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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2007.
04/10/2007
COCO CHANEL, JACO PASTORIUS, PISÓN: HOY EN BORRADORES Entrevistas: Ignacio Martínez de Pisón, Cristina Sánchez-Andrade, Ángel Orensanz y Javier Gracia Gimeno.
Reportajes: Julio Jonás Revilla y Roberto Senar Poy, becas Ramón Acín y Antonio Saura, en las salas de la Diputación de Huesca.
Actuación en directo: The Little Monkayo: Chus Fernández, Marcos Sánchez, Alonso Martínez y Toñi Redondo (vocalista).
Chus Fernández, Alonso Martínez, Marcos Sánchez y Toñi Redondo, integrantes de The Little Monkayo de jazz, tocan dos temas en Borradores esta noche. Chus Fernández y José Ramón Mañeru, por su parte, recuerdan la figura del bajista Jaco Pastorius y avanzan el programa de jazz de los Porches del Audiorama y el Festival de Jazz de Teruel.
Además, visitan el plató de Borradores la escritora Cristina Sánchez-Andrade, que acaba de publicar la biografía novelada “Coco” (RBA), sobre la gran creadora de moda Coco Chanel, y el profesor y escritor Javier Gracia Gimeno, que presenta la novela “La niebla del olvido” (Mira editores). Se ofrecen una entrevista reportaje con Ignacio Martínez de Pisón, que acaba de publicar “Las palabras justas” (Xordica), un colección de textos vinculados a la Guerra Civil y a algunas inolvidables historias humanas, y otra con el incansable escultor Ángel Orensanz, que acaba de inaugurar una exposición en Coimbra. El artista habla de su trabajo, de su intención de “ser, ante todo, Orensanz”, y declara que acaba de comprarse un castillo en Francia y que le quieren comprar su sinagoga de Nueva York.
El programa también se desplaza a las salas de la Diputación de Huesca para presentar la obra de Roberto Senar, beca Antonio Saura, y Julio Jonás Revilla, beca Ramón Acín. El primero reflexiona sobre la modernidad a través de la figura de Charles Baudelaire, y el segundo trabaja en fotografía algunos paisajes literarios vinculados con Huesca. El programa se cierra con una visita a la Biblioteca Pública de Alfindén, de la mano de su bibliotecaria Beatriz Callén y de algunos de sus lectores. Dos de ellos, además, como si estuvieran en un teatro improvisado, dialogan sobre libros y recomiendan algunas de sus últimas lecturas.
El programa sorteará tres libros sobre Jaco Pastorius, de Bill Milkowski, y otros tres de “Coco” de Cristina Sánchez-Andrade entre tres de sus espectadores. La pregunta gira en torno a la diseñadora francesa, nacida en 1883 y fallecida en el hotel Ritz en 1971. El correo de contacto del programa es borradores@aragontelevision.es
Borradores. Aragón Televisión.00.15. Productor ejecutivo: Gaizka Urresti. Redacción: Ana Catalá Roca. Ayudante de realización: Yolanda Liesa. Realización: Teresa Lázaro. [La foto de Coco Chanel es de Cecil Beaton].
06/10/2007
CANO EN LA LONJA: HOY INAUGURACIÓN*
La exposición de José Luis Cano “Diálogo de sordos”, en La Lonja durante las Fiestas del Pilar.
La muestra recoge 75 cuadros y 18 serigrafías realizadas por el pintor e ilustrador zaragozano a lo largo de los últimos 20 años.
La Lonja acogerá durante las Fiestas del Pilar la exposición de José Luis Cano “Diálogo de sordos”. La muestra, que exhibe los trabajos realizados por el pintor e ilustrador zaragozano durante los últimos 20 años, se inaugura mañana, sábado 6 de octubre, y permanecerá abierta al público hasta el 25 de noviembre.
José Luis Cano es una de las figuras más destacadas del mundo cultural zaragozano por sus numerosas y diversas actividades. Es pintor, ilustrador, diseñador gráfico y escribe libros que también ilustra él mismo. José Luis Cano, además, perteneció al grupo Azuda 40, uno de los grupos artísticos más destacados de la segunda mitad del siglo XX en Aragón.
La Lonja, generalmente, acoge exposiciones antológicas. Sin embargo, “Cano. Diálogos de sordos” es una muestra de la pintura de Cano de los 20 últimos años. La exposición comienza con un cuadro fechado en 1986 y el grueso de los 75 lienzos que se pueden contemplar son muy recientes, de los últimos 4 ó 5 años.
Esta muestra presenta la línea de trabajo elegida por José Luis Cano en los últimos tiempos, en la que están muy presentes la naturaleza y la literatura. Muchos de los cuadros que se exhiben incorporan textos (frases de autores muy conocidos, toques de ironía o dobles sentidos, muy característicos de la forma de ser del autor), como forma que escoge el autor para completar el sentido del cuadro.
Colección de serigrafías
Con motivo de la exposición se ha editado una colección de 18 serigrafías, que se encuentra a la venta para el público en la propia Lonja al precio de 600 euros. Los originales, que llevan por título Ranillas, se exponen en “Cano. Diálogo de sordos”. Este trabajo es una reflexión sobre el medio natural y la historia del arte, sobre la transformación que sufre en estos momentos la ciudad.
Visitas guiadas
Existen visitas guiadas para la exposición “Cano. Diálogo de sordos”. Del 16 de octubre al 23 de noviembre, de martes a viernes, a las 10.00 y 11.00 horas, se han establecido para los grupos escolares. En las mismas fechas, pero a las 18.00 horas, se realizarán para grupos de adultos, asociaciones y colectivos. Por último, los sábados y domingos, a las 12.00 horas, también se llevarán a cabo visitas guiadas, en este caso para el público en general. Los interesados en asistir pueden hacer sus reservas en el teléfono de La Lonja: 976 39 72 39.
*Esta es la nota de prensa que remite Belén Teruel Perdiguer desde el área de Cultura del Ayuntamiento. Creo que el comisario de la muestra es Enrique Larroy, que también ha realizado una propuesta personal para el CDAN. Así vio Cano al gran embajador de la amistad y de los teléfonos, Javier Torres. PARÍS TRES, DE ALOMA RODRÍGUEZ Aloma Rodríguez, hermana de Daniel Gascón y Diego y Jorge y Sara, acaba de publicar su primer libro: París tres (Xordica), una novela-diario que narra su estancia en París durante un año de Erasmus. Aloma nos sorprendió a todos, a mí el primero: no recuerdo que en la niñez ni en la adolescencia se mostrase especialmente interesada por la literatura. Inició un blog, y así nació su primer libro. Ahora ya ha escrito algún guión de corto y varios relatos, y mantiene vivo otro blog. Hace unos días, hablaba de la experiencia de publicar su primer libro. A mí me encanta que lo haya hecho en Xordica, que es una editorial que admiro. En un plano estrictamente personal, puedo decir que ahí publiqué un libro cuando arrancaba la editorial (con el paso de los años sospecho que “Veneno en la boca” es uno de mis libros más queridos; durante años he trabajado en una segunda parte, pero ya he aparcado ese proyecto), y en ella han publicado y publican algunas de las personas a quien más quiero. Copio aquí el texto de Aloma:
El otro día un amigo me preguntaba si estaba contenta con el libro y me reprochaba que no lo gritara a los cuatro vientos porque teme que no lo disfrute. Por eso, he decidido hacerle caso -otra vez- y empezar a disfrutarlo sin importarme que se me note.
Publicar un primer libro es una experiencia única y la emoción y los nervios y la alegría son indescriptibles. Pero si además el libro sale en una editorial buena, que tiene gusto y que hace las cosas bien, todavía es mejor. Si además el libro sale a la vez que uno de Pisón, da un poco de pudor y emoción. Además, en esa editorial han publicado muchos de los escritores que más me gustan -Ismael Grasa, Cristina Grande, Daniel Gascón, Rodolfo Notivol o David Trueba- y van a seguir publicando libros estupendos como Ropa tendida de Eva Puyó. Todo es alegría y emoción.
Solapa de París tres de Aloma Rodríguez. [La protagonista de esta novela estudia literatura, quiere ser actriz y se matricula en la Universidad París 3 gracias a una beca Erasmus. Alquila un piso con su novio en el distrito 18, en una calle llena de comercios africanos, y ve Montmartre desde la ventana del apartamento. París tres cuenta cómo aprende a estar lejos de casa, a vivir en pareja y a disfrutar de las aventuras disparatadas que ofrece la vida cotidiana. En París tres hay amor e infidelidades imaginarias, grandes expectativas y decepciones, teléfonos móviles y cámaras de fotos, bicicletas y un coche que se estropea en mitad de una autopista, teatro experimental, fiestas de cumpleaños y una chica que madruga para fotografiar a Milan Kundera en Notre Dame.
La primera novela de Aloma Rodríguez es un libro fresco y emocionante, lleno de un humor descarado, que transmite una extraña ternura y retrata la alegría que produce descubrir el mundo.]
*La portada es de Clara Carnicer. O Clarín, como la llamaba su novio el cantante Biggot. ALOMA. RETRATO DE PATRICIO JULVE Me hace mucha ilusión que la fotografía de Aloma la haya tomado el fantasmal fotógrafo Patricio Julve, que anda por alguno de mis libros. Me dice Aloma que le dedicó casi un par de horas y que le tomó muchas fotos con una Nikon D-80. Aloma ha elegido ésta. En un determinado momento, Patricio Julve le dijo: “Por fin, como la Garbo: Aloma ríe”. DIÁLOGO CON RICARDO JOVEN, Y DESPEDIDA Ricardo Joven (Zaragoza, 1953) pasa por un período espléndido. Se acerca “a una etapa de madurez, en la que he decidido ser actor”, confiesa. El pasado domingo se despedía del Teatro Principal, donde encarnaba a Max Estrella en la obra “Luces de bohemia”, que ha montado el Teatro del Temple bajo la dirección de Carlos Martín. El éxito fue arrollador: de la propuesta, de la excepcional música de Miguel Ángel Remiro, de la interpretación: Rosa Lasierra, Francisco Fraguas, Jorge Usón, José Luis Esteban, Gabriel Latorre... Y ahí, Ricardo Joven brilla y vuelve a componer un gran personaje, como ya había hecho en “Picasso adora la Maar” o con “Yo, mono libre”, un proyecto personal en el que encarnó al vulnerable Franz Kafka.
Usted no era solo actor. A principios de los 70, empecé a colaborar con distintas compañías: con el Teatro Estable de Mariano Cariñena, con Tántalo Teatro de Danilo Nieto, con La Taguara de Pilar Delgado. Y anduve, de montaje en montaje, seis o siete años, sin visos de hacerme profesional.
¿Y el cómic? Empecé muy joven con él. Hacia 1970. Llegué a publicar una tira en “Nuevo fotogramas” y allí conocí a Víctor M. Lahuerta, que hacía otra. Y no tardamos en crear con otros dibujantes el colectivo Zeta. Llegamos a ser procesados por escarnio a la religión católica por un número de la revista en la que hicimos un montaje sobre la última cena, con un titular que decía “ésta no es la última zeta”. Intentaron meternos en la cárcel, sufrimos privación de derechos civiles, aunque al final no ocurrió nada. Ya estábamos en plena democracia. Pese a todo, alguno ya se había marchado a Francia.
¿Quiénes estaban con ustedes? Antonio Altarriba, Luis Royo, Samuel Aznar, Manuel Estradera. Luego integraríamos el grupo Bustrófedon y realizaríamos distintas muestras de cámic. Organizamos las Jornadas Culturales del Cómic, y en una de ellas abordamos “El cómic americano no USA”.
Además, usted dibujaba mucho, ¿no? Sí. Escribía sobre cómic, colaboraba en distintas publicaciones, pero tenía un grave problema. Siempre he sido muy exigente conmigo mismo. Se producía una paradoja: no tenía capacidad ni habilidad para hacer lo que soñaba. Me sentía profundamente insatisfecho. Veía lo que hacía, y me decía: “Vaya mierda”. Entregaba el trabajo y me decían: “Estupendo. Qué bien ha quedado”. Yo sabía que no era cierto.
O sea que acabó por dejarlo. Prácticamente. El cómic me ha interesado siempre y me interesa. Tengo en casa una extensa colección de cómics. En los años 70, viví un tiempo en Barcelona y tuve la oportunidad de trabajar en “El Papus”. Y un fin de semana que vine a pasar a Zaragoza, el Teatro de la Ribera, de Mariano Anós y Pilar Laveaga, me ofreció la posibilidad de incorporarme a la compañía.
¿Qué hizo? No lo dudé demasiado. Estaba en un periodo de incertidumbre. ¿Qué hacía? ¿Me dedicaba al teatro como hasta entonces, de modo amateur, apostaba por el cómic en serio o me inclinaba por ser un actor profesional? Decidí esto último: iba a ser un actor profesional con sueldo fijo, algo que no había tenido nunca antes, iba a pertenecer a una compañía que era un modelo de gestión y que quería ser una compañía local, residente, con proyección nacional e internacional. Puede decirse que ahí empecé, pero las Jornadas Culturales del Cómic aún vendrían más tarde. Mi trabajo de dibujante era solitario, y el teatro era colectivo. Me apasiona la construcción coral de los espectáculos, donde el actor tiene mucho que aportar, que discutir, que dialogar con el director.
¿Cómo le fue en La Ribera? Muy bien. Adquirí desde pronto un cierto protagonismo en el grupo con los hermanos Mariano y Javier Anós y con Pilar, que eran sus cabezas visibles. Hallábamos mucha complicidad en Aragón: percibíamos el apoyo social a la cultura por parte de la izquierda.
¿Recuerda sus primeras obras con ellos? Me encantó hacer “Historias de un jardín”, un espectáculo infantil basado en piezas de Oscar Wilde, entre otros. Y “Vanina Vanini”, un texto de las “Crónicas italianas” de Stendhal, y “Fe, esperanza y caridad”... Pero luego vinieron otros espectáculos. Permanecí más de una década, y fue una experiencia estupenda. Realizamos giras por México, por Marruecos, por media Europa. Y conseguimos grandes éxitos.
Recuerdo, entre otras cosas, su papel de novio en “Bodas de sangre” de García Lorca. Aquel fue un espectáculo estupendo que gustó mucho. En aquella época teníamos que hacer de todo. Fueron años espléndidos e inolvidables, pero también extenuantes. Actuábamos, montábamos y desmontábamos. Creo que, hacia 2000, cuando estrenamos el “Picasso, Lorca, Dalí” con el Teatro El Temple, me dije: “Ahora solo quiero ser actor. He decidido ser actor”.
¿Lo ha logrado? Antes si me preguntaban a qué me dedicaba, decía “hago teatro”, porque estabas implicado en el montaje, en la escenografía, y además luego salías a actuar. Pero con el paso del tiempo, y es una de las pocas certezas que tengo en este mundo de continuas incertidumbres, me di cuenta de que quería desarrollarme en el maravilloso e intenso mundo de la interpretación.
Intenso, Ricardo, siempre lo ha parecido. Incluso, y no hay desdén en el término, podía parecer un poco histriónico... Es probable. Como actor tienes unas características, una voz, una forma personal de darle dramatismo a los personajes... Eso está ahí, y puedes ser más o menos eficaz, tener oficio. Pero ahora siento que he dado un paso más hacia la desnudez, hacia la entrega, hacia la emoción, hacia la sinceridad. Quiero entregarme al público de otro modo para servirle mejor el texto, y meter todas las emociones y matices que destilan las palabras.
¿Cómo ha llegado a esta reflexión? Quizá después de hacer “Yo, mono libre”, el monólogo inspirado en el “Informe para una academia” de Kafka. Era un proyecto personal, un viejo sueño. Ha sido para mí un ejercicio actoral, de autoformación y de aplicación de cosas que había ido descubriendo a lo largo de mi carrera. A la gente le gusta muchísimo esa función.
¿Por qué? Quizá porque se llega al alma del ser humano a través de las emociones más cercanas. Vemos a Kafka repudiado y vilipendiado, convertido en un mono de feria. Y también asistimos a la absurda actitud de desprecio del hombre hacia otros seres. Ahí, pese a todo, he ensayado más que con la técnica: me muestro como actor al desnudo. En nuestro oficio, es muy importante la generosidad.
Por cierto, usted también ha hecho papeles cómicos. ¿Se siente cómodo en ese territorio? Muy cómodo. Me encanta. Durante mucho tiempo he hecho mucho teatro de repertorio cómico con Tranvía Teatro y luego Teatro de la Estación. Ahora acabo de hacer para La 2 de TVE la serie “Marcapáginas”, un programa dedicado a la divulgación de la lectura que transcurre en el interior de una librería. Yo soy Ernesto, un profesor de semiótica enamorado de la librera Julia, a la que encarna Clara Sanchís. Es una mujer de 40 años, separada, que recoge a su sobrino Alex, que no ha leído un libro en su vida. Hablamos constantemente de libros. El espacio está dirigido por Manuel Armand, con quien hice un “Estudio 1” de “El jardín de los cerezos” de Antón Chejov.
Hablábamos de su vena humorística... Es cierto. En “Marcapáginas”, que se estrenará en octubre, hago un papel cómico en el que hablamos de libros, lo mismo de pensadores como Heidegger, Derrida o Foucault que de Vargas Llosa. Dice un personaje: “Ahí está la tía Julia, Varguitas”, en alusión a “La tía Julia y el escribidor”. Al fondo de cada una de nuestras interpretaciones está la vida. Un actor tiene que haber vivido. Sé que hay actores intuitivos, con un sexto sentido, pero ése no es mi caso. Yo creo en el trabajo, en la entrega, en la preparación de los textos, en el hecho mismo de su interpretación. Creo que el personaje de Kafka es el que me contiene como actor. Deseo llevarlo a Buenos Aires.
¿Y Max Estrella? “Luces de bohemia”, de Ramón María del Valle-Inclán, refleja muy bien ese desarraigo que se tiene en España hacia la cultura y la creación. Se ha cortado el lazo entre la sociedad y los creadores. Existe un velo de desprecio de los políticos hacia los artistas. Y refleja la inadaptación y el hambre, algo que se ajusta del todo a la realidad que vivimos ahora. Ahí está este hombre rebelde que es Max Estrella. Esta pieza supone también una meditación sobre el presente con un personaje como él. Yo creo que vivimos una época espléndida, pero qué lástima que no sea mejor aprovechada. Las artes escénicas son un magnífico vehículo para hacer feliz a la gente.
¿Era Valle-Inclán un “cráneo privilegiado”? Sin duda. Poseía sus propias ideas, no se dejaba arrastrar, y éste es uno de sus textos más difíciles. Se pensaba que era un texto cinematográfico e irrepresentable. Nada más lejos. Se ha respetado el texto al máximo. Sus personajes siguen vivos: viven aquí, en Zaragoza, en Madrid, en cualquier parte. Y ese desgarro sigue existiendo.
Por cierto, ¿tiene usted actores favoritos? No exactamente. En realidad, podría definirme como alguien que capta detalles específicos, matices, ráfagas de inspiración en la interpretación de los demás. Uno de esos actores podría ser Vittorio Gassman; José Pedro Carrión, con quien hice en televisión “El jardín de los cerezos”; Flotats en algún instante...
¿Cómo es el público aragonés? De entrada, es escaso. Antes el teatro era un espectáculo, ahora es otra cosa. Es algo más minoritario, pero la minoría que lo sigue aporta opinión, tendencias y líneas. En Aragón existirán tres o cuatro mil personajes que van al teatro tres o cuatro veces al año, y a mí eso, en una ciudad como la nuestra, me parece un fracaso social. Tenemos que ayudar a elevar la consideración hacia el teatro y propiciar el acercamiento entre el teatro y el público. ¿Se ha dado cuenta de que si alguien va al cine y ve una mala película no dice “no volveré más”? Si va al teatro, y no le gusta, se lleva un disgusto enorme. Yo creo que las artes escénicas con como un remanso o un oasis donde vas a encontrarte con tu propia humanidad, y ese valor debe apoyarse.
CODA *Esta entrevista se publicó el pasado domingo en mi sección "Clásicos y modernos", que aparecía en el suplemento de Heraldo Domingo, que coordinan Sergio del Molino y Santiago Paniagua. La serie llegó a su fin, se prolongó durante un año, y fue para mí una experiencia maravillosa, una de las mejores que he tenido en el periodismo en el último año. He intentado ensayar la entrevista del periodista casi invisible. Les agradezco a ambos su confianza. Y le deseo con total sinceridad a Julio José Ordovás, que inicia una sección nueva, mucho éxito. Julio José es un buen amigo y un excelente periodista y escritor. Atraviesa un dulce momento, acaba de publicar un estupendo libro de artículos, "Papel usado" (Eclipsados) y es un colaborador constante de ABCD Cultural, de "El País" y uno de los columnistas más constantes y apasionados de "Heraldo". Estoy seguro de que hará un espléndido trabajo.
Cuelgo aquí la entrevista a modo de gratitud para los casi 50 entrevistados de los últimos tiempos: Eduardo Ducay, Agustín Díaz Yanes, Almudena Grandes, Miguel Ángel Tapia, Elisa Arguilé, Isaac Galán, María Pilar Sancet, Javier Blasco, Fernando Martínez de Baños, Dolores Durán, Ciro Altabás, José Garrido Palacio, Miguel Torrubia, Marta Navarro, Víctor Juan Borroy, Carlos Garcés, José María Escriche, Fernando Ferreró, Cristina Remacha, Fernando Lalana, José Luis Corral, Ángel Aznar, María Pilar Burges, José Luis López Zubero, Javier Barreiro, Bobby Chueca, Juan Tudela, Pepa Santolaria, Maite Sorolla, Maite González (viuda de Miguel Buñuel), Rubén Lorenzo, Miguel Ángel y Javier Clemente, Juan Luis Buñuel, Javier Espada, Carmen Bayo (hija de Bayo Marín), Félix Palacios, etc... La foto del diario "20 minutos" es de Ricardo Joven y José Luis Esteban.
07/10/2007
DIÁLOGO CON MAITE GONZÁLEZ, VIUDA DE MIGUEL BUÑUEL Hace algunas semanas, Castellote recordaba a su hijo más ilustre: Miguel Buñuel Tallada (1924-1980), escritor, dibujante, crítico de cine, periodista, actor, guionista, fotógrafo. Todo un personaje que ha dejado una estela de originalidad, coherencia y curiosidad por la vida. Y de rareza también. Con su libro “El niño, la golondrina y el gato” (1959) ganaba el premio Andersen. El Centro de Estudios de Castellote, bajo la coordinación de Silvia Ferrer, organizó un ciclo al que acudieron su viuda, María Teresa González, los cuatro hijos del escritor, y amigos y expertos como Juan Villalba (autor de un importante artículo sobre su trayectoria en “Turia”), los cineastas Pedro Costa, Alfredo Castellón y Bernardo Fernández, editores como Manuel Chivite. María Teresa González (Tafalla, 1941) vivió con Miguel Buñuel los últimos 16 años de su vida, y lo recuerda así.
¿Recuerda cómo y cuándo conoció a Miguel Buñuel? Fue a principios de diciembre de 1964. Aprobé un examen para el puesto de secretaria de redacción de la editorial Doncel, donde él trabajaba como director técnico.
¿Director técnico? ¿En qué consistía su trabajo exactamente? Yo creo que era el responsable de la edición de textos, de la maquetación, de la elección de autores e ilustradores. Doncel publicaba los libros obligatorios que marcaba el Estado, y Miguel también asumía esa parte. También se creaban colecciones juveniles y revistas como “La ballena blanca”, en la que él publicó uno de sus libros. La aparición de esta serie coincidió con el regalo de unas simpáticas ballenitas de fieltro.
¿Qué pasó cuándo se conocieron? Lo conocí nada más llegar. Allí trabajaban Antonio Castro Villacanas, Miguel y José Miguel Biurrun, que era de Pamplona. Y creo que una persona de contabilidad. La ubicación de la editorial estaba en un edificio de Juventudes. Por entonces, Doncel era invitada constantemente a actos y saraos, y como yo era una chica joven, tenía 23 años, 17 menos que Miguel, iba en representación de la editorial aquí y allá. En realidad, me exhibían un poco.
¿Cuándo le tiró los tejos Miguel? No me di cuenta, en realidad. Salimos a cenar a tal o cual sitio. Y así, casi sin darme cuenta, sucedió. Fue todo muy rápido. Nos enamoramos.
Miguel Buñuel, que ya había publicado novelas y libros infantiles y era crítico de la revista “Índice”, estaba casado con la poeta María Elvira Lacaci, ¿no? Sí, lo estaba, y compartían el piso, pero no hacían vida conyugal. Ella recibía tratamiento psiquiátrico, era una mujer muy especial. Inicialmente, Miguel me decía que no podía dejarla. Y era cierto. La llamaba todas las mañana, la cuidaba...
Cuenta el escritor y realizador Alfredo Castellón que ese matrimonio fue anulado por el Tribunal de la Rota, y que él actuó como testigo. ¿Cuándo empezaron a vivir juntos ustedes? En el verano de 1965. Habían pasado poco más de seis meses. Aquello no fue fácil: yo era hija única, mi padre había sido militar, y mi madre había sido casi monja. Imagínese qué panorama. Como Miguel Buñuel era crítico de cine de “Índice” y de otras publicaciones, fuimos juntos al Festival de San Sebastián. Yo dije en casa que tenía un viaje en representación de Doncel. Unos meses después, nos fuimos a casa de mis tíos de Tafalla. No dijimos que éramos novios, preferimos que lo viesen como una política de hechos consumados. Para entonces ya habíamos alquilado un apartamento en Madrid.
Qué romántico. Después de aquel viaje ya no volví a casa.
¿Descríbanos el escándalo? No lo recuerdo. Juraría que no lo hubo. Para mis tíos, Miguel era mi novio. Y para los amigos también. Finalmente, nos trasladamos a Biarritz y esa fue la excusa para decir que nos habíamos casado allí por lo civil. Miguel ya había empezado los trámites de separación. Él ya tenía entonces una auténtica obsesión por ser padre.
¿Por qué? No lo sé muy bien. Pero lo tenía muy claro. Él no sabía conducir, y cada vez que lo llevaba por la ciudad en coche o iba en un taxi, les hacía gestos a los niños y los niños le hacían cosas a él. Tenía un gran sentido del humor. Se llevaba estupendamente con los hijos de sus amigos. Miguel era tierno, cariñoso, simpático y, ya le digo, poseía un gran sentido del humor. De niño, con dos años o así, sufrió una insolación que estuvo a punto de costarle la vida. Y se quedó un poco sordo de un oído.
¿Cuándo se dio usted cuenta de que Miguel Buñuel era un intelectual, un escritor? Pronto me enteré de que era un escritor más o menos conocido, que había publicado libros juveniles y novelas, que había sido premiado varias veces y que tenía el sueño del cine. Miguel tenía muchos contactos: era muy amigo de Carlos Robles Piquer, cuñado de Fraga. También era amigo de autores como Sánchez Silva o Tomás Salvador. Él, que había estudiado Perito Agrícola, había empezado a trabajar en el Instituto del Hierro y del Acero. Por aquellos días, para trabajar se necesitaba una cierta afinidad con el régimen de Franco y a él debió conseguirle ese empleo don Agustín Planas, el mecenas de Castellote. Yo creo que es por eso por lo que metió en el Frente de Juventudes.
Miguel Buñuel le dedicó un libro a sus años zaragozanos: “Manuel y los hombres” (Doncel, 1961). Es cierto. El vivió en Zaragoza antes de la Guerra Civil. Pasó la contienda en su pueblo, y en la posguerra inicial estuvo de nuevo en la capital. Su padre tenía tierras en Castellote y una fábrica de turrones, dulces y peladillas escarchadas, Azucarería Buñuel. Antes de su traslado definitivo a Madrid, Miguel trabajó en un taller de escultor. Y ya en Madrid realizó sus estudios de peritaje, estudió en la Escuela Oficial de Periodismo, intentó entrar en la Escuela Oficial de Cine y derivó hacia diversos ámbitos: el periodismo, la literatura, la edición. En la Escuela de Cine, en el curso 1956-1957, lo suspendieron (“increíblemente”, según él) en la asignatura de Dirección. Miguel respondía a todo, era muy terco e incluso era capaz de convencer a sus censores. Eso lo hizo, página a página, con alguno de ellos en libros como “Un mundo para todos” (1962) y “Un lugar para vivir” (1962).
Por cierto, la huella de Castellote en su obra es muy importante. A mí siempre me ha llamado la atención “El aquelarrito” (Doncel, 1965), que contiene en pocas páginas los recuerdos de su pueblo. ¿Sabe usted que vino a su pueblo y que regaló a todos los niños del colegio un ejemplar? El actual alcalde Ramón Millán recuerda esa visita, y dice que “Miguel daba un poco de miedo”. Castellote era como su obsesión. Hablaba mucho de los niños, de su infancia, de los juegos, de la oliva y del aceite. “Desde esta ventana, he visto cómo se casaba Enrique Líster”, decía. Y también hablaba de las de guerras de bolas de nieve que llevaban excrementos dentro.
El cine parecía ser su sueño. Su literatura, de inspiración cervantina, como sucede en “Rocinante en La Mancha” y en la novela extensa “Un mundo para todos”, está llena de imágenes, de diálogos... Hacía crítica de cine, iba al cine todas las semanas, escribía guiones. El cine fue su obsesión. Tras ser suspendido en Dirección a mediados de los años 50, intentó ingresar de nuevo en 1967, tengo la carta de Carlos Fernández Cuenca donde le prohíbe en aplicación del artículo 28 “la entrada en el recinto”, cuando ya había nacido nuestro primer hijo. Luego lo dejaron entrar. Y en 1972 se matriculó por tercera vez, ya en guión. Realizó algunas piezas, como la que se ha exhibido en Castellote. La víspera cambió el guión entero y realizó un corto muy buñuelesco con nuestros hijos Miguel y Maite. Les llenó la cama de cangrejos...
Esa pieza demuestra que estaba más cerca de Luis Buñuel de lo que podía pensarse. ¿Cómo definiría usted su carácter? Era una persona especial, caprichosa. Hacía cosas que solo a él se le podían antojar. No era una persona vulgar. Y tenía sus rarezas. Le apasionaba la fotografía.
¿Llegó a exponer? No, pero era incansable. Más que incansable, resultaba cansino. No paraba de tomar fotos. Ha dejado cientos, miles. No revelaba él, pero le preparaban los carretes. Al principio tenía una cámara Kodak, y luego una Canon. Estaba todo el día haciendo fotos. Era una obsesión. Se gastaba en periódicos y revistas lo que no está escrito. En el viaje diario al quiosco se dejaba medio sueldo. La vida no siempre fue fácil para nosotros. Pudimos casarnos en 1972, y para entonces ya teníamos cuatro hijos. ¿
Por qué no fueron bien las cosas? Lo echaron de Doncel. No recuerdo con exactitud el motivo. Reconocieron que había sido un despido improcedente. En política cambió mucho. En los tiempos de la Escuela de Cine, traía a casa a los jóvenes alumnos, futuros directores y productores, como Pedro Costa. También trabajó en la ya desaparecida Radio Juventud, fue asesor de programas infantiles y juveniles de TVE, e intervino como actor en películas series como la malograda de “Rinconete y Cortadillo”. Era un actor muy característico con sus melenas, sus pobladas cejas... Publicó en “El País”, era amigo de Juan Luis Cebrián y Rafael Conte...
A su marido, sus compañeros lo presentaban todos como “un rebelde, como un hidalgo solitario por los pasillos de la vida”. Creo que lo fue. Evolucionó mucho. Fue la primera persona que sacó en las fiestas de Castellote una bandera republicana, con el siguiente escándalo. En los últimos años, aquí halló la felicidad. Empezó a grabar a todo el mundo con un magnetófono: quería saber los recuerdos de la II República y de la Guerra Civil. Se enrollaba con todo el mundo. Y no solo eso: tomaba fotos. Sin parar. Sin pedir permiso en ocasiones. A veces, si se lo reprochaban, decía: “No se preocupen. No llevo carrete”. Y era verdad.
¿Cómo murió? Fue un poco espantoso. Padeció un cáncer de colon. Pero antes sufrió un atropello, mientras estábamos de vacaciones en Benicasim. Cruzó para comprarles patatas fritas a sus hijos y lo arrolló una moto. Y al final, cuando vieron que no le podían operar el cáncer, le falló el corazón... Yo creo que destacaba por su humanidad: llegaba a todo el mundo. En aquellos tiempos convulsos de finales de los 60, yo estaba embarazada de nuestro hijo Miguel, pues llegó a celebrarse una de aquellas reuniones de amigos y de política y de cine en mi habitación en la Clínica de la Concepción. Esta anécdota define perfectamente a mi marido.
08/10/2007
PATINIR Y CUNQUEIRO: CARTA DE OURENSE [Vuelvo a casa, tras andar buscando botas y balones para la exposición del Real Zaragoza, y recibo esta bella carta de mi joven y entrevisto amigo Gustavo Peaguda, un poeta de Ourense que mora en Compostela. Me gusta tanto que la cuelgo aquí]
Estimado Antón: El pasado verano tuve la oportunidad de ver la exposicion en el Mueso del Prado de Patinir. Realmente desconocía quien era este pintor. Me gustaron sus cuadros y adquirí una reproducción de uno de ellos. Al llegar a mi casa la coloqué en una balda de mi biblioteca y allí quedó. La semana pasada empiezo a leer a Cunqueiro y me encuentro lo siguiente: “Para ellos cuando llegaban aquí, no había nieblas en el horizonte y el Pico Sacro se les aparecía en la lejanía- en ese azul de Patinir que tiene tantas veces el país compostelano". (El Pasajero de Galicia. Editorial Tusquets) Este viernes al dirigirme a Ourense, allá en la lejanía se me aparece el Pico Sacro con ese azul de Patinir. Uno ya no puede contemplar el Pico Sacro de la misma forma después de leer a Cunqueiro y después de contemplar los cuadros de Patinir. Tus ojos ya no te obedecen. Un saludo afectuoso. Un Saludo. Gustavo Peaguda. DEL CUERPO Y DEL DESEO Hace algunas semanas, Sonia R. Fides (Madrid, 1969) me envío su primer poemario: Mirar y ser mirada (X Premio de Poesía, “Nicolás del Hierro”, 2006. Colección Yedra), “un paseo por las miradas carnales, por la audacia sutil de las palabras, por bisílabos espejos, por el frescor puntiagudo de un hallazgo”.
Esta mañana me he asomado al libro de nuevo, y copio este poema:
A las tres menos cuarto todavía eras pecado. Después todo cambió.Dios estaba echándose la siesta. De tres a cinco entran en coma algunos de los pecados capitales. No te des prisa, para ti mi cuerpo se ajusta siempre a los horarios insulares. *La foto es de Sophie Touverim.
11/10/2007
MATÍAS URIBE HABLA DE HÉROES DEL SILENCIO EN BORRADORES Matías Uribe recibe en su casa a un equipo de “Borradores”, y les hablará de la historia de Héroes del Silencio en dos partes: primero analiza la trayectoria del grupo y luego muestra su espléndida colección de objetos, revistas, discos, todos los materiales que usó para redactar “Héroes del silencio. El sueño de un destino”, que acaba de publicar “Heraldo de Aragón”. El programa, además, recibe además al grupo Distintas Razones, que toca dos temas: “Loco amor” y “Roma”; al escritor Julio José Ordovás, que publica “Papel usado” (Eclipsados). Y ofrece reportajes sobre la muestra de México D. F., la película “Mataharis” de Iciar Bollaín y la biblioteca de Delicias. Esta noche a las 0.00 horas en Aragón Televisión.
12/10/2007
EL ESCRITOR IMPOSIBLE* EL ESCRITOR IMPOSIBLE Lo que más le gustaba en el mundo era escribir. O quizá oír el gemido del viento, sentir ese latigazo del aire y escribir luego. Las palabras eran como seres vivos, como lagartijas o como salamandras negras que brotaban de su pluma. Para él escribir era como pintar o fundar un mundo intacto, y a medida que inundaba el papel percibía una fuerza interior, una certidumbre de fuego. Al terminar, una vez que había invocado gentes, paisajes y pájaros, matices de la vida, el texto se volvía contra él: le producía espanto. Y al final el miedo se tornaba remordimiento. Decía que ya nunca podría salir a la calle o hablar con los paisanos, que llevaba años sin poder conciliar el sueño, que era incapaz de abandonarse al placer o a la pereza. ¿Qué iban a pensar de sus escritos, cómo iba a justificar los adjetivos, la ironía, la sed de más sílabas o la violencia de su pensamiento? Un día declaró que se sentía culpable de impotencia: las palabras nunca alcanzarán a cifrar la perfección que sueño, la belleza que pretendo, la realidad que me inventa, dijo. Desde entonces ya no vive: se ha quedado inmóvil y mudo ante su ventana, ajeno al río de tinta y de salamandras negras que le ha invadido la casa. Se ha quedado inmóvil y mudo mientras el látigo del viento le platea las sienes. Una mañana cualquiera, lo sabe, aparecerá convertido en un monstruo o en uno de esos seres imposibles que tanto ha soñado.
*Este texto cerraba mi libro "Los seres imposibles"(Destino, 1998). La foto es de Emmanuel Sougez, al
que acaba de publicar Prensas Universitarias en la colección Cuarto Oscuro que dirige Antonio Ansón.
14/10/2007
NAOMI WATTS SIN MÁS
Naomi Watts es la protagonista de una más que correcta y violenta película de David Cronenberg, “Promesas del Este”. Pasea en una deslumbrante moto de época que habría pertenecido a su padre, un ruso, en la ficción. Sobre ella, más que sobre Viggo Mortensen o Vincent Cassel, recae el peso de una película de espías y mafia rusa.
LA POESÍA DE JESÚS JIMÉNEZ Hace algunos años, cuando sustituí durante unos pocos años a Trinidad Ruiz-Marcellán en la dirección de Olifante, publiqué dos libros de Jesús Jiménez Domínguez (Zaragoza, 1970): se trataba de Diario de la anemia y Fermentaciones, próximos a la contención y al silencio metafísico de Antonio Gamoneda. Jesús Jiménez es también un magnífico cuentista: ha ganado numerosos galardones, y tiene algo de escritor secreto. Ahora, en DVD, el sello de Sergio Gaspar, acaba de aparecer un espléndido libro: Fundido en negro, distinguido con el premio Hermanos Argensola de Barbastro, 2007. Se trata de un libro de pérdidas y evocaciones, de aroma culturalista, un libro del placer y de la sombra, de viajes y de máscaras constantes. Llama la atención la imaginación del escritor, la capacidad de otorgar la voz a tantos artistas: desde Persy B. Shelley hasta Rilke o Syd Barret o Alejandra Pizarnik. Es un libro de itinerarios íntimos, de miradas, de confrontación con numerosos autores y maestros: el citado Rilke, Pessoa, Keats, Rimbaud, los poetas chinos... El libro se lee de un tirón. Tiene un aire narrativo constante. Y muchos versos deslumbrantes.
Copio aquí algunos de los textos de Jesús Jiménez, a quien apenas veo.
ÚLTIMA MIRADA A LA ISLA DE KIRRIN
Vivir consiste en ir perdiendo cosas: el timón del aire en los cabellos, los amores, los recuerdos, los remos de los días felices. Al decirles adiós con la mano dejamos en el aire la cáscara de la despedida, vemos pasar sin nadie las bicicletas camino del óxido, ardiendo sin sonido. Otros inviernos han cegado las linternas, apagado los prismáticos y nos hallamos más lejos. La cerveza del jengibre la bebió el sol del ocaso y el pastel de carne, como a la infancia, se lo han comido las moscas.
HASSASIN
La mano que acuesta la piedra sabe que las caricias borran los cuerpos, que el deseo enrolla sus caminos sin haberlos recorrido. También la sed escribe en cuadernos sin páginas. Vestidos de abismo, hacemos del humo un único pijama: todo cuanto soñamos hoy, mañana será cenicero. Noche es el hombre del árbol más grande sobre la tierra. Su sombra infinita está hecha de todas las cenizas. Entre sus ramas más altas engordan nuestros asesinos.
*El retrato es de Irving Penn, y se titula "Picasso Jr." MANUEL PIZARRO CONVERSARÁ MAÑANA CON LUIS ALEGRE Aragón Televisión ya está realizando estupendos programas y está creando, día a día, grandes profesionales de la televisión: Nacho Rubio, Mirtha Orallo, Fernando Ruiz, Pablo Carreras, Natalia Robres, Sara Comín, Pilar Bellé, David Marqueta, Pedro Hernández, Inma Otal, David Marqueta... La lista es cada vez más extensa, es cada vez más interminable. Y se me quedan muchos, muchísimos nombres en el tintero. Entre ellos, figura Luis Alegre, el presentador y director de “El reservado”, sin duda una de las grandes estrellas de Aragón en todo lo que toca. El otro día, un amigo me decía que si no existiera habría que inventarlo. Luis entrevista mañana a Manuel Pizarro, ese turolense ejemplar, utópico y a la vez posibilista, ese tipo que cuida al perro, los campos de Tronchón, su biblioteca y a sus amigos, con los que se reúne de cuando en cuando, más allá de las diez de la noche, en un restaurante. Y allí, entre risas que van y vienen, cuenta historias sin parar. Y se ríe a carcajadas.Mañana por la noche, Luis Alegre volverá a sacar lo mejor de él, lo más próximo, su cariño creciente por Teruel.
Copio aquí el texto de Luis para la presentación del programa, que envía María José Mozota.
Manuel Pizarro desvela su lado más íntimo en "El reservado"
El lunes 15 de octubre “El reservado”, el programa que presenta y dirige Luis Alegre en Aragón Televisión, contará con la presencia de Manuel Pizarro, tal vez el aragonés con más poder e influencia en el mundo económico de las últimas décadas.
Manuel Pizarro es abogado del Estado, notario y agente de Cambio y Bolsa. Nació en Teruel en 1951. Entre otras cosas, ha sido presidente de Ibercaja y de la compañía eléctrica Endesa, de cuyos accionistas se despidió en la Junta Extraordinaria celebrada el 25 de septiembre. Ha recibido todo tipo de distinciones a lo largo de su brillante trayectoria. La última de ellas, el premio a los Valores Humanos y Desarrollo del Conocimiento que le concedió el periódico Heraldo de Aragón el pasado 20 de septiembre.
Durante la charla con Luis Alegre, Manuel Pizarro, en un tono insólitamente cálido y relajado, recuerda su infancia y su juventud en Teruel. Habla del frío de Teruel, de sus padres y de su abuelo y, con gran emoción, de su hermano Amador, cuya prematura muerte en accidente de tráfico marcó su manera de ver la vida. Pizarro también evoca el ambiente moral y cultural de los 60, deteniéndose especialmente en la recreación del fantástico grupo que coincidió alrededor del Instituto Ibáñez Martín y el Colegio Menor San Pablo, que incluía a gente tan brillante y diversa como José Antonio Labordeta, Federico Jiménez Losantos, Joaquín Carbonell, Eloy Fernández Clemente, Carmen Magallón, Eduardo Valdivia, Gonzalo Tena o José Sanchís Sinisterra. Pizarro también cuenta sus peripecias en la universidad zaragozana de finales 60, en su marcha a Madrid e insinúa las dificultades que siempre ha tenido que superar para salir adelante y alcanzar sus objetivos profesionales, algo que, según el, ha caracterizado siempre a los aragoneses.
“En Aragón nunca nada ha sido fácil”, señala en un momento de la charla. También reflexiona sobre la amistad y habla de sus destacados amigos, a menudo de perfiles antagónicos: Jesús de Polanco, José María Aznar, Jiménez Losantos o su antiguo profesor José Antonio Labordeta, a quien le rinde homenaje leyendo la letra de su canción “Aragón”.
“El reservado” se emite el lunes a las 00:15 horas. LA FIESTA INAGOTABLE Zaragoza es una fiesta inagotable, un arsenal de alegría. La gente va y viene en la ciudad rejuvenecida: dispara la avalancha humana. No sé si estas fiestas son mejores o peores que las de años anteriores: cada Pilar es un axioma. La multitud se entrega, disfruta, pasea, acude a bares y conciertos: se siente el elenco estelar de la gran representación. No se puede ir a todas partes, ni quizá se deba. Y cada uno se mete donde le peta. Hace unos días, al subir a un autobús, oí decir a una señora que había ido el año pasado a ver a Manolito Royo, y que tenía claro que iba a repetir. Y otros han ido a ver la gran exposición de Cano. Una señora dijo: “Me gusta este cuadro, pero ¡cómo lo voy a tener en casa ante mis ojos a todas horas!”. El gran éxito lo ha protagonizado Héroes del Silencio: ha probado que es un grupo sin complejos, de talla universal, que plantea un espectáculo exuberante, del nivel de REM o Los Rolling. Y sus componentes están ahí, con las voces y los cuerpos rotos, entregándose, muriéndose por las canciones y por su público, que corea casi todos los temas. Bunbury, Cardiel, los Valdivia (en este caso Juan y Gonzalo) y Andreu no dejaron lugar a la nostalgia: están vivos, encendidos, poseen fuerza, energía. Conmueven. Creen en su oficio. A otro nivel, me ha deslumbrado María Dolores Pradera. Cantó mejor que nunca, descansada, con el tono exacto y acariciante, y con esa presencia de diosa de imprecisa edad. María Dolores, divertida e irónica, diría luego: “Soy frágil”. Independencia es un escenario imposible. Hacerse oír es una gesta. Violadores del Verso lo intentaron y lograron a medias. Y eso ya fue un triunfo.
*En la foto de José Antonio Melendo, Joaquín Cardiel y Enrique Bunbury.
17/10/2007
NORMAN PARKINSON Una deliciosa foto de Norman Parkinson. FOTÓGRAFOS . JEAN DIEUZAIDE Jean Dieuzaide (1921-2003) ha sido uno de los grandes fotógrafos franceses del siglo XXI. Uno de esos nombres al que, como recuerda su amigo Julio Álvarez, el director de la galería Spectrum Sotos, “la cámara le sentaba siempre bien, igual que la corbata. Era como un apéndice natural de su propio cuerpo. Llevaba su diminuta Leica en cenas, recepciones, en un paseo”. Dieuzaide pertenece a una generación magnífica en la que pueden encuadrarse maestros como Brassaï, Cartier-Bresson, algo mayores que él, Robert Doisneau, Emmanuel Sougez o Willy Ronis. Dieuzaide encarna, como los citados Doisneau, Sougez o Ronis, al fotógrafo humanista: el hombre que todo le interesa y que todo convierte en arte, el hombre que sabe mirar el paisaje del campo y el de las gentes, y que capta los deliciosos detalles de la cotidianidad. Fue fotógrafo de guerra, cubrió eventos deportivos y también muchas noticias de actualidad, e incluso realizaba ensayos más o menos experimentales.
Se fue curtiendo en periódicos y revistas, entonces solía llevar una cámara de 6x6 y un bélinographe, que era un transmisor de telefotos.
Fue un investigador y un renovador de su oficio, y estuvo detrás de numerosos proyectos como los Encuentros Internacionales de
Fotografía de Arles o fue el creador de la Galerie Municipale du Chàteau d’Eau en 1974, que se inauguró con una antológica de un maestro
como Edouard Boubat, otro fotógrafo de gran sensibilidad social apasionado por España y Portugal.
Si algo distinguió a Jean Dieuzaide es su admiración y su curiosidad por España, hasta el punto que durante dos décadas pasaba muchas temporadas a este lado del Pirineos. Le atraía todo: los pueblos olvidados, las serranías, el mar. Estuvo muchas veces en Andalucía y Galicia (hace no demasiado tiempo se expuso una muestra con 55 obras suyas realizadas en Galicia), en Cataluña, en Extremadura y, por supuesto, en Aragón. El archivo español de Dieuzaide es enorme: a él se le debe un libro monográfico dedicado a Dalí, es famosa aquella foto en que el pintor está en el mar de Port-Lligat. Lo administró y lo ordenó su esposa. Y en él la presencia aragonesa es realmente importante. El maestro no distinguía siempre los límites entre una provincia y otra, entre una comunidad y otra, pero le interesó. Ya en los años 50, tal vez fuese hacia 1953, estuvo en Teruel, en concreto en Albarracín y realizó esta espléndida toma de la Casa de la Julianeta. Pero también estuvo en los Monegros, en los pueblos pirenaicos y pareció sentir debilidad por Santa Cruz de la Serós, donde fue más allá de los paisajes: se interesó por las “gentes del país”, en un reportaje de 1961. Algo que también se ve en la instantánea de Sos del Rey Católico o en la de Loarre, en ésta especialmente, Dieuzaide capta no sólo la mole cosida al promontorio, sino que le interesa el contexto, el contraste del celaje, la vaguada casi infinita que corre hacia el horizonte.
*Esta foto está tomada en Portugal. FERNANDO S. M. FÉLEZ: UNA ENTREVISTA Fernando San Martín Félez (Zaragoza, 1930), más conocido como S. M. Félez, expone una selección de su obra en el Torreón Fortea. Hace algunos meses, conversé con él. Recupero esta entrevista. La exposición es estupenda: tiene algo de mezcla de Dalí, Magritte y Paul Delvaux con ese estilo tan peculiar, tan surrealista sin estridencias, de Félez. Los motoristas no salen nada bien parados; las mujeres, como confiesa aquí, son estupendas: desnudas, exuberantes, como un sueño de seductores.
Nació usted en Zaragoza. Sí, en 1930. Mi padre era navarro y mi madre, aragonesa. Mi padre era comisario de policía, y yo me fui de aquí, con año y medio, a Barcelona, donde viví hasta los 25 años. Entonces, gané una beca artística de los castillos del Loira, y me quedé enamorado de París. ¿De dónde le vino esa pasión por la pintura? Pinto desde los ocho años, aunque, durante un tiempo, llevé una vida más bien bohemia, y llegué a jugar en categorías inferiores de fútbol. Pero desde niño me gustaban los lápices. Cuando estalló la Guerra Civil, el papel escaseaba, y yo dibujaba por las dos caras, hasta que acabaron confiscándomelo. Luego, con un clavo empecé a dibujar en las paredes. Casi las agujereaba. Más tarde, conoció al pintor Joan Ponç… Durante el servicio militar. Establecí una amistad inmediata. Era un hombre como muy disparatado, entonces estaba obsesionado por Dalí. Él ya había vivido la experiencia del Dau al Set con Tharrats, Tàpies, Cuixart y Brossa. A mí me interesaba el clasicismo. ¿Qué hizo al terminar la mili? Trabajé de estampador. Luego empecé a hacer abstracción lírica, distinta a la abstracción matérica de Tàpies, y expuse en París. Frecuentaba a un grupo de españoles como Fernando Lerín, Plaza, Duque, Eduardo Arroyo… Y luego dio el salto a una figuración próxima a Paul Delvaux, Yves Tanguy, Dalí… A Dalí lo conocí en España y siempre me ha interesado. Con Yves Tanguy creo que no tengo nada que ver. Lo de Delvaux lo dirá porque a los dos nos interesa mucho el desnudo de mujer. ¿Quiere saber porque me pasé a la figuración? Desde luego. Fui pintor abstracto durante unos diez años. Pero Fernando Arrabal me desafió. Él tenía pintores más o menos particulares como Crespo y Díaz. Vio una exposición mía, comentó que mis cuadros no estaban mal, y me dijo que yo no sería capaz de hacer una obra figurativa. “¿Quieres un hacer un retrato mío?”. Cuando volvimos a vernos yo ya tenía un retrato suyo, y le gustó mucho. Me sugirió que como en la abstracción me conocían como Sanmartín que cambiase el nombre por S. M. Félez, “Su Majestad Félez”, dijo Arrabal con su habitual humor. Y dicho y hecho. Y se convirtió usted en pintor “pánico” y pintor de Arrabal. Sí, me interesó mucho esa estética, pero la parte surrealista y sensual, el humor y la alegoría, la crítica de la sociedad, no la escatología ni el horror. Lo acepto en Topor, en Jodorowsky o en Arrabal, que fueron los creadores del movimiento “pánico” que ha generado obras de teatro, cine, cómic. A mí me interesa más el universo de la mujer y la parte social o de compromiso de la pintura. He hecho 15 o 16 cuadros de Arrabal. ¿Qué sentido tiene hacer tantos cuadros de Arrabal? Son siempre cuadros de encargo que él me pide y protagoniza. ¿Resulta estimulante para un artista hacer tantos cuadro de encargo de la misma persona? A mí se me escapa por qué los encarga. Para mí es interesante el encargo porque la pintura exige someterse a ciertas disciplinas. Mis mejores cuadros y momentos corresponden a asuntos de encargo. A Arrabal lo he pintado en “la santa cena” con personajes célebres del siglo XX, vinculado a “El gran teatro del mundo” de Calderón, como director de cine… Desde 1993 vive en el Ampurdán… Sí, dejé París, que significó una larga lactancia para mí y fue el lugar donde me hice artista. Ahora vivo en el Ampurdán y sigo pintado. Me inspiro en la realidad y en ella me afirmo, aunque creo elementos de ficción. Doy importancia a la técnica porque yo explico situaciones un poco absurdas, poco claras, como los sueños. E intento plasmar la contradicción entre la vida urbana y la belleza clásica. Sigo siendo inconformista. La vinculación de su obra con la de su amigo Dalí también parece evidente y con el hiperrealismo… Conocí a Dalí, hablamos un poco de cosas más bien formales, pero el pintor que más me interesa es Gustav Klimt, que llegó al arte total, a la estilización, a las cosas más depuradas y a la vez más barrocas. Es figurativo, sensual, es perfecto. Coinciden también en su desaforada pasión por la mujer. En el 50 % de mis cuadros hay mujeres, casi siempre desnudas. El sexo femenino es, en buena parte, el eje vertebrador del hombre. ¿Se acuerda de Zaragoza? Estuve a punto de regresar, pero seguí en París. Ahora, ya es tarde.
*Retrato de Fernando Arrabal con veinte de los más grandes jugadores de ajedrez.
18/10/2007
GRAN MONOGRAFÍA SOBRE "LOS OLVIDADOS" Hay películas especiales. Películas que marcaron una vida, un destino, películas que, de golpe, son como una abanico de claridad y de lucidez, un faro de imágenes y de texturas que dibujan una claridad nueva, otra forma de compromiso. Entre todas las películas de Luis Buñuel, una de las que mejor destino ha tenido es “Los olvidados” (1950), rodada en ese mismo año en México, en medio de todo tipo de dificultades. En agosto de 2003 se encontró su negativo, que se había quedado arrumbado u olvidado durante muchos años, y fue inscrita “en el Programa Internacional Memoria del Mundo de la UNESCO “para salvaguardar y difundir el patrimonio documental más representativo de las distintas lenguas, pueblos y culturas del planeta”. El epígrafe es suficientemente amplio que da una dimensión de que proyecto estamos hablando: “Los olvidados” es una película áspera, dramática, pero también onírica, de un intenso lírico, parejo sin duda al desgarro, una crónica de los niños desarraigados y perdidos en los arrabales del existir.
Esta obra nació, en realidad, de una noticia que leyó Luis Buñuel en los diarios: se encontró en la escombrera de las afueras el cadáver de un joven. Y a partir de ahí empezó a activar uno de sus mecanismos obsesivos que le conducirían a la gestación laboriosa y tensa de una obra en la que intervinieron en distintos momentos Max Aub y Juan Larrea, y luego Luis Alcoriza, que sería el guionista. Tras muchos años de trabajo, Carmen Peña y Víctor M. Lahuerta Guillén han preparado el volumen “Buñuel 1950. Los olvidados. Guión y documentos”, en el que participan ambos (Víctor M. Lahuerta escribe un cuidado artículo sobre Luis Márquez, el responsable de la foto fija, tan espectacular), Francisco J. Millán, que contextualiza la película en la cinematografía de la época en México y la contrapone a la exitosa “Nosotros los pobres” (1947); Pedro Christian García Buñuel y Heriberto Ramírez Magallanes, que se encargan de realizar un glosario de mexicanismos, etc.
El libro, editado por el Instituto de Estudios Turolenses en colaboración con el Gobierno de Aragón y la Caja Rural de Teruel, desmenuza el proyecto. Se publica el guión al completo, con enmiendas y tachaduras, y se incluyen las localizaciones de Buñuel, la foto fija de Márquez, que es realmente espectacular como se ve en estas instantáneas, pero además los editores exhuman una amplia documentación de revistas, periódicos, cartas personales y cartelería, y no deben desdeñarse lo más mínimo, entre otras aportaciones, las jugosas cartas de Buñuel a José Rubia Barcia, una correspondencia que se inicia en 1949 y concluye en 1976. A lo largo de esta última parte se va viendo la cantidad de valedores que tuvo una película que al principio pasó inadvertida en México. Triunfó en Cannes, fue elogiada por Octavio Paz, lo sería también por André Bazin y Julio Cortázar, y se acabaría transformando en lo que es: una obra que resume la mirada de Buñuel, que le permitió dar lo mejor de sí mismo tras diez años de angustia y de incertidumbre, y que se mantenía en varios polos: recogía el legado del neorrealismo y la picaresca española, acaso el universo de “Las Hurdes. Tierra sin pan”, y abría nuevos campos a creadores como el brasileño Glauber Rocha. Además, de dejar ahí una estela de compromiso con el dolor y de pedagogía.
Carmen Peña añade otro trabajo muy interesante: “Los olvidados’ en España. Noticia y difusión de un filme de Buñuel”, que sorprenderá a muchos. Carmen Peña dique que HERALDO “se atrevió a ofrecer a sus lectores una información entusiasta”, que ilustró con el retrato de Man Ray y presentó con un titular inequívoco: “Triunfo de un cineasta aragonés en el certamen de Cannes”. El cronista anónimo reprochaba a un crítico furibundo que calificase como repelente la obra.
20/10/2007
LECTURA Y VIDA DE GARCÍA LORCA A estas alturas del siglo XXI parece que de Federico García Lorca está todo dicho. Luis Buñuel lo definió con total exactitud: "La obra maestra era él". Neruda dijo que era un "multiplicador de la hermosura". Vicente Aleixandre anotó: "Era tierno como una concha de la playa. Inocente en su tremenda risa morena, como un árbol furioso. Ardiente en sus deseos, como un ser nacido para la libertad". Aunque también intuyó las máscaras del héroe: sospechó que tras esa personalidad volcánica e imparable existía una trastienda de dolor y de pena. Muchísimo más podría decirse de un hombre arrollador, que embaucaba con cuentos, fábulas y músicas para retener a los amigos, para que no lo dejasen con su profunda soledad de criatura estéril y abisal, que respiraba por igual desgarro y poesía. Poesía. "...Yo no como, ni bebo, ni entiendo más que en la Poesía". Y eso fue su vida y su obra, ese binomio irreductible y denso, porque sí algo le definía era "la inmensa alegría consciente de crear".
Siempre se creyó que Lorca era un malabarista de la palabra, un malabarista profesional. Estaba dotado excepcionalmente, es cierto --y lo estaba para todo: para armonizar canciones y componer, para realizar más de 400 dibujos, para escribir una poesía incomparable, para el teatro escrito o representado. Recuérdese que como dramaturgo fue incomprendido y censurado en 1930 por presunta pornografía, sobre todo con Amor de don Perlimplín con Felisa en su jardín--, pero su literatura nace de la vocación y del esfuerzo. Y de la inspiración, esa prodigiosa luz que le nimbaba el alma de visiones. Tuve una niñez feliz en Fuentevaqueros y Granada, por lo que veremos siempre que su infancia será su edén. Estudió en la Residencia de Estudiantes junto a una generación esencial: Pepín Bello, Salvador Dalí, Buñuel, Celaya, y tantos otros. Y junto a éstos (mejor aún, gracias a su lúcida perversidad) se alejó de la orientación esteticista y gongorina de la Generación de 1927 para abrazar un surrealismo desesperado, tal como ha explicado Agustín Sánchez Vidal en Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin. La crisis sentimental con su amante el escultor Emilio Aladrén, sumada a las críticas de Buñuel y Dalí al Romancero gitano --que fue un gran éxito en 1928. Hablaban de "reaccionarismo estético" y de "putrefacción"--, lo llevaron a la Estados Unidos. Allí, durante un año vivió "la experiencia más útil de mi vida", la experiencia que le abocó al infierno del desamor y de la barbarie y le dictó algunos de sus mejores libros: Poeta en Nueva York o los dramas El público y Así que pasen cinco años. Surrealismo consciente y hondo, exorcismo de pasión, viaje hacia la desolación y la denuncia, con ida y vuelta a la memoria del paraíso que fue Granada, Fuentevaqueros, su vida anterior de huerta, naranjos y pitas agrias. Volvió a una España r |