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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2020.

RICARDO DÍEZ PELLEJERO: INGENIERÍA, PANDEMIA Y CRISIS

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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/01/ingenieria-y-crisis-vidas-paralelas-a-lo-largo-de-los-siglos-1372524.html

Ingeniería, crisis y pandemia. Vidas pararelas a lo largo de los siglos

Sinopsis: Las crisis y los retos de cada tiempo son producto de su momento histórico y la forma de abordarlos depende de las tecnologías y el ingenio al alcance.


Por Ricardo Díez Pellejero

En el pasado también ha habido momentos difíciles en los que la ingeniería ha tenido un papel relevante. Ya en La Guerra de las Galias Julio César nos describe a unos helvecios languidecientes viendo cómo, tras haber diezmado una cuarta parte de las tropas que quedaron atrás al cruzar en barcazas el río Arar, construía un puente en un solo día para atacar al resto de los celtas, que se sentían seguros en la orilla contraria.

El desembarco de Normandía, por ejemplo, no hubiera sido posible sin el desarrollo rápido de soluciones como las lanchas de desembarco Assault para las tropas, sin el tanque anfibio DD Tank para darles cobertura, sin el Airspeed Horsa -un planeador gigante que podía transportar a 25 hombres y que fue clave para tomar posiciones previas al ataque- o sin la inmensa planificación de ingeniería logística que precisaron las operaciones del día D.

La ingeniería también ha sido decisiva en la guerra fría y su carrera espacial, donde Serguéi Koroliov pasó del gulag siberiano a ser el diseñador principal del programa espacial ruso y un objetivo prioritario del espionaje norteamericano, que nunca consiguió descubrir su identidad. Y es que, desde Nikola Tesla -que lo imaginó casi todo- a Alan Turing, inventor del ordenador, hay una cantidad ingente de ingenieros que han modelado un futuro nuevo y nuestra forma de entender la vida, mientas otros miles de ellos compiten hoy por llegar más lejos en el universo del Big Data, de la Inteligencia Artificial, de los vehículos autónomos, de la movilidad eléctrica, de la computación cuánticaque dentro de cincuenta años más nos situarían ante una pandemia y un confinamiento muy diferentes.

Sin duda, esta es una crisis del nuevo siglo tanto por los avances en el transporte, que han permitido su rápida expansión, como por los tecnológicos, inexistentes en pandemias anteriores, que han revolucionado el equipamiento médico, las aplicaciones de control de propagación vírica o por la capacidad de desarrollo tanto de soluciones técnicas a los problemas sobrevenidos como la obtención de test y de fármacos, usando instrumentos que formarían parte de la ciencia ficción del pasado inmediato.

Pero también nuestra cuarentena es una cuarentena cibernética, y es que mientras que hace solo cincuenta años la emisión VHF no llegaba a todos los hogares, hoy se extienden por casi todo el territorio las redes de comunicación que nos permiten teletrabajar, comprar, acortar las distancias del aislamiento con videoconferencias, así como entretenernos con las redes sociales o consumiendo contenidos de webs y plataformas online.

Pero la ingeniería aporta más a esta crisis, no solo desde el punto de vista logístico -que ya es mucho- desde el que hemos vistomo los espacios más diversos se han convertido en hospitales o en arcas, con aparente facilidad y en el transcurso de unos pocos días. Y es que la ingeniería es un dique de contención que mantiene estable y estanca la realizad inmediata frente al caos emergente. Tanto es así que el NHS británico lanzó un llamamiento para incorporar ingenieros a las plantillas de sus hospitales en las horas más duras y a las puertas del colapso, buscando ayuda de estos especialistas.

Por otra parte, además de la carrera por encontrar una vacuna fiable, hemos sido testigos del esfuerzo contrarreloj para conseguir construir respiradores económicos, funcionales y en el menor tiempo posible con los que aliviar su creciente déficit, a medida que los hospitales se desbordaban. Todos los países se han volcado en conseguir autoabastecerse al comprobar que los envíos eran incautados o recomprados a pie de aeronave, dejando las nuevas UCIs inútiles sin los esenciales respiradores.

En nuestro país, en un plazo récord, la planta de Seat en Martorell fue la primera en convertir una línea de producción de parabrisas en una cadena de ensamblaje de respiradores y, el que hasta el otro día era la única fabricante nacional de estos equipos, la empresa familiar Hersill, se alió con la armamentística Escribano M&E para multiplicar su producción de equipos de ventilación.

Hay que tener en cuenta que estos dos proyectos fueron los primeros homologados por el Ministerio de Sanidad, pero en un tiempo extremadamente corto y crítico se presentaron al rededor de 40 proyectos más, incluidos el de BSH, que transformó la producción de lavavajillas en una cadena de fabricación de respiradores, lo que nos puede dar una idea del compromiso y de la cantidad de ingenieros, médicos, anestesistas y otros profesionales implicados y de la cuantiosa dedicación invertida.

Tal vez sea esta la mayor tarea de la ingeniería en tiempos de crisis: simplificar el problema, buscar una forma rápida y viable de afrontar el reto que el momento nos pone delante y disponer los medios al alcance de forma creativa, más pragmática y que resulte más provechosa bajo el peso apremiante de la crisis.

Pero también hay una ingeniería que desestabiliza el equilibrio del poder en un momento histórico, y no me refiero solo al diseño armamentístico sino, por ejemplo, a los nuevos canales de comunicación. Hemos visto cómo Estados Unidos declaraba la guerra a Huawei, la empresa china que amenazaba con quedarse el pastel del 5G en todo el globo, vetándola internacionalmente.

A estas alturas ya sabemos que todo tiene una puerta de atrás o una ventana desde la que observar la información que genera el mundo desde el hardware, el software del sistema o las aplicaciones y, merced a ese valor incalculable que otorga saberlo todo y saberlo el primero, en las últimas décadas hemos visto ascender al Olimpo del poder y la riqueza a Bill Gates, Steve Jobs, Jeff Bezos, Jack Ma, Jack Dorsey, Mark Zuckerberg o Elon Musk.

Estos dos últimos han librado una suerte de carrera por dominar el mundo de las comunicaciones en el futuro inmediato. Así, el creador de Facebook, con su proyecto ‘Aquila’, pretendó proveer de internet al planeta mediante una enorme flota de drones (y a través de internet.org) apuesta a la que hubo de renunciar en 2018 (aunque en 2019 buscó el apoyo de Airbus para continuar con el desarrollo).

Sin embargo el ambicioso Elon Musk ya dispone de casi 500 satélites privados orbitando en el espacio, lo que supone una pequeña parte del total de 40.000 que pretende conecten el mundo entero bajo su proyecto Starlink. Con un planeta en red, megaconectado, geolocalizado y absolutamente digitalizado por medio de las tecnologías que sacan partido a cada bit, el control de una pandemia futura -y de cualquier otra cosa- parecen un juego de niños.

Estas tecnologías facilitarán otras crisis, al tiempo que servirán para combatirlas e Igual que hoy observamos con candor e ingenuidad a aquellos que no sabían de qué pecados les venía la peste, puede que en pocos años seamos objeto de compasión cuando, comparando tiempos y medios pasados con los modernos, observen de qué poca tecnología se contaba a principios del siglo XXI, cuando se afrontó la amenaza del SARS-CoV-2 en un tiempo en el que aún no se sabía por dónde caminaba cada persona, ni siquiera su disposición genética al nuevo patógeno.

 

*En la foto Alan Turing.

 

01/05/2020 07:49 Antón Castro Enlace permanente. Temas aragoneses No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON SEVERINO DE LLANZA

Severino de Llanza: “Lo único que cambia  

en la historia de la humanidad es la tecnología”

 

 

Fue una hace una década, en 2009, cuando Severino de Llanza (Borja, 1964) expuso por última vez en Zaragoza. En la galería que le lleva, A del Arte. Ahora presenta un nuevo proyecto: ‘Unidad en ella’, una colección de 62 cuadros de puntas de plata, una técnica antigua y sutil que emplearon artistas tan distintos como Leonardo Da Vinci o Durero.

-Entonces, en 2009, ‘El eco de los sueños’, era pintura. Ahora apuesta decididamente por esta técnica delicada…

-Esa sería la palabra: delicada. Y laboriosa. A del Arte es la galería que me lleva mi obra y es quien pone en el mercado mi trabajo. Hablamos con Montse Navarro de la idea de hacer una exposición solo de puntas de planta. He trabajado durante cuatro años, muy centrado.

-¿Qué le da esta técnica?

-Me siento cómodo. Feliz. Me pasa como con el grabado: me engancha, y es como si tuviera mono. La punta de plata es como si estuviera viva. En la muestra veo las piezas de hace cuatro años y las de hoy, o del año pasado, y veo una evolución. La punta en contacto con el aire se va oxidando, y la de 2016 o 2017 adquiere un tono más aterciopelado, color tabaco o sepia.

Dicen que es una técnica exigente…

Sí, claro. Pide técnica, paciencia, búsqueda de la belleza, obsesión por los detalles y las líneas. Y de todo ello surge una de sus virtudes: la delicadeza.

Todas sus obras son mujeres. ¿Hay alguna razón?

No sabría decirle. Me gusta la mujer, me interesa su mundo, su misterio, su hermosura. Me siento más cómodo pintando mujeres. El universo femenino está para mí, entre otras cosas, conectado con la búsqueda de la belleza y es una forma de conocimiento. Quizá debiera someterme al psicoanálisis para responder a la pregunta.

¿Es usted surrealista, metafísico, mira hacia el renacimiento e incluso el gótico?

El movimiento al que me siento más próximo es a los prerrafaelitas, con Rossetti a la cabeza, pero también me interesan Vermeer, al que hecho homenajes, Caravaggio, Piero della Francesca o Mantegna, entre otros.

Bueno, y le interesa el futurismo, la robótica.

-Desde luego. Varias de mis obras se llaman ‘Robótica’, y creo que tiene su sentido. Para mí lo único que cambia en la historia de la humanidad, no son las pasiones, las quimeras, las aventuras, las guerras, la creación, sino que es la tecnología. Y me gusta que todo eso se perciba de formas muy distintas en mi obra.

Había pensado que era un usted un hombre nostálgico...

Me interesan mucho los problemas sociales, la crisis económica, la injusticia, y todo eso está en mi obra. Con mis mujeres. Hay un cuadro, ‘La mujer del cambista’, que alude a una obra clásica, pero también al paisaje que yo veo desde la ventana de mi taller: se ve una grúa, un edificio interrumpido, la soledad y el abandono que sobrevino a la crisis. Un drama que os afecta a todos. Y eso pasa en otras obras.

¿Qué le da el Moncayo?

Mucho. Siempre está ahí. Me dice muchas cosas: es Bécquer, es naturaleza, me interno por el Bosque de las Hayas, camino, pienso, evoco su mundo de cuentos y de gnomos, me relajo, y luego todo ello aparece en mi obra, donde hay mujeres sí, idealizadas o reales, pero también naturaleza, arquitectura, ecos de lo invisible.

Por cierto, ¿por qué son tan impactantes los ojos de sus mujeres?

Quizá porque quiero que cuando el público entre en mis exposiciones sienta que mis criaturas le miran a los ojos y que le devuelven su mirada.

01/05/2020 10:19 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

JESÚS MONGE: UN DIÁLOGO

LA CONTRA. Jesús Monge es un pintor hiperrealista: le apasionan Zaragoza y el mar. Expone en Isaac Peral, 1

 

“Soy un pintor de luz de mi tiempo y a la vez clásico”

 

ANTÓN CASTRO

Usted siempre lo ha tenido claro: arte figurativo ante todo.

Sin duda. De joven, como muchos otros, me acerqué a la abstracción. Estuve cerca del grupo ‘Forma’ en los años 70, hice algunos cuadros abstractos, pero no me sentía cómodo ni sincero y acabé dejándolo. Estaba sumido en una crisis, como si no fuera mi tiempo, aunque el arte (la pintura y la escultura) era mi vida y mi pasión.

¿Qué hizo?

Había que vivir, trabajar, buscar otros caminos. Me centré en la decoración de interiores, el diseño. Hice bastantes proyectos, trabajé con arquitectos e ingenieros...

De golpe, casi, decidió volver a la pintura por todo lo alto. ¿Por qué?

Sentí esa necesidad y también me empujó la crisis. Había menos trabajo y, a la vez, quise recuperar mi verdadera personalidad a través de la pintura. Pinté mucho, con ese estilo figurativo, próximo al hiperrealismo. Cuando tuve bastantes cuadros busqué galería.

¿Qué pasó?

Presenté mi trabajo en varios espacios, pero no les interesó mi obra. Me sentí un tanto frustrado; era como si estuviera, otra vez, fuera de sitio. Pensaba que mi obra tenía calidad, había un mundo, rendía homenaje explícito a Zaragoza, a sus calles como el Coso, etc. Y, la verdad, me sentía satisfecho. Y entonces el pintor y diseñador Paco Rallo, al que conozco desde los tiempos de ‘Forma’, me sugirió que alquilase una sala. Y es lo que hice en la calle Isaac Peral, 1.

Y tuvo mucho éxito...

Mis cuadros se comentaron, la gente entraba a verlos y me felicitaba, y vendí casi todas las piezas. Para mí fue toda una experiencia y una satisfacción: me había reencontrado conmigo mismo y con el público. Y eso me dio confianza.

Tanta, por lo que veo, que ha vuelto a repetir la jugada...

Sí. En un año he pintado y dibujado mucho. Me lo juego casi todo. Parece exagerado, pero es la verdad. En esta veintena de obras se reúne un año de intenso trabajo.

Hay algunos cambios. Por ejemplo, ahora Zaragoza parece interesarle menos.

Tampoco es eso, pero tenía la sensación de que Zaragoza era la gran protagonista de la exposición interior. Aquí Zaragoza sigue presente en la plaza de San Felipe, un cuadro que refleja el suelo mojado, en la estación de Saica, que es una de mis obras más queridas y más complejas; hay un cuadro de niebla en la ciudad, pero hay otros lugares...

Hay marinas de Tossa de Mar, Venecia y de Costa Ballena en Cádiz...

Sí. El mar es un motivo de inspiración muy especial en esta muestra. No me preocupa tanto el realismo como la atmósfera, el contexto, el sentimiento. Soy un pintor de emociones. Intento despertar emociones en el espectador. Me siento un discípulo de Goya, de algunos impresionistas. Y de Durero, claro...

¿De Durero? Lo dirá por esa pareja de Adán y Eva, negros...

Sí, claro. Son un diálogo con Durero y con su ‘Adán y Eva’, un homenaje. Son dos cuadros difíciles, complejos, que me han exigido un gran esfuerzo plástico. He contado con modelos reales, y creo que son dos de las obras más ambiciosas. Sin embargo, no son mis favoritas...

¿No? ¿Cuáles son?

Me interesa mucho ‘Vista de Covadonga’,  que es un estudio de los distintos planos del paisaje en la tela. O esos cuadros donde se ve la espuma, los charcos que deja el agua, la arena: la superficie algo informe de entrada, pero poco a poco creo que le voy dando forma, coherencia y armonía al conjunto. Me siento un pintor de luz. Un pintor de mi tiempo y a la vez un pintor clásico, laborioso, perfeccionista, que se afirma en la historia de la pintura.

01/05/2020 10:35 Antón Castro Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HA MUERTO EL FOTÓGRAFO VICENTE ALMAZÁN

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Ha muerto el fotógrafo y publicista Vicente Almazán (Zaragoza, 1949),  el hombre que nos enseñó a ver y entender y sentir mejor Zaragoza y la creación, el amigo discreto que siempre “pasaba por aquí”, y parecía estar en todas partes. En las librerías y las presentaciones de libros, en las galerías de arte y en los estudios de los artistas y los diseñadores, en las tertulias de café, en cualquier velada, en los mercados, o sencillamente caminando y atento a cualquier sombra, a una línea en el suelo, a un detalle, a la caída de las hojas o al ajetreo de la inauguración de una muestra.

Era un narrador, un cronista y un artista conceptual, un retratista maravilloso y discreto, inadvertido y sentido (ha retratado a cientos de creadores en la ciudad), un enamorado de los viajes, adoraba ir a Madrid o a Barcelona, sentía un cariño especial por Francia, especialmente por Tarbes. Padre de tres hijos, era un abuelo cariñoso y atento, dispuesto a la mejor de las historias y de las sonrisas. Jamás se advertía en un él un feo gesto, un enojo. Era un lector personalísimo, como se ve en su página ‘Mis adarmes’, en sus dictados (en el último reproducía fragmentos, el último un cuento de Leonora Carrington), en sus foto-collage, en tantas y tantas conversaciones, en su pasión por las palabras o la filosofía del arte. Era tan afectuoso como generoso, y cedió fotos a muchos amigos. Se entusiasmaba con los rostros, con las vidas, con las obras, con las miradas. Se entusiasmaba de existir.

Nos vimos en La Reserva, en la calle Cádiz, poco antes de la cuarentena. Me pasó una foto que sería portada de ‘Artes & Letras’ de Heraldo, hizo varias portadas y publicó varios reportajes, y me contó que le estaba pasando algo muy bello: su mujer Rosa, su compañera, su enfermera, la madre de sus tres hijos, le atendía de la mejor manera posible para él: le leía todos los días, y experimentaba un goce inefable. Decía que era como un penúltimo regalo. Sabía que le quedaban los días contados y lo contaba con la serenidad de quien sigue dando gracias a la vida hasta el último aliento.

Me dijo también que deseaba encontrar tiempo para ordenar su inmenso maravilloso archivo y blog fotográfico, http://www.misadarmes.com/, que siguió alimentando hasta el pasado 24 de abril en varias seres, al menos. Expuso en la Casa Amarilla e hizo una edición corta de algunas de sus fotos para amigos.

Ahí, en misadarmes.com, donde vemos una foto suya de espaldas adentrándose en la estepa, escribe: “Un adarme es una cantidad mínima de algo. He titulado el blog Mis adarmes porque lo que en él muestro son cosas pequeñas. Paseos por aquí y por allá. Sin rumbo fijo. Siempre con una pequeña cámara fotográfica. Capto imágenes que tienen significado para mí. No me interesa ni lo bonito ni lo feo. Me gusta el blanco y negro. También el color. Por eso tengo otro blog, Mis cromos, de idéntica filosofía. Ocasionalmente escribo unas líneas. Nada profundo. Acabo de encontrar el valor de lo superficial y no me gustaría perderlo. Gracias por tu visita”.

Gracias a Vicente Almazán por tanto que nos dio y nos da, por tanto que nos seguirán dando su recuerdo y su obra, gracias por haber estado, sin protagonismo alguno y con toda la ilusión del insomne, ahí, aquí y allá, paseando, mirando, conversando, soñando. Siempre con la sensibilidad de los elegidos.

Todo mi afecto y mi consuelo para Rosa y sus hijos, todo mi afecto y mi consuelo para tantos amigos que quisisteis y queréis a Vicente Almazán Arribas.

 

VICENTE ALMAZÁN, 'PASABA POR AQUÍ'

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 *En mi libro ’Seducción’ (Olifante, 2014) publiqué este texto de Vicente. que se aleja en la foto por la estepa.

 

PASABA POR AQUÍ

 

Para el fotógrafo Vicente Almazán,

un paseante y un soñador de la luz

 

Vicente dedicó muchas horas de su vida a su trabajo a y su familia: una mujer, Rosa, y tres hijos: Pablo, David y Carlos. Trabajaba en un despacho dedicado al diseño y a la publicidad. Hacía carteles de exposiciones o de conciertos, maquetaba libros, dibujaba letras y palabras, y de cuando en cuando preparaba anuncios de publicidad para las revistas y los periódicos.

A Vicente le gustaba su trabajo y el de los demás. Se conformaba con poco y a la vez quería mucho. Era curioso: leía los periódicos, oía la radio a cualquier hora, escuchaba y escuchaba programas de músicas raras –o no tan raras: clásica, Mozart, Beethoven y todo eso; también escuchaba jazz, rocanrol, fado o tango-, pero además tenía los sentidos alerta: le interesaban un lagarto que asomaba a un muro, la resaca del mar, la luna llena o las calles de su ciudad. A veces quería saber por qué tal o cual sitio se llamaba Agustina de Aragón, Basilio Paraíso o Callejón del Caprichoso Duende, por qué un esbelto edificio era La Adriática o por qué una pasarela temblaba en el aire, sobre las aguas turbulentas del río Ebro.

Vicente se puso enfermo. Porque sí. Bueno, enfermo, enfermo enfermo, quizá sea mucho decir. Se volvió insomne: no podía dormir por las noches. Intentaba oír la radio y sus músicas, se asomaba a la ventana para ver la luna y las estrellas arriba y las callejas y las farolas, abajo. Iba a la cocina a tomarse un vaso de leche o a comer una ciruela claudia. Abría un libro, recitaba un poema en el salón, encendía la tele. Pero, en realidad, estaba como angustiado: no podía concentrarse en nada. Además de insomnio, padecía ansiedad, que consiste en querer hacerlo todo a la vez y de prisa. Lo que deseaba Vicente, sobre todo, era dormir.

Fue a un médico. Y después a otro. Acudió a más de media docena de médicos. Todos le decían cosas distintas, pero uno de ellos, además de darle pastillas e inyecciones, le dijo: “Distráigase. Practique con moderación la actividad que más le guste. No hay que cansarse para dormir. Camine, sueñe, resuelva crucigramas, haga fotos con el móvil”.

Le gustó la idea. Hacer fotos con el móvil. Tenía muchos amigos fotógrafos e incluso había organizado una exposición de un fotógrafo francés que había llegado a su ciudad y había retratado a un montón de gente del Casco Antiguo. Gente modesta que vivía con lo justo y que tenía toda la alegría del mundo. Gente que tomaba el sol a la fresca, que tocaba palmas en las plazas, y que cantaba y tocaba la guitarra en cualquier sitio.

Vicente era muy pudoroso y tímido. Iba costarle empezar a tomar fotos, pero comenzó y no paró. Le encantaba todo: los cielos y sus colores; las calles con los autobuses y los vecinos; los edificios y sus ventanas o un fragmento de ventana; los aleros y los balcones; un mendigo que se había quedado dormido sobre un cartón o en el porche de una casa. Los carteles de los bares, el movimiento de los coches. Y, por encima de todo, le gustaban sus vecinos.

Vicente estaba fascinado. La vida bullía a su lado como un terremoto incontenible. Llegaba y vaciaba el teléfono en el ordenador; le dedicaba dos o tres horas, o más, mientras sonaban en su casa óperas completas, arias de María Callas y a veces una canción de Billie Holiday. Vicente era así. Si su mujer se fijaba en una foto que editaba en el ordenador, él se encogía de brazos y le decía: “Pasaba por aquí”.

Otro día su hijo David vio sus fotos en el ordenador. Sabía que llevaba dos o tres meses realizando instantáneas. Y se quedó sorprendido: su padre tenía madera de artista, aunque pensó que todas las fotos salían un tanto borrosas. David es experto en arte oriental. El móvil estaba bien, rendía mucho en sus manos, y aquellas eran mucho más que las fotos de un paseante. Pocos días después, fue el cumpleaños de Vicente y Pablo le regaló una cámara Lumix, con objetivo Leica.

Vicente estaba maravillado. No podía creérselo. En un día podía tomar cincuenta, ciento cincuenta o mil quinientas fotos. De todo: de lo visible y de lo invisible. Cuando le interesaba un rostro, de hombre o de mujer, le pedía permiso para dispararle. Casi siempre le decían que sí, porque es amable y cariñoso. Y pronto se daban cuenta de que estaban ante un artista. O ante alguien muy especial y despacioso.

Vicente ha hecho fotos de casi todo: de gente anónima que descansa en un banco, de escaparates, de artistas en su estudio, de escritores que firman libros, de viejos amigos a los que se encuentra por las calles. De comercios con sabor, de farmacias antiguas, de mujeres que miran cuadros, de los piragüistas que descienden por el río. De las flores y arbustos que ve en los jardines botánicos que visita y en los descampados de las afueras. Ha hecho series de casi todo: de números, de sirenas en la ciudad, de caracoles y mariposas, de hojas que caen, de las pisadas en otoño, de los poemas que aparecen en los periódicos, de jóvenes artistas que abrazan sus lienzos o un invento inefable. Vicente no para. A modo de justificación o de disculpa, que con él nunca se sabe, le dice al médico, a su mujer o a los amigos: “Pasaba por aquí”.

Acaba de estar una semana en París. Ha disparado exactamente dos mil doscientas once fotos. El río Sena y sus riberas ha sido su escenario predilecto, pero hay muchas más cosas: tabernas, pintores del natural, novios que se besan al sol y bajo los árboles, bañistas, gente que pasea con sus perros. Extranjeros en bicicleta. Y hay distintas tomas de la torre Eiffel, que siempre le ha gustado mucho.

A sus amigos les manda una postal por email. A mí me acaba de mandar una de un tabernero sentado ante su establecimiento. Dice: “París. La Marine. Pasaba por aquí. Vicente”. 

01/05/2020 21:35 Antón Castro Enlace permanente. Fotógrafos No hay comentarios. Comentar.

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD'. AMPARO MARTÍNEZ, HISTORIADORA DE CINE

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Hoy en Heraldo.es y en la página 5 de Heraldo

 

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/03/amparo-martinez-es-muy-peligroso-en-tiempos-de-crisis-entregarse-al-populismo-politico-1372753.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR1niI7QtQPaKpMwrvwCDF4-3rSQYiw40zTBy1x6bp30qOkXqbIyW8vAxrk

Amparo Martínez Herranz:

 

“Es muy peligroso, en tiempos de crisis, entregarse en las manos del populismo político”



Ahora a nosotros nos corresponde afrontar otro cambio histórico a comienzos del siglo XXI”



Amparo Martínez Herranz es profesora de Cine y otros medios de la Universidad de Zaragoza. Ha publicado, entre otros tíutlos, ‘Los cines de Zaragoza (1896-1936)’, ‘Los cines de Zaragoza (1939-1975), ‘Teatro Principal’, ‘La arquitectura teatral de Zaragoza’ (2 volúmenes) y ha coordinado libros corales como ‘La España de Viridiana’. Ha comisariado exposiciones de Buñuel, Goya, Carlos Saura, Ramón Masats, y trabaja desde hace varios años en un ambicioso proyecto de investigación sobre Luis Buñuel.

¿Se habría imaginado alguna vez que una fuerza invisible, tan instalada en nuestras vidas pero invisible, podría detener así el mundo y paralizar las vidas?

Desde luego que no. Solo hay que pensar cómo estábamos viviendo hace pocos meses. Probablemente sí a cualquiera de nosotros nos hubieran descrito la situación por la que ahora estamos pasando, la reacción había sido pensar que era una broma pesada o que la persona que nos la contaba era un excéntrico amigo de las teorías de la conspiración. Sin embargo, si lo pensamos con más calma, no nos tiene que resultar tan extraño. Hay una especie de temor atávico qué hace que desde tiempo inmemorial nos contemos historias sobre desastres de origen misterioso, desde el Apocalipsis a las películas de catástrofes. Tal vez sea una manera de exorcizar los miedos o de entrenarnos psicológicamente para los infortunios. Quizás las dos cosas.

Cuando alguien habla de que el Apocalipsis ha llegado, ¿está diciendo una frase o la pandemia en realidad refleja la vulnerabilidad de la sociedad y del planeta por completo?

Hablar de Apocalipsis creo que es exagerado. Pero lo que está claro es que esta situación nos ha obligado a hacernos conscientes de que somos vulnerables. Son terribles todas las pérdidas humanas que se han producido y también los proyectos empresariales y personales que se han quedado en el camino. Pero sospecho que a muchos nos sirve para aprender de lo que está pasando, incluso con toda su dureza. Es un buen ejercicio caer en la cuenta que no lo tenemos todo controlado, que no somos infalibles.

Desde hace algún tiempo, está haciendo un proyecto de investigación en torno a Luis Buñuel. ¿En qué medida estamos viviendo tiempos buñuelescos?

A Luis Buñuel le tocó vivir situaciones mucho más terribles que las que nosotros estamos experimentando. Era un adolescente cuando estalló la I Guerra Mundial, sufrió en primera persona la Guerra Civil Española y también los efectos de la II Guerra Mundial, ya como exiliado en los EEUU. Consideraba que el ser humano después de la aniquilación de los campos de exterminio nazi y de l os bombardeos de Hiroshima y Nagasaki había quedado anestesiado para la sorpresa o el escándalo. Todas estas experiencias le llevaron al desencanto por las ideologías políticas concretas y a confiar exclusivamente en los valores y principios personales. Le tocó vivir cambios tremendamente importantes dentro de la historia del siglo XX: el fascismo, el nazismo, el franquismo, la constitución de la URSS, la reconstrucción quebradiza del mundo y de sus valores tras dos guerras de dimensiones globales. Él mismo fue partícipe de los cambios operados en la cultura por las vanguardias, que transformaron nuestra manera de entender el arte y la realidad. Ahora a nosotros nos corresponde afrontar otro cambio histórico a comienzos del siglo XXI.

Él ya fue un poco precursor de una situación así con ‘El ángel exterminador’. ¿Qué le ha hecho pensar esa película en estos días?

Me coge trabajando sobre ella, precisamente. Buñuel tenía una inteligencia intuitiva verdaderamente admirable qué le permitía sintetizar en imágenes los problemas o las grietas claves de la sociedad, para ponerlos en cuestión. En ‘El ángel exterminador’ fue capaz de identificar el peor de todos los encierros posibles, el que se impone uno a sí mismo. Retrató una sociedad burguesa encerrada en sus propias convenciones, ciega a los problemas que le rodeaban, limitada por el miedo. Lo que el encierro de ‘El ángel exterminador’ cuestiona es el encierro al que nos someten las inercias establecidas, la pérdida del espíritu crítico con nosotros mismos y con lo que nos rodea. Es fácil trasladar parte de este diagnóstico a la sociedad de consumó en la que ahora vivimos, que ya había empezado a emerger con toda su fiereza a comienzos de los sesenta. Eso es lo que puede tener en común la película con la situación que estamos viviendo, mucho más allá de la materialidad de no poder salir de nuestras casas. ‘El ángel exterminador’ nos obliga a revisar nuestras propias inercias personales y sociales. Esas inercias cotidianas o estructurales que tal vez deberíamos pensar y cambiar cuando salgamos. Sí no, terminará sucediéndonos lo mismo que a los personajes de la película de Buñuel, saldremos para volver a estar encerrados en nuestras desidias y en nuestros errores.

¿Cuáles serían las lecciones de Luis Buñuel para entender el presente?

Cuando pienso en Luis Buñuel me lo imagino resistiéndose a ser maestro de nada o a impartir doctrina. Pero es inevitable extraer del conjunto de su obra y de su actitud vital aprendizajes que ahora pueden ser valiosos. No renunció nunca al espíritu crítico, tampoco al humor, ni a la curiosidad, ni a la libertad de la imaginación. Concedió siempre una enorme importancia a la amistad, que fue uno de sus asideros vitales, especialmente en el exilio. Y se preocupó de cuidar de sus amigos, discretamente, sin alardes ternuristas. Les apoyó especialmente cuando pasaron por momentos difíciles, tal y como hizo con Rubia Barcia, José Bergamín y también con Katia y Sol Acín, las hijas de Ramón Acín, que le pagó con la lotería la película ‘Las Hurdes. Tierra sin pan’.

Seguro que ha dado un repaso al mundo del cine y del arte para acercarse y entender mejor la pandemia. ¿Qué ha encontrado, qué títulos, en el cine, qué situaciones le han interesado especialmente?

Las epidemias y los confinamientos son un tema recurrente en el arte, pero te pongo algunos ejemplos de obras con las que he estado trabajando últimamente. En pintura hay dos piezas íntimamente vinculadas a lo que estamos viviendo. La primera es ‘Peste en Roma’ (1869) de Jules Elie Delanuy, protagonizada por el ángel justiciero y destructor que ya estaba en la Antiguo Testamento y que vuelve a aparecer en el Apocalipsis. En esta obra misteriosa y dramática, para Delanuy lo importante no era hablar de una enfermedad que ya estaba erradicada a mediados del XIX, lo que de verdad le interesaba era reflexionar, utilizando la enfermedad como coartada, sobre conceptos más elevados como la divinidad, el poder, la vida y la muerte, todo ello dentro de un simbolismo de tono fantástico.

¿Algún cuadro más?

Por otro lado, asociada a la idea de encierro y de naufragio de la civilización está ‘La balsa de la Medusa’ (1819) de Géricault. Buñuel la utilizó como una de sus fuentes de inspiración para construir el guion de ‘El ángel exterminador’. No debe sorprendernos porque, tal y como ha señalado sabiamente Agustín Sánchez Vidal, ambos creadores Géricault y Buñuel compartieron una fascinación casi obsesiva por explorar los límites de la conciencia humana. De ahí su interés por trabajar con la restricción espacial, que generaba una situación extremadamente compleja en términos narrativos, un reto similar al que Hitchcock se propuso en 1944 en ‘Náufragos’, y que Buñuel llevaría todavía más lejos en ‘El ángel exterminador’.

Vayamos, pues, con el cine...

En el territorio del cine convendría distinguir entre aquellas películas que hablan de epidemias o pandemias y las que se refieren a encierros de todo tipo. Entre las primeras están ‘La amenaza de Andrómeda’ de Robert Wise, protagonizada por un germen mortífero de procedencia misteriosa. O ‘Contagio’ de Soderbergh, producida en 2011, que nos sitúa ante un virus tremendamente contagioso y difícil de controlar, una distopía futurista que ha terminado haciéndose cierta con la covid-19. Pero creo que todavía puede ser más interesante aquellas películas que especulan sobre el comportamiento humano en confinamiento.

¿En qué otros títulos se ha fijado?

Por ejemplo, ‘La ventana indiscreta’ de Hitchcock, en la que el protagonista ha de desenvolverse en un espacio restringido. Todo para explicar y explorar nuestra condición innata de ‘voyeurs’ en situaciones de hastío, como las actuales. También merece la pena mencionar ‘La zona’ de Rodrigo Plá que aborda el aislamiento voluntario en una urbanización residencial por miedo a lo que sucede en el exterior. Da que pensar. Y por supuesto ‘Canino’ de Lanthimos, una historia terrible de encierros en el ámbito familiar a medio camino entre el mito de la caverna de Platón y ‘El ángel exterminador’.

¿Qué le emociona de la reacciones de la gente, de esa nueva vida de balcón a balcón? A veces parece que nace una nueva forma de narrativa o de oralidad…

Me emociona cada día salir aplaudir y ver a mis vecinos y a la gente que vuelve de su trabajo aplaudiendo mientras camina. Me gusta como ejercicio colectivo en el que reconocemos que nos necesitamos unos a otros. Y en el que damos las gracias. Todo esto sin importarnos a quien vota el del balcón de enfrente.

Ensalzamos mucho al sector sanitario, a los profesionales en general, y luego parece que están un poco solos ante el peligro, sin equipos adecuados. ¿Qué piensa, conoce casos cercanos de entrega que le conmuevan?

Tengo buenos amigos y sobrinos médicos o sanitarios al pie del cañón que se lamentan de la escasez de medios materiales, pero no por eso dejan de esforzarse en su trabajo, invirtiendo mucha energía física y emocional. Por ejemplo, Menchu, que asistió a uno de los primeros casos de coronavirus en su centro de salud y que tiene que enfundarse en un buzo sanitario para asistir a domicilio a sus pacientes. Jose Mari, que trabaja muchas más horas de las que le corresponde y todavía le parece que hace poco. Y que nunca deja de estudiar para hacer las cosas mejor. O Rocío, que estaba contratada en un colegio como enfermera y acudió a la petición de ayuda de una residencia de ancianos, que necesitaba refuerzos. Seguro que les está revitalizando con su energía. Sospecho que cada uno de nosotros tiene una Menchu, una Rocío o un Jose Mari de los que sentirse orgulloso y de los que aprender.

El Gobierno de España ha sido criticado con severidad. Para algunos actúa regular y tarde, se ha equivocado con las Comunidades Autónomas, dice y se desdice… ¿Somos muy rigurosos o jugamos siempre a la política con el adversario, aunque Italia lleve 20.000 muertos, y Estados Unidos también sea cuestionado?

Yo solo sé que cuando veo comparecer algunos de nuestros responsables políticos en una rueda de prensa, pienso que por nada del mundo me gustaría estar en su lugar. Lo que nos está sucediendo era algo difícil de prever y creo que es complicado de gestionar. No obstante, tengo que confesarle que me parecen escandalosos actitudes como las de Donald Trump, toda una contradicción en sí mismo y obsceno tomando decisiones como la de suspender la ayuda a la Organización Mundial de la Salud. Un gesto populista muy dañino.

Es profesora universitaria… ¿Cuál es su relación con los alumnos?

Con otros muchos compañeros de la Universidad de Zaragoza hemos continuado con la docencia a través de distintas plataformas. Está siendo toda una experiencia que nos ha obligado a reciclarnos y transformar nuestro sistema de enseñanza. Pero de todo se aprende. Las clases ‘online’ a veces resultan duras porque es mucho más difícil sentir la reacción de los alumnos. Pero en esta situación se ha producido un curiosos estrechamiento de las relaciones con nuestros estudiantes. Muchos de sus mensajes comienzan o acaban preguntado si te encuentras bien. Los alumnos también nos cuidan. Todos estamos haciendo un enorme esfuerzo por adaptarnos y quiero pensar que ambos, profesores y alumnos, sentimos que es nuestra forma de contribuir a superar esta crisis. Para algunos alumnos la situación está siendo especialmente complicada, porque han tenido que hacerse responsables de sus mayores en casa. Otros se han quedado solos en sus pisos de estudiantes. Hace un par de semanas, en una clase de máster, una de las alumnas nos confesó que la hora de docencia era su único evento social de la semana.

También es madre de tres hijas. ¿Cómo lo llevan ellas, qué le dicen, y cuál es su reflexión sobre los jóvenes?

Estoy aprendiendo de la capacidad de adaptación de mis hijas. Ya se habían marchado a trabajar o a estudiar fuera de casa, pero han tenido que volver a Zaragoza. Al principio les costó situarse, pero han terminado estableciendo sus rutinas y construyendo una sólida complicidad entre hermanas. Procuran hacerse el día a día llevadero entre ellas y nos lo hacen llevadero a los demás. A través del teléfono y de las videollamadas están pendientes de sus abuelos. Esta situación les ha enseñado a valorarlos todavía más.

¿Qué libros, qué autores le están haciendo compañía?

Como los días son poco variados, hago variadas mis lecturas, que van de los ‘Cuentos desde el confinamiento’ del HERALDO a los cuentos de Gabriel García Márquez y también la poesía de José Luis Puerto, que es profundamente humanista e invita a confiar. Para seguir ahondando en cuestiones artísticas estoy disfrutando de ‘Los hijos del agobio’, de Antonio Ansón y de ‘Las ciudades históricas y la destrucción del legado urbanístico español. Fernando Chueca Gotia’, escrito por Ascensión Hernández Martínez. Y me queda poco para terminar ‘El orden del día’ de Eric Vuillard, una novela que resulta escalofriante leer estos días, porque habla de la inacción social que permitió el ascenso del nazismo en Alemania. Merece la pena tener bien presente que es muy peligroso, en tiempos de crisis, entregarse en las manos del populismo político, sea del signo que sea.

¿Tiene miedo, inquietud, desánimo?

Lo que más miedo me da es el miedo, porque nos paraliza.

 

03/05/2020 07:21 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

INGRID BERGMAN. RETRATO DE GORDON PARKS. POR ALEJANDRO ALAGÓN

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RETRATO DE INGRID BERGMAN

EN BLANCO Y NEGRO

 

COMENTARIO DE UNA FOTOGRAFÍA

DE INGRID BERGMAN

POR ALEJANDRO ALAGÓN

 

  Ésta es otra de esas poderosas instantáneas que llaman la atención. Fue tomada por Gordon Parks durante el rodaje de la película Strómboli en Italia. La radiante imagen de Ingrid Bergman cautiva a la cámara, a pesar de que siente incómoda y ladea la mirada al oír lo comentarios o murmullos de tres mujeres enlutadas que la miran con envidia. Mujeres de distintas edades y estaturas, pero unidas en ese atuendo común que incluye, zapatos. medias, faldas, chaquetones, abrigos y pañuelos negros. Es la modernidad enfrentada al pensamiento arcaico, primitivo, de una sociedad cerrada. Una forma de pensar atávica, ancestral, heredada de madres a hijas en una isla, un entorno aislado. Y frente a esa forma de pensar rancia y anticuada irrumpe el volcán de una belleza nórdica, juvenil.

  Conviven en el rostro de Ingrid Bergman la sombra del reflejo y la claridad, la sombra como metáfora de la críticas de una sociedad cerrada hacia una forastera, que se atreve a llevar un jersey blanco y un cabello sin pañuelo, desafiando a las estrictas normas de un ambiente rudimentario, prehistórico. Quizás murmuran que es una actriz y que ese oficio es sinónimo de una vida sucia, frente al estricto cumplimiento de los mandamientos religiosos que ellas cumplen a rajatabla. Tras esos comentarios áridos se insinúa un secarral, un conjunto de matorrales llenos de espinas, cuya máxima aspiración es recibir una gota de agua que los resucite, ya que sus raíces siempre estará unidas a ese suelo que carece de ambición y que, a veces, se desespera en un conato de erupción.

 Entre Ingrid y el coro de seres, que parecen cornejas, se abre un profundo cráter. A la derecha de la imagen aparecen hombres sentados o asomados en la parte superior a una barandilla, que miran con lujuria a esa belleza, de paso efímero, que ha llegado para rodar en la isla. Son las contradicciones del mundo que empuja a sus gentes hacia la falsedad, la crítica fácil, frases destructoras de mordisco fácil, y miradas lascivas alejadas del catecismo de la escuela rural. Arriba en la colina, se sitúan las casas blancas que quizás cobijan a las mujeres vestidas de negro, como cuervos. Otra contradicción más, el enigma de los seres humanos, su color interior y su color exterior, los valores y los recelos, la suspicacia y la aprensión hacia los nuevo. Cobran vigencia aquí los imponentes versos de Garcilaso de la Vega en este soneto.

 

Coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto antes que el tiempo airado

cubra de nieve la airosa  cumbre.

 

Marchitará la rosa el viento helado,

todo lo mudará la edad ligera

por no hacer mudanza en su costumbre.

04/05/2020 17:07 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

DIÁLOGO CON ANTONIO ALTARRIBA / II

https://www.letraslibres.com/espana-mexico/cultura/entrevista-antonio-altarriba-puede-que-cuando-dobleguemos-la-curva-infecciones-se-dispare-la-divorcios?fbclid=IwAR1ybJexG9yexILG9uYRDl10QaYbzCHF3fYhgI2LwpqxQSef_IvGJkytZqc

 

Antonio Altarriba (Zaragoza, 1952) es guionista de cómic y de fotografía, donde trabaja al alimón con su compañera Pilar Albjar, es novelista e historiador del cómic. Es autor con Kim de El arte de volar, Premio Nacional de Cómic en 2010, y El ala rota, donde cuenta la historia de sus padres; con Keko firmó Yo, loco, Yo, asesino, publicados los cuatro en Norma Editorial, y El perdón y la furia, también con Keko; este último lo editó y lo presentó el Museo del Prado.

¿Cómo está viviendo el confinamiento?

Estoy confinado en buenas condiciones. Solo, en un piso espacioso, con escasos pero muy amistosos contactos y con una buena reserva de lecturas.

¿Qué ha pensado en estos 50 días de reclusión? ¿Qué reflexiones se le han pasado por la cabeza?

En realidad, pocas reflexiones distintas a las habituales. Comparto esa línea de pensamiento por la que han transitado Pascal, Cyrano de Bergerac, La Rochefoucauld, Schopenhauer, Baudelaire, Beckett, Cioran… y que rebajan cualquier pretensión demiúrgica del ser humano. Así que estas circunstancias han venido a reforzar, en cierta medida a escenificar, todo aquello de la fragilidad humana, nuestra insignificancia ante el Universo y hasta el absurdo de la existencia. Han sido, pues, confirmaciones más que revelaciones. Naturalmente, esa sonrisa, estilo Oscar Wilde, para sobrellevar las miserias de la humana condición se me ha descompuesto un poco, pero, en lo sustancial, la pandemia no está cambiando mi visión del mundo ni de las personas.

¿En alguno de sus libros o sus cómics se le había ocurrido algo semejante?

No. Como recurso narrativo la epidemia está muy identificada con escenarios del pasado, las siete plagas de Egipto, la peste negra, la gripe española… Si buscamos escenarios apocalípticos, tendemos a explicarlos por conflicto nuclear, crisis climática, algo que tenga connotaciones más actuales. Soy hijo de la vacunación generalizada contra el sarampión, la polio, la viruela. Creíamos que la ciencia nos había liberado de estas infecciones universales y catastróficas. Sin embargo, exploré las posibilidades dramáticas de una situación de enclaustramiento. Hasta pensé en hacer mi tesis sobre este tema cuando nadie aceptaba dirigirme una tesis sobre cómic.

¿A dónde nos lleva el aislamiento?

El aislamiento por epidemia empuja a la ficción como demuestra Giovanni Bocaccio en su Decamerón. Además, como en este caso, a una ficción vital y gozosa. La vida con contacto es la mejor fórmula para exorcizar la muerte por contagio. Y es lo mismo que pasa hoy, que no paramos de intercambiarnos o suscribirnos a las más diversas ficciones. También investigué algunas obras literarias cuya historia se basa en las posibilidades y, sobre todo, las imposibilidades de un encierro. El existencialismo o el llamado “teatro del absurdo” ofrecen muchos ejemplos. A puerta cerrada de Sartre, La peste de Albert Camus, Esperando a Godot de Samuel Beckett… También hay películas magistrales que explotan este tema como El ángel exterminador de Luis Buñuel, Quién teme a Virginia Woolf de Mike Nichols, El sirviente de Joseph Losey o la reciente saga Saw, que ha tenido varios directores. Un grupo de personajes sin posibilidad de salida constituye un cóctel explosivo. Metes en la redoma del relato envidias, resentimientos, ambiciones, amores y frustraciones, lo agitas bien y casi siempre sale una historia intensa, a menudo desgarradora. Ni siquiera nos imaginamos la cantidad de situaciones dramáticas que se estarán viviendo estos días.

¿Qué es lo que le impresiona más: la psicosis general, la certeza de la fragilidad del ser humano, o que, en realidad, no somos los dueños del mundo?

El vacío, las ausencias, el silencio… Contemplar los espacios públicos sin público, todo lo que ha sido concebido para la cohabitación bulliciosa convertido en un desierto me tiene muy desconcertado. Hay una especie de “a-funcionalidad” surrealista, estilo Giorgio De Chirico, que me fascina. Y, como consecuencia colateral, escuchar los pájaros y sospechar que la naturaleza, sin nosotros, recuperaría rápidamente su feracidad planetaria.

Cuando pasan cosas así, ¿cabe pensar que nuestra libertad es un espejismo?

No hace falta que pasen cosas así para comprobar que nuestra libertad es un espejismo. Basta con desear algo con la suficiente intensidad para sentir los límites de la libertad, porque demasiado a menudo no conseguimos lo que deseamos. Nuestra vida está llena de frustraciones por la distancia entre lo que queremos y lo que podemos. La imposibilidad de lograrlo proviene casi siempre de nuestra falta de libertad, de prohibiciones o de sutiles bloqueos que, a veces, son circunstanciales y otras, esenciales. Luego o, al mismo tiempo, viene la resignación, la distracción o el simple entretenimiento que nos ayudan a desdramatizar esta permanente insatisfacción. Vienen, incluso, esas filosofías de la resiliencia y la autoayuda que, con una argumentación de juego malabar, nos convencen de que lo que tenemos es lo que queremos. Pero eso no son filosofías sino estrategias, a menudo muy estudiadas, para fomentar la alienación y extender el conformismo.

Algunos dicen que la pandemia es el fin del estado del bienestar, que saldremos de aquí hechos unos zorros, entre ERTES y recortes, más desamparados que nunca. ¿Cómo lo ve usted?

No creo que sea para tanto. Existen recursos y sobre todo políticas monetarias para paliar los daños. Al capitalismo le gusta mucho meter miedo. Y le funciona. Solo pensar en la posibilidad de perder lo poco que tenemos ya nos amedrenta. Hay muchos intereses económicos en juego y muchas voluntades decididas a que se mantengan. No creo que se vaya a producir una catástrofe. Tampoco creo que estemos aprendiendo la lección y que, como algunos vaticinan, se vayan a abrir las puertas del paraíso con la desaparición de la explotación, las injusticias y las desigualdades. Después de un periodo de crisis y reajustes volveremos a las andadas. Es lo que hemos hecho desde el comienzo de la historia y no creo que sepamos hacer otra cosa. Después de toda gran crisis surge un firme propósito de no volver a hacer lo que nos llevó a ello. Ninguno más firme que el de la sociedad de naciones después de la Primera Guerra Mundial. Todos estaban firmemente convencidos de que, después de semejante masacre, no habría más guerras. A los pocos años el propósito se diluyó y nunca ha dejado de haber guerras. Somos dóciles, olvidadizos y con una gran predisposición a dejarnos engañar, una y otra vez, con las mismas mentiras.

Pasar el virus en Vitoria, lejos de su compañera Pilar Albajar, ¿supone algo especial, más doloroso si cabe?

No. Somos una pareja que siempre hemos vivido nuestra relación con mucha libertad y con gran respeto de la individualidad del otro. De hecho, hace tiempo que vivimos separados. Esta es una modalidad de relación en auge en la sociedad actual. Quererse no tiene por qué obligar a compartir el mismo retrete. Mantenemos muy buena relación y estamos en contacto casi constantemente.

Algunos dicen “mi trabajo lo hago en reclusión, en soledad. O sea que esto es llevadero”. ¿También le sucede algo semejante?

No. Debería haber sido la realización del sueño de mi vida, abandonar todo compromiso social para ponerme al día en trabajos, proyectos, lecturas y otros deberes solitarios. Sin embargo, la terrible dimensión de lo que ocurre se infiltra en mi confortable cobijo y me desanima. Me siento desmotivado. Rindo poco. Me parece que hay demasiado dolor alrededor como para mantenerme imperturbable en mis tareas. Leo más, duermo más… Actividades pasivas, pero emprendo con gran dificultad las activas o creativas.

¿Qué se hace mal desde el Gobierno? ¿Se ha reaccionado tarde, se improvisa mucho o al final, como vemos en Italia, en Francia, en Estados Unidos y otros lugares? ¿Tan difícil es tomar decisiones?

No es fácil tomar decisiones en estas circunstancias. Tuvimos mala y tardía información de los orígenes de la pandemia y no reaccionamos con la suficiente rapidez. Vivimos en una época en la que cuesta dar malas noticias, aún más desde la política por el temor electoral, y eso, seguramente, también influyó. Ahora no queda otro remedio que improvisar vista la dudosa fiabilidad de cifras, la escasa experiencia y el desconocimiento científico. Pero no cabe duda de que algo se habrá hecho mal cuando España tiene la tasa de mortandad más alta del planeta. Eso, desde luego, no justifica las posturas del PP y mucho menos las mentiras de Vox y de sus granjas de ‘bots’.

¿Existiría en España algo que nos uniese a todos o estamos condenados a confirmar el verso de Gil de Biedma: “España, este país de todos los demonios”?

El fútbol. Eso es lo único, al menos lo que más, une a todos los españoles, salvo los pocos disidentes que quedamos. Pero no creo que esta escenificación constante del enfrentamiento político sea estructural, histórica e indefectiblemente arraigada en la sociedad. Hay quien se encarga de afilarlo y envenenarlo todos los días. Tenemos una oposición controlada ideológica y estratégicamente por FAES. José María Aznar ha sido una de las peores cosas que nos ha ocurrido en los últimos treinta años de vida política. Y sigue controlando el PP, ahora más que nunca. Aprendió que solo una sociedad en shock cambia de gobierno y no duda en mantenernos en la confrontación, aunque la situación sea tan difícil como la actual. Mientras dure su influencia, la política del PP alimentará la tensión. Distinto es el caso de Vox, que llevan el odio y el sometimiento ya de serie, desde los tiempos de Franco.

¿Cómo deben ser las críticas o las enmiendas de la oposición en situaciones como esta?

Naturalmente, deberían hacer una crítica más constructiva, dejar de pensar que todo sirve para ganar elecciones e impregnarse de la solidaridad requerida por una emergencia mundial como esta. Desafortunadamente, en los sectores más conservadores la lucha por el poder se impone por encima de cualquier noble renuncia.

¿Le ha sorprendido la reacción de los españoles: el aplauso a las ocho, los diálogos de ventana a ventana, la música, las corrientes de solidaridad, el torrente de actuaciones y lecturas en las redes sociales?

Sí. Y no solo para bien. Soy de poco escenificar y de más hacer. Se aplaude a los sanitarios desde muchos balcones que aún exhiben la bandera española de apoyo al PP en la crisis catalana, una crisis que sirvió de cortina de humo para ocultar corrupción y recortes, en sanidad de manera muy especial. No creo que los sanitarios quieran ser héroes sino profesionales bien equipados y amplia plantilla. En cuanto a la avalancha de recursos culturales “desinteresadamente” puestos on line, hay de todo. Hay alguna iniciativa interesante, pero también flagrante voluntad de recolocar productos desechables, que no quisimos consumir hace diez años. Para este tipo de males, enclaustramiento, aburrimiento, sufrimiento me parecen más eficaces las búsquedas personales, lamerse las heridas con recursos propios. Desde luego, mejor que buscando bálsamos ajenos. En el mejor de los casos pueden proporcionar distracción, pero no fuerza ni aprendizaje frente a la adversidad.

¿Cuál es el lugar de la cultura en un momento así?

La soledad, el tiempo libre, la voluntad de hacer es un magnífico caldo de cultivo para acercarse a la cultura. Pero siempre he entendido el acercamiento a la cultura como una pulsión individual, no como una consigna colectiva. En la mayor parte de sus modalidades funciona como placer solitario, no como distracción coyuntural para soportar, sin mucho trauma, un problema como este. En cualquier caso, plantearla como paliativo a la epidemia o a la desocupación no me parece buen punto de partida. De hecho, una buena parte de la efervescencia cultural que abunda hoy en las redes funciona más como acontecimiento social que como enriquecimiento cultural o estímulo de la inteligencia.

No sé si firmó el manifiesto de los Premios Nacionales. Usted lo fue de cómic en 2010 por El arte de volar, la impresionante historia de su padre que se arrojó al vacío. ¿Qué le ha parecido esa llamada de atención desde el mundo de la cultura?

No firmé. Nadie se puso en contacto conmigo para hacerlo. Pero me parece bien la iniciativa. La cultura está clamorosamente ausente del discurso político, incluso cuando se trata de salvar los muebles en una emergencia. Hay una incompatibilidad de fondo entre política y cultura. Y no lo digo solo por la evidente falta de formación de una buena parte de nuestros políticos. Consecuencia de la adquisición de cultura es el pensamiento crítico, la resistencia a la uniformidad ideológica, incluso la transgresión creadora. Y eso no suele gustar a la “autoridad competente”. De hecho y como puede comprobarse fácilmente, en España el PP la considera enemiga y la yugula cuando está en el poder y el PSOE le da mucha coba, pero pocos recursos.

¿Ha sido la cultura, la creación, la gran olvidada en el paquete de medidas? ¿De qué se queja y qué pediría usted?

Sí. Y así lo han tenido que reconocer. Ahora se apresuran a enmendar la pasividad del ministro del ramo. Las políticas culturales no se construyen a partir de la financiación de actos o de infraestructuras, iniciativas puntuales y casi siempre con pretensiones electoralistas. Se trata de crear un estado de opinión, una actitud generalizada de interés por la cultura. Eso es el resultado de unas políticas transversales, duraderas en el tiempo, que van desde los planes de estudios, una educación concebida no tan solo para la empleabilidad, apoyo de medios de comunicación que den cobertura a los actos culturales, discursos y prácticas políticas basadas en la argumentación, en el fomento del criterio y no en la descalificación o el vitoreo. Crear un circuito de difusión y una aureola de dignificación haría crecer la sed de cultura, que es un impulso (repito una vez más) individual y escaso en este país.

Ha escrito mucho de erotismo, fue galardonado en el Premio La Sonrisa Vertical. ¿Qué nos recomienda? ¿Es la reclusión la prueba del nueve para las parejas o puede ser el pretexto ideal para recuperar el tiempo perdido?

Puede que cuando dobleguemos la curva de infecciones, se dispare la de divorcios. Para las parejas que conviven en esta situación resultará una prueba importante. Les reforzará o les distanciará. En cualquier caso, estoy convencido de que, en este nivel sentimental-sensual, se están viviendo situaciones muy intensas. Dicen que el tiempo libre, incluso la proximidad de la muerte estimula la libido. Puede que algunas parejas hayan convertido el encierro en una orgía perpetua. Viéndolo desde el lado positivo, podemos tomarnos el tiempo y el placer de explorar una sexualidad con tendencia a la rutina, hasta descubrir alguna satisfactoria perversión, al menos una pequeña innovación. Hasta quienes pasamos el confinamiento en solitario podemos encontrar maneras distintas de darnos placer. Los Satisfyer ya estaban conociendo un auge de ventas antes de la epidemia. Ahora se han disparado. Desde la perspectiva contraria puede que contribuya a extender la creciente tendencia a la asexualidad.

06/05/2020 06:00 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

TOMÁS RUIZ-RIVAS: 'EL MILLÓN DEL ARTE'

Con toda su gentileza, Tomás Ruiz-Rivas me envía este artículo tan oportuno.
Un blog de Tomás Ruiz-Rivas
tomas[@]antimuseo.org

 

Hace una semana escribí un artículo sobre el ya difunto proyecto del Fondo para las Artes de Madrid, al hilo de la liquidación del FONCA1 en México y como colofón de mi anterior publicación: “Un Plan postCovid19 para las Artes Visuales”. No lo publiqué, más que nada porque tengo la cabeza en otros asuntos, pero la noticia del “Plan” de verdad, el del Ministerio, me ha arrancado de mis abstrusas lecturas literarias, tan apropiadas para estos tiempos eremitas, y me ha empujado a tomar parte de nuevo en el debate público sobre las (des)políticas culturales. España tiene al menos eso de bueno: la estabilidad, la continuidad. Gobierne quien gobierne, si te dedicas al arte contemporáneo sabes que caminas solo por el mundo.

El gobierno, del cual soy votante para que quede todo claro, ha aprobado una dotación extraordinaria para socorrer al sector —si es que hay tal cosa— de la cultura con 76,4 millones de euros. No hay que dejarse engañar por el titular, porque los 780 millones que anuncia son en realidad para garantías para créditos. Documentos que rara vez se convertirán en obligaciones de pago. El detalle del dinero de verdad, que se presenta incompleto, es como sigue: 38 millones para las artes escénicas y la música; 13.252.000 para las salas de cine; 4 para las librerías “independientes” (¿Independientes de qué o de quién? ¿De las distribuidoras?). UN MILLÓN para las artes visuales:

En relación a las Bellas Artes, el Real Decreto Ley incorpora ayudas extraordinarias por valor de 1 millón de euros para la promoción del arte contemporáneo, y en concreto para el desarrollo de proyectos de innovación digital que fomenten la difusión de las artes visuales, la creación artística, la comunicación, la difusión internacional y la adquisición de arte contemporáneo español.
Los destinatarios de estas medidas incluyen a los artistas visuales, las galerías de arte, críticos y comisarios, así como la dotación para compras de arte contemporáneo español a través de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura y Deporte.

Curiosamente, como señalaba un amigo en Facebook, la misma cantidad que ha donado Helga de Alvear para la lucha contra el Covid-19. No soy conspiparanoico, pero con mil euros arriba o abajo se libraban del paralelismo.

El monto, no hace falta decirlo, es ridículo. Pero además no es en apoyo a la creación, la parte más vulnerable del sistema, sino a todo el sector y, atención a este detalle, al propio Ministerio, que se puede quedar con la tajada del león con un programa de compras del que no se ofrece ningún detalle. ¿Será una convocatoria pública como han hecho los gobiernos autonómicos de Madrid y Valencia? No, porque para eso tienen la mencionada Junta, que ya sabrá qué o a quién tiene que comprar.

Pero lo más grave es el objetivo de las ayudas: “proyectos de innovación digital”. ¿Qué significa esto? Está claro que le objetivo de esta línea de apoyo no somos los artistas, sino los mediadores. No se apoya a la creación, como podría parecer en una lectura rápida, sino a proyectos de innovación digital que fomenten la creación. ¿Por qué no la fomentan ellos directamente, con la premisa de que sin ésta no puede haber ni difusión, ni comunicación, ni adquisiciones? A saber. Imagino que las asociaciones del sector que han asistido a las reuniones con el ministro habrán estudiado el tema y nos podrán iluminar al respecto. ¿Qué carajo son los “proyectos de innovación digital que fomentan la difusión y la creación”? ¿Es que a nadie en este país se le ha ocurrido que si no hay artistas no habrá arte que difundir, ni con proyectos de innovación digital ni a voces en las plazas? ¿De qué cabeza ha salido esta idea, y cómo es que nadie, con toda la gente que dice haberse reunido en el Ministerio, la ha denunciado antes de que se publique?

Otro aspecto preocupante del “Plan” es que pone de manifiesto la irrelevancia de las artes visuales para la sociedad española. La desproporción con los otros ámbitos creativos, reggeaton incluido, es vergonzosa. Y como muy bien han señalado Paco Barragán y Carlos Jiménez en un hilo de Facebook, esto es algo sobre lo que deberíamos detenernos a pensar. “¿Qué hemos hecho o dejado de hacer en el mundo del arte contemporáneo para que este le importe tan poco a la sociedad?”, nos interroga Carlos en su comentario.

En mi anterior post critiqué la línea de acción de AVAM. Sé que mis palabras resultaron molestas para muchos compañeros, no todos, pero lo que de verdad siento es haber resultado profético. Debo insistir, a pesar de todo, en que estas asociaciones que supuestamente nos representan ante las instituciones están mostrando su habitual falta de visión política y de compromiso, cuyas consecuencias son, entre otras cosas, los constantes batacazos que recibimos en las decisiones políticas. Éste es un momento en el que se pueden plantear reformas de calado histórico, como la obligatoriedad del pago a los artistas2 en exposiciones con financiación pública, la creación de un Fondo como el que proponíamos un amplio grupo de asociaciones hace ya varios años, no sólo el de “emergencia” que ha planteado ADACE en su documento, que por cierto no deja mucho más para los artistas, o mecanismos de compra de obra como el que ha habilitado la Comunidad de Madrid, que podría convertirse en permanente, dado que las galerías, con mi mayor respeto por su trabajo, no pueden canalizar toda la creación actual, ni sobre todo la más experimental. Ahora que ya todas las rotondas tienen su mamotreto, quizás deberíamos racionalizar las políticas de compras para que de ellas resulten colecciones con un sentido histórico.

Sin duda podemos redactar una larga lista de medidas útiles a corto plazo y beneficiosas a largo, medidas fáciles de consensuar con todo el tejido creativo, como lo fueron las ayudas a la creación, pero que requerirían mucha energía y unión para obtener el compromiso de los gobiernos locales y central. La ausencia de un liderazgo fuerte en el sector, que debería venir, como decía en el texto anterior, del Reina Sofía o de instituciones o personajes que cuenten con un respaldo generalizado (ya sé que no los hay), nos deja por desgracia en una posición muy vulnerable. El tiempo que se ha perdido para desarrollar propuestas con verdadero calado no se puede recuperar en pocas semanas.

Pero lo que debemos tener presente es que la crisis sanitaria del COVID-19 va a acarrear una crisis económica de proporciones bíblicas. Hace pocos días un periódico ofrecía datos escalofriantes sobre la situación fiscal de España en un futuro próximo: una caída del 20% en la recaudación, que equivale a 42.100 millones de euros. Para que nos hagamos una idea, en la anterior crisis, en su peor año, la caída fue del 6,6 %. Pensar que en esta situación va a haber subvenciones, ayudas o planes de emergencia para que capeemos el temporal sin sufrir penalidades es una quimera. El millón del Ministerio debería servirnos de  aviso. Por mucho que ahora prometan, es difícil creer que en 2021 se convoquen ayudas o se implementen programas especiales para apoyar a los artistas de Madrid —del resto no hablo, pues sé poco. Y esto es en realidad todo lo que puedo aportar al presente debate.


[1] Este Fondo fue impulsado por la sociedad civil a través de una carta publicada en 1975 la revista Plural, que suscribían importantes intelectuales como Octavio Paz, Elena Poniatowska o Juan Rulfo. Su título era “Ideas para un fondo de las artes” y demandaba un cuerpo cultural “creado por iniciativa del Estado”, pero “como un organismo autónomo […] separado de la administración pública”. En la idea de los firmantes, el Estado debía fomentar la cultura pero, a su vez, debía renunciar por completo a su pretensión por controlar sus contenidos:  “El examen histórico muestra que no solamente el Estado jamás ha sido creador de una literatura de veras valiosa, sino que, cada vez que intenta convertirla en instrumento de sus fines, termina por desnaturalizarla y degradarla”.
[2] Escribí un artículo al respecto hace algún tiempo. Para quien quiera conocer lo que se está haciendo en otros países, recomiendo las memorias de este simposio donde no estuvo presente ninguna asociación española: https://drive.google.com/open?id=15u95HjPWXQ_cEtiAeoBBqooMNlLOBVL9

07/05/2020 05:28 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

'DIÁLOGOS EN CAUTIVIDAD': LINA VILA

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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/05/10/lina-vila-no-querria-a-los-50-pintar-y-tener-que-buscar-otro-trabajo-1374033.html

 

¿Qué pasa por la cabeza de una artista como usted tras hacer la exposición más importante de su carrera en el Paraninfo?

¿Seré capaz de continuar?

¿Cómo salió de ahí, con qué perspectivas?

Al ser una sala que tiene tanto público, pensé y así fue, que iba a tener una respuesta a mi trabajo de un número de personas considerable. Una de las experiencias más bonitas para mí fueron las visitas guiadas. El contacto con las personas y la reacción de éstas al ver las obras fueron muy importantes. Creo que los pintores tenemos siempre en la cabeza el cuento de la lechera, creemos que va a haber algo mágico que nos haga trabajar más, vender más, que nos “necesiten” más, pero es un cuento... Nuestra trayectoria, en general es muy lenta. Lo sé desde el principio. Por eso en mi caso no cabe la decepción: disfruto del momento y sigo viviendo y creando.

Decía hace unos días que casi tuvo una visión: la crisis que se avecinaba…

Totalmente. Desde que vi las imágenes de China en las que construían los hospitales a contrarreloj lo vi muy claro.  Y empecé a ponerme muy mal. Un vacío tremendo se apoderó de mí. Era como si fuésemos a caer a un abismo. Y después con Italia era ya querer estar ciego si no lo veías. Pero en general no queremos ver las desgracias aunque las veamos venir. Los amigos, los alumnos, me decían que era una neurótica, que China estaba muy lejos...Yo estaba perpleja por como se lo tomaba la gente. Pero yo ya estaba comprando mascarillas.  Y para no montar en el tranvía caminaba una hora y cuarto para ir a trabajar,  cada vez que corregía a un alumno me lavaba las manos,... eso ya en enero, cuando los expertos decían que era como una gripe. Como una gripe....

¿Cómo ha vivido la pandemia, cómo la está viviendo?

Mal. Muy mal. Tantas muertes, tanta soledad, tanta confusión, tanta información contradictoria, tanta mentira,... pero sobre todo el sufrimiento de las personas que han muerto solas y el de sus familiares.  Y no poder despedirlas como se merecen. Y tanto buenismo: todo va a salir bien. No, todo ha salido mal. Y tantas fábulas de vida que no soporto, tipo: los pájaros volverán a cantar, la tierra sanará. Que sí, que me importa el medioambiente, pero lo que más me importa son las personas. Y esto de que esta crisis nos  va a convertir en mejores personas. Cuánta estupidez a mi juicio.  

Usted vive en el campo, tiene terreno, flores, pájaros, huerto, jardín. ¿Habrá sido mucho más fácil la cuarentena, no?

Soy una privilegiada. Cuando vine a vivir aquí mis amigos se preguntaban  cómo podía irme del centro de la ciudad; y en cambio ahora nos envidian. Es un lujo confinarse viendo el cambio de los árboles y las plantas, teniendo espacio para hacer un poco de deporte, para comer fuera con una sombrilla que te traslada a la felicidad del verano y para cultivar el pequeño huerto. Un huerto y unas gallinas ponedoras que nos servirán  para autoabastecernos con la crisis económica que se nos viene encima. Pero es imposible abstraerse de lo que sucede.

Tiene el estudio cerca de la casa. ¿Cuál ha sido su relación con el taller, con la pintura, con el dibujo o el grabado?

En un principio era incapaz de coger un lápiz o un pincel. Me parecía absurdo con todo lo que estaba pasando. Incluso pensé que igual era el momento de dejarlo, de abandonar. Sí, lo pensé. Era mucha la desazón. Así que me puse a escribir un diario.  Escribía  en un cuaderno de Gallimard en el que estaba escrito en su primera página: “Quand on a le temps on a la liberté”, de Guillame Apollinaire. Y aunque en otro tiempo no hubiese podido estar más de acuerdo, ahora el tiempo no lo es todo. Fui entrando a días como por casualidad al taller y fueron volviendo las ganas de dibujar. Dibujar calma mucho. Creo que el dibujo y la lectura me salvarán de la locura y la desesperación. 

Cuando se empezó a extender la onda expansiva, el miedo y la psicosis general, ¿qué pensó, se lo creía, tenía la impresión de qué vivías un mal sueño?

¡Claro que me lo creía! Alguien dijo que la vida es una  pesadilla que hay que vivir despierto. Y esto es así. Y de hecho me confiné y obligué a mis "convivientes" a confinarse antes de que lo impusiera el gobierno.

Algunos artistas, por curiosidad y quizá por el afán de entender la situación, estudiaron casos semejantes en el arte, períodos de artistas sometidos al encierro. ¿Le pasó a usted, indagó en cuadros, vidas de pintores, períodos artísticos?

Llevo mucho tiempo haciéndolo. La mayoría de las mujeres creadoras a lo largo de la historia han estado confinadas.  He leído algún relato como el de ‘Vacances Forcées’ de Roland Dorgelès, un relato de huida y confinamiento durante la Segunda Guerra Mundial. Y sigo leyendo memorias y biografías de pintoras.  A mí el confinamiento en sí mismo no me angustia. Como decía el otro día Adam Zagajewski es como estar en un salvavidas en mitad del océano. En un bote salvavidas cómodo, agradable si no fuera porque desde él ves a personas que se ahogan pero no puedes alcanzarlas ni ayudarlas.

¿Cómo le marca a uno una pandemia así, aunque esté en unas circunstancia mejores que la mayoría?

Emocionalmente creo que es una herida que dejará una huella para toda la vida. Y eso que no ha acabado. Todavía podemos seguir perdiendo seres queridos y poder morir nosotros mismos también. 

Estamos desamparados, el mundo ha parado de revoluciones, casi se ha detenido… ¿En esas circunstancias,  es el arte secundario, casi un lujo, o estamos errados por entero?

Yo creo que el arte nunca ha sido ni será secundario. El arte es un reflejo del tiempo que nos toca vivir.  En cualquier crisis se ha seguido creando. Como le decía antes, en estos testimonios que he leído sobre creadores en la Segunda Guerra Mundial, los artistas seguían creando en la medida de sus posibilidades. Aimé Maeght abría su galería en ese tiempo y los que podían compraban obras de arte. Es evidente que si no tienes para comer no tendrás para comprar arte... Los escritores seguían escribiendo, seguían analizando, seguían criticando. Por eso no entiendo cuando ahora se nos dice: ya habrá tiempo de analizar, ya habrá tiempo de criticar... Pero no estoy de acuerdo en que mucha cultura ahora sea gratuita. Entiendo que ha sido un acto solidario, pero la cultura es muy importante. Y más en la situación penosa en la que nos vamos a encontrar los pintores y creadores autónomos. 

Perdone la provocación, pero ¿para qué sirve el arte en tiempos de la covid-19?

Para lo que sirve en cualquier momento. Para hacernos reflexionar, para provocarnos, para emocionarnos, para proporcionarnos belleza.

¿Cuáles son las premisas de futuro para una artista como usted, que ha ganado premios, tiene una trayectoria, etc.?

Buf, cuando una va cumpliendo años  tu futuro se achica mientras que tu pasado se agranda. Así que le diría que en lo único que pienso es en poder ver a mis hermanos  y a mis amigos, acercarme a oler el mar y poder hacer algún pequeño viaje. Después nada me gustaría más que dibujar y pintar. Me desesperaría llegar a los 50 siendo pintora y tener que buscar otro trabajo para poder subsistir. Pero puede ser. No sabemos aún el alcance de la crisis.

Había empezado a dibujar ancianas… ¿Por qué? ¿Percibió que los ancianos iban a ser las principales víctimas?

Esto ya nos lo decían nuestros amigos italianos. Están muriendo nuestros abuelos, nuestros padres, decían. Protegeos, decían. En Barcelona, en mi época de estudiante, estuve de voluntaria en residencias de ancianos y lo que vi fue tremendo. Dramático. Y de eso hace muchos, muchos años. Todas las muertes que se han producido en estos aparcamientos de ancianos unido al amor que siento por mi madre y a la que tengo prácticamente secuestrada para protegerla, me ha llevado a querer pintarlas y a hacer quizá pequeños homenajes y una llamada de atención sobre estos lugares que, sin duda, deberían estar más controlados.

¿Qué le incomoda de la gestión del Gobierno? 

Prácticamente todo. Si yo, que no soy  experta y no tengo información, iba viendo lo que se nos venía encima, creo que ellos lo veían mucho mejor que yo. No entiendo que no cerraran fronteras antes, no entiendo que se pudiera viajar a Madrid todo el tiempo, no entiendo que los estudiantes volvieran a sus casas en otras comunidades y salieran normalmente. No entiendo que no previeran material sanitario antes, que no compraran respiradores. Que China es muy hermética porque es una dictadura, de acuerdo. Pero en la era de mayor interconectividad no es posible que no se supiera. Y menos cuando ya teníamos el ejemplo de Italia. No entiendo que se convocaran las manifestaciones del 8 de marzo, que se permitieran los mítines políticos, los partidos de fútbol. Que se dijera que las mascarillas no protegían. Mentiras. Cuántas mentiras. No soy apolítica, pero ha sido una decepción grandísima .No sé si volveré a votar. Y creo que deberían juzgarse tantas negligencias. Han ido detrás del virus todo el tiempo en lugar de adelantarse. Y no sé si volveré a votar porque en lo que más me importa, que es la salud y en este caso la salud pública, no han tomado las medidas necesarias ... ¿cómo voy a confiar en medidas sociales, económicas o en medidas para el sector cultural? lo siento pero no. Ha sido tremendo. Una gran tristeza. Y cuando haces una crítica al gobierno entonces  ya eres un facha. Es una verdadera pena este país. 

Está muy decepcionada...

Les reprocho tantas muertes. De ancianos, de sanitarios, de tantas y tantas personas que tenían una vida por delante. Y no digo que otro partido lo hubiera hecho mejor, pero creo que falta mucha humanidad en los políticos. Mucha. 

Ahora que los cita. Casi todos estamos conmovidos con la entrega de los sanitarios. ¿Qué le emociona de las reacciones y actitudes de la sociedad?

Me emocionan esos sanitarios, entre los que se encuentran amigos míos, que han cogido de la mano a esas personas que han muerto. Que les han dado el amor necesario para no morir en soledad. Me emociona la valentía de enfrentarse a la enfermedad asumiendo los riesgos sin los medios necesarios y con un sueldo mucho más bajo que el de otros profesionales, siendo ellos de los colectivos más afectados por el virus. Me emociona la solidaridad de esas personas que están llevando la comida a los ancianos que están solos en sus casas. Me emocionan las donaciones no solamente de grandes empresas y fundaciones sino también de personas anónimas.

Le han marcado mucho tu padre y tu abuela, a los que les has dedicado varios homenajes. ¿Son ellos como fantasmas que le impulsan a crear o a conversar en silencio? 

No soy una persona creyente, pero sí que hablo con mis muertos. Con todos ellos.

¿Qué le queda a la mujer por hacer el en arte? ¿Ya está en condiciones de igualdad?

En absoluto. Precisamente estoy leyendo un libro que me mandó un buen amigo cuyo título es: ‘Las invisibles. ¿Por qué el Museo del Prado ignora a las mujeres?’ de Peio H. Riaño. y le podría escribir aquí muchos datos que demuestran que esa igualdad no existe. Hay que seguir trabajando en esta dirección, y más en épocas de crisis.

¿Ha seguidos descubriendo personalidades, actitudes, obras, de mujeres artistas, a las que siempre ha reivindicado?

Por supuesto. Tenía una pila de libros en francés de memorias, biografías y autobiografías de creadoras. He profundizado en la vida y obra de la arquitecta Charlotte Perriand, todo un descubrimiento. He conocido la fascinante  vida de Nancy Cunard, he releído a Annie Ernaux. He leído los ‘Munkey Diaries’ de Jane Birkin y he leído y admirado varias obras de Romain Gary, que aunque no era mujer estaba muy influido por ellas (fue marido de la actriz Jean Seberg) y al que no había leído nunca.

¿Qué le paraliza más el miedo o la incertidumbre del futuro?

Es casi lo mismo. Siempre he pensado que con salud puedes hacer frente a cualquier adversidad. Así que te diría que paraliza más el miedo a no tener salud. Aunque en Francia, nuestros amigos nos dicen que va a matar más la crisis que el virus. 

¿Qué puede y qué debe hacer la sociedad por los artistas?

Soy bastante escéptica en esta cuestión. Creo que hace falta mucha labor desde la educación temprana. Y pienso que ahora la sociedad va a estar en otra cosa. La sociedad en general y los gobernantes en particular tendrían que ser muy conscientes de que la cultura es también una industria que da trabajo a mucha gente. Y una ley de mecenazgo debería establecerse con urgencia. 

 

 

 

 

10/05/2020 08:35 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

HOY, A LAS 12, ESPECIAL SOBRE LA RECOPA

 

HOY, A LAS 12.00, UN ESPECIAL SOBRE LA RECOPA DE 1995
Mañana, a las 12.00, en Heraldo.es, hacemos un programa sobre los 25 años de la obtención de la Recopa en París por el Real Zaragoza ante el Arsenal. Conversaremos, durante una hora, con Nayim, con Andoni Cedrún, Miguel Pardeza, Xavi Aguado y Gustavo Poyet. Más tarde, veremos el despliegue que hizo ’Heraldo de Aragón’, explicado por Alejandro Lucea, jefe de deportes, y por el fotógrafo Oliver Duch. Conversaremos con dos reporteros como Miguel Gay, que estuvo alrededor de diez días en Londres siguiendo los entrenamientos del Arsenal, y Paco Giménez, que entonces trabajaba para Antena 3 y colaboraba con ’Ya’. La emisión se cerrará con Christian Lapetra. La realización es de Global Media, y han colaborado desde Heraldo, además del equipo de deportes, con José Miguel Tafalla y Paco Giménez a la cabeza, con todo el equipo de Televisión: Teresa Martín y Alfonso Millán, y el director de márquetin Roberto Isasi.
Por otra parte, ’Heraldo’ y ’Heraldo.es’ ofrecen un suplemento especial dedicado a este evento, con articulos de Raúl Lahoz, Miguel Gay, Alejandro Lucea, Paco Giménez, José Miguel Tafalla, Antón Castro, Eva Cosculluela; hay entrevistas con Nayim, Víctor Fernández y Christian Lapetra.
https://www.heraldo.es/noticias/deportes/futbol/real-zaragoza/2020/05/07/aniversario-recopa-real-zaragoza-arsenal-programa-television-directo-1373538.html
10/05/2020 09:04 Antón Castro Enlace permanente. Real Zaragoza No hay comentarios. Comentar.

10.05.1995. EL GOL DE NAYIM EN PARÍS

https://www.heraldo.es/noticias/deportes/2020/05/10/recopa-real-zaragoza-arsenal-nayim-pajaro-flecha-o-como-ser-el-mejor-poeta-del-siglo-xx-1374021.html

 

PAJARO, FLECHA O CÓMO SER EL MEJOR POETA DEL SIGLO XX

 

Desde los años 50, el Real Zaragoza sabe lo que es tener “una media de seda”. Primero la formaron Belló y Samu, el murciano elegante y el húngaro pundonoroso. Más tarde, con Los Magníficos, comparecieron futbolistas cristalinos de toque, sutileza e inteligencia como Pais, Santos o el arquitecto Carlos Lapetra, al que Belló resituó en el lugar del diez para que dirigiese el juego. Con Los Zaraguayos se armó una línea de creación formidable con Planas, García Castany y Arrúa: una alianza de elegancia, velocidad, imaginación y gol. Más tarde, en los 80, el club contó con una salá de máquinas envidiable: Señor, Güerri, Barbas y Herrera. Aquel equipo debió aspirar al título y demostró, día a día, que La Romareda podía ser un rectángulo de pura música ejecutada con las botas. Y una década después, en los 90, se forjó un equipo glorioso, complejo y completo en todas las líneas, pero con una núcleo de fabulación esencial en la zona ancha: Aragón, que parecía tener elocuencia, suavidad y una visión panorámica; Poyet, el multiverso: toque, desmarque, llegada y olfato de gol; Nayim, el virtuoso, el pícaro, el mago, el jugador que creía en un axioma: “El azar juega con los listos”. Con ellos, Gay, Jesús García Sanjuán, Geli, Óscar, futbolistas de calidad y de conjunto.

Esta media fue capital en los éxitos de un bloque esencialmente equilibrado. La orquesta de armonías. Esa orquesta que, sonido a sonido, tumbando rivales, ayudó a soñar a una afición acostumbrada a lo bueno, a lo bello, a lo emotivo. Detrás de los logros, más allá de los futbolistas, había un director: Víctor Fernández, un hombre joven que aún seguía abrazando la sombra de Saturnino Arrúa en la banda y que fantaseaba con una suerte de ‘jogo bonito’, sin complejos, de vértigo y ritmo, de improvisación y ataque. Se presentó el gran día en París, la ciudad de casi todo: del amor, del arte, de las vanguardias, del cine, de las catedrales que asoman al Sena. Y también iba a ser la ciudad del fútbol. La capital más hermosa del zaragocismo universal. Enfrente el Arsenal, campeón el año anterior, en la temporada 1993-1994, la misma en la que el Zaragoza se había ganado el derecho a exhibirse en la Recopa tras vencer al Celta en la épica de los penaltis.

París era una fiesta. Distinta. Apasionada. Una reconquista sentimental ante el francés que se había sentido en casa en Los Sitios, aunque en esto se piensa luego a la hora de desmpolvar la enciclopedia de los símbolos. La atmósfera era inefable. El volcán del fútbol con todos sus rituales de color, algarabía, delirio e identificación con una historia, un pueblo y el deseo de ser grandes. Juan Eduardo Esnáider, otro guerrero de seda, marcó un gol como un calambrazo: el disparo seco y ajustado, tan exacto como rayo. Los ingleses igualaron sin belleza. Todo en la segunda mitad. Y llegaron los minutos del suspense, del cansancio, del último arresto. El Zaragoza debió marcar, Pardeza, que jugó un partido inmenso, quizá fuese objeto de pena máxima. Nada. Nada. Forcejeos, intentonas, carreras, un cambio equívoco. Y entonces, en ese lapso en el que parece que todo se ha jugado, incluso la fortuna última, sacó Cedrún, y un balón más perezoso que otra cosa salió repelido hacia Nayim.

El fotógrafo Henri Cartier-Bresson escribió que fotografiar, es poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo punto de mira”, y Nayim, el elegido, entendió que era su instante decisivo. Nayim sorprendió la vida en flagrante delito”, y vaticinó el destino. El gesto es abrumador y sutil: lo vio todo antes de que pasase nada. Miró con los ojos del pícaro que sabe que está ante su momento para la eternidad: paró con el pecho, observa la lejanía, la descolocación de Seaman, la felicidad de los suyos, la indecible alegría de tantos y tantos aragoneses, y soltó una parábola precisa y efectiva. “Chicos, siempre entre los tres palos”, es otra consigna escolarLo hizo: con toda la intención del mundo. Con la seguridad de un dios mortal.

Apenas dos segundos después, el estadio se convulsionaba y el mundo también se estremecía. Y Seaman, incrédulo y culpable, era un náufrago desamparado entre las redes. El disparo fue de una belleza sublime: exploración a la velocidad de la luz, control, latigazo, la historia a solas vuelta pájaro o flecha, la caída, el grito último de la gravedad. Y al final, algo tan sencillo y cotidiano como un gol, la poseía del fútbol. Miguel Pardeza recuerda que Pasolini decía que el poeta del año debía ser el máximo goleador del Calcio. Nayim quiso ser el poeta del siglo. En la celebración, miró a alguien como si le dijera: “Tenía que hacerlo por toda esta gente”. La afición, la ciudad, Aragón, los soñadores que creen que el fútbol es un territorio revelado donde la subversión es posible.

Borges escribió para situaciones así: “No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso». Ese gol nos lleva a él casi todos los días.

 

*La fotografía es de Oliver Duch, de 'Heraldo de Aragón'.

10/05/2020 17:20 Antón Castro Enlace permanente. Deportistas No hay comentarios. Comentar.

DOS DIÁLOGOS CON LANA MATICH

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lana matich privitera. Dos entrevistas con ella. 

Pintora

 

«Cada vez que vengo a Zaragoza no hago más que pasear y pasear y hacer fotos. Quiero captarlo todo. Esta es mi ciudad, aquí nací y fui muy feliz, aquí me inicié en el arte. Gracias a mis padres descubrí el teatro, la danza, la música, la arquitectura. Aunque ya sea norteamericana, porque llevo en Estados Unidos más de un cuarto de siglo, tengo corazón aragonés. Llego aquí y ya empiezo a usar el ico. Segundico. Paseíco», dice Lana Matich Privitera (Zaragoza, 1961), pintora a la acuarela, que acaba de volver a casa para visitar a su madre y a sus hermanos; uno de ellos es el pintor abstracto Zvonimir Matich .

Explíquenos cómo trabaja.

Siempre tomo fotos, muchas fotos, y hago una selección de cosas: paisaje urbano, fachadas, los edificios más antiguos del pueblo elegido y alguna iglesia. Y los mezclo con otras cosas, según el fluir de las estaciones. Hago también bodegón. Eso sí, siempre a la acuarela. Es rápida, limpia, eficaz, te tiene en vilo. Me siento muy cómoda con ella. Uso la técnica hiperrealista pero la imaginación también interviene.

Usted es una pintora de arquitecturas. ¿Por qué?

Se va a reír. Cuando fui a Estados Unidos en 1990 me quedé impresionada con la cantidad de edificios tan distintos que hay: te encuentras con el estilo Tudor, con el alemán, con el francés. Es como si todos los países del mundo estuvieran metidos en las fachadas y en las líneas de las casas. Aquello me impresionó, las casas son preciosas. Así que empecé a hacer retratos y estampas de viviendas para ganarme la vida.

Aún no ha parado…

No. Empecé a hacer pueblos enteros. Las calles principales, las iglesias, los palacios, una estación, árboles… Y me divierto. Son como cartografías minuciosas de un lugar. Parto de lo real y a veces invento.

¿Le encargan la obras, las decide usted?

De todo hay. A veces, como me sucede ahora con Middletown y Ellenvield, donde expondré el próximo otoño, me hacen algunos encargos porque han visto mis obras. Me compran piezas originales y también me piden litografías o impresiones de imprenta, láminas. Trabajo todo lo que puedo: hago medio centenar de acuarelas al año, suelo dar talleres para diez o quince personas y hago demostraciones públicas, a partir de una fotografía, ante 150 o 200 personas.

¿Qué colores le gustan?

Me gustan los colores tierra, los colores de la naturaleza. Pero lo que me preocupa siempre es el contraste de luz, eso lo verá en todos mis cuadros. Si hay nubes al fondo del paisaje, verá que hay un estudio exhaustivo de cómo entra la luz. El diálogo de la luz y la sombra es mi auténtico tema.

¿Cómo son sus bodegones?

De varios tipos. De objetos. Por ejemplo, a veces aparecen gatos. En Estados Unidos tienen una obsesión con los gatos. Les encantan. Esos cuadros los vendo muy bien. Además coincide que tengo un gato y le gusta posar para mis fotos, así que aprovecho. Como es un gato simpático, las fotos salen tan bonitas que no puedo resistir pintarlo. Sobre el papel, asumo el desafío de sacar toda la piel, sus brillos y sus texturas, y que parezca que la puedes tocar. Es como si fuera casi una pieza tridimensional.

¿Por qué emplea ese estilo naturalista, hiperrealista? ¿Ha explorado otros o ahí se siente plenamente a sus anchas?

Soy hiperrealista, sí. A mí siempre me ha gustado el detalle. De pequeña, en Zaragoza, dibujaba hasta arruguitas en la camisa de la gente. Está en mi naturaleza ser detallista y observadora. Algún día, cuando no pueda ver bien, me volveré impresionista o expresionista.

¿Quiénes son sus pintores?

A mí me gusta Sorolla. De toda la vida. La claridad, los matices y los temas de Sorolla. El cuadro que más me impresiona es ‘Y aún dicen que el pescado es caro’. El tema social, que es algo que me interesa desde niña, mezclado con maestría cromática y con esos contraluces que usa Sorolla, me conmueve. El asunto del cuadro me da una pena horrible, impacta muchísimo, pero está resuelto con la grandeza del arte. Para mí, Sorolla es un maestro.

¿Alguna otra referencia?

Muchas, claro. Vermeer, los holandeses, etc. Siempre he sido realista y he intentado representar algo reconocible. Lo que me gusta es recrear la realidad para que la gente tenga una buena memoria de su vida. Quiero que las cosas de mis cuadros le traigan recuerdos de otra época, de una atmósfera, de una forma de belleza. Me gusta que mi obra despierte evocaciones en las personas; si son sensaciones agradables, mejor que mejor. Pinto la realidad para hacer feliz a la gente.

Antón Castro

el personaje

La pintora zaragozana lleva un cuarto de siglo en Estados Unidos. Es acuarelista y le apasionan la arquitectura, el hiperrealismo y el contraluz

 

 

11/12/2016

HA DICHO

«Historia y arte siempre han estado entrelazados en mi vida. Recuerdo con cariño viajes a Alquézar, Albarracín y otros pueblos milenarios de Aragón. Pero mis visitas a la Aljafería y la Lonja fueron las que propulsaron con fuerza mi amor por el arte y la historia»

«Acudí a la academia de Alejandro Cañada el mismo tiempo que iba a la Escuela de Artes y Oficios. No fui a las clases muy a menudo, pero sí lo suficiente para tomarle gran cariño»

«La acuarela no huele, es fácil de limpiar y de guardar. Pocos pintan el híperdetalle y pocos son capaces de pintar edificios correctamente, lo cual hace que mis acuarelas les parezcan más únicas a mi público. Me gusta ver cómo los colores se funden en el papel»

La pintora zaragozana, junto a una de sus obras.

Es una pintora zaragozana nacida en 1961, instalada en Nueva Jersey, donde imparte clases y desarrolla su carrera. Se ha especializado en la pintura al agua, de casas, pueblos y bodegones, en un estilo hiperrealista.

Lana Privitera «Con la acuarela, estás en vilo hasta la última pincelada»

entrevista

Antón Castro

«Mi padre, Zvonimir Matich , era croata y se vino a España a estudiar Medicina al terminar la II Guerra Mundial. Aunque mi madre, María Luz Calvo Blanco, es de Madrid, ellos decidieron mudarse a Zaragoza después de casarse. Con los años, él llegó a ser bien conocido como cardiólogo y periodista de política internacional, y también como concejal de Festejos y de Sanidad en el Ayuntamiento de Zaragoza en los años 70». Así inicia su historia Lana Matich (Zaragoza, 1961), que firma sus cuadros como Lana Privitera y reside en Estados Unidos. Es pintora y profesora de arte, y realiza una pintura más bien hiperrealista centrada en casas, paisajes e interiores. Posee una gran técnica a la acuarela.

¿Qué recuerdos tiene de Zaragoza?

Se me vienen a la cabeza nuestras tardes paseando por la Gran Vía. Y nos veo a nosotros, hordas de niños, jugando al escondite o intercambiando cromos con algún amigo, mientras que nuestras chachas, en vez de vigilarnos, se dedicaban a coquetear con los soldadillos con tarde de permiso.

Esa Zaragoza ya se antoja lejana, casi onírica.

Muchos de los mejores recuerdos tienen que ver con nuestra conexión con el Ayuntamiento y con toda la gente increíble que conocíamos: los ancianitos y las monjitas de la Casa Amparo, los artistas que actuaron en el Principal, y nuestro querido amigo Luis Galve, pianista emérito y persona incomparable. Y, por supuesto, mis personajes favoritos: por un lado Pablo Serrano, que con sus esculturas mágicas me abrió los ojos al mundo del arte; por otro lado, las momias egipcias que vi en La Lonja. Me fascinaron y avivaron mi amor por el estudio de otras culturas y sus artes.

¿Desde cuándo le interesaba el arte?

En mi vida, historia y arte siempre han estado entrelazados. Recuerdo con cariño viajes a Alquézar, Albarracín y otros pueblos milenarios de Aragón. Pero mis visitas a la Aljafería y la Lonja fueron las que propulsaron con más fuerza mi amor por el arte y la historia. En los años 70, mientras mi padre era concejal de Cultura y Festejos, tuve la oportunidad ver una muchas y variadas exposiciones en la magnífica Lonja y esas fueron, sin duda alguna, la razón por la que hoy dedico buena parte de mi tiempo al arte.

Estudió diseño e historia del arte en la Escuela de Artes y Oficios. ¿Cómo era aquel ambiente, a qué profesores recuerda con especial cariño?

Mis dos años en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza pasaron rápido. Aún así, había clases que nunca me perdía. Mi profesor de Historia del Arte era un hombre con un carácter muy original, pero extremadamente eficiente. No me acuerdo de su nombre y no lo he podido encontrar en internet. Tengo que mencionar mi querido profesor Alejandro Cañada. Acudí a su academia al mismo tiempo que iba a la Escuela de Artes y Oficios. No fui a las clases muy a menudo, pero sí lo suficiente para tomarle gran cariño. En mi evolución artística, las acuarelas ganaron la batalla.

Dando un salto en el tiempo, sabemos que usted se fue de la ciudad en 1990. ¿Qué pasó?

Aparte del arte, leer y viajar son otras de mis pasiones. Aunque me fui de Zaragoza en 1987, hice escala en Madrid casi dos años antes de pegar el salto a los EE. UU. Acabé en 1989 en New Jersey, en casa de unos familiares lejanos, con intenciones de aprender inglés y de disfrutar de la vida un rato. Y ya en USA, el destino de nuevo dio un giro de 90 grados sin previo aviso y tuve la fortuna de encontrar trabajo de ‘nanny’ con una familia maravillosa. Y un buen día, en las cercanías de la Universidad de Princeton, en mitad de un campo inmenso lleno de nieve y ciervos, me di cuenta de que yo era más feliz cuando estaba rodeada de espacios abiertos y casitas de cuento. No tardé ni dos días en empezar a pintar de nuevo.

¿Qué le da, por qué se inclina con tanta insistencia por la acuarela?

Rapidez. No huele, es fácil de limpiar y de guardar. Pocos pintan el hiperdetalle en acuarelas y pocos son capaces de pintar edificios correctamente, lo cual hace que mis acuarelas les parezcan más únicas a mi público. Me gusta ver cómo los colores se funden en el papel, moviéndose como jirones de neblina con voluntad propia. Nunca estoy segura del todo en qué dirección irán. Siempre con el alma en vilo hasta la última pincelada.

 

 

13/05/2020 07:59 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

ISABEL COIXET, PREMIO LUIS BUÑUEL DEL FESTIVAL DE CINE DE HUESCA

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ISABEL COIXET, PREMIO LUIS BUÑUEL DEL 48º FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE HUESCA 

 

 

LA CITA ALTOARAGONESA HOMENAJEA A “UNA DE LAS CINEASTAS ESPAÑOLAS MÁS DESTACADAS DENTRO Y FUERA DE NUESTRAS FRONTERAS”

 

EL TRIBUTO A LA TRAYECTORIA DE ESTA DIRECTORA CONTARÁ CON LA PROGRAMACIÓN DE SU LARGOMETRAJE APRENDIENDO A CONDUCIR QUE SE PROYECTARÁ EN UNA DE LAS SESIONES DE AUTOCINE QUE PREPARA EL CERTAMEN

 

 

[Nota de prensa oficial] La directora, guionista y productora Isabel Coixet será el Premio Luis Buñuel de la 48ª edición del Festival Internacional de Cine de Huesca. El galardón reconoce la extensa trayectoria de “una de las cineastas españolas más destacadas dentro y fuera de nuestras fronteras”, en palabras de Rubén Moreno, director del certamen altoaragonés. La ganadora de ocho premios Goya y autora de obras tan destacadas como Mi vida sin míLa vida secreta de las palabrasNadie quiere la noche La librería recogerá de forma virtual este galardón. El tributo a esta cineasta habitual de las grandes citas cinematográficas como Berlín, Cannes o Venecia se completará con la proyección de su largometraje Aprendiendo a conducir dentro del ciclo de autocine; una novedad dentro del festival altoaragonés que busca aunar el séptimo arte en pantalla grande y las recomendaciones sanitarias de distanciamiento social.

 

El 48º Festival Internacional de Cine de Huesca concede en esta edición su Premio Luis Buñuel a la directora, guionista y productora Isabel Coixet. Una cineasta con un talento indiscutible que le ha llevado a convertirse en la mujer con mayor número de Premios Goya de la historia (ocho en total) y un nombre habitual en las grandes citas cinematográficas como Berlín, Cannes o Venecia. Autora de grandes obras como Cosas que nunca te dije, Mi vida sin míLa vida secreta de las palabrasNadie quiere la noche o La librería; Isabel “cuenta con un lenguaje propio, una forma de hacer cine que la han convertido en una de las cineastas españolas más destacadas dentro y fuera de nuestras fronteras”, afirma Rubén Moreno, director de la cita oscense.

 

El Premio Luis Buñuel de este año destaca a una figura clave para el cine español y un claro referente para las generaciones venideras, una mujer que además de directora y guionista es también productora, apoyando a jóvenes realizadoras para que tengan su propia voz dentro de la industria. La cineasta catalana se une así al elenco de personalidades que han recibido este galardón y donde aparecen nombres tan destacados como Bertrand Tavernier, Marisa Paredes, Stephen Frears, Carlos Saura, Ángela Molina, Jean-Claude Carrière, Costa-Gavras, Álex de la Iglesia o los hermanos Taviani entre muchos otros.

 

El tributo contará con un coloquio en exclusiva que la galardonada concederá al Festival y donde se le hará entrega del reconocimiento de forma virtual, una entrevista que se publicará en las redes oficiales del certamen. El público oscense podrá también disfrutar de su filmografía en una de las sesiones de autocine que se llevarán a cabo, será con el largometraje Aprendiendo a conducir. La cinta que se estrenó en el Festival de Toronto está protagonizada por la nominada a un Premio Oscar, Patricia Clarkson y el ganador de un Oscar, Ben Kingsley; una comedia dramática sobre la vida de Wendy, una escritora de Manhattan que decide sacarse el carné de conducir de la mano de un refugiado político hindú.

 

MUJER DE CINE

 

Isabel Coixet (Barcelona, 1960) es una de las cineastas españolas más laureadas. Su pasión por el cine despertó cuando tan solo era una niña y gracias a una cámara de 8mm que recibió como regalo de su primera comunión. Licenciada en Historia por la Universidad de Barcelona, sus inicios profesionales fueron en el mundo de la publicidad donde obtuvo múltiples reconocimientos.

 

El mundo del cine llegaría un poco más tarde y tras realizar el cortometraje Mira y verás (1984), llevaría a cabo su opera prima Demasiado viejo para morir joven (1989); una cinta que además de dirigir se encargaría también de su guión y le supuso su primera nominación a los Premios Goya en la categoría de Mejor director novel. A está le seguirían Cosas que nunca te dije en 1996 (Things I never told you), que fue su primera película en inglés, y dos años más tarde A los que aman.

 

En el 2000 funda su propia productora, Miss Wasabi Films, para tres años después estrenar Mi vida sin mí, gracias a la cual alcanzó el éxito internacional. Posteriormente llegaron otros títulos como La vida secreta de las palabras (2005), premiada con cuatro Goyas; Elegy (2008); Mapa de los sonidos de Tokio (2009); Aral. El mar perdido (2010); Escuchando al Juez Garzón (2011), que ganó el Goya al Mejor documental; Marea blanca (2012); Ayer no termina nunca (2013), premiada con cuatro Biznagas de plata en el Festival de Málaga; Another me (2013) y Learning Drive (2014).

 

El 2015 se convierte en otro año importante en su carrera, su cinta Nadie quiere la noche protagonizada por Juliette Binoche y ganadora de nuevo de cuatro Goyas, inaugura la 65º edición del Festival de Berlín, siendo la segunda mujer en la historia del certamen en realizarlo. Además, ese mismo año recibe la Medalla Chevalier des arts et des lettres por parte del Ministerio de Cultura Francés. Con un lenguaje cinematográfica que se adapta igualmente al cortometraje y al largometraje, a la ficción y al documental; Isabel sigue cosechando éxitos con títulos como Talking about rose. Prisoner of Hissène Habré (2015); Spain in a Day (2016); La librería (2017) que se alza con los Premios Goya a Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guión, sumando ocho en total de forma directa para la cineasta, lo que la convierten en la mujer más laureada de la historia de estos galardones.

 

En la actualidad y tras el estreno en el Festival de Berlín de su último largometraje Elisa y Marcela (2019), la cineasta se atrevió con su primera serie, Foodie Love (2019), logrando un gran éxito de crítica y audiencia. En estos momentos se encuentra en fase de post-producción de su nuevo trabajo: Nieva en Benidorm.

 

El Festival Internacional de Cine de Huesca está patrocinado por Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Gobierno de Aragón, Diputación Provincial de Huesca, Ayuntamiento de Huesca, Fundación Anselmo Pié y con la colaboración de Obra Social "la Caixa", TUHUESCA y el Instituto Aragonés de la Mujer.

 

*Fotografía de Zoe Sala Coixet.

 

13/05/2020 08:17 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

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