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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2015.

RAFAEL BERRIO: 5 CANCIONES-POEMAS

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CINCO POEMAS Y CANCIONES DE RAFAEL BERRIO

Rafael Berrio es uno de los cantantes españoles con mayor personalidad y talento. Es compositor, letrista e intérprete. Nació en San Sebastián en 1963. Sus letras son hondas, divertidas, irónicas, tienen mucha fuerza. Acaba de publicar un nuevo álbum, ‘Paradoja’, tras dos espléndidos trabajos como ‘Diarios’ y ‘1971’. Ha tenido la gentileza de enviarme cinco canciones-poemas y esta foto suya de Gema Amiama, que lo ha retratado así en el Café-Fado de Coimbra. Ella dice: "Rafael Berrio en plena saudade".

Linko aquí una estupenda canción como 'Mis ayeres muertos'.
https://www.youtube.com/watch?v=cNeoxv79ggc

 

LAS MUJERES DE ESTE MUNDO

Yo me moriré un día borracho junto a una tapia,
y mis pupilas reflejarán la última luz de esa mañana.
Se cuajarán mis ojos rememorando bajo la lluvia
un torbellino de espantos y de bellezas pasadas.

Ya no me importarán entonces ni el hambre ni las estrellas.
Seré para esa nave un equipaje bien liviano.
No me haré de rogar con despedidas interminables,
pues sólo lamentaré perder a las mujeres que amamos.

A las mujeres de este mundo.
A las mujeres que soñamos.
Sólo lamentaré perder a las mujeres que amamos.

Yo me moriré un día de pulmonía bajo los puentes,
y los perros aullarán toda esa inmensa madrugada.
El alba dará mi hora y con el último suspiro
entonaré un salmo antiguo rescatado de la infancia.

Pero no dejaré preguntas en el aire ni reproches.
No me abrazaré a la vida tan desesperadamente.
Por mí, conservará intacto el virgo de su misterio,
pues sólo lamentaré perder el amor de las mujeres.

De las mujeres de este mundo: 
de las mujeres que soñamos.
Sólo lamentaré perder a las mujeres que amamos.

SATURNO

Tristes. Estamos tristes, Saturno. 
Porque en nombre de los galenos
nos has negado el vino. 
El vino que acostumbramos.
La pausa en el suplicio.
El único respiro. 
El vino del olvido...

El vino de los amantes que lo beben frente a frente.
El vino de los soldados que los torna valientes.
El ángelus campesino y el santo vino obrero.
El vino del pueblo austero.

El vino de los marcados por el vino de por vida.
El vino de los sin techo que los mece y los abriga.
El vino de los altares y el vino del rito profano.
El vino del buen samaritano.

El vino del infeliz que lo franquea ante su amada.
El vino del estudiante que lo vomita de madrugada.
El vino que invoca la musa y el que trae la mala idea.
El vino bronco de la pelea.

El vino del exiliado por el que cobra su terruño.
El vino del joven poeta que lo dispensa del ayuno.
El vino del palacio y el corriente de la casa.
El ansia de vino que nos abrasa.

El vino de los entierros tras el caer de la losa.
El vino amargo del duelo, de la ausencia en cada cosa.
El vino reminiscente y el vino del olvido.
El vino que nos duerme compasivo.

El vino de los amigos que lo brindan por su encuentro.
El vino del solitario que lo rumia en sus adentros.
El vino de los grandes fastos y el vinazo de la plebe.
El vino y que la tierra nos sea leve.

El vino del gran mundo y los salones exclusivos.
El vino de las meriendas campestres bajo los pinos.
El vino de las fondas del camino y las posadas...
Adiós a todo eso, camaradas.
Adiós a todo eso, camaradas.

Tristes. Estamos tristes, Saturno. 
Porque en nombre de los galenos
nos has negado el vino. 
El vino que acostumbramos.
La pausa en el suplicio.
El único respiro. 
El vino del olvido...

CASA AISLADA

Una casa aislada en Tierra de Campos, por ejemplo.
Una quietud de estancias en penumbra y muebles trasnochados.
Un cargamento de botellas de vino de Oporto en la despensa.
Una cava secreta bien servida de puros toscanos.


Una casa aislada y modesta, más puritana que alegre.
Un corral de altas tapias y emparrado centenario.
Un salón Luis XV donde un solo libro más no quepa.
Un atlas caduco, un laúd, y un inquilino estrafalario.

Una casa, sin ir más lejos, en el secano palentino.
Un horizonte ilimitado de monotonías curvilíneas.
Un clima áspero y seco en conformidad con el espíritu.
Una casa en un paraje de misticismos y semiruinas.

Una casona vetusta, de alcoba de lecho alto y baldaquino. 
Un gabinete donde escribir con pluma digna de anticuario.
En la cocina dieta sola de sopas de ajo en loza blanca.
Un zaguán, un perro ciego y un inquilino estrafalario.


Ese inquilino 
estrafalario, 
es claro, sería yo.

Que soy quien sueño 
con esa casa 
desde hace años... 
y no la tengo.

CAMBIOS A MANSALVA Y DECADENCIA

Cambios a mansalva y decadencia
como único horizonte en la retina.
Si mis ojos no me engañan sólo veo
cambio y decadencia en torno a mí.

Cambios como aves de mal fario
que anuncian un presente sin pasado.
Un presente insobornable cuya amnesia
causa el cataclismo tras de sí.

Y decadencia, como espada de Damocles
enfilada a la crisma de un futuro,
un futuro en los huesos cuyo rictus 
pocas trazas tiene de buen fin.

Sólo cambio y veleidades por un lado,
y roña y decadencia en su contrario.
Quisiera ver, y no lo veo, otro escenario,
otro argumento que el argumento por excelencia.

Mas sólo cambios a mansalva y decadencia.
Sólo cambio y decadencia
en torno a mí.

Así que cambios y mudanzas trepidantes,
y un desmán de polvo y sillas cojas.
En suma, un panorama donde nadie 
encuentra su lugar ni de perfil.

Así que cambios a mansalva y decadencia.
Y eso es todo, eso es todo en esencia:
Medio mundo se hunde y medio mundo boga.
Hacia dónde, no lo sé decir.

NIENTE MI PIACE

Porque el tiempo es de oro 
perderlo a placer
en un acto solemne 
que triunfe del tiempo:
Beber, por ejemplo.
Dormir, despertar... 
volver a dormir.
Leer una línea al azar del Apocalipsis.
Tratar de ser nadie en la cama que yazco.
Gozar de la manta sutil que me cubre.
Fuera de eso, niente mi piace,
todo me aburre.

Hacer, deshacer, 
en el fondo da igual
mover un peón 
o rendir la partida.
Total, qué es la vida
sino una liturgia 
que vuelve siempre al inicio.
Visto lo visto, qué hacer cuando ya es suficiente:
Fumar y observar cómo el humo se pierde.
Escuchar cómo el tiempo en el reloj transcurre.
Fuera de eso, niente mi piace,
todo me aburre.

Rendir culto al absurdo.
Sentir hondamente la nada.
Darse a la paradoja.
Mirar llover por la ventana.
Hervir un arroz,
fumar lo atroz,
Sentar un ritual de manías.
Hacer un té.
Pensar a la negligé
en locos planes de fuga.

Poner a girar la bola del mundo.
Gastar un humor tremebundo.
Bajar al bar, 
subir,
bostezar.
Anticipar con pereza otro octubre.

Doblar ropa de entretiempo.
Relamerse en la lentitud.
Ir mal de salud...
En fin: vivir; 
vivir, se me ocurre:

Fuera de eso
niente mi piace,

todo me aburre.

 

01/08/2015 08:42 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

NACIONALISMO: SINSENTIDO Y SENSIBILIDAD

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En su artículo de los jueves en la revista 'Letras Libres', con el apoyo de algunos pensamientos y escritos de George Orwell, Daniel Gascón, escritor y traductor, reflexiona sobre el nacionalismo.
NACIONALISMO: SINSENTIDO Y SENSIBILIDAD

 

En Notas sobre el nacionalismo, George Orwell escribió que el nacionalismo era “hambre de poder mitigada por el autoengaño”. Empleaba un concepto del nacionalismo que es más amplio que el que utilizamos habitualmente. Designa “la propensión a identificarse con una sola nación u otra unidad, colocándola por encima del bien y del mal y sin reconocer otro deber que promover sus intereses”. Ese nacionalismo, que el autor británico contraponía al patriotismo y que se caracteriza por la obsesión, la inestabilidad y la indiferencia a la realidad, estaba presente en los comunistas y en los trotskistas, en los católicos proselitistas como Chesterton y en los imperialistas británicos, en los sionistas y los antisemitas.

Orwell terminó de escribir su breve ensayo en mayo de 1945. Una fuerza poderosa en la construcción de la política europea en los últimos decenios ha sido la conciencia de la amenaza del nacionalismo: del nacionalismo en el sentido amplio que empleaba Orwell, pero también de las ambiciones y los peligros del Estado-nación, que destruyó Europa dos veces en treinta años.

Orwell explica que el nacionalista elige de qué lado está (de hecho, no le resulta difícil cambiar de lealtades) y luego busca los argumentos que apoyan la causa que ha elegido. En los años de crisis se ha empleado alguna vez una metáfora elocuente: son aquellos que utilizan los datos como los borrachos una farola: no para tener luz sino para apoyarse.

Daniel Kahneman ha mostrado que todos tendemos a sobrevalorar nuestra aportación en las empresas compartidas. Si trabajas en equipo, tienes hermanos o vives en pareja es posible que hayas observado esta tendencia (normalmente, en los demás).Exageramos nuestra aportación y nuestros sacrificios. También encontramos matices y justificaciones en nuestras acciones que no solemos encontrar en las acciones de los otros. El nacionalismo construye a partir de esa distorsión cognitiva una forma de ver el mundo.

Orwell escribía: “El nacionalista no solo no desaprueba atrocidades cometidas por su propio bando, sino que tiene una notable capacidad para ni siquiera enterarse de ello.” Hay un elemento de ese tribalismo en todos los movimientos políticos. Y las tendencias pueden combinarse. A veces se habla con cierta sorpresa de la asociación entre la izquierda y el nacionalismo territorial, supuestamente incompatibles. Lo que muestra el falso oxímoron es el éxito de la versión que la izquierda querría creer de sí misma. Cuando les ha venido bien, las fuerzas de izquierda del siglo XX, en regímenes y latitudes muy diferentes, no han tenido problemas en incorporar un discurso nacionalista.

Todo movimiento nacionalista parte de un soborno. Ofrece las virtudes, los valores eternos, heredados, que tienen los que pertenecen a una identidad frente a los otros.Los halagos hacen que la propaganda sea más efectiva: pocas cosas anulan con más eficacia el sentimiento crítico que la adulación. La afirmación más o menos explícita del nacionalismo no es “somos diferentes” sino “somos mejores”, como ilustró en un artículo inolvidable Jordi Cabré.

Como todo populismo, el nacionalismo dice lo que intuye que su público quiere oír. A menudo requiere un enemigo exterior, el opresor, y un agravio, que normalmente es una derrota heroica y antigua, desde Gettysburg y Trafalgar a Kosovo o Masada. La presencia de un enemigo exterior exige también la presencia de un enemigo interior, un quintacolumnista. (Los enemigos interiores de los enemigos exteriores se consideran héroes.) Los símbolos propios se tratan con una cursilería proporcional a la virulencia con que se tratan los símbolos de los otros. “Nada hay más insensible que el hombre sentimental”, escribió Kundera, y la realidad se encarga de darnos cada día nuevos ejemplos.

Introduce una visión en blanco y negro en una realidad compleja. Sus acciones suelen tener consecuencias negativas, en primer lugar para los supuestos beneficiados del nacionalismo. Sus condiciones perfectas no son la normalidad, sino el momento excepcional. En ocasiones, esa situación anómala (un estado de excepción) permite saltarse las leyes.

Sirve para crear y extender todo tipo de mentiras. Es, en el mejor de los casos, una maniobra de distracción: las promesas que ofrece son falsas, porque dice que hará cosas que no dependen de él, pero distrae de otros asuntos. En el caso de la candidatura independentista de Cataluña, Artur Mas ha conseguido reciclar a personas bajo sospecha por corrupción, soslayar la ruptura de su coalición anterior, ocultar sus fracasos sucesivos en gestión y en votos, y quizá logre debilitar también a Esquerra Republicana.

“No hay límite a las locuras que se pueden tragar cuando uno está bajo la influencia de sentimientos de esa clase. He oído a gente que decía con toda seguridad, por ejemplo, que las tropas estadounidenses no estaban en Europa para luchar contra los alemanes sino para aplastar una revolución inglesa”, decía Orwell, que pensaba que los intelectuales eran especialmente vulnerables: “Uno debe pertenecer a la intelligensia para creer cosas así: ningún hombre corriente las creería.”

Las tentaciones contrarias, escribía Orwell, eran caer en “una especie de conservadurismo” o “el quietismo político”, una suerte de relativismo. El autor de Homenaje a Cataluña rechazaba ambas opciones. “En cuanto a los amores y odios nacionalistas de los que he hablado, forman parte de la mayoría de nosotros, lo queramos o no. No sé si es posible librarnos de ellos, pero creo que es posible luchar contra ellos, y que eso es esencialmente un esfuerzo moral.”

09/08/2015 14:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

FAYÓN: MUSEO PARA PILAR BURGES

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Fayón creará un espacio museístico

dedicado a la pintora María Pilar Burges

 

El municipio zaragozano también tiene previsto nombrar hija adoptiva a la artista, con carácter póstumo

 

[Nota del Ayuntamiento de Fayón] El legado artístico de la pintora zaragozana María Pilar Burges (1928-2008) está cada vez más cerca de exhibirse al público de forma permanente. El Ayuntamiento de Fayón (Zaragoza) se ha convertido en el propietario de cerca de 200 obras de la artista, después de que su familia lo haya donado al municipio con la intención de que se cree un espacio museístico en su honor.

 

Así, al tener las obras en propiedad, el Consistorio podrá acceder a distintas vías de financiación públicas para acometer la creación de un espacio que “previsiblemente estará finalizado en un margen de tiempo de dos años" ha explicado el alcalde de Fayón, Roberto Cabistany, que deberá continuar en esta legislatura un proyecto iniciado por su antecesor en el cargo, José Arbonés.

 

Contará con más de 400 metros cuadrados y ocupará una de las tres zonas estancas de una gran nave que el Ayuntamiento está rehabilitando de forma progresiva para crear un complejo museístico. Por el momento, en el citado edificio ya se encuentra el Museo de la Batalla del Ebro, al que pronto le seguirán el Museo de la Navegación y el Museo de María Pilar Burges. 

 

Debido al gran número de piezas artísticas donadas, --cerca de 200-- y a la imposibilidad de exhibirlas todas ellas de vez, se pretende hacer una exposición rotativa que cada cierto tiempo muestre al público las diferentes etapas pictóricas por las que atravesó la creadora zaragozana, quien aseguró en vida que "debido a su total dedicación, sólo podía estar casada con el arte". Además, como complemento a la muestra, se impartirá un taller sobre la técnica del fresco, una de las que dominó la artista.

 

Para Juan Antonio Burges, hermano de la pintora, este acuerdo supone el cumplimiento de los deseos de María Pilar ya que “quería que su obra estuviese reunida en un mismo lugar donde a la vez pudiese ser contemplada y estudiada”. Asimismo, ha asegurado que Fayón es un sitio “inmejorable” para albergar el museo, dado el vínculo que tenía la autora con este enclave de la comarca del Bajo Aragón.

 

En concreto, los lazos de unión de Burges con la localidad se remontan a la década de los 50, cuando ganó un concurso que le dió la oportunidad de pintar una parte del interior de la ermita de la Virgen del Pilar. Debido a la buena acogida que le dieron los vecinos, en 2006 el Ayuntamiento volvió a contactar con ella para que dejase su impronta artística en el resto de las paredes, objetivo que cumplió -- entonces tenía 78 años-- con la ayuda de los pintores Juan y Héctor Baldellou.

 

 

 

NEGOCIACIONES

 

La donación de las obras se ha concretado este pasado mes de junio después de varios meses de negociaciones entre la familia de María Pilar Burges y el consistorio fayonense, regido hasta las pasadas elecciones municipales por José Arbonés, quien ha expresado al respecto que “es un honor que las creaciones de una persona destacada de las artes aragonesas, que luchó más de la cuenta por ser mujer, pueda tener aquí su espacio expositivo”.

 

De esta manera se pone punto y final a un larga odisea testamentaria que comenzó al fallecer la pintora en 2008. Según dejó por escrito antes de morir, su legado artístico y documental debía pasar a una entidad pública o privada --en su mente estaba la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ)-- siempre y cuando aceptara las condiciones del documento, que contemplaba la creación de un espacio para la exhibición y el estudio de las obras.

 

Tras no llegar a un acuerdo con la DPZ, la familia de la pintora ha custodiado el legado material hasta encontrar en Fayón "una solución que garantiza que la obra esté expuesta de forma permanente en una localidad que tiene además un buen recuerdo de ella y que ha mostrado desde el primer momento un gran interés en acoger sus creaciones", ha precisado el propio Juan Antonio.

 

EXPOSICIÓN EN AGOSTO

 

Como pequeño adelanto de lo que será futuro Museo de María Pilar Burges, el Consistorio tiene previsto dar a conocer parte de su obra con una exposición temporal desde el 8 de agosto en la que se exhibirán una selección de pinturas que tiene como titulo “Regreso a Fayón” y dedicada básicamente al retrato, uno de los géneros preferidos de la artista. "La haremos coincidir con las fiestas mayores al ser la época del año en la que más gente viene", ha señalado el actual regidor de Fayón, Roberto Cabistany, para destacar que "es un buen momento para hacer difusión de nuestro proyecto y que unos y otros puedan conocer la faceta artística de Burges".

 

La muestra tendrá lugar en una pequeña sala junto a la Plaza Mayor, donde actualmente realiza sus actividades la Sociedad Recreativa y Cultural Fayonense. "En función de la acogida que tenga, nos plantearemos alargarla todo el mes o incluso el resto del verano", ha apostillado.

 

HIJA ADOPTIVA

 

Cabistany también ha adelantado que María Pilar Burges será nombrada hija adoptiva de Fayón “en los próximos meses” convirtiéndose así en la primera persona en tener este título honorífico.  “Es muy importante para nosotros porque no hay nadie al que hayamos hecho todavía hijo adoptivo o hijo predilecto”, ha agregado.

 

Por su parte, ha querido recordar que Fayón es un municipio que quedó sumergido en 1967 bajo las aguas del actual embalse de Ribarroja, lo que obligó a sus habitantes a abandonar sus casas y refundar la localidad en un emplazamiento cercano al original. "Por este motivo, el poco patrimonio cultural con el que contamos hoy en día tiene un gran valor para todos los vecinos, como es el caso de los frescos que pintó Burges en la ermita de la Virgen del Pilar", ha sostenido.

 

BIOGRAFÍA

 

María Pilar Burges, nacida en la capital aragonesa en el año 1928, comenzó su formación artística en las academias de Manuel Bayo Marín y de Joaquina Zamora, donde aprendió los conocimientos necesarios para ganar en 1951 la beca Francisco Pradilla de la DPZ, la cual le permitió estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes de Barcelona y participar posteriormente en dos estancias internacionales: una en Paris y otra en Roma.  En 1996 culminó su formación con un Doctorado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, a la edad de 68 años.

 

Sus inquietudes no se centraron solamente en el campo de la pintura sino que se extendieron a otras disciplinas como los anuncios publicitarios, el figurinismo y la escenografía teatral o los cristales decorados, llegando a crear una escuela-taller llamada 'Burglas' con Pilar Ruiz de Gopegui. Además, impartió clases en su propia escuela de arte, escribió artículos en medios de comunicación y compartió sus conocimientos en numerosas conferencias.

 

Fue premio en el Salón de Artistas Aragoneses en 1954; premio Tarazona en 1956; medalla de bronce en el III Salón Hispano Francés en 1964; medalla de oro del V Salón Hispano Francés en 1966 o la primera medalla de artesanía aragonesa en vidrio decorado, entre otros.

 

09/08/2015 14:24 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

VINCENT VAN GOGH: 125 AÑOS

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VINCENT VAN GOGH

125 años de inmortalidad de un genio

 

El pintor postimpresionista holandés, nacido en 1853 y muerto 1890, es unos de los casos más conmovedores de fracaso en vida y triunfo más allá de la muerte

 

Antón CASTRO

Para muchos Vincent Van Gogh (1853-1890) es uno de los más grandes pintores de todos los tiempos que se resarce de su infortunio en vida en el incierto terreno de la inmortalidad. En apenas diez años, según algunos inventarios, llegó a realizar alrededor de 2000 dibujos, unos 500 dibujos y redactó unos 700 documentos, entre ellos sus maravillosas cartas a su hermano Theo, que sería su protector y su mejor cómplice. En esa correspondencia, que se inició en 1872, había cariño, confesiones, lucidez, locura, formidables intuiciones plásticas, una honda tristeza e incluso hermosos cuentos.

Van Gogh, antes de dedicarse a la pintura (y cabría decir que el año decisivo de sus inicios fue 1881), intentó ser comerciante de arte, predicador como su propio padre e incluso dependiente de librería. Trabajó en la firma artística Groupil & Cie., que incluso lo mandó a Londres, donde experimentó una decepción amorosa con la joven Úrsula, hija de su casera, y luego fue destinado a la de París en 1875. Entonces, víctima tal vez de sus desarreglos nerviosos, desatendió sus obligaciones, dejó el empleo (en el que sí se consolidaría su hermano Theo), se volcó con La Biblia y se convirtió en adjunto del predicador británico Stokes.

Nunca encontró su sitio en el mundo: residió en Ámsterdam, en La Haya, en Bruselas (en Cuesmes fue contratado como evangelista laico), en el domicilio de sus padres en la casa parroquial de Etten varias veces, en París. En 1881 recibió clases de dibujo y pintura de su primo Anton Mauve y poco después vivió una confusa historia de amor con una prostituta, Cristina Maria Hoornik, alcohólica, embarazada y madre de un hijo. Le sirvió de modelo, pero acabó huyendo de ella. Se instaló en Brabante para dibujar y pintar a los campesinos. Ese proyecto le indicó el camino. Estaba entusiasmado. Un cuadro tan fascinante como el lóbrego ‘Los comedores de patatas’ (1885) coincidió con la muerte de su padre, algo que le perturbó mucho, aunque siempre habían tenido unas relaciones muy tensas. Admiraba a Corot, a Rembrandt, a Rubens (de hecho fue a ver una exposición suya a Amberes), y hacía copias de cuadros de Millet y de Delacroix para avanzar. Asistió a la Academia de Amberes, fue recibido en el estudio de Cormon en París, que le presentó a los grandes artistas del impresionismo como Toulouse-Lautrec, Monet, Sisley, Pissaro, Degas, Renoir y Paul Gauguin, con quien surgió una inmediata comunión espiritual.

Exponía a veces, sin éxito alguno. Nada le salía bien y decidió en febrero de 1888 partir a Arlés, donde alquiló la famosa ‘Casa Amarilla’. Allí convivió entre octubre y diciembre con Gauguin en medio de grandes tensiones. Un día, Van Gogh lo amenazó con un cuchillo, su amigo logró huir y pasó la noche en un hotel. Vicent se cortó la oreja y le regaló el trozo a una prostituta. Volvieron sus ataques de nervios y hubo de ser internando en el psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mausole, en Saint Rémy, donde estaría en varias ocasiones, en una de ellas por exigencia del pueblo. Se le consideró un ciudadano perturbado y peligroso. Allí pintó algunos de sus mejores cuadros: los ‘Girasoles’ (hizo una serie de doce), ‘La noche estrellada’, su autorretrato con la oreja herida, ‘Plantas de lirios’, ‘La silla de Gauguin’ o ‘La habitación de Van Gogh’. Mediante el color expresaba una intimidad exacerbada, cósmica y sensual, una sensibilidad herida, la sinuosa senda de la locura y la beldad.

En busca de la calma se instaló en Auvers-sur-Oise. Pintar era una necesidad, una forma de posesión, su combate contra el extranjero de sí mismo. Solo logró vender un cuadro (por ello, Theo le mandaba dinero a menudo): ‘La vigne rouge’ a la pintora belga Anna Boch por 400 francos. Uno de sus géneros favoritos fue el autorretrato: hizo muchísimos. En los últimos 70 días que estuvo en Auvers-sur-Oise pintó 80 cuadros. Entre ellos, el célebre retrato del ‘Doctor Gachet’ (que se vendió en 1990 por 65 millones de euros), artista y médico de los pintores, que tanto lo mimó, y que hace pensar en el ‘Retrato del doctor Arrieta’ de Goya. También pintó ‘La iglesia de Auvers’ o ‘Campo de trigo con cuervos’, quizá el último: azul, llano en llamas y manchas de sombra.

La existencia de Vincent Van Gogh es una corriente continua de enigmas que alcanza a su propia muerte, de la que se cumplen 125 años: siempre se había dicho que se había suicidado; los nuevos estudios parecen indicar que le dispararon, por pura imprudencia o por hostigamiento, dos jóvenes del lugar y que murió a los pocos días, el 29 de julio de 1890. Llamó sigilosamente al más allá y abrió la puerta de la inmortalidad y del mito para quedarse. Su hermano Theo falleció un año después; su viuda Johanna Bonger quiso que reposasen juntos en el cementerio quienes tantas cosas –belleza, dolor, locura...- habían compartido en la vida.

 

 

LA ANÉCDOTA

Vincent Van Gogh es toda una industria cultural: en La Haya, en Ámsterdam, en París, en Arlés... Se le recordará de muchas formas, incluso se creará un carril bici en su tierra de origen con su nombre. En España, el sello Edelvives de Zaragoza ha publicado ‘El pájaro enjaulado’, que es un cuento alegórico que Vincent Van Gogh le escribió a su hermano Theo entre las 660 cartas que le envió. El cuento, ilustrado por Jabier Zabala, tiene algo de autorretrato alegórico de Van Gogh. Una frase define el espíritu del álbum: “Ansía la libertad. Lo único capaz de derribar esta cárcel será el amor”. 

 

*De mi entrega diaria en 'Heraldo de Aragón'.

10/08/2015 03:21 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

CUENTO: UN PUEBLO CON SIRENAS

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UN PUEBLO CON SIRENAS 

 

Soy de un país de brujas y cuentos. Mi padre me decía que los aparecidos llegaban con la lluvia y que las salamandras de la fuente eran sagradas: las veía allá en el fondo, entre azulencas y doradas, en el centro mismo del manantial. Siempre me decía lo mismo: míralas, sueña con ellas, pero no las toques. Mi pueblo estaba cerca del mar y nunca había conocido una nevada. En cambio, tenía mendigos que contaban historias de amor y que bailaban diversas melodías. Un día apareció un hombre joven; llevaba unos lápices en la mano y unas tizas de colores. Llamaba a las puertas, pedía un poco de agua y de conversación, y cuando tomaba confianza se ponía a dibujar. Dibujaba sirenas: en la pared, en el suelo, en la puerta de dos hojas de las casas. Lo más extraño era que de noche, cuando nadie se lo esperaba, aparecía la sirena que había pintado en la tinaja del ganado o en la bañera. Mi propio padre me decía que eso había pasado una, dos, tres, hasta diez veces y en diez casas diferentes. Casi todas las casas tenían su sirena. Los paisanos querían ponerle el nombre más bonito: Violeta, Beatriz, Lena, Sarai, Adelina, Aura, Albaida, Rosalía… Hubo un instante en que todos querían ver la sirena del vecino, e iban en auténtica procesión, como a una romería. Yo también quise ir, pero mi padre me detuvo: “Andrés: no vayas –me dijo-. Las sirenas son más bellas cuando las imaginas”.

 

*Este texto apareció en mi libro 'Versión original', que publicó el sello Isla de Siltolá de Javier Sánchez Menéndez. La ilustración es de John William Waterhouse. El texto estaba dedicado al editor Juan Casamayor.

10/08/2015 18:41 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

INGRID BERGMAN EN SU SIGLO

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Ingrid Bergman, la actriz que escandalizó al mundo por amor


Se cumple un siglo del nacimiento de la intérprete sueca, ganadora de tres Oscars y musa de Hitchcock y Rossellini

 

Antón CASTRO

Ingrid Bergman, calificada alguna vez en los años 40 como “la actriz más amada de Hollywood”, dijo que “la interpretación me eligió a mí”. Asombrosamente tímida, confesó: “Soy más yo misma cuando soy otra persona”. Nació en Estocolmo el 29 de agosto de 1915. Hace un siglo. Su madre, de origen alemán, murió cuando ella tenía tres años y su padre, el fotógrafo sueco Justus Bergman, la dejó huérfana del todo a los doce. La cuidaron sus tíos y pronto les hizo saber sus intenciones. Era realmente buena en las tablas y quería ser actriz. Estudió en el Liceo Femenino y se aficionó, casi por igual, a la lengua francesa y a Juana de Arco, a la que encarnaría en la pantalla muchos años después. El azar la llevó al cine y trabajó en varias películas suecas y alguna alemana; llegó a conocer a Goebbels. Su presencia en ‘Intermezzo’ no pasó inadvertida para Kay Brown, que la recomendó a su jefe, David O’Selznick. Este la llamó y la dirigió en la versión norteamericana del filme junto a Leslie Howard. Ahí ya estaban su naturalidad y su elegancia, su belleza etérea e hipnótica. En los años 40 participó en películas como ‘Casablanca’ (1942) de Michael Curtiz, toda una revelación con su rostro de luz, ‘Por quién doblan las campanas’ (1943) de Sam Wood, donde encarnaba a una republicana española, María, ‘Luz que agoniza’ (1944) de George Cukor, donde estaba radiante, suave y malherida a la vez, acosada por un hombre sin escrúpulos y por sus recuerdos; obtuvo su primer Oscar. En esa década rodó, además, ‘Recuerda’ (1945), ‘Encadenados’ (1946) y ‘Atormentada’ (1949), tres títulos de Alfred Hitchcock, que la convirtió en una de sus musas y en una de sus rubias peligrosas: esas mujeres enamoradas, de turbio pasado, una hermosura femenina que desarma, capaz de realizar grandes desafíos y sacrificios. A François Truffaut le encantaba ‘Encadenados’, casi tanto como ‘Vértigo’, y el trabajo de la actriz: decía que era “el sueño filmado”.

Ingrid Bergman estaba casada con el médico Peter Lindström, con el que tuvo una hija, Pia. Con el paso del tiempo fueron distanciándose. Durante la II Guerra Mundial, como hicieron otras actrices, estuvo en Alaska animando a los soldados, donde cogió una neumonía, y viajó a diversos frentes europeos. En uno de ellos conoció al reportero de guerra Robert Capa, con quien vivió una intensa historia de amor; Capa llegó a presentársela a su madre y quizá fuese él también quien le recomendase la película ‘Roma, ciudad abierta’ (1945) de Roberto Rossellini. De su visión surgió una carta y quizá la experiencia más intensa de su existencia. Ingrid Bergman le escribió al realizador italiano, compañero de Anna Magnani: “He visto sus películas y me han gustado mucho. Si necesita una actriz sueca que sabe hablar bien inglés, que no ha olvidado el alemán, que no resulta muy comprensible en francés y que en italiano lo único que sabe decir es: ‘Ti Amo’, estoy dispuesta a hacer una película con usted…
Afectuosamente, Ingrid Bergman”. Se conocieron fugazmente en Londres (o en París, según otros) y luego Rossellini la visitó en Hollywood para que colaborasen juntos en ‘Strómboli’, en cuyo rodaje nacería una gran pasión que convulsionó a Suecia, Italia, el Vaticano o Estados Unidos, donde fue vituperada y recibió multitud de cartas llenas de odio. Tuvieron tres hijos, Robertino y las gemelas Isotta e Isabella, e hicieron seis películas. La relación acabó enfriándose –a pesar de que rodaron ‘Te querré siempre’– porque iban de fracaso en fracaso: ninguno de los dos estaba a su mejor altura y estaban cerca de la ruina. En 1956, su gran amigo Jean Renoir acudió en su ayuda y le ofreció protagonizar ‘Elena y los hombres’. Y poco después compartiría reparto con el joven Yul Brinner en ‘Anastasia’ (1956) de Anatole Litvak: su trabajo fue tan convincente que ganó su segundo Oscar; su gran amigo Cary Grant recogería su estatuilla en medio de un gran ovación. Estados Unidos la había perdonado.

Poco después se casó con el productor teatral Lars Schmidt, que la acompañó hasta el final de sus días, aunque se separasen en 1975, poco después de que ella obtuviese su tercera estatuilla, como actriz de reparto, por ‘Asesinato en el Orient Express’ de Sidney Lumet. En esa fecha se le descubrió un cáncer de pecho. En los últimos años alternó teatro, televisión y cine, y cumplió un antiguo sueño: trabajó de nuevo en sueco y además con uno de los grandes cineastas de todos los tiempos, Ingmar Bergman, en ‘Sonata de otoño’ (1978). Enferma, resistió en su casa de Londres, hasta el 29 de agosto de 1982, el mismo día en que había nacido 67 años antes. “Nunca miro atrás. He intentado vivir al máximo”, le dijo a Liv Ullmann. Su familia arrojó al mar Báltico sus cenizas, las de una de las mujeres más adorables, bellas y versátiles de la historia de Hollywood.

LA ANÉCDOTA

Ingrid Bergman fue muchos personajes en el cine, en el teatro y en la televisión. A Juana de Arco la encarnó en varias ocasiones. Su último trabajo fue el telefilme ‘Una mujer llamada Golda’, sobre la que fuera primera ministra israelí, ya enferma. Realizó un trabajo soberbio por el que recibió un Emmy y un Globo de Oro. En su centenario ha sido homenajeada en Cannes y Jeremy Irons y su hija Isabella llevarán a escena sus cartas con Rosellini. Y el sello Schimmer / Model publica ‘Ingrid Bergman. A Life in Pictures’.

 

 *Ingrid Bergman en ’Luz que agoniza’ de George Cukor. Ganó el Oscar.

10/08/2015 18:48 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

VIAJE AL CORAZÓN DE LA PRENSA

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VIAJE AL CORAZÓN DE LA PRENSA

 

Prólogo al libro 'Así nacen y mueren los periódicos en España'. Roberto Pardos. Doce Robles. Zaragoza, 2015.

 

Antón CASTRO

Hay hombres de carácter, sinceros, casi desabridos o provocadores, capaces de decirle a un ciclista como Miguel Induráin: “Tú nunca ganarás un Tour de Francia”. Y quedarse tan anchos, al menos al instante. Aunque luego, dándole vueltas a las cosas y a ese desaire que ha dado pie a más de un chascarrillo de redactores, serían capaces de descolgar el teléfono y decir: “Soy un patoso. Me he pasado tres pueblos y medio y algunas ciudades. Te pido disculpas”.

Roberto Pardos es un hombre de genio y a la vez un compañero ideal, cómplice, pero parece tener muy claro un principio: allí donde hay un conflicto, un malentendido, una sombra, va directamente a la comezón para que estalle. Lo hizo a menudo con esa aparente brutalidad que en Aragón se llama franqueza, como dijo Rafael Cansinos Asséns. Eso es algo que queda muy claro en este libro que es una historia de la prensa española y que es un formidable autorretrato, lleno de paradojas, de experiencias maravillosas, de compañeros de viajes, de sueños y también de tragedias difíciles de digerir. En un libro lleno de conmociones y escalofríos, uno se queda tieso al leer cómo una noche, al salir de la sala de fiestas Gala, un coche arrolló a su compañero Juan Molina Cobo; iba en un grupo en el que también estaba Roberto y este, como impulsado por un resorte de supervivencia, logró eludir el impacto. Luego tuvo que llamar a su mujer y contarle algo que supera a la ficción más dramática y brutal.

Hay otros hechos así, espeluznantes, pero también hay camaradería, fraternidad, travesías compartidas: el mejor ejemplo sería, sin duda, la relación de hermanos que mantuvieron y mantienen Roberto y su dilecto jefe de talleres Florencio Nogués; en una ocasión los dos pugnaban sin saberlo por un puesto en El Noticiero y eran estrechamente vigilados para saber a cuál debía hacerse jefe. El elegido fue Roberto y Florencio el primer en felicitarle: “Han acertado, Roberto, tú tienes cosas que yo nunca llegaré a tener”. Luego formarían “un tándem casi perfecto, porque nos entendíamos a las mil maravillas en pocas palabras”.

Este es un libro con nombres, con muchos nombres y cabeceras y con gratitud. Por ejemplo dice Roberto: “Mi trabajo en Egin fue una aventura formidable. (...) Los dos primeros años, que son los que conozco, fueron para enmarcar”. Y desliza una de las tesis centrales del volumen: “Estoy convencido de que los lectores compran los periódicos únicamente por los contenidos que escriben sus periodistas; el crecimiento de las tiradas se consigue con la credibilidad de los periódicos y estos solo se pueden mantener económicamente con la publicidad”.

Roberto Pardos amaba desde niño el papel impreso: los libros y la prensa. Aquí recuerda que su padre era responsable de pastelería en Panticosa y que él pasó veranos inolvidables en un tiempo en que Perico Chicote visitaba el balneario. Le gusta recordar que fue flecha de Falange, que fue actor de guiñol y que voceaba, cuando la gente salía del cine, la Hoja Deportiva por unas cuantas perras gordas. Fue un chico travieso y feliz. De repente, entró los talleres de Librería General, donde se editaban monografías científicas y Clásicos Ebro. “Desde el momento en que conocí la linotipia, ya no tuve otra aspiración que no fuera ir destinado a la sección de linotipias”, confiesa. Al abrigo de Sandalio Martínez, José Pablo y Félix Belloch aprendió el oficio y vio escenas que parecen de Berlanga: “Un año, durante las Navidades, llegó a la puerta del taller una furgoneta cargada con pollos vivos y coles, para repartir a cada uno de la plantilla. Al ser yo el último mono de la empresa, me ordenaron vaciar la furgoneta y atar a los pollos por las patas en una barandilla, a la entrada del local. El pollo, con las patas trabadas, te lo llevabas vivo a casa de tus padres, en el tranvía. Y nadie protestaba, aunque la presencia del pollo desataba la envidia general de los viajeros. Las coles más gordas eran para los oficiales y jefes de sección, y bajaban de tamaño hasta llegar a las de los aprendices, que nos llevábamos las peores”. La historia sigue y sigue, y deriva hacia un divertido capítulo de picaresca y apropiación indebida.

Con apenas 18 años, en 1960, Roberto Pardo entró de linotipista en El Noticiero, sito en el Coso 71. Y algún tiempo después fue nombrado jefe de talleres y regente. Cuenta cómo era la redacción, cómo trabajaban los novatos y las bromas que les hacían Roberto y Florencio, habla del batallón de colaboradores. Dice, entre otras cosas, a propósito de los redactores que llegaban a media mañana a la sala de lectura: “Era un espectáculo verlos leyendo en silencio, fumando cigarrillos o algún puro por la mañana, para, al final, entablar sus discusiones diarias, que concluían con el vermú en cualquier bar de las calles más cercanas”. Y también extrae una conclusión general sobre la rentabilidad de la prensa: “Mi empresa disponía de espacio suficiente para, además, tener dentro del mismo recinto una editorial en marcha para componer e imprimir toda clase de trabajos comerciales. Esta era la muleta en la que se podían apoyar las empresas periodísticas para evitar pérdidas económicas”. Y eso también sucederá con El día de Aragón y con El Periódico de Aragón, donde volvería a ejercer de regente o director técnico, con ese sexto sentido que él tenía.

Tras el cierre de El Noticiero, Roberto Pardos participará en la aventura de “parir el Egin”, que nació el 29 de septiembre de 1977. Estuvo en dos etapas y en la primera le expuso al director Mariano Ferrer un decálogo para fundar un periódico. Antes de salir a la calle, recomendaba en el capítulo 7: “Tendremos que seguir haciendo más números cero mientras no estemos suficientemente preparados”. Salió el primer número y el director incluyó una dedicatoria inolvidable: “Roberto, gracias a ti, Egin ha nacido hoy”.

La vivencia de Egin es fascinante y compleja: de la felicidad inicial se pasó a la tensión, a las amenazas de ETA, al debate político puro y duro. “Presencié situaciones sorprendentes, al menos para mí. Igual nos venían a visitar los desterrados de ETA, los cuales pasaban tranquilamente delante de los guardias civiles de guardia, y no ocurría nada, que acudía a nuestras instalaciones Fran Aldanondo, que era el último preso que salió de la cárcel de Martutene, que fue aclamado por el camino durante el trayecto de su visita al diario”, confiesa.

Tras Egin trabajó en Barcelona, en Pamplona, en el Grupo Mundo, habla de la llegada del ‘offset’, “un sistema de impresión directa que daba mejor calidad, pero del que en España se desconocía casi todo”, y luego fue decisivo en la fundación de El Diario de Valencia, que, recuerda, fue voceado en las calles, en sus orígenes, por vendedores ciegos. Allí, entre otras peripecias, vivió la intentona de golpe de Estado de 1981. “Nunca olvidaré el impacto, la impotencia y el miedo que pasé dentro del periódico con el intento de golpe de Estado del 23-F. No niego que en el resto de España se tendrían estas sensaciones, pero había que estar allí, en Valencia, y dentro del periódico para sentirlas de verdad, de cerca”, dice y recuerda otro motivo para el pánico: tenía un ejemplar dedicado del libro Operación Ogro, cuyos autores eran, “al parecer miembros del comando etarra que asesinó a Carrero Blanco”.

De Diario de Valencia pasó a El Día de Aragón, que se abrió, con Fernando García Romanillos al frente, el 28 de mayo de 1982. Roberto permaneció allí hasta 1990 que se incorporaría a El Periódico de Aragón. En ambos dejó profunda huella y vivió sensaciones inolvidables con la redacción, en los talleres, con la distribución y en una intensa labor editorial. Dice Roberto: “El Día de Aragón fue, con el inestimable apoyo del consejero Vicente Sánchez, el primer periódico de España que puso en marcha un equipo de Macintosh en una redacción”; recuerda otras cosas: la rivalidad con Heraldo de Aragón, la importancia de Andalán, la creación de La Hoja del Lunes (por cierto, Roberto recomienda a los periódicos que dejen de salir un día) y de El Punto Deportivo, y glosa, sobre todo, a una redacción espectacular y variada, quizá la mejor y la más completa que conoció jamás, según sus declaraciones. El Día de Aragón daría para un libro. Roberto recuerda con cariño a sus hacedores, desde la administración y el sello empresarial, y a la redacción y a sus noctámbulos compañeros de taller.

Glosa sus vínculos con El Adelanto de Salamanca y se despide con El Periódico de Aragón y Equipo. Revela, por ejemplo, su nueva condición en el diario del Grupo Zeta de Antonio Asensio: “Mi papel en esta espectacular empresa, como se puede suponer, ya no sería como el que había desempeñado en otras hasta el momento. En todas las anteriores yo había sido la ‘estrella’ durante algún tiempo, y en esta había muchas personas importantes y preparadas que lo decidían todo. En nómina iba a ser el director técnico, pero, a la hora de la verdad, solamente era hombre de confianza de Zaragoza para el día a día”. 

11/08/2015 07:31 Antón Castro Enlace permanente. Temas aragoneses No hay comentarios. Comentar.

500 DÍAS. CASI UN CUENTO Y UN VIAJE

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500 DÍAS. ECOS DE FABEIRO E GUITARRAS Y UN VIAJE A ZARAGOZA


El pasado siempre vuelve. No se sabe por qué. A menudo para avanzar se necesita retroceder, inspeccionar la memoria, tomar aliento en los recuerdos. Ocurre no solo en la vida cotidiana sino en la política. En un viaje a La Coruña y a los mares nativos, me enteré de que un compañero de pupitre llevaba más de 500 días desaparecido, como ya he contado aquí. Su apodo era Fabeiro, un puro talento futbolístico, un goleador nato que probó en el Fabril y el Deportivo juvenil. Allí le prometieron el oro, el moro y algo de dinero hasta que le dieran un empleo, pero pronto se desesperó: quizá pensase que el mundo estaba contra él. En vez de aplicarse y de exigirse más, mucho más, buscó culpables en el entorno, se dejó arrastrar por los cantos de sirena y acabó jugando en el Campanal de Loureda, un conjunto modesto donde se desvaneció su ambición poco a poco. Fabeiro vivió de prisa, fue padre, volvió a serlo y un día se convirtió en una promesa interrumpida. En 1980, con Lamas, su compañero de equipo y un extremo virtuoso que se ondulaba el pelo rubio con un peine de cuchillas, y algunos jóvenes más de Arteixo –ya saben, el pueblo de Arsenio Iglesias, de Zara, de ‘La Voz de Galicia’-, se vino al Pilar. Todos fueron a las carpas, disfrutaron y acabaron por todo lo alto en las vaquillas. Pernoctaron en una fonda de San Pedro Nolasco, El Descanso, que aún existe. El sábado anterior al partido, tal vez, Lamas –que lleva media vida viniendo a las fiestas del Pilar y es el perfecto enamorado de Zaragoza; el amigo Xabier Maceiras me acaba de poner en contacto con él- recibió una llamada del presidente del club, Paco ‘El Cubano’. Él sí había anunciado su ausencia, pero no la joven estrella. “¿Está Fabeiro contigo?”, le dijo. “Sí, está aquí a mí lado. Y dice que llegará para jugar”. El presidente le dijo que no se diese prisa, que le daba descanso ese domingo y tres o cuatro más. Lamas había sido el conductor del coche y acaba de revelarme que aún no tenía carné. Aquella fue una hermosa y loca aventura y quizá una epifanía de la juventud perdida de Fabeiro. Y quizá de la mía: estábamos los dos muy cerca, en la misma ciudad y quizá en el mismo concierto, no nos vimos y aún no hemos vuelto a vernos.

*La foto no es de Fabeiro, pero sí de otro gran goleador: Just Fontaine. Este texto apareció hace un par de domingos en mi sección 'Cuentos de domingo'. Confirmé algunos dato en conversación telefónica con José Antonio Lamas, 'Guitarras'.

11/08/2015 19:29 Antón Castro Enlace permanente. Deportistas No hay comentarios. Comentar.

NUEVA NOVELA DE PEDRO JUAN GUTIÉRREZ

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Pedro Juan Gutiérrez cuenta

la persecución de Cuba a los gais

 

El narrador de Matanzas publica ‘Fabián y el caos’ (Anagrama), la dramática historia de un músico acosado por el régimen de Castro

 

 

Antón CASTRO

Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas, Cuba, 1950) ha sido llamado en muchas ocasiones el ‘Charles Bukowski’ cubano. También tiene cierto parentesco con el canto a la vitalidad sexual de Henry Miller. Es un escritor descarnado y visceral al que le encanta explorar el sexo, la sordidez y la miseria de un país en permanente contradicción. En el mundo de Pedro Juan Gutiérrez el sexo es lo más importante que hay: cuando todo va mal, cuando la hambruna atosiga, cuando ni hay trabajo ni otras expectativas, siempre queda eso: una cita en cualquier parte con esas mujeres ardientes, de cualquier edad, dispuestas al amor y a sus tenebrosas apariencias.

Pedro Juan Gutiérrez dejó constancia de esta visión en libros como ‘Trilogía sucia de La Habana’, muy especialmente, pero en realidad en casi toda su obra: acostarse es una redención, un placer, una huida hacia adelante y quizá una condena. Y, casi siempre, en el fondo, da igual donde sea y con quien sea. Pedro Juan Gutiérrez, que también le ha dedicado una novela a la presencia de Graham Greene en la isla, ‘Nuestro G. G. en La Habana’, ha creado una especie de antihéroe de los bajos fondos, nihilista, huraño, corrosivo, más bien cabreado y dispuesto para el goce de una manera primitiva, casi animal, aunque a veces posea fogonazos de romanticismo. Para él, el romanticismo y el deseo caminan de la mano.

Ese personaje central de sus libros que es Pedro Juan, que tiene mucho de ‘alter ego’ suyo, reaparece en ‘Fabián y el caos’ (Anagrama, 2015. 235 páginas), que llegará a las librerías con el nuevo curso. Es un libro parecido a sus títulos anteriores, críticos con Cuba, que ofrecen una visión demoledora de su situación social, laboral y política, pero incorpora una novedad: se centra en la historia de un homosexual, con grandes capacidades para la música, al que el sistema revolucionario pondrá en su punto de mira con un trabajo brutal de demolición. Pedro Juan Gutiérrez cuenta dos vidas paralelas: la de Pedro Juan, que descubrirá el sexo con Regina y Tita la loca, entre otras, y la de Fabián, hijo de Lucía Ramírez, madrileña, y Falipe Cugat, barcelonés, que viven una fugaz historia de amor. Felipe y Lucía se conocen, se casan, se marchan a Matanzas; él trabajará en una tienda de tejidos de su tío y ella dará clases de música. Lucían será madre por accidente a los 44 años; su marido se entendía con diversas prostitutas y se controlaba muy bien en el tálamo nupcial, hasta que un día cometió un error.

Así nació Fabián –la novela arranca con esta frase: “Fabián empezó a escuchar la música del piano cuando aún era un feto flotando en el vientre de su madre”-, escasamente agraciado, que llegará a dominar la música clásica, el bolero y el jazz. Su padre le dije un día a su esposa: “Te dije que lo mantuvieras alejado del piano. Eso está bien para las mujeres. Y punto. Los hombres tienen que trabajar. Trabajar duro. ¡Y hacerse hombres, joder!”. Fabián se sentirá un solitario profundo. Un hombre invisible y descolocado. Pese a todo vivirá intensas historias de amor: con el joven Roberto, con quien pasea por la solitaria playa de Varadero, con Manolo (conmueve su destino final), con el carnicero Antonio, con quien explora el lado más salvaje e insoportable del erotismo.

“Tenía que seguir caminando y atravesar la furia y el horror”. Eso hace Pedro Juan y aún más Fabián, que pasará de las ‘Variaciones Goldbrerg’ de Bach, del ‘Concierto número uno para piano’ de Chaikovski y de los ‘Nocturnos’ de Chopin a una fábrica de carne, donde todos roban. Recuerda el narrador: “Las mujeres se amarraban un pedazo [de carne] bajo el vientre, sobre el pubis. Y, si podían, llevaban otro trozo en una bolsa. Todos robaban cada día. Para comer en casa o para vender”. Alguien le dice a Fabián, en medio del éxito, que él no es un personaje idóneo para trabajar en cultura. El narrador reflexiona sobre la situación: “Fabián era un artista total. Un soñador. No tenía capacidad pragmática para la vida”. Y el propio artista, que parece no percatarse del nuevo estado de cosas, confiesa: “No me interesa buscarme la vida. Lo que me interesa es la música. Ir hasta el final (...) No quiero tener hijos ni nada. Solo quiero hacer música. Escribir una sinfonía, no sé..., hacer algo. Ir hasta el final de algo que no sé bien, no sé”.  

Pedro Juan Gutiérrez describe a un país que se inclina hacia el comunismo, que intenta sobrevivir en una nueva retórica de convivencia y que acaba levantando un muro de espionaje (encarnado en una mujer, Celeida), de cerrazón, de miedo y de intolerancia, que le afecta no solo a su amigo, sino a mucha otra gente, entre ellos los escritores José Lezama Lima, autor de ‘Paradiso’, libro bajo sospecha, el narrador y dramaturgo Virgilio Piñera o Reinaldo Arenas, que dejará su testimonio estremecedor en ‘Antes que anochezca’.

 

LA ANÉCDOTA

El beso más largo. Cuba ha sido un país de cines y de cine. Lo ha recordado Cabrera Infante en su libro ‘Mea Cuba’, que es una crítica feroz del castrismo. Cuenta muchos casos de represión contra los homosexuales. En los cines de La Habana pasaban muchas cosas. Aquí, Pedro Juan Gutiérrez cuenta algunas: los besos eran tan largos como una película, el acoso sexual se volvía más que insoportable. Y, a la vez, la oscuridad era el reino de todas las fantasías sexuales. Para Pedro Juan y Fabián el cine es como un reino de iniciación.

 

*La foto es de Eve Arnold, y está tomada en 1954.

 

11/08/2015 21:54 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RETRATO DEL TORTUOSO EGON SCHIELE

Egon Schiele, el pintor de un erotismo tortuoso

 

El artista austriaco, procesado por escándalo público y muerto a los 28 años, protagoniza una novela gráfica de Xavier Coste

 

 

Antón CASTRO

Egon Schiele (1890-1918) es uno de esos pintores inquietantes, un tanto anómalos, cuya vida se mueve entre el tormento, la exaltación del desnudo y un erotismo de atmósfera torturada que él desarrolla con una mirada expresionista. Dijo: “¡Para mí pintar es como respirar! ¡Es mi vida!”. El artista francés Xavier Coste (Bayeux, Normandía, 1989) le ha dedicado una novela gráfica: ‘Egon Schiele. Vivir y morir’ (Norma editorial, 2014. Traducción de Amaiur Fernández) y explica que para él es “un personaje complejo, enigmático, pero al mismo tiempo frágil y apasionante. Y ante todo, lo que he intentado es transmitir mi pasión por este gran pintor”.

Coste elude en todo momento la hagiografía: es consciente de que Egon Schiele fue un pintor frenético y turbio, de hábitos sexuales y estéticos chocantes, no siempre fáciles de asimilar. Sintió una gran atracción por las prostitutas, fue promiscuo y mentiroso, tal vez desleal o cuando menos ambiguo en sus relaciones con otros artistas. Tenía un sentimiento trágico de la vida, un aura de misticismo, y tres de las palabras que definen su biografía son dolor, desesperación y soledad.

Egon Schiele era hijo del jefe de estación Adolf Schiele. Vivió en distintas casas de la estaciones en las que trabajaba su progenitor y el mundo de los trenes fue la fantasía de su infancia. Le encantaba dibujar y adoraba a su padre; cuando este falleció en 1905, se sintió desamparado. Gertrude, una de sus tres hermanas, era su consuelo: posaba desnuda para él. Años después, ella diría de él: “Egon no ha tenido nunca el alma de un gran romántico”.

A los 16 años, Egon convenció a su madre y a su tutor que le permitiesen ingresar en la Academia de Bellas Artes de Viena. No logró adaptarse; oía demasiadas veces de sus profesores: “como de costumbre el trazo es chapucero y el dibujo inestable”. Al año siguiente, quizá en uno de aquellos cafés donde se reunían los artistas, conoció a Gustav Klimt (1862-1918) y se convertiría en su discípulo, hasta el punto de que sus primeras obras eran “una pobre imitación de Klimt”, según escribió un crítico. El maestro, en cambio, admiraba su trabajo, le compró dibujos y le cambió una serie de piezas por otras suyas. Entre ambos se estableció una corriente de complicidad y quizá de rivalidad. Egon Schiele, un tanto desafiante, dijo a los 20 años: “Ya he recorrido el camino de Klimt”. El pintor de ‘El beso’, famoso y con influencias, lo recomendó a sus galeristas, le ayudó a hacer sus primeras exposiciones y le advirtió que tomaba un camino peligroso, mucho más erótico que el suyo. No solo pintaba cuerpos entrelazados, tensos y nerviosos, escenas lésbicas, mujeres obscenas que mostraban su sexo o que se masturbaban, sino que también quiso pintar a niños desnudos (era un tema, no una perversión) y para ello puso un anuncio en los periódicos. Klimt decía que sus elecciones eran “un poco dudosas (…) te aventuras peligrosamente” y le sugería: “intenta calmar tus ardores”.

En abril de 1912, la policía entró en su estudio y requisó sus obras; le había denunciado el padre de la joven de trece años Tatiana von Mosjig, peripecia que se cuenta la película ‘Exceso y castigo’ (1981), de Herbert Vesely, con Jane Birkin en uno de los papeles principales. Fue juzgado por corrupción de menores y por incitar a la pornografía. Al final solo lo condenaron por dejar sus obras al alcance de los niños. Estuvo 25 días en prisión, dibujó y escribió un pequeño diario de trece hojas.

Schiele le robó a Klimt una de sus modelos, Wally Neuzil, que fue su compañera más estable durante varios años, aunque la compartía con otras amantes, especialmente con las hermanas Adele y Edith Harms. Cuando se vio obligado a elegir se quedó con Edith. Poco más tarde fue llamado a filas, en la I Guerra Mundial, y estuvo en una zona cómoda, en Praga, donde vigilaba a los soldados rusos. Llevaba una libreta de dibujos en la que dio rienda suelta a su imaginación: mujeres, autorretratos (que fue el otro asunto esencial de su obra); alguien le confirmó la muerte de Wally hacia 1917 y le dedicó una de sus mejores obras.

Al regresar a casa, Edith le estaba esperando con dos malas noticias: la muerte de su madre, con quien nunca se llevó bien, y la grave enfermedad de Gustav Klimt, que moriría poco después. Fue el principio de una nueva cadena de desgracias que ni le dio tiempo a disfrutar su condición de heredero natural del maestro. Edith se quedó embarazada, pero falleció a consecuencia de la gripe española. “Nunca he dejado de amarte”, fueron sus últimas palabras. Egon Schiele murió a consecuencia de la misma epidemia en octubre de 1918. Para el coleccionista Heinrich Benesch, a pesar de su tumultuosa existencia, tenía “la seriedad apacible de un ser convencido de su misión espiritual”.

 

LA ANÉCDOTA

 

Egon Schiele fue contemporáneo de Oskar Kokoschka, Alfred Kubin o el ya citado Klimt, entre otros. Admiró con locura a Vincent Van Gogh, que murió el año de su nacimiento. Aunque centró su obra en los óleos, dibujos y acuarelas sobre el cuerpo y el autorretrato, también le interesaron muchos los paisajes. En sus últimas palabas, recogidas por su amigo Arthur Roessler, pareció entonar un mea culpa: “Es triste y es difícil morir, pero mi muerte no me parece más lamentable que mi vida, mi vida que ha ofendido a tanta gente”. En 2012, el Guggenheim de Bilbao le dedicó una gran exposición. Para muchos es uno de los grandes artistas de la modernidad.

-Autorretrato: 

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-Foto de Egon y Wally: 

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-Foto de Wally: la tomo de aquí

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12/08/2015 19:11 Antón Castro Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CARMIÑA: LA MUJER IDEAL DE LETRAS

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CARMEN MARTÍN GAITE:

LA MUJER IDEAL DE LETRAS

 

Se cumplen quince años de la muerte de esta escritora versátil que practicó todos los géneros

 

Antón CASTRO

Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925-Madrid, 2000) encarna un deslumbrante ejemplo de vocación literaria desde la niñez. A los ocho años ya escribía cuentos y a los diez firmó un cuaderno que tituló ‘Redacciones’. Su infancia transcurrió entre Salamanca, Madrid y San Lorenzo de Piñor, en Orense. Su  padre, notario liberal, le regaló una pluma, que conservó siempre, y una frase: “olvidaos de la ambición de poseer y, en cambio, no perdáis nunca, hasta el fin de vuestros días, la ambición de saber”; Carmiña la cumplió al pie de la letra.

Estudió Filosofía y Letras en Salamanca y allí conoció, entre otros, al narrador Ignacio Aldecoa (1925-1969), que frecuentaba poco las aulas y mucho las tabernas, y poseía un maravilloso oído para captar el idioma popular al vuelo. Al principio, Carmen Martín Gaite hizo algunas tentativas como actriz: siempre tuvo algo de melodramática; como dijo el profesor y crítico Santos Sanz Villanueva podía ser “vital, presumida, provocadora”, pero también era irónica, divertida, reflexiva, rebelde, trabajadora hasta la extenuación, y le gustaba llevar aquellas boinas que le daban un aire parisino y a la vez intemporal.

Tras una pequeña crisis universitaria y de salud –que dio lugar al inédito ‘Libro de la fiebre’, de literatura fantástica más bien-, se trasladó a Madrid. En 1950 inició su relación con el joven escritor Rafael Sánchez Ferlosio, que le recomendó que no publicase aquel trabajo. Rafael y Carmen se casaron el 14 de octubre de 1953, y tuvieron un primer hijo, Miguel, que murió a los siete meses. Carmen, desolada, decidió que debían tener otro hijo; su hija Marta nació en 1956. Para entonces Carmen ya había publicado cuentos en varias revistas y, en 1954, había obtenido el premio Café Gijón con ‘El balneario’. Coincidiendo con el nacimiento de Marta, Sánchez Ferlosio ganó el premio Nadal con ‘El Jarama’, una novela realista de prosa objetiva y minuciosa que narraba una tarde en el río y un accidente funesto. Carmen Martín Gaite escribía siempre que podía, como le contó en una conmovedora carta a Asunción Carandell, esposa de José Agustín Goytisolo, que Carme Riera publica en un libro recomendable: ‘Un lugar llamado Carmen Martín Gaite’ (Siruela, 2013), en el que escriben los zaragozanos José-Carlos Mainer y María Dolores Albiac. En 1958, la propia Carmen Martín Gaite ganó el Nadal con ‘Entre visillos’. Luego aparecerían ‘Ritmo lento’, quizá una de sus novelas más ambiciosas, de discreta acogida, ‘Retahílas’, ‘Fragmentos de interior’, ‘Las ataduras’… Y empezó a dar muestras de su versatilidad: fue guionista de televisión, escribía ensayo, artículos, teatro, poesía, traducía de al menos cinco lenguas (gallego, portugués, italiano, inglés, francés), se obsesionó con el siglo XVIII a través de la figura de Melchor de Macanaz y del estudio de los usos amorosos, entre otras cosas. En 1961, cuando Marta ‘La Torci’ tenía cinco años, le regaló a su madre una libreta con un título premonitorio: ‘Cuaderno de todo’. Desde entonces, Carmen redactó una larga treintena de cuadernos que contienen reflexiones, confidencias, notas de lectura, cartas, etc., algo muy parecido a un personal diario íntimo o las notas del taller de la escritora; se publicarían en 2002 en Debate en edición póstuma de Maria Vittoria Calvi. En 1970, ella y Rafael Sánchez Ferlosio se separaron; él se volvió a casar con Demetria Chamorro y ella solo se desposaría con la soledad, la literatura y el amor hacia su hija Marta, que falleció en 1985 de sobredosis. Dos años antes había publicado un libro capital, en el que trabajaba de manera explícita desde 1973: ‘El cuento de nunca acabar. (apuntes sobre la narración, el amor y la mentira)’. En 1988 compartió el premio Príncipe de Asturias de las Letras con su amigo José Ángel Valente. La última década de su vida fue especialmente intensa.

Se convertiría en una escritora popular, querida y galardonada, una de las más vendidas de la Feria del Libro de Madrid. Publicó sus novelas de mayor éxito, ‘Caperucita en Manhattan’ (1990), ‘Nubosidad variable’ (1992),  ‘La reina de las Nieves’ (1994). Ese año recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas), ‘Lo raro es vivir’ (1997), ‘Irse de casa’ (1998)..., salvo la primera, todas en Anagrama. En ellas se mezcla la glosa de cuentos clásicos y su mundo obsesivo de secretos de la memoria. El 23 de julio de 2000 falleció de un cáncer fulminante en la Clínica Rúber. Pidió que le llevasen sus ‘Cuadernos de todo’, que definió como su “murmullo del vivir cotidiano”, y cerró sus ojos abrazada a ellos. Carmen quizá no pudo oír el ruego de su hermana mayor Ana María: “No te mueras todavía”. Han pasado quince años desde entonces: la importancia de esta novelista de la introspección, de la evocación y de “la búsqueda del interlocutor” sigue creciendo.

 

LA ANÉCDOTA

Carmen Martín Gaite fue una mujer muy generosa con los jóvenes, como han recordado Antonio Muñoz Molina, Belén Gopegui o Marcos Giralt Torrente. Fue la guionista de la serie sobre Teresa de Jesús de Josefina Molina. Varios aragoneses han estado vinculados con ella. Firmó el guion de ‘Celia’ (1993), que rodó José Luis Borau, que le dio un cameo como monja; fue una gran amiga de la actriz y modelo, y también escritora en su madurez, Mayrata O’Wisiedo, novia en los 50 de Alfonso Sastre, como cuenta en su libro ‘Esperando el porvenir’ (Siruela, 1994), sobre Aldecoa. La actriz Ana Labordeta fue una de las protagonistas de su obra teatral ‘La hermana pequeña’, que se estrenó en 1999.

 

*Esta fotografía es de Rogelio Allepuz y se la tomó al lado del Gran Hotel de Zaragoza en 1991.

12/08/2015 19:16 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARIO ORNAT: 'TIERRA Y LIBERTAD'

MARIO ORNAT PUBLICA 'BIENVENIDO MR. LOACH'


Les informamos que este próximo sábado 15 de agosto en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Mirambel tendrán lugar los siguientes actos:
-A las 18:00h, proyección de la película “Tierra y libertad”.
-Mario Ornat presentará el libro 'Bienvenido Mister Loach, Historia del rodaje de Tierra y Libertad...o de como la revolución llegó a Mirambel'. Está previsto que participe alguno de los actores del rodaje. 
Este acto servirá de inicio de una serie de acciones que la localidad de Mirambel junto con la Comarca del Maestrazgo quiere realizar para recordar los 20 años del rodaje de esta película. 



NOTA
'Tierra y libertad', de Ken Loach, fue uno de los grandes hallazgos de 1995. Habla de una revolución social, de una guerra, de una tierra que aspiraba a un futuro mejor. Habla de sueños, de amor, de lucha y, por supuesto, de libertad. Loach eligió la bella localidad de Mirambel, en el Maestrazgo turolense, como principal escenario de este drama que nos sitúa en los dos primeros años de la guerra civil española. Durante casi dos meses, los vecinos de la comarca vivieron con entusiasmo una experiencia irrepetible.

'Bienvenido, Mister Loach' es un fascinante y exhaustivo análisis de una de las mejores películas del cine español. Además de las divertidas vivencias que se produjeron en el rodaje, el autor ofrece un apasionante estudio del film gracias a una laboriosa investigación; el libro es producto de largas entrevistas al director, a los productores, responsables del equipo técnico, asesores, principales intérpretes y a muchos de los extras que participaron en esta inolvidable aventura. El resultado es toda una invitación a amar el cine. [Nota de Cristina Mallén y Doce Robles.]

 

Foto 1. La tomo de aquí: http://4.bp.blogspot.com/-27Pfn-ohRUI/T8akiPBMoII/AAAAAAAABxU/e0SOvoQKmMc/s1600/land.jpg

 

Foto2. La tomo de aquí. 

http://2.bp.blogspot.com/_EpHhRAwb_FA/TK3fgIKWjpI/AAAAAAAAA9w/mvwSZ3zjxEk/s1600/Tierra+y+Libertad.jpg

12/08/2015 23:06 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

POEMA PARA DEBRA WINGER

 

BUSCANDO A DEBRA WINGER

 

Antón CASTRO

 

Perdí la cabeza por ti,

antes, mucho antes de ‘Tierras de penumbra’.

Mucho antes de que fueras poeta

y una criatura mortal frente a la noche.

No sabría decir por qué. La luz de tu sonrisa,

tu picardía, tu fuerza, la manera en que bebías

la claridad del mundo en cada abrazo.

Me gustabas siempre: en cada diálogo,

en cada beso, en esa alegría incontenible

de estar a punto de irte para siempre a otra playa.

Pero cuando te vi en ‘El cielo protector’,

me sentí enfermo, poseído de amor.

Entendía, y no entendía, tu pasión por el desierto,

el helado rescoldo del plenilunio en la arena,

la muerte inesperada de un amor disipado.

Y luego, llegaste a aquel villorio,

a otra forma de prisión. Y a la violencia

del anhelo. Aún te veo: extraña y extranjera,

arrebatada y muda, mientras te acariciaban

y sorbían el sudor de tus muslos. Aún te veo:

lejana y sola contra la tiniebla y la escarcha.

Aún te veo: a horcajadas, a punto de estallar

como el maremoto de todos los deseos.

¿Recuerdas? Tú eras la piel del escalofrío.

 

Luego te esfumaste. A otro mundo,

a otras formas del olvido y del silencio.

Incluso salieron a buscarte. Querían, como yo,

saber de ti: buscaban a Debra Winger.

Esa película perseguía a un fantasma,

una ninfa de antaño, vulnerable y sensual.

Ese rescate imposible enerva todos mis sentidos.

Cierro los ojos e imagino que estás ahí,

en el interior de la pantalla a punto de decirme:

“Ven. A veces solo en el cine se cumplen

los mejores sueños, peligrosamente juntos”.

 

De 'Seducción'. Antón Castro. Olifante, 2014. 

 

 

1.FOTO. La tomo de aquí: 

https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/7a/ec/ef/7aecef741a724282358cae41df11ab73.jpg

2. FOTO. La tomo de aquí:

http://i.telegraph.co.uk/multimedia/archive/01209/debra_winger_1209269c.jpg

 

13/08/2015 16:04 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

LA VIDA DESESPERADA DE ÉDITH PIAF

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LECTURAS. VERANO 2015

La vida desesperada de Édith Piaf

 

La cantante y actriz (1915-1963) conmovió a las masas con sus canciones y sigue considerándose “la voz de Francia”

 

PIE DE FOTO. ARCHIVO´

Édith Piaff y uno de sus grandes amores: Yves Montand, en 1946.

 

Antón CASTRO

“Cantar es otra forma de escapar. Es otro mundo”, dijo Édith Giovanna Gassion, que se haría famosa como Édith Piaf, la desgarradora musa de los existencialistas franceses de los años 50. No es fácil hallar una vida tan accidentada y dramática como la suya. Ella misma contribuyó a llenarla de consejas: dijo que había nacido en plena calle Belleville y ya se sabe que nació en el hospital de Tenon, en París. Su padre era el acróbata Louis Alphonse Gassion y su madre la cantante de cabaré Annette Maillard, alcohólica y enferma. Tras volver de la I Guerra Mundial, su padre se hizo cargo de ella; la niña sufrió una queratitis (inflación de la córnea) que la dejó ciega un tiempo. Se recuperó y pasó a vivir con su abuela paterna, que regentaba un burdel en la Normandía; por eso casi siempre se dice que fue educada por las prostitutas.

Más tarde, empezó acompañar a su padre en su circo ambulante y llamó la atención con su poderosa voz. Conoció a un joven, Louis Dupont, con quien tuvo una hija, Marcelle, que murió a los dos años. Y a la vez la descubrió un empresario de cabaré Louis Leplée, la contrató y le publicó su primer disco bajo el nombre de Môme Piaf (Pequeño gorrión), por su aspecto desvalido. Un día, tras un incidente no esclarecido, Leplée apareció muerto de un disparo y Édith fue acosada.

Regresó a los bajos fondos, a los cabarés modestos de Pigalle, hasta que se cruzaron en su camino el compositor Raymond Asso, que le regaló canciones y le enseñó a mejorar su técnica vocal, y la pianista Marguerite Monnot. Volvió a enamorar al público y puede decirse que en vísperas de la II Guerra Mundial ya era una cantante famosa con sus temas, desesperados y melancólicos, del París más costumbrista y sombrío. Con ‘Ma legionnaire’ obtuvo un gran éxito: podía oírse como una canción de amor y un canto contra la guerra. La actitud de Édith Piaf en la contienda fue compleja: algunos biógrafos dicen que visitó un campo de internamiento alemán, que estuvo próxima al gobierno pro alemán de De Vichy y a la vez se sabe que protegió y ayudó a muchos judíos. Estaba con los débiles.

En 1944 se cruzó con un joven y apuesto cantante de music-hall que se convertiría en su amante: Yves Montand. Estuvieron casi dos años juntos y en 1946 iniciaron una gira que acabó en ruptura. Édith fue una mujer apasionada, con una sexualidad vibrante, capaz de vivir varias relaciones simultáneamente. En cierto modo, su existencia, puro coraje, era una constante búsqueda de un hombre ideal y una batalla contra el amor imposible. En 1947, conoció al gran púgil Marcel Cerdán, casado y padre de tres hijos, con quien no tardaría en iniciar una relación amorosa. En septiembre de 1948 se coronó campeón del mundo ante Tony Zale. Un año más tarde, ella, que iba de éxito en éxito por Estados Unidos, lo llamó para que acudiese a verla. El avión, con destino a Nueva York, sufrió un accidente en San Miguel de las Azores el 28 de octubre y Cerdán perdió la vida con otros 47 pasajeros.

Édith Piaf sufrió una crisis de tristeza y de ansiedad y se hizo adicta a la morfina, dependencia que ya no abandonaría jamás. A Cerdán le dedicó uno de sus mejores temas: ‘Hymne a l’amour’ (1949), que sucedió en su lista de espléndidas canciones a ‘La vie en rose’. Contaba historias crueles con un sentimiento desgarrador; la gente la oía con fervor, hipnotizada. Poseía sinceridad, hondura, escalofrío, parecía que en cualquier instante estallaría en llanto. Consciente de su capacidad de comunicación, dijo: “Estoy segura de que podría leer a Baudelaire en un cabaré y me aplaudirían”.

En 1950 conquistó el Olympia. Al año siguiente conoció a Charles Aznavour, que lo fue todo para ella: amante, secretario, letrista de temas de como ‘Jezebel’ o ‘Plus bleu que tes yeux’. En 1952 se casó con el cantante Jacques Pills y vivieron juntos, con altibajos, hasta 1956, año en que triunfó en el Carnegie Hall. Dos años después se cruzó en su camino Georges Moustaki; los cantantes jóvenes eran su especialidad; a los ya citados se sumarían Eddie Constantine y Gilbert Bécaud. En 1958, viajando en coche con Moustaki, Édith sufrió un terrible accidente, que le exigió diversos tratamientos. En medio del dolor, era esclava de los opiáceos y del alcohol. No tardó en descubrírsele un cáncer hepático. En 1961, se sobrepuso a todo y aceptó la oferta de cantar de nuevo en el Olympia, que estaba a punto de cerrar. No tenía fuerzas, parecía que iba a desplomarse en cualquier instante; apareció en escena con su vestido negro y su voz trémula y cautivadora, y cantó: ‘Je ne regrette rien’ (No me arrepiento de nada). Louis Armstrong dijo: “Me arrancó el corazón”. Algo que suscribieron el público en general y amigos como Alain Delon, Belmondo, Brassens, Paul Newman o Duke Ellington Gracias a ella, el Olympia sobrevivió.

Se casó de nuevo, esta vez con el joven peluquero y cantante griego Théo Sarapo. Apenas vivió un año más: el 10 de octubre de 1963, a los 47 años, moría en el barrio periférico de Grasse. Se conocía tan bien que dejó este autorretrato: “Todo lo que he hecho durante mi vida ha sido desobedecer”.

 

LA ANÉCDOTA

Amigos y admiradores. Édith Piaf, cantante y actriz de cine y de teatro, tuvo muchos admiradores. Desde Serge Gainsbourg a Marlene Dietrich, desde Sartre a Roland Barthes. Uno de sus mejores amigos fue Jean Cocteau, que escribió para ella ‘Le bel indiferent’. La muerte de ambos se hizo pública el mismo día, el 11 de octubre de 1963, aunque ella había finado un día antes. A Édith Piaf el arzobispo de París le negó el funeral católico por su vida disipada. El abad Leclerc, en cambio, bendijo su tumba de Pere Lachaise. Ella creyó ciegamente en Dios. Marion Cotillard le dio vida en ‘La vida en rosa’ (2007) y conquistó el Oscar. Francia celebra este año el centenario de su nacimiento.

13/08/2015 22:20 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

JAVIER RUIBAL: 35 AÑOS EN ESCENA

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JAVIER RUIBAL:

 

EL GALANTEADOR DE LA ISLA DE LAS MUJERES

 

[El próximo mes de septiembre Javier Ruibal celebra sus 35 años en la música con tres conciertos. Recupero este texto que le dediqué hace algún tiempo para un libro del escritor y experto en música Luis García Gil.]

 

Por Antón CASTRO

“Javier Ruibal no ha llegado a las plazas de toros o ha llegado a muy pocas y, sin embargo, toca por todo el mundo, tiene un prestigio inmenso. Yo llegué un día en Santo Domingo a casa de Juan Luis Guerra y me sacó un disco de Javier Ruibal como si fuera oro. Es magnífico y para serlo no tiene necesidad de llenar el Bernabéu”. Así ha definido en una larga entrevista Joaquín Sabina a Javier Ruibal (Puerto de Santa María, Cádiz, 1955). Este tipo de elogios son frecuentes hacia este trovador sensual y lírico que se afirma en los sonidos negros del flamenco y abraza en cántico apasionado y galante el jazz, el rock o infinidad de sonidos magrebíes, judíos, turcos y caribeños.


Javier Ruibal es un cantante con magia; y la magia vibra en su voz, en su melodía, en su inspiración arrebatada que habla de seres marginados, de prostitutas, de enamorados irremediables, de los gitanos, de la pasión y del mar, ese mar que va y viene y adormece en la bahía con furia tranquila. Paisano de Rafael Alberti, el rumor del oleaje habita en el temblor de su voz y en el corazón salino de sus versos. Para muchos, Ruibal encarna “el músico de culto” (no hay más que entrar en su página web para comprobar el volumen de “ruibalanos” del mundo), y tal vez sea en los conciertos en directo donde mejor llegue su sensualidad. A veces, el público tiene la impresión de que con sus canciones se adentra en un vergel oriental, en un huerto florido de mujeres, de ebriedad, de erotismo y de alegría.
Autor de seis discos (el último de ellos es “Las damas primero”) y de un recopilatorio como “Sahara”, ha escrito canciones para otros como Mónica Molina o Ana Belén, y son muchos los artistas que han popularizado piezas de su repertorio. Además de cantante y letrista, también es un excelente compositor que investiga, que se arriesga, de ahí que en ocasiones haya sido calificado de “heterodoxo”. Igual se atreve con una versión de una canción de García Lorca que se inspira en una composición de Erik Satie. Es, como ha dicho él mismo en alguna ocasión, un trovador montaraz que hunde la fuerza de su canto en la raíz, en el Mediterráneo.
Admiro a Javier Ruibal desde hace muchos años. La primera vez que lo oí en director fue en Zaragoza, hacia 1988 ó 1989, en la Facultad de Ciencias, en un concierto organizado sobre la canción de autor, del que hablé en otro momento a propósito de la muerte de Imanol, con quien tanto quería. Javier Ruibal dio un recital impresionante: hondo, delicado, intenso, con su guitarra que mezclaba el flamenco, la rumba, la música árabe, los sones del Mediterráneo y la voluptuosidad del que absorbe el mundo con luminosos ojos de asombro y de gozo. Entonces ya, Javier Ruibal me pareció un cantante que salía de “Las mil y una noches” o de una noche del sur con fragua y fuego y bandoleros en la serranía y odaliscas. Fue increíble: talento, calidez, energía, llanto y beso, todo a la vez, administrado con belleza, rigor y profesionalidad. Sufrí un deslumbramiento. Y hacia las dos o las tres de la mañana, en un bar que se llamaba La Avenida de la Ópera, conversé con Javier Ruibal. Más que conversar, le hice una entrevista con otros sonidos y voces de fondo. Sus orígenes, sus raíces, las letras, el gusto por el embrujo que te coloca en el umbral de un precipicio de viajes, paisajes o amores locos...


Ruibal entraba en mi modesta discoteca cada vez que publicaba un disco. Y a finales de los 90 estuve con él en el Puerto de Santa María. No sólo era un magnífico cantante, admirado y querido por otros cantantes, venerado por un público quizá no demasiado mayoritario pero muy atento y sensible a su talento, un guitarrista estupendo, sino que también era, es, un tipo extraordinario. Tuvo el detalle de ser uno de los presentadores de mi libro de cuentos “Los seres imposibles” (Destino, 1998), y lo hizo con canciones. Narró nuestro encuentro en Zaragoza, contó a los asistentes aquella loca noche de copas y palabras, y luego hizo lo que mejor sabe hacer: cantó dos canciones “a capella”. Temblaba el salón de actos de aquel colegio. Y un estremecimiento unánime recorrió a los asistentes, un temblor de estrellas, un fogonazo de emoción. Yo me quedé literalmente pasmado y agradecido... Había ido al Puerto de Santa María sólo a eso, a verlo de nuevo, a oírlo en dos temas prodigiosos. Al salir, un paisano me dijo: “Se habrá dado cuenta: esa voz ya lleva la música dentro...”

 

*Este texto apareció en un libro de Luis García Gil, escritor gaditano, especializado en asuntos musicales.

 

14/08/2015 00:44 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

EL ARAGÓN DE KURT HIELSCHER

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El Aragón incógnito de Kurt Hielscher

 

El fotógrafo alemán estuvo cinco años en España, de 1914 a 1919, y visitó Zaragoza, Ansó, Alquézar o Albarracín

 

PIE DE FOTO. KURT HIELSCHER

Panorámica de la muralla de Albarracín que se convertirá casi en un icono de la villa.

 

PIE DE FOTO. KURT HIELSCHER

A Kurt Hielscher le gustó mucho Alquézar. Así captó la plaza con niños que juegan.

 

Antón CASTRO

España fue uno de los grandes espacios románticos de Europa gracias a viajeros, artistas y escritores que dieron una imagen idealizada y tópica: era un país de bandoleros y contrabandistas, toreros, fantasmas, hombres lobo, mujeres misteriosas y apasionadas como la escurridiza Carmen y paisajes deslumbrantes. Merimée, Laborde, Doré, Briet o George Borrow, el vendedor de Biblias, ayudaron a expandir este mito. Quizá por ello vino a España Kurt Hielscher (1881-1948), un joven maestro alemán, antimilitarista, en un viaje de estudios y quizá con un secreto afán: retratar y atrapar sus tradiciones y su magia.

El azar pareció ayudarle: estando aquí estalló la Primera Guerra Mundial y él decidió quedarse. Al parecer ya había estado en 1911. Permaneció casi cinco años, de 1914 a 1919: recorrió más de 45.000 kilómetros, sin guía, y realizó más de 2.000 fotos. Diría: «Retenía en mis fotos todo lo que llamaba mi atención, obras de arte maravillosas, particularidades geográficas, atractivos paisajes, costumbres populares interesantes». De esa cantidad de imágenes, realizó una selección de 304 para un proyecto: ‘La España incógnita’ (Berlín, 1921), volumen que fue editado de inmediato en español e inglés. Ese mismo año, Hielscher le escribió a Alfonso XII y le decía: «España es un gran museo al aire libre, único en su género, que guarda tesoros de arte, de gentes, de épocas».

Kurt Hielscher habló siempre con mucho cariño de su gran compañera de travesía: su cámara. «Mi cámara Zeiss Ikon fue siempre la inseparable y fiel compañera de mis viajes en solitario (...) Lo que mis ojos convertían en propiedad espiritual, lo fijaba para siempre en la foto el ojo de mi compañera de viaje», revelaría, y subraya que en ese lustro fue «desde los ventisqueros de los Pirineos» y las grandes ciudades hasta Tarifa, Elche o Extremadura.

No se puede precisar en qué años o períodos concretos anduvo por Aragón, pero estuvo en las tres provincias. De Zaragoza capital ofrece tres imágenes muy distintas: una instantánea crespuscular del Pilar y el Ebro, de intenso contraste y dramatismo en las nubes; otra de la basílica y el río, más allá de los árboles, serena, luminosa y equilibrada, y a un ‘Aragonés bebiendo en bota’. También visitó Tarazona y Daroca y realizó dos tomas clásicas de paisaje urbano con gente. Kurt Hielscher no parece exactamente un fotógrafo espontáneo que documenta lo que ve; solía hablar con las personas, les pedía que se vistiesen para la ocasión y que posasen. Teruel siempre ha sido una provincia muy fotogénica: el alemán eligió Albarracín y efectuó dos espléndidas composiciones: una con paisanos en una calle típica y otra de la suntuosidad de la muralla, envuelta en humo. Albarracín tenía un aura medieval. Muy cerca de allí, en Guadalaviar, retrató a una joven con cántaro, el río y la iglesia al fondo. También enmarcó a cuatro paisanos en la hornacina de la calle de San Antonio en Manzanera.

De Hielscher no se conservan fotos de Huesca y Teruel capital. O al menos no en el libro; podría ser que sí existan en el archivo que adquirió en 1923 la Hispanic Society. Sus fotos ofrecen un claro paralelismo con bastantes obras de Joaquín Sorolla, sobre todo en las inspiradas en Ansó. Hielscher se anticipó en el registro artístico y etnográfico de un mundo que luego reflejarían Ricardo Compairé, Violant i Simorra, Ortiz Echagüe o Ruth Matilda Anderson. Hielscher captó ibones, montañas,                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             estuvo en el valle de Tena y pareció quedarse deslumbrado por Alquézar. Al fin y al cabo, el maestro buscaba la belleza: «He recorrido España por mi propia cuenta, solo para satisfacer mi sed de emociones artísticas».

 

 

LA ANÉCDOTA

Otros álbumes. Después ‘La España incógnita’ (la última edición es de 2006; a veces se le añaden otros vocablos al título: ‘Arquitectura, paisaje y vida popular’), hizo nuevos álbumes de Italia, Dinamarca, Alemania, Austria, Noruega Yugoslavia o Rumanía. El mote que suele adornar su biografía se lo debe a su estancia entre nosotros: «el último viajero romántico». 

15/08/2015 16:16 Antón Castro Enlace permanente. Fotógrafos No hay comentarios. Comentar.

RAFAEL CHIRBES HA MUERTO

Contar de España lo que está sucediendo a tu lado

 

Antón CASTRO

Rafael Chirbes (1949-2015), que se había vuelto imprescindible y quizá el novelista más citado de los últimos años, encarnó como nadie «la literatura del malestar». O lo que también se llamó «la España de la indignación». Una de sus frases favoritas era «yo que sé», como si él en realidad fuese, más que el dueño de un puñado certezas, un explorador, un observador, alguien que mira en derredor y cuenta lo que ve. «Lo que yo cuento es lo que todos teníamos a la vista», dijo. Para él la literatura era conocimiento y la novela que le atraía es la que está dentro de la historia. Cuando repasaba su trayectoria, sentía la inclinación de inscribirse en una tradición: la de Benito Pérez Galdós, sin duda, pero también la del Juan Marsé de ‘Si te dicen que caí’, la del Juan Goytisolo de ‘Señas de identidad’, la de ‘Tiempo de silencio’ de Luis Martín-Santos y la de ‘El Jarama’ de Rafael Sánchez Ferlosio.

Y no solo ellos: no dejaba de resultar curioso que este escritor más bien huraño y austero, retirado en soledad en Benarbeig con sus dos perros, que vivió durante años viajando y escribiendo para la revista ‘Sobremesa’, hubiese contado con la ayuda excepcional de Baltasar Gracián y ‘El Criticón’ para redactar su última ficción: ‘En la orilla’ (Anagrama, 2013), una radiografía de la España de la crisis, de las contradicciones de una familia, a la que llegaba una inmigrante como la colombiana Liliana, de las relaciones entre un padre y un hijo, y de la irrupción de una forma de miedo o de codicia en plena desesperación. Ese libro, tan ferozmente realista, contiene un elemento más o menos simbólico como es el pantano de Olba, esa zona de marjales donde todo ha sucedido (desde el paraíso de la infancia a los horrores de la guerra civil) y donde sigue sucediendo. Chirbes reincidía en sus juicios: «Se ha escrito poco de lo que ha ocurrido a tu lado».  

Rafael Chirbes, que se reveló en 1988 con ‘Mimoun’, ha sido un novelista coherente en la tarea de contar España. Contarla desde la posguerra hasta los estertores del franquismo, como hace en ‘La larga marcha’ (Anagrama, 1996); abordar la muerte de Franco y la incertidumbre general que se avecina, asunto de ‘La caída de Madrid’ (Anagrama, 2000); describir la derrota de las utopías y del sueño revolucionario, argumento de ‘Los viejos amigos’ (Anagrama, 2003).

‘Crematorio’ (Anagrama, 2007) es la novela que le hizo famoso y le reveló como el gran cronista del país de la corrupción y la especulación, la novela-espejo de una hecatombe en la que se atrevió a burlar el maniqueísmo con algo que le apasiona: las voces subjetivas, intensas y rabiosas. Ahí creó uno de sus grandes personajes, Rubén Bertomeu (Pepe Sancho en la serie de televisión), constructor sin escrúpulos, como en ‘En la orilla’ crearía al paradójico carpintero Esteban. Su narrativa, tensa y despiadada, ha influido en jóvenes como Isaac Rosa, Sara Mesa, Menéndez Salmón y quizá, entre los nuestros, en Manuel Vilas.

 *Este artículo aparece hoy en Heraldo de Aragón. La foto es del archivo de ’El País’.

16/08/2015 10:51 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PROCESO CREADOR DE PILAR BURGES

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LECTURAS. VERANO 2015. PILAR BURGES

 

El proceso vital y creador de María Pilar Burges

 

Historia de una pintora moderna y goyesca que contará con un museo en Fayón

 

María Pilar Burges (Zaragoza, 1928-2008) fue una mujer de lemas y de aforismos. En una de las paredes de su casa, con vistas al paseo de la Independencia, podía leerse la cita de Borges: «No hay otra virtud que ser valiente». Ella lo fue. O quiso serlo: una mujer atrevida, moderna, con ideales, deportista, espléndida nadadora. Adoraba a su padre, Juan Antonio Burges, que había sido saltador de pértiga y cofundador del Iberia, pero además había protegido a jóvenes boxeadores y financiado al cantador de jota José Oto. Y su madre era una gran lectora, que se desvivía con la aviación y con las novelas y ensayos de Simone de Beauvoir.

Un día, el padre la invitó al Teatro Principal a ver una función de ballet de ‘El lago de los cisnes’ y Pilar realizó una serie de dibujos que lo deslumbraron. La llevó a las clases de dibujo y publicidad que impartía Manuel Bayo Marín. Aprendió a rotular, a componer y el arte de la paciencia. La belleza nace de la lentitud, le dijo el gran artista recuperado por el pintor Eduardo Laborda. Luego, durante tres años, fue alumna de la profesora y pintora Joaquina Zamora: le explicó que dibujaba muy bien pero que debía perfeccionar el color. Por eso iba casi a diario al Museo de Zaragoza a copiar a los clásicos y a los artistas del siglo XVIII, y solía encontrarse con Francisco Marín Bagüés. Y de cuando en cuando marchaba a Radio Zaragoza a ver y a escuchar a la pianista Pilar Bayona.

Con una beca de la Diputación de Zaragoza estudió en la Escuela de San Jorge de Bellas Artes. Un día vio en HERALDO una convocatoria para pintar un mural en la iglesia de Fayón y se presentó. Ganó y contó con la colaboración de José Gumí, entre otros. Barcelona fue una escuela de incitaciones: se interesó por la ópera y el teatro, y se convirtió en asidua del Liceo. Y no solo eso: aprendió a hacer figurines para la escena, algo que no abandonaría nunca. De vuelta a casa, fundó en 1957, con Pascuala Lobé, especialista en corte y confección, la Escuela de Arte Aplicado Burges, que se prolongaría hasta 1971. En el curso 1960-1961 cumplió uno de sus sueños: se marchó a Roma a continuar aprendiendo y quemando etapas. «Para mí la pintura ha sido una aventura en la que te podías estozolar o desgraciar porque siempre he pintado de verdad. Pintaba toda yo, entregada y de cuerpo entero. He sido una profesional. Soy pintora por realización y he querido aprender, investigar y conocer las técnicas», recordaba. Allí convivió con artistas de 72 países del mundo y era conocida por ‘España’. Rindió homenaje a García Lorca y a textos suyos como ‘Poeta en Nueva York’ y ‘Diván del Tamarit’. De Roma se trasladó a París y se hizo asidua a las funciones del mimo Marcel Marceau y de otros actores.

Regresó a Zaragoza, a sus clases y a su estudio. Pasó por varias fases, pero quizá lo grueso de su obra sea una pintura expresionista, inspirada en las pinturas negras de Goya en parte, con pasión por el color y próxima en algunos cuadros, por esas raras afinidades del azar, a la de Luis García Ochoa. «Quizá mi mejor época sea la del hiperrealismo situacional», opinaba ella. En 1970 firmó un cuadro perturbador y terrible que tiene mucha actualidad estos días de tanta violencia de género: ‘Puro machismo’, que quizá naciese de una desdichada experiencia amorosa en Canarias. María Pilar Burges confesaba que había tenido varias pasiones, que no fraguaron en el tiempo, quizá porque su verdadero amor fueron el arte, el estudio y la soledad. En 1996 volvió a demostrar su ambición: presentó en Madrid su tesis sobre ‘El proceso creador’. Tenía 68 años y una juventud vital que burlaba cualquier cifra. «Vivo despierta» era otro lema y fue algo más que un deseo: la obsesión incesante de su existencia.

 

LA ANÉCDOTA

Pilar Burges fue una mujer de sueños. Si todo sale bien, se habría cumplido uno de ellos: que su obra, la que no vendió («y vendí mucho, mucho», decía) pueda ser exhibida en un lugar público. En tiempos de Javier Lambán, la Diputación de Zaragoza rechazó su legado y sus condiciones con más silencio que elocuencia. El Ayuntamiento de Zaragoza le hizo una Antológica en la Casa de los Morlanes en 2012. Ahora Fayón le destinará un espacio y mostrará sus cuadros, sus dibujos, sus diseños y sus materiales.

 

 

*La foto es de Oliver Duch, fotógrafo de Heraldo de Aragón.

16/08/2015 22:47 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

TRES FOTOS DE NICOLE BURTON

El mundo poético y onírico, de cuento de hadas, de Nicole Burton. 

Puede serguirse aquí: parvanaphotography.com

FOTOS: Las he tomado de aquí.

1. https://36.media.tumblr.com/ee974fa6de881dfedd9d78b208d508f3/tumblr_njiw0vbJTD1qesboko1_500.jpg

2.http://41.media.tumblr.com/dd09f36724b305216ce8665bab58e7c5/tumblr_nix1wbbvcY1qesboko1_500.jpg

3. http://41.media.tumblr.com/be1ed3874b562797cc964d1ddde86d31/tumblr_ndppbpYfxA1qesboko1_500.jpg

17/08/2015 19:05 Antón Castro Enlace permanente. Fotógrafos No hay comentarios. Comentar.

ADIÓS AL PINTOR ÁNGEL ARANSAY

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HA MUERTO EL PINTOR ÁNGEL ARANSAY

 

Había expuesto ‘Maneras de pintar’ en la Lonja en 2012, un antológica de 43 años creación artística



Antón CASTRO

Esta noche, en el Hospital Militar de Zaragoza, donde llevaba cuatro o cinco días ingresado, murió el pintor Angel Aransay (Zaragoza, 1943-2005), sin duda uno de los artistas más personales y coherentes del arte aragonés de los últimos años. Había expuesto en el palacio de Sástago en 1987 y en la Lonja en 2012, sin duda sus dos muestras más importantes. Pintor místico y pagano, pintor expresionista y figurativo, le apasionaron la noche, la tertulia, la historia del arte, la belleza y el gran poso de la cultura. Fue crítico de arte en ‘Andalán’, ‘El Noticiero’ y ‘El día de Aragón’, entre otros medios, y compiló, con su habitual sentido del humor, un cancionero de jotas guarras.

Se formó en el Estudio de Alejandro Cañada y luego en la Escuela de Bellas Artes. Obtuvo el título de profesor de dibujo en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Regresó a Zaragoza e inició su pintura con dos maestros claros en la retina: el Picasso cubista y El Greco. Le interesaron mucho la pintura del Renacimiento y del Barroco, pero también la obra de Francis Bacon.

Ha realizado una pintura expresionista y figurativa que ha pasado por diversas épocas: hay en él gusto por el bodegón y el paisaje urbano (Zaragoza fue uno de los motivos fundamentales de su producción: el Pilar, algunos bares, el Arco del Deán...), pero también hizo pintura bíblica y mitológica, y mucha obra de trasfondo religioso, a veces en gran formato, realizó homenajes a personajes que admiraba profundamente como Pier Paolo Pasolini. Apasionado por la figura humana, que en el fondo es el tema fundamental de su labor, también pintó muchas mujeres, o sus ‘Damas’ como él las llamaba. Pintor del color, tendía a un cromatismo cálido y liso, con ecos del arte mural.

Además de ser un pintor con personalidad propia, con una trayectoria muy coherente y una iconografía reconocible, era todo un personaje: poseía una vastísima cultura, tenía una curiosidad insaciable por saber, por conocer nuevos artistas y superó algunas de sus limitaciones (el asma, la sordera, la vista) –tal como señala su gran amigo Santiago Gómez Laguna, que estuvo a su lado hasta el último minuto- con pasión, energía y generosidad. “No tenía un carácter fácil, es cierto, pero era sincero y honesto y de una gran sabiduría. Como pintor hay una cosa muy clara: veías una obra suya y sabías que era un ‘Aransay’”. El cuerpo de Ángel Aransay estará desde esta tarde, hacia las seis, en el velatorio 15 del cementerio de Torrero.

*La foto es de José Miguel Marco, de Heraldo de Aragón. Este texto se reproduce hoy en Heraldo.es.

ÁNGEL ARANSAY, POR PABLO J. RICO

ÁNGEL ARANSAY, UN PINTOR ZARAGOZANO, SE FUE PARA SIEMPRE…

Por Pablo José RICO

Recién me entero del fallecimiento de Ángel Aransay, un pintor zaragozano, amigo desde casi siempre… Hacía ya más de diez años que no lo veía, pero Ángel estaba en mi memoria “bonita” y estará así pasen otros cien años sin verlo y charlar con él. Conocí a Ángel en los 70’, cuando inicié mi trayectoria en el mundo del arte en Zaragoza, cómo no. Aunque ya era un pintor local reconocido, lo que más me interesaba entonces de Aransay era su actividad como crítico de arte en Aragón Exprés. Sus críticas eran inteligentes, un poco ácidas, no necesariamente complacientes, muy “aragonesas”, es decir, criticonas y un pelín airadas. Crítico es “quien enjuicia con criterio”, y Ángel lo tenía, además de conocimiento y saber escribir…

Como artista me interesó más su estilo propio que sus asuntos y manera de representar. Si hubiera vivido y pintado en otro lugar que no fuera Zaragoza habría formado parte de cierta tendencia internacional postmoderna que se llamó “nuevo manierismo”; Ángel, desde luego, fue un manierista a sabiendas qué significaba eso, no como otros… Era culto y refinado en la pintura, en el arte y la cultura en general, tanto como algo tosco y “marranillo” en las formas y en su vida cotidiana. Pero ninguna de sus manchas en la camisa, sus proverbiales lamparazos, opacó sus pinceladas sabias y sensibles hasta no más poder. Seguramente no ha habido nadie en Zaragoza desde Berdejo que supiera componer imágenes y pinturas con tanta precisión y templanza…

Durante años traté a Aransay casi diariamente: nos veíamos en exposiciones, en actos culturales de todo tipo, frecuentábamos los mismos sitios, los mismos bares hasta la madrugada. Aunque alguna vez se pasaba, su charla casi siempre era más que gratificante, no sólo culta, también divertida. Lo que le perdía un poco era ese tono airado, fuerte, a menudo hipercrítico por cualquier cosa que para los demás era intrascendente. Bueno, dicen que eso es una forma natural de expresarse de los aragoneses, como una lija del 50 (así lo fueron también Goya y Buñuel, por ejemplo)… Algunas veces viajamos juntos, sobre todo a Madrid, para la Feria de ARCO, y una vez a Italia y Venecia a principios de los 80’; fue una delicia aquel viaje, todo lo que vimos juntos y nos entusiasmaba en común de Tiziano, Bellini, Veronés, Tintoretto. Nadie se ha fijado en que uno de los principales referentes pictóricos de Ángel Aransay fue la gran pintura veneciana…

Ángel Aransay siempre fue “residente fijo” en mis exposiciones colectivas de artistas aragoneses, y mira que recibí críticas por ello. Como dije, me interesaba su estilo personalísimo, su condición postmoderna, su “tercera vía” figurativa… En 1987 escribí para él en el catálogo de su exposición retrospectiva en el Palacio de Sástago: "Aransay. El año de Plata". Mi texto se titulaba “Teoría humanística y pintura en Angel Aransay”, y eso era ni más ni menos Ángel, un humanista del siglo XX… ¿Para qué más?

Ángel, amigo, artista, un abrazo largo allí donde estés ahora…

Ángel Aransay Ortega (Zaragoza, 1943-2015), pintor y crítico de arte: Comenzó sus estudios artísticos en Zaragoza, primero en la Academia Cañada y después en la Escuela de Artes Aplicadas. Posteriormente, obtuvo el título de profesor de dibujo en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Ejerció también la crítica de arte en diversas publicaciones, como los diarios zaragozanos Aragón Exprés y El Noticiero.

Autor de una vasta obra, inició su pintura bajo la influencia de dos maestros: el Picasso cubista y El Greco. Le interesaron mucho la pintura del Renacimiento y del Barroco, pero también la obra de Francis Bacon. Artista con un notable sentido mural, lo que define su inconfundible línea, y que mantuvo durante toda su trayectoria desde 1969. Colores cálidos, planos lisos y rostros que manifiestan diversas situaciones anímicas. Su temática, muy amplia, comprende bodegones, paisajes y, sobre todo, la figura humana, sin olvidar el énfasis sobre lo social y la figura femenina con retratos de gran relevancia. Pintor “espiritual” fuera de cualquier moda… (referencias biográficas tomadas de Wikipedia y Enciclopedia Aragonesa).

Pablo J. Rico
Fotos: “Retrato de ángel Aransay”, de Rogelio Allepuz; Zaragoza antigua, pintura de Ángel Aransay, 1976

*Este texto lo publicó ayer en su facebook. Pablo J. Rico reside en México y es comisario de arte.

20/08/2015 08:31 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

UN CUENTO PARA ÁNGEL ARANSAY

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LA PINTURA A TI DEBIDA

 

 

 

(Narración con Dama y enigma)*



Al pintor lo llamaban “El señor de las tabernas”. Si querías encontrarlo, debías buscarlo en las plazas, en las callejas, en las librerías o ante algún palacio. Siempre le gustaba descubrir algo nuevo: un poniente que filtraba sus redes de oro en una esquina con gatos, el fulgor inédito del suelo tras la lluvia, el aroma salobre de una tarde de manifestaciones y rebeldías. Y entonces, en esos lugares, a los que se encaminaba impulsado por el capricho, era prácticamente imposible de localizar. Si querían saber de él y de sus tormentos, debías buscarlo en tal o cual taberna. Allí, ante los periódicos o el primer café del mediodía, estaba “El señor de las tabernas”. El pintor de rostros singulares. El buscador de tesoros, y para él la palabra tesoro quería decir cobijo, atmósferas humeantes de café, tertulias, silencio ideal para garabatear sobre el papel o derramar un minúsculo mar de tinta. O sencillamente leer un nuevo juego de ordenador repleto de cuadros de todos los tiempos. Si se cansaba volvía a casa. Tenía la certeza de que esa fatiga inesperada no era un contratiempo ni hastío de existir: era la señal de que debía pintar, ordenar los bastidores, colocar un nuevo lienzo sobre el caballete. Su estudio era umbrío. A veces, sus amigos más directos decían que quizá tuviese dificultades de visión y que en ese espacio en penumbra la imaginación de sus pinceles deliraba, abría un poro del alma a la luz y adivinaba sus resplandores, sus caricias de fuego, sus aguijones de negra seda de sombra. Uno de sus amigos sostenía que Ángel, ¿o no se llamaba así?, era un visionario.

Un día, quizá en el café “Praga”, levantó sus neblinosos ojos y comprobó que el lugar se había llenado de gente demasiado pronto. Casi todos mezclaban el primer café con un cigarrillo y un vapor oloroso, tal vez algo pestilente y dulzón, se elevaba como un vómito de nieblas. Al fondo, vio algo que le llamó la atención: un rostro claro, casi albino, un pelo más bien negro y ensortijado, y largos pendientes que parecían emular caracolas de nácar. Se detuvo en todo el conjunto: la mujer, con su rebeca, que en ella no parecía una prenda rezagada, los vaqueros ceñidos, que esculpían la cadera exacta para la mano que abraza y aprieta, las nalgas macizas, los muslos. Volvió a la cara: para él, una mujer, el cuerpo del deseo o de la inspiración, la vida íntima de una dama, comenzaba en los ojos, en el óvalo perfectamente encajado en una sonrisa concreta, dibujada en los pómulos vivos, en los dientes que entrechocan. La vio, y quizá no hizo otra cosa que verla, y volver a verla, y remirarla hasta el hartazgo. Sin darse cuenta, sobre un periódico ajeno, la dibujó por vez primera: la faz levemente transfigurada, el pelo tocado de tinta derramada casi a chorro, las orejas, el lóbulo encendido y rosa. Se marchó con alguien, distraída, ajena a la conmoción que había provocado. Apenas media hora después, el pintor, “El señor de las tabernas”, subió a su estudio y buscó en un cajón un bloc sin estrenar y escribió en él: “Cuaderno de dama”. Quizá no se atreviera a pintar o dibujar nada ese día, pero agotó toda la mañana haciendo pruebas: variaciones incesantes de un rostro, modulaciones y bocetos sobre un cuerpo perfecto. 

Sin haber hecho nada, sin esperar nada de la primavera, al pintor se le instaló una obsesión en la sangre y en la mano de artista. Era curioso: ya no iba al bar como antes, con aquel sosiego, con aquel sentido placentero de la conquista de la monotonía. Ahora tenía un nuevo objetivo: quería verla de nuevo. Sentirla cerca al día siguiente y al otro y una semana después, y percibir que estaba adentrándose en el territorio del secreto, del enigma y quizá del mito. La mujer es la mitad del mundo en cuyo vientre tiembla por vez primera el mundo entero. El pintor, silencioso, casi invisible, tomaba nuevos apuntes y les iba poniendo títulos: “Las dos amigas”, “Judith” o “La novia coronada”. Los dibujos eran formas imprecisas, apenas insinuadas, presagios de algo que debía consolidar en la acuarela o en el lienzo. La porfía fue adquiriendo nuevas dimensiones, la seguía, hollaba una y otra vez el rastro de sus pasos, los últimos aromas de su presencia, el traqueteo constante de su belleza y de sus zapatos antes de doblar la esquina y desaparecer como en una calle condenada.

Debía suceder y ocurrió. Cuando caía la tarde, fatigado ya de acumular borradores, figuras envolventes, cabellos, bocas, piernas interminables, colocó un lienzo sobre el caballete, dispersó sus pinturas y sus pinceles y escribió “A Florencia inundada”. Este encadenamiento al enigma duró meses, quizá años. Si preguntaba por la mujer, a la que él la llamaba simplemente la dama (escribía frases así: “La dama vendrá de noche cuando las puertas estén cerradas”; “La dama será virgen y diosa y puta y enamorada”), nadie parecía ni saber dónde trabajaba, ni quién era. ¿De dónde venía, entonces? ¿Sería una de esas apariciones que interrumpe el solaz de un artista y lo condena al desasosiego? ¿Tenía la facultad de atravesar los muros y de habitar los sueños ajenos como en una incómoda pesadilla?

Hacía tiempo que no se sentía tan feliz y a la vez tan desdichado. Era esclavo de una mujer que parecía fugarse a plena luz del sol y a la par recibía de ella un estímulo esencial para crear. “La pintura a ti debida, dama”, anotó. De golpe, merced al milagro de los días y del esfuerzo, era todas las mujeres: Molly Bloom, inquietante y libre, casi sonámbula; las damas de la iconografía cristiana; las damas corrientes, embarazadas, entre flores; las damas antiguas como Antígona o doña Petronila, Magdalena o Atenea, Carmen, la eterna Carmen de la leyenda y el equivocado amor, e incluso inventó una Bella, muerta de golpe ante el estupor de su enamorado, yacente ante el coro de viudos que rezan y le lloran. El “Cuaderno de dama” se llenó de inmediato, y así el siguiente, y el otro, hasta que se completaron ocho blocs numerados. Al cabo de un tiempo, se había vuelto más refinado en la búsqueda y en la persecución: obtuvo su correo electrónico y le remitía una foto de los cuadros que hacía y algún mensaje. Sólo recibió una respuesta: “Gracias, Clara”. Anotó en otra pieza: “Clara y el chal amarillo”. Por fin, ya conocía su nombre. La colección se amplificó de modo increíble, y la dotaba de misterio, de fuerza, de una carnosidad casi ocre y levemente desfigurada que recordaba a El Greco. Pero también era la orgía del color, de la evocación de mundos no siempre contiguos, el gusto de pintar como arte ancestral que se renueva a diario y que siempre es moderno. Heroínas, sibilas, reinas, parcas y madres terribles se amontonaban en su estudio. 

Quizá meses o años después, un camarero del “Praga”, le dijo: “Está a punto de llegar. Hoy voy a presentártela. No debes vivirla sin conocerla”. El pintor, tal vez se llamase Ángel (no estoy seguro del todo), le indicó que no quería conocerla. Se había habituado tanto a soñarla para sus lienzos, a identificarla con el deseo y la hermosura, que no quería estropear una vivencia tan bonita. Apareció la muchacha, se sentó y por vez primera lo miró con detenimiento. “El señor de las tabernas” tragó saliva y observó el papel. Acababa de salirle la figura más bonita que nunca.

 

*Este texto lo escribí para la exposición 'Damas' de Ángel Aransay, que se hizo en el Museo de Zaragoza en 2001.

 

**Esta 'Dama' es Madame Butterfly.

20/08/2015 08:46 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

'LA MÍSTICA DEL HUEVO': UN CUENTO DE BASKET DE M. Á. TAPIA JR.

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[Hace muy poco la editorial Comuniter publicaba el libro colectivo ’Transiciones rápidas’, un homenaje al baloncesto, al CAI y los grandes momentos de este deporte. Miguel Ángel Tapia, aficionado al fútbol y al baloncesto y al jazz, entre otras debilidades, publica ahí este texto.]

 

LA MÍSTICA DEL HUEVO*

 

Por Miguel Ángel TAPIA JR.

 

Hace escasas fechas cumplí 41 años de edad. El presente me inquieta y el futuro es una incógnita. Mi vida transcurre sin un rumbo fijo. Soy consciente de que el ser humano no debe alimentarse de los recuerdos pero es inevitable no acordarse de los momentos mágicos que viví durante mi infancia. Me aferro a ellos constantemente en estos tiempos tan convulsos.

Uno de los aspectos positivos de las redes sociales es que te permite rescatar artículos y fotografías de situaciones pretéritas. Y es una situación reconfortante poder visualizar crónicas, estadísticas e imágenes de una de mis pasiones como es el baloncesto. Mi madre me obligó a tirar todas las revistas especializadas en este deporte. Gigantes del Basket y Basket 16 eran mi fuente de documentación, pero ocupaban mucho espacio en mi habitación. No tuve elección. Fue un momento duro tener que deshacerme de publicaciones que me permitían soñar con aquellas leyendas europeas y de la NBA de los maravillosos años 80.

Mis primeras experiencias con el mundo de la canasta tuvieron lugar en el antiguo pabellón de la CAZAR. Tenía solamente 6 añitos. Me aterraba entrar a una cancha donde los bombos y tambores retumbaban sin cesar. Era un ambiente infernal para los rivales del Helios Skol. Los sábados por la tarde se convirtió en mi refugio a pesar de ese ambiente irrespirable que se formaba como consecuencia de la humareda que desprendían los puros y cigarros. En aquel vetusto espacio yo apenas disfrutaba del juego porque siempre encontraba a un aliado para jugar a la pelota debajo de una estructura metálica ubicada detrás de una de las canastas. Eso sí, siempre me llamaba la atención la calidad de Hollis Copeland y la garra de Quino Salvo, un tipo que destacaba por su corpulencia. ¡Y cómo se desgañitaba el maestro Pepe Laso desde el banquillo para dar órdenes a sus pupilos! Areslux Granollers, Cotonificio, Joventut, Baskonia, Barcelona, Real Madrid, OAR Ferrol… ¡Qué tiempos! Recuerdo a muchos jugadores que marcaron una época en nuestro país y a los que sigo idolatrando 35 años después: Margall, Epi, Sibilio, Brabender, Manolo Flores, el “lagarto” De la Cruz, Essie Hollis, Nate Davis…

Zaragoza empezaba a tener su cuota de protagonismo en la Liga Nacional. José Luis Rubio fue el artífice de la edificación de un proyecto. Al “presi” le estaré eternamente agradecido por haber conseguido que viviera con pasión, “in situ” y desde las distancia, las hazañas del equipo de mi ciudad natal por el territorio nacional y en míticas canchas del Viejo Continente. Me inyectó en la sangre su amor por un club al que dedicó en cuerpo y alma prácticamente toda su vida. Pero el salto cualitativo se produjo con el cambio de escenario. A tan solo 200 metros de distancia, en nuestro particular Madison Square Garden. Allí se gestó un equipo con hechuras de campeón. O, al menos, un aspirante a incomodar a equipos más poderosos económicamente.

La Copa del Rey de 1983 fue el punto de inflexión de un club que entró en los corazones de todos los zaragozanos. Aquella estampa de Kevin Magee celebrando el título a hombros de los aficionados aún sigue en nuestras retinas. Se desató la locura. Fue un hito. David contra Goliat. La pantera de Indiana dejó varias víctimas por su voracidad en ambas zonas de la pista. Siempre con la complicidad de Jimmy Allen, su perfecto escudero. Marcellus Starks, Mike Davis, Greg Stewart y David Russell se retiraban a los vestuarios desquiciados. Los que estuvimos en el Huevo fuimos muy afortunados de ser partícipes de dos noches perfectas. Manel Bosch, José Luis “Indio” Díaz, los hermanos Arcega, Paco Zapata, Charly López Rodríguez, Raúl Capablo y Rafael Martínez Sansegundo también se disfrazaron de héroes. Todos ellos al cuidado de Paco Binaburo y bajo las directrices del maestro argentino León Najnudel. Desde entonces no falté a ninguna cita del CAI en ese recinto municipal. Ni las citas musicales de Miles Davis o sir Elton John me sobrecogieron tanto como aquellos épicos partidos que sucedieron al torneo copero. La Recopa o la Korac empezaban a formar parte de la historia de un club con pedigrí.

En esa época, la NBA entró en los hogares españoles con el programa “Cerca de las estrellas”. Ramón Trecet nos introdujo la encarnizada rivalidad entre Lakers y Celtics, el “showtime” de Los Ángeles contra el pragmatismo de las huestes de K.C. Jones, las asistencias imposibles de Magic Johnson, los contraataques de James Worthy, los lanzamientos exteriores de Larry Bird, los vuelos sin motor de Julius Erving, la espectacularidad de Dominique Wilkins, el poderío de las “torres gemelas” de Houston (Olajuwon y Sampson), la facilidad reboteadora de Charles Barkley, la intimidación de Patrick Ewing, el “pick and roll” de John Stockton y Karl Malone… Todos ellos se convirtieron en nuestros ídolos. Desconocía qué era un “draft”. Hasta que el “presi” empezó a reclutar jugadores para su ambicioso equipo. Con el paso del tiempo me doy cuenta de lo privilegiado que fui al disfrutar de jugadores que procedían de esas latitudes. Tipos a los que admiraba por sus ilimitados recursos. ¡El Huevo era mi paraíso! Desfilaron “jugones” de la talla de Kevin Magee, Leon Wood (¡qué calidad!), Pete Myers, Dennis Hopson, Mark Davis, Lemone Lampley, Mel Turpin, José “Piculín” Ortiz, Claude Riley o Eugene McDowell. En definitiva, logré familiarizarme con la NBA. Entonces parecía un sueño inalcanzable.

Pero las competiciones europeas me atraían especialmente. Equipos intimidantes por su historial. El día del partido me resultaba eterno. Solamente pensaba en ir al pabellón para ver a mis ídolos ganar contra “gigantes” del mapa europeo: el Tracer de Milán de McAdoo, Meneghin y D´Antoni, el KK Zadar de Vrankovic, el Zalgiris Kaunas de Sabonis y Kurtinaitis, el Partizan de Belgrado de Divac o el PAOK Salónica de Fasoulas. La élite europea se instaló entre nosotros. A pesar de mi permanente asombro por la trayectoria de estos “cracks”, no suponía ningún impedimento para que en ocasiones el fanatismo hiciera acto de presencia en estos partidos. ¡El Huevo era una olla a presión! Era muy difícil que claudicaran, pero no nos resistíamos.

En los años 90, el panorama deportivo cambió radicalmente. Nuestro pequeño fortín cerró sus puertas al baloncesto. El pabellón Príncipe Felipe, con mayor capacidad de aforo, sería el nuevo lugar de peregrinación. El club agonizaba por sus acuciantes problemas económicos. El “presi” luchó hasta la extenuación para salvarlo. Yo presumía de conocerle por su gran amistad con mis padres y, ante la desesperación por su anunciada desaparición, cogí el teléfono y le pregunté en pleno proceso de ampliación de capital: “¿Qué hay que hacer para que el club no desaparezca?”. Él me contestó con resignación: “La situación es insostenible”. Y, sin pestañear, le espeté lo siguiente: “Quiero contribuir con todos mis ahorros por si existe la posibilidad de una hipotética salvación”. Me replicó con contundencia: “No. Bajo ningún concepto”. Eran 30.000 de las antiguas pesetas a fondo perdido. No soportaba la idea de que hubiera una prolongada ausencia de baloncesto en la ciudad. Incomprensiblemente, las instituciones le dieron la espalda al “presi”. José Luis Rubio no se merecía esta salida.

Nunca he hecho público que en muchas ocasiones me siento en las escaleras de acceso al interior del Huevo pensando que alguna vez me encontraré con algunos de esos jugadores que me hicieron disfrutar del baloncesto en los años 80. Sí, lo reconozco. Soy un soñador. Lo seguiré haciendo. Permitidme soñar aunque suene utópico.

 

Miguel Ángel Tapia

 

*En la foto, Kevin McGee y Jim Allen se fajan con jugadores del Joventut. He tomado la foto de aquí.

http://3.bp.blogspot.com/-CXkks6LGKCY/VAxFcqYveOI/AAAAAAAAKmI/OUbZBZBpc5Q/s1600/KEVIN%2BMAGEE%2B20.jpg

20/08/2015 09:05 Antón Castro Enlace permanente. Deportistas No hay comentarios. Comentar.

LA CODICIA DEL AMOR, UN ARTÍCULO DE GUILLERMO BUSUTIL

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La codicia del amor

Guillermo Busutil* 23.08.2015 | 05:00

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2015/08/23/codicia-amor/790342.html

Hace tiempo que una mujer quiere contarme su historia. Me lo dice siempre los últimos días de agosto, enmarcada en la ventana de la heladería donde atiende los sabores del verano. Tiene los ojos azules, al filo de la nieve en el mar. Son hermosos y frágiles. La vida se vislumbra difícil en su fondo. Entreveo que se han roto en cristales rojos y negros en más de una intimidad. No hay rímel ni delineador en gel que logren hacer máscara alrededor del dolor enquistado en una mirada. Ni siquiera cuando sonríe espanta del todo las sombras que jamás cicatrizan en la memoria que contienen. Nunca la apremio a que me cuente. Siempre le digo que aproveche el invierno para grabarla o escribirla en una libreta. Se llama Nieves, como sus ojos. Ha sacado adelante a sus hijos. Transmite educación, humildad y coraje en su manera de trabajar a diario el ajetreo de la vida. Sé que le gusta leer. Incluso mis libros. Su lectura es la que la empuja a prometerme, de vez en cuando, que me entregará su historia para que yo la cuente. Quizás crea que la literatura es una forma de extirpar lo que un día se le murió tan adentro. Tal vez piense que, de ese modo, pueda liberarla del llanto seco y violado que no cesa desde su infancia. Dos veces en familia, su cuerpo forzado por la violencia de la degradación del deseo. Una fiebre con la que los hombres se vencen en despreciables alimañas. La evidencia de la impostura de su hombría. Hoy se le ha derramado encima. No pudo contenerse al oírme decir, a un amigo de paso, que pensaba escribir sobre las mujeres asesinadas. Que estoy harto del delito moral del machismo y sus verdugos.

Conozco más Nieves. Nadie se imaginaría, ante el éxito de sus profesiones o la dulzura que exhiben en la madura felicidad o en la longeva serenidad de sus rostros, que padecieron la grave falta de autoestima y el temblor atónito del miedo golpeado salvajemente. Que en sus labios sangró el silencio reventado. En algunos casos, sus hijos pequeños se entrometieron contra la mano en cólera de un padre y su innoble cobardía. Por este motivo el Parlamento reconoce, desde el pasado 12 de agosto, como víctimas directas a los hijos de las mujeres víctimas de la violencia de género. A los padres, a los maridos, les da igual. Sucede a diario. «Te prometo que voy a cambiar, te quiero, tú lo sabes». Es la consigna del drama. Palabras envenenadas que cada dos días nos desgarran un crimen de género. Mujeres muertas que nos hacen naufragar a todos los hombres que no hemos sabido salvarlas. No basta en la chaqueta el lazo blanco, creado en 1991 por un grupo de canadienses con el objetivo de acabar con la violencia de los hombres hacia las mujeres. Hace falta mucho más. Ellas no dejan de caer a los pies de nuestra vergüenza colectiva y, por si fuese poco, ahora los asesinos sacrifican a sus propios hijos. El más execrable golpe bajo contra la libertad y el amor de una mujer a la que matar en vida.

La macro encuesta de 2015 presentada por el Gobierno hace unos meses era contundente. La violencia de género aumenta en España. No hay tarjeta roja que la expulse de nuestras vidas. Concluía también que la mayoría de las mujeres no interponen denuncia. Un 44% afirma que no lo hicieron porque «no fue lo suficientemente grave» y un 21% por sentir vergüenza. El 21% de las que sí lo hacen terminan retirándola. Lo más lamentable es que ha disminuido el número de mujeres que consiguen la protección que solicitan en los juzgados o la que garantiza la policía. Se debe a que es el único delito en el que el propio sistema judicial cuestiona a la víctima y de ese modo la revictimiza. No es extraño por tanto que en España, donde uno de cada cinco hombres ejerce algún tipo de violencia contra su pareja, sólo una pequeña parte de estas situaciones se denuncie en los juzgados. La mejor manera de solucionar este despropósito es que la atención a las víctimas no estén vinculadas a la denuncia. Y que la Ley sea más contundente con los maltratadores, y los arrincone o los expulse socialmente.

Es prioritario incidir más, a través de la educación temprana en igualdad y en convivencia, en el rechazo de cualquier tipo de violencia y más aún de la ejercida con la coartada del modelo de masculinidad creado por la sociedad. Los malos tratos exigen revisar erróneos valores patriarcales, saber que los celos son un peligroso okupa del corazón. No hay que olvidar el fenómeno de hipersexualización, auspiciado por la publicidad, el cine y las redes sociales, que hace sentir a las niñas que una parte de su valor tiene que ver con la capacidad de seducción por medio del cuerpo. Estas cuestiones, junto a los gestos de desprecio, las humillaciones, las conductas posesivas y los malos tratos, anunciaron el desenlace de muchos casos de violencia de género. Ellas no reaccionaron por la dependencia económica, por los errores del sistema que debería haberlas protegido. Porque no hay cerca una aldea como Umoja, en el norte de Kenia, fundada en 1990 por 15 mujeres víctimas de abusos sexuales por parte de soldados británicos. La aldea acoge a toda mujer que escape del matrimonio infantil, la mutilación genital femenina, la violencia doméstica o la violación. Sólo los hombres criados allí desde niños tienen derecho a vivir en Umoja.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. No sabía Cesare Pavese que sus versos eran la sangre de la violencia de género. Que a estas horas o más tarde, una novia, una esposa, una hija, una hermana, una madre, morirá de golpe o finalmente del todo. Que sus primeros besos serán cenizas amargas entre los labios. La codicia del amor, tóxico y equivocado, es la raíz de la violencia que decide su muerte.

Contaré un día la historia de Nieves. Y seguiré haciendo lo posible para que el silencio deje de ser el grito de miedo de la mujer que no se atreve a decir NO. Hoy, mañana, siempre. Cada jornada en la que frente a la violencia, yo también soy mujer.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

*la foto es Edouard Boubat.

23/08/2015 20:42 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

20 AÑOS SIN CARLOS LAPETRA

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VERANO 2015. LECTURAS. HERALDO DE ARAGÓN

 

El artista absoluto de la Romareda

 

Se cumplen veinte años de la muerte del mejor futbolista del Real Zaragoza de todos los tiempos: Carlos Lapetra (1938-1995)

 

El fútbol, antes que una identificación, es un juego. A veces hay jugadores que tienen un don: iluminan el estadio con su inteligencia, su fantasía y su clase. Uno de ellos, quizá el mejor zaragocista de todos los tiempos, fue Carlos Lapetra (Zaragoza, 1938-1995): puro ingenio, imaginación, sutileza, magia. Cada jugada al pasar por sus botas ensanchaba sus posibilidades; Lapetra, que enfundaba la camiseta del once, jugaba antes de recibir el balón y jugaba con el balón en el pie. Así lo recuerdan una y otra vez aquellos que vieron y protagonizaron el cuento de ‘Los Magníficos’: Darcy Silveira, ‘Canario’, dice de él que era un genio. Y él creció y se forjó al lado de genios como Pelé, Garrincha, Puskas o Di Stéfano. Y Marcelino, el cabeceador irreductible, señaló en estas mismas páginas: “Esa zurda no era de este mundo”.

Lo era, sin duda, era de este mundo y deslumbraba por doquier: en la Liga española y en Europa. Era una zurda, dicen, que merecía compararse a la del brasileño Mario Lobo Zagallo, a la de Corso, el jugador del Inter que le robó el corazón a la cantante Gigiola Cinquetti, una zurda que anticipó las de Dzajic, Mario ‘Matador’ Kempes y tal vez la del propio Maradona, futbolistas que supieron ser desde el carril izquierdo, o el territorio del diez, auténticos directores de juego. Malabaristas para sí y para los otros.

Carlos Lapetra Coarasa nació accidentalmente en Zaragoza, en 1938, en plena guerra civil. Su padre era agricultor y administrador de fincas, llegó a ser gobernador civil de la capital y tenía un sueño para él: quería que se dedicase a las leyes. Tuvo una infancia feliz y despreocupada. Estudió en San Viátor y luego en el colegio de El Salvador de Zaragoza, donde lo conoció el escritor Javier Fernández de Castro, que suele recordar a “un mozalbete genial en los partidos del recreo: fino, elegante, casi imparable”. Cuando se trasladó a Madrid a estudiar Derecho, fichó por el Guadalajara y jugó allí con su hermano Ricardo, que también iba para figura en la zaga. En la temporada 1959-1960 el Zaragoza lo incorporó a sus filas. Pronto empezaría a lucir.

La Romareda, que se había inaugurado en 1957, descubrió a un futbolista diferente: con un control exquisito, con un regate variado y muy natural, no exactamente veloz pero con gran sentido del ritmo. Poseía plasticidad, virtudes de dirección y sentido de la belleza. Surtió de balones a arietes como Joaquín Murillo, Juan Seminario o el que iba a ser su gran cómplice en el área: el citado Marcelino. En tres semanas de radiante felicidad de junio-julio de 1964 con Luis Belló de míster, el Real Zaragoza de ‘Los Magníficos’ cosecharía dos títulos: la Copa de Ferias y la Copa del Generalísimo, ante el Valencia y ante el Atlético de Madrid. Y no solo eso: Carlos Lapetra era el extremo izquierdo titular de la España que jugó la Eurocopa de 1964 y que se plantó en la final ante la Rusia de Lev Yashine, ‘la araña negra’. Formaba ala con Luis Suárez, el gallego de oro del Inter de Milán. Ambos, técnicamente, eran los fabuladores del balón.

A Lapetra, que participó en trece partidos con la selección, ya lo llamaban “el ingeniero”, “el catedrático”. Era distinto: un jugador moderno que había desplazado levemente su posición, por sugerencia del citado Belló, desde la banda a una zona de organizador y desde allí lanzaba a Canario, a Marcelino, a Reija, a Villa o se internaba él. Si 1964 fue el año de su máximo apogeo, en 1966 el Real Zaragoza conquistó su segunda Copa del Generalísimo ante el Athletic de Iríbar y él participó en el Mundial de Inglaterra-1966.

El equipo estelar del Real Zaragoza, que cosechó elogios y aplausos ininterrumpidos en Inglaterra, se fue desgajando poco a poco. Carlos Lapetra se lesionó en una rodilla ante el Everton y al final, en marzo de 1969, con apenas 30 años, dejó el fútbol. Iba y venía todos los domingos en su Alfa Romeo verde de Huesca y a Zaragoza y viceversa, y ya formaba parte de la leyenda de la ruta.

Se había casado con Clara Lorén en el monasterio de San Juan de la Peña. Años después de la retirada, comentó partidos en Antena 3. Falleció a los 57 años el día de Navidad de 1995, hace dos décadas, tras ver cómo su equipo se coronaba campeón de la Recopa. Zaragocistas de aquí y del mundo lloraron el prematuro adiós de quien había sido el artista absoluto de La Romareda.

 

LA ANÉCDOTA

El pedagogo y zaragocista Víctor Juan recogió en su blog esta anécdota que contó Ricardo Lapetra con motivo del 75 aniversario del Real Zaragoza. Escribe: “Ricardo Lapetra, el hermano de Carlos, dijo que cuando tenían partido en Zaragoza, él y su hermano madrugaban, iban a misa a la catedral y su madre preparaba pronto la comida. Luego recogían a un primo suyo que no se perdía ni un partido y bajaban a Zaragoza en su coche. Casi siempre conducía Carlos. Al llegar a Almudévar se encendían un par de montecristos. Aparcaban el coche junto al campo de fútbol, se cambiaban y jugaban para ser, simplemente, felices”. Desde hoy, el Real Zaragoza busca el camino a Primera y un nuevo Lapetra.

 

*Este aparecía ayer en mi sección de verano en Heraldo de Aragón. 

24/08/2015 10:26 Antón Castro Enlace permanente. Real Zaragoza No hay comentarios. Comentar.

LUIS BERDEJO, PINTOR DE LA MUJER

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VERANO 2015. HERALDO DE ARAGÓN

 

Luis Berdejo, el pintor de la mujer

 

Vida y obra de uno de los grandes artistas figurativos aragoneses del siglo XX

 

Antón CASTRO

Si hay en la pintura aragonesa un artista refinado, elegante, con un personal sentido de la composición, un pintor de la mujer, carne hecha luz y materia, ese bien podría ser Luis Berdejo Elipe (Teruel, 1902-1980), a quien el paso del tiempo parece haberlo olvidado, a pesar de la gran exposición antológica en la Lonja de Zaragoza, en 1994, comisariada por Chus Tudelilla. Hijo de un funcionario de Estado de Calatorao y de una turolense, nació en Teruel, pasó dos años en Murcia y regresó su ciudad. Se dice que llegó a ser alumno, jovencísimo, de apenas diez años, de Salvador Gisbert (1851-1912). Su padre murió joven, con 45 años, y él se trasladó, en 1914, a Madrid con su madre y uno de sus hermanos (eran cinco). Se matriculó en la Escuela Especial de Pintura de San Fernando y allí tuvo de profesores a Muñoz Degráin –autor por cierto de un formidable cuadro de ‘Los amantes de Teruel’-, Moreno Carbonero, Romero de Torres y a Joaquín Sorolla, de quien conservaba maravillosos recuerdos por su sabiduría y su proximidad; le decía que tenía alma de escultor más que de pintor. Esa época fue un período de aprendizaje entusiasta. Algunos años después, entre 1922 y 1925, fue becado por la Diputación de Teruel para estudiar en París, en La Grande Chaumérie y en la Académie Colarossi. A su vuelta, participó en la colectiva de Artistas Ibéricos de Madrid y al año siguiente expuso en el Casino Mercantil, con Santiago Pelegrín, piezas de inspiración neocubista. En su ‘Diccionario de las vanguardias en España, 1907-1936’ (Alianza, 1995) Juan Manuel Bonet lo incluye con una foto de sus primeras obras maestras, ‘Cabaret’ (1927) y recuerda que en ese período “trabajó durante un tiempo en una fábrica de tapices en Alicante”. Su crecimiento era indudable: participó en dos ocasiones en el certamen Carnegie de Pittsburgh y en 1931, pensionado por el Estado, se marchó a la Academia de Bellas Artes de Roma: estuvo cinco años, recorrió diversos países de Europa, estudió la pintura al fresco y, poco a poco, se fue inclinando hacia una obra más clasicista, con vínculos con el Noucentisme y quizá con Ramón Casas, Max Sunyer y Arístides Maillol, aunque con su propia impronta y su vitalidad. De esa época es quizá su mejor obra: ‘Clase de dibujo’ (1936), una auténtica maravilla de color, de composición, de atmósfera y de sofisticación poética, que puede verse en el Museo de Zaragoza. Él, modesto y sereno, contempla la escena: ese cuadro es la exaltación luminosa de la belleza del desnudo.

La Guerra Civil lo cogió en Madrid. Se alistó en el ejército republicano y fue herido en dos ocasiones. En una breve autobiografía, redactada a mano, pareció no darle mucha importancia a esa época. Después de la derrota se instaló en Barcelona, tras casarse el día del Pilar de 1939 con la romana Piera Estevan (hija del pintor aragonés Hermenegildo Estevan) y allí residió hasta 1945. Fue entonces cuando se trasladó a Zaragoza para dar clases de dibujo en la Escuela de Bellas Artes, donde permanecería hasta 1962 (entre sus alumnos, figuraron Pascual Blanco y su gran discípulo Francisco Cestero); también fue nombrado conservador del Museo de Zaragoza y académico de Bellas Artes de San Luis.

Pintó mucho, sobre todo retrato, paisaje urbano y bodegón, y perfeccionó su gran obsesión, el desnudo femenino, que es el tema predilecto de su producción. En la exposición de la colección Eduardo Laborda e Iris Lázaro en el Museo Pablo Gargallo vimos dos piezas suyas, de un clasicismo sosegado, casi sobrio, tamizado por el dominio de la luz, el contrapunto, el sentido del color y esa plasticidad en el uso de los diversos matices del ocre o del verde. En 1951expuso una colección de retratos en el Casino Mercantil y se sumó al homenaje al pintor Francisco Marín Bagüés en 1956.

En Barcelona dio clases en la Escuela de Artes Aplicadas y continuó su labor pictórica. Sin perder su vigor expresivo ni la claridad que modula, realizó una amplia serie de cuadros de contenido social y laboral. Falleció en 1980. Algunos artistas actuales, como Laborda, Salavera, el finado Aransay, entre otros, lo valoraban mucho. Jorge Gay le dedicó el cuadro ‘Paisaje de pintor con desasosiego’ (2010).

 

LA ANÉCDOTA

 

El muralista. Luis Berdejo Elipe perteneció a la primera Generación del Niké, que constaba de 18 artistas, según escribió Francisco V. Montalbán en el diario ‘Amanecer’ el 16 de junio de 1946. Sus grandes amigos eran el pintor Pérez Piqueras, el escultor Félix Burriel, el caricaturista y periodista Marcial Buj ‘Chas’. El artista Manuel Navarro López, ingresó en la Academia de San Luis con un discurso sobre su vida y su pintura. En 1954 se inauguró su gran mural del cine Latino, ‘Apolo y las musas’, una obra impresionante y mitológica que aún puede verse. 

28/08/2015 07:47 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

VIDA SALVAJE DE CLARICE LISPECTOR

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El alma salvaje de Clarice Lispector

 

Siruela le dedica una biblioteca a esta autora del desarraigo más conmovedor, objeto de más de 10.000 tesis doctorales

 

Antón CASTRO

Clarice Lispector (Chichelnik, Ucrania, 1920-Rio de Janeiro, Brasil, 1977) fue siempre una extranjera en la tierra y en su propia alma. Una palabra como desarraigo, tan dolorosa en todos sus extremos, parece haberse inventado para ella. Ese extrañamiento esencial, mezclado desde niña con una invencible sensación de culpa (su madre quedó paralítica tras el parto, al parecer había sido violada, y murió diez años después), no surgió del cambio de residencia inicial ni tampoco de su vida nómada. Nació en Ucrania, en una aldea minúscula, se trasladó muy pronto a Maceió, y luego a Recife, vivían en la calle Aragão, de ahí a Río y pronto inició su nomadismo físico, tras casarse con un compañero de estudios de Derecho, Maury Gurgel Valente, que hará carrera diplomática: vivió en Nápoles, Berna, Tusquay (Inglaterra), Washington y finalmente regresó a Brasil; siempre se sintió brasileña, de lengua portuguesa, que hablaba con una ‘erre’ afrancesada que jamás quiso pulir.

Allá donde estuvo percibió una soledad inexpugnable. Necesitaba a los amigos y a la par se alejaba de ellos; había un momento en que, más allá de sus cartas, se recluía en el abismo de sí misma para explorar su identidad y la de los fantasmas que la habitaban. Las mujeres de sus libros (Joana, Lucrecia, G. H., Macabea), en el fondo, son un poco como ella y son ella: apasionadas, atormentadas, hipersensibles, obsesivas, luchadoras de instantes de felicidad clandestina. Confesó: “Cuando no escribo, estoy muerta”. Y también anunció: “Soy frágil, incierta, incontrolada”.

La escritura fue su gran pasión y su herida. “Muchas veces escribir es recordar lo que nunca existió”, anotó. Sintió la llamada de la literatura desde muy joven. Aprovechaba cualquier oportunidad de visitar una biblioteca ajena. Cada libro era como una revelación. Junto a los grandes maestros de las letras brasileñas –Machado de Asís, Graciliano Ramos, el joven Jorge Amado...-, se impuso el universo de Katherine Mansfield. Y poco después, tras acabar la universidad, se inició en el periodismo, que fue una de las actividades más constantes de su vida: fue columnista, escribió reportajes, hizo entrevistas, habló de moda y de recetas, usó seudónimos e incluso fue la voz interpuesta de la actriz Ilka Soares. Entonces poseía una belleza salvaje: parece que vivió un romance con el poeta Manuel Bandeira y que se sintió atraída por su gran mentor y cómplice: el escritor homosexual Lúcio Cardoso. Poco antes de casarse en 1943, había escrito ‘Cerca del corazón salvaje’, una novela extraña, un monólogo introspectivo de una mujer, Joana, que se suspende en la lengua (o la poderosa creación verbal), la poesía y la identidad, dentro de una atmósfera perturbadora. El libro fue un éxito, cosechó muchos elogios, le detectaron influjos de James Joyce y Virginia Woolf (cosa que no le gustó mucho) y el poeta Lêdo Ivo, publicado en España por Olifante, la saludó como “una deslumbrada aparición”.

Estuvo casada 16 años, se separó en 1959, fue madre de dos hijos, Pedro y Paulo, siguió publicando: libros infantiles, de relatos como ‘Lazos de familia’ y ‘Felicidad clandestina’, novelas como ‘La araña’, ‘La ciudad sitiada’, ‘La manzana en la oscuridad’, ‘La pasión según GH’ (“Yo miré a la cucaracha viva y en ella descubrí la identidad de mi vida más profunda”, escribe), o ‘La hora de la estrella’, el último de sus textos, la historia de Macabea, una mujer primitiva, pobre y feliz.

Clarice Lispector vivió en condiciones económicas duras. Crió a sus dos hijos con la máquina de escribir muy cerca, apenas reescribía, no volvió a tener un compañero estable; pese a ello dijo: “Fui amada por algunos y conozco la pasión”. En 1966 se quedó dormida con el cigarrillo encendido, se incendió el cuarto y el fuego le dejó rastros en el rostro y en la mano derecha. Un cáncer de útero que se extendió por todo el cuerpo puso fin a sus días en 1977. “El clímax de mi vida será la muerte”, había dicho.

 

LA ANÉCDOTA

 

Siruela siempre ha tenido un amor especial para esta autora que indaga el misterio de la existencia. En 2013, Ofelia Grande y su equipo pusieron en marcha la Biblioteca Clarice Lispector, que iniciaron con sus ‘Cuentos reunidos’, fue una espléndida cuentista y su pieza más famosa se titula ‘Amor’ (el relato de una mujer de 45 centímetros), y con ‘La pasión según GH’. Aparecerán 19 volúmenes, entre ellos una selección de su copiosa correspondencia. En español hay dos biografías recomendables: ‘Clarice. Una vida que se cuenta’ de Nádia Battella Gotlib (Adriana Hidalgo, 2007) y ‘Clarice Lispector’ (Omega, 2001) de Laura Freixas. Carla Guelfenbein se inspiró en ella para su novela ‘Contigo en la distancia’ (Premio Alfaguara, 2015). Se dice que le han dedicado más 8.000 tesis doctorales en Brasil y 3.000 en toda Europa.

28/08/2015 14:22 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PASIÓN LITERARIA DE PILAR SINUÉS

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VERANO 2015. LECTURAS. HERALDO DE ARAGÓN

La pasión literaria de María Pilar Sinués

Historia de la escritora aragonesa del siglo XIX que publicó un centenar de títulos y dirigió ‘El Ángel del Hogar’

 

Antón CASTRO

María Pilar Sinués (Zaragoza, 1835-Madrid, 1893) no pasó inadvertida ni en vida ni después de su muerta. Tenía una gran personalidad, firmó alrededor de un centenar de libros de “narrativa, didácticos y prosa periodística”, según definición del profesor Leonardo Romero Tobar, que equiparaba en un artículo el término didáctico a los manuales de autoayuda de hoy, y fue una mujer leída, conocida, de auténtico éxito, que frecuentó tertulias, que colaboró en periódicos y revistas, que escribió de las mujeres célebres de su tiempo y que mantuvo importantes amistades con los escritores románticos y con la novelista Carolina Coronado, a quien dedicó la novela ‘Premio y castigo’.

De ella, en diferentes momentos, han escrito José Luis Calvo Carilla y Rosa María Andrés, Ana María Navales, que le dedicó varios artículos en HERALDO, Íñigo Sánchez o José Luis Melero, que cuenta en ‘Leer para contarlo’ (Xordica, 2015) su historia de amor y su boda con José Marco Sanchís 81830-1895), el escritor y periodista valenciano, que dirigió ‘La España Musical y Literaria’ y que adaptó su novela ‘El sol de invierno’, antes de que se rompiese la relación.

María Pilar Sinués nació en Zaragoza en 1835 y vivió en su ciudad hasta 1856. Estudió en el convento de Santa Rosa, que estaba en las afueras de la ciudad. Era estudiosa y gran lectora. Pronto se destapó como poeta: en ‘El Avisador’ publicó once composiciones y ‘El Esparterista’ cinco, entre ellos un ‘Poema al Invicto Duque de la Victoria’. Romero Tobar dice que eran poemas religiosos, familiares y levemente políticos. En esa época inicial, según ella recordó, sentía un auténtico fervor literario: se levantaba a las tres o cuatro de la mañana y escribía sus primeras ficciones: sus poemas de ‘Las Vigilias’, leyendas como ‘Luz de luna’, novelas como ‘Margarita’ (1857) y ‘Rosa’ (1857), que ya publicaría en Madrid, aunque al parecer eran anteriores a su partida a la capital de España. En algunos aspectos fue una mujer progresista, que sintonizaba con el sexenio revolucionario (1868-1874). Iba mucho más allá de ese título de ‘El Ángel del Hogar’ (1864-1869), la revista para mujeres que dirigió y que estaba dedicada a su educación moral. Leía a los grandes escritores españoles de su tiempo, como Fernán Caballero, Carolina Coronado o Bécquer, tenía sensibilidad para Heine, y conocía los libros de Chateaubriand, Nodier o el primer Balzac.

Uno de los hechos capitales fue su historia de amor con José Marco. José Luis Melero cita el libro ‘Impresiones y recuerdos’ de Julio Nombela. Cuenta que a “la tertulia del Café de los Ángeles de Madrid, a la que acudían entre otros Gustavo Adolfo Bécquer, José Marco, Julio Nombela y Juan Antonio Viedma, éste llevó una tarde un periódico zaragozano en el que se publicaban unos poemas de cierta poetisa desconocida. Los leyó en alta voz y fueron saludados con largos aplausos. Todos quisieron saber el nombre de la autora. Viedma se lo desveló: se llamaba María Pilar Sinués. Nadie había oído hasta entonces ese nombre”. Coincidieron todos en que sólo una hermosa mujer podía escribir así. “Fue entonces cuando decidieron escribirle una carta en verso. José Marco fue quien se decidió a coger la pluma”. Escribió una epístola rimada, donde le decía que la había leído y que se “había enamorado locamente de ella”. Ella respondió que le había pasado lo mismo, y así, sin conocerse, sin haberse tratado, decidieron casarse por poderes. Esa fue la razón de que María Pilar se trasladase a Madrid en 1856. Se dedicarían algunos libros con los nombres de Pepe y María.

Su carrera fue casi meteórica. Publicó libros de todo tipo, Leonardo Romero habla de un “ciclo de novelas aragonesas”, donde aludió a “mi hermoso y risueño Aragón”. Poco a poco se convirtió en una autora respetada, querida, leída, que reeditaba, moralizante, de grandes éxitos. Vendía sus libros un real más barato que los demás, publicaba en todas partes y fue recibida por los Reyes de España. Con el paso de los años, José Marco la abandonó y su fin fue más bien catastrófico. Federico Sáinz de Robles resumió así el fin de María Pilar Sinués: “Ganó mucho dinero, que dilapidó principescamente en caprichos y romantiquerías. Su última novela fue ‘Morir sola’ y sola murió, pobrísimamente, hallándola muerta su sirvienta al volver a casa”. Era un 19 de diciembre de 1893.

LA ANÉCDOTA

Pilar Sinués empleó el seudónimo de ‘Laura’ en ocasiones. Fue objeto de la atención más bien paternalista de Clarín y vio, como pocos, el lugar de la mujer en la creación, en la tertulia, etc. Además de sus novelas, firmó libros como ‘Un libro para las damas’, ‘Un libro para las madres’, ‘Un libro para los jóvenes’. Y en cierto modo, sin aspavientos pero con solidez, anticipó a figuras de la prensa como Josefina Carabias o Carmen de Burgos, ‘Colombine’. 



29/08/2015 07:55 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

El SILBO VULNERADO, HOY EN VERUELA

[Ayer empezó la XIV Festival Internacional Poesía Moncayo, en honor de Teresa de Jesús y de Marcelo Reyes, codirector del certamen y de Olifante en todos estos años con su compañera Trinidad Ruiz-Marcellán. Hoy habrá ponencias desde las once, una mesa redonda a partir de las once y media con Inés Ramón, Marta Domínguez, José Antonio Conde y Amador Palacios, varias sesiones musicales, un recital de poesía mística, donde distintos poetas, periodistas, actores y rapsodas leerán un poema, y se cerrará el día con otro recital a cargo de El Silbo Vulnerado, que explica abajo su director Luis Felipe Alegre. Hoy es un día especial para la poesía en Veruela, de nuevo.] 

EL SILBO VULNERADO: POESÍA MÍSTICA EN VERUELA, MAÑANA SÁBADO
En Veruela, mañana sábado, a las 19.30 presentaremos un breve recital con poemas de Teresa de Cepeda, Juan de Yepes y Luis de León; carmelitas los dos primeros, signados como santos por la Iglesia Católica y más conocidos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Luis de León, uno de los más exquisitos poetas del renacimiento español, fue fraile agustino y se le suele anteponer el apócope “fray”.
Comenzaremos la actuación con los versos que destacan en la escasa producción poética atribuida a Teresa, aquellos que glosan la coplilla “Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero”, ya usada por trovadores como los portugueses Duarte de Brito y Juan Meneses, “el Grande Africano”. También Juan de Yepes compuso otro poema con idéntica estructura partiendo de la misma copla.
De reunir y preparar los escritos de Teresa se ocuparía Luis de León, a quien se sitúa en el territorio, vecino a la mística, de los ascetas. De este admirador de la abulense, se toman tres poemas a los que damos distinto tratamiento. “A la Ascensión” es recitado. Entre las liras de su oda “A Francisco Salinas” se intercala una de las canciones incluidas en ’De Musica libri septem’, el tratado musical dictado por Salinas. “Dictado” decimos, porque el músico había quedado ciego desde niño. Imaginamos a Luis de León en el pasillo de la Universidad salmantina parándose ante el aula vecina de Salinas para escuchar aquellas deliciosas melodías. A la ceguera de Salinas alude la oda: “…que todo lo visible es triste lloro”. Ya con música propia, “A la vida retirada” será representado por el propio fray Luis en su encarnación titiritesca.
“Un pastorcico” , hecho canción por Paco Ibáñez, servirá para recordar al también genial Juan de Yepes. 
En escena estaremos Carmen Orte, Luisfelipe, cantando y recitando. Soledad Jiménez y Karlos Herrero moverán a fray Luis. Y cuatro actrices de la Ribera del Jalón formarán un coro monjil.

El Silbo ha trabajado frecuentemente con la obra de estos autores. Así que tomaremos la música y los elementos escenográficos de nuestro 'Clásicos in versos'. De aquel espectáculo salió el disco (Saga, 1989) de igual título, con canciones y poemas en las voces de Carmen y Luisfelipe.

Y Luis Miguel Bajén se encargó de editar los textos de los poemas en el libro que servía también como guía de la obra.

La edición fue supervisada por Trinidad Ruiz Marcellán. La primera página del libro detalla la ficha técnica del montaje, donde figura como productor ejecutivo Marcelo Reyes, ¡ay!, al que este año en el Festival (que él codirigía con Trinidad) se rendirá homenaje.

*El texto es de Luis Felipe Alegre.  En la foto, lo vemos con la cantante de la compañía Carmen Orte.

29/08/2015 08:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL GRAN DÍA DE MARCELO REYES

EL GRAN DÍA DE MARCELO REYES, PRESENTE Y AUSENTE, EN VERUELA

 


[Si alguien tuviera paciencia para llegar al final, incluyo la elegía de Mohsen Emadi dedicada a Marcelo.]

Fernando Aínsa cuelga en su muro una selección de fotos de la jornada dedicada ayer a la poesía mística y a Marcelo Reyes (1960-2015), que recibió un homenaje impresionante en la iglesia de Santa María de Veruela por la tarde.

Se leyeron muchos poemas, Miguel Mena contó la hermosa historia del futbolín que tenía en casa con el Boca Juniors y el Real Zaragoza, María José Moreno leyó la bellísima elegía de Mohsen Emadi, fue un instante absolutamente mágico y estremecedor, una de las hermanas de Marcelo leyó tres mensajes remitidos por LA familia, Jesús Rubio leyó dos sonetos inéditos de Julio Cortázar, sus alumnos leyeron una carta dirigida al profesor inolvidable, Kike Reyes y otro compañero ejecutaron el 'Canon' de Pachelbel. Luigi Máraez y Alime Hüma cantaron una canción dedicada a él, una canción-retrato (lo hicieron dos veces, con lágrimas en los ojos: por la mañana y por la tarde).

Fue un homenaje entrañable, de veras, sentido, sincero, para el codirector durante trece ediciones del Festival de Poesía de Moncayo... Se mandaron poemas para la ocasión... Se compusieron letras de tango, una de Pepe Alfaro. Chaime Marcuello y compañeros de la Universidad glosaron al compañero. Manuel Forega, fundamental en esta edición de nuevo, le compuso una pieza.

Al final el Silbo Vulnerado -con Carmen Orte y Luis Felipe Alegre en la música y en la poesía- completaron la sesión con Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de León y San Juan de la Cruz, y se mezclaron entre el público acompañados de Carlos Herrero y Sole Giménez y un grupo de actrices-monja. No faltó de casi nada. Marcelo Reyes, el enamorado de la música, el profesor de Economía, el gastrónomo, el aventurero del aire, el corredor de maratón, el amigo de los animales, se hizo presente en fotos, en la memoria colectiva y en el afecto unánime. Fue un día inolvidable para Trinidad Ruiz-Marcellán y su gran familia de poetas, escritores, músicos, editores, amigos y gentes del Moncayo.

Cuelgo aquí, de nuevo, la impresionante elegía dedicada por Mohsen Emadi, publicado por Olifante, que leyó ayer la actriz y rapsoda María José Moreno.
Ya lo he dicho: fue un momento increíble, perfecto: la belleza y el temblor de la poesía se mezcló con una hermosa y serena dicción. La voz perfecta.

 

 

MARCELO. UNA ELEGÍA

[Para Marcelo Reyes, 1960-2015]

1

¿Cómo se puede escribir sin fingir
como un actor que se reúne con su acto, 
como un cuerpo que se reúne con su muerte?

¿Cómo se puede regresar a la misma bodega
en el sótano de tu casa,
entre las botellas de vino y los instrumentos rotos
y hombro a hombro, con otros fantasmas,
sentarnos en el sillón 
y fijar la blanca cortina 
de tus sueños?

¿Cómo se puede escuchar la música de tu rechazo, 
tu rechazo a Buenos Aires, 
cuando, al respirar,
bailas tango con la muerte?

¿Sobre ese hilo de viento
cuando hablas con la ausencia de tu madre
en el otro lado del océano, 
cómo se puede, hombro a hombro, 
con tu miedo 
aliviar mi miedo?

2

Pero las lágrimas han de secarse, 
las flores de la tumba se marchitarán; 
tu bodega se encontrará abandonada 
y tu cortina vacía.

Los perros de la casa 
reconocen siempre tu olor,
pero ya no te esperan
detrás de la puerta.

En este lado del océano está lloviendo 
y Buenos Aires no te recuerda, 
pero yo no puedo 
salir del recuerdo de tus brazos. 
La lluvia aún me moja
pero a ti ya no te mojará.

Te quedas ardiendo 
y tu calor 
es toda la intensidad del exilio 
-el doble tartamudeo de la existencia- 
que tú vives sin cuerpo y sin lenguaje. 
Y aún sin cuerpo y sin lenguaje 
abrázame.

3

El corazón de tu destierro 
late en mi cuerpo.
Tu rechazo es mi rechazo. 
Nadie muere dos veces 
y en todas las fotografías 
un solo pronombre nos mira
-hombro a hombro,
borrachos y riendo.-
Un solo pronombre que recuerda 
el calor de nuestras madres,
un pronombre que canta la nana 
y nosotros, perdidos en la música, 
intercambiamos nuestros corazones. 
Tú eras mi lenguaje, Marcelo,
en las noches largas de alcohol y de recuerdos
cuando la palabra no circulaba en mi boca. 
Traducías los sonetos de las distancias 
con la amargura del mate, hasta la mirada y la sonrisa. 
Mi corazón ya no palpita en tu cuerpo 
y tu corazón me hace volar 
por las alturas del abismo.

4

La roca que quebró tus huesos 
era tu infancia. 
Remontabas cada vez más alto 
para caer más duro. 
En la calles de San Juan
el viento sopla como siempre. 
En los campos de Borja 
ningún vino cambia su sabor. 
El tiempo, en cada uno, 
añade algo a la densidad de la ausencia
y la tierra entonces ya no pesa.

Desde la lejanía del lenguaje 
miro tu bodega. 
Los perros vienen y van, 
tu olor está en todo el espacio, 
en la nariz de la poesía 
que mueve su cola, ladra, 
se levanta a dos pies 
y no te encuentra.

5

Toma tu guitarra en la uña del alcohol,
el alcohol en la copa de la pérdida, 
la pérdida en los pasos de la infancia
y los pasos en la antigüedad del lenguaje. 
Toma tu guitarra, 
con cada melodía tu corazón 
bombea sangre a mis órganos.

Remonto el viento 
para caer con más fuerza 
en tus brazos.

(Traducción de Mohsen Emadi y Arturo Loera. Revisión de Ángel Guinda)

 

*La foto de Marcelo Reyes, de 1990, la tomo de aquí: 

http://2.bp.blogspot.com/-g4xOFqUMx0I/VbfQu-6lbfI/AAAAAAAAE2A/Pp6xe0zAlSU/s1600/Marcelo%2BReyes%252C%2B1990.jpg

 

30/08/2015 20:49 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

VIVIAN MAIER. LA NANNY FOTÓGRAFA

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VERANO 2015. LECTURAS. HERALDO DE ARAGÓN

 

Vivian Maier: la niñera que quiso ser fotógrafa

La increíble historia de esta misteriosa mujer que dejó más de 100.000 negativos de Nueva York y Chicago

 

La vida está llena de enigmas. A veces, según el dictado del azar, surgen pequeños hilillos, imágenes o detalles que conforman un rastro, indican una travesía hacia lo inesperado o el asombro. La realidad es la puerta al misterio más insondable. Y uno de ellos bien podría ser Vivian Maier (Nueva York, 1926-Chicago, 2009), una ‘nanny’ o niñera, de una timidez brutal, que usaba chaquetas y zapatos de hombre, y que iba de aquí para allá con sus niños y con su cámara Rolleiflex. Hacía fotos de casi todo: de mendigos, de borrachos, de gente que pasaba, que va al teatro y, sobre todo, de sí misma. Así, sin que nadie lo supiese, aquella mujer de pelo más bien corto, documentó la existencia cotidiana de Nueva y de Chicago, desde los años 50 hasta principios del siglo XXI. Lo dejaba todo bien anotado: asunto, lugar, etc., llevaba a revelar lo que podía o, sencillamente, guardaba muchos de sus carretes que procedían del extranjero.

Todo empezó en 2007 cuando el joven John Maloof, que estaba preparando un trabajo sobre el Chicago de los 50 y 60, compró en un rastro por 300 dólares un archivo, con positivos y carretes sin revelar, que procedía de un guardamuebles que la familia Ginsberg ya no podía pagar. Se encontró con un curioso material fotográfico (algunos hablan de 30.000 fotos); no le servía del todo para sus proyectos, y decidió rentabilizarlo. Intentó venderlo por internet y además hizo algunas copias. Poco a poco, se olvidó un poco del asunto. Al cabo de algún tiempo, el historiador de la fotografía John Sakula contactó con él, le dijo que era una colección formidable, que la fotógrafa poseía un talento formidable, y que se la compraba.

En ese instante, Maloof decidió seguir el rastro de la misteriosa fotógrafa que tenía parentesco estético con Cartier-Besson, Helen Levitt, Izis o Robert Doisneau, entre otros: preguntó, adquirió una Rolleiflex como la suya, buscó y dio con una de las familias cuyos niños había cuidado, los Gensburgs, durante 17 años, tras pedir un cuarto propio con llave. Había más fotos y recortes y algunos objetos, que adquirió. Incluso llegó a saber cómo había vivido los últimos años: estuvo algún tiempo en la calle hasta que se enteraron los jóvenes, que le alquilaron. Murió pobre; en 2008 sufrió un accidente en la nieve, fue ingresada en un hospital de Oak Park y allí murió en abril de 2009. John Maloof llegó hasta ella dos días tarde.

Tras tantas pesquisas logró recomponer su biografía: supo que Vivian Maier había nacido en Nueva York en 1926. Su padre Charles Maier era austriaco y no tardó en abandonar a su madre, la francesa Marie Jaussaud. Esta se trasladó a su país y se instaló en los Alpes franceses en compañía de una fotógrafa surrealista: Jeanne J. Bernard. Ese hecho ha alimentado la conjetura más que probable de que fuera ella quien le contagiase su pasión por la fotografía.

En 1951 Vivian Maier se marchó a Nueva York, donde vivió hasta 1956, año en el que se desplazó a Chicago. Era socialista, feminista, le gustaba redactar críticas de cine y le apasionaba el inglés. Se sabe que le gustaban muchos los libros de arte y que era lectora y coleccionista de esquelas de los periódicos. De una de esas esquelas, relativas al asesinato de una madre y su hijo, grabó una película en super-8 donde recomponía minuciosamente su biografía a través de los lugares en los que habían estado. Consta que hizo un viaje en 1959 por distintos países como Egipto, Tailandia, Vietnam, Indonesia, Italia... Con un sentido poético y plástico admirable, tiró más de 100.000 fotografías y casi todo se quedó oculto hasta que John Maloof tuvo ese prodigioso golpe de suerte que ya ha hecho correr ríos de tinta. En 2013, Maloof, con Charlie Siskel, produjo y dirigió una película que fue candidata al Oscar: ‘Finding Vivian Maier’ (Buscando a Vivian Maier). No ganó, pero la extraña niñera ya se había convertido en una estrella.

 

LA ANÉCDOTA

Vivian Maier ya no es una desconocida. Su historia ha sido contada incluso en los telediarios. Sus fotos siguen causando admiración y perplejidad y han sido publicadas en varios libros. Era una auténtica cazadora de luz y de contrastes en plena calle. Una mujer que mira de otro modo, con sensibilidad, con un gran sentido de la composición. Quizá lo que más llama la atención de ella son sus autorretratos. Es una maestra de lo que ahora se llaman selfi: se apoya en espejos, en escaparates, en cristales. En 2013 expusieron su obra en Valladolid y en el otoño su archivo visitará Madrid.

 

 

*Este texto corresponde a mi serie diaria de julio y agosto, que concluye hoy con un perfil de Oliver Sacks.

 

31/08/2015 08:50 Antón Castro Enlace permanente. Fotógrafos No hay comentarios. Comentar.

VICKY MÉNDIZ DISFRUTARÁ DE LA BECA DE LA CASA DE VELÁZQUEZ

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VICKY MÉNDIZ RECIBE LA BECA DE LA CASA DE VELÁZQUEZ

 

La DPZ concede la beca de Artes Plásticas y Visuales Casa Velázquez 2015-2016 a la artista Vicky Méndiz por su proyecto 'Extraños en el Paraíso'.

El proyecto de Vicky Méndiz tiene como finalidad investigar la relación entre el viaje y el arte, y la experiencia de la belleza. En él, la historia, la ficción y el documental dialogan a través de la realización de series de imágenes fotográficas, vídeos y una instalación sonora.

En este proyecto Vicky continúa y crea lazos de unión con su proyecto 'Le Syndrome de Paris', que inició el año pasado durante su estancia en dicha ciudad a través de la beca de Fotografía del Ministerio de Cultura.

Vicky Méndez ha expuesto en los últimos años en Japón, Francia, Portugal y España. Actualmente puede verse en la fachada media de ETOPIA una pieza que ha adaptado para la misma.

En octubre expondrá su último trabajo en la exposición “El bosque interior" en la Sala Juana Francés. Y en el Museo de Zaragoza podrá verse su trabajo 'Honne/Tatemae' desarrollado en Japón que se materializó en un libro con el mismo nombre.

 

*Notas facilitadas por la propia fotógrafa.

 

EN LA MUERTE DE OLIVER SACKS

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VERANO. 2015. HERALDO. MI RETRATO DE OLIVER SACKS

 

-Murió Oliver Sacks, el explorador de los misterios de la mente y el alma

-El cáncer puso fin a la vida del neurólogo, escritor y especialista en anomalías y desórdenes psicológicos.


Oliver Sacks (Londres, 1933-Nueva York, 2015), el científico de letras, moría ayer en su casa de Nueva York. En dos impresionantes cartas, anunció y explicó que le quedaban pocos días porque un melanoma en un ojo, del que perdió la vista, se había extendido por el hígado. Con un invencible espíritu optimista decía que “no puedo fingir que tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado”. Repetía lo que tantas veces ha dicho, en sus libros y en sus artículos: “mi primera deuda es con mis pacientes”. 
Oliver Sacks era todo un personaje que había dedicado su existencia a estudiar las complejas relaciones entre el cerebro y el alma y a buscar razones para vivir a pesar de cualquier inclemencia o insuficiencia del cuerpo: el autismo, la ceguera, la cojera, la alucinación. Si se permite aquí la aparente frivolidad: era el envés metodológico de Javier Tomeo: un estudioso de las anomalías y de las enfermedades. Se obstinó en decir, y en intentar probar, que “los diferentes eran iguales que los demás”, y lo hacía siguiendo la tradición del siglo XIX a través del estudio y del análisis y recuento de las anécdotas clínicas.  
Su vida no fue fácil. Hijo de médicos, en su infancia sufrió los bombardeos alemanes; fue evacuado con uno de sus hermanos a Midlands y estarían internos en un colegio donde conocerían otras formas de horror: una pobre alimentación a base de nabos y remolacha y el comportamiento sádico de uno de sus profesores. Regresó a Londres, avanzó en sus estudios e ingresó en el Queen College de Oxford en 1951. Se licenció en psicología y biología, y más tarde también lo haría en letras y medicina. Cuando le confió a su madre su condición de homosexual recibió una respuesta desabrida, brutal; algunos dicen que de ella, de tanta intolerancia en su propia familia, derivó su esfuerzo constante por entender al otro, por asimilar sus sentimientos, sus rarezas, la fragilidad humana.
Algunos años después se trasladó a Canadá y de ahí a Nueva York, donde ejerció, entre 1966 y 1991, de neurólogo consultor en varios asilos de ancianos y en el Centro Psiquiátrico del Bronx, se vinculó a la Universidad de Nueva York y a la de Columbia y fue, entre otros cargos y empeños, profesor de neurología en el Colegio de Medicina Albert Einstein, entre 1966 y 2007. Su objetivo han sido los desórdenes neurológicos: el viaje al fondo de los misterios de la mente. Y eso le llevó a indagar en la memoria y los recuerdos inventados, en el sexo, el amor y el deseo sexual, en la locura, en los trastornos del sueño, en el parkinson...
Siempre fue un ciudadano especial. Tímido, padecía prosopagnosia (incapacidad de reconocer los rostros), formó parte de los motoristas de Los Ángeles del Infierno, nadaba un kilómetro y medio al día y fue practicante de halterofilia y de alpinismo: uno de sus libros más conocidos, ‘Con una sola pierna’ (1984), nació de un accidente en 1974 en la alta montaña en soledad: estuvo a punto de perder una pierna.
Inició su carrera científico-literaria en 1970 con la publicación de ‘Migraña’. Conviene recordar que casi toda su obra ha sido publicada en España por Anagrama en su Colección Argumentos. En 1973 apareció ‘Despertares’, sobre la encafilitis letárgica, que inspiraría un documental y una película, de título homónimo de Penny Marshall en 1990, con Robin Williams y Robert de Niro. Luego publicaría ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’ (1985), ‘Veo una voz. Viaje Al mundo de los sordos’ (1989), ‘Un antropólogo en Marte’ (1995), la narración del artista autista, ‘Musicofilia. Relatos de la música o el cerebro’ (2007), donde decía “somos una especie tan lingüística como musical”, un tratado sobre la música de las emociones y el pensamiento, o, entre otros títulos, ‘Alucinaciones’ (2012), que nació de su experiencias con las drogas y de sus constantes indagaciones. Poco antes del adiós, entregó sus memorias: ‘On the move’. Fue el penúltimo detalle de “un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura”. También elogió a los jóvenes: “Tengo la sensación de que el futuro está en buenas manos”. 

 

LA ANÉCDOTA
A un sector de la comunidad científica, un personaje como Oliver Sacks, la incomodaba. Fue objeto de insultos, caricaturas, menosprecio e incluso esa versión pasó al cine en ‘The Royal Tenenbaums’, con Bill Murray como protagonista. Posee la facilidad de contar: es divertido, entretenido, didáctico, con muchos recursos; un científico rival dijo: “es mucho mejor escritor que clínico”. Su libro ‘Una mujer que confundió a su mujer con un sombrero’, basada en casos reales, inspiró una ópera de Michael Nyman en 1986. Como detalle curioso: recibía 10.000 cartas al año, contestaba a los niños menores de 10 años, a los mayores de 90 y los que estaban en prisión.


*Oliver Sacks, en una foto de Efe. 

**Este texto es mi despedida de los artículos de verano de 2015. Todos los días desde el 19 de julio ha publicado un perfil, un retrato, una noticia sobre diversos temas aragoneses, nacionales e internacionales: desde Joselito en cómic, Pier Paolo Pasolini, Egon Schiele, Van Gogh, Ricardo Lapetra, Ingrid Bergman, Edith Piaf, Billie Holiday, Clarice Lispector, Walter Benjamin, Felipe Abás Aranda, Carmen Martín Gaite, Vivian Maier, Luis Berdejo, Alfonso Buñuel, Federico Comps, María Pilar Burges, María Pilar Sinués, Javier Moracho, Julieta Always, etc.

31/08/2015 22:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

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