deslumbrante, ese oficio que aúna habilidad, inspiración e intensidad. Va y viene, como su mano, como ese pie que se atreve a internarse en el corazón del bosque o en las tortuosas veredas de las montañas, a su capricho: desenvuelta, con una alegría que arrolla, con una fogosidad que se alimenta de candor, sed de aventura y voluntad de ser en el agua, en la mancha, en el puro arte de la sugerencia donde el propio color del papel es pintura y texto, es textura y arrebato. “Palabras Cruzadas” debate sobre los atentados del 11 de marzo Por último, el programa abordará las repercusiones psicológicas que el atentado tuvo en los heridos, los familiares de las víctimas y en toda la sociedad española, así como el papel que el juicio puede tener para éstos como reparación de la pérdida o como búsqueda de sosiego. Los invitados que debatirán sobre el tema serán los periodistas José María Calleja, Concha Monserrat de Radio Zaragoza, Manuel Cerdá, director de “Interviú”; Fernando Múgica de “El Mundo” y Pablo Muñoz de “ABC”. “Palabras Cruzadas”, presentado por Rafael Bardají se emite los martes a partir de las 23.25 horas. [Nota de prensa de Ana Gil y Sara Martín]. Los escritores Ramón Acín e Ismael Grasa en “Borradores” “Borradores” recibe esta semana la visita de José Lapuente e Israel López, componentes del grupo “Dos Lunas”, que actuarán en directo en el programa y hablarán de sus proyectos. Además, el espacio cultural de Aragón Televisión tendrá también como invitados a los escritores Ramón Acín e Ismael Grasa, que acaban de publicar dos libros de relatos: “Hermanos de sangre” (Páginas de Espuma), el primero, y “Trescientos días de sol” (Xordica), el segundo. También acudirán al plató Félix Martín, director teatral, y José Luis Esteban, actor y autor, del grupo “Luna de Arena”, que presenta esta semana un montaje sobre el escultor Augusto Rodin en el Teatro Principal. Además, “Borradores” se completará con una visita al estudio de la acuarelista Aurora Charlo, cuya obra colgará en el plató del programa, y con una entrevista a Héctor Alterio, en la que el actor hablará sobre sus años en España y su visión de Argentina, la adaptación de "El túnel" al teatro y su fervor por Ernesto Sábato. Finalmente, “Borradores” concluirá este martes con las recomendaciones de la librería Pons. “Borradores” se emite los martes a las 00.40 horas. La foto es de Cristina Grande y de la editorial Xordica. Queridos amigos Enrique y Diego de Rivas: Queridos Enrique y Diego, queridos amigos, ahí está la respuesta a vuestra petición. Mil gracias a los dos y a todos los que os desveláis de cuando en cuando por "Borradores" y os asomáis al blog. Antón *Borradores. Espacio Cultural de Aragón Televisión. 0.00, los martes. Redacción: Ana Catalá. Ayudante de realización: Yolanda Liesa. Productor ejecutivo: Gaizka Urresti. Realización: Teresa Lázaro. Producción: CHIP. La foto es de la película "El hijo de la novia", con Ricardo Darín, Norma Aleandro y Héctor Alterio. Estoy en Ginebra en casa del historiador y profesor oscense José María Adé Buil, que es un tipo espléndido, un magnífico anfitrión. Ayer estuvimos en Lausanne, donde presentamos mi libro “Golpes de mar” (Destino, 2006), asistieron 60 alumnos, varios profesores, el consejero de Educación, Francisco Medina (un andaluz con aspecto de galán de cine nacido en Bailén), el director de los profesores de español Fernando Castañedo, Blanca Lacasta, asesora técnica de la Consejería de Educación de la embajada de España en Berna, y otros profesores como Belén, Eduardo Piqué y Jesùs, un soriano que había vivido una infancia cautivadora de lobos y leyendas. *José María Adé, bebiendo Heineken, junto a la profesora Cristina Sevilla en una fiesta de fin de trimestre en Ginebra. Foto del gallego Luis Rey. (Por cierto, salgo a la calle, voy a la agrupación de profesores de Lengua española y conozco a Luis Rey). En el Collège Nicolas Bouvier de Ginebra se presentó ayer "Golpes de mar". Habría alrededor de 300 alumnos en una especie de aula magna. Eran hijos de emigrantes españoles, no sólo gallegos, que ganaban por goleada. El acto tuvo momentos emocionantes: el grupo de gaiteros de la sociedad “A Nosa Galiza” inauguró el encuentro con una selección de temas encadenados, con una novedad sorprendente: la percusión tenía un aire africano, así Galicia y África se mezclaron en la melodía inicial en Ginebra. El director del grupo es un joven que se llama Samuel, que además es gaitero. Había bastantes profesores y gallegos ilustres como el fotógrafo Manuel Álvarez Álvarez, autor de un fantástico libro: "Gameleiros" (Xerais), donde retrató a 27 marineros, que llevaba textos del poeta y escritor Miro Villar. Manuel Álvarez acaba de iniciar una serie de “Galegos en en Xinebra”. Por la noche, hasta las dos, conversamos en el Centro Gallego con el zaragozano Santiago Benito, el periodista y mecánico Suso Baamonde, el profesor murciano Pepe Martínez Mondéjar, el librero peruano Rodrigo Díaz (amigo de Luis Sepúlveda), y con el gran José María Adé. Cenamos ensalada verde, merluza a la cazuela y corrió un poco de orujo de hierbas. Esta mañana hemos ido a visitar la sencilla tumba de Jorge Luis Borges al cementerio des Rois, un espacio íntimo y no demasiado poblado de personajes ilustres. En la tumba de Borges había algunos pensamientos y un recuerdo para dos de sus personajes: Ulrika y Javier Otálora, el protagonista de su cuento “El muerto”. Paseamos en tranvía por distintas calles, avanzamos por los puentes, vemos los comercios y el museo de los relojes. José María Adé encuentra un carrito con ruedas en la calle, y coloca las bolsas de libros y paquetes en él. Dice que parece un mendigo de Huesca en Ginebra. [Llego a casa, tras perder el autobús de la una (tuvimos que coger el tren de las cuatro), y me encuentro con la magnífica victoria del Real Zaragoza (me habría gustado darle un abrazo a ese seguidor ejemplar que es José Luis Melero padre), con mis hijos, con 563 correos y con esta espléndida crónica de Ánchel Conte, que presenta libro, “Esperando el cierzo”, este fin de semana en Madrid, en la librería Central. La cuelgo gustosamente en el blog] *No encuentro una foto de concierto de los tres, y tomo de "El Periódico de Aragón" y de la página web de Joaquín Carbonell estab sugerente portada. Me ha deslumbrado Ginebra. Sobre todo de noche. Por su arquitectura, por su grandiosidad, por su casco antiguo de calles con sabor a memoria del tiempo, repletas de librerías, de galería de arte, de tiendas de antigüedades y de telas. La noche del sábado fue como un colofón, como el final deslumbrante de una novela que había durado casi tres días. La ciudad tiene tranvías, trolebuses modernos de caña y ese lago que acuna la fachada de los hoteles, la luz temblorosa de una ciudad apacible. Había vivido horas intensas en las que, casi inadvertidamente, había buscado la sombra de mi padre. Ejercía de espía. Allí había estado él, cuarenta años atrás, cuando escribía cartas en castellano con sintaxis gallega y preguntaba qué hacía “o rei da casa” que era yo. Se lo conté a los estudiantes, y les recordé aquello que tanto me gusta contar: mi padre volvía de Suiza (de Lausana, de Vevey, de Berna, de Zurich, de Ginebra) con su traje de pana marrón, su maleta inmensa, una bolsa de caramelos de menta, otra bolsa de naranjas sanguinas y rodeado de ranas y de sapos que parecían haber caído con las primeras lluvias de diciembre. Ante casi trescientas personas, tuve la osadía de cantar “Adiós ríos, adiós fontes”, tras glosar a Rosalía de Castro. *Javier Gutiérrez y Carlos Iglesias llegan a Suiza en "Un franco, catorce pesetas". [Miguel Ángel Arrudi envía esta carta, donde explica que le han robado pinturas y esculturas de su taller. Casi un centenar de piezas. Ya ha denunciado el atropello. Desde aquí le enviamos un abrazo.] Amigos: el otro día me visitaron unos ladrones, muy bien pertrechados técnicamente y con conocimiento de arte y me limpiaron el estudio de obras de arte, se me llevaron la memoria artística de mis últimos 30 años, bueno, si tengo que decir la verdad me dejaron en pelotas y no físicamente, que esto me importa poco, pero el que un día te llame un amigo para decirte que entraron en el taller y te robaron todas tus obras, la verdad al principio, no te lo crees, pero luego cuando subí y vi que es verdad, casi ni me lo creía y lo estaba viendo, se llevaron como 60 cuadros más o menos y unas 30 esculturas de diversos tamaños. (...) En breve y cuando me recupere trataré de ir realizando y componiendo las fichas de las obras, con el fin de poder seguir las pistas de las obras. Se despide atentamente: Miguel Angel Arrudi Ruz *La foto está tomada del blog poético de Antonio Pérez Morte. Adela Martín se consolida comocompositora con “El viento del norte” [Víctor Juan Borroy fue nombrado director del Museo Pedagógico de Aragón y le está dando un nuevo impulso. Es uno de los grandes gestos y aciertos del Departamento de Educación, Cultura y Deporte. A Eva Almunia y su equipo, con feliz criterio, con gran visión, no les ha importado en absoluto que Víctor Juan Borroy sea un historiador, un intelectual, un novelista y un hombre de bien vinculado a la Chunta, coordinador de la revista "Rolde". Aquí sólo ha importado su capacidad de trabajo, su elegancia, las diez mil manos que piensan, el arrebato de sensibilidad que le define. Víctor Juan Borroy ya tiene entre manos uno de esos espléndidos sueños: el "Libro de los Escolares de Plasencia del Monte", que posee, como todo lo que él toca, una novela. Éste es el texto que aparece en su blog donde cuenta parte de esta novela de la emoción, del conocimiento y de la memoria. Hay gente que a la que no necesitas ver: sabes que siempre están en marcha, creando, con el entusiasmo del novato que se asoma al mundo sin temer a quedarse perplejo o ciego.] Letra a letra Hay objetos que parecen devolvernos a otra época o nos transmiten la emoción que sintieron quienes los sostuvieron antes que nosotros en sus manos como si en las cosas pudiera latir la memoria. Un poco todo esto es lo que me ocurre cuando acaricio el humilde papel en el que los niños de Plasencia del Monte y Simeón Omella, su maestro, estamparon, letra a letra, algunas de las páginas más hermosas de la historia de la educación y de la escuela aragonesa del último siglo. El libro de los escolares de Plasencia del Monte es una muestra del trabajo entregado de un maestro y sus alumnos, un libro que nos susurra algunos de los secretos que habitualmente se guardan en la intimidad del aula. No resulta difícil imaginar el amor por la escritura que hay detrás del trabajo paciente y meticuloso necesario para componer los textos, para realizar los meritorios grabados a varias tintas sirviéndose del linóleo, del caucho o del simple cartón. El trabajo que Simeón Omella realizó con sus alumnos en la escuela de Plasencia del Monte con la imprenta escolar es un argumento irrefutable para demostrar que el mundo puede transformarse con palabras. El libro de los escolares de Plasencia del Monte es la crónica de una escuela rural convertida en taller y en laboratorio de experimentación. Cada uno de los textos libres elaborados por niños de ocho a diez años nos hablan de una escuela que ha desterrado los libros de texto, de una escuela en la que los niños aprenden de la vida y de la comunidad en la que viven. Gracias al trabajo con la imprenta Freinet se había producido una importante transformación en la sociedad en la que la escuela estaba inmersa: por primera vez el conocimiento de los padres, de los abuelos, de los pastores, de los agricultores y de los artesanos, el conocimiento, en definitiva, de la gente común fue considerado un conocimiento valioso. Las personas de la comunidad –muchos de ellos analfabetos- son la principal fuente de información de aquello que luego se pondrá por escrito. Un conocimiento que gozará de la dignidad de la letra impresa. Gracias a la imprenta escolar los niños de la escuela de Plasencia del Monte hicieron su mundo más grande porque mantenían intercambios con escuelas españolas y con escuelas de Suiza, Bélgica o Francia. La edición de El libro de los escolares de Plasencia del Monte nos permite recuperar los nombres, las trayectorias profesionales y los empeños de educadores como Simeón Omella, Herminio Almendros o Ramón Acín. Este libro también nos devuelve, junto al impulso modernizador que sacudió las escuelas durante la II República, la amarga memoria de la escuela que perdimos, del país que pudo ser. Esta forma de entender la educación, la escuela, el conocimiento, el aprendizaje, la actividad escolar y el trabajo de los maestros es una muestra del prometedor rumbo que habían tomado las escuelas aragonesas. Pero pocos días después de que Simeón Omella y los niños de Plasencia del Monte concluyeran de encuadernar este libro, con el papel recién herido por la tinta, estallaba la Guerra Civil. Las palabras fueron ahogadas por el estruendo de las balas y las bombas. En Plasencia del Monte alguien escondió los libros de Simeón Omella, les dio amparo y cobijo. Y con los libros, alguien guardó, quizá sin saberlo, la esperanza de que las palabras pudieran volver a encender en nuestros corazones el fuego de la memoria y del recuerdo. El paso del tiempo ha dejado su huella en las páginas de El libro de los escolares de Plasencia del Monte y no ha sido posible reproducir en esta edición facsímile todos los textos que Simeón Omella y los niños de su clase encuadernaron en 1936. De cualquier modo, los que aquí se ofrecen transmiten lo esencial del documento: la alegría de aprender, la pasión por la palabra y por el conocimiento compartido. No quiero terminar sin agradecer el trabajo inteligente y generoso de Fernando Jiménez Mier y Terán, uno de los grandes especialistas del mundo en maestros freinetistas que aceptó la invitación del Museo Pedagógico de Aragón para realizar el estudio preliminar de este facsímile. Durante estos últimos meses ha sido un privilegio recibir los correos electrónicos que Fernando me enviaba desde México dando cuenta de sus progresos. Estaremos siempre agradecidos a Elena Ruiz Gallán y a su familia, por haber guardado durante setenta y un años El libro de los escolares de Plasencia del Monte y por permitir que ahora el Museo Pedagógico de Aragón pueda ponerlo a disposición de todos. Víctor M. Juan Borroy Director del Museo Pedagógico de Aragón Existen en las ciudades seres que forman parte del paisaje, de las calles, de la memoria. Seres a los que encuentras aquí y allá, casi siempre con una sonrisa en la boca, con un bello gesto de ternura y de ánimo, asomados al constante asombro. Vivir es asombrarse a cada hora. A Ángela López la conocí en los tiempos de “El día de Aragón”, aquel diario que fue una factoría de aprendizaje, de sueños, de entusiasmo absoluto, aquel diario en el que hice amigos para siempre. Qué cantidad de cosas hacíamos allí, con más ilusión que conocimiento, qué arrebato por contar la vida, qué inocencia que tenía algo de ultraje a la realidad: pensábamos que un periódico puede cambiar una sociedad. Un día, alguien me presentó a Ángela López, que estudiaba la presencia de la mujer en la ciudad, la huella de los jóvenes, si Zaragoza era una ciudad acogedora y positiva. Necesitaba explorar, conocer, necesitaba intercambiar su sonrisa. Era una mujer cosida con delicadeza y con curiosidad. En las últimas semanas he recibido algunas llamadas que podrían resumirse en una sola frase: “No puedes perderte la exposición ‘El margen’ de Antonio Santos. Es estupenda”. Y alguno de esos amigos, tras ponderar su imaginación, su vertiente de coleccionista de una y mil maravillas, agregaba como si buscase el broche a una especie de prodigio: “Además, ha nacido en la isla de Lupiñén”. La isla de Lupiñén en el inmenso mar de La Hoya de Huesca, como escribe Isidro Ferrer. Otro amigo precisaba: “En los últimos años, ha publicado varios libros il |