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LA VISIÓN DEL CÓMIC DE JUAN ROYO

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/10/02/juan-royo-resume-vision-personal-del-comic-espanol-1269554-1361024.html

 

Juan Royo Abenia, economista, especialista en cómic y coleccionista, expone una selección de originales de tebeos en la Casa de los Morlanes. Piezas fechadas entre los años 50 y 2018. Detrás de cada una de ellas hay una historia.

03/10/2018 09:20 Antón Castro Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HA MUERTO MONTSERRAT CABALLÉ. UN DIÁLOGO EXTENSO

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En 2009 conversé, con un equipo de 'Borradores' durante 45 minutos con Montserrat Caballé. Estuvo amable, simpática, reidora. La soprano, esposa del tenor de Villarroya de la Sierra (Zaragoza) Bernabé Martí, acaba de fallecer a los 85 años. La foto es del diario 'El Mundo' y la realizó José Cuéllar. La he tomado de internet.

 

UN DIÁLOGO CON MONTSERRAT CABALLÉ

 

La historia musical de Montserrat Caballé empieza con su abuela, abandonada en un hospicio. Allí, las monjas le enseñaron francés, música y a tocar el piano. Ella enseñaría a su hija a tocar ese instrumento. Y ésta, a su vez, a partir de los ocho años, le enseñaría piano y solfeo a su hija Montserrat. “Me hizo entrar en el Conservatorio del Liceo de Barcelona –evoca-. Con doce años, el profesor de solfeo le dijo a mi madre: ‘Esta chica tiene que estudiar voz”. Montserrat Caballé se inclinaba por el piano y el violín. De cuando en cuando escuchaba cantar a las voces más jóvenes y se emocionaba. A los quince o dieciséis años ya le gustaba la ópera y albergaba un sueño inicial: pensó que podía hacer del canto una profesión para “ayudar a la familia porque éramos muy pobres”.

¿Recuerda el día que fue a ver y a oír a al Liceo a Kirsten Flagstad?

¡Cómo no! Los jóvenes que estudiábamos en el Conservatorio del Liceo teníamos la posibilidad de unos “pases de favor” para acceder al quinto piso y poder escuchar los cantantes que había en el teatro. Yo recuerdo que Kirsten Flagstad cantó en el Liceo. A mí me impresionó porque es la voz más grande que he escuchado a lo largo de toda mi carrera. Era una columna de voz de abajo arriba: era impresionante, una voz muy bonita, muy wagneriana.

-¿Quién más le iluminó el camino del canto?

-En el conservatorio tuve una profesora, Eugenia Kemeny, que era húngara y se había casado con un español. Me enseñó la técnica de la respiración y del canto. Aparte de ser atleta y de haber ganado medallas de carreras de fondo en su país por la gran respiración que poseía, era una cantante wagneriana; había cantado “La Valquiria”, “Tristán e Isolde”, etc.

-¿Le debe a ella la atracción que siempre ha tenido por Wagner?

        Me enseñó a amar a Wagner, es cierto, tal vez porque ella lo amaba mucho. Aunque yo no lo he cantado excesivamente, sí lo he cantado en todas partes del mundo. Al principio de mi carrera fui una mozartiana y una cantante de lieder, porque también tuve de profesora a una cantante de Cataluña, Conchita Badía, alumna de Granados y Falla,  que era espléndida para el líeder español y conocía los secretos de estos maestros que habían sido los suyos. Lógicamente, me enseñó mucho el lieder. Ella amaba también a Richard Strauss y Mozart. Bajo el influjo de las dos, Kemeny y Badía, me dirigí más hacia un repertorio germano. Empecé Fue años más tarde cuando empecé a cantar Puccini, Verdi, Bellini.

-O sea que tardó en optar por el bel canto…

Empecé como principiante en la Ópera de Basilea con ‘Salomé’, hace cincuenta y tres años, y después ya empecé a cantar otros compositores, pero el bel canto, por lo que dicen que soy famosa, no lo empecé hasta el año 64 o 65.  Pensaba que no sabría hacerlo. Las cantantes de bel canto a mí me parecían inalcanzables en aquella época. Estaban, justo cuando empezaba, las grandes lumbreras: María Callas, Renata Tebaldi, Renata Scotto, Marilyn Horne... Entonces también empezaba Mirella Freni, y me decía: “Tienes que cantar bel canto. Posees la voz adecuada”. Yo le decía: “Mirella, esto no lo sé hacer”. Ella añadía: “Si es lo mismo: es cantar bien”. Primero me especialicé en todo el repertorio alemán y más tarde entré en el verismo y en el romántico, que cuentan con compositores (Puccini, Verdi, Bellini, Donizetti…) que enamoran a la gente cuando los cantantes funcionan.

Se cumplen ahora 50 años de su debú en la Ópera de Viena.

       Es cierto Hace cincuenta años que debuté en la ópera de Viena con el ‘Don Giovanni’ de Mozart, la temporada 59-60. Después canté ‘Salomé’, canté ‘La Traviatta’, cnté ‘Pagliacci’ en la Ópera de  Viena…

Luego cantó una ópera como ‘Madame Butterfly’, vinculada al amor y a la leyenda de un beso. ¿Qué pasó?

        Esa sí que es una obra romántica. Además, en ella conocí a Bernabé Martí, mi esposo. Coincidimos primero en La Coruña y después en Barcelona, el ocho de diciembre de 1963. Me enamoré perdidamente de él; él dice que también de mí y yo creo que menos, pero, bueno, como dicen vulgarmente lo cacé. Me parecía un hombre tímido y lo comenté en el teatro, con el peluquero y con otros, y se ve que se lo dijeron. En la siguiente función me dio un beso al final del primer acto, un beso de verdad, y me dijo tonta. Esto fue el ocho de diciembre, nos separamos –en enero y febrero nos vimos muy poco- y el 24 de febrero vino a verme a Marsella, donde yo cantaba, desde París, donde cantaba él, y me pidió en matrimonio.

¿No fue todo deprisa deprisa?

El 28 de febrero nos prometimos, con el anillo que me pudo ofrecer en aquel momento, que lo he llevado siempre desde entonces, y nos casamos el 14 de agosto. Fue bastante rápido. Yo creo que nuestro matrimonio, que ya lleva 45 años, está muy consolidado por dos cosas: primero porque nos queremos mucho y después porque me ha dado toda la felicidad que un hombre puede dar a una mujer, creo, como esposa, como madre, como compañera... Ha sido mi columna y yo he procurado ser la suya. Tuvimos la inmensa suerte de tener dos hijos. Primero un chico y después una chica. A mí me habían diagnosticado imposibilidad de tener hijos porque decían que tenía matriz infantil y, como dice mi marido, “mira, tu matriz es infantil pero funciona muy bien, mira los niños qué guapos han salido”. Después ya no pude tener más. Hay que reconocer que el primero lo perdí en Buenos Aires. Quedé embarazada y fui a Buenos Aires.  Estábamos juntos, hacíamos la Manon Lescaut y en plena función en el Colón de Buenos Aires, sufrí unos dolores y el médico me hizo interrumpir la obra. Luego hice una doble sesión y me fui primero al hospital y después al hotel. Perdí el bebé que esperaba, estaba de dos meses y pico. Los médicos dijeron que ya nunca más…

Veo que no les hizo caso.

Me dijeron que esto había sido un aviso. La naturaleza tiene una fuerza increíble para algunos momentos y esto es lo que nos pasó. Verdaderamente, se lo aseguro, yo no cambiaría ni un minuto de mi vida con Bernabé Martí.

 Si tuviera que hacer un balance de estos 50 años.  ¿Cómo ve su carrera? Ha sido algo así como la heroína de las heroínas de la de la ópera con más de ochenta personajes.

        Sorprendente. Sorprendente la carrera de los dos. Hemos cogido todos los trenes que teníamos que coger cuando pasaban y tampoco entrábamos en batallas. Cuando hice por primera vez la ‘Aída’, me decía todo el mundo que no la hiciera porque era muy dramática. Y no digamos cuando canté ‘Norma’. ¡Cómo si aquello fuera un escándalo! Me preguntaban que cómo me atrevía a hacer ‘Norma’ Quien me dijo que tenía que hacer esa pieza fue Joan Sutherland. Me regaló su partitura con sus notas y me dijo: “Tienes que cantar Norma. Tienes que cantar lo que Bellini ha escrito, que es como un hilo de voz y tienes la voz ideal”. Eso era el año 68. En el 69 yo hice un concierto en París y María Callas, a la que ya conocía, me dijo lo mismo. Incluso me hizo cantar, recuerdo, en su casa de París unos pasajes. Estaba Bernabé conmigo y le dijo: “Cuida a tu mujer y que cante ‘Norma’, porque después de mí ella será Norma”.  Lo decía con sinceridad, convencida.

María Callas la nombró su sucesora, ¿no?

Pues, sí, lo hizo en entrevistas, en televisión, en sus grabaciones y en su libro. Sufrió mucho. Primero con su familia, después con su carrera y después con su vida personal. Su gran pena y tristeza fue perder el hijo que esperaba porque eso para ella era la gran ilusión: ser madre. Teníamos las dos un grave problema dental e íbamos al mismo dentista en Londres, Alexander.  En una de las llamadas me dijo: “Me voy a Grecia a descansar; necesito descansar todo el mes”. Yo le dije que me habían ofrecido el Nabucco con la Deustche Gramophon y que no me sentía con fuerzas para cantarla. “No lo cantes. Ni se te ocurra. Esto no es para tu voz. Eso es para voces rotas. Tú no tienes la voz rota y no te la quieres romper ¿verdad?”. ¡Los consejos eran de una amabilidad, de un cariño, de un afecto…! Además hay una cosa muy importante: tengo muchas fotos hechas con ella en momentos privados. La admiraba y la quería mucho porque me dio muy buenos consejos.    

¿Qué relación tiene usted con Zaragoza y con este Auditorio?

La relación que tengo con Zaragoza es de muchos años. Mi marido es aragonés, de Villarroya de la Sierra y se formó aquí en un principio. Hemos venido mucho y estoy muy agradecida a Zaragoza. Considero al Auditorio de Zaragoza como uno de los mejores. Conozco los auditorios del mundo entero y puedo juzgar plenamente. Este es un Auditorio donde el sonido no rebota: el sonido fluye, fluye y redondea, y eso es algo que no se fabrica, nace o no nace. Esto es lo mejor que hay para piano, para orquesta, para instrumentos, para voces, para todo. Aquí las grabaciones tienen que salir perfectas porque no hay una estridencia en ningún ángulo. El hecho de poder hacer aquí los ‘Master Class’ y el Concurso Internacional de Canto Montserrat Caballé me da una gran satisfacción. Me encanta enseñar y aprender a la vez. Ojalá podamos hacerlo muchos años porque es un auténtico honor. Cantar aquí es muy bello. Tengo que agradecer profundamente la ayuda que nos da desde el ayuntamiento y el director Miguel Ángel Tapia. Es como un sueño convertido en realidad, ¿me permite que diga esto?

-Por supuesto. La verdad no ofende.

Yo recuerdo que el director del teatro Colón de Buenos Aires me escribió una carta preciosa diciendo que nunca había estado en un lugar como este. Lo mismo me dijo la responsable del Metropolitan de Nueva York. Yo espero que Zaragoza comprenda la importancia del Concurso Internacional de Canto que trae a esta ciudad a cientos y miles de personas de 57 países, como este año, y tiene un gran eco internacional.

Zaragoza es candidata a capital cultural europea 2016. ¿Colaboraría en el apoyo a la candidatura?

Sin duda. Estaría dispuesta para todo como hice con la Expo. La ciudad está bellísima. De repente entras y todo parece un paseo, todo parece bello, todo parece limpio; creo que sería estupendo que Zaragoza fuera capital cultural europea. Sería una gran noticia.

 

EL CAJÓN DE OLVIDOS Y OTRAS INTIMIDADES

En 1965, tras cantar ‘Lucrecia Borgia’ de Donizetti en Nueva York, los críticos resumieron la actuación con esta frase: "Callas + Tebaldi = Montserrat Caballé”. Su voz destaca por su pureza, por su energía y por el control. Montserrat Caballé (Barcelona, 1933) posee una técnica magistral y un espléndido y luminoso sentido del matiz. Es una mujer que siempre está en el camino: lo mismo puede encarnar a Norma, Salomé, Violeta, la Mariscala, Semiramide o Isolda, cantar con Freddy Mercury o pasarse horas y horas estudiando partituras polvorientas o perdidas, las rescata y las difunde, como sucede ahora con Bellini. “Es cierto que me gusta desempolvar obras del cajón del olvido. Eso ya me lo enseñó mi maestra Conchita Badía. Me siento recompensada de haber hecho algo por el compositor porque no hay que olvidar una cosa: por muy bien que se cante, por muy bien que se represente, por muy bien que se sepa, el protagonista de la noche es el compositor. Tú estás al servicio del compositor. Él es el creador de la obra. Tienes que transmitir su mensaje, su sentimiento, la forma en la que él hizo nacer aquello para ofrecerlo al público y el público tiene que conocer a este señor a través de ti, tal vez, pero a través de la música. Lo que no puedes es hacer exhibiciones personales”.

Siente una especial veneración por la enseñanza. Le gusta compartir lo que sabe, enseñar las técnicas de respiración y el contagio de las emociones. Es una mujer de una especial suavidad, aunque a veces tiene fama de seca o distante. “Hay mucha gente que lo dice, pero creo que es inexacto. Una cosa es hablar, dar clases, dar confianza a la gente para que no tenga reparo, para que se sienta libre, y otra cosa es que penetren en tu interior. Una cosa es poder explicar lo que siento y entrar en mis sentimientos, como acabo de hacerlo; otra cosa es cuando quieren hurgar morbosamente en cosas que a veces pueden hacer daño; por ejemplo, hurgar en enfermedades. Yo he padecido varias, algunas graves y estoy aquí de milagro. Mi madre falleció de cáncer, mi padre también. Parte de mi familia  también. Contesto lo más educadamente posible pero no me regodeo en ello. Quizá sea eso”. Está en contra del exhibicionismo personal en la ópera y en la vida.

*Esta entrevista se publicó el domingo en 'Heraldo de Aragón'. La foto la he tomado de internet de la página de 20 minutos.

 

06/10/2018 10:34 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

DÍA DE LAS ESCRITORAS. 15 DE OCTUBRE. TEXTO DE JOANNA BONET

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Día de las Escritoras 2018

 

Rebeldes y transgresoras

 

Por Joanna Bonet

 

Lunes 15 de octubre de 2018

 

 

Hace ciento sesenta y cuatro años, en 1854, la escritora argentina Juana Manso planteaba, no exenta de ironía, los padecimientos a los que estaba sometida la vida de una mujer “educada con un tutor perpetuo que a veces está lleno de vicios y estupidez”. Y añadía: “¡Todo le quitáis a la mujer! Todo lo que puede caber en la misión grandiosa de la inteligencia, donde toman parte la sensibilidad y la voluntad libre”. Manso tocaba el nudo gordiano de la emancipación femenina: la anulación de la conciencia de las mujeres y su sometimiento a una existencia de segunda. No solo se les arrebataba la libertad, sino que se las consideraba negadas para el conocimiento y el ejercicio de la razón. Pero las hubo que no callaron y mostraron su desacuerdo negro sobre blanco. Historiar la rebelión de las mujeres, rendir homenaje a sus protestas escritas, es un modo de recordar que la libertad actual, el lugar que hoy ocupamos en la sociedad, es el resultado de sucesivas rupturas. Por ello hemos querido dedicar el Día de las Escritoras de 2018 a la insumisión intelectual de aquellas autoras rebeldes y transgresoras que remaron a contracorriente, y en diferentes épocas y circunstancias cuestionaron el orden que les era impuesto desde la ficción, la poesía o el ensayo. Su aportación fue tremendamente valiosa: hallaron palabras nunca dichas y vertebraron una senda donde la libertad ondeaba y transcendía cualquier bandera.  

Hasta el Romanticismo, las mujeres sólo podían escribir si eran monjas o nobles. Únicamente desde la virtud o el poder se contrarrestaba dicha anomalía de su conducta. Las primeras corrientes de emancipación hicieron posible que algunas féminas de clase media iniciaran una carrera literaria y que incluso aspirasen a premios. “¿Cómo creer que ellas pudieran escribir tales cosas?”, se pregunta Rosalía de Castro en un artículo de 1856, Las literatas, que recogemos en esta antología; mujeres a quien, asegura, “los hombres miran peor que mirarían al diablo”.   Su techo, entonces, no era de cristal, sino de durísima roca silícea. Algunas buscaban ocultarse tras un pseudónimo masculino, la mayoría trataba de no llamar la atención, vigilando no publicar de seguido en la misma provincia. Escribir significaba arriesgarse, pero la suya era vocación indómita, casi religiosa. A la poeta gallega Teresa Juana Juego, su novio le disparó cuatro tiros por haberse atrevido a publicar. Creyéndola muerta, él se suicidó. Juego sobrevivió, pero quemaría casi toda su obra y no volvería a escribir.    Ángela Figuera Aymerich resumía la inseguridad inoculada a las mujeres durante siglos en unos versos que se leen cual diagnóstico:

 

“¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve una mujer viviendo en puro grito? ¿Qué puede una mujer en la riada donde naufragan tantos superhombres y van desmoronándose las frentes alzadas como diques orgullosos cuando las aguas discurrían lentas?

¿Qué puedo yo con estos pies de arcilla rodando las provincias del pecado, trepando por las dunas, resbalándome por todos los problemas sin remedio?”.

 

  Eran pocas, pero muchas más de las que han transcendido. La tinta de su escritura iba dibujando otra verdad: no solo los hombres eran los hacedores del mundo, ellas sostenían numerosas estructuras, a pesar de ser privadas de voz y voto. La periodista Magda Donato escribía a comienzos del siglo XX: “Deseamos el sufragio para realizar estos ideales, lo mismo que la gente desea el dinero para satisfacer sus necesidades. ¿Le parece a usted que la correlación entre el sufragio y ‘todo eso’ es poca, siendo el sufragio la condición sine qua non para la obtención de ‘todo eso’?”.   No solo su intelecto estaba cuestionado, también su ‘yo’ público se recortaba mediante un constructo social que las asfixiaba. Aurora Bertrana se lamentaba de la ociosidad impuesta que les era asignada por su sexo: “Una vida de pereza, de inutilidad, lujo, sensualismo e ignorancia”. La condescendencia con la que muchas autoras eran tratadas merecía ser contestada con indiferencia. Así lo afirmaba – mucho antes de que Simone de Beauvoir escribiera El segundo sexo– Carmen de Burgos, la célebre Colombine, que vivió y escribió con solvencia y humildad, pero a la vez con transgresión y desafío: “No soy ambiciosa ni me importa el juicio ajeno. La calumnia se estrella a mis pies lamiéndolos mansamente como el agua del mar a las rocas inquebrantables”, asegura en su autorretrato.   Mientras, Rosario de Acuña escribía al político, periodista y escritor Ramón Chíes: “Tal vez no venzamos, pero habremos sostenido, una generación tras otra, los ideales de la humanidad a través del tiempo y del espacio”, evidenciando, por encima de todo, sus ideales humanistas. Hoy, cuando el feminismo ha sido incorporado en las agendas de gobiernos e instituciones, se entiende con mayor profundidad, si cabe, el pensamiento de María Zambrano, comprometida avant la lettre, cuando una filósofa formaba parte de una anomia, ya que a las mujeres se las ubicaba en la periferia del saber: “Mas mi cabeza en tanto que tal ni es de mujer ni de hombre, es Mente. Albergue del Logos, movida por el nous poetikós”, le escribió a su amigo.    Igualdad de derechos y de oportunidades, pero también libertad individual, libertad sexual, la constatación de las contradicciones entre el ser y el parecer, emergen de los textos de estas autoras que abordaron su condición de mujeres con poética e ironía, así como una gran solvencia creativa. La toma de conciencia del traje que las constriñe y asfixia, del escaso catálogo de roles impuestos, supone un punto de inflexión que tan bien expresara Josefina Aldecoa: “Todo lo que vino después me había llevado hasta esta Gabriela que yo era sin remedio, buena esposa, buena madre, buena ciudadana. La trampa se cerraba sobre mí”. La trampa de la sumisión, de la que había que escapar. Por mucho que abriese una lucha dubitativa y dolorosa, como de la que deja constancia poética Ángela Figuera: “¿Qué puedo yo, menesterosa, incrédula, / con sólo esta canción, esta porfía / limando y escociéndome la boca?”.   Claro que, como reflexionó con eficaz prosa Victoria Ocampo, las mujeres estaban educadas para callar: “Toda conversación entre el hombre y la mujer, apenas entra en cierto terreno, empieza por un: ‘No me interrumpas”. Reducidas casi a siluetas sin dimensión intelectual, y apenas sentimental, a pesar de que históricamente les fuera cedido el patrimonio afectivo y el manejo de las relaciones, debían de bregar contra el aislamiento. “Nunca se preocupó nadie de mi corazón. Mi corazón y yo crecimos extrañamente, dentro de un mundo frío y distante”, en palabras de Ana María Matute.   También se rebelaron contra el amor, empezando por Idea Vilariño en su muy célebre poema “Ya no”. Contra el ideal romántico que heredaron y que les exigía sumisión y paciencia, adoración e intendencia. “El amor es este viaje inútil, pero muy suave”, como lo definió Alejandra Pizarnik. Lo importante era despertar, reconocer la propia identidad sexual, vivirla, gozarla. Escribir desde la diferencia con un calor cotidiano, como Maria Mercè Marçal: “T’estimo quan et sé nua com la navalla, com una fulla viva i oferta, com un llamp que la calcina, cec. Com l’herba, com la pluja”.   O bien liberar al amor de sus ataduras terrenales para sublimarlo hasta el arrobamiento, como Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada, santa Teresa de Jesús: “Muchas veces me parecía me dejaba el cuerpo tan ligero, que toda la pesadumbre de él me quitaba, y algunas era tanto, que casi no entendía poner los pies en el suelo”.   Durante siglos fueron silenciadas, desdeñadas, subestimadas, eclipsadas, pero hoy, desde la Biblioteca Nacional y desde muchas ciudades españolas y latinoamericanas que secundan la iniciativa, leemos fragmentos de sus obras, pronunciamos alto su nombre y grabamos su memoria en la nuestra, pioneras en tiempos borrosos que abrieron claros de luz. En estas palabras de Filomena Dato hay una oda a la fortaleza, al ingenio y a la sabiduría que han detentado generaciones y generaciones de mujeres escritoras, a pesar de todo, gracias a todo:

 

“Las mujeres fueron sin duda de clarísimo talento, que divinizaría la admiración y el tiempo. Y  éste, una innegable señal de que las mujeres tuvieron siempre voluntad de saber y demostraron ingenio. Cientos de mujeres sabias pueden ponerse de ejemplo”.

 

 

 

Joana Bonet

 

Comisaria del Día de las Escritoras 2018

 

*En la foto, Rosalía de Castro.

 

PREMIOS PARQUE DE LAS MARIONETAS

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ENTREGADOS LOS PREMIOS 2018 DEL PARQUE DE LAS MARIONETAS

Hoy sábado 13 de octubre a las 20:30 en el Escenario Musical del Parque de las Marionetas en el Parque José Antonio Labordeta se ha realizado el acto de entrega de los Premios 2018 de la 20ª Edición del “Parque de las Marionetas” y 9ª edición del Festival Internacional de Teatro de Feria, unos premios que se instituyeron en el año 2010 para poner en valor el trabajo de los creadores del sector del arte de los títeres, las marionetas y el teatro de Feria. Los galardonados en esta edición han sido:

Premio a la Trayectoria en el Teatro de Marionetas al: Centro Internacional del Títere de Tolosa –TOPIC- por su labor desde 2009, como  un proyecto singular, atractivo e interesante que apuesta por la imaginación, la innovación y la originalidad, siendo el único centro integral para el arte de la marioneta en toda Europa.

Premio al Mejor Espectáculo de Teatro de Feria al: Teatri Mobili de Italia. Un espacio itinerante dedicado al teatro de títeres contemporáneo, creado por la familia teatral Girovago e Rondella y la Compagnia Dromosofista. Un un bus urbano donde actúan con su montaje ‘MANOVIVA’ la pareja artística Federica Lacomba y Marcos Grignani, de larga trayectoria en el mundo del espectáculo, y un camión convertido en teatro donde actúa la Compañía Dromosofista constituida por Rugiada Grignani, Facundo Moreno y Tommaso Grignani, con su espectáculo ‘ANTIPODI’,   se convierten en dos insólitos espacios teatrales, transformando temporalmente el paisaje urbano poniéndolo a disposición de la imaginación. Este proyecto que se ha presentado por primera vez en en España en el Parque de las Marionetas de Zaragoza, estará posteriormente en Madrid, en el Centro Dramático Nacional, en El Festival Internacional de Títeres de Bilbao y en el TITIRIJAI de Tolosa, otra de los más importantes Festivales del gremio en España. Gira que ha contado con la colaboración del Instituto Italiano de Cultura.

La Gala ha estado amenizada por Che y Moche y su Orquesta Zingarozana y conducida por Adolfo Ayuso, historiador, estudioso y escritor del mundo del títere de gran prestigio nacional,  y Joaquín Murillo, Vicepresidente de ARES Aragón Escena y director de la Compañía Che y Moche. Los premios han sido entregados por el Consejero de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza Fernando Rivares y representantes de la Asociación Ares Aragón Escena como organizadores del Festival. Han recogido los Premios, por parte del TOPIC, Idoia Otegui, Directora de TOPIC y  por parte de Teatri Mobili miembros de las compañías Girovago e Rondella y la Compagnia Dromosofista que constituyen este interesante proyecto.

 

El Festival continúa su programación hasta el día 14 a las 8 de la tarde que será clausurado.

Puede consultarse la programación y el historial de los Premios en
parquedelasmarionetas.es

 

INFORMACIÓN SOBRE LOS PREMIADOS

TOPIC es el Centro Internacional del Títere de Tolosa.  

Inaugurado en noviembre de 2009, un singular, atractivo e interesante proyecto que apuesta por la imaginación, la innovación y la originalidad. Es el único centro integral para el arte de la marioneta en toda Europa.

Como centro con vocación integral, TOPIC también se ha convertido en un punto de encuentro para los titiriteros de todo el mundo. Un lugar donde aprender, mostrar, investigar, producir y compartir experiencias, información, reflexiones y trabajos en un espacio de vanguardia, cómodo, funcional y con equipamiento de alto nivel. 

TOPIC es, por tanto, un espacio disponible para todos cuantos comparten los objetivos de desarrollo, promoción y perfeccionamiento del arte del títere, en todas sus concepciones desde la tradición a la vanguardia y siempre abierto a su interrelación con las otras artes. 

TOPIC es miembro activo de la Unión Internacional de la Marioneta, UNIMA, siempre abiertos a colaborar con sus distintas comisiones y estamentos tanto nacionales como internacionales.

El público infantil es el principal destinatario de TOPIC. Por tanto profundiza en todo aquello que relaciona al teatro con el niño. Se trata de que los más jóvenes se acerquen de una forma natural, pero dirigida, a esta forma de teatro. 

Tolosa se ha convertido así en uno de los epicentros del teatro de marionetas, una expresión artística que goza hoy de una consideración y un calado social cada vez mayor.

En sus 3.600 m2. TOPIC acoge:

  • Un museo permanente y exposiciones temporales.
  • Un centro de documentación, archivo y mediateca, totalmente digitalizados.
  • Un moderno y bien equipado espacio escénico con un aforo para 250 espectadores.
  • Sala para producción, montajes o ensayos.
  • Espacios para actividades escénicas compatibles.  
  • Salas para talleres y cursos tanto presenciales como online por videoconferencia. 
  • Una pequeña residencia para artistas y/o investigadores.

Todo proyecto tiene su historia y la de TOPIC se remonta a hace más de 20 años.

Corría el año 1982, y el Centro de Iniciativas de Tolosa decidió emprender una nueva actividad cultural e impulsar la creación de un festival internacional de marionetas, Titirijai.

Lo que en un primer momento pudo parecer una idea curiosa, para unos, o una atrevida propuesta, para otros, fue tomando cuerpo y se convirtió en una idea de éxito.

Hoy Titirijai es capaz de atraer la atención de más de 25.000 espectadores, cuenta con una media de 160 representaciones y ha convertido a Tolosa en un referente internacional en el panorama del teatro de marionetas.

A la vista del calado social que iba adquiriendo Titirijai, sus impulsores, el Centro de Iniciativas de Tolosa, comenzaron a imaginar un nuevo proyecto: ¿Por qué no aprovechar el saber hacer y los conocimientos adquiridos para impulsar un proyecto singular?

TOPIC, por tanto, no nace de la nada. Es una consecuencia lógica de Titirijai (Festival Internacional de Marionetas de Tolosa).

Existe, por tanto, una cultura, un conocimiento en torno a este arte que va a ser de gran valía en el lanzamiento y consolidación de TOPIC.

 

Las etapas del proyecto:

  • 1987. Se presenta  el primer proyecto y se barajan posibles ubicaciones. Entre ellas, el Palacio Aranburu, el chalet de Arkaute, la antigua base de la Ertzantza o el Casino de Tolosa.
  • 1999. El Ayuntamiento de Tolosa encarga un anteproyecto para el Palacio de Justicia de la plaza Euskal-Herria.
  • 2005-2006. Se adjudica el proyecto en concurso público al Arquitecto Anton Pagola.
  • 2007-2009. Ejecución de las obras.
  • 2009. Inauguración el 26 de noviembre

*Nota del ayuntamiento de Zaragoza.

Tomo de aquí la foto: http://www.conhijos.es/planes/guipuzcoa/museo-titeres-tolosa/

13/10/2018 16:30 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

ARAGÓN: VISIÓN LITERARIA DE LOS 80

UNA VISIÓN LITERARIA DE LOS 80

 

 

Los 80 fueron unos años muy jugosos en la literatura en Aragón. Andalán seguía mimando sus ‘Galeradas’ y lo siguió haciendo hasta su despedida en 1987 con aquella frase inolvidable: “Hasta aquí llegó la riada”. Aquel corpus literario, inserto en la revista, estaba abierto a muchos creadores del pequeño país de Costa y Labordeta, pero también a otras latitudes, entre ellas la nueva poesía gallega. El día de Aragón arrancó con mucha fuerza y tuvo varios espacios de libros y suplementos literarios, entre ellos ‘Imán’, y ‘Artes y Letras’ de Heraldo de Aragón, bajo la dirección de Juan Domínguez Lasierra, era un claro exponente de las letras y los autores aragoneses. Por entonces nacía Turia, y ya han pasado treinta años, y florecían diferentes revistas literarias, como Narra o Falca, por citar algunas, y Rolde parecía cada vez más sólida dentro de su orientación aragonesista. Allí aparecía casi todo: una entrevista con Ildefonso-Manuel Gil en Daroca, un informe minucioso sobre Benjamín Jarnés, páginas de los principales autores en aragonés –Eduardo Vicente de Vera, Francho Nagore, Ánchel Conte, Veremundo Méndez, Chusé Inazio Nabarro, el jovencísimo Chusé Raúl Usón, etc.- o los jóvenes poetas.

Entre las editoriales fueron muy importantes la colección Aragón de Librería General, tan variada, tan empeñada en abarcarlo casi todo y en todos los campos; Guara abrió distintas colecciones, entre ellas la Nueva Biblioteca de Autores Aragoneses, dirigida por José-Carlos Mainer, donde aparecieron obras desde Pedro Alfonso y Gracián hasta Benjamín Jarnés (Lo rojo y lo azul, El convidado de papel y Su línea de fuego), pero también los poetas del Barroco, Braulio Foz, Silvio Kossti, Ildefonso-Manuel Gil, Ramón José Sender (pensemos, sobre todo, en la edición de Monte Odina, uno de sus textos más queridos, dispersos, dictados por la memoria y el azar y por el amor infinito a Aragón) o Ramón Gil Novales, traductor, novelista y escritor de cuentos; allí publicó la ambiciosa novela La baba del caracol y los cuentos, de ecos cortazarianos, El sabor del viento.

La editorial de Heraldo de Aragón, coordinada por el inolvidable Joaquín Aranda, alumbró numerosos proyectos sugerentes: obras de Gabriel García-Badell, una antología de narradores aragoneses preparada por Ana María Navales, José Ramón Arana (seudónimo de José Ruiz Borau, autor de El cura de Almuniaced), Ramón José Sender, Manuel Andújar, Andrés Ruiz Castillo o la Obra literaria (1982) de Luis Buñuel, que preparó Agustín Sánchez Vidal. Sánchez Vidal, un estudioso muy brillante y moderno de variados asuntos (cine, literatura, historia del arte, editor, además, de Salvador Dalí, Miguel Hernández, Joaquín Costa o Antonio Machado), estuvo en México con Aranda: visitaron a Buñuel, convivieron con él y de aquella estancia nació ese libro capital que probaba que Buñuel era un gran conocedor de la literatura y que siempre tuvo vocación literaria; casi al final de sus días dictó a Jean-Claude Carrière sus espléndidas memorias Mi último suspiro (Plaza & Janés, 1982). Sánchez Vidal fue capital en la cultura de los 80, como lo fueron José-Carlos Mainer, José Luis Calvo Carilla, José Enrique Serrano, Antonio Pérez Lasheras, Aurora Egido o clásicos de sabiduría intemporal del estilo de José Manuel Blecua, editor de Quevedo, Fernando Lázaro Carreter, Manuel Alvar o Pedro Laín Entralgo, entre otros.

Podríamos hablar por extenso de muchos de los autores aquí citados. Los años 80 significaron la recuperación de algunos de ellos: de Benjamín Jarnés, por ejemplo, a través de Guara y del congreso de 1988 con motivo del centenario de su nacimiento en Codo, que le organizó Ildefonso-Manuel Gil en la Institución Fernando el Católico: se recuperaron materiales inéditos, sus famosos Cuadernos jarnesianos, se desempolvaron algunos estudios del pasado y se premiaron nuevas monografías, de Juan Domínguez Lasierra y César Pérez Gracia, entre otros. O de Ramón José Sender, claro, recuperado por el cine en títulos como Las gallinas de Cervantes de Alfredo Castellón Molinas, Valentina y 1919. Crónica del alba de Antonio José Betancor.

Los 80 también fueron una década importante para la poesía. La colección San Jorge de la Diputación de Zaragoza editó a muchos poetas, primerizos como Manuel Vilas, ya veteranos como Mariano Esquillor o de extensa trayectoria como Luciano Gracia, pongamos por caso. Gracia era el director de la colección Poemas, un claro y variado escaparate de la lírica que se estaba haciendo en Aragón: en nombres, en estéticas, en poemarios, en generaciones. José Luis Melero era su colaborador más próximo, su secretario y albacea luego, y uno de sus mejores amigos. El Bardo, en edición de Clemente Alonso Crespo, publicó la Obra completa en tres volúmenes de Miguel Labordeta, que se presentó en el Teatro del Mercado de Zaragoza; Ildefonso-Manuel Gil pensó que la IFC también debía apostar por él y le reeditó Sumido 25, su primer poemario, algo que también haría con un libro raro y delicioso de Julio Antonio Gómez: En el lago Kivú los gorilas se suicidaban en manadas numerosísimas. Julio Antonio Gómez fallecía en Canarias en 1988 y su más o menos misteriosa muerte sirvió para que se recuperase su figura por diversos autores como Antonio Pérez Lasheras, Alfredo Saldaña o Antón Castro.

En los 80, con dispareja intensidad, aún dieron algunos de sus grandes libros autores de lo que se denomina Generación del Café Niké o Peña Niké: además del rescate de Miguel Labordeta y de Julio Antonio Gómez, que aparecieron títulos de Luciano Gracia, que moriría en 1986, de Rosendo Tello, de José Antonio Rey del Corral (un defensor de la lírica desde una página dominical en El día de Aragón), de Fernando Ferreró, de Emilio Gastón, de José Antonio Labordeta, de Guillermo Gúdel, de Miguel Luesma, de Benedicto Lorenzo de Blancas, etc. Y a ese grupo perteneció un escritor tan inclasificable como Antonio Fernández Molina: poeta multiplicado en varios heterónimos, fabulador, novelista, biógrafo, crítico de arte, artista. Era difícil que no tuviese un par de libros al año, o más; en los 80, para los más jóvenes fue la época en que se redescubrió una novela casi legendaria como Solo de trompeta, que le había publicado Camilo José Cela en 1965 en la revista Papeles de Son Armadáns, de la que había sido secretario como también lo había sido de la OPI de Miguel Labordeta en los años 60.

Editorial Olifante de Trinidad Ruiz-Marcellán se fundó en 1979 y en los años 80 se consolidó y alcanzó un lugar de honor entre los sellos de poesía en España. En cierto modo, retomaba el camino que había explorado Ángel Guinda en la colección Puyal. No vamos a registrar aquí todos los libros de Olifante (Cernuda y Eugenio de Andrade, Rosendo Tello, Viele-Griffin, Charles Cross, Jorge Manrique fueron algunos de sus primeros autores), pero querríamos hacer acuse de recibo de algunos de ellos: Cosmética y terror, de un joven Ángel Muñoz Petisme, luego Ángel Petisme a secas, cantautor y poeta, y Vida ávida y Claustro del citado Ángel Guinda, que ha publicado gran parte de su lírica en el sello desde hace más de treinta años. Guinda, un dinamizador cultural constante, poeta y crítico literario,  se marcharía de Zaragoza hacia 1986 (en algunos lugares se fija el éxodo en 1988) en busca de un hospital o de un refugio (términos que usó él mismo) en un instante en que los todos los desórdenes parecían haber hecho presa en él. Antes de partir, Guinda vivió uno de los episodios más curiosos de un poeta en la historia de la democracia: fue juzgado y condenado en 1987 por una frase suya: “Eyaculad en el ano de Dios hasta su conversión al placer”, escrita en las paredes de uno de los cafés literarios y artísticos por excelencia de los 80: el Café de la Infanta. Casi a la vez, fue uno de los protagonistas de uno de los espectáculos líricos más impactantes que ha vivido Zaragoza, que se estrenó en el Teatro del Mercado en 1986: Más margen, malditos, el montaje de El Silbo Vulnerado, dirigido por Luis Felipe Alegre, con piezas suyas, de Ramón Irigoyen y de Leopoldo María Panero, cuya presencia en Zaragoza no pasó inadvertida como no había pasado algunos meses atrás la del artista Ocaña.

En los 80 hubo muchos otros poetas, sin duda: José Luis Alegre Cudós, que había reclamado mucha atención en los 70 a raíz del premio Adonais, Ana María Navales (que firmó poemarios como Los espías de Sísifo, Nueva, vieja estancia y Los labios de la luna), Joaquín Sánchez Vallés, José Luis Trisán, Javier Delgado (autor, entre otros títulos, de un delicioso poemario: Zaragoza marina, en la colección Poemas, donde habla de una ciudad imaginaria con océano; sería reeditado años después bellamente, en un libro-joya, en Prames con ilustraciones de Jorge Gay), el polifacético Javier Barreiro, Gerardo Alquézar y, entre otros, José Luis Rodríguez García. Rodríguez desarrolló una importante labor en los años 80: como cuentista y novelista, como poeta, como ensayista (hizo su tesis doctoral sobre Hölderlin) y como activo y entusiasta director de Prensas Universitarias de Zaragoza, en las que creó una importante colección de poesía, La gruta de las palabras, que albergó, y alberga, a numerosas voces de varias generaciones: desde Fernando Ferreró, Antonio Fernández Molina, Rey del Corral, Manuel Estevan, José Antonio Labordeta (allí apareció uno de sus mejores poemarios, Diario de un náufrago), Fernández Molina, Ana María Navales, Mariano Esquillor o el guionista y poeta Julio Alejandro de Castro hasta Javier Delgado, Manuel Vilas, José Luis Trisán, Alfredo Saldaña, Ángel Petisme o Fernando Sanmartín, que es su actual director. En 1982 moría, por cierto, un gran poeta aragonés: Ignacio Prat. Pre-Textos recuperó su poesía en un tomo enjundioso: Para ti.

En los años 80, junto a autores que ya habían desarrollado su actividad en los 60 y 70, como Alfonso Zapater, Santiago Lorén, Luisa Llagostera o la citada Ana María Navales, que mimó su variada producción hasta su fallecimiento en 2009, surgió una nueva generación de narradores. En los 80, se consolidó el extraño e inclasificable talento de Javier Tomeo, que llevaba muchos años en la literatura y acababa de firmar una de sus mejores novelas: El castillo de la carta cifrada, en 1979; en esa década ensancharía su prestigio, nacional e internacional, y firmó libros de microrrelatos, relatos y novelas, que serían adaptadas al teatro. Ahí están títulos como Amado monstruo, Historias mínimas, Bestiario o La ciudad de las palomas... En los 80, irrumpió con un mundo muy personal y minimalista, de sugerencias y atmósferas cinematográficas, Soledad Puértolas: ahí están El bandido doblemente armado, su espléndido debut que conquistó el Premio Sésamo de novela, los cuentos de Una enfermedad moral, novelas como Burdeos y Todos mienten; en 1989 ganó el Premio Planeta con Queda la noche. José María Conget publicó en Hiperión tres novelas de formación que serían reeditadas muchos años después en la colección Larumbe; se trata de ‘Quadrupedumque (1981), Comentarios (marginales) a la guerra de las Galias (1984) y Gaudeamus (1986), la Trilogía de Zabala que era una crónica universitaria y un viaje alrededor de la literatura, el amor, el cine o los viajes; como cosa curiosa, tras leer a Mario Vargas Llosa, José María Conget se sintió atraído por Perú y acabaría viviendo allí con su mujer, la traductora Maribel Cruzado. En 1989, Conget entregó una nueva novela, ahora en el sello Alfaguara, bajo el título Todas las mujeres, una recreación de su Zaragoza de cines. Jesús Moncada es uno de los grandes nombres de los 80, en Cataluña, en Aragón y en todo el país. Su gran novela es Camino de sirga (1988), escrita en un catalán de Mequinenza, rico y muy elaborado, donde cuenta la crónica de los navegantes por el Ebro. Es una novela inscrita en los aromas de la leyenda y en la evocación de la Mequinenza sepultada por las aguas con sus cafés y los recuerdos de la minería.

Por entonces, Ignacio Martínez de Pisón despertó a la literatura con la novela La ternura del dragón y  los cuentos de Alguien te observa en secreto, aparecidos en Anagrama. Había estudiado en Barcelona Filología italiana, tenía a sus mejores amigos en Zaragoza y decidió, desde el primer instante, ser un escritor profesional. En una época tan creativa en proyectos, iniciativas, libros y editoriales, aparecieron nuevos autores que también eran incitadores culturales: ahí estaban los hermanos Acín: Ramón, escritor y fundador de la iniciativa ‘Invitación a la lectura’, todo un hito en la Comunidad aragonesa y en el país, también creó la colección Crónicas del Alba en la DGA, y José Luis, que trabajó en diseño y maquetación y fue responsable editorial del Gobierno de Aragón, aunque su actividad más extendida fue la de antropólogo, pirineísta y fotógrafo. A estos nombres hay que sumar el de Félix Romeo, que debutó como poeta y se afirmó como joven sabio y como crítico literario de Heraldo de Aragón, El día de Aragón y Diario 16. Con ellos hay muchos otros, claro: Luis del Val, Teresa Garbí, Javier Sebastián, Adolfo Ayuso, José María Latorre, Julio Frisón, Miguel Mena, Luis Alegre (que midió sus posibilidades y su prosa en los Anuarios y en sus artículos de El día de Aragón) o, por citar un joven dramaturgo que empezó a publicar en 1986, Alfonso Plou. Tampoco querríamos dejar al margen al  periodista más inclasificable y original de nuestra prensa escrita: Mariano Gistaín, que parecía hermanado con Larra, Gómez de la Serna y Paco Umbral.

Esta es una mirada a vista de pájaro. Rapídisima. No tiene voluntad de exhaustividad sino de apuntar algunos nombres y una actividad que fue intensa e incluso incesante. La literatura infantil y juvenil no se quedó al margen: Fernando Lalana empezó su carrera a principios de los años 80 y vivió una época extraordinaria, muy premiada, con libros como El secreto de la arboleda, El zulo o Hubo una vez una guerra, escrito con José Antonio Puente. Y en el panorama de la ilustración destacó una figura tan particular como Francisco Meléndez, que recibió el Premio Nacional de Ilustración en 1986 por sus dibujos para La oveja negra y demás fábulas; antes había debutado en El hombre al aire libre de Rafael Gastón. Francis Meléndez, tentado por Hollywood, escribiría los textos y los ilustraría. Quédense con El verdadero inventor del buque submarino que ya apareció en 1990.

 

14/10/2018 19:19 Antón Castro Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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