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SERGIO VILA-SANJUÁN: S. PÁNIKER, EL CONCILIADOR DE PEDRALBES

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Este perfil de Salvador Pániker realizado con motivo de su fallecimiento apareció en la edición en papel de La Vanguardia el día 2 de abril, y ha sido reelaborado y ampliado para el blog de Antón Castro.

  

SALVADOR PÁNIKER, EL CONCILIADOR DE PEDRALBES

 

Sergio VILA-SANJUÁN*

 

 

Barcelona no será la misma sin Salvador Pániker, fallecido la noche del 31 de marzo “tranquilo, en su casa y sin sufrimiento”, según informó su hijo Agustín .

El filósofo del encuentro entre Oriente y Occidente, el gran entrevistador de los años sesenta, el activista por el derecho a una muerte digna, el cerebro de editorial Kairós, fue también un personaje mundano, seductor y coqueto, amante de las conversaciones inteligentes, de las reuniones sofisticadas y el contacto con el saber y el poder. Hombre de muchas facetas, una de ellas ha sido elevar el nivel de la discusión intelectual española ayudándole a incorporar la complejidad ideológica del mundo posterior al mayo del 68, y su pluralismo espiritual.

Nacido en 1927, su padre era un industrial indio que se había instalado en España en 1916, y su madre pertenecía a la burguesía catalana. En su educación pesó el cristianismo progresista materno y la influencia del hermano mayor, Raimundo, uno de los primeros intelectuales del Opus Dei. Pániker pertenecía a la brillante generación de los cincuenta, la de Barral y Gil de Biedma, a los que ha sobrevivido casi treinta años. También la de los cineastas Jaime Camino y Pere Portabella, o el filósofo Manuel Sacristán.

 

Entrevistador y editor de la contracultura

 

Su formación tuvo un carácter muy plural y pronto se hizo camino en el mundo de los negocios, asegurándose una posición acomodada. Casado con la futura escritora y dibujante Nuria Pompeia, con quien tuvo cinco hijos, en 1965 funda editorial Kairós, desde la que lanzó en España los principales textos de la contracultura estadounidense (Theodore Roszack, Alan Watts, Abraham Maslow), y posteriormente a los teóricos de la escuela de Palo Alto, del pensamiento transpersonal, del mindfulness…

En 1966, en la contraportada de su primer libro importante, Conversaciones en Cataluña, Pániker se definía con las siguientes palabras: “Licenciado en filosofía, ingeniero industrial, promotor de empresas, músico y escritor; mide un metro sesenta y ocho, pesa 75 kilos y tiene la presión sanguínea baja” (una reconocida hipocondría le acompañó siempre). “Salud, trabajo intelectual, mundo afectivo: todo eso en un saco revuelto, motivos permanentes de mi vida”, escribiría en sus diarios de la época.

Conversaciones en Cataluña recogía 25 entrevistas con personajes como Josep Pla, Salvador Espriu, Adolfo Marsillach, Pedro Duran Farrell o el alcalde Porcioles: figuras del franquismo, figuras con futuro y figuras de la contestación más o menos tolerada del momento. Fue un best seller, “le livre dont on parle le plus a Barcelone”, según Le Figaro. Le siguió, intensificando el tono político, Conversaciones en Madrid (1969), por el que desfilaban ministros como Fraga o López Rodó y opositores como Tamames o Tierno Galván; también escritores como Cela o Buero Vallejo. Ambos, libros indispensables para entender la fase final del franquismo.

 

Aproximación al origen”, obra clave

 

Convertido en una estrella del mundo cultural y social, Pániker colaboró regularmente en La Vanguardia (de la que recibió el premio de periodismo Godó Lallana) y se integró en la escena de la entonces boyante gauche divine. Ello no le impide consagrarse a sistematizar una visión del mundo en la que se integran sus inquietudes e influencias. En 1982 publica su ensayo clave, Aproximación al origen, donde se propone romper con la supuesta antagonía entre la espiritualidad oriental y el mundo desarrollado y técnico de Occidente. Para Pániker no hay conflicto: uno puede aprovechar las aportaciones del taoísmo, el budismo o el zen, y al mismo tiempo servirse de los puntos de vista de la entonces naciente informática, la cibernética o la teoría de los sistemas. Y como telón de fondo, la atención permanente a los teóricos contraculturales y a su evolución.

Claves del pensamiento panikeriano: asumir la complejidad, apuntar simultáneamente al origen y hacia el futuro, ser más primitivos y también más refinados. Desconfiar de las ideologías y de los dogmas, de la división izquierdas/derechas; buscar en lo supuestamente sencillo el mayor grado de elaboración; sumergirnos en lo interdisciplinario y pensar la diferencia. Las tesis de este volumen las completaría en sus Ensayos retroprogresivos, donde abunda en conceptos como el paradigma ecológico y también el holográfico: cada individuo es la totalidad de las cosas, cada parte contiene el todo.

Coqueteó con la política y fue diputado en la lista de UCD en 1977, hasta que renunció para ceder su escaño al diputado gitano Juan de Dios Ramírez Heredia. Comprometido con la lucha por la eutanasia, presidió la Asociación Derecho a Morir Dignamente.

 

Los diarios y el reencuentro con Raimon

 

Tras publicar dos volúmenes de memorias (Primer testamento y Segunda memoria), en la última etapa de su vida Salvador Pániker se lanza con espíritu juvenil a una singular aventura creativa. Ya cumplidos los setenta comienza a publicar unos dietarios reelaborados, en los que combina reflexión íntima, vida social, retratos de sus amigos, historias sentimentales (se había separado tiempo atrás de Nuria Pompeia) y, por supuesto, una sucesión de pensamientos en la clave “retroprogresiva”. A Cuaderno amarillo, y Variaciones 96 sigue Diario de otoño, mucho más grave y marcado por la enfermedad y muerte de su hija Mónica. En 2015 publicó Diario de un anciano averiado, y hace algunos meses me confesó que estaba acabando una nueva entrega. Estos libros de su última etapa le aseguran por sí solos un lugar de honor en la literatura española contemporánea.

Le traté con cierta regularidad, lo entrevisté con motivo de sus libros y se prestó amablemente a presentar uno mío. A fines de los años 90 pensé que sería buena idea propiciar una reunión de Salvador con su hermano Raimundo, que en su madurez había dejado el Opus para desarrollar una brillante carrera, como teólogo del encuentro entre hinduísmo y cristianismo, en las universidades americanas. También se había catalanizado el nombre e indianizado el apellido. Las relaciones entre ellos no eran buenas y llevaban varios años sin verse.

Me costó varios meses de complicadas gestiones, pero finalmente ambos accedieron a encontrarse y protagonizar un debate sobre sus respectivas ideas. Tenía que ser en algún lugar a medio camino entre sus domicilios, ya que ninguno quería desplazarse al del otro. Y así acabamos quedando en un no-lugar, un funcional hotel de cadena en Vic, relativamente equidistante entre el chalet de Salvador en el barrio barcelonés de Pedralbes y el nido de águilas de su hermano Raimon Panikkar en Tavertet. El hermano mayor apareció con su habitual túnica de santón oriental y el más joven, con una de las bufandas con que atemperaba sus reiteradas afonías.

¿De qué hablaron? De la conciliación entre Oriente y Occidente, a través de una perspectiva que no fuera monocultural; de la crisis del capitalismo, evidente y definitiva para Raimon, matizable y hasta superable para Salvador; de los valores universales y de los que no pueden serlo; de las Iglesias -Raimon seguía siendo sacerdote, aunque sin duda muy a su manera, entre otras cosas porque se había casado-; Salvador abogaba por una "religión a la carta"… Intentaron honestamente, creo, entenderse aquella mañana y también se lanzaron más de una pulla: Salvador reprochó a Raimon su "postura demagógica" en la denuncia de la ciencia, y Raimon a Salvador su "fe supersticiosa" en ella… Hubo una conclusión: "Raimundo y yo somos homo religiosus,cada cual a su manera" (Salvador dixit).

El encuentro transcurrió con fluidez y aparente cariño; el extracto de la conversación, ilustrado con magníficas fotos de Pedro Madueño, apareció en el suplemento Libros de La Vanguardia del 28 de abril del 2000. Tras transcribirla me reafirmé en que, como ocurre con los Mann o los Machado, el pensamiento de los Pániker es en cierta forma complementario, y desde luego más comprensible cuando se aborda en clave de familia.

 

Un señor de Barcelona

 

Salvador fue también un “señor de Barcelona”. Este concepto lo acuñó Josep Pla a propósito del industrial Rafael Puget y sirvió para definir una tipología de caballeros burgueses de antes de la guerra, arraigados a la ciudad, con historia y con eso que se suele llamar “clase”. Salvador Pániker y algunos otros miembros de esa generación de la que ha sido un gran superviviente, le dieron una nueva formulación. Pániker supo conectarla con las grandes corrientes intelectuales de su época, le añadió ciudadanía del mundo, trascendencia espiritual y sensualismo; incrementó notablemente su sentido del humor y, un poquito, su coquetería.

Con todo esto Pániker ha sido un gran señor de la Barcelona renovada y postmoderna, en la era anterior y posterior a los Juegos Olímpicos; alguien que ha sabido utilizar a fondo su capacidad económica en favor de la cultura y elevar, con mucha elegancia, el tono ciudadano. Barcelona, lo decía al principio, no será la misma sin el filósofo de Pedralbes.

Salvador, ha sido un privilegio conocerte, leerte, reír contigo y reflexionar sobre tus ideas, a veces tan provocativas, siempre iluminadoras. Que el gran Cosmos te sea leve.

 

*Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) es escritor y periodista. Teórico del periodismo cultural y director de ’Culturas’ de ’La Vanguardia’, acaba de publicar ’El informe Casabona’ en Destino, un gran homenaje a la cultura, al periodismo, a la Barcelona desde la Guerra Civil a nuestros días y a esos mecenas entusiastas, de perfil complejo.

 

04/04/2017 13:56 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON AGUSTÍN SÁNCHEZ vIDAL

[Esta entrevista con Agustín Sánchez Vidal se publicó en 2010. Entonces iniciaba su jubilación y su dedicación absoluta a la escritura. Experto en Luis Buñuel, Lorca y Dalí, y en la figura de Miguel Hernández, entre otros asuntos, aquí hablaba de su vida, de su formación, de sus inquietudes. Agustín acaba de ser galardonado con el Premio de las Letras Aragonesas-2016. La foto es de Esther Casas, que trabajó muchos años en 'Heraldo']

"La sociedad no respeta ni mima

ni admira a los profesores"

"En Internet hay que exigir las mismas responsabilidades que en la vida civil"

"Cuantas más historias te cuentan más quieres que te sigan contando"

"Mi próxima novela, 'Esclava de nadie', aborda la naturaleza profunda del sexo"

El catedrático de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza, estudioso de Buñuel, Dalí y Miguel Hernández, deja la docencia a los 61 años para dedicarse a la narrativa

 

Podríamos decir que he impartido clases de literatura española y contemporánea durante 20 años y de cine otros 20 años. En realidad, han sido 38 años de dedicación exclusiva. No he tenido nunca descarga docente. Eso quiere decir que he dado todas las clases que me correspondían, aunque a veces he concentrado toda la docencia en un cuatrimestre. Hubo algunos años en que daba las dos cosas", confiesa Agustín Sánchez Vidal (Cilleros de la Bastida, Salamanca, 1948), catedrático de Historia del cine, que acaba de jubilarse a los 61 años.

¿Cuál es el balance de sus años en literatura en la universidad?

La asignatura tiene algo muy positivo: te obliga a leerte prácticamente toda la literatura española de una forma sistemática. Eso ha sido muy bueno como profesor y como escritor porque así conoces la tradición del idioma, ese sustrato, esa especie de humus. Ahora cuando escribo de una época concreta, sé cómo se hablaba, cómo se ha escrito, cómo se pensaba.

¿Cómo vivía la literatura en clase, cómo la enseñaba?

Lo que más di era literatura contemporánea. Y me encontraba con la mentalidad muy abierta de los alumnos. Recuerdo que terminé la carrera en septiembre de 1971 y empecé a dar clases como 'penene' en octubre. Tenía 23 años, pero parecía más joven de la edad que tenía. Iba a dar clases en el Aula Magna de Filosofía y Letras, me tocaba explicar las jarchas, y recuerdo que estaban los alumnos esperando. Entré en el aula y nadie entró detrás porque nadie se imaginó que yo fuera el profesor. Salí y dije: "Soy el profesor". Me contestaron: "Anda ya", ja, ja, ja. He estado aprendiendo siempre. En una conferencia que di en Burgos sobre Dalí, al final vinieron tres alumnos y me dijeron que de lo que se acordaban de mis clases era de las historias que les contaba. Me hizo muy feliz oír algo que me parece de lo más bonito de mi oficio.

¿Y en el cine le ha pasado igual?

Más todavía, porque yo ya era consciente de esto. El cine tiene una enorme ventaja respecto a la literatura. La atención, el interés, todo eso te venía dado. No necesitabas rodaje específico, por decirlo así. Cuesta mucho más leer 'La Regenta' de Clarín, que es una novela extraordinaria, que ver los capítulos de Méndez Leite o la versión de Gonzalo Suárez. Por otra parte, cuando dicen que los alumnos no están bien formados, que tienen una formación muy deficiente, yo no estoy en absoluto de acuerdo…

¿No es así, entonces?

Vamos a ver. Es cierto que tienen una redacción deficiente, que tienen problemas de comprensión de lectura, pero a mí lo que me deslumbraba en clase eran las destrezas que tenían en la lectura audiovisual. Eso era impresionante.

Pero, Agustín, ¿eso no es un mito, una vuelta de calcetín o el elogio fácil al alumnado?

Le aseguro que no. En absoluto. Piense que he tenido clases en las que ha habido 300 alumnos. ¡Cuántos cines quisieran tener 300 espectadores, y más de las películas que veíamos allí! Y ahí ves las reacciones, los sentimientos, los comentarios, el calado del cine. Le pongo un ejemplo: hubo claramente una 'Generación Tarantino', criada a los pechos del realizador, que tiene una actitud distinta ante la violencia, por ejemplo. Incluso en películas donde la violencia no estaba ironizada ni en definitiva era de risa, se reían mucho. Estos jóvenes reaccionaban así, estaban crecidos, tenían conciencia de ser un grupo especial. Y ahí tenías que demostrar un tipo de destrezas narrativas…

O sea que usted es optimista sobre los alumnos.

Absolutamente. ¡Por Dios! Tampoco se trata de remitir todas las responsabilidades al maestro armero, decir que lo que falla es el sistema. En España la educación ha tenido un deterioro creciente y sistemático y es evidente que en la educación no es el lugar donde están ahora no solo los intereses de los gobernantes sino de la sociedad. La sociedad hoy no respeta, ni mucho menos admira, ni mima, a los profesionales de la enseñanza. Es una profesión con muchas deserciones, sobre todo en las enseñanzas medias. La enseñanza supone un desgaste tremendo pura y simplemente para hacerte oír, para que haya un clima de convivencia mínimo, es verdad, pero hay que tener en cuenta los cambios sociales que se han producido, y que los alumnos hoy tienen la posibilidad de obtener unas informaciones que antes eran imposibles, costosísimas de lograr, están al alcance de la yema de los dedos. Mis apuntes están colgados en Internet…

Hay gente que no quiere hacer eso…

Da lo mismo. Aunque ellos no quieran, los van a colgar los alumnos. Internet es un invento extraordinario. Va a ser un modelo de reescritura de todo nuestro modelo civilizador. Eso está claro. Lo único que hay que hacer es poner orden. Lo que no puede ser es que sea como el salvaje oeste.

¿Qué quiere decir poner orden?

Poner orden es que en Internet a la gente se le exijan las mismas responsabilidades que en la vida civil. Poner orden no es lo que hace China o lo que hacen determinados países que censuran todos los contenidos que les estorban. En el mundo virtual lo que no puede ser es que es la gente, amparándose en el anonimato, diga las barbaridades que dice en los comentarios de los artículos de los periódicos, por ejemplo. Que firme con los nombres y apellidos como lo hace quien firma el artículo. Creo que no hay que ir mucho más lejos.

A usted le apasionan las ciencias y las nuevas tecnologías. ¿Qué le ha dado Internet?

Todo. Para mí lo que no aparece en Internet es que no existe. O casi no existe. Durante dos años hice una columna en el portal Terra y recibía comentarios de los países más lejanos del mundo. Hoy ya no podemos estar fuera de Internet.

Cerremos el capítulo de la enseñanza. ¿Qué ha sido lo mejor?

Lo más importante es que tenías que conectar con una nueva generación todos los días, y hacerlo en serio. Eso te obliga a un esfuerzo de estar al día, no solo a la hora de elaborar la información, sino de sensibilidad, de tener las antenas puestas. Eso es impagable. En estos 40 años, solo un alumno pidió la revisión de un examen.

¿Por qué lo deja siendo tan joven?

Porque suscribo el espíritu de esta nueva normativa, que tiene dos preámbulos muy claros: uno, el rejuvenecimiento de plantilla, y creo que es un buen momento con los cambios que va a haber en el modelo universidad. Me puedo ir porque llevo más de 35 años y tengo más de 60. El otro preámbulo es que le ahorramos dinero a la Universidad, gracias a que nos hemos ido unos cuantos, nos hemos ido 40 de los 200 que estábamos en condiciones de hacerlo. Los que no se han ido no es por una razón de dinero. Te compensan para que lo hagas. También es verdad que yo quiero hacer otras cosas. Soy de una generación en la que hemos sido muy estrictos y hemos tenido mucho sentido de lo público. Me voy tranquilo: me sustituye una persona absolutamente solvente como Amparo Martínez Herranz.

Se va a dedicar a la narrativa, supongo...

Por supuesto. Pero la escritura no es algo unilateral. Pide respuesta del público. A mí lo que me gusta es contar historias. A mí siempre me ha preocupado el tema: "¿Para qué sirven las historia, por qué los humanos necesitamos que nos cuenten historias, por qué es una especie de hambre o sed nunca saciada?" Cuantas más historias te cuentan, más quieres que te sigan contando.

¿Cuál es su respuesta?

Creo que la respuesta es uno de los núcleos de 'Nudo de sangre' (Premio Primavera, 2008). Yo creo en las historias tramadas. Nosotros vivimos en un mundo físico que compartimos con las otras especies, y en un mundo virtual, un mundo simbólico al que solo tenemos acceso nosotros, y está hecho gracias a que por las historias tenemos capacidad a plantear alternativas a lo que nos viene dado. Yo creo que la capacidad de evolución y la libertad de elegir varias opciones se debe a la capacidad de imaginar lo que no existe y que bien podría existir. Creo que la necesidad de tener historias es ordenar esta realidad en bruto mediante una retícula o una trama, y luego el poder plantear alternativas a las vidas que vivimos.

¿Ese es el tema de la aventura de 'Nudo de sangre'?

Son las dos cuestiones básicas. Me parece muy notable que existiese una sociedad así, con su proceso de simbolización. Además se dio la revolución de las cuerdas, que no se considera tan importante como las pinturas rupestres, el fuego, la rueda. Y lo es. De ahí procede todo el sistema de tramas. De repente hay una civilización importantísima que puede hacer lo que nosotros hacemos con la escritura con las cuerdas. Y en el fondo ese tipo de tramas es lo que estamos haciendo en Internet.

Ha publicado dos novelas de largo aliento: 'La llave maestra' (Suma de Letras) y la la citada 'Nudo de sangre' (Espasa Calpe) y ha valorado mucho el encuentro con los lectores. ¿Por qué?

Con 'La llave maestra', traducida a doce lenguas, me salió una obra demasiado ambiciosa sobre los sueños, la criptografía, el origen del universo y de la conciencia, etc. El encuentro con los lectores fue, y es, una experiencia interesantísima. Con 'Nudo de sangre', un día estabas en Málaga, otro Gijón, al siguiente en Castellón, Vigo o en Bilbao. Pedí que me llevasen al Club de Lectura de La Almunia. Es un grupo fantástico. Ahí me ocurrió una cosa preciosa. Durante la presentación, entraron diez o doce indios del altiplano del Perú, y se sentaron al fondo de la sala. Me empezó a dar un poco de apuro. Al final desaparecieron, habría querido hablar con ellos. La concejala me dijo con misterio: "Vamos a tomarnos algo aquí a la Casa de la Cultura". Entro y estaba toda la colonia de peruanos de La Almunia, y seis estaban vestidos con el traje típico e iban a tocar la 'Danza de las tijeras' a modo de homenaje. Yo pensé que se dedicaban a la recogida de frutas; en La Almunia qué vas a pensar. Pregunté. Y yo, que había hablado tanto de tramas, de tender redes, de cuerdas y todo eso y de sus antepasados incas, descubrí que se dedicaban al tendido digital telefónico… Increíble, ¿no?

Hablemos de su próxima novela.

'Esclava de nadie' saldrá a finales de febrero. Es una historia del tiempo de Felipe II, entre 1545 y 1578, la etapa de las guerra de las Alpujarras contra los moriscos, y narra la historia de un personaje hermafrodita. Le ocurre algo extraordinario: se casa como mujer, tiene un hijo, y luego se casa como hombre, y está tres años de soldado en las Alpujarras, y es cirujano. Es una novela sobre el sexo, sobre la naturaleza profunda del sexo.

 

Hernández, Serrat, el hijo de la luz y la sombra

Agustín Sánchez Vidal es uno de los grandes especialistas de la obra de Luis Buñuel, Salvador Dalí y Miguel Hernández, de quien en 2010 se celebra el centenario de su nacimiento. A los tres los ha editado. ¿Qué, y cómo, debemos celebrar en un centenario de un escritor o de un intelectual? Dice: "Aquello que el protagonista tiene de específico e irrepetible, aquello que o se busca en él o no se encontrará en otros. Esas deberían ser sus bases, los cimientos, lo permanente. Y, a partir de ahí, establecer los elementos de actualización. Cada generación debería hacer sus lecturas y revisiones de lo consagrado por otras, ver en qué medida se han producido mermas patrimoniales o han dejado de interesar determinados aspectos, mientras que otros resultan vigentes o pueden cobrar una perspectiva renovada y pasar a primer plano desde las actuales coordenadas". En el caso de Miguel Hernández, "siguen muy vigentes su preocupación por el hambre, la explotación infantil que se ha agravado más que lo que él denunciaba con 'El niño yuntero', y otros asuntos como el compromiso político: él fue comunista pero no fue un estalinista como Alberti o Neruda, y estuvo en las trincheras. La vinculación más clara de Miguel Hernández con Aragón es que abandonó la batalla de Teruel para ir a ver a su primer hijo, el que se murió. Creo recordar que llevaba en un paquete los primeros ejemplares de 'Viento del pueblo". El proyecto que más le ilusiona a Agustín es el álbum de Serrat 'Hijo de la luz y de la sombra', en el que ha colaborado mucho e incluso ha dirigido un corto sobre el poema 'Las abarcas desiertas', igual que han hecho cineastas como David Trueba, Garci, Coixet...

 

10/04/2017 11:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CORTÁZAR Y RULFO, EN CÓMIC

 

 

El mundo onírico y creativo de Cortázar

 y Rulfo es trasladado a la novela gráfica

 

Jesús Marchamalo y Marc Torices retratan al autor argentino; Pantoja y Camargo, al mexicano

 

Dos de los más grandes escritores del ‘Boom’ latinoamericano en los años 50 y 60 son el argentino Julio Cortázar (1914-1984) y el mexicano Juan Rulfo (1917-1986), del que se cumple ahora un siglo. Los dos vivieron 69 años, fueron huérfanos de padre (a Cortázar, en realidad lo abandonó el suyo; el de Rulfo fue asesinado a balazos) y firmaron una obra maestra que les ha hecho autores de culto: ‘Rayuela’ (1963), Cortázar; ‘Pedro Páramo’ (1955), Rulfo. Ambos realizaron distintos empleos hasta alcanzar la gloria. Cortázar no dejó de escribir hasta el fin de sus días y Rulfo se envolvió en una nube de silencio y de misterio, y abandonó la escritura. Otro rasgo común: a los dos les encantaban la fotografía. Rulfo es uno de los grandes artistas de América; a veces sus fotos parecen el documento geográfico y onírico de Comala o de los cuentos de ‘El llano en llamas’ (1953).

Nórdica publica ahora el cómic ‘Cortázar’, del escritor Jesús Marchamalo y del dibujante Marc Torices, y la editorial Rey Naranjo ofrece en España ‘Rulfo. Una vida gráfica’ de Óscar Pantoja con dibujos de Felipe Camargo. El escritor, experto en series y guionista de cómic Jorge Carrión, que estuvo el jueves en la librería Antígona, dijo que era «la mejor biografía en viñetas que he leído, aunque tal vez sería mejor decir “interpretación biográfica”, porque la vida de Juan Rulfo es sometida a una lógica narrativa espectral y metafórica, sin las servidumbres que imponen las cronologías ».

Habrá que ver qué opina Carrión de la de Cortázar porque es igualmente fascinante: todas las páginas son distintas. Es un cómic literario y parece hilvanado como montó Cortázar su libro ‘Rayuela’. Aunque tiene un discurso más o menos cronológico, también aborda al personaje según diversos temas: la historia de su familia, sus viajes (a España, a París, a Italia, a Cuba, a Nicaragua…), la pasión por el boxeo (Torices recrea el combate de Jack Dempsey y Luis Firpo) y por el libro ‘Opio’ de Jean Cocteau, sus años de maestro, el amor por el jazz y los gatos, cómo nacieron algunos libros, o sus amores: su primera esposa Aurora Bernárdez, la convivencia con Ugné Kurvelis, la historia de la Maga o el encuentro final con la joven Carol Dunlop, enferma como él y viajeros del libro ‘Los autonautas de la cosmopista’.

La famosa conversación en el programa ‘A fondo’ de Joaquín Soler Serrano, en TVE, hace de hilo conductor, aunque la propuesta es tan libre que tiene secuencias deslumbrantes cómo cuando se queda solo en el entreacto del teatro y se le viene a la cabeza la palabra ‘cronopios’, que daría lugar a uno de sus libros más conocidos: ‘Historias de cronopios y famas’. Si el texto de Jesús Marchamalo, que ha sido depurado poéticamente, es espléndido, divertido e inspirado, no lo es menos el trabajo del joven Torices: imaginativo, variado, con gran sentido de las atmósferas, del color y con muchos registros narrativos y visuales. Y posee un gran dominio de la iconografía cortazariana.

‘Rulfo. Una vida gráfica’ se inicia con una cita que produce escalofrío. “De los seis a los doce años solo vi muertos en mi casa. Asesinaron a mi padre, a los hermanos de mi padre, a mis abuelos: era una casa enlutada”. Óscar Pantoja, como si manejase la estructura abierta de ‘Pedro Páramo’, crea su propio discurso, aunque se sigue bien la vida del escritor. Felipe Camargo, en un bitono próximo al blanco y negro, desarrolla su vida con secuencias de espejismo y el impacto del desierto, de la violencia y de la crisis de creación. Pantoja y Camargo ahondan en la impotencia y la frustración del escritor y su descenso a los infiernos del alcoholismo (bebía mezcal con absoluta desesperación), que superó con un tratamiento de choque en los años 60 tras ser internado en un centro de rehabilitación.

También hay espacios para la luz: su amor por la joven Aurora, que sería la Susana San Juan de ‘Pedro Páramo’, y años después surgió la relación con su futura esposa, Clara, madre de sus cuatro hijos y destinataria de una intensa correspondencia, donde “le expresaba su amor, sus miedos, sus inseguridades, sus angustias, su admiración infinita por ella”. Dentro de esa estructura tan abierta, el cómic concluye en 1955, cuando Juan Rulfo acaba su original de 127 páginas de ‘Pedro Páramo’, que redactó en un cuaderno. A partir de entonces, la tierra soñada de Comala ya “vivía por sí sola”.

 

PIES DE FOTOS

Los espectros de un autor. Juan Rulfo fue un escritor inseguro y frágil. No soportaba las malas críticas, y sus libros fueron objeto de debate nacional. A pesar de que grandes escritores lo elogiaron sin tapujo alguno (entre ellos el mismo Cortázar, Onetti o García Márquez), sus detractores lo destrozaban en las tertulias. Quizá de ahí derive su pavor, algo que Pantoja y Camargo explican bien. Rulfo era un autor poblado de los fantasmas de sus libros y había vivido la violencia ambiental en sus carnes.

 

El cuentista de 1.93. Julio Cortázar fue novelista, poeta, ensayista, creador de textos híbridos, pero ante todo fue un cuentista prodigioso. Aquí se recuerda cómo Jorge Luis Borges le publicó, fascinado, ‘Casa tomada’, un relato deslumbrante, la historia turbadora de “un matrimonio entre hermanos”.

 

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13/04/2017 10:02 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

MARTÍNEZ DE PISÓN, UN DIÁLOGO

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Ignacio Martínez de Pisón acaba de publicar su novela 'Derecho natural' (Seix Barral). Aquí explica las claves del libro. En 2015 ganó el Premio Nacional de Narrativa con 'La buena reputación'. El libro se presentó el pasado viernes en la librería Los Portadores de Sueños.

-¿Cómo nació esta novela? ¿Por qué apareció el doble de Demis Roussos? ¿Qué pasó y cuándo te diste cuenta de que ahí, en ese doble, había otra novela familiar?

Las historias de familia son mi debilidad. Si además el padre es un tarambana, disfruto más con la historia. Que luego el personaje acabara ganándose la vida haciendo de doble de Demis Roussos fue casi casualidad. En realidad, quería contar cómo vivían los actores de cine B español de los años sesenta. De hecho, mucho antes de convertirse en el doble de Demis Roussos, el personaje había trabajado en un montón de películas malas: spaghetti westerns españoles, películas de hombres lobo de Paul Naschy... Su momento de gloria le llega cuando le contratan para hacer un pequeño papel en Las petroleras, una película con Claudia Cardinale y Brigitte Bardot que se rodó parcialmente en la provincia de Burgos.

-¿Pensaste en algún momento que Derecho natural era un puente con Carreteras secundarias?

Lo normal es que mis libros compartan cierto aire de familia. Lo raro sería que no se parecieran en absoluto. El padre de Carreteras secundarias tenía unos aires de grandeza que le emparentan con el de esta novela, un hombre que tiene un elevado concepto de sí mismo y que cree que en cualquier momento le llegará el golpe de suerte que le hará justicia.

-¿Y con El tiempo de las mujeres, tal vez?

En El tiempo de las mujeres tenía una relevancia especial el golpe de estado del 23-F. En ésta también aparece, aunque de forma más secundaria. Pero, aparte de lo circunstancial, hay parecidos más profundos. La familia de El tiempo de las mujeres tiene que reorganizarse tras la muerte del cabeza de familia; la de Derecho natural tiene que adaptarse a una realidad marcada por las reiteradas fugas del padre. En ambos casos es la ausencia del padre la que pone en marcha el motor de la narración.

-Vayamos primero con el narrador. ¿Has tenido claro siempre que iba a ser una novela contada en primera persona? Una primera persona que evoluciona pero que casi se convierte en una suerte de tercera...

Quería escribir una autobiografía fingida. La novela es el mejor género para hablar de las otras vidas, las vidas que pudimos vivir y no vivimos. En Derecho natural he reconstruido la vida de alguien que podría ser yo si mis padres y hermanos no fueran los míos sino los del narrador. En ese sentido, la novela es inagotable como género, porque nos permite vivir multitud de vidas distintas de la que nos ha tocado vivir.

-Como otros de tus héroes o jóvenes, tiene la sensación de orfandad. En la página 32 dices: “Mi padre era un vacío. Mi padre era el vacío que había dejado en nuestras vidas”. ¿Es ese el tema esencial del libro, la orfandad, o también has querido hacer una novela de formación? Lo digo porque es muy importante cómo el joven descubre la literatura o el amor...

Es sin duda una novela de formación. Pero el narrador no tiene nadie cerca de quien aprender. Más bien se impone a sí mismo el criterio de no hacer nada de lo que hicieron sus padres, evitar cometer los mismos errores. Desde ese punto de vista, es peor que un huérfano, porque un huérfano carece de la referencia paterna, pero él lo que tiene es una referencia paterna negativa.

-Quizá sea esta, de tus familias, las más peculiares. Él, Ángel Ortega, va de escapada en escapada… ¿Es el pícaro perfecto, el mentiroso, el fugitivo de sí mismo y de su familia?

Cuando alguien huye constantemente de los suyos, es que en el fondo no está satisfecho con su propia vida, consigo mismo. Uno de los grandes temas de la literatura realista es el de la búsqueda de la felicidad. Hasta el siglo XIX ese tema no existía como tal. A partir de Emma Bovary o Anna Karenina son muchos los personajes que deciden perseguir su felicidad personal, al precio que sea. En realidad, el padre de mi novela es una Madame Bovary pero al revés, y la novela, que tiene mucho de humorística, funciona como una parodia de ciertas novelas de la mejor tradición realista.

-A la vez es un personaje muy del cine español y de los tebeos: cutre, soñador, con amistades importantes, capaz de meterse en proyectos… ¿Pensaste en alguien, ha sido fácil hacer verosímil un tipo así? ¿Sería también un alter ego de Paul Naschy? Lo digo porque él se hace pasar por Ray Ronson...

Leí algunos libros de memorias de gente que trabajó en esas películas de serie B. Era todo de lo más zarrapastroso, y eso me atraía. En aquellos años, debido al complejo de inferioridad propio de la España franquista, se hacían muchas películas con actores de nombre extranjero. Algunos eran actores de tercera fila nacidos vete a saber dónde. Otros, como el propio Paul Naschy, que en realidad se llamaba Jacinto Molina, utilizaban esos nombres artísticos para dar un aire más cosmopolita a sus producciones. Con mi personaje, que en un momento dado decide llamarse Ray Ronson, ocurre algo parecido.

-¿Qué le aporta ser amigo de Fernando Rabal, Fernando Sancho (que parece uno de tus guiños zaragozanos) o de Emma Cohen en aquella España y en su propia familia?

A diferencia de otras novelas mías, ésta no está ambientada en Zaragoza, pero es verdad que hay algunos guiños aragoneses: Fernando Sancho, la novia monegrina del narrador, los autobuses que salían hacia Zaragoza desde la barcelonesa plaza Universidad... La amistad con esos actores reales, con los que alguien como él pudo perfectamente trabajar en alguna película, le permite sentirse parte de la industria cinematográfica, un miembro más de la gran familia del cine español. Sólo que apenas le llegaban ofertas de trabajo y las que le llegaban eran bastante lamentables...

-¿En qué medida has querido hacer, a fuerza de pequeños detalles de música, cine y sociología, una pequeña crónica cultural española? Se nota que has estudiado muchos detalles, hasta los nombres de las lavadoras, de los coches...

Nada más lejos de mi intención que explotar la nostalgia, hacer algo parecido a Yo fui a EGB. Pero la realidad era la que era: los coches eran de unos modelos determinados, los niños jugaban al Scalextric... Para mí ese aspecto es secundario. Digamos que forma parte de la escenografía y no afecta al núcleo de la historia. Pero es verdad que esa historia no pudo suceder más que en esa etapa determinada de la historia de España, cuando la democracia estaba a medio hacer y, por ejemplo, se había aprobado la Constitución pero aún no existía una ley de divorcio...

-¿Cuándo te diste cuenta de que el humor iba ser importante? ¿Cómo lo administras? Aquí hay muchos detalles: la historia de Paloma y Cristina, la peseta que se caga años después en el orinal...

Las primeras páginas de una novela suelen marcar el tono de lo que luego acabará siendo el libro. Y las primeras páginas de ésta son eminentemente humorísticas: un actor malo que al engordar se acaba pareciendo a Demis Roussos, una familia que vive a merced de las sinvergonzonerías del cabeza de familia... Con un comienzo así, la novela tenía que tener grandes dosis de humor.

-Háblame de la madre… ¿Como tiene tanta paciencia, tanto aguante, cómo se deja hacer hijos con esa facilidad?

Recuerda cómo era la España de entonces. Durante el franquismo, la mujer era algo así como una eterna menor de edad, que necesitaba el permiso del marido para cualquier gestión. Con la democracia todo empezó a cambiar, pero muchas mujeres seguían teniendo interiorizado cuál era su condición y se debatían entre las ataduras del pasado y el nuevo papel que empezaba a ofrecerles la sociedad.

-¿Ha sido España, o el franquismo, un periodo de impostores y caraduras?

La mayoría de la gente, sin ser entusiasta del régimen, se había acomodado a él. La oposición al franquismo era débil y minoritaria. Que, a los pocos meses de la muerte de Franco, España se hubiera quedado casi sin franquistas tiene que ver con la reconstrucción que cada cierto tiempo se hace del pasado. La Transición tuvo algo de barra libre, en la que cualquiera podía impugnar su propio pasado, reinventarse, empezar a ser quien quería ser a partir de entonces.

-Me encanta el personaje de Manolo. Hay una frase suya, impresionante y a la vez de realismo mágico. Se pierde y dice, cuando lo encuentran: “Sólo quería ver dónde está la gente cuando se pierde”. ¿Cómo ves a este personaje? ¿Qué papel juega? Tiene algo de perversidad constante…

Frente al narrador, que intenta siempre ponerse del lado de las soluciones, a Manolo le ha tocado estar del lado de los problemas. Junto a una de sus hermanas, es el que más sufre las consecuencias de la irresponsabilidad paterna.

-¿Qué te apetece defender de la Transición, qué hay que reivindicar?

Escribo novelas sobre la Transición porque fue mi época, la época en la que fui joven. Pero también creo que el origen de muchas de las cosas, buenas y malas, del presente hay que buscarlo en esos años. No soy un defensor a ultranza de la Transición pero tendremos que reconocer a sus protagonistas el mérito de intentar diseñar la convivencia de los españoles sin recurrir al garrotazo. Cuando me preguntan sobre la Transición suelo recordar una frase de mi amigo Miguel Aguilar que me parece muy sensata: “Admiramos a nuestros abuelos, que trataron de solucionar sus problemas a tiros, y nos avergonzamos de nuestros padres, que intentaron solucionarlos dialogando.” Creo que, por muchas cosas que se hicieran mal en la Transición, sale bastante favorecida en la comparación con otros momentos convulsos de la historia de España.

-Me ha parecido que este libro, frente a La buena reputación, te ha salido no más ligero, sino más ameno, rápido, con muchas incidencias, más divertido. ¿Es este el libro de la felicidad del escritor?

Por lo menos disfruté mucho escribiéndolo, y eso por fuerza tiene que notarse.

 

13/04/2017 11:20 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

'EL OJO DE LA CERRADURA', UN CUENTO DE ISABEL SEVILLA

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"No existen más que dos reglas para escribir: Tener algo que contar y decirlo".  Oscar Wilde
 
Isabel Sevilla en su pequeño libro de relatos nos cuenta esas cosas de la vida que a la mayoría nos pasan desapercibidas, aquí tenéis un breve relato de su libro, sobre un tema muy actual: El maltrato. La foto es de Sonia Sieff: Natalie Portman.
 
EL OJO DE LA CERRADURA
Por Isabel SEVILLA
Soy el ojo de la cerradura de una puerta,que para cualquiera es un objeto útil y nada más, pero están equivocados, yo escucho y sobre todo veo... En la casa que me "ha tocado estar” veo muchas cosas y no todas buenas, escucho gritos, lloros, reproches, amenazas y me duele. Si pudiera elegir hubiera querido “vivir” en una puerta de entrada a una casa donde reinaran las risas, la educación, los niños, sobre todo ellos, dan tanta alegría. Yo sé que otros compañeros míos, llevan una vida más ajetreada que la mía, los niños entran y sacan sin parar las llaves a través de nosotros, cuando llegan del cole, van a jugar, salen a divertirse, vienen a verlos amigos, familia, y cada vez, entran y salen las llaves de ese hogar por el ojo de la cerradura. Tengo miedo por ella, la mujer que vive en casa, la que tan apenas usa la llave, muchos días, demasiados los pasa en casa, yo la veo...de la cama, al sofá, habla por teléfono, casi siempre miente, le dice a alguien al otro lado de la línea: estoy bien, muy bien, él es bueno conmigo. Miente, yo sé que miente, él no es nada de lo que ella dice. Por las mañana cuando él mete la llave en mi cerradura y cierra la puerta, sé que ella respira profundamente y piensa: se ha ido, voy a estar unas horas “tranquila”, no me gritará, no me reprochará, puedo hacer lo que quiera, oír música, leer, pero mejor no salgo de casa, si salgo y él se entera, se enfadará mucho más. Y ella y yo sabemos que cuando se enfada grita y mucho; a ella le duelen sus palabras y a mi me duele lo que le dice y como se lo dice.
Un día sé que ella, la mujer que vive en la casa que yo “guardo”, se llenará de valor y se irá, dejará la llave que entra en mi ojo, en el mueble que esta al lado de la puerta, sí, ese con figuras de cristal y velas de olor, esas velas que cuando él se va, ella enciende y se llena toda la casa de olor y el fuego de las llamas de las velas juegan con las sombras del piso, y que yo veo, huelo y me gusta, y me gusta más porque se que a ella le gusta.

Me quedaré con un hombre solo que tan apenas me usará y siempre lo hará con brusquedad, cuando se va de casa y pega un portazo que hace que me duelan todos los tornillos que me sujetan y cuando vuelva a casa, a esa casa que estará vacía, no tendrá calor ni olor de hogar, algo que ella siempre a querido tener y que él no ha sabido ni sentir ni conservar.

Pero estaré feliz por ella, porque quiero pensar que habrá encontrado otro ojo de cerradura en una puerta, que al abrirse entrará a un remanso de paz y amor, ella volverá a sonreír y sobre todo, algo muy importante, dejará de sentir miedo cuando oiga la llave atravesando la cerradura.
*Texto de Isabel Sevilla. 
  

CHESÚS YUSTE HABLA DE SU NOVELA 'ASESINATO EN EL CONGRESO'

 

Chesús Yuste acaba de publicar en Xordica su novela ’Asesinato en el Congreso’. Explica aquí algunas de sus claves. La foto es de Heraldo.

¿Cuál sería el balance general de su estancia en el Congreso de los Diputados?

-Para mi fue la experiencia más importante que he tenido en mi vida. Es un lugar donde se toman decisiones y fue un momento histórico decisivo en el que ya la crisis económica social lo que hace es agotar el sistema político de la transición, no.

-¿Eso piensa?

-Sí, claro. Lo que está por ver es si al final los partidos mayoritarios son capaces de regenerar el sistema y que siga funcionando otres 30 o 40 años, o si la gente acaba votando a los que propugnan un sistema nuevo. Esas dos opciones están encima de la mesa; los partidos mayoritarios ya se han dado cuenta de que si no se regeneran y no regeneral el sistema la ciudadanía lo va a resetear.

¿Como escritor que se aprende ahí?

El Parlamento es una fuenta inagotable de inspiración, primero porque estás en contacto con los plrobelams de la gente, el trabajo es recorrer el territorio, hablar con la gente, ver sus prolbemas y trasladarlos al congreso, para exigir a los ministros que den soluciones. Ves los problemas de la gente en primea fila. Y estando allí ves realidades que no te gustan. En un escenario con mayuoría absoluta además, en un escenario donde es difícil alcanzar acuerdos, se produce una frustración. El trabajo y el desvelo no se traduce en nada concreto. Y yo aún recuerdo que hubo algunas inicioativas que hice en que se aprobara una Ley Universal de Librerías, que ahora se está cumplinedo en parte.

¿Cuándo decidió escribir ‘Asesinato en el Congreso’?

Cuando fui a Madrid ya llevaba idea de escribir algo. Yo me decía, pensando en José Antonio Labordeta, que no iba a escribir mis ‘Memorias de un beduino’, pero sí una novela policiaca.. Y he ido recopilando datos, pensando en tramas y hasta que no acabé no quise sentarme a escribir… He invertido alrededor de un año y medio de redacción.

 -¿Qué quería decir: es la novela una impugnación general del país?

-En cierto modo. Yo quería hacer una radiografía del país y de la sociedad de nuestro tiempo, siguiendo el modelo de Manuel vázquez Montalbán y de Pietros Markaris. Aquí se habla del desahucio, de la crisis de la banca, del terrorismo, del rodeo al Congreso, el 15-M; y al otro lado está la vida de la gente. De alumna manera ene sta novela -más allá de que los protagonistas pueden ser Nora Murúa y Bruno Mairal, y el comisario Robles-, me da la sensación de que también son protagonistas toda la gente que aparece y que está plantando cara a lo que está pasado. Gente que pelea frente a una etapa de involución.l

 -¿Por qué le ha cambiado el nombre a Mariano Rajoy por Manolo Rajón?

Aunque algunos nombres se acercan, ese leve cambio me permiten crear ficción, fabular, imaginar. Los personajes, sean reconocibles o no, son de ficción. ese leve cambio me permiten crear ficción, fabular, imaginar. Esta es una novela. 

-Hablemos de los personajes: Nora y Bruno. ¿Cómo son la diputada Nora Murúa y el periodista Bruno Mairal, qué buscan?

Lo que quería era plantear una conexión intergeneracional. A veces hablamos de la vieja o nueva política y resulta que no tiene nada que ver con la edad, sino de la actitud. Nora es una chica que nace tras el 11-M, que se gana una proyección por su calidad intelectual y su oratoria y por su trabajo político y parlamentario, y por otro lado Bruno es un peridoista que ha tenido el olfiado de ver que el menudo que venía había cambiado las reglas del juego y ese escenario le lleva a él a estar en un momento de máxima conexión con lo más joven.

 -¿Cuál es la relación entre política y periodismo?

Para mí ha sido estupenda, llena de complicidad. Los periodista son fundamentales. Ellos cuentan lo que hacemos y decimos. Si no lo hacen somos invisibles. Pero además aquí son decisivos, igual que el comisario Robles, en la investigación del asesinato del diputado del PP, Palacios. 

¿A quién se parecería Palacios? ¿Por qué ha sentido la tentación de presentarlo como un fauno que todo lo consigue por sus habilidades sexuales?

-Es ficción pero hay personajes que están basados en políticos existentes y que podrían tener esa peculiaridad. Me he inspirado en la ‘Trilogía de la crisis’ de Petros Markaris, también me gusta mucho Andrea Camilleri. Sí es cierto que el personaje tiene una vida sexual disipada, que se siente muy sexy y fomenta ahí su se de poder. En cualquier caso, el sexo da mucho juego literariamente.

 -¿Qué importa más en política el poder, el dinero o el amor y el sexo?

La gente es impredecible. El motor de la historia seguramente será la lucha por el poder, pero eso no pasa solo por tener más o menos dinero, éxito profesional, ascendencia sobre los demás, sino que también entran juego decisiones personales vinculadas al amor y al sexo. Y quizá algo de eso sucede en el libro.

 

15/04/2017 21:38 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

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